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El lado cómico de las cosas

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir sobre “el lado cómico de las cosas”. Estos son los relatos recibidos. Puedes votar por tu favorito en comentarios antes del próximo jueves día 25 (solo un voto por persona).

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

SOLEDAD DEL MURO

EL LADO CÓMICO DE LAS COSAS… Y DE LA VIDA

_ Véndame un veneno efectivo para ratas – dijo la mujer que entró al agroservicio sin disimular su nerviosismo

_ ¿Qué tipo de “rata”? Preguntó el dependiente que además tenia una pizca de psicólogo

_ Una muy despreciable – respondió ella quebrando la voz

_ ¿Y por qué quiere eliminarla? ¿ya intentó razonar con ella

La mujer titubeó por unos segundos antes de responder:

_ ¿Razonar con ella? ¡qué tontería! Es sólo una rata insignificante, una triste y estúpida rata

_ Yo podría intentarlo – aseguró el dependiente con voz serena y tranquilizadora

_ No funcionará, una “rata” como esa no entiende de sermones

_ No voy a sermonearla. Quizá la invite a un café, conversaremos sobre lo que le atormenta, sobre lo que le hace llorar antes de dormir cada noche

La mujer intentó contener las lágrimas pero no pudo, se le rodaron tibias por las mejillas hasta perderse en su cuello. Afirmó con su cabeza en señal de estar de acuerdo con su peculiar proposición

Y así el lado cómico de las cosas, el lado cómico del amor. La “rata” que estaba destinada a morir ese día fue salvada heróicamente por el dependiente de un agroservicio que además tenía una pizca de psicólogo.


DAVID CRIS E MAIA

Una vez tuve un mejor amigo. Durante años. Un mejor amigo de los de antes. De esos que ya no se hacen. Siempre estaba cuando lo buscaba, dormido o despierto tenía su amistad en mi. Era siempre un sí.
Creíamos, luchábamos, cantábamos.
De noche bebíamos, bailábamos y poco más. Las serpientes y otros animales de la vía Láctea nos llevaban la boca de cuello en cielo, de alma en nota, de piel en ayer. Hasta que no. Hasta que hubo un hoy y mañana y mil viajes después. Hasta que su yo era un lo siento y un tengo miedo a que me deje de querer.
Sin saberlo, sin quererlo, me convertí en un monstruo bajo la cama.
Buuuuh.
Neeeeee.
Baaaaah pseeeeeee
Si me da igual, ya no me importas y no te hago caso aunque me veas, aunque me mires, que no soy yo quien te empuja y no te habla. Creído. Niñato. ¡Hombrefaltaríamás! ni caso te hago aunque me ignores en el callejón estrecho, cuando te huelo hasta los miedos viejos.
De lado, así has ido siempre por la vida, sin querer entrar de lleno por si te lastimas. Yo aquí ya no te espero.
Si tú a mí no me eres nada. Hombrecito. Tarambaina. Con tu ristra de obras colgadas en tascas. Si te lo trincas te hace un cuadrito. Lo mismo te usa de musa. Oí que a veces dos. Con voz en off, con tono falso. Suena de fondo una risa de hiena y creo que soy yo.

Saber reír. Saber reírse de uno mismo. Aún cuando duele. Aunque ya no quede nadie.

¡A la mierda! creo que dije mientras me iba, con lo que cuesta salir de debajo de la cama.


FELIPE IGNACIO

Problemas relativos al acento.

Evocar este relato no es fácil. Lo que pasé no se lo deseo a nadie. Han pasado meses y aún atormenta mis sueños. Intentar comprender la extraña condición del doctor Ramírez es chocar con la misma pared una y otra vez. Esperando alguno de ustedes pueda ayudarnos, les cuento el desafortunado evento que fue más o menos, así.
Una pertinaz gripe acuciaba a los pequeños Félix y Abril, de 11 y 7 meses, respectivamente. En el pueblo no hay centros de salud gratuitos, y entre mis ventas de cerámicas y los negocios de Francis en la pintura, nuestro presupuesto es exiguo.
Difícil nos es costear un servicio de salud; o un pasaje a la ciudad en busca de servicios gratuitos; e imposible caminar hasta ésta con el tórrido clima, menos con los críos así. ¡Ay, dios mío! Qué situación la nuestra…
Un día Francis se enteró de la inauguración de una económica clínica a unas calles de casa. Pero… en estos casos siempre hay un pero. Imagino con el afán de dar esperanzas a los más desfavorecidos, así como por abaratar costos, los asalariados del centro tenían ciertos “Inconvenientes no esenciales relativos al rol”.
Sin dar mayor importancia al impreciso alcance tomamos a nuestros bebés, los cubrimos con sus pañales de género y nos encaminamos.
Pasando la puerta principal del humilde edificio notamos un listado de los inconvenientes con sus respectivos valores:
– Relativos al acento.
– Relativos al trato.
– Relativos a la indumentaria.
– Relativos al diagnóstico.
– Relativos al temperamento.
Aunque bajos, los precios estaban fuera de nuestro alcance. En tanto nos lamentábamos, vi pasar un hombre completamente desnudo.
Rondaba con profesional actitud y colgaban en su cuello una credencial y un estetoscopio; me percaté de esto antes de desviar la mirada (lo cual hice bastante pronto, no me quedé viendo si le colgaban otras cosas). Supuse que su inconveniente era relativo a la indumentaria, por lo menos, para mí lo era.
Volví la mirada al listado y leí en una esquina con letra chica: “Mitad de precio en caso de atenderse con profesionales que presenten inconvenientes no esenciales mixtos”. Se lo indiqué a Francis, nos sonreímos y nos acercamos al mesón.
-Buenos días, señorita – comencé.
-Diga – respondió la joven con apatía.
-Necesitamos urgente una consulta médica para nuestros dos hijos. Llevan semanas con una gripe que va de mal en peor.
-Ajá – dijo apenas separando los labios.
Su trato me bloqueó, por suerte Francis tomó la palabra.
-Queremos que nos atienda un profesional con inconveniente mixto – expuso con apremio, pero con suficiente cortesía.
-Ajá – repitió con amarga mueca.
Sin dejar de masticar chicle ni mirarse al espejo, empezó a teclear debajo del mesón. Luego de un vistazo a la pantalla, volvió a su reflejo y dijo:
-Doctor Ramírez. Inconvenientes de acento y de diagnóstico.
Agradecí que no tuviera de vestimenta.
-Perfecto – respondió Francis.
-¿A nombre de quien el bono?
-Ariel Román Aguilar – respondí.
-Ajá.
Recordé el descuento por ser pariente directo de carabinero.
-Tengo el descuento Orden y Salud – me apresuré a decir dejando la documentación pertinente en el mesón.
Pagamos y nos sentamos en la sala de espera.
En cinco minutos presenciamos insólitas situaciones: un doctor y un encargado del aseo peleando a puño limpio; un guardia gritándole a un usuario sentado en el puesto preferencial; doctores y doctoras (los distinguía por su credencial) paseándose con ridículos disfraces o como dios los trajo al mundo; una doctora que de rodillas le rogaba a un usuario piedad; entre otras. Si bien nuestro desconcierto era bastante, nada opacaba la dicha de que atendieran a nuestros hijos.
-Ariel Román – llamó un doctor vestido como tal.
Levanté mi mano, nos acercamos al doctor y luego de un cordial saludo, nos invitó a su despacho.
-Bueno, yo soy el doctor Miguel Ramírez, pediatra por especialidad. Me gustaría saber sus nombres y qué los trae por aquí.
El doctor modulaba sin trabas, tenía un trato amable, su acento no presentaba ningún inconveniente y estaba vestido. Creo que se me escapó una sonrisa mientras contesté:
-Ariel Román.
-Francis Martínez – indicó mi pareja poniendo la mano izquierda en su pecho.
-Nuestros hijos nos traen por acá, doctor – expuse -, llevan semanas con una gripe horrible. Primero cayó Félix y luego Abril.
-Entiendo. Comencemos con Félix. Acérquelo a la camilla, por favor.
Me puse de pie y con delicadeza acomodé a mi hijo. El pediatra revisó con una linternita su boca, luego con el estetoscopio su pecho y espalda; repitiendo el proceso con Abril. Intenté vislumbrar alguna señal del diagnóstico, pero la serena y diligente expresión del doctor era indescifrable.
Una vez terminada su revisión, nos sentamos. Recordé su inconveniente con el diagnóstico, así que me dispuse a tomar atención para paliar cualquier eventualidad.
-Y… ¿Qué nos puede decir, doctor? – preguntó Francis.
La calma expresión del doctor se desdibujó, tomando un aire vacilante.
-Bueno, Francis… Félix vive difícil momento, para nada fácil. Claramente grave… grave, grave – dijo asintiendo con pésame.
-¿Y… Abril? – indagó Francis.
-La situación es peor, está mal. Su tos no es dificultad común.
-¿Está sufriendo, doctor? – preguntó Francis con voz quebradiza – ¿Por eso llora tanto en las noches?
-Uff, Abril… No es lo central, es un quizás, es opción. Tal vez por comezón, por estrés, por comer, por frustración, por dormir o por no dormir, por qué sé yo… ¿Abril fumó, quizás?
-No, doctor… Tiene 7 meses – respondí frunciendo el ceño.
-No fumó – dijo el doctor tomando nota.
-Al parecer la situación de nuestra hija es de gravedad – comenté.
Un tanto precipitado, aseveró:
-Sí, sí, de gravedad. Les diré que la decisión de traer a Abril, a decir verdad, genial.
Puede parecerles una actitud negadora, pero la forma en que se comunicaba el especialista se me hacía confusa, las palabras que elegía, no sé…
-¿Qué podemos hacer por ella, doctor? ¿Le ayudará el limón? – consulté.
-Intuyó bien, Ariel – dijo en tono de cumplido -. El limón le será de utilidad a Abril. Limón, miel, anís, llantén, toronjil, nuez… Ah, y también el melón.
Mientras anotaba los remedios, Francis preguntó:
-¿Sirven esas indicaciones para Félix?
-Bajo ninguna manera – afirmó categórico -. Para Félix ayudan otras cosas. Naranja, lechuga, espinaca, romero, boldo, matico, menta, melisa.
Me llamó la atención que presentando síntomas similares tuvieran indicaciones distintas.
-Pero, si es que tienen enfermedades y edades similares, no debieran curarse de manera… similar. Por ejemplo ¿no le vendría bien a Félix el limón? – indagué suspicaz.
-Nunca.
-¿Y La naranja en Abril?… Es un cítrico, como no va ayudar, doctor.
-Ojalá no… será su perdición.
-¿Y la miel para Félix, doctor? – consultó Francis.
-Tampoco – respondió el pediatra con voz seca.
Que disparate, pensé. Dudé seriamente de su criterio profesional; no obstante, hubiera preferido dejar las preguntas hasta ahí, pero no. Lamentablemente… continué.
-A ver, doctor… nos está confundiendo. ¿Qué diagnóstico tiene para Félix? – averigüé penetrante, dejando de lado la cordialidad.
-Gripe – respondió mientras Abril empezaba a llorar.
-¿Y para Abril? – proseguí.
-Arrurru la guagua… – cantaba Francis meciendo a nuestra hija.
-Abril se resfrió.
-¿O sea que tiene un resfrío?
-No, no, no. Se resfrió.
Ya me parecía el colmo de lo absurdo.
-Doctor, ¿si es que Abril se resfrió, no significa eso que tiene un resfrío? – pregunté con ironía.
-No es igual, no – aseveró desabotonándose la cotona.
-A ver… ¿podría usted decir que Abril tiene gripe? – le dije perdiendo la paciencia.
-No. Le afirmé que Abril se resfrió.
-¿Y podría decir que Félix se resfrió? – dije viendo unas gotas de sudor bajar por su enrojecido rostro.
-Como dije, Félix vive una gripe, una grave.
Mientras Francis seguía arrullando a Abril, insistí. Mi ofuscación era tal que ignoré las señales del doctor. Cuánto me arrepiento…
-¡Doctor! – Francis tocó mi hombro intentando calmarme -. Sabe que creo… que Abril tiene gripe y que también le vendría bien una naranja; que a Félix sí le ayudaría el limón y también creo, que se resfrió. Y aunque usted diga lo contrario, creo que decir que alguien se resfrió y que tiene un resfrío ¡es-lo-mis-mo!
A mi indignación le cayó un balde de agua fría al ver al pediatra desvanecerse y desplomarse hacia su derecha. Raudamente y con Félix en mis brazos, me acerqué a él.
-Doctor, doctor… – dije moviéndolo de un hombro.
Su silencio me hizo temer lo peor.
-Doctor… doctor, responda – le pedí poniendo mi mano en su pecho.
-¿Late? – preguntó Francis que miraba con asombro.
-No siento nada – respondí temblando.
-Voy por ayuda – dijo mientras salía del despacho.
Le escuché clamar por auxilio. Pronto una joven riendo a carcajadas y otra vestida de payaso se llevaron al pediatra en una camilla a la zona de urgencias.
La sala de espera fue testigo de nuestras incansables plegarias, hasta que un doctor se nos acercó.
-Ariel… Francis – su tono no era buen presagio -. Lamento profundamente informarles que el doctor Ramírez… está vivo.
-¿Qué? ¿Y… por qué tan afectado, doctor? – preguntó Francis levantando las cejas.
El doctor se llevó los dedos a la barba y, luego de unos segundos, leyó un papel que sacó de su cotona.
-Perdón, pasó a mejor vida, eso. Mi más… – echó un disimulado vistazo al papel – sentido pésame.
No hay día en que no recuerde su pulso muerto, su mirada vacía. La verdad ya no pretendo encontrar sosiego, sé que esta culpa no me dará tregua. Sólo me queda el consuelo de algún día comprender su extraña condición, sin duda grave, sobre todo en su fase aguda. Pobre doctor Ramírez, descanse en paz, doctor.


LA XICUELA DE CORRIOL

El lado cómico de las cosas es cómo buscar un becario de más de 65 años.
¿Para qué?, ¿para tenerlo sentado en una silla sin apenas darle trabajo al día que una pequeña conversación al principio de la jornada?.

Ayer pude ver una película que consiguió sacarme un buen par de carcajadas en un principio, para después hacerme sentir pena por el resto de los mortales que no tenemos esa capacidad de trabajo y tesón a partir de una tierna edad como son los 18 años.
Tener 18 y sobrevivir con lo que te dan tus padres para pasar una semana es duro, pero peor es tenerse que sacrificar en otras cosas básicas para que el niño de 18 pueda tener esa paga semanal.
¿En qué mundo vivimos? En el de las prisas, en el de, cuidado con mi hijo, que no me lo toquen, porque siempre tiene razón, etc.

Pero y nuestros mayores, ¿qué?. ¿Cuando nos daremos cuenta que han sido nuestra base para ser adultos, y sólo los necesitamos de a diario para cuidar a nuestros niños?
Los mayores también tienen una vida. No sé trata de aparatos con una duración limitada, sino de personas con otra perspectiva y mucha experiencia, pero con vida propia.


EMILIANO HEREDIA JURADO

HUEVOS

Hace un estupendo día de inverno.
Soleado, pero con frío. Los coches, los árboles, aún, perezosos, nó se han desembozado de la sábana de escarcha nocturna.
Orencio, aparca su furgoneta transit al lado del puesto numerado, pintado con pintura roja, en la calzada.
-¡nos han dejao sooolosss a los de Tudeeelaaa…!-canturrea a pleno pulmón, mientras coloca las borriquetas y la madera, para poner los cartones de huevos que lleva en la parte de atrás de la furgoneta-.
Es día de mercado. Los vendedores, se afanan en ultimar la colocación de sus respectivos puestos, para comenzar la venta.
Un breve chorro de gente, vá discurriendo por la avenida.
Al poco rato, una amplia amalgama de todo tipo de clientela, atesta la calle, convirtièndose en un autèntico río humano, vivo, multicolor.
Por el ambiente, se mezclan todo tipo de olores (frutas, hortalizas, cafè recien echo, a ropa…) y, como una enorme torre de Babel, multitud de lenguas se entremezclan.
-¡tomate tomate tomaaaaate baraaatooo!, ¡bragas niña, bragasss señooora, a euro, a euro!…
Orencio, se cala la boina hasta casi las cejas, se dá otra vuelta de bufanda alrededor de su cuello, se frota las manos mientras exhala en su interior su caliente vaho, y a pleno pulmòn vocea su mercancía:
-¡Hueeeevos!, ¡teeeengo huevos!, ¡teeengo los huevos más grandes de España enteeeeeraaa!
Ante el reclamo, un chino con cara de despistado, llevando un carrito de la compra a cuadros azules, se acerca al puesto de Orencio.
-¡buenos días!, quiero ver y tocarle los huevos, señor mío -le dice a Orencio-
-¿ein?-Orencio, se rasca la cabeza por debajo dela boina-¡no me toque los huevos!, !sòlo yó me toco los huevos!.
-Solo quiero saber si sus huevos están frescos, señor mío -le dice el chino-
-!deje tranquilos a mis huevos, leñe!, ¡si quiere mis huevos, aquí los tiene!, sinó, váyase
En èstas, el chino, ofendido, se dá media vuelta para marcharse, pero, con un piè, engancha una de las borriquetas, !y derrumba el puesto!.
Actuando como una onda expansiva, la masa de cientos de huevos rotos en el suelo, exparce a la gente, dejando una imagen tan lamentable como insólita.
El chino, blanco como tiza, Orencio, rojo semáforo. La gente, a su alrededor, haciendo corro, observando el espectáculo que se acaba de formar.
-¡¡¡¡iiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!-un gruñido mitad cerdo en matanza, mitad sirena de fábrica, sale de la garganta de Orencio, escuchándose por todo el mercadillo-¡socoooorrro policía, me han roto los huevos!-grita a los cuatro vientos Orencio, haciendo altavoz con las manos colocadas a ambos lados de su boca-
Ante el revuelo, una pareja de municipales, acude de inmediato. Ante lo que encuentran, nó saben si reir, o llorar.
El más veterano, se hacerca a Orencio para averiguar lo sucedido.
-A ver, explíqueme que ha sucedido aquí -le pregunta a Orencio-
-¡verá usted, señor agente!, ¡¡èse chino de ahí me ha roto los huevos de una patada!!-dice Orencio, gesticulando, visiblemente alterado-
-Yo sólo quería tocarle los huevos, señor mío-responde el chino, visiblemente nervioso, sudoroso y sin dejar de tragar saliva-
-¡oiga, a ver si le denuncio por prácticas sexuales en público!-le dice el agente más joven al chino-
-¡nó, nó, los suyos nó, bueno, sí, pero los del suelo, los de gallina, co, co, co-responde el chino-
-A ver si nos aclaramos-dice el agente mas viejo-, usted-se dirije al chino-, quería tocarle los huevos a èste hombre y como nó se ha dejado, se los ha roto de una patada, ¿no es así?
-Sí, señor policía-responde el chino-
Pero los de cococo
-Bueno, todo ha sido un mal entendido-dice el agente más mayor a Orencio y al chino-…
-¡pero tengo los huevos rotos!-protesta Orencio ante la rechifla general-
-No se preocupe, a sus huevos los cubre el seguro de su licencia de vendedor, y saldrá ganando-injiere el agente mas nuevo-, y usted-se dirije al chino-, lo mínimo que puede hacer, es disculparse.
-Acepte mis mas humildes disculpas señor mío por haberle causado tal extropicio en sus huevos -le ofrece la mano a Orencio-
-Discúlpeme usted, por haberme puesto así por no dejarle tocar mis huevos-le dá un apretón de manos al chino-
El público se disuelve, todo, vá volviendo a la normalidad.
Los servicios de limpieza, empiezan a recogerlo todo.
Orencio, recoje lo que puede y lo mete en su furgoneta, y piensa que el día le ha ido de huevos.
El chino, desaparece entre la multitud, buscando otro puesto donde le dejen tocar los huevos.
-Bueno, vaya movida, ¿eh?, mi sargento, manda huevos…
-Sí, tiene huevos la cosa


GABRIELA MOTTA

Rodríguez y el fenómeno de la depreciación

Recuerdo aquel fatídico día, comenzó con la entrega de aquella condenada prueba. Yo estaba desmoralizado, no había leído ni la tapa del libro y me invadía todos los arrepentimientos: ¿por qué no había estudiado? pero ya era muy tarde para los lamentos, así que “a lo hecho pecho”. Me senté lápiz en mano y comencé con los ejercicios prácticos, en esta primera parte me iría bien porque siempre fui muy bueno para los números y los cálculos, mi problema radicaba en la parte teórica, pero faltaba un largo trecho hasta llegar a ella, así que no me preocupé.

Sin embargo, después de algunas horas al darme cuenta que terminaba la práctica comenzaron mis preocupaciones, ¿cómo me las arreglaría para salvar sin haber estudiado? terminé la prueba y la entregué al director de mesa, esperé afuera, cuando habían terminado de corregirla, se aproximó y me dijo:

Rodríguez: la parte teórica consiste en dos preguntas muy sencillas si logra contestar y argumentar ambas correctamente queda usted aprobado.

Tomé entre mis manos aquella hoja y realmente no quería leerla, sabía que no sabía, pero había que hacerle frente a la situación, de este modo y con el afán de salir lo antes posible de esto comencé con la lectura y así en seco y sin anestesia me di de frente con mi dura realidad de estudiante poco aplicado:

1- ¿Cuál es la finalidad esencial de la contabilidad?

Efectivamente no había leído ningún autor que me aportara una definición digna de aprobación (era obvia la pregunta, teniendo en cuenta que estaba en la carrera de administración), así que tocó hacer uso del sentido común sacar la guitarra y comenzar a pallar.

Bien -dije- hasta aquí tengo posibilidades. Y continué:

2-Defina el fenómeno de la depreciación.

Vaya, vaya -pensé- es ahora cuando comienza mi problema ¿cómo salgo de esta? Aquí no hay sentido común que me salve.

Era una definición muy específica como para sacar nuevamente mi guitarra, así que razoné:

– Hasta aquí llegué. “Tanto remar para morir en la orilla”.

Reflexioné, medité, me concentré, pero no se me venía nada a la mente, faltando algunos minutos para entregar la prueba me dije a mí mismo vamos “no está muerto quien pelea”, tomé mi lápiz y escribí, no sé bien que … pero escribí.

Entregué el examen (creyéndome terrible vivo y con la ilusión de ser aprobado) y espere en el pasillo correspondiente, al cabo de alguno minutos salió el docente con cara de pocos amigos y me invitó de forma elocuente y concisa a pasar nuevamente al salón.

Rodríguez: -me dijo – ¿le parece divertido tomarnos el pelo de esta forma?

Yo: en un intento desesperado de salir airoso de esta situación conteste:

¡Claro que no!

Entonces: explíquenos racionalmente su respuesta número dos.

Y en vos alta comenzó a leerla con el fin de ponerme en evidencia: “El fenómeno de la depreciación es un fenómeno increíble”.

Pero para mí sorpresa al terminar de leer no pudo contener la carcajada, contagiando a sus demás colegas que hacían un esfuerzo sobrehumano para no reír. Yo absorto no sabía qué hacer, no me quedaba claro si era bueno o malo lo que estaba sucediendo. Así que permanecí callado, con cara de póker(por las dudas).

Recomponiéndose y haciendo su mejor esfuerzo para permanecer serio me dijo:

-Es una pena Rodríguez, pero debo informarle que, con esta respuesta disparatada y absurda, quedó muy claro para la mesa evaluadora que usted no estudio absolutamente nada y como no podía ser de otra manera queda usted reprobado. Sin embargo, lo que si le puedo garantizar es que a partir de ahora será recordado como “un fenómeno increíble”, porque permítame decirle que en mis años de docencia jamás me habían presentado semejante respuesta y sonriéndome amigablemente me invitó a retirarme.

Salí con el gusto amargo de haber perdido el examen y con la certeza de que para el próximo iba a leer cada una de esas definiciones, había aprendido la lección.

Pero si le queremos buscar el lado cómico a todo este embrollo, les puedo decir que hace unos días me encontré (cuando retornaba del instituto en el que dicto clases de contabilidad) con un colega que me aseguró, que todavía hoy el docente se acuerda de mí cuando tiene que enseñar por primera vez en un grupo el concepto de la depreciación, sonríe y evoca mi memoria como anécdota para las nuevas generaciones, nunca falta el curioso que quiere saber quién lo dijo, pero me ha asegurado que el profesor jamás develo mi identidad, cada vez que alguien le pregunta su respuesta siempre es la misma: “se dice el pecado, no el pecador” (yo agradecido de por vida por su ética profesional). Pero con ese bochornoso hecho y sin quererlo pase a formar parte de la historia colectiva del instituto, no por destacado sino por atolondrado.

Nota: La depreciación: es el mecanismo mediante el cual se reconoce el desgaste que sufre un bien por el uso que se haga de él (Extraído de: Wikipedia). “El zorro pierde el pelo, pero no las mañas.”


 

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La inspiración

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir sobre “la inspiración”. Este ha sido el relato ganador:

DANI GALLEGO ALEMÁN

La inspiración, mi inspiración es como un bicho peludo y patudo, invertebrado, generador de lágrimas, ducho en noches, cansado, feo, muy feo pero de alma pura, brillante e inquieta.
LLena de luz, amarilla de lamparitas de mesillas de noche,rodeada de edredones, mi inspiración, de mantas de cuadros y chimeneas crepitantes, de Doneval y Favila,…
Mi inspiración,hasta arriba de tristeza, llenita la tengo y de oferta…la tristeza digo, la inspiración no se porque viene y luego... va, no te prometo nada.
Y luego a lo mejor viene el lobo y sopla, y se la lleva, y el cerdito no sabe que es inspiración y abre la ventana y escapa, con la inspiración, la mía, y el lobo sigue soplando en casa vacía y soplará hasta morir, por molestar, por tradición.
Y la inspiración, a soplo de lobo y revoltosa, me vuelve, me mezcla el refresco con vino, lucha entre el hielo y se convierte en trago.
Y entonces es cuando la inspiración me hace cantar, y subo y trago y subo y me pierdo y bailo y vuelo, en su lodo , en su,oro y trago y grito y lloro , en su modo,en su todo y es cuando no soy nada, solo su lava y arraso e invado…
Y luego, al día siguiente me lavo la cara y borro, trabajo y borro, la inspiración, mi inspiración, borro.

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

JEZABEL MONTENEGRO

Musas

La política me está jodiendo el jardín de musas. Y el crujido de quijadas rígidas elevándose al cielo con resignación, buscando el paraguas de la lluvia, no ayuda a escuchar las voces debilitadas. Por una vez que es el dedo quien allana el terreno al desierto, y tan fácil de ver la excepción en el contraste. Me sobran pozos para resistir aunque el mundo se pare, ese no es el problema, he buscado unas Martens con flores rojas bordadas y puedo cruzar veinte mares de virutas con ellas, pero cuando el acero cubra todas las rendijas, no quedarán caminos por los que regresar siquiera. Se habrán asfixiado y dará igual hacia dónde mirar. La política me está jodiendo el jardín de musas, no te importan mis mierdas y a mi tampoco me importan las tuyas.


LA XICUELA DE CORRIOL

Le vuelvo a ver por el retrovisor mientras espero en el aparcamiento del supermercado. Parece desorientado y desvalido. Hace amagos de entrar a comprar pero vuelve hacia el coche varias veces. No sé si el coche al que se acerca es el suyo o no. Se mira en el retrovisor y en el cristal del copiloto. Se aplasta sus rizados cabellos. Ahora no sé si busca la cartera, el móvil, o si realmente está desubicado. Se apoya en otro coche.

Me inspira su persona, su forma de moverse, sus intenciones, o quizás únicamente la curiosidad de saber de dónde viene o hacia dónde va. Pero me siento muy intrigada.
¿Dormirá en el mismo aparcamiento, a la serena o bajo los improvisados techos para los coches?
Me intriga. Y cada vez que voy al supermercado, lo busco por mi retrovisor hasta que lo localizo y vuelvo a preguntarme cosas sobre él y su vida…..su tez siempre morena, su edad….su vida.


JUSTO FERNÁNDEZ

¡ MALDITO DUENDE !

Hace unos cuantos años, bastantes menos de la mitad de los que tengo de vida, un domingo de enero sobre las diez de la noche, detuve un taxi en La Castellana a la altura de Plaza de Castilla y le dije al conductor: “al viaducto de Segovia”.
Desde el viernes anterior andaba yo desquiciado transitando por mi particular aquelarre, fielmente acompañado por mi inseparable maldito duende. Y cuando él me abandonó, como siempre hacía cuando las damas blancas dejaban de cantar, me quedé a solas conmigo.
Y me vi y me dije: ¡Otra vez igual, no, por favor!
Pero había sido otra vez igual, sí.
Y me grité en silencio: ¡Nunca más, nunca más …!
Y entonces tuve una inspiración. Por eso levanté la mano a la primera luz verde que venía.
No tengo ni idea si el taxista intuyó lo que para mí había planeado mi inspirada cabeza en ese conocido, por tétrico, lugar de la ciudad. Es verdad que desde que la municipalidad había colocado las enormes mamparas de metacrilato a ambos lados del puente, las mentes desquiciadas ya no planeaban (por puro sentido común) utilizar ese lugar para materializar inspiraciones como la mía. Pero tan maltrechas estaban mis neuronas a esas alturas que ni siquiera recordaban que el viaducto no me serviría.
Y llegué a mi destino. Seguía inspirado, pero no había prisa. Vi un bar abierto y pedí otra copa. Miré a la calle y reparé en las barreras disuasorias. Volvió el duende y se fue la inspiración. O quizás fue al revés. Nunca lo sabré.
Lo cierto es que uno de los dos me salvó la vida.


MARÍA JT

Volver al origen. Pasar el puente. Varias docenas de personas se fotografían sobre el río. A un lado, Sevilla, al otro El Barrio de Triana. La foto: en la acera de la izquierda, viniendo de Sevilla, con la torre del oro de fondo. Mirar orgullosa la escena, como la que siente un padre al ver a su hijo en la función de la escuela.
Pasar la capillita del Carmen, silencio, santiguarse, un paso y estás en territorio 41010.
Calle San Jacinto, gente de barrio en las cafeterías, algarabía de barrio, escenas puramente costumbristas a lo Estébanez Calderón, olor a castañas asadas, las campanas de La Estrella son el reloj que anuncian lo que pronto llegará, porque como las navidades, llegará y se volverá a marchar, y todo es cíclico y pasa, como en un carrusel…

“Pegasos, lindos Pegasos,
Caballitos de madera,
Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
en un corcel colorado
en una noche de estrellas..”

Como diría Machado.


DAVID DURA

Voy vestido como dice la ocasión ,
soy el gris desilusión .
Ando a pasos largos para acortar el día , de nada vale , falsa teoría..
Cruzo de acera al menor contratiempo , esperando que el viento , me lleve lejos a otro momento.
Comer , como poco , por si el ayuno seca mis lágrimas . Ya no son saladas , poco transparentes , y al tocar el suelo forman charcos de lo que pudo ser y no fue .
Comienza a refrescar un día cualquiera , perdí la noción del frío , aún estoy a tiempo de abrigar una sonrisa .
Miro la hora de reojo , llego a tiempo a mi despedida , desprovisto de manecillas que marquen mis días , sólo queda decir adiós..Pero antes gastaré mis últimos kopeks en un zarajo envuelto en palo , nací en un pueblo de feriantes y no es bueno morir con dolor de tripa , en ésta noria que tocó vivir..Con el vértigo que tengo ..


LOLY BÁRCENA HUMANES

¡¡¡¡¡No me da la vida¡¡¡¡¡¡, eso es lo que me pasa , no es que la inspiración se fuera de vacaciones , que también , esta disfrutando de unos meses de desahogo, alejada de mi , soy dueña pesada , exigente y nada permisiva . No es que los duendes se fueran a sus jardines soñados, aunque yo preferiría un bar, tomando unas copas con amigos, que tengo olvidados , abandonados ,peor imposible. Simplemente no me da la vida, por lo que no tengo inspiración , solo la suficiente para leeros , deleitarme con vuestros duendes, musas,sueños ,pesadillas,algunos maravillosas ,otros tristes , lloros o lagrimas me hacéis sentir. Por eso mi inspiración sois todos, tenéis el poder de hacer crecer las musas y los duendes los míos y la de los demás , como no puedo escribiros , os doy los minutos que tengo y toda la inspiración que me queda .


FLAVIO MURACA

Prisionero

Siento que estoy encerrado en un mundo de quimeras
Donde nada es real y lo verdadero no existe
Siento que mi mente vaga perdida en un laberinto sin salida
Huye despavorida, herida y dolida
Gira todo en circulo, un bucle infinito del cual no puedo escapar
Es tu fantasma una errante compañia que no quiere descansar
Vibra el sonido como un eterno resplandor y mi mente se cierne sobre recuerdos plagiados de otras vidas
Ya no se como me siento, más me encuentro perdido en una prisión sin sentido, mi vida es una entelequia, lo intagible se presta funesta ante mis ojos
Y el tiempo se vuelve una paradoja constante allí donde te pienso
Y asi vivo, día tras día en una prisión mental, recordandote, atrapandote, no dejandote escapar…
Tu presencia son espasmos, se traslucen en orbes en cada espacio, en cada huella y olor que dejastes al pasar
Siento con culpa esta tulpa, quizas maldita que te arrastra ante mi
Y sera tal vez mi karma el que auyenta mi calma cuando me pierdo en esta prisión
No hay manto, ni santos, no hay bendita, ni dicha, no hay a quien rezar para que te devuelva sin pensar
Todo se termina y vuelve a empezar, y aquí estoy en esta prisión mental del cual no puedo escapar…


ENRIQUE OSORIO

MAREA Y TIEMPO

La palabra y la imaginación;
la voluntad y el conocimiento;
la conciencia y el desdoblamiento;
paz, olivo, surcos en la tierra
del espíritu; canciones eternas
que muy pocos escuchan o entienden..

Más allá de todo lo conocido,
aún queda algo más qué conocer.
Más allá de este cuerpo,
aún nos quedan otros cuerpos.
Más allá de esta vida,
todavía tenemos otras vidas.
La marea no habrá de aquietarse
hasta el final de los tiempos.


PEPINO MARINO ERRANTE

Había una vez, en un antiguo y remoto lugar muy muy lejano, un grupo de personas que se disponía a pasar fin de año. Casi todas ellas, llegadas de diversos y variopintos lugares, eran desconocidas entre sí.

Encontrábanse en la montaña, alejadas de cualquier ciudad, ubicadas en un pequeño y extraño municipio de no más de 900 habitantes. La pareja anfitriona del evento había invitado al maestro de ceremonias -a partir de ahora llamado MC*- quien a su vez invitó a más personas.

Súbita y cronológicamente, devenires del tiempo y paradojas imperceptibles del reloj, a mitad de la tarde, MC y Asistente de MC se vieron jugando un Scrabble -juego de mesa- con Pareja Recién Llegada, compuesta de Chica con Nombre de Pila Exótico a la par que Impronunciable -a partir de ahora llamada CNPEI- y Chico Presuntamente Novio de CNPEI referido por Anfitrión y Cía. como Ornitólogo, ya que al parecer amaba incondicionalmente a las aves -a partir de ahora llamado Ornitorrinco-.

Antes de jugar, ambas parejas delimitaron las normas en el marco legal del tablero y sus legitimaciones referentes en materia de tahurismo, vilipendieces y prestidigitación. Entre otras cosas, se determinó que los nombres propios no valieran para formar palabra.

Comenzó el juego. Todo normal. Armonía y saber estar se conjugaban junto con verbos infinitivos; pues no estaban permitidos otros modos, tiempos ni malas artes.

MC y Asistente de MC obtuvieron malas letras en varias tiradas consecutivas. Consonantes. Nada más que consonantes. Cada vez era más jodido buscar una puntuación alta. Hasta buscar palabra resultaba difícil.

-Hay que jugársela -exhortó Asistente de MC a MC-. Pongamos estas 5 letras en ese hueco y rematemos con una jugada mágica.

-Pero ¿Cómo? -replicó inquietamente MC-.

-Mi querido amigo, los hobbits son criaturas extrordinarias, puedes aprender todas sus costumbres en un mes, y después de cien años, nunca dejan de sorprenderte.

Asistente de MC procedió. Puso en la vertical TACHA (sustantivo) y empalmó la ultíma A con la horizontal RES en el tablero, formando así la palabra ARES.

-Puntazo… -proclamó Asistente de MC con un placer en los labios solamente comparable a una buena venganza-.

-No, no, no, no, no. No se pueden nombres propios -interrumpió CNPEI como una auténtica suegra ejecutando un coitus interruptus.

-Pero ¿cómo es tan HI-JA-DE-PU-TA? -pensó de inmediato Asistente antes de hablar-.

-¡Hombre, pero si es un dios…! -intervino MC, defendiendo el interés de su equipo-.

-¡No es un nombre propio como tal! ¡Es el dios griego de la guerra que los romanos copiaron luego en Marte! -matizó perplejo Asistente .

-¡Hay personas que se llaman Ares! -insistió CNPEI-.

-Claro, y ¿a cuántas personas conoces tú que se llamen Hefesto, Vulcano o Júpiter? -volvió a contrargumentar MC-.

-¡NO… PUEDES… EXIGIR… QUE NO VALGA! ¡Tu juego oscuro es en vano! ¡Regresa a las sombras! ¡Llama de Údun! -Asistente comenzaba a padecer neuropatía periférica incontrolable-.

¿Qué pasó después? ¿Alguien lo sabe? ¿Alguien lo cree saber? Este suceso verídico, ocurrido el 31 de diciembre del año pasado, se transformó en fuente de inspiración para escribir hasta aquí. Y así se va a quedar, con final abierto. Pudiendo ser continuado y completado voluntariamente por quien lo desee. Pudo pasar de todo, o de nada. O gracias. Las que tú tienes. Igualmente.

*Ya que ha salido el término, aclararé unos conceptos. Sabed que las siglas DJ & MC han intercambiado su significado a lo largo del tiempo: pues DJ (Cabalga Discos) originariamente es quien canta con micro encima cuando el MC (Maestro de Ceremonias) pone el disco que le piden a modo de base para que el DJ cante. El origen de dicha actividad y términos es Jamaica.


ROCÍO ROMERO GARCÍA

INSPIRACIÓN (Si hay algo que me inspira son las estrellas)

Solos en la oscuridad.

Éramos estrellas que flotaban en medio de la nada.
Brillando con luz propia, destinadas a iluminar aquellos rincones del Universo que nada más podía iluminar.
Éramos eternas y hermosas, lo efímero no existía para nosotras.
Pero la llamada de lo mundano era más tentadora que la belleza de cualquier galaxia.
Nacimos en un traje de carne y hueso, entre sollozos y berrinches, deseando respirar.
Nuestros pulmones ardían al inhalar el oxígeno por primera vez.
Crecimos en un mundo de claroscuros, de blancos y negros y colores chillones.
De fuertes contrastes y oscuras sombras.
Nos caímos rasgando nuestra piel y nos enamoramos errando al corazón, brillamos de nuevo con luces fugaces que iban apagándose poco a poco.
Sentimos como el miedo se mimetizaba con la sangre de nuestras venas y aún así seguíamos viviendo, luna tras luna; sol tras sol.
El tiempo pasaba demasiado deprisa e hacía estragos en nosotras, ahogando finalmente nuestra luz bajo la tierra mojada sin dejar escapar ni un rayo de esperanza.
Entonces la vida nos pareció cruel y egoísta.
Nos hizo amar.
Nos hizo disfrutar.
Nos hizo reír y llorar.
Nos hizo gozar del sentimiento de estar vivos para arrebatarnos nuestro fulgor.
Y volvimos a casa, volvimos a ser estrellas que flotaban en la nada.
Pero no éramos tan brillantes ni tan eternas como antes.
Simplemente éramos dos puntos luminosos en el manto del cosmos que estaban solos en la oscuridad.


LUISA VÁZQUEZ

El pintor caminaba por las calles combatiendo el aire helado con sus manos en los bolsillos y una bufanda atada al cuello.
Su pensamiento bullía de indignación. “Le falta alma” le había dicho el último marchante que había pasado por el estudio. A sus cuadros les faltaba alma…
“La ejecución es perfecta. El equilibrio del color esta muy conseguido pero son aburridos. No dicen nada, no transmiten nada”.
Pero era difícil pintar con el corazón cuando ella lo mató cuando se fue.
La había conocido una noche en una taberna, uno de esos locales habitados por fantasmas que ocupan siempre la misma mesa. Solitarios, sin futuro, sin razón para vivir. Sentados con un vaso permanente en la mano, su única meta era que la parca pasase a recogerlos. Yo era joven e impaciente y la falta de éxito me tenía sumido en una depresión que me hizo buscar un sitio acorde con mi estado de ánimo, para intentar ahogar mi ansiedad.
Ella ocupaba una mesa en el fondo. Pero, aún absorbida por la oscuridad, a mi me deslumbró su brillo. Su pelo rubio ajado, sucio y despeinado evocaba, todavía, el esplendor de otros tiempos. Sus ojos acuosos, de un azul casi transparente, estaban rodeados de unas profundas y negras ojeras. Su mirada, marcada por una honda tristeza, se perdía en lo profundo de su pensamiento. Pero, si observabas bien, veías, relucir aún, la llama de la pasión. Su boca despintada, marcada por un rictus de eterno hastío, de amargura, estaba señalada por el rastro de antiguos besos apasionados, aquellos que hacen deslizar el suelo bajo los pies.
Me acerque despacio, como lo haces con un gorrión herido por miedo de que, al revolotear, se dañe más todavía.
Con voz suave le dije:
– Señorita, ¿me permite que la acompañe?.
Me miró con cansancio infinito pero contesto con su voz enronquecida por el alcohol :
– Si me invitas puedes quedarte ahí sentado el tiempo que quieras.
Pedí una botella de vodka. El camarero, un anciano castigado por la artritis, nos sirvió arrastrando los pies y le habló a ella con la ternura de un padre:
– Señorita, ¿no cree que sería mejor que volviera a casa?
– Viejo y querido Pierre, sabes que no tengo donde volver. Deja la botella y no te preocupes por mi. Este caballero me cuidará, ¿verdad amigo?.
Yo asentí. Pasé el resto de la noche viéndola consumir un vaso tras otro mientras me desgranaba las decepciones que habían marcado su vida.
Cuando la mañana empezaba a clarear, ella, derrotada, se había dormido con la cabeza apoyada en la mesa. La cogí en mis brazos, su cuerpo era pequeño y liviano. Se agarró a mi cuello como una niña pequeña.
La llevé a mi estudio. La cuide durante días y noches enteras, mientras ella expulsaba el alcohol de su cuerpo, se reparaba, se reconstruía y renacía.
Y volvió a ser la chica que yo había podido distinguir dentro de la cubierta de mujer desencantada que había conocido por primera vez. A partir de aquí empecé a vivir dentro del sueño que sólo había tenido el valor de imaginar. Mi obra se depuró y se llenó de sentimiento. Pintaba mientras ella me observaba y yo dejaba traspasar al lienzo toda la felicidad, el amor, la pasión que inundaban mi corazón. Luego paseábamos, reíamos, comíamos y hacíamos el amor como si fuera la última vez, como si fuera el último día de nuestras vidas.
Yo conseguí algo de notoriedad en este difícil mundo del arte. Realicé algunas exposiciones y vendí unos cuantos cuadros. Era feliz. No le pedía más a la vida.
Una mañana salí del estudio mientras ella dormía todavía. Había decidido pedirle matrimonio. Quería vivir el resto de mi vida como hasta ahora, con ella a mi lado. Si la perdía nada tendría sentido para mi. Le compré un modesto pero bonito anillo de compromiso y un enorme ramo de rosas rojas. Subí las escaleras, entre en el estudio como una tromba llamándola a gritos. Nadie contestó.
Se había ido y nada quedaba de ella. Ni rastro de su presencia, como si nunca hubiera estado allí.
La busqué durante días sin resultado. Había desaparecido.
Mis cuadros se quedaron sin esencia, sin sentimiento y empezaron a dejar de venderse.
Ahora ocupo la mesa que ella dejó vacía. He dejado de pintar porque me planto delante del lienzo en blanco y no hayo nada en mi interior que poder plasmar. Espero que vuelva para recuperar la inspiración y la pasión que perdí.
Le pregunto al viejo Pierre:
– Dime donde está, se que tu lo sabes.
El me mira con compasión y me contesta:
– Ella es inconstante, señor. Nunca ama por mucho tiempo.


GABRIELA MOTTA

Llega no sé de dónde, viaja por la vida despreocupada, es dueña de su destino y no puede ser por nadie interpelada. Vive libre en los intelectos, encendiéndose por las madrugadas elocuente y persuasiva cuál musa poco compasiva.
Iluminando con su luz a muchas pequeñas almas que repletas de jolgorio y poseídas por sus palabras se dejan embriagar por su aliento que convierte su fervor en hermosas, suaves y creativas palabras.
Almas que no serían las mismas sin su presencia cercana.
Almas que de júbilo gozarían si te quedarás por siempre en sus pensamientos listas para inmortalizarte en cada uno de sus versos. Resonante te aproximas y con un soplo las fascinas para luego volar muy alto dejándolas desposeídas.
Es por eso inspiración que mi único anhelo es que vengas junto a mí con cada luna llena, yo en cambio te prometo estar con mi pluma afilada para dejarte entrar en mi ser que brillará con tu llegada.


EMILIANO HEREDIA

Att. Ilustrísimo SR……juez de la muy noble villa de Madrid:

Estimado Sr……que Dios Guarde durante muchos años.

El motivo de la presente, es narrarle, la consecución de infortunados sucesos que, han finalizado en un fatal desenlace si usted, está leyendo ésta misiva..
Mi nombre es ………..natural de la villa de Alcalá de ´Henares, de ….años de edad, aprendiz de escritor en un periódico local llamado…..,
Sí, ilustrísimo señor, el comienzo de mis desdichas, comenzó hace cosa de un mes, más o menos, cuando el señor….., director del periódico local que le he mencionado antes, mantuvo conmigo, un intenso debate en su despacho, sobre la escasez de calidad de mis últimos escritos, poesías de mala calidad, ramplonas y faltas de sentimientos, que nó gustaban siquiera, a viejas o adolescentes enamoradizas.
Justificaba dichas críticas hacia mi obra literaria, la falta de frescura e inspiración.
Inspiración, ilustrísimo señor, ¿sabría usted decirme cual sería la mejor definición para algo tan abstracto, tan etéreo, tan sutil y volátil como la inspiración?.
La inspiración, nó es algo que se compre, tangible, como un lápiz, como un papel en blanco….nó, éstos son meros artículos materiales, en los que grabar esa chispa, que tan solo unos pocos afortunados seres humanos poseemos, en mayor o menor fortuna,.
Maldigo mil veces, ilustrísimo señor, éste don que poseo, por llamarle de alguna forma, si es que se puede usar tal definición, al sufrimiento, a la impotencia de hablar y no hallar las palabras, a escribir lo que lucha furiosamente por salir de tu mente, y nó encontrar la llave para excarcelarlas.
Ilustrísimo señor, para nó entretenerle más en cosas banales, fútiles, me propongo ir directamente a narrarle la desdichada historia que ha desembocado en tan funesto final.

Iba, en busca de inspiración, de calma, paseando por un bosquecillo de chopos, cercano a la localidad donde resido. Un bosque otoñal rivereño, tapizado de hojas que una fresca y suave brisa, se entretenía barriéndolas.
Imbuido en mis pensamientos, una figura, nó demasiado lejana, de una hermosa mujer, enlutada, con la tez pálida como un rayo de luna, delgada como un suspiro, frágil como un pensamiento, se clavó en mi mirada.
He izo Dios la luz, ilustrísimo señor, dentro de mi oscuridad. Un hermoso sentimiento hizo zozobrar mi alma, y desbocó mi corazón como un potrillo galopando en una verde pradera.
Mas, cuando quise ir a su encuentro, ésta, desapareció entre un retazo de bruma que, al alcanzarla….!nada hallé!. Corrí sin rumbo, entre los árboles, grité, lloré, arrodillado, presa de la desesperación, tirándome de los pelos de la sien, ….pero todo esfuerzo…fue en vano…ilustrísimo señor…nó volví a verla….
Nó pasó ni un solo día, en que volviera a aquel bosquecillo, mil horas, sembré…sin fruto. El manto gris caía sobre mí, y llegaba la noche, aterido, vacío, con una pena que me devoraba, lentamente, llegaba a mis aposentos.
Febril, enfermo, delirante, consumía el resto del día hasta que volvía al mismo lugar. Era como buscar un naufrago en medio del inmenso océano. Mis allegados, dieronme por imposible, perdí, salud, razón de ser, el exiguo empleo que a duras penas me daba para subsistir, todo.
Todo precio, me parecía insuficiente, para poder volverla a ver…!tan solo un segundo!.
Ella, era la inspiración que buscaba, era el sueño que quería soñar, los labios que quisiera besar, el cabello que quisiera acariciar, las manos que asir, dulcemente…pero, todo sacrificio, toda búsqueda, todo, ¡todo era en vano!.
Hoy, moribundo, con la mirada perdida, vagué como tantos días, sin rumbo, sin esperanza de encontrarla…asomado a un cortado bastante profundo, contemplaba cómo el sol se escondía entre los montes que se recortaban oscuros sobre un horizonte violáceo…
¡y la he vuelto a ver!, ¡allí, el fondo del cortado!, me mira, con unos hermosos y basálticos ojos, me mira ¡Dios, la felicidad existe!.
Saqué un papel de mi portafolio y me dispuse a escribir ésta que usted está leyendo ahora mismo…la doblé con cuidado, y la introduje, dentro de mi gabán, habiendo predispuesto previamente que fuera para usted…
Ilustrísimo señor, voy al encuentro de ella….

Atte:………


 

Publicado el

Otros mundos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir sobre otros mundos. Este ha sido el relato ganador:

JUSTO FERNÁNDEZ

LA TIERRA ES UN RIDÍCULO PLANETA SENTIMENTAL

Era una misión de rutina. Ya sabían que no encontrarían nada relevante para su propósito ni para sus importantes proyectos científicos, pero había que hacerlo; estaba en el plan. Bothan y Gugan provenían de la galaxia Testor. Ahora debían visitar ese extraño y lejano planeta del sistema solar. El objetivo era chequear, de nuevo, si allí había inteligencia tal y como ellos la concebían. Un ser inteligente debía poseer un hemisferio izquierdo hiperdesarrollado junto a un minúsculo, residual y atrofiado hemisferio derecho. Solo era considerado intelecto lo proveniente del lado valorado del cerebro.

En las incursiones anteriores, que se producían cada cien años, se habían obtenido siempre resultados negativos. En ese lugar no había inteligencia alguna. Probablemente esta vez sería similar, por eso los dos seres hiperinteligentes tenían nulas expectativas. Ajustaron el escáner al tipo de individuos fijados como muestra: un hombre y una mujer que en ese momento se encontraban sentados en un banco solitario de un parque cualquiera de una ciudad cualquiera. Los sistemas de rastreo eran capaces de monitorizar, a pesar de la enorme distancia, cualquier movimiento molecular y celular que se producía en el interior del ser objeto de la prueba. Todos los ritmos vitales eran también registrados, además de captar cualquier sonido que pudiera emitir. La duración del muestreo era corta, apenas tres minutos eran suficientes. El propio sistema analizaría a continuación los resultados.

El test comenzó justo en el momento en que el hombre tomó la mano de ella y dirigió sus labios muy despacio hacia los de su compañera. Ambos se fundieron en un largo beso y los ojos de los dos permanecieron cerrados todo ese tiempo.

—Te amo —dijo él, acariciando dulcemente su mejilla.

—Pero ahora estás llorando… —dijo ella, emocionada.

—Es profunda alegría. Supongo que mis lágrimas agradecen así esto que ahora siento –los ojos inundados del hombre brillaban con el reflejo de ella.

—Gracias amor. Gracias por compartir conmigo tus sentimientos —en un intenso abrazo, ella se acercó a su oído para así susurrarle.

En ese momento el analizador dio por finalizada la prueba. Bothan, atareado en otros asuntos, no había prestado atención alguna a la escena; sin embargo, Gugan sí había permanecido atento a los monitores. Ahora los dos hiperinteligentes alienígenas se dispusieron a escuchar el audio del informe:

«Informe de observación: Ritmo cardiaco y respiratorio de ambos individuos irregular y alterado. Actividad cerebral desperdiciada, inconexa y caótica. Torrentes de oxitocina de perfil patológico. Conductas ineficientes sin ningún propósito ni objetivo definido. Los individuos analizados actúan irracionalmente, guiados por sus sentimientos. Según las tablas vigentes, los especímenes estudiados pertenecen a una especie inferior de nula utilidad. Fin del informe».

—Bueno, nada nuevo bajo el Sol. Nos vamos —dijo Bothan tras escuchar el resultado.

—Sí, estos siguen igual. Quizá cuando volvamos dentro de cien años… –replicó Gugan.

—Es muy poco tiempo para que evolucionen, si es que lo hacen. Esta especie está muy atrasada. La tierra es un ridículo planeta sentimental —Bothan indicó así su desprecio.

Los dos hipermegainteligentes extraterrestres programaron ahora su próximo destino y se acomodaron en sus asientos. Así continuaron un tiempo con su programada labor de manera precisa y eficiente.

De repente, el sistema emitió una estridente alerta a través del audio de la nave:

«Atención, alerta médica, detectada actividad en el hemisferio derecho del comandante Gugan. Posible contaminación. Indicio de sentimientos. Iniciamos protocolo de observación».

—¿Qué te pasa Gugan? ¿Te encuentras bien? —preguntó su compañero.

—Sí, no te preocupes, es solo un malestar extraño. Ahora se me pasa.

—Vale. Dime si persiste. Habría que iniciar tratamiento.

—¿Sabes, Bothan? Siento que es muy triste no tener sentimientos.

—Bueno, no pasa nada… Vete recostándote en la camilla y súbete la manga. Te quitamos el malestar en un momento…

«La Tierra es un ridículo planeta sentimental».

Fdo: Mi hemisferio izquierdo.

FELIPE IGNACIO

La lamentable dimensión narrativa.

Armando era un tipo organizado, trabajador y de impecables costumbres. El minucioso hombre de negocios gustaba del capuchino que servían en la cafetería contigua a su oficina. La intensidad del café, la nube láctea y la familiar esencia de canela lo volvían el único placer capaz de manchar su pulcra austeridad. Armando sabía que un hombre de su estampa no podía aferrarse al deleite sensorial. “¿Qué hubiera pasado si Einstein se hubiera aferrado a éste? ¿O Marx? ¿O Smith?“ solía responder ante quienes lo apuntaban por su férrea moderación y entrega al trabajo.
-¡Hola, Armando! ¿Cómo va la cosa? – se acercó a preguntarle un compañero.
-Aquí, sacando la vuelta… como siempre.
-Oye, ¿te animas a fumar algo pa la mente?
Lo que su compañero no sabía era que Armando nunca había consumido droga que no fuera el café; su trabajólica actitud databa desde sus cajas registradoras de juguete.
-¡Grandioso, hermano! Vamos a fumarnos uno, total… que le hace el agua al pescao’ – respondió.
Y al parecer, a veces olvidaba su acérrimo pacto laboral.
Fue con su compañero a una plaza cercana, regocijándose con el humo que lentamente anegaba sus pulmones y luego se esfumaba por su boca, sin más. Lo que Armando ignoraba en su dicha, era que en su oficina lo esperaba su furibunda esposa, dispuesta a hacerle pasar un mal rato.
-Hola amor, ¿cómo estás? – le preguntó furiosa.
-Bien, linda. Acabo de ir a fumar con el Chino, quedé en Neptuno – exclamó enojado.
Usualmente Armando revelaba justo esa información que los llevaba al conflicto.
-¡Qué rico! – respondió la mujer -. Oye y… ¿te queda algo por ahí?
-¡Claro, mi amor! – respondió cerrando las cortinas de su oficina.
Hurgueteó unos segundos en su chaqueta.
-No encuentro la pipa.
El aplicado hombre la encontró y la prendió enseguida.
-Jajaja ¡no la encuentro!
Y… bueno, una vez que la halló, sin saber la tensa conversación que los dirigiría al quiebre, la prendió rebasada de marihuana.
-Estoy más volao’ que Bob Marley y Jimmy Hendrix juntos, amor – dijo neuroticamente.
Se quedaron unos minutos en silencio, presintiendo la tensión, el inexorable conflicto, la llegada del momento… fatal. Todo comenzó con una mirada.
-Oye tigre y ¿esa mirada? ¿No me digas que tienes ganas de hacerlo aquí, goloso? – preguntó la joven mordiéndose el labio con notoria distancia emocional.
Armando no dijo nada, sólo siguió mirándola, se acercó y… bueno, se supone que ahora discutían y terminaban su relación, pero eso no es del todo exacto.
Una vez llegada la hora de salida, decidió quedarse tiempo extra a terminar un balance.
-Chao compadre, no pienso trabajarle un minuto más a estos cerdos. Nos vemos mañana – le comentó a su compañero de…
Saben… ¡me cansé! Así no se puede trabajar, la narración está cada vez más…
-Voy a tomarme unas cervecitas.
Devaluada. Ya ni los personajes…
-¡Vamos po compadre, yo tampoco les doy un segundo más a estos ladrones!
Lo respetan a uno. Años narrando y ¿qué obtengo? ¿Esto? ¡¿De verdad?! Es insoli…
-¿Y tienes más pa la mente?
¡Estoy hablando, carajo! ¡Cállense un…
-Si pues, amigazo. Vamos a volar.
¡Me cansé! Y en ese momento les cayó un meteorito.
-Ya, déjame apagar el computador.
Y de manera inexplicable, se apuñalaron hasta el desangre.
-Ya, te espero. Pa que están los amigos sino.
¡Hagan lo que quieran! Pero ojala que queden tan volados que quieran narrar y sus personajes no les hagan caso ¡Chao!
-Oye Armando ¿y si después nos tomamos un capuchino?
-No, qué asco esa cuestión.


LUISA VÁZQUEZ

El éter… si somos solamente racionales nos quedamos con la definición que dice:

“Compuesto químico orgánico, sólido, líquido o gaseoso, en cuya molécula existe un átomo de oxígeno unido a dos radicales de hidrocarburos.”

En cambio, si nos decantamos más por la espiritualidad y el romanticismo nos gustará más esta otra:

“Fluido hipotético invisible, sin peso y elástico, que se consideraba que llenaba todo el espacio y constituía el medio transmisor de todas las manifestaciones de la energía.”

En esta historia en concreto voy a intentar vislumbrar que se puede mover dentro de ese fluido hipotético.
Cierro los ojos y dejo mi mente en blanco. Mi cuerpo cae completamente laxo y relajado.
Pasa mucho tiempo, tanto que pierdo la noción de los minutos que se van desgranando a mi alrededor sin que lleguen a tocarme, sin que yo sea consciente de que van desapareciendo. De repente, la percepción de mi propio cuerpo se difumina y se convierte en una consciencia diferente, ligera, como si hubiera mutado de ser material a inmaterial.
Abro los ojos y no veo la habitación donde me encontraba hace un rato. Estoy pérdida en una niebla espesa, blanca, como si estuviera sumergida en un vaso de leche. No me atrevo a respirar hasta que siento el corazón palpitarme en los oídos. Entonces, abro la boca de par en par y el oxígeno invade mis pulmones. Me tranquilizo, por lo menos no pereceré ahogada.
Cuando empiezo a adaptarme al medio la extraña sensación de no estar sola me produce un escalofrío. Fantasmas intangibles se mueven a mi alrededor. Una ligerisima y dulce brisa es lo único que me advierte de su presencia.
Me muevo lentamente, muy lentamente, como si flotára. Mis sentidos permanecen alerta, no quiero perder la posibilidad de contactar con alguna de las almas errantes que caminan a mi lado.
De repente oigo una voz en mi cabeza, “Hola Carlota, hace tiempo que te esperábamos has tardado mucho en decidir venir a visitarnos. Ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste y dijiste que volverías a vernos. Creíamos que nos habías olvidado.”
Oigo mi voz contestar, construyo frases que no han pasado previamente por mi pensamiento, como si una fuerza externa me las dictara. “No os he olvidado nunca, pero, el alma con la que me fui no era buena. Me engañó. Era dulce, atento, me regalaba flores y me decía palabras bonitas. Me dijo que me amaba más que ha su propia vida, que moriría por mi.
Pero cuando bajamos a la tierra su alma blanca se convirtió en negra como el carbón. Me trato como a una posesión a la que puedes maltratar y despreciar porque es tuya y haces con ella lo que te da la gana. Me hizo perder la voluntad y el amor propio. Me dejo sin dignidad y, el miedo que me producía me incapacitó para reaccionar, para huir.”
Entonces llegó hasta mi una voz mucho más dulce que las otras. “Carlota, mi pequeña, a veces se cuelan almas podridas entre nosotros. Llevan un magnífico disfraz que consigue engañarnos. Pero ahora ya no tienes que preocuparte por nada. Has vuelto y ya no debes temer nada. Nosotros cuidaremos de ti hasta que sanes del todo y puedas volver a la tierra. Y, esta vez, yo mismo me aseguraré de que seas muy feliz.”
Me invade una sensación de plenitud, de tranquilidad que hace mucho que no sentía. Vuelvo a ser feliz.
Pero, a pesar de todo, hay algo que me inquieta y no consigo saber que es.
¡Sí, ya recuerdo!. “¡No me puedo quedar aquí, digo, que será de mis hijos!”.
“Pequeña, ya no puedes volver. El demonio te ha despojado de tu cuerpo. Pero no te preocupes por ellos. Están con personas que les darán mucho amor. Crecerán sanos y fuertes, serán felices y llevarán con ellos tu recuerdo hasta el final de sus días.”
Una imagen se me desvela como por arte de magia, allí estoy, tirada en el suelo cubierta de sangre mientras, el alma negra, con un cuchillo en la mano, me contempla con satisfacción mientras grita: “Eres mía y hago contigo lo que quiero.”


LA XICUELA DE CORRIOL

Vivir enamorado es vivir en otro mundo, en otra dimensión. No importa la edad, el dinero, la raza, la posición social. Vivir enamorado es una sucesión de reverencias hacia el ser amado, que no son siempre correspondidas. Y el amado o amada puede hacer de tí cualquier cosa. Te tiene embobado/a. Sólo ojos para él/ella. Y por supuesto, puede engañarte en cualquier momento u ocasión. Pero tú, simplemente sigues viviendo en los mundos de Yupi, mientras no afecte a tu cartera y vaya soltando la mosca…
Es cierto. A veces estamos tan ciegos…que no vemos, o no queremos ver.


DANI GALLEGO ALEMÁN

Otros mundos…
Entro en otros mundos con las voces y la música, en su baile me escondo, calentito, de bufanda me visto, y acaricio el aire y lo vuelo , lo siento y lo vuelo, lo siento, de verdad que sí…
Una voz, sin alas, buscando nave, velando nubes, y llega el AVE del mundo, el trailer infinito, el avión del universo, la música que corresponde a ese día llorón o a una tarde anaranjada, a la noche oscura, a esa esquina iluminada…
Se lanza, la voz, y la música , abovinada, despereza sus manos. Me recoges, me acoges?
Será un placer dulce ser, será un placer dibujar en tu dibujo, un placer vestir tu aliento.
Y entonces todo fluye, el tiempo se para y pasa la armonía,orgullosa, engalanada de buenos ratos, en los balcones las luces, papelitos de colores, multitud de almas conforman el cielo, y suena fuerte mi grito avibratado, mi falsete honesto,mi confesión de siete notas


EMILIANO HEREDIA JURADO

MATRIOSKA

El señor x.
Vive en mundo de muchos mundos.
El señor x.
Vive en un mundo matrioska.
La madre matrioska, es bella, con una fina y delimitada sonrisa. Con dos pètalos de violeta, uno en cada mejilla. Los ojos como dos faroles.
El señor x, tiene la piel de color de bruma en noche sin luna.
La boca es un tapòn que encierra la botella del ruido. Los ojos son dos puntos y final.
La hija mayor es dicharachera, con la mente de grillo. Chillona y algo payasa.
El señor x, nó habla. Tiene infinitas palabras encerradas, pero nó saben volar. Es una fuente con agua, que nó puede manar.
La del medio, es coqueta, vestida de arcoiris, voluble y soñadora.
El señor x, es discreto, del gris ceniciento de un cielo invernal. Vive la realidad en carne viva.
El señor x, es la última capa.
Encerrado en su mundo solitario. Espectador desde su pecera de cristal de un mundo que nó le pertenece. Vagabundo sin equipaje.
Fantasma nocturno.
El señor x vive en su mundo de soledad. Una soledad que le devora a fuego lento.
El señor x, es un sol donde llueve en su lado oculto.
El señor x, es un payaso que pone tiritas para el dolor ajeno y nó encuentra venda para curar su corazón roto.
El señor x, vive en el centro de un laberinto…sin entrada ni salida.


FLAVIO MURACA

Another dimension

Recuerdo haber vagado por las desiertas dunas del santuario sin haber tenido un rumbo fijo, mi ira estaba en su maximo esplendor, todo aquel que osara cuestionarme era extinguido de la fas de la tierra, era obnipotente, obnisciente, era todo, era dios.
Mis palabras eran avispas punzantes, diamantes en bruto, estaba bañado en oro y lo relucia con exquisita petulancia, era el rey midas de los cuentos…
Mis puños bramaban sangre de los infames, nadie se atrevia a desafiarme pues los mandaba a otra dimensión.
Soy saga de Geminis el de doble cara, el bipolar, el temido, el odiado, el que viaja entre dimensiones.


GABRIELA MOTTA

Dormía plácidamente cuando el sonido de una llave abriendo la puerta lo despertó del sueño profundo en el que estaba. Al despabilarse se dio cuenta que era su hermana que regresaba a casa después de una larguísima jornada de trabajo nocturno. Tenía ganas de ir a beber agua pero espero en la cama con la luz apagada hasta que ella se fuera a dormir, no tenía ganas de escuchar sus historias sobre ese mundo nocturno tan árido y frío que sin dudas era la antítesis del suyo. Dormitó por unos minutos y volvió a despertar con el sonido de otra puerta, esta vez la del dormitorio de su hermana. Se incorporó, caminó en penumbras hasta la puerta de la habitación con la intención de ir por su vaso con agua, pero al llegar lo sorprendieron cuatro espectros que salieron de atrás del armario y lo tomaron bruscamente por los brazos devolviéndole a su cuerpo que yacía inmóvil en su lecho.

… Dormía plácidamente en su cama cuando el sonido de una llave abriendo la puerta lo despertó del sueño profundo en el que estaba…

¿Qué había pasado? Todo había vuelto a empezar igual que antes, se repetía la misma escena como si hubiera experimentado un plano paralelo, esta vez prendió la luz y azorado con lo que estaba aconteciendo esperó a que su hermana se acostara para ir por el agua, un escalofrío corría por todo su cuerpo y realmente dudó si debía ir, porque aún tenía muy presente la escena que venía a continuación. No obstante, armándose de valor y encomendando su alma a quien pudiera ayudarlo, con un intento fallido de hacerse una cruz con el fin de persignarse (él nunca había sido un hombre de fe) se lanzó a lo desconocido, pasando por detrás del armario casi que, a la velocidad de la luz, pero para su asombro esta vez nada sucedió. Cuando regresó a la habitación aún no podía salir de su aturdimiento, anhelaba poder conciliar el sueño otra vez, pero temía, no quería volver a experimentar lo mismo, así que decidió dejar encendida la luz. No podía parar de pensar – ¿Qué sucedió? ¿De dónde salieron esos encapuchados de negros que flotaban por el aire y lo devolvieron a su cuerpo de manera brusca y haciéndole saber que había muchas más sensaciones que las que experimentaba estando despierto? Acaso: ¿estaba él viviendo en un mundo paralelo? Eran tantas las preguntas y tan escasas las respuesta que decidió seguir dormido y quedarse con su acotada realidad, no le había gustado para nada salirse de su zona de confort y encontrarse en otro mundo donde él era luz, energía, era todo menos materia.


 

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Relatos ambientados en Navidad

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos ambientados en Navidad. Este ha sido el relato ganador:

LUISA VÁZQUEZ

“Y llegó la Navidad”, ahí lo dejo!!!!!
Es Navidad. Voy a mi armario y busco el disfraz de felicidad que se supone que me tengo que poner estos días. No lo encuentro. Como tampoco encuentro mi espíritu consumista. Por desgracia, no estoy en el grupo de los prosaicos, pero tampoco me siento integrada en la secta de los místicos. De ahí que, mi inadaptación, aumente exponencialmente. No me gustan los espacios cerrados donde, el público en general, se “empana” buscando regalos y te empuja, te atropella e invade tu espacio. No me gustan los espacios abiertos donde la gente se “empana” mirando la decoración navideña de las calles y te empuja, te atropella e invade tu espacio.
Visito a mi familia muy a menudo, así que, no me hace especial ilusión verme obligada a quedar para cenar. Estoy cansada a esas horas, solo quiero quedarme en casa y descansar.
Para mí no es plato de gusto ponerme el uniforme de “vestirse para salir”. Hace siglos que no voy a bailar y, espero, no volver a hacerlo. No me gustaba ni cuando era adolescente.
Odio pasar una tarde entera poniendo adornos, con la peor gracia del mundo, para tener que quitarlos una semana después
No me gustan las miles de variedades distintas de dulces que se venden especialmente para estas fechas. Y, normalmente, bebo más de la cuenta para conseguir superar el aburrimiento.
Extraño a mis padres de una manera dolorosa todo el año. Pero la gente me hace añorarlos más todavía, recordándome todo el tiempo, lo que disfrutaban en esta época. Así que, paso directa del aburrimiento a la melancolía.
Me parece absurdo gastar una pasta en menús con precios abusivos porque son de Navidad o de Reyes, cuando la calidad deja mucho que desear. Te ponen lo mismo en febrero y te cuesta 10 euros. Y encima, estas en un salón enorme, lleno de gente que grita hasta que las cuerdas vocales no les dan para más mientras ejércitos de niños mal educados, saltan, corren o lloran a tu alrededor.
Para mi, el hecho de pensar que regalos voy a comprar, se me hace tan difícil como proyectar el próximo transbordador espacial. Estoy deseando que mis sobrinos sean mayores para darles el dinero y que compren lo que quieran.
Y habrá quien se pregunte, ¿esta mujer le ve algo de bueno a las pascuas?. Pues, mira tú por donde, sí. ¡¡¡LAS VACACIONES!!!.
¡Juro por lo más sagrado que si alguien me dice que no puedo disfrutar de la otra mitad de los días de descanso que me corresponden, me pongo a llorar como un bebé!.
En fin que, si por mi fuera, me metería en casa desde la Nochebuena hasta después de Reyes.
De todas maneras, queridos lectores, como mi madre me dio una buena educación, os deseo a todos unas… ¡FELICES FIESTAS!

ANA KINGEN

Navidad,festejo del nacimiento de un niño, que traería consigo el comienzo de una nueva era.
Navidad, tal vez desvirtuado por muchos, que solo se juntan previo a decir, qué comemos, o qué llevamos.
Pero a pesar de ello, es una festividad distinta, donde se convoca a la familia.
Para algunos, fecha importante, para otros, fecha embargada de tristeza.
Recuerdo una Navidad en que habíamos programado, como todos los años hacíamos, viajar a la casa de mis abuelos, para pasar ésa fecha tan importante con ellos y demás familiares, era la primera vez que yo no quería ir, pues hacía pocos meses me había puesto de novia con Juan Carlos, y obviamente, quería pasarla con él, con apenas 16 años, colmados de falta de experiencia, que solo el paso del tiempo otorga decidí hablar con mi mami para decirle que prefería pasarla en Córdoba, y no en casa de mis abuelos, ella con lágrimas en los ojos me dijo:
“mis padres ya están grandes, y quizás sea la última Navidad que pase con ellos”, me sentí tan culpable por mi egoísmo, que abrazándola le dije, ” tenés razón, los abuelos pueden faltar en cualquier momento”, así que viajamos y disfruté de ellos recordando las palabras de mi madre; y así fue, efectivamente ése año hubo una ausencia del nunca más, pero la que emprendió ése viaje fue mi mami, el primer golpe doloroso e injusto que me dió la vida.
Cómo enfrentar ésa Navidad siguiente sin su presencia, cómo brindar con su ausencia, cómo buscar entre todos los presentes ésa imágen tan querida,tan ireemplazble para mí, tan única, y la encontré, en el dolor de mis abuelos, en las lágrimas del recuerdo y en la nueva vida de apenas dos meses,
dormida en mi regazo.
Navidad sin ella, con su presencia invisible, con un lugar vacío
que nos recordaba, que no volvería nunca más a ocuparlo, ya no recibiría su beso de medianoche, ni recibiría de sus manos,
el regalo guardado tan celosamente para esa noche tan especial.
A pesar del paso de los años, éstas fiestas, sobretodo para los que ya peinamos canas, nos traen recuerdos de familia reunida en una gran mesa, que los años fueron achicando, ya que muchos emprendieron su viaje, sin pasaje de regreso, pero luego comenzó a agrandarse nuevamente con las nuevas generaciones.
Navidad, una fiesta de familia, que vale ser festejada, aún sin los que no están y pensando que de alguna forma, nunca se fueron.
Brindemos por ellos, que formaron parte de nuestras vidas, y disfrutemos de aquellos, que sí están para alegrar nuestra existencia


OMAR IGNACIO GUERRA FELIX

Era ya el frio mes de diciembre, los arboles sin hojas se encontraban, no se escuchaba más el canto de los pájaros, y las calles vacías pintaban un tono tétrico, se podía casi respirar melancolía purá, escenario perfecto de aquel encuentro, de aquella platica que entablaban dos jóvenes amigos, de lo que hablaban? Algo inolvidable, que plasmado en ellos quedaría.

Tiritando un poco debido a la fría brisa decembrina, aquel joven un poco desorientado por la inesperada petición de su amigo, no encontraba manera de pedir una explicación o motivo de dicha reunión, mas el otro joven permanecía en silencio, cual navío que es tragado por el imponente océano, pareciere que sus pensamientos se apoderaban de el, algunas ojeras marcaban el cansancio de sus ojos, la silueta característica de parecer alguien maduro, que con sus consejos podría apoyarte en muchos aspectos, Ockland repentinamente vuelve en si y gira un poco para dirigir su mirada a jhean, quien se sorprende un poco por la inesperada reacción, mas en un leve lapso de tiempo jhean recobra la compostura y pregunta que era lo que necesitaba, Ockland esboza una sonrisa de medio lado, “comprensión, amistad sincera, no objeciones, una promesa y la sonrisa distraída que siempre muestras cuando te vas de mi casa hasta tarde” contestaba a la interrogante de jhean, su semblante cambio drásticamente ante dicha respuesta, con temor y su voz algo temblorosa, salían de su boca las palabras que con esfuerzo intento detener, “cuenta con tu hermano menor, confía en mi” Ockland seguido de escuchar a jhean, procede a contarle la petición que tenia para el, jhean como si fuera en cámara lenta, observaba como el semblante de Ockland se tornaba lúgubre y vacío, y las palabras con las que tendría que cargar debido a su promesa, “( jhean tu hermano mayor se a quedado vacío, irreparables son mis sueños, incurable e insoportable el veneno que desde la niñez he soportado, corroído completamente por la mezcla de la sensación de vacío, melancolía, rechazo y rencor, y finalmente haberme perdido yo mismo en la sensación de la obscuridad, perdón jhean mi hermano menor, pues tu hermano es un cobarde, “he decidido suicidarme” )+ Ockland no dijo palabra alguna después de eso, sonrió ligeramente entrego una pequeña carta y se marcho sin mas, jhean con lagrimas que caían de sus mejillas, tomo la carta y susurró, “ al parecer tenerlo todo no es suficiente en esta vida” , la noticia del suicidio de un joven se expandió, así como los comentarios y el morbo pútrido que emanaban todos los que estuvieron en el funeral, que fue por un arranque de odio, locura , estupidez… mas solo Ockland que se lo llevo consigo y jhean saben la verdad, pues en todo lo que le había contado , se encontraba mezclada la verdadera razón, sabiendo que solo el comprendería y entendería pues había tanto en común, mas la historia se repite y el ciclo continua, grabado en su tumba se leía este pequeño escrito, fragmento de la carta entregada.
En una ocasión un joven me pregunto que pensaba sobre que había cuando esta vida se acabara, y como shock en mi mente se dibujaba, una luna llena y todo obscuro se encontraba, hierba mojada y fría brisa se mezclaban, voces de lamentos lo que resultaba, un olor a recuerdos y sentimientos, soledad y un toque de miedo, algunos rayos de la luna se desprendieron, voces tiernas y de aliento, lo que escuchaba cuando cayeron al suelo, frías gotas de melancolía mezcladas con recuerdos goteaban del cielo, y una agridulce melodía de tranquilidad pareciere provenir de algún lejano lugar, mas al sentir cada cosa a la vez, sorprendentemente todo organizado estaba, pues comprendí en ese lugar que cada cosa a la vez por si sola puede ser innecesaria o perder su valor real, mas cuando unidas se complementan forman ————- ————-, mi corazón aun late después de haberlo entendido y observado por mi mismo, mas dejare en incógnita esa parte, para el día en que de nuevo nos veamos, y cumplida totalmente este tu promesa, pues cumplida ha sido mi parte.

In memory of Jhean
( En Memoria De Jhean Ockland)

By: Black heart


GABRIELA MOTTA

La carta

La carta estaba allí para que todos pudieran verla, sin embargo, pasaba desapercibida entre los papeles que se encontraban junto a esos libros viejos de esa antigua biblioteca. Pareciera que a nadie le llamara la atención husmear entre tantas cosas. Sin embargo, Julia estaba ahí, intentando poner un poco de orden, no sólo a la biblioteca sino también a sus emociones, había heredado de su abuela la antigua casa de verano familiar. Trataba de organizar sin cambiar la decoración que la hacía rememorar los hermosos días de su infancia. La biblioteca era uno de esos sitios que mantenía su encanto, siempre había estado en el mismo lugar y lo único que se le sumaban eran libros y hojas a sus añosos estantes. Pero había que comenzar a seleccionar que quedaba y que debía ser reciclado, tarea para nada fácil pero ineludible. Entre polvo y hojas viejas encuentra una carta, que conservaba su encanto como si estuviera esperando a ser descubierta. Si no fuera por el color del papel jamás hubiera sospechado que se trataba de una carta del pasado, se mantenía intacta. Julia detuvo sus labores y con el sobre entre sus manos camino hacia la mecedora que estaba ubicada debajo de esa lámpara de mimbre tan especial que adoraba su abuela, se sentó abrió la carta y le permitió al tiempo escurrirse tan lento como quisiera entre las líneas de ese papel amarillento por los años.

“Querido Jesús:

Ya casi es navidad y por estos lados de América todo sigue igual, pensé que se arreglarían las cosas este año, pero para mí decepción no ha sido así. En casa papá sigue sin trabajo y mamá trata de disimular una depresión que la consume día a día, yo he tenido que hacerme cargo de los niños más pequeños, pero créeme que no es tarea fácil. Ellos requieren de la atención de papá y mamá, no obstante, ambos están sumergidos en una amargura inagotable desde el día que tú te fuiste. Mamá dice que es en vano tratar de comunicarnos contigo, que tú ya no escuchas a nadie. Pero hoy por ser víspera de navidad estoy dispuesta a intentarlo, yo todavía creo en los milagros, así que intentaré escribiéndote una carta. Deseo con todas mis fuerzas que me puedas leer. Jesús estoy desesperada, en casa la pobreza cada día es más grande y la tristeza nos consume poco a poco. Sólo tú puedes hacer que las cosas cambien. Es tan difícil porque ni siquiera sé si aún existes, mi corazón me parlotea que sí, pero la realidad suele ser severa y menos condescendiente. Sin embargo, como siempre fui muy terca y obstinada decidí hacerle caso a mi corazón y escribirte para rogarte que nos des una señal. Esta navidad será sin dudas la más triste en años, no sólo por el hambre, el calor, los mosquitos y la falta de agua potable sino porque en casa ya no tienen esperanza de encontrarte, para todos aquí tú ya no existes. Estamos en víspera de navidad y a nadie le importa, yo trato de hacer que por lo menos los más pequeños si puedan tener un poco de esa magia navideña que en algún momento la supimos sentir, pero es tan complicado recrearla cuando las necesidades básicas están insatisfechas, hago lo que puedo con lo poco que tenemos, así que tomé una olla, la llené con agua y puse a hervir un kilo de arroz, ya sé, estarás pensando que enloquecí, pero quiero que por lo menos hoy coman y se llenen todos; Hoy tendremos nuestra cena navideña, mañana me preocuparé en cómo conseguir más comida, la penosa pobreza en la que estamos sumergidos nos ha obligado a vivir el ahora. Así que cenaremos a lo grande, con mucho arroz para todos. Para los niños me tomé el trabajo de hacerles unos ramitos de flores que yo misma las corté del campo se los voy a poner a medianoche en ese arbolito que se encuentra cerca de la puerta de entrada de nuestro rancho, que también lo decoramos, le pusimos tapitas de botellas y con papel hicimos muchas guirnaldas, la verdad nos quedó muy bello, los niños estaban felices. Cuando mamá lo vio sonrió, bueno trató de hacerlo, pero juro que le gustó, la navidad sin arbolito no es navidad. Como mencionaba más arriba ya tenemos cena, arbolito y hasta regalos. Ahora sólo falta bañar a los más pequeños y vestirnos con nuestra ropa de domingo para esperar la nochebuena. Jesús te aseguro que no es para nada sencillo, muchas veces siento que me han robado una parte de mi niñez, pero si no lo hago yo, quién velará por los más pequeños, así que con mis 14 años trato de hacer lo mejor posible. En fin, no quiero agobiarte con mis penas, volvamos a lo nuestro, pretendo encarecidamente que si lees está carta por favor vuelve, aunque sea para devolverle la alegría a nuestros padres, que perdieron las ganas de vivir en aquel triste día cuando recibieron la noticia de que todos los de tu batallón habían muerto. Sin embargo, sé que al no encontrar tu cuerpo hay una pequeña esperanza casi irracional que les permite seguir respirando y me permite a mí escribirte. Jesús si aún vives danos una señal, ese sería el regalo más hermoso que podría recibir esta noche. Me despido con la ilusión de que algún día llegue esta carta a tus manos y la recibas con emoción sabiendo que en casa todos te amamos, aunque algunos estén un poco apagados en este momento. Es la guerra sin dudas el más feroz e indomable dolor que todos llevamos dentro, ojalá algún día puedas regresar y nos podamos fundir en un abrazo infinito de amor, sólo así lograremos apagar las huellas que esta guerra implacable ha dejado en nuestras almas. Sabes que en las noches cuando el sueño no llega me pongo a pensar ¿por qué nosotros los seres humanos nos tratamos con tanta crueldad y violencia? Hermano quiero que sepas que esta guerra nos ha obligado a reflexionar sobre el significado de la palabra amor y sobre el valor innecesario que tienen los héroes. Jesús te esperamos con los brazos abiertos para que devuelvas la luz y la alegría a nuestra familia que lucha para no caer en la oscuridad del desamor y la desesperanza. Un abrazo apretado y hasta siempre, con cariño Esperanza.”

Julia había escuchado millones de veces las historias sobre la guerra, la pobreza que había vivido su abuela en su niñez y como había sacado adelante a su familia luego de la depresión que habían padecido sus padres. Lo que nunca le había contado era sobre esa triste navidad inmortalizada en esa vieja carta, nunca le había mencionado la existencia de un tío llamado Jesús aparentemente muerto en la guerra. Julia secó sus lágrimas y recordó a su abuela, inmiscuida cada navidad en esa biblioteca, seguramente aquella carta era la causa de su mirada distante e introspectiva. ¿Pero qué hacía la abuela con esa carta en la biblioteca? ¿Será que nunca la envío? Seguramente no hubiera resistido vivir esperando o quizás nunca tuvo los recursos necesarios para enviarla, ya que era tan sólo una pequeña de 14 años. Julia cierra la carta y sonríe, -si la abuela jamás lo mociono es porque seguramente quería evitarnos el sufrimiento de vivir en la espera. – Mira por la ventana levanta los ojos al cielo y piensa: -Las navidades nunca más volverán a ser las mismas después de esta carta, no porque me perturbe la idea de saber si Jesús es real o no, sino porque jamás podré quitar de mi memoria a esa pequeña de 14 años que hizo posible que hoy yo estuviera aquí, leyendo esta carta y sintiéndome orgullosa de haber aprendido tanto sobre la esperanza cuando ya no quedan fuerzas para seguir.


JUSTO FERNÁNDEZ

CUENTO DE NAVIDAD

Los dos hermanos jugaban en la cuadra. Era Nochebuena y pronto les reclamarían para la cena. Ahora estaban dispuestos uno a cada lado de las patas traseras del enorme caballo (lo era sin duda para la estatura de los dos niños, uno de 4 y el otro de 6 años). Reían tensionados por el juego que ellos mismos habían inventado. Mientras uno solo tenía que atreverse a cruzar por detrás del animal, el otro intentaría encabritarlo. El espacio entre la cola del caballo y la pared del pesebre era estrecho pero suficiente. Pegándote bien al muro se podía pasar bien rápido. Sincronizando el paso un segundo antes o un segundo después de la temida coz. A veces había patada, a veces no. Todo dependía de la fuerza del otro hermano al pinchar al caballo en la nalga con un palo. Cada niño había afilado con meticulosidad el suyo. Ni mucho ni poco. No había que hacer sangre tampoco. Solo valía dar un pinchazo.
Ya habían pasado varias veces cada uno. Pero ni mucho menos querían dejarlo. Ahora le tocaba el turno para cruzar al hermano pequeño. El mayor le miraba muy atento con su brazo derecho en alto. Preparado. Su mano apretaba con todas sus fuerzas el pincho. Listo para azuzar al caballo. Esperando que su hermano diera el primer paso.Tensos los dos, en silencio, mirándose fijamente, sin casi respirar.
Uno, dos ….. ¡ A cenar !
El hermano pequeño nunca debió haber girado su cabeza al escuchar la llamada de mamá..La voz de su madre le distrajo. Esa Nochebuena del 39 fue la última. Todavía hoy nadie habla de cómo murió aquel niño. Fue un terrible accidente, solo eso, le reventó de una patada en las tripas un maldito caballo.
Los secretos de familia no se cuentan jamás.
Por favor, lo que aquí habéis leído, olvidadlo.


JEZABEL MONTENEGRO

Navidad pasada por navidad

Tengo un pato de goma flotando en un vaso lleno de navidad. La bebo y queda el patito inerte en el fondo del cristal. Estoy hecha de navidad, el zumo de frutas es navidad, hago pipí de navidad, los alimentos contienen navidad, hoy cojo el paraguas porque llueve navidad. Quemo mi piel con navidad. En la cara y en el pelo, fría navidad. Se empañan los cristales con vapor de navidad, preparo la navidad de mañana y mi patito reflota como si estuviera vivo.


AIRAM OGRAL

Se despertó temprano, helado, sin saber cómo se podía haber dormido aquella gélida noche. Pensó que el vino de cartón barato había vuelto a entonarle y atontarle hasta caer redondo entre los cartones y las sucias mantas. Fuera del túnel nevaba. Sentía su cuerpo agarrotado debajo del montón de capas de abrigo que llevaba. Se levantó como pudo del suelo, se estiró y, como cada amanecer, colocó sus cuatro pertenencias en el carrito de la compra que le hacía de maleta y se dispuso a recorrer la iluminada y ruidosa cuidad.
Luces, colores, alboroto, gentío, olor a café caliente, alcantarillas humeantes, coches con prisas tocando el claxon, entonando con su sonido villancicos de navidad entre risas, renos, regalos, escaparates.
Navidad… Sí, era navidad. Había superado, sin saber muy bien cómo, otro año más tirado en la calle, y volvía a ser navidad ahí fuera.

Subió tirando de su carro la calle principal mientras la gente se apartaba a su paso, algunos con cara de asco girando su cabeza hacia otro lado, otros se agarraban bien las carteras, otros le miraban con cara de lástima mientras se colocaban bien la bufanda y con cara de gusto se fundían en sus abrigos de piel, y otros… Los que más, ni siquiera le miraban.
Quizá de todas las reacciones esa era la que más daño le hacía, ser transparente a los ojos de los demás. No se acostumbraba a ser un alma vagando por la cuidad, su ciudad de siempre. La cuidad que le vio nacer, crecer, vivir, soñar, reír, ser feliz.
Llegó a la esquina de siempre donde dejaba a una lado el carro y se disponía a pedir algo de limosna para poder pasar el día con un trozo de pan en el cuerpo y un vaso de leche caliente y si daba para más, comprar una poco de vino donde poder ahogar penas y recuerdos por las noches.
Como cada día, pasó lento el tiempo. Ríos de gente hacia un lado y hacia otro, más luces, más frío, más hambre, más soledad. Rebuscando entre la basura se encontró esa tarde con algo que le sorprendió. Un libro. Lo sacudió entre los restos de hamburguesa, patatas y gofres mordisqueados y mientras se comía las sobras de comida barata buscó unas escaleras donde sentarse con él. Aun asombrado y con el corazón palpitando lo olió, se lo acercó al pecho, pasó lentamente sus páginas una a una… Despacio, como le gustaba hacerlo sentado en su sofá cerca de la chimenea, saboreando una copa de un buen Rioja, caliente, limpio, en su hogar. No podía creerse lo distinta que era ahora su vida, lejos de aquella casa de piedra de dos plantas, cuatro habitaciones y dos baños, lejos del champú con olor a fresa y el chorro de agua caliente cayendo en su espalda cada vez que se duchaba, apartado de esa vida acomodada que llevaba, feliz con su trabajo en la empresa de su padre. Los recuerdos le sacudieron en la cabeza y en el corazón como un fuerte vendaval. Sintió ganas de llorar pero ya no le quedaban lágrimas. Navidad… Era navidad.
Se vio en aquella casa sentado presidiendo la mesa, con el árbol de navidad luciendo en la esquina del salón, la mesa a rebosar de buena comida y vino, acompañado de su familia, también nevaba fuera aquella noche tan distinta.
Cubierto por el abrigo de ante roto por cinco sitios, arropado con sus cuatro mantas, con un café caliente entre sus sucias y roñosas manos, acurrucado en las escaleras de un portal del centro de su caótica ciudad, también nevando fuera y con el villancico “Blanca navidad” sonando de fondo proveniente de algún bar cercano, se dispuso, después de mucho tiempo, feliz, invadido por la añoranza y los recuerdos de una vida mejor, a leer como hacía antaño su libro favorito… Buscó sonriendo exactamente por donde quería empezar a degustarlo, dio un largo sorbo al café y empezó a leer en voz alta, como le gustaba hacerlo… “Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”.
Era navidad, sí… Y entre cartones y papeleras él había encontrado su mejor regalo para ese día. Volvió a creer en el destino, volvió a creer en la magia. Y como todas las noches, acurrucado en su apagado túnel lejos del tráfico, volvió a dormirse sin más, pero esta vez, con su libro preferido entre las manos y una leve sonrisa en los labios.


SARAH BLUMP

La dueña de los deseos.

Perpetró la oscura alcoba que la mantenía alejada del frío invernal y en cuanto los primeros copos de nieve palparon sus sonrosadas mejillas, entrelazó las manos en su cintura para entrar en calor, como si de un sentido abrazo se tratara. ¡Claro que preferiría estar resguardada por los cálidos brazos de su amado! Pero aquella cruzada debía emprenderla sola, pues era asunto suyo y de nadie más. Debía erradicar las repetidas pesadillas que la atormentaban desde que el sol comenzó a alejarse par dar paso al desdichado otoño, aquel que pasa desapercibido a causa de las ansias que provocan las próximas festividades.

Las ávidas luces que iluminaban las calles le revelaron que llegaba a su destino. Pocos pasos tuvo que dar hasta posarse delante del Castillo Victoriano que, como siempre, parecía deshabitado.

Una vez dentro, la estancia se veía tan pulcra como la espada de su amado cuando la empuñaba en alto, pero los reflejos parpadeantes de las velas que provenían del sótano la alertaban de su dicha.

Pues la Navidad estaba al acecho y los deseos debían cumplirse. Pero esta vez, ella no estaba dispuesta a ser la samaritana. Esta vez… Ella era la que necesitaba cumplir su sueño de luchar junto a su esposo en las batallas venideras. Pues sí, era una mujer. Pero más fuerte y valiente que cualquier caballero. Y ese año lo iba a demostrar.


ROCÍO ROMERO GARCÍA

NAVIDAD

Numbers.

En una fría noche de invierno, en pleno centro de Nueva York, un joven busca refugio en una cafetería. Las calles están decoradas con luces de todos los colores, envidiadas por las estrellas. El suelo se ha convertido en una alfombra blanca y blanda.
Los copos de nieve caen sin cesar, lentamente. La Navidad ha llegado.
El joven muchacho encuentra una cafetería en Times Square y decide entrar.
Se sienta en una de las mesas libres y abre su bandolera. Coge su portátil y se dispone a escribir. El espíritu navideño le inspira.
Una camarera se acerca a tomarle nota. Pide un chocolate caliente y se pone los auriculares. Spotify reproduce “Numbers” de Daughter.
La camarera le trae el chocolate caliente y le da un sorbo. Agradece el dulce calor atravesando su garganta, hace demasiado frío fuera.
Comienza a escribir, parece inspirado. Pero al cabo de un tiempo y con la misma canción terminando, se bloquea.
No sabe como continuar su historia. Aparta los ojos del ordenador y la canción comienza de nuevo. Se fija en una chica rubia que hay frente a él.
Está leyendo un libro, las ondas doradas caen por sus hombros.
La observa, no para de mirarla. No entiende porque le atrae.
La chica levanta la mirada y le mira. Sonríe. Tiene los ojos azules, tan profundos como el mar y el cielo.
El chico se ruboriza y baja la mirada.
Le da otro sorbo al chocolate.
Mira por la ventana y sin saber muy porqué, quizá sea por culpa de la música o del hipnótico caer de los copos, comienza a imaginar. Se deja llevar, y por unos momentos, deja de estar en este mundo para adentrarse en el suyo.
Imagina gran cantidad de escenas, como una película, dónde está con ella. Dónde ella es la protagonista.
Todas pasan deprisa, como fotogramas, una detrás de otra, ambientadas en diferentes lugares.
Una playa, atardeciendo, abrazados con una manta echada por los hombros. La suave brisa, acariciando sus caras.
Un coche, recorriendo una carretera vacía, ella con los brazos estirados, intentando alcanzar el cielo con un pañuelo.
Una cama, con caricias y besos escondidos, con lunares en vez de planetas y sonrisas como destino.
Un día de lluvia, las gotas cayendo lentamente en sus cuerpos, la tormenta perfecta. La paz.
Cuando la canción acaba, se termina el chocolate, que ya está templado y cierra el ordenador. Paga la cuenta y comienza a recoger. En ese momento se da cuenta de que la chica rubia no está.
Cuando sale a la fría calle, la ve. Está en un paso de cebra, el semáforo está en rojo.
El corazón se acelera, nota como la sangre palpita, nota los latidos por todo su cuerpo… ¿Se ha enamorado? No, no puede ser. No puede enamorarse de recuerdos inexistentes, creados por su imaginación. No puede, no la conoce.
La chica está mirando el móvil, de pronto suena el pitido del semáforo, ya puede cruzar.
Pero un coche no ha podido frenar a tiempo y viene bastante rápido. La chica se da cuenta demasiado tarde. El coche está lo suficientemente cerca de ella.
En ese momento, el mundo se paraliza. Los copos se mantienen en el aire como si no hubiese gravedad, nadie ni nada se mueve, no se oyen ruidos de coches ni del bullicio de la gente. El mundo ha dejado de rotar.
El tiempo transcurre con mucha lentitud, demasiada.
El chico se abalanza sobre ella, empujándola fuera de la carretera. Todo vuelve a su tiempo, el mundo vuelve a rotar.
Él la mira. Ella le mira. Ambos sonríen. Y a pesar de tener a un grupo de gente a su alrededor, preocupada, solo son capaces de verse el uno al otro. Saben que no va a ser la primera vez que se vean.


FELIPE IGNACIO

Se supone que la navidad

Se supone que la navidad es una fecha genial para los niños, bueno ¡he aquí una excepción! Y no digamos que es difícil por el hecho de que nunca recibo lo que quiero, o porque soy alérgico al pan de pascua, o porque detesto las películas navideñas, eso no es nada… mi verdadero problema, es que mis papás siempre pelean en estas fechas especiales. Es como si intentaran estar bien, pero no hay caso: que se quemó el pollo, que se derramó una copa, que Pulgas le pasó la lengua al pollo o que hizo tropezar a papá con una bandeja.
Desde chico (aún más chico, sí) que pasan discutiendo. Si no es porque se acabó el pan, es porque hay mucho pan; porque comparten mucho y se sienten ahogados o porque se ven muy poco y se echan de menos; porque al arroz le falta sal o le sobra sal; o la típica pregunta que se hacen:
-Mi amor, ¿le pasa algo?
-No, nada. Todo bien – contesta con una sonrisa más falsa que el pelo de mi abuela.
-Es que, como está con esa carita – que para mí es como si le dijera que cambie la cara.
-No, nada. ¿Le gustó la comida?
O lo otro que suele decir mi papá: “¿Cómo te fue en la prueba, Nico?”. Pero como a mi hermano nunca le va bien, ahí empieza el cuento sobre lo importante de estudiar, no copiar, sacar una carrera, pagar las cuentas, tener un auto, una casa propia, que la vida no es fácil y ser feliz. Es extraño como dice todo eso tan serio y después sonríe, como si nos hubiera dado una linda enseñanza, y luego sigue comiendo de lo más normal.
Mi problema es que me doy cuenta, es como si para compartir se armaran la mejor máscara posible. Una con muecas, preguntas de relleno y una sonrisa que diga “todo bien por acá”. Me gustaría ser como el Nico que después del discurso de papá, se queda pensando un segundo y vuelve a su plato, como si nada; o como el Pulgas, que pase lo que pase en la mesa, nos mira con ojos de gato con botas esperando un trozo.
Este año ha estado más difícil que los anteriores, parece que mi mamá le hizo algo muy malo al papá. Nadie me ha querido decir qué, pero el otro día escuché tras la puerta a mi papá alegarle de un tal amante, en tono de teleserie. Aún no entiendo cual es el problema de que mi mamá tenga alguien que la ame; él tiene a mi abuela, mi abuelo, mis tíos. No quiero tomar partido, pero si me preguntan, me parece bien egoísta de su parte.
Tal como las tres navidades anteriores, pedí una cena sin accidentes, ni discusiones, ni máscaras, sino que con amor y risas (en pedir no hay engaño, dice mi abuelo).
Quedando horas para la cena de navidad, llaman a mi papá al celular.
-Aló.
Me dio miedo ver cómo iba cambiando su cara.
-¡¿Qué chocó en el auto?! ¡Por dios, la Moira! – gritó con su mano en la frente.
Sentí que el hombre panzón era más falso que los unicornios; o entendía las cosas al revés; o no entendía ni jota. Decidí nunca más pedirle algo, además eso de ser tan viejo y andar ganándose a los niños con regalos es, por lo menos… sospechoso.
Partimos los tres al hospital. El papá, fue casi todo el camino alegando en voz baja y pegándole al volante (lo que también creo es algo egoísta); mi hermano, movía sus dedos a la velocidad de la luz y luego sonreía por pasar alguna etapa; yo, iba preocupado. Me sentía culpable por mi deseo a ese viejo chiflado que ahora tenía a mamá hospitalizada; además, ni hablar de la cena de navidad.
Cuando llegamos, mamá dormía en una pieza. Tapada por un camisón y sabanas blancas, tenía unos cuantos moretones y el cuello rodeado de yeso. Parece que el papá alegó todo lo que tenía que alegar en el auto, porque cuando la vio se le fue toda la rabia y le apareció una tierna sonrisa. Se sentó al lado de ella, tomó su mano y, más encima, empezó a acariciar su pelo. Sin duda, dormir era una buena forma de evitar un reto.
Después de contar 540 puntos en el piso, mi mamá empezó a abrir los ojos.
-Miren quien está despertando – dijo el papá con cariño.
-Hola, amor. ¿Los niños? – apenas se le entendía a mi mamá.
-Aquí están, cariño.
-¡Hola mamá! – dijimos al mismo tiempo.
Mamá sonrió y yo me acerqué a acariciarle su mano.
-Amor ¿y la cena de navidad?
-¿Cómo? – papá acercó su oído.
-La cena de…
-Ahh, tranquila. Me dijeron que podíamos cenar acá, así que si me esperan un poco – dijo mirándonos a todos con complicidad – traigo una navideña comida rápida.
-¡Bien! – celebró el Nico que ya había gastado toda la batería de su celular.
Nos quedamos un rato los tres. Mamá nos contó el accidente que, como todos los que vemos en la tele, tenía al menos un estúpido. Yo no sé si mamá los conoce o lo adivina, igual que cuando descubre, no sé cómo, al dueño de un gas en la mesa.
El papá llegó con una bolsa de papas, bebidas y hamburguesas en una mano; y un plato, un tenedor y un cuchillo en la otra.
Esa noche, aunque no hubieron regalos, fue la mejor navidad que he tenido en mi vida. No recuerdo haber visto al papá tratar con tanto cariño a la mamá, parecían esas parejas de las películas románticas. Nos reímos tanto que a mi mamá le llegó a doler el cuello, es que cuando papá agarra la moto, no hay quien lo pare. Por aquellas horas fuimos una familia de amantes, así que apenas nos despedimos de mi mamá, di las gracias al viejo pascuero por concederme una cena de navidad llena de amor y risas en que el único estrés que sentí, fue la prisa de mi hermano por llegar a cargar su celular.


LA XICUELA DE CORRIOL

Hace cinco años destripé mi hucha de cerdito y marché a la Selva Negra, concretamente a Gröwill, a pasar mis Navidades. Acababa de suceder algo muy duro en mi vida. Además de los frecuentes problemas familiares y de amistades no recomendables, los problemas en el trabajo crecían a un ritmo exponencial, junto con problemas de salud. Fue un viaje económico a matar. 99 € 7 días, 4 noches, las otras en bus, a media pensión en un pueblecito perdido y precioso de Alemania. Las casas individuales, con sus palas al lado de la puerta, sus diferentes versiones manuales de Papá Noel, adornos por doquier, y un poquito de sol a media mañana. Nieve, luces de Navidad y mercado de Navidad completaban el verde y blanco paisaje. Un taller mecánico, un banco, 2 pastelerías/panaderías, un par de bares, 3 o 4 tiendas/ferreterías/tiendas de regalos,… Respirar aire fresco me fue estupendamente (hasta volví a entrar en una iglesia) sobretodo porque conocí a Gunter, el profesor de natación de la piscina climatizada del pueblo. Cuatro días completos allí cundieron mucho. Me expresaba en inglés y por señas. Las dos únicas personas que me entendían, aparte del guía, eran Gunter y la charcutera de la carnicería, casa de comidas improvisada con un par o tres de mesas de mantelitos a cuadros rojos y blancos. Tenían un plato del día, junto con una sopa, y una cerveza diferente cada día. Las Navidades más blancas de mi vida, y entre gente completamente extraña. Pocas cosas a celebrar en mi caso. Únicamente haber conocido a Gunter, y que volviera conmigo a España. No nos hemos despegado desde entonces. Los problemas siguen ahí enquistados, pero tengo a Gunter a mi lado. La vida tiene sus sorpresas.
Por cierto, ya hablo alemán. ¡¡Por fin!!


MARÍA RUBIO OCHOA

LA NAVIDAD DEL PASADO
Un día de Noche Buena en aquella aldeita, no dejaba de nevar, los animales en la cuadra, las ovejas en su habitáculo, y los habitantes afamados con las tareas de alimentar el ganado, y de preparar la cena.Como todos vivían en el mismo pueblo, a pesar de la nieve, se juntarian abuelos tíos y primos. El corazón de los niños se aceleraba a medida que transcurría la tarde, los juegos en la nieve, bien abrigado tirarse con los brazos abiertos en un montón de la blanca Nieve, hacer bolas y tirarselas unos a otros……La madre atareada con el gallo que había criado para ese día hacer una rica fritada, el olor de la cocina abría los sentidos y de que manera…..en el horno las castañas y manzanas que se estaban asando….Todo el entorno invitaba al caer la tarde a subir corriendo a calentarse a la cocina y esperar que pronto llegarán la familia para cenar, jugar a las cartas, reírse, contar batallitas……Y esperar a antes de las doce de la noche escuchar la llamada de las campanas de la Iglesia tocando a la misa del Gallo.Los villancicos con pandereta delante de aquel humilde Belén pero lleno de encanto.Frio y nieve fuera y pronto para casa a tomar la leche bien caliente, calentar los pies junto al fuego y a dormir bien tapados…….El despertar de el día de Navidad era de nacimiento en la noche no sólo del Niño Jesús también un precioso corderito que ya mamaba la leche de su mamá….Y aquellos niños de aquella aldeita con lo poco eran felices…..Y colorín colorado este cuento se ha acabado…..


DAVID DURA

En estas fechas entrañables
recuerdo a quien no está
grave error por mi parte
tú no fallas , la verdad, eres pura Navidad.

Un plato de ganchitos o tres pipas con sal
todo un festín a tu lado,
que se emboce la chimenea
aguanto el frio ,
sin calcetines mejor se está
cuatro copos de nieve en tus ojos veo brillar.

Consumista de tus labios
no hay lotería que no me tocó ya
mirra y oro , otros presentes,
eres la estrella , mis pasos de tu guiar..

En fin , un cuento digno ,
no dejaré de soñar,
atrapado en tu laberinto
uno no quiere escapar.


ROBERTO MORENO CALVO

LIMPIANDO LA NAVIDAD

“Esta noche es Nochebuena.

Mañana Navidad.

Y ahora toca,

la alfombra limpiar.”

La coplilla sonaba cada 24 de diciembre. El único día que se quitaba la alfombra que había debajo de la mesa para limpiar la mugre acumulada durante el año.

El comedor debía estar lo más reluciente posible para recibir tan ilustres invitados:

¡LA FAMILIA!

365 días habían bastado para olvidar las “felices” navidades del año pasado. El fantasma de las navidades pasadas se llevaba los recuerdos, el de las presentes tiene Alzheimer y el de las futuras no se dignará ni a aparecer.

La alfombra rugió en el primer intento de arrancarla del suelo pero otro año más no pudo vencer el empeño de la guerrillera, que pensando en la visita de su cuñado, tiró en seco y zas, quedó a la vista lamparones, pelusas, manchas de grasa negruzcas y demás porquería.

A base de insultos, un estropajo y legía quitaba la mancha de la baldosa central. – Hija, tu siempre en medio, pero por mi padre que tú quedas blanca y reluciente como esos dientes que el dentista le ha dado a mi santa nuera. –

A primera vista, la pelusa parece lo más sencillo de quitar pero cuando limpias un lado aparece en el otro y si no en los dos, como su querida hermana que esa noche se pasaría toda la velada de un lado para otro criticándolo todo.

Se levantó refunfuñando. Había olvidado la espátula. De paso, cogió unos guantes nuevos, no por higiene, sino para que no se le contagiase nada.

Al agacharse, se acordó de su hijo, su buen hijo, que durante la cena le hacía levantar varias veces para que todo estuviese a su gusto.

Clavó la espátula en aquella viscosidad y con la palma de la mano golpeaba el mango. Zas, Zas. Para llevar ahí apenas un año, se había podrido bastante.

En plena sega de las viscosidades se despidió el marido. – Querido, que casualidad, me estaba acordando de ti. No entres, estoy limpiando. Ahhh y no tardes. –

Junto a la alacena descansaban los escollos de la limpieza. El campo de batalla estaba casi dominado, ya no podía más. Los insultos salían de su boca sin cesar y es que aquella última mancha era la peor: olía a muertos. Las tenazas no conseguían despegar del todo aquella cosa del suelo. Estiraba y estiraba con una mano y con la otra, cuchillo enfundado, rasgaba pero no salía. Al final iba a tener que resignarse a tener eso ahí durante muchos años, como con su adorable benjamín de 38 años.

Pues bien, ya eran las 6 de la tarde. Quedaban 6 horas para el nacimiento del redentor que nos salve de nuestros pecados.

El baño pasó a ser su trinchera. Donde se recuperaba de la batalla librada en el salón. Se miraba satisfecha en el espejo. Unas gotas de perfume y sonríe a su homóloga invertida. Otras gotas y vuelve a sonreír. Suavemente se perfila los labios y la sonrisa pone a prueba el buen hacer. Con un movimiento de cadera encaja el vestido a su cuerpo y sube la cremallera. El pie derecho se mete en el zapato y el izquierdo hace lo mismo con un leve vaivén de tobillo. Los 8 centímetros la alzan a lo alto del pódium.

El golpeo de los tacones contra el suelo anunciaba su llegada al salón, donde se dispuso a tumbar en el suelo la alfombra enroscada. La puntera del zapato la empujó y ésta quedó libre antes de tiempo. La colocó bajo la mesa. Cogió las llaves, abrió el bolso y las guardó.

– Ahí os quedáis sinvergüenzas – se escuchó antes de cerrar la puerta.


CARLOS TABOADA

LA NAVIDAD, DEXTER, LA HABITACIÓN DE UN HOTEL Y UNA RUEDA PINCHADA

El año pasado, por estas mismas fechas, ella y yo pensamos celebrar la navidad en la habitación de un hotel. Me costó trabajo encontrar uno que quedara lejos de nuestros entornos, a mitad de camino y por el extrarradio, y di con uno pegado a la a-5, en Alcorcón. Tuve que reservar una noche, con el extra añadido de poder utilizar la habitación un par de horas antes de lo habitual. Teníamos pensado disfrutar como cuatro horas, de diez de la mañana a dos, las suficientes para celebrar por nuestra cuenta la navidad, para darnos una ducha o baño, para tirarnos a la cama y no dejar rastro de piel lamida, para ver después, como capricho que yo tenía, el primer capítulo de la serie Dexter que ella no había visto nunca. Imaginaba que, recostados sobre el cabecero y despidiendo el olor apropiado a sexo, veríamos a un buen tipo cargándose al asesino de turno para limpiar algo más este mundo. Esa era la idea. Hasta que surgió su llamada. Me pilló saliendo de casa, con el portátil en la mano. Sucedió algo así:
—¡Tengo un problema! ¡Tengo un problema!
—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué te pasa?
—He parado donde he podido, no sé… ¡Joder!
—¿Qué dices?
—¡Maldita sea! ¡Será…!
—¿Qué te pasa?
—Una furgoneta, se ha llevado el triángulo. Lo ha pisado. Lo ha hecho pedazos. ¡Será…!
—¿Pero qué narices te pasa? ¡Cuéntame!
—Uf, espera, espera, me alejaré un poco más.
—¿Alejarte de dónde? ¿De dónde? ¿Hola? ¿Hola?
—Ya, aquí estoy mejor. Uf, si supieras. Estoy temblando. ¡Maldita sea!
—¿Me quieres explicar de una vez qué te pasa?
—¿Que qué me pasa? ¡Maldita sea! He aparcado donde he podido. ¡Apenas hay arcén! Todo el mundo empieza a pararse. Uf, madre mía.
—A ver, a ver… A ver si me entero. ¿Dónde estás?
—Estoy en la m-40, ya sabes, camino del hotel. En cuanto he pasado los túneles, el coche ha empezado a moverse, a tambalearse…¡Yo que sé! He parado donde he podido, he salido del coche y he visto la rueda reventada. ¡Reventada!
—¡Joder! ¿Y qué haces? ¿Dónde estás? ¡Atraviesa el guardarrail! ¡Sal de la carretera!
—¿Qué es lo que crees que he hecho? ¿Desde dónde piensas que estoy hablando? ¡No me pongas nerviosa! ¡Maldita sea!
—¿Dónde te has quedado? Dime algo, alguna pista. Voy a buscarte.
—¡No!
—¿Qué?
—¡Que no! Que he llamado al seguro. Está de camino una grúa. No voy a cambiar una rueda en una carretera sin arcén. Además, ¡no sé cambiar una maldita rueda!
—¿Crees que llegará pronto? ¿Cuándo te han dicho que llega?
—¡Yo que sé! No lo sé. Han dicho que vendrían lo antes posible.
—Voy a coger el coche. Te encontraré. En quince minutos llego.
—¡No digas tonterías! Si te digo que no se puede cambiar la rueda por que es peligroso, tú no vas a venir a cambiarla. ¿Entiendes?
—Vale, no la cambio, pero estoy contigo.
—¿Y dónde crees que vas a poder parar? ¡No digas tonterías! Ah, me están llamando, tengo que colgar.
—¿Estás detrás del guardarrail, no? ¿Te has alejado lo suficiente? ¿Sigues ahí? ¿Hola?


CARLOS COSTA

Odio la navidad.
Desearía que esta Navidad me hicieses un regalo.
Una ausencia con premeditación. Nada de casual. Premeditada.
Me gustaría que te ausentases para que yo llore debajo del árbol de Navidad, acurrucado a la sensación de no pertenencia.
Para mi, estas fechas son las peores.
Las detesto.
Veo las luces en las calles, con intención de crear belleza. Esas luces son unas hijas de puta, porque solo hacen más fácil que se vea el llanto de los que están bajo ellas, solos y abandonados.
Es la fecha del abandono. Nace Cristo, muero yo.
Ojalá tu ausencia premeditada me de una excusa de verdad para llorar.
La gente no soporta ver cómo me atragantó con las uvas
O como los langostinos con desgana, pensando que están más vivos que yo.
Tu ausencia quizás pueda mantenerme en cama y así no estar sometido a la hipocresía de la sonrisa.
Créeme, me harías un favor.
Si quieres podemos premeditarla juntos.
Yo te regalo mi vida y tu me regalas una sensación.
Estoy dispuesto a darlo todo por un momento. Un momento que empiece el día 23 y acabe el 06.
Y no tener que reír con la cara deformada por el alcohol en cualquier fiesta absurda en año nuevo, ni tener que decir que ese regalo de mierda es lo mejor que podrían haberme regalado.
Quiero tumbarme a dormir.
Y si quieres puedes saltar por la ventana,
Recuerda que no has venido a las cenas,
Que no tienes regalos para mi.
Por la ventana.
Así puedo mantener mi luto.
Y te tumbas cerca de mi, y dejaré de llorar.
Y pondremos las luces de todas las calles en tus párpados. Para que alumbres mi alucinación.
De verdad que no lo soporto.
Papá Noel es un gordo que se cree abuelito hinchado a trankimazines.
Y los reyes fumaron crack bajo un belén.
Los árboles de Navidad son amputaciones de la naturaleza
Y el Primark , ya no el corte inglés,
Preside la mesa.
No lo aguanto.
Así que premeditamos tu ausencia.
Pero no me dejes solo.
Luego apareces
En silencio
Y me regalas todo lo que desees.
Contigo no hay máscaras.
Regálame una botella de vino y una película de Tarkovski. Nos quedamos todas las noches, mientras nieva, viendo esa película en bucle. Alquila también una de Bergman.
Trae el vinilo de los division.
Haremos una revolución contra-felicidad
Cargados de éxtasis.
Los dos, solos.
Con tu ausencia retumbando en las paredes de mi inocencia.
Por favor, hagámoslo, si, por favor.
Hazme feliz solo esta Navidad.
No hay nada más rebelde que desaparecer en la fecha de la paz.
Sigo siendo un Peter pan que juega a lo imposible.
Del 23 al 06

Conmigo
Para que me compadezcas
Para que me rompas a polvos silenciosos
En la azotea, callados.
Subo la cama, el vinilo, el ordenador el vino y el nórdico.
Nos encerramos y desaparecemos.
Justo después de mi llanto bajo el árbol.
Quieres saber lo que es la verdadera Navidad?
Que nieve encima de dos cuerpos ardiendo a cielo abierto, encima de mi azotea. Ese es el verdadero calor. Ese es el verdadero amor.
Que me ayudes a escapar, que me lleves al universo de las azoteas de nunca jamás.
Y ya, en enero, volvemos a no saludarnos por la calle
Y dejamos que el metro se interponga entre nuestros corazones.
No se te olvide el vino, ni las pelis, ni el vinilo.
Por favor.
Amo esta Navidad.


LOLY BÁRCENA

Esperando en el medico, nada grave, pero es lo de menos. Bueno en esta deprimente sala, donde nadie esboza una sonrisa, donde nadie habla, todos callan sus males, no sabía como gastar mis segundos sin permitir que me ahogaran sus penas y me dije voy a leer a mis escritores preferidos, que ellos me iluminarán el momento. Pero comenzando las lecturas, algunas asustan mis miedos, otras quizás llaman a la esperanza, y otras a desencuentros. Pienso escribir algo bonito, pero no hallo el comienzo, estoy sola en el médico llena de miradas muriendo. Pero luego me di cuenta, que aún odiando lis encuentros, las cenas, las chufas, llena de vida me encuentro, que creo no hay mejor regalo, sea Navidad o adviento. No puedo dejar pasar el momento, no se si la vida me dejará otros o esquilmara, encuentros. Solo os quiero mandar mis mejores deseos, algunos amor otros paz otros simplemente Deseos. Permitir vivir la vida sea verano o invierno. Vivir la Navidad o cualquier momento. Parece que me toca el turno en el medico, un gran beso.


KAREN ROSADO

Oh roja Navidad

Estaba muerto de frío y solo observaba mi entorno mientras pasaba un enorme trago de anís ,lo más barato cálido y dulce como si de un beso se tratara…
El reflejo de la luna dibujaba mi silueta firme y sutil ,me hacía pensar que un ventarrón podría venir a volcarla y con ello también mi corazón,en realidad lo extraño…juro que lo extraño.
Las visitas de madrugada con bolsas de café artesanal y unos cigarrillos baratos que en cada exhalación conectaban una parte de nuestra alma,las pláticas profundas nos hacían sentir como dos grandes filósofos aunque solo fueramos simples mortales llenos de sueños,como tú,como todos.
Pasa un perro a mi costado …a pesar de tener la correa puesta se ve que tiene alguien que le ame,trae puesto un suéter muy curioso y sus estampados son un muérdago que se repite con un patrón perfecto.
Alguien me arrebata el último aliento,una bala perdida atraviesa mi sien…alguien no sabrá que no me arrebato la vida,alguien me acaba de regalar la mejor Navidad junto a él…


EMILIANO HEREDIA

AHORA….

……..que la noche está ebria de silencio…..
….y los guiños multicolor intermitentes de la guirnalda del arbol de navidad quieren conquistar su oscuridad….
Asalta la muralla de mi memoria tu recuerdo.
Nó sè, cual, porquè, fuè la razón, el motivo, el momento, en el que, compramos billetes en trenes diferentes que nos alejaron en direcciones opuestas.
¿Que tiene la Navidad, que nos regala recuerdos que queman como ginebra barata la garganta?.
Mírate, tú y yó, somos trozos individuales de una foto que un día se hizo pedazos.
Ahora, que el olor dulzón de una mancha de sidra en el mantel, me lleva de la mano para recordar la última vez que, juntos, alzamos nuestras copas.
Ahora, que los envoltorios de los polvorones, echos una bola forman un archipièlago en la mesa, desembarco en cada una de esas islas de color brillante, buscándote en vano.
Cierro los ojos, respiro profundamente.
A lo lejos, el rumor de la ciudad durmiente, baila la marcha Radesky con tu risa, con tus villancicos…con tus buenos deseos…
Si supieras que si yó pudiera…
…darte aquel abrazo que nó te dí, con los brazos de mi corazón, y nó porque estábamos en plena vorágine navideña…..
….decirte te quiero, sin más. ¿Porquè será que, nos es mas facil hacer daño, que decir te quiero?….
….simplemente estar contigo, como ahora estoy, en silencio, solo….
Todo èsto y tantas cosas que hablaría contigo…..
…..si estuvieras a mi lado.


ANITA MIMOMBA

Para muchas personas, la navidad de 2006 fue una como otra cualquiera: compras, comidas y cenas, borracheras, petardos, regalos, etc. Pero para Coral fue algo distinto. Eran sus primeras navidades libre, sí, libre. Tras 5 años de infierno, la viudedad le sentaba muy bien.

Su difunto marido, militar de profesión, había sido el único novio que había tenido, como las buenas chicas. Se casaron en cuanto ella terminó en el instituto, con 18 años, él ya tenía 21 y era soldado desde hacía 2. Le quería tanto, desde que se conocieron, cuando Coral entró en el instituto con 16 años y él era uno de los veteranos repetidores de último curso. Aquellos dos primeros años fueron un sueño, la típica relación idílica de serie adolescente de institutos americanos.
Pero todo cambió, murió más bien, el día que se casaron. La felicidad infinita dio paso al horror en la noche de bodas. Cuando todo el mundo se fue y ellos se quedaron solos, Alberto la cogió y le dijo:
– Ahora eres mía, para siempre, y debes complacerme en lo que yo quiera, sin rechistar, como una buena esposa.
Le tapó la boca y la violó.

A la mañana siguiente, Coral seguía en shock, pero todo el mundo pensó que estaba cansada de la fiesta. No sonreía ni hablaba con nadie, simplemente salió del hotel se sentó en el coche y se dejó llevar al aeropuerto; la luna de miel le esperaba: 10 días en absoluta soledad con él, estaba aterrada, pensaba que no iba a volver, que la mataría por ahí, en alguna playa de Aruba y la echaría a los tiburones. Pero no pasó nada de eso. Alberto era una persona encantadora delante de los demás.

Al volver y empezar de verdad su vida juntos fue cuando el infierno empezó. Lo primero que hizo Alberto, tras la mudanza, fue tirarle ropa, zapatos y maquillaje. Le dejó clarito que ella no iba a seguir estudiando, que ni se le ocurriera pensar en ir a la universidad, que era muy tonta para eso; tampoco tenía que buscar trabajo ni aprender una profesión, él era el hombre de la casa y esa era su misión, lo suyo era ser esposa y, en el futuro madre. Cuando Coral abrió la boca para opinar, una bofetada le cruzó la cara y la tiró al suelo.

Lo peor de su marido no eran las palizas ni el control ni la soledad, sino sus perversiones sexuales. No solo traía prostitutas a casa, con las que la obligaba a follar mientras él miraba, sino otros hombres. La compartía con otros como si fuera un porro. Menos mal que resultó que era estéril y no podía quedar embaraza. Simplemente quería morir pronto para escapar de aquello.

Nada de esto era sospechado por nadie del entorno, por el trabajo de Alberto duraban poco en una ciudad y no llegaban a tener mucho contacto con nadie. De vez en cuando, Coral tenía algunos días libre, cuando Alberto era mandado a maniobras. Pero no era libre del todo, la llamaba siempre que podía para ver dónde y con quién estaba.

Pero todo terminó precisamente un día de maniobras. Se supone que estaban haciendo una simulación de toma de una ciudad ocupada, la munición era de fogueo, todas las balas… menos una. De algún modo, un bala de verdad fue a parar a uno de los fusiles y Alberto recibió un disparo mortal por la espalda. Nadie se explicó como ni se supo quién lo disparó. De eso hacía 3 meses.

Coral se mudó a su ciudad natal al día siguiente de enterrarle. Todo en mundo se pensó que por el dolor, ya que mantuvo las apariencias ante toda la comitiva militar. Pero ella solo quería huir de allí y abandonarlo en aquel agujero frío, donde lo metieron, encima, con todos los honores.

Ahora, diciembre de 2006, ella era totalmente libre y con una paga vitalicia.

Aquella navidad volvió a ver a su familia, volvió a salir con sus amigas de toda la vida, hizo amistades nuevas, y decidió matricularse en la universidad.

Aquellas navidades Coral volvió del infierno convertida en una mujer nueva.


 

Publicado el

Alegorías

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir sobre personajes alegóricos. Este ha sido el relato ganador:

FELIPE IGNACIO

Alegoría – María Dolores y su Lamento

María Dolores Delpiano, violinista de querubín. Hija única de virtuosa pianista y de excepcional guitarrista, la música estuvo siempre en su vida. Desde sus primeros pasos, desde su gestación, incluso desde su concepción. Aquella constelada noche en que los versos de “Bésame mucho”, entre dedos marcando un pianissimo por las espaldas y movimientos que in crescendo explotaban en extasiante forte, presenciaron la consumación del romance. La herencia musical de Dolores era poderosa, más aún con el talento que a través de los años desarrolló en el arte del violín.
La joven embellecía los salones con su prolija técnica, su perfecta afinación y su agudísima sensibilidad. Además del deleite acústico, su arco brindaba un poético espectáculo. Su mano derecha tomaba vida propia cuando el crin se posaba, sereno, sobre las cuerdas, dispuesta a agitar los corazones presentes. Al llegar sus espectáculos al silencio final, era común que alguien se le acercara, con ojos vidriosos y voz entrecortada, agradecido por redimirlo de un llanto cautivo.
La sinfonía de emociones que Dolores y su violín regalaban hacía un marcadísimo contraste con su interior, lúgubre desde que un accidente se llevó a sus padres allá donde Gardel, Piazzolla y Beethoven descansan. Las tardes en que el aire ansiaba los sonidos con que la familia Delpiano lo bendecía, desaparecieron; así como también, la sonrisa de Dolores. Desgarrada fue su alegría de tocar, nada más le quedaba el alivio de cantar su dolor, de llorar a través de las lágrimas de su público. Tanta era la congoja que compartía con su violín, que decidió llamarlo “Lamento”.
A 10 años del luctuoso suceso, Dolores y Lamento ya sólo lograban conectarse con escalas menores, con lacrimosas pasiones. El tango y algunas lastimeras composiciones acompañaban sus días. Su sonido se había vuelto quejumbroso, inclusive en alegres pasajes. Su canto era el de una hermosa ave malherida.
Una noche por las aceras después de un concierto, melancólica y distraída como de costumbre, un raudo rufián le arrancó su violín. Dolores corrió lo más rápido que sus tacones le permitían, gritando una y otra vez “¡ayuda, mi violín!”. Lamentablemente, el ladrón como una bala se escabulló entre unos matorrales y Dolores lo perdió de vista. Presintiendo un desmayo, se sentó en el piso. No atinó a seguir gritando, no atinó a llorar, no atinó a maldecir. Quedó en silencio, cayendo por el oscuro agujero de su alma, otra vez, desgarrada.
Estuvo veinte días ligada a una amarga y lejana nota; hasta que una noche, borracha en un bar, se le ocurrió como recuperar su amado Lamento: preguntar en las tiendas de instrumentos usados si sabían de él. Así que después de vomitar (casi, casi llegando al baño), pagó y partió a su casa a descansar.
Al día siguiente despertó con inusitado entusiasmo, decidida a dejar los pies en la calle.
Comenzó su travesía en la tienda: “Tango e instrumentos nuevos y usados”. Amparada en su amor por el género, entró confiada. La atendió un caballero vestido de traje y corbata negros; camisa blanca; y un sombrero gris, como su cabello.
-Hola – dijo Dolores – busco un violín… cómo describirlo… triste como la muerte y profundo como el mar.
Mirando al horizonte, el caballero respondió como recitando un nostálgico poema:
-Todos los violines son tristes como la muerte y profundos como el mar.
-Responde al nombre de Lamento – replicó Dolores con melancólica sonrisa.
-Lamento canta el tango con voz quebrada, Lamento tiene pena de bandoneón.
-Sí, sí, linda canción. Me lo robaron veinte días atrás. ¿No lo habrá visto?
-Es que las calles de Buenos Aires tienen ese, no se qué… ese, que se sho…
-Pero señor… estamos en Valparaíso.
-Y… bueno.
-Hace veinte días me lo robaron. ¿Lo ha visto o no?
-Veinte años…
-¡Veinte días que ya no está conmigo! – interrumpió -. Al parecer no me puede ayudar. Gracias – dijo retirándose con irónica mueca.
-La vida es un tango… es un tango la vida – recitó el hombre.
Un tanto abatida, decidió acudir a la tienda de instrumentos de orquesta, intuía que ahí podría, a lo menos, comunicarse.
Una vez en la tienda, se acercó a un caballero de refinada actitud. El hombre hacía, al compás de Mozart, un cadencioso vaivén con su mano derecha.
-Hola, disculpe que lo interrumpa. Busco un violín triste como la muerte y profundo como el mar. ¿Lo ha visto?
Aquietó su mano derecha y la miró con sofisticado desprecio..
-Disculpa aceptada, señorita. Le tendré que pedir que me describa el violín que usted busca.
-Es de arce flameado, ébano en las clavijas y cuerdas Oliv, Pirastro. Podría estar en las compras de los últimos veinte días.
-Excúseme un momento, por favor – dijo dando distinguidos pasos hacía lo que parecía una bodega.
Dolores esperó siendo contemplada por Vivaldi, Bach, Beethoven y Mozart.
-Estimada dama, he aquí lo que he encontrado.
Dejó en el mesón unos diez violines muy similares al suyo, pero ninguno le transmitió lo que Lamento. De todas formas revisó si es que encontraba ese rayón en la parte trasera. Para su sorpresa, lo encontró en uno. Pidió al caballero un arco y que detuviera la música. Obsequió las primeras notas del Invierno de Vivaldi, sólo eso le bastó para darse cuenta: no era su Lamento.
-No, no es – dijo cabizbaja.
-Siento su situación, señorita – dijo mientras volvía a encender la música.
-Gracias de todos modos. Adiós.
-Adiós – respondió volviendo a su cadencioso vaivén.
Con una mezcla de esperanza y derrota se dirigió a una tienda New Age.
Una etérea música y una bruma de incienso impregnaban el lugar.
-Aló… aló…
Se adentró un tanto más.
-Aló…
Al parecer no había nadie. Cuando emprendía retirada, vio un mesón y sobre éste, una nota: “Tú sólo consulta, el universo te lo concederá”.
Se rió.
-Lo que faltaba, una nota que me atienda…
Pegó un portazo y partió de vuelta a casa, sentía que ya era suficiente por hoy.
Sin embargo, a unos minutos de casa se detuvo frente a una antigua lutería: “Consuelo Madrigal. Lutier”. No compraban instrumentos usados, pero, quien sabe.
-Hola – saludó Dolores.
-Hola ¿En qué puedo ayudarla? – respondió una anciana tras el mostrador.
-Busco un violín que me robaron hace veinte días. Es un violín triste como la muerte y profundo como el mar.
Con acogedora expresión, respondió:
-Lamento lo que pasó, debe haber sido muy doloroso.
-Así mismo se llama… Lamento.
Esta vez, al verse evocando su nombre, la invadió el desconsuelo. Lloró un mar, contenido desde la partida de sus padres. La anciana bordeó el mesón y, sin tapujos, la abrazó como a una hija.
Por minutos no cruzaron palabra, sólo el llanto y las caricias. Una vez que Dolores dejó de sollozar, la anciana preguntó con cariño:
-¿Cuál es tu nombre?
-Dolores ¿y el suyo?
-Consuelo es mi nombre – respondió -. Dolores, nadie ha venido con un violín los últimos veinte días, pero tengo algo que creo te puede ayudar.
Se agachó a buscar algo debajo del mesón y emergió con un violín.
-Este fue mi compañero por años – dijo emocionada – hasta que me lesioné la muñeca y bueno, ya no pude tocar más. Su nombre es Alma, lo hice yo misma, pruébalo por favor.
Dolores tomó a Alma como quien recibe un delicado tesoro. Lo contempló en tanto Consuelo le tensaba un arco. Posó a Alma en su hombro izquierdo, sintió su peso, posó (como tantas veces) el arco en las cuerdas y dejó a sus manos hablar.
La conexión fue inmediata, amor a primera nota. Frotando el arco se emocionó como no lo hacía desde aquellas tardes con sus padres.
Una vez que salió de su trance, quedó perpleja mirando el violín.
-Te lo puedes quedar – dijo, apacible, Consuelo.
-¿Qué? ¿Cómo? ¡¿Quedármelo?! No, no podría. Es suyo.
La anciana la miró con ternura.
-¡Se lo compro! ¡Eso!
La anciana sonrió.
-Creo que no podría cambiar mi Alma por dinero, sabía que algún día un corazón atormentado vendría y encontraría consuelo en él… tantas veces lo encontré yo.
Dolores volvió a contemplar a Alma.
-Sólo tengo una condición – prosiguió la señora -. Desde que mi hija murió y me lesioné la muñeca, mis días son algo solitarios. Te agradecería si de cuando en cuando vinieras a darte una vuelta, a compartir un té, alguna melodía.
Su mirada honesta llegaba al corazón de Dolores.
-Por, por supuesto, claro. La verdad no esperaba… no sabe lo agradecida que estoy, por compartirme su Alma.
Dolores volvió a casa con su nuevo compañero. Sorprendida de haber encontrado en Consuelo, su Alma.

*Los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

LUISA VÁZQUEZ

Me dejo llevar. Alegoría la justicia.
Y un día la justicia se hizo carne. Decidió que no podía seguir viviendo con los ojos vendados, sin saber del uso que se hacía de las leyes que los hombres habían dictado en su nombre.
Se decidió por el recipiente más atractivo que encontró. Pensó, “como la burocracia judicial está dominada por el género masculino, esta apariencia me abrirá todas las puertas”.
No se equivocaba, los jueces se rindieron a sus pies y le permitieron ser obserbadora de juicios y procedimientos a placer.
Durante meses fue testigo de la interpretación que, los seres humanos, daban al concepto de imparcialidad. Ellos, que la habían representado con los ojos vendados como el ejemplo perfecto de ese concepto. Vio como las leyes promulgadas eran tan elásticas, que cualquier decisión de sus servidores era válida por muy arbitraria que pareciera.
Se castigaba a las víctimas y se absolvía a los delincuentes. Las condenas que eran justas para unos, libraban del castigo a otros. Los privilegios, la inmunidad, derivados del poder y el dinero, campaban a sus anchas por los juzgados.
Los inocentes, los débiles, eran abandonados a su suerte mientras la vida del poderoso se blindada como el bien más preciado.
Las mujeres eran agredidas, asesinadas, utilizadas… pero se las condenaba al escarnio público como culpables de sus desgracias.
Se ignoraba a los políticos que esquilmaban el erario público, el dinero de todos, en su propio beneficio y se castigaba al pobre que no podía hacer frente a los impuestos abusivos, promulgados para que, quien los administraba, se hiciera rico.
Los asesinos recibían penas irrisorias y ventajas carcelarias por un mal entendido concepto de reinserción.
Pasados tres meses, la justicia estaba asqueada de lo que estaba viendo. Decidió que los hombres habían inventado un personaje para representarla, que no tenía nada que ver con ella. Si querían seguir representando aquella oda a la arbitrariedad y el interés personal, que no contarán con su beneplácito.
Y tal como llegó, se fue. Pero, una mañana, los hombres descubrieron que sus bonitas estatuas de diosa griega con venda en los ojos y balanza en la mano, habían sido sustituidas por una especie de hiena, con una sonrisa sibilina en la boca y actitud rastrera, mientras protegía bolsas con monedas.


GABRIELA MOTTA

Tema alegorías: Amor

Era un día regular, Soledad salía del trabajo como de costumbre cuando un anciano que iba caminando por la calle sin rumbo arrebató su atención, giraba y giraba como si bailara una melodía sin fin, luego se reponía, observaba muy lejos dejando translucir en su mirada una estela de ternura indescriptible. Soledad que no tenía prisa de llegar a destino ya que honraba honrosamente su nombre se dejó atraer deteniéndose a observarlo. Se quedó mucho tiempo siguiéndolo con la mirada y analizándolo sentada tranquilamente en el banco de una plaza. El anciano no era un indigente su forma de vestir lo dejaba claro, tampoco un hombre sin educación su actitud cortes lo demostraba, ¿qué le sucedía a ese hombre? Sintió que tal vez podía estar necesitando ayuda y se quedó ahí para averiguarlo. Él en cambio seguía bailando su propia melodía, desconectado por completo de su entorno. Después de un tiempo de estar girando absorto en su realidad noto como aquellos ojos no se despegaban de él, Soledad se sintió avergonzada porque no pretendía ser descubierta por el extraño hombre, miró hacia otro lado, pero fue inútil aquel anciano comenzó a caminar hacia su dirección. Pensó en levantarse y escabullirse, pero ya era tarde ahí lo tenía parado enfrente con la mirada más dulce que haya visto jamás.
– Señora noté que me observaba – le dijo –
– Si, no pude evitarlo, me causó curiosidad su manera de girar en círculos. ¿Está usted bien?
– ¿Por qué no habría de estarlo?
– No lo sé, me pareció muy singular su forma de expresarse, y ni hablemos de esa mirada perdida hacia la nada. ¿Es un poco extraña su actitud a usted no le parece?
– ¿Extraña? En realidad, creo que la confundida aquí es usted señora, no se deje engañar por las apariencias, permítase sorprender, escuche la melodía que sale de su corazón ¿qué le dice? Reflexiónelo; en cuanto a su comentario le puedo decir que yo no soy extraño, soy más corriente de lo que usted cree. Entiendo que a veces llego como un huracán y siempre danzo al son de mis propios acordes, pero ¿es esto un delito? en cuanto a lo de mi mirada no sabría que decirle pues es lo más natural y sincero que tengo. No puedo evitar cautivar a muchos cuando paso y mucho menos dejar de contagiar a otros con mí danzar. Pero déjeme decirle algo, también despierto odio, aunque no estoy para nada orgulloso de esto.
– Señor, yo solo me quedé observándolo porque pensé que tal vez podía necesitar algún tipo de ayuda, créame no existe otra razón.
– Es usted muy amable, pero permítame decirle una cosa, la razón por la que usted permaneció observándome no es esa, usted ha sido víctima de mí son, fue cautivada, aunque aún no pueda reconocerlo.
– ¿Quién es usted señor? ¡Sepa que me confunde!
– Yo soy una definición ambigua de una idea sencilla que los hombres la tornaron compleja. Yo soy la sencillez del baile y lo engorroso de la coreografía. Yo soy la armonía que trae la brisa y el caos que deja el huracán en su paso. Yo soy la belleza de la rosa y el dolor que causa la espina. Soy el puro blanco de la nieve y el desenfrenado frío que quema las manos, yo soy lo más enmarañado y lo más asequible. Si aun así la sigo confundiendo, le voy a pedir que contemple esa mariposa, es bella ¿verdad? Pero para llegar a convertirse en lo que es hoy tuvo que ser una oruga. Tuvo que saberse pequeña para descubrir la inmensidad que habita en su interior, permitirse morir para renacer victoriosa en esa hermosa mariposa y usted la ve así tan bella, tan llena de vida que olvida el proceso que le acabo de describir y que fue fundamental para que ella pueda estar aquí entre nosotros, bueno yo soy esa fuerza transformadora. Ahora hágame el favor de cerrar sus ojos por favor y experimente la suavidad de la brisa del verano en su rostro, experimente el aroma de las flores que le rodean, experimente la experiencia de estar viva, sienta, emociónese, déjese transportar por la sencillez de este segundo que acaba de desvanecerse en el vuelo infinito de esa mariposa. Ahora dígame ¿qué experimentó?
– AMOR
– Pues ese soy yo.

Cuando despertó no entendía cómo había podido quedarse dormida en la plaza pública, el señor ya no estaba, había desaparecido al igual que la mariposa. Nunca supo si fue real o producto de su fantasía, podría jurar que se había sentado allí sólo para observar al anciano, pero ahora todo era confuso, lo único real fue el amor que experimentó en la sencillez de aquella tarde de verano sentada en una plaza corriente dejándose sorprender por la vida y la fuerza de aquel sentimiento tan noble.


ROCÍO ROMERO GARCÍA

Alegoría al amor.

NAYA.

Ella era un desastre. Vivía en el más puro caos. En un barriada pobre, triste, oscura donde las sombras reinaban de noche y tapaban la claridad del día. Su apartamento estaba en un edificio que poco a poco, se iba cayendo. Todos los edificios estaban pintados de color chillón para no espantar a las personas que pasaban por allí de casualidad, aunque la pintura ya estaba desapareciendo, dejando ver pequeños trozos de pared y ladrillos malgastados. El apartamento era sucio, lúgubre. Apenas entraba luz por la ventana, el sofá estaba destrozado, el colchón donde dormía algo roñoso y ya no hablemos del baño y la cocina. Muchos os preguntaréis como una persona puede llegar a vivir así, la respuesta se resume en tomar malas decisiones. Ella tomaba la libertad por su mano, pedía más tiempo al tiempo, vacilaba a la vida y tonteaba con la muerte. Sus amistades nunca fueron buenas, pues de encontraban siempre entre polvos de hadas blancos, viviendo en el País de las Maravillas o viajando al País de Nunca Jamás. Y ella no lo negaba. También había vivido allí, había viajado allí y había volado con esos polvos mágicos e incluso, cuando necesitaba más, hacía lo posible por conseguirlo. Ella siempre se justificaba diciendo que seguía a los demás, siempre se hacía creer que era alguien de poco provecho y sin personalidad, pero en realidad, era muy consciente de lo que hacía. Sabía por qué lo hacía. A ella nunca le gustó la realidad, siempre le pareció cruel. Nunca entendía el dolor innecesario provocado, el poco tacto y el poco amor que había en el mundo. Así que se dedicaba a escapar, siempre de la misma forma, la menos correcta. Era adicta a la locura, hija de la tristeza, aunque era incapaz de aguantar la pena. Y aunque disfrutase distorsionando la realidad, consiguió salir de aquel mundo de fantasía. Le quemaba, por dentro y por fuera, no poder volver a donde una vez fue feliz. Tenía miedo del miedo, temía a las sombras y a las voces que escuchaba de noche. Pero el tiempo pasaba, y para su suerte, todo desaparecía hasta quedarse en nada. Ella se sentaba en aquel horrible sofá y encendía la televisión. Aunque la pantalla estaba algo rota y la antena doblada, podía ver la desolación en la que el mundo se encontraba sumergida. Un día se cansó y se prometió cambiar el mundo. Dar amor dónde menos había, brindar algo de luz en los rincones más oscuros… Dar a los demás las oportunidades que ella nunca tuvo. Pero, por mucho que ella misma se prometiera cambiar las cosas, no podía hacerlo. No se veía capaz. Era destructiva, una granada que explotaba allí por donde pasaba. No había recibido cariño, no sabía lo que era el amor de verdad, lo que era recibir y dar algo sin esperar nada a cambio. No conocía la felicidad, solo mundos de fantasía que duraban cinco minutos. Tenía miedo de salir ahí fuera, a la cruda realidad, y enfrentarse a sus mayores miedos. Una noche, empezó a notar algo raro en la espalda. Notaba algo dentro de ella. De repente, roza con sus dedos un pequeño orificio. Nota algo duro y alargado en la entrada de éste. Decide tirar y tirar y cuando menos se dio cuenta, tenía una pluma en sus manos. Una pluma ensangrentada. Estuvo así toda la noche hasta sacar una gran cantidad. Al día siguiente, tenía alas. No sabía muy bien que había pasado, porque tenía aquello pero lo tomó como una señal. Ella sentía que con esas alas podía volar y ahuyentar todos sus temores. Se aventuró y salió a la calle, nadie la miraba mal. Al parecer, no eran capaces de ver sus alas. Mientras paseaba por esa barriada, veía la más completa guerra. La destrucción, el abandono. Ella quería cambiar el mundo, realmente quería transformarlo en un lugar mejor. Decidió tallar unas flechas de madera y un arco que consiguió de unas tablas que estaban abandonadas en el basurero. Salió de noche y empezó a esconderse en todos los rincones que encontraba, siguiendo a la gente mas desolada y necesitada. A cada una de ellas, le lanzaba una flecha que al clavársela, desaparecía. Con ella, esa persona conseguía la felicidad, sentirse amado y sobretodo, sentir amor por sí mismo. Pero no solo ayudó a las personas más necesitadas, sino a aquellas que necesitaban un empujón para empezar a amar, para quitarse el miedo de encima. Disparó una flecha a un chico que iba acompañada de una chica, ambos mirando al suelo, avergonzados y nerviosos por la primera cita. Éste agarró de la muñeca a la chica, le acercó a él y la besó. Disparó otra flecha a una chica que iba acompañada de otra, parecían bastante sueltas y desvergonzadas. La chica se puso delante de la otra chica y caminó hasta apoyarla en la pared y besarla. También, disparó otra flecha a una pareja de chicos, que acabaron fundiéndose en otro hermoso beso. Se recorrió toda la ciudad, acompañada de la luz de las farolas que se iban apagando poco a poco. Cuando amaneció, había cumplido el objetivo de dar el amor y la felicidad que ella quería dar, pero había un problema: le sobraba una flecha. Había cambiado el mundo en una sola noche, repartido el amor en el estado más puro con el poder de sus alas, que le permitían volar y con la dedicación que había tenido entregando el amor inexistente que ella tenía. No necesitaba poderes, el hecho de querer cambiarlo todo era suficiente para conseguirlo. Así que respiró hondo y se clavó la flecha en el cuello. Quería ser amada, quería sentir la felicidad que había repartido la noche anterior, quería sentir el tacto de otra persona no por necesidad, sino por cariño. Y sobretodo, quería amarse a sí misma. Dejar de martirizarse, dejar de pensar que no vale para nada, que es un desastre. Necesitaba que alguien la mirase y sintiese escalofríos, quería que el amor le doliese y le quemara. Quería sentir lo que sentía en su mundo de fantasía, con sus polvos de hadas, quería vivirlo en lo más dentro de su ser… Pero quería que eso fuese real. Quería ser alguien en la vida de alguien. La sangre empezó a correr por su cuello mientras caía y yacía en el suelo, esperando que alguien la rescatase. Ella era la cupido del S.XXI. Ella era la que dio lo que no tenía, la que luchó por ver un cambio en el mundo. Ella era frágil, difícil de entender. Era la guerra y la paz. Ella era tantas cosas… Era alguien inexplicable. Ella era Naya.


EMILIANO HEREDIA JURADO

VENTE CONMIGO.

Los chopos que me rodean, quieren alzar el vuelo con sus miles de alitas plateadas que, en su ingente esfuerzo, tililan moribundas y, caen al suelo donde, el viento, las barre.
Sentado en èste banco donde tanta gente lo ha echo antes que yó y han ocurrido historias antes que la mía, miro a ambos lados y…nó sè donde está el principio…ni donde el final.
Es tánto el vacío que me llena, que el peso que oprime mi corazón me hace etèreo.
Abstraído por escribir en el suelo atoñado con una ramita mis pensamientos, nó he advertido la presencia de un minúsculo punto color verde en la lejanía, que poco a poco, se iba acercando donde estoy varado en este bancal de soledad.
Unos zapatos marrones, de tacón bajo, son la antorcha que eleva el globo aerostático de mis ojos, para volar hasta lo más alto de una mujer que en frente de mí, se ha detenido.
Pálida como corteza de abedul, espigada como junco rivereño.
Lleva un elegante abrigo de paño verde, de tres cuartos, fronterizo con unas rodillas torneadas como cantos de río.
Unos grandes bolsillos donde ibernan sus manos.
El cuello subido, uniendo la cabeza con el resto del cuerpo, un elegante itsmo de seda marrón con un sencillo nudo.
Una melena obscura como leña de hoguera extinguida, por debajo de los hombros, brazea en un mar invisible.
La cara ovalada, como una modelo de Modigliani, con unas cejas que són dos trazos finos de carboncillo, una nariz romántica, desembocando a dos gotas de sangre bermellón.
Sus ojos. Verdes como ópalos, caidos de un almendro.
Profundos, casi transparentes,vaporosos como espuma de mar.
-¿me puedo sentar a tu lado?-me pregunta. Respondo con un gesto de hombros, indiferente-
Se sienta a mi lado y, un agradable aroma a hierbabuena me abraza.
-se está bien aquí, ¿verdad?-me pregunta.
-Sí.-respondo de mala gana, molesto por haber violado mi soledad-
-Hace frío
-más frío tengo dentro- respondo-, un frío que duele, que quema.
-vaya, nó quisiera molestar-me comenta-, sè cómo te sientes, te puedo ayudar…
-¿ayudar?, ¿que sabrás tú?-le digo con tono y gesto sarcástico-, soy como una de esas esferas de cristal, con un muñeco de nieve, en las que nieva si las pones boca abajo. Hago feliz a todo el mundo, y al final, soy como ese muñeco de nieve. Solitario, y sintiendo frío, mucho, frío.
Me dejan olvidado en cualquier rincón, y se acuerdan de mi existencia cuando necesitan ser felices.
-pero, es bueno hacer feliz…
-¿y a mí?-la interrumpo-
-anímate-me dice-, sè como te sientes, encontrarás a alguien…
-¿ótra vez con ese cuento?, ¿cómo puedes saber como me siento?
——————-
Es querer respirar sin tener aire, dormir sin tener sueños, tener sed y nó tener agua….

Los dos hemos repetido a la vez estas últimas palabras. Nos miramos en silencio.
Su mirada es como mirar al cielo debajo del mar.
-¿sabes cual es la peor de las heridas?-le pregunto-.
-nó-me responde, cogiendome las manos. Me gustan sus manos, blancas y delicadas como narcisos-
-la peor de las heridas, es aquella que, por más que quieres cerrar, alguien se empeña en mantenerla abierta.
-aleja de tu lado a esa persona-me dice, acariciandome la cara con las dos manos, apartando con los pulgares mis lágrimas-
– nó puedo, provocaría una herida terrible a terceras personas, por cerrar la mía-le contesto-
Se levanta, y me levanta.
-vènte conmigo, verás como todo se arregla-me dice sonriendo, dejando escapar un rayo de luna de entre sus labios-.
-sí. Gracias-la respondo con una medio sonrisa-. Por cierto, ¿cómo te llamas?.
-Esperanza.

Dos puntos ……y seguido, se distinguen a lo lejos de un camino que nó se sabe si es…..principio o final.


MÓNICA MEDL

Alegorías

“Odeim el Señor del Miedo”

Odeim es Amo y Señor en esta tierra, ha conquistado el mundo silenciosamente. Nadie siquiera se anima a decir que ha sido visitado por él. Su sola presencia paraliza, detiene el tiempo y espacio, los minutos los hace eternos, el aire a su paso se cristaliza.

Los humanos aun no han descubierto el efecto feroz de su acompañamiento y los que sí, no han sabido como librarse de él.

A quien visita, nunca abandona, es un experto buscando víctimas a las que somete durante toda su existencia.

Se aferra desde la infancia y se alimenta de su víctima en cada etapa de su miserable existencia. A cada paso, le quita la razón de vivir, su autoestima, la alegría, la paz y la armonía. Hace a su esclavo dudar, vacilar, desconfiar, perder la capacidad de actuar sin temor.

Día y noche está presente, es un fiel compañero. No soporta que lo ignoren, recorre sin cesar, espacios infinitos, buscando y revolviendo en su interior, en sus recuerdos, sus vivencias, cual parásito desenfrenado, alimentarse de su víctima.

Invade el descanso, detiene proyectos, destruye relaciones, desecha sueños.
Detiene a su víctima al punto de no Ser.

Todos al verlo cambian de estado y quienes son elegidos por él ya nunca serán los mismos.

Torbellino de emociones desata en sus hipnotizados sectarios, intensas sensaciones se despliegan sin freno, peligros del pasado y del futuro se juntan en un solo ser, poseído por Odeim.

Como un culto se someten a rituales obsesos en el que la culpa y el temor son los más fieles consejeros.

Si tan solo supieran pobres desahuciados que ellos son la razón de su existir.

Si tan solo descubrieran que Odeim no existiría si ellos no lo empoderaran.

Si tan solo decidieran pegar el salto y no detenerse ante él.

Sabrían que Odeim no es más que el miedO al que le damos entrada perdiendo el control de nuestras vidas, dejando que él, viva por nosotros.


Y fuera de concurso, la gran JEZABEL MONTENEGRO:

Publicado el

Juegos III

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos juegos de palabras. Estos han sido los resultados:

*Las aportaciones son originales y no han pasado procesos de corrección.

 

SÁBADO: Completa la frase “En mi libro… hablo de…”

En mi libro “Pos siempre se ha hecho así y no ha pasado nada” hablo sobre la adaptación a los nuevos tiempos. CIRCONIO JAVIER MUNIR

En mi libro “Me importa una mierda que te mueras de cáncer” hablo de la importancia de la empatía. ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

En mi libro sobre las recetas de cocina hablo de cómo comerse un mejillón en su salsa. MARÍA LÓPEZ

En mi libro me encontré con el “Yo de mi infacia”…… MARÍA RUBIO OCHOA

“La viuda negra”. Trata del amor y las relaciones de pareja. AURORA MORGADO

En mi enciclopedia “Una vida de abundancia” te muestro las claves de la prosperidad según el nuevo paradigma cuántico. 12 volúmenes en una completa colección ahora a tu alcance. 1200€ más gastos de envío. JUSTO FERNÁNDEZ

En mi libro ” cómo parecerer lo que no eres, para dar envidia a tus vecinos” te ayudo a alcanzar tus metas y cumplir tus sueños, independientemente de cuales sean tus virtudes. P.d. ah con mucho amor y de forma respetuosa. TOMÁS MESA

En mi libro, YO NO ME LLAMO JAVIER, hablo sobre cómo ser claro y honesto cuando conoces a una chica, bueno, el día después. MARÍA LÓPEZ

En mi libro ‘Me cago en todo’ describo los siete pasos a seguir para amarte. ABRUJANDRA ALVARADO

En mi nuevo libro “Cómo descuartizar un cadáver sin dejar rastro”, descubrirás el método definitivo para limar asperezas y mejorar relaciones con la familia política. Y todo ello sin llegar a mancharse de sangre, corre a tu librería de confianza! NANE NONINÁ

Soy una persona totalmente independiente que jamás duda cuando tiene que ser borde para poner a la gente en su sitio y no dejarse pisotear por los demás. Esto queda reflejado en mi último libro de autoayuda titulado “Sonríe siempre, sé complaciente y sumis@, y nunca te faltarán amigos” SANDRA SOL

En mi libro “La cosmética prometida” hablo de los rumores en la política extranjera y la capacidad empática de los ideales saturnianos LA XICUELA DE CORRIOL

En mi nuevo libro “Estrellitas de mar”, hablo del reseco que dejan diez kilos de pipas con sal. JEZABEL MONTENEGRO

En mi libro ” Tú puedes ver las estrellas” , te hablo de lo que puede pasarte si me vuelves a tocar las pelotas. MARÍA LÓPEZ

En mi libro “Él siempre saludaba”, hablo de cómo convertirse en el perfecto asesino, a la par que educado vecino. JULIA HERNÁNDEZ

En mi libro; “Mi carro me lo robaron anoche cuando dormía. ¿Dónde estará mi carro, dónde estará mi carro? Donde quiera que esté mi carro es mío” Hablo sobre los tipos y subtipos de de alarmas de coches. ROSA RODJA

 

Y para rematar, este texto de LOLY BÁRCENA:

Llego tarde, lo se , últimamente los ” libros” de mi vida son muy absorbentes, a veces pienso que me quieren hasta el infinito y mas allá , pero son tantos “libro” empezamos que no me da la vida. Me desvió del tema, eso es el grado de dispersión de mis neuronas.Hoy, Vamos ayer, quería hablaros de mi libro “lucia” es un “libro” que empece , vale si empezamos, hace 14 años , si ayer era su fecha de inicio, era un “libro” que no pensaba escribir, vamos me dijeron que ya no volvería a escribir ninguno , aunque ya tenia empezado uno , quería dar mas al mundo, porque una sola como yo ya me parecía poco , creo que el mundo esta dispuesto a tener muchos “libro” que tengan algo del mio , ahora que me doy cuenta tampoco acabado, veis me desvió del tema.Este libro es especial, siiii como todos, pero este en concreto viene rodeado por tantos , no “es” , tantos imposibles, tantas negruras , tantos finales trágicos , que este”libro” se empeño en ser luz, en salir adelante y demostrar al mundo , que para ella como para mi no existe en nuestro vocabulario ” no puedes” .
Y se empezó a escribir, con versos torcidos, luego cada vez mas rectos , algunas faltas de ortografías, muchos desviaros, y de un peque infiniesimo , salio un gran libro , que sera lo que ella se reescriba , y sera escrito como ella desee que para eso ya tiene libertad de expresión , como para decirla que no .
Se que este no era el tema del sábado, y menos del domingo , pero me apetecía presentar a mi libro “lucia”.


JUEGO DEL DOMINGO: Falsa etimología

“Jugoso”: que invita a jugar con él/ello. Dícese de aquel o aquello con lo que se puede jugar. Todos deberíamos querer ser jugosos. JUSTO FERNÁNDEZ

“Estupendo”, de la conjunción de “estus” y “pendum”, dícese de aquello que pende, como los testículos NANE NONINÁ

“Trastornado”, dicese del rastro de destrucción que deja el tornado. TOMÁS MESA

“Encomendado”, que se esta alimentando de algo que le han regalado. TOMÁS MESA

“Sentimiento” mentir sobre lo que sientes. TOMÁS MESA

“enamoramiento” En Amor Miento. MÓNICA MEDL

Siracusa: localidad italiana donde los Sires ingleses pueden acusar impunemente. ABRUJANDRA ALVARADO

Pertrecho: perpetrado en el techo ABRUJANDRA ALVARADO

Cascarrabias: huevos de la subclasificación ‘malos sentimientos’ que se cascan para hacer revueltos con chorizo colorado. ABRUJANDRA ALVARADO

Polvorón. Polvo y ron. MARÍA LÓPEZ

Ninguino, dícese de cazador de pingüinos que fué al polo, y no cazó ninguno. ÁLVARO ANTÓN

Defenestrar: tirar por la *fenestra. *ventana. Usado comúnmente para expresar lo mucho que gastó en una fiesta. ABRUJANDRA ALVARADO

Discúlpeme caballero, no he podido evitar oírle, a pesar de haberlo intentado, créame.
A estas alturas de la vida ya no soy yo muy de juzgar en alto, si no más bien de empatizar y disculpar con medida o callar por no desmerecer silencios.
No he sido capaz esta vez, como habrá podido constatar. Me ha podido la peor de las excusas, la más sincera curiosidad, el no poder llegar a imaginar cual es la razón del ser, usted me perdone, tan sumamente gañán DAVID CRIS E MAIA

Si, es posible cambiar el jamon por otro de una calidad mas acorde a su entendimiento. TOMÁS MESA

No se preocupe,suficiente ya tiene con ser usted mismo…(Es de mis frases favoritas para insultar a alguien jaja) KAREN ROSADO


JUEGO DEL LUNES: El hombre es el único animal que…

El hombre es el único animal que que le molestan los pelos, los suyos o los ajenos, alguna vez en su vida en alguna ocasión. Los animales no se andan con tantas pamplinas. MARÍA JT

El hombre es el único animal que ama los ojos mientras miente con la boca. IRENE ÁLVAREZ

El hombre es el único animal capaz de matarse lentamente y de forma plenamente consciente, y luego lamentarse. NANE NONINÁ

El hombre es el único animal. Fin. JUSTO FERNÁNDEZ

El hombre es el único animal que ve la paja en el ojo ajeno y no ve el palo en el suyo MARÍA RUBIO OCHOA

El hombre es el único animal que mata por diversión (lo siento, tengo muy mal concepto del ser humano). ESTHER DE LA CRUZ

El hombre es el único animal capaz de hacer dos cosas a la vez . Ir al baño y jugar al candy crush por ejemplo.!! CHARO MEJÍA GARCÍA

El hombre es el único animal que come paella los jueves. EVA BLU

El hombre el el único animal al que le gusta el dinerillo. CARMEN LÓPEZ

El hombre es el único animal, vegetal y cosa. JEZABEL MONTENEGRO

El hombre es el único animal que reniega de su naturaleza animal. ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

El hombre es el único animal que habla mal de sus ex. MARÍA LÓPEZ

El hombre es el único animal que necesita papeles para sentir que posee algo y para deshacerse de lo mismo que luchó por poseer. MÓNICA MEDL

El hombre es el único animal que desperdicia su vida trabajando para juntar dinero y luego enferma de estrés y tiene que gastar el dinero para sanarse. GABRIELA MOTTA

El hombre es el único animal conscienten de que es un incosciente. TOMÁS MESA

El hombre es el único animal anormal. NANE NINONÁ

El hombre es único animal que pone voz de tonto y habla en diminutivos a los bebés. CARMEN LÓPEZ

El Hombre Es. El único animal capaz de hacer que deje de Ser, es él mismo. CHABI SÁNCHEZ

El hombre es el único animal que sin un otro no sobrevive hasta pasados muchos años de su vida, viene indefenso a este mundo y requiere de un otro para ser alimentado y ser introducido a lo social. MÓNICA MEDL

El hombre es el único animal que niega su pasado para volver a cometer los mismos errores en el futuro. GABRIELA MOTTA

El hombre es el único animal capaz de echarle piña a la pizza. NANE NINONÁ

El hombre es el único animal que se afeita. ESTHER DE LA CRUZ

El hombre es el único animal que mete gatitos en botellas de cristal sin espacio para moverse con el fin de venderlas. PEPINO MARINO ERRANTE

El hombre es el único animal con pretensiones de no serlo. DAVID CRIS E MAIA

El hombre es el único animal que puede llevar una conversación únicamente con monosílabos. LA XICUELA DE CORRIOL

El hombre es el unico animal con ego y con ello lo decimos “casi” todo, supongo q mañana hablaremos del ser humano ( osea, ser x un lado y humano x otro)
Pd. Para este tipo d reflexiones el utilizar el genero masculino no m chirria tanto, la la la BRUNO MALTÉS

Y las aportaciones de EMILIANO HEREDIA merecen un aparte:

EL HOMBRE ES EL ÚNICO ANIMAL QUE…

…Ama lo que le hace daño deseando que nó le haga más de lo que le está haciendo.
…Se ríe de la desgracia ajena deseando que nadie se ría de la suya propia.
…Acapara más de lo que necesita y coge más de lo que le ofrecen sin importarle que la otra persona se quede sin nada.
…Habla cuando hay que callar y calla cuando hay que hablar.
…Reza a un ser supremo en horas extremas. Un ser supremo que es como el salvavidas de un barco, todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie lo usa salvo una emergencia.
….Besa por besar, perpetra el acto sexual sin amor, abraza por abrazar.
….Que huye de sí, huye de sí mismo, obviando la realidad que le rodea.
…Mata con loco frenesí, despreciando la vida ajena, para salvar la suya.


JUEGO DEL MARTES: Ofensas creativas

Claro q sí guapi , tiene usted toda la razón , la loca soy yo y no usted q tooooodo lo sabe , es como el maestro liendre , de todo sabe y nada entiende .
Quizás debiera aprender un poco de comprensión lectora , no digo q sea una lerda , sólo que no entiende ni un texto escrito por un niño de primaria .
Si mejor vaya a hacer algo más productivo , por ejemplo podría coger un diccionario o un libro a ver si le sirve para abrir esa mente cuadriculada.
Venga hasta luego ….. SILVIA TRAMOYERES

Señora , si me permite cambiar el volumen de mi audifono para apagarlo así poder oírla sin dificultad.
Señora podría hablarme por el oído sordo, seguro que así me llegara mas nítido su mensaje.
Señora, unas pastillitas para la garganta? Veo que se esta resintiendo de ese maravilloso volumen de voz. LOLY BÁRCENA

No siempre el nivel educativo va de la mano con la educación. Conozco gente muy educada sin estudios y licenciados sin una pizca de educación. Así es que independientemente de cuál sea mi nivel educativo le aseguro que la educación que he recibido es exquisita propia de una señora y esa razón me impide contestar a su demanda en la forma que se merecería del mismo modo que al parecer su educación incluye bloquear y no escuchar a la persona con la que está manteniendo un diálogo que sin respuesta por mi parte se convierte en un monólogo falto de respeto y por tanto de esa educación de la que usted presume. Un saludo. FUEN CALDERÓN ROMEO

Señora, sé que no quiere que le responda, pero le deseo siempre lo mejor, a pesar de su educación. Gracias por todo. Adiós. CARLOS TABOADA

Estoy encantada con su invitación a la cena. Muchas gracias, pero prefiero cenar sola. CARMEN LÓPEZ

Para gotera lo que tu tienes en la cabeza chata, a ver si te la enfoscan pronto y no se te escapa ninguna neurona más. Aunque para lo que te sirven tampoco pasa nada si te quedas sin ellas. CHARO MEJÍA GARCÍA

Eres más tonta que Abundio que era aquel que vendió el burro para comprarle la cebada MARÍA RUBIO OCHOA

-Señora. La llamo señora porque es de gènero femenino. Para serlo hace falta categoría y usted, es una mujer de marca blanca con pretensiones de etiqueta negra.
-¡Me ofendes!
-Nó la ofendo. Solo la describo. Al tutearme me demuestra la cantidad de respeto y educación que posee:cero.
Nó la he dado permiso para tutearme. Ni tampoco se lo voy a pedir a usted.
-¡ojito conmigo!, ¿eh?, que salgo en todas las televisiones de todos los españoles, ¡¿eh!, que lo mío me ha “costao” la “refutación” que tengo.
-Sus amenazas me provocan el mismo terror que un mosquito le provoca a un rinoceronte. Por si nó lo ha notado, he echo una ironía y, observando su nivel intelectual, fronterizo al analfabetismo, creo conveniente explicarle el termino sarcasmo si es que su excaso entendimiento lo permite…
-¡¿Que me estás llamando desgraciao?!, ¡¿me estás llamando paleta?!
-Se lo acaba de llamar usted y, añadiría más: caradura, que ha estirado al máximo el haberse casado con cierto lidiador y haber tenido una hija a la que ordenaba comerse el pollo. A mí, me daría verguenza subsistir vendiendo mi vida como usted la vende. Buenos dias. EMILIANO HEREDIA JURADO

¡Tu infraestructura es defectuosa! ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Electroencefalograma plano. ABRUJANDRA ALVARADO

Sallopilig!!! TRENTAONZE LÓPEZ RODRÍGUEZ

Señora, podría usted descalificar menos y leer más? GABRIELA MOTTA

¿Sabía usted que los genes que transmiten información sobre la inteligencia se heredan de la madre? Seguro que la suya es una mujer muy inteligente, haga el favor de ponerse a su altura, no la rebaje tanto.
(Le supo fatal, fatal) JEZABEL MONTENEGRO

Caracol= cornudo, baboso y arrastrado. LA XICUELA DE CORRIOL

Por lo que me dices, no has abierto un libro en tu vida.
Sé que te encanta lucir la ropa pero no la tela. VANESSA SUÁREZ


JUEGO DEL MIÉRCOLES: Haikus

Muñeca desgastada
y rota en la letanía,
ya nadie jugará contigo más

SILVIA TRAMOYERES

La única certeza
De la soledad,
Es la tristeza.

EMILIANO HEREDIA

Lloró tanto que hizo un río,
tan limpia quedó su alma
que todas las cosas pequeñas descansaron a la vez.

MARÍA LÓPEZ

El cielo ostenta
sus galas en la tarde
serena bella y perfumada.

MARÍA RUBIO OCHOA

Anoche me enamoré
y fue la luna y me engañó
otra vez será de día y con sol

MARÍA RUBIO OCHOA

Hojas vuelan
Miro sin lágrimas
La nueva tierra

DAVID GUTIÉRREZ DÍAZ

Tiembla mi cuerpo,
en mi mente un deseo
arde brillante.

AURORA MORGADO

Solos yo y tú
Sin nada de por medio
Egos disueltos

JUSTO FERNÁNDEZ

Yo te regalo
un poco de tiempo
de mi vida.

MARÍA RUBIO OCHOA

Recuerdos que no quisiera tener ,
me gustaría arrancar
todo este desamparo de mi interior.

SILVIA TRAMOYERES

Madroños naranjas
Hojas caídas
Otoño presente

CARMEN LÓPEZ

Sueños de cielos
Marcan muchos silencios
Siempre son bellos

LA XICUELA DE CORRIOL

Marcaste mi piel,
liberaste mi alma,
me dejaste ir.

ROBERTO MORENO CALVO

Sin miedo, siente.
Sin desconsuelo, ríe.
Con amor, vive.

ROBERTO MORENO CALVO

Trabaja duro
Siéntete esclavo
Olvida vivir

ROBERTO MORENO CALVO

Lluvia ácida.
Se sobrepone al dolor.
Tierra seca.

ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Estaba en Japón.
Allí no había jamón.
Me comí un melón.

PEPINO MARINO ERRANTE

Cuerpo frío
Con la cara de cera
El último adiós!

CARMEN LÓPEZ

Alzarè el vuelo
Tan lejos y tan alto
Que faltará cielo

EMILIANO HEREDIA

Tiempo de haikus
repiquetean mis dedos
en la pantalla

DAVID CRIS E MAIA

Vaya horas son.
El sueño me abraza.
Así que, ¡Adiós!

ROBERTO MORENO CALVO

Claro de Luna
Silencio en el Bosque
Escuchan su luz

LOLA ALCÁZAR

Conocerte un deseo
besarte un sueño
soy un niño desde aquello…

DAVID DURA MARÍN

Ando los caminos
Porque el destino
Eres tu.

TOMÁS MESA

Lluvia que mojas
la tierra dejando ese
aroma fresca.

GABRIELA MOTTA

Aúlla el lobo
Balas de plata vuelan
Sangra la tierra

LOLA ALCÁZAR

Cuando el dentista ríe
azucarillos trae
ése río que te endulce.

DAVID DURA

Imagen borrosa
Traqueteo insipido de palabras
Mierda de haikus

TOMÁS MESA

ropio de dios
Loco absolutista
endiosado.

Cervezas en la esquina.
Cultura de bar.
El deporte nacional.

PEPINO MARINO ERRANTE

Métrica errónea.
La he cagado en haiku.
Confundí cinco y siete.

PEPINO MARINO ERRANTE

A pesar de que
Qué haríamos todos
Sin sinalefas.

PEPINO MARINO ERRANTE

Soy un bocazas.
Es mi gozo en un pozo
Mientras me meas.

PEPINO MARINO ERRANTE

Bastante raro.
Jezabel Montenegro
No ha hablado.

PEPINO MARINO ERRANTE

TOMÁS MESA

Boca de fuego
labios sedientos
Abre el infierno

KAREN ROSADO

Tengo sueño
Tengo sueños
Café y miedos.

MARÍA LÓPEZ

Y mención especial a la creatividad de PIETRO IGARZA:

Pocos poetas
Se encuentran en Facebook:
Pseudopoetas

Nacen las rosas
y las espinas rezan
a sus amantes.

Azules cielos
Estrellas rutilantes
luna de plata.

Entre los cantos
de bellos tulipanes
nardos despiertan.

Pinos enhiestos
entre la suave brisa
de primavera.

Suave marea
de olas que se mecen
entre arrullos.

Las nubes densas
ante el sol se desvisten
en las riberas.

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Infinitésimos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “los infinitésimos”. Este ha sido el relato ganador:

MÓNICA MEDL

Infinitesimal…Levanté la mirada y te vi.

Y fue así, como en un suspiro entrecortado, que te cruzaste en mi camino.
Así como sin querer, sin siquiera pedir permiso.
Como cuando cae una gota de lluvia traviesa que queda remanente en el tejado o la hoja que se desprende de un 
robusto árbol de otoño.
Nadie percibió lo que yo, el resto seguía inmóvil en su rutina de oficina.
Para mi ese instante todo lo había cambiado, sin embargo era imperceptible para otros.
Levanté la mirada y te ví.
Frente a la máquina de café el tiempo se detuvo.
Nos miramos diferente.
Ya no habría un mañana sin tus ojos reflejados en mi mirada.
Aquellos amaneceres solitarios se esfumaron en el éter.
Sin darme cuenta, el amor se había posado en mi corazón desahuciado.
Así invadiste mis días,mis noches, mis atardeceres y mi alma.
En un instante la vida se volvió vivible, intensa y eterna.
Lo mínimo se transformó en gigante.Fue exponencial, inmaculado, amor del bueno, del anhelado.
Ese nimio instante me hizo mutar de la nada al Todo.
Quiero cada día tener suspiros entrecortados y no bocanadas de aire fresco que me arrastren junto a la manada.
Quiero percibir el tic tac del tiempo y no los días tal cual pasan.
Quiero pasión infinitesimal para cada día de mis semanas.
Te cruzaste en mi camino, como un suspiro entrecortado.
Así como sin querer. Sin siquiera pedir permiso.
Levanté la mirada y te vi.

 

 


FELIPE IGNACIO

Casi como todos los días

Ese día desperté y besé a mi esposa, como todos los días. Desayuné un pan con mantequilla y jamón, como todos los días. Le di unas monedas al vagabundo de la esquina y me ignoro, como todos los días. Llegue al trabajo atrasado, pero mi jefe lo estaba aún más… como todos los días.
El bosa nova acompaño mi mañana. Suelo no darme cuenta cuando entre un informe y un café empiezo a mover mi cabeza en suave vaivén. Rara vez tenía calma en la semana, esta vez debía agradecerlo al retraso de mi jefe.
En la tarde las cosas se agitaron tanto más. Era viernes y después de la hora de colación, como de costumbre, aparecían las situaciones de última hora.
-Néstor, ¿me haces un “favor”? – era Jaime, mi compañero de la oficina contigua compartiéndome un guiño de complicidad y su mejor sonrisa.
Jaime podía no saludarme en todo el mes, pero cuando me pedía esos “favores” parecía que fuera mi mejor amigo.
-¡Hola, amigo mío! – respondí con ironía – a ver, veamos eso.
Fue una tarde difícil. Intentando resolver todas las situaciones y no dejar trabajo pendiente. Además, aún no instalaban la ventilación en mi oficina. Sudando me di cuenta que aún llevaba puesta mi chaqueta, la deje en el respaldo de la silla y continúe mi carrera.
Poco después de sacarme la chaqueta, sonó el teléfono. Esperaba una llamada importante, así que adopte compostura, practique un saludo cortes y amable. Luego, conteste:
-Buenas tardes. Autopista del nuevo milenio. Área finanzas.
-¡Hola mi amor! ¿Cómo estás?
Desde que empezó su pre natal mi esposa solía llamarme. Motivos como: llevarle algún antojo; decirme que me ama; su emoción por ser madre; o que el bebe había pateado; me interceptaban, como por un trágico designio, en los momentos más inoportunos.
-Linda, bien. ¿Qué quiere?
-Pucha amor, quería hablar. Es que estaba viendo un documental de los patos y… – un sollozo llegó a llenar ese breve silencio – son tan frágiles mi amor, me dio pena. ¿Te acuerdas cuando vimos esos patos en el lago?
-Sí, mi amor, si me acuerdo.
-Que pensaba que podríamos ir a darles comida el fin de semana, pobrecitos. Tal vez no les dan de comer esos cuidadores del parque. ¿Te tinca, gordo?
-Mi amor, estoy ocupado, lo hablamos después, ¿ya? – le dije mientras revisaba un correo entrante de mi jefe con el título “INFORME URGENTE”.
-Pero si es sí o no, amor. Nada más.
-Lo hablamos después ¿ya?
-¿Entonces no quieres? – insistió usando un meloso tono.
-Amor, lo hablamos después ¿ya?
-Puede ser el otro fin de semana…
Como si un espíritu se hubiera apoderado de mí, levanté el tono y dije:
-Linda: ¡estoy ocupado! ¿Cómo se lo explico? O-cu-pa-do. Tengo que hacer, estoy esperando un llamado importante y no tengo tiempo para los patos, ¿me entiende? ¡O-cu-pa-do!
Suspiré en paz, desahogado. Un segundo después, oí el pitido por el auricular. Aunque en un principio me sentí bien, luego sentí vergüenza por como la había tratado, sentí que le debía una disculpa. Le escribí por whatsapp, facebook, mensaje de texto, incluso la llame… pero nada. Definitivamente estaba molesta y no quería saber de mí. Esperaba poder reconciliarnos en casa y hablar del tema, detesto estar peleado con ella, a veces pienso que la vida se nos puede acabar en cualquier momento y más vale estar bien con quienes amas.
Cuando la luna apareció en el cielo, todavía me quedaba trabajo; cansadísimo, deseaba haber adelantado trabajo en la mañana y así poder estar con Linda a esa hora. Apenas envié el último informe me levanté con inusitada energía, la imagen de mi amada me atraía cual imán a casa. Iba pensando en su sonrisa cuando después de caminar unos diez minutos para tomar micro, sentí frio… ¡Había olvidado la chaqueta! Ahí tenía mis documentos, entre ellos mi tarjeta para el transporte.
Volví a buscarla, le comenté al nochero de la empresa mi situación, entré a la oficina y partí de vuelta. Cada vez más tarde, ahora se me sumaba una inquietud: los peligros de la noche. En la noche del viernes anterior había oído, cerca de casa, un disparo que me dejó bastante inquieto. Era un barrio seguro, pero la seguridad es frágil. Un balazo, dos asaltos y ¡paf! Se esfuma.
Después de dormitar un largo viaje en micro, llegué a mi destino. Solo me quedaban cinco minutos a pie para llegar a casa: ver a Linda, abrazarla y pedirle disculpas. Si no fuera por mi deplorable estado físico, hubiera corrido entre los frondosos árboles que flanqueaban esas cuadras.
A unas cuatro cuadras de casa, empezando un oscuro tramo donde los árboles tapaban la luz de los faroles, veo que viene en dirección contraria un joven con capucha. A medida que nos acercábamos, me di cuenta que ocasionalmente me miraba con disimulo, haciendo crecer mi ansiedad ante el inexorable encuentro. Nos íbamos acercando, yo ya había decidido entregar mis pertenencias sin resistencias. Cuando nos cruzamos mis latidos estaban disparados, lo mire de reojo y para mi grata sorpresa, siguió caminando, como si nada.
Respiré aliviado y la palabra “paranoico” se cruzo en mi pensamiento. Un instante después sentí un frio punzante en el costado de mi cuello. Me paralice.
-¡Ya, loco. Pásamelo todo, loco. Rápido, rápido! – su desenfreno me hizo temer lo peor.
-Lo que quieras, tranquilo, tran…
-¡Que te dije! – exclamó mientras hacía más incisiva la amenaza en mi cuello – ¡¡¡Rápido!!!
Tratando de mantener la calma le entregué mi billetera, mi reloj y mi celular.
-Ya, pero yo necesito billetes, monedas. Platita, compadre. Pla-ti-ta.
-No, no, no tengo, efectivo.
-¡¿Cómo que no?!
-No, no, no tengo.
Acercándose a mi oído me susurró en macabra voz baja:
-Mira mierda, yo necesito platita. Me pasas unos buenos billetes o te mato, güeon, te mato. Te voy a dar hasta tres, si no, cagaste…
Sentí que había llegado mi hora, que no me quedaba más.
-Uno – empezó el joven.
¡Maldije el bosa nova, maldije a Jaime, maldije mi complacencia, maldije mi puta chaqueta!
-Dos.
Recordé por última vez la sonrisa de Linda, sus besos, sus abrazos. Temblé de pánico.
-Tres.
Sintiendo la hoja abrirse camino en mi cuello, acepté mi destino.
-¡Oye, Eric! ¡Suéltalo!
El muchacho se detuvo mientras vi de reojo que un hombre se abría paso entre los árboles. Todo el odio y el pánico se convirtieron en pasmo.
-Él es el hombre que me da monedas todas las mañanas, si te dice que no tiene es que no tiene. Déjalo ir.
No lo podía creer, aquel vagabundo que creí nunca me había visto, me estaba salvando la vida.
El vagabundo quedó mirando fijamente al joven por unos segundos. Éste escupió al piso y dijo molesto:
-¡Siempre tan metido, Juan! Ya güeon, te fuiste, chao.
Deje de sentir el frio punzante y sentí un empujón desde mi espalda. Aproveché ese impulso y corrí lo más rápido que pude. Corrí con una extraña mezcla de pánico y júbilo, de vida y de muerte.
Entre temblores abrí la puerta de la casa. Linda caminaba por el living, parecía nerviosa. Me abrazó eufórica, aferrándose como si hubiera temido perderme. Yo me sentí como volviendo de la guerra.
En ese cálido abrazo, me susurro al oído:
-Gracias a Dios que llegaste, mi amor.
Recordando a mi salvador, dije con ironía:
-Creo que se llama Juan, pero si quieres llamarlo así.


MONTAÑA MILHOJAS

Valencia no era mi destino, ni siquiera me lo hubiera planteado, pero unas familiares se fueron a vivir allí y fui a visitarlas.
Tenía mi tarjeta de vigilante de seguridad, asi que me ofrecieron un puesto de este tipo en la copa de América.
Me enviaron directa al aeropuerto, había huelga y necesitaban gente para cubrir puestos.
Nunca me había planteado la aventura de ser madre, pero un ser de ojos verdosos y acento extrangero se propuso cambiar mi vida, con su forma de hablar, tan envolvente.
De forma que empezaron los latidos de la criatura llena de magia que hoy es mi compañera de aventuras.
Su vida tenia que empezar y empezó…
así, con miles de casualidades hechas un ovillo para tejer nuestros dias.


SONIA JIMÉNEZ

—Las cuerdas sonaban,de aquella hermosa guitarra que un día aparcada quedó.
—Su sonido era Angélical.
—Se fusionaba,con la brisa,con los árboles,las hojas caidas,llegó hasta el mar,donde también se fusionó..Pasó a las montañas,y tambien se fusionó con ellas.
—Acarició a todas las personas ,y animales en su camino,dejandoles paz y armonía.
— Se repiraba amor y paz con su melodía en todo lo habitable de la tierra…
—De ahí se expandió a la tierra en si,fusionandose,y
Llegó a ser sumamente un haz de luz gigante,que sobresalió del planeta,llegando al univierso,donde completó y finalizó su viaje lleno de amor,y paz fusionado con el todo..


LA XICUELA DE CORRIOL

Cual infinitésimo copo de nieve que se convierte en una granbola para hacer un muñeco, o se transforma en un alud inesperado, e imprevisible.
Llevo ya semanas con un libro que me tiene removida el alma. Son capítulos cortos, relatos cortos sin conexión entre sí. Y precisamente tras cada capítulo rezan la bibliografía o incluso recomendaciones de canciones en you tube. Me está fascinado y lo disfruto tanto, que lo modificó. Sí como si de una medicina se tratara.

Es fantástico. Cuando comencé el libro ni siquiera pensé que me llegara a gustar, porque aunque el autor me encanta cuando entrevista o participa en programas de televisión, nunca he leído nada suyo.

También compré el libro porque valía 3 euros en un mercadillo solidario. Otro punto. Pareció que me llevaba un tesoro a casa, ilusa de mi. Pero sí me llevé un tesoro gracias a las recomendaciones y bibliografía. Es el tipo de libro de no ficción que muchos querrían haber escrito, y en cambio, nunca podrán disfrutar ni escribir. Aposté, y acerté.


MARÍA RUBIO OCHOA

Aquella noche en un instante una vida empieza a formarse……Ya de madrugada por una pequeñita rendija, se colaba un haz de luz, a pesar de su gragilidad, se había esfumado la oscuridad……..


EMILIANO HEREDIA

EL ÁRBOL DE PAPEL

En una avenida flanqueada por frondosos plataneros verdeados por la primavera, un niño sollonte tira un caramelo envuelto en un papel cuadriculado.
Estúpida niña(piensa), mientras se aleja arrastrando su mochila y su decepción de primerizo de amor por el suelo polvoriento.
¡Pobre niño enamorado!, dando tumbos como un potrillo alejado de la manada, por culpa de una niña de cabellos dorados de sol y ojos de miel.
Y llegó.
Llegó un día de Abril con su regadera regando los caminos, las calles, las gentes, los perros vagabundos, los gatos don juanes…y el caramelo envuelto en el papel cuadriculado;donde estaba escrita una infantil poesía de amor.
Las manos de la fresca brisa que vino a continuacion, envolvió delicadamente con tierra húmeda el caramelo y los calidos rayos del sol que jugueteababan por entre las hojas, lo incubaron.
Los días iban pasando al ritmo que la primavera se acercaba al final de su reinado.
Unas hojitas pequeñas, del tamaño de un bloc de notas, unidas a un tallo blanquecino, con forma de lapicero, sobresalían de la tierra.
Conforme avanzaba el período estival, el brotecillo se iba haciendo todo un arbolilllo. Era èste, un fenómeno singular, que iba siendo conocido nó ya por la ciudad entera, sino, a nivel mundial.
Sesudos científicos, investigaron a conciencia el asunto y, por
Mucho empeño y medios que le pusieron ,nó lograron hayar explicación alguna a aquel extraño árbol de tronco hexagonal, con una goma de borrar rosa en lo mas alto, y olor a anís (había nacido de un caramelo de èste sabor).
Las hojas, eran de papel. Como era un árbol joven, las hojas eran de cuaderno de dos rayas y ponian cosas como “niño guapo” o “niña guapa”.
Con el tiempo, el árbol se hizo más grande. Y tambien las hojas..
Las había de muchos tipos.
De cuadrícula pautada en las que había poemas para niños.
De cuaderno A -4 para poemas
adolescentes.
En la zona de humbría, había poemas góticos, románticos…
En la solana, hermosos sonetos, cantares…
En fin, cualquier clase de poesía que uno pudiera imaginar.
Y èsta es la historia del árbol de papel.
FIN
Emiliano Heredia Jurado


CARLOS TABOADA

Hace muchos años, acordaron verse en el viejo roble, frente al riachuelo, a medio kilómetro del pueblo, como tantas otras veces. Durante toda la infancia, les habían dicho que aquel que se alejaba del pueblo, ya no regresaba jamás. Las historias tenebrosas circulaban en torno a un monstruo que llevaba a su cueva a la gente perdida, que las sometía a sus costumbres, y que con el tiempo provocaban el creciendo de pelo oscuro por toda la piel, para convertirse, al final, en uno de ellos. Precisamente, ellos pensaban así de la gente del pueblo: personas transformadas en monstruos que trataban de hacerlos similares. Aquel día, decidieron salir de nuevo de la cárcel. Buscaban compartir sus almas gemelas, sentirse fugitivos, cómplices.
La aventura de aquel día consistió en plantar semillas de manzana, todas las que pudieran. Comieron muchas manzanas en los últimos días y reunieron todas las pepitas, que les llenó la palma de la mano. Como salieron más de la cuenta, pensaron meter en cada hoyo cinco o seis, para hacerse compañía, pensaron. A pocos metros del roble, se abría un claro donde por lo menos, podían crecer, separados adecuadamente, como unos diez árboles. Hicieron un par de palos de ramas secas y empezaron a abrir huecos en la tierra húmeda, utilizando veinte veces la medida de las zapatillas. Así, escondieron las semillas que parecían no tener vida. Pequeños corazones negros que, fecundados en la oscuridad, se convertirían al cabo de unos años en magníficos árboles. Les resultaba difícil comprender que, gracias a ellos, otros comerían los frutos, pero de alguna manera pensaron que trascendería el acto. A continuación, eligieron el juego que ella había pensado por la noche.
Él cerró los ojos, cruzó las piernas, y dejó que ella, de rodillas, iniciara el juego. Empezó a acariciar su cara, surcando la línea de las cejas, los ojos, la nariz, la boca, y hasta las orejas. Aguantó como pudo las cosquillas. Al cabo de un rato, él trató de concentrarse para tratar de hacerlo como ella, que sonreía cuando las yemas se recrearon en su mentón. Después, con poco tiempo, se tumbaron abrazados para escuchar la voz del riachuelo. Tenían que regresar. Primera ella y luego él. Las costumbres sociales de los monstruos peludos les esperaban. Porque no sabían divertirse, gruñían por todo, veían la televisión, hablaban de política, de fútbol, y echaban la siesta. Y no saben divertirse, recalcó ella, de nuevo.


FLAVIO MURACA

La Felicidad

Todavia recuerdo la tarde aquella en la que nos dijimos adios
Aun me queda el color de tus ojos como dos oceanos revalsado de lagrimas
Y la triste melodia que suponia el nos vernos más
A donde esta la felicidad, esa que supone ser un espejismo que no hemos de alcanzar.
No esposible amar después de amar, no hay dicha, no hay prisa en el amor si no estas.
La felicidad, ¿donde esta? maldita embustera, tan solo ha de ser un fantasma errante que no ha de volver
Naufrago en el recuerdo de tu mirada que me amarran a un pasado con dolor.
Acaricio al viento como si me consolaras más tu sonrisa no he de ver y mis ojos ciegos quedaran.
¿Donde esta la felicidad? que no la encuentro, me enredo en un laberinto de hastío buscando la felicidad.
Te llevaste mi vida, te robaste mis dias, me quitaste la alegria que suponía tu mirada.
¿Donde esta la felicidad?, se escondio tras tu partida, se ausento de mi vida con tu ida….


DAVID DURA MARÍN

Una madera y un clavo estaban distantes…..
Ya no eres el de antes, estás oxidado , y de clavarla mejor no hablo .
Tengo astillas de tus besos.
Eres cabezota faltándote un golpe
patijunto , entras por los pies, no te oí llegar .
Realmente no estoy quemada , indiferente un poco , en ascuas .
Nuestro fuegoxido , así lo llamabas cuando te ponías echo un cincel
ha pasado a mejor llama..
Estoy con otro , lo conoces, valenciano, con lo mal que te caen.
Rema-che , aquél de pelo plateado .
Demomento solo hemos quedado para tomar un par de barnices.
Sabes que yo, sí soy sincera,
tu y yo no cuadramos…
Espero por la veta que me une a tí, que afiles donde te metes , no es escusa ir colgado con tus amigos de taller.
Tu madre Natacha te dejó , yo me voy volando como una polilla
un clavo cura otro clavo
por Cristo , eres cosa del pasado….


KARLOS WAYNE

Infinitesimal, la distancia de la caricia de tu sonrisa en mi boca.


DIL DARAH

Solo alma y saxo chelo

Hace años mil .
Una pobre descarrillada
y el tocador de muackrutacas, 
se encontraron a pesar.

Entre mil probabilidades,
a favor de desdicha,
entablaron cuatro chakras,
-estableciendo cosas vil-
y apagaron llamaradas
que sin pensar,
menos caer sobre alguna ficha
de azarosa entresijada,
fueron a surgir .

Los mundos absurdos tienen ese don:
por ello se distinguen
y carecen de clasificación.

De todos los dones
y por todos los ídolos,
ella tenía el don de los colofones
y él …
él tenía uno que tenía que ver
con todos los dones.

Ensalzaron cuatro cobijos,
sin techo alguno,
y mil acertijos
de miles de millas sin ton.
A son de clásico no repetido
cogieron un Sol y un Re
y los unieron a tal intervalo
que lo demás…
hasta carece de sentido
y menos necesita una explicación.

Diríase que no hay algo
tan poco útil
ni tan enternecedor
que la arriba mencio
y nada controlada,
historia de ambivalencias
de entremedio un tanto estremecedor.

Aún así y a pesar de ello
aquí estoy, a dar mi mucha fe
de que lo bello no es ni el ritmo
y menos la magnificencia del Re,
mas el infinitésimo de un estornudo,
unido , argumentalmente, al algoritmo
de una mente que predica sello
y luego se convierte en hebrudo.


ANITA MIMOMBA

Por fin había terminado el día. Siempre es duro despedirse, aunque sea inevitable la separación, pero los niños son así. Llevaba con ellos desde que tenían 3 años; edad en la que se formaban los primeros grupos de estudio. Le daba pena, porque al volver, sus alumnos ya no estarían; a los 12 años de edad empezaba la especialización, es decir, iban a diferentes centros según sus habilidades.
Los más dotados intelectualmente irían al Instituto de Estudios Avanzados, donde estudiarían ciencias teóricas y aplicadas: medicina, ingeniería, biología, etc. Algunos privilegiados podrían estudiar psicología y otras ciencias sociales, solo permitidas a unos pocos intelectuales de más alto rango. El arte estaba prohibido, fuera de lo que El Concejoaprobara, y cualquier expresión artística no autorizada estaba castigada.
El resto serán mandados al Instituto de Capacitación Profesional y formarán el engranaje que hace que funcione esta colonia: cocineros, agricultores, limpiadores, mantenimiento básico, etc.
Y todos ellos, sin excepción, pasarán a formar parte del enjambre el día que se gradúen. Seres infinitesimales en una gigantesca cúpula donde habitan 50 millones de almas. La ciudad 82 era una de esas rodeadas por una gigantesca cúpula ultra-resistente para aislar la urbe de la naturaleza hostil que les rodeaba. La contaminación de los humanos del pasado había vuelto el entorno tóxico y ahora solo les quedaba vivir hacinados en invernaderos titánicos que crecían hacía abajo, clavándose en la tierra.
Una vez pasado el mal trago de la despedida, se les cogía mucho cariño a los niños en 9 años, llegó la hora de partir a su nuevo destino. Por fin tenía méritos suficientes para dejar la enseñanza elemental y ejercer su especialidad. Se iba 6 años a una excavación arqueológica de principios del I siglo del III milenio, cuando la tecnología actual estaba en pañales o era ciencia ficción. Actualmente, año 25 del IV milenio, no existen las carreteras hay tubos de transporte por electromagnetismo, totalmente integrados en la naturaleza que funcionan por energía solar (las células fotovoltaicas se optimizaron en el 2487), y, si no hace Sol, no importa, el sistema es global.

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Sobre la mesa

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “Sobre la mesa”. Este ha sido el relato ganador:

CARMEN LÓPEZ

Abuela siempre partía cebollas sobre la mesa que había en el patio. Su madera de roble había resistido muchas lluvias y muchos vendavales. También a muchas historias, unas buenas, y otras malas, como solía decir ella. Después de partir las cebollas, la abuela fregaba la mesa con un paño mojado en agua en agua caliente untado con jabón que ella misma hacía con aceite viejo. Frotaba y frotaba con gran esmero hasta dejarla bien enjabonada. Era el mejor jabón de todo el pueblo según decían las mujeres de alrededor. Después le echaba palanganas de agua limpia, para aclararla bien. Nunca le dio la receta a nadie. Decía que era secreto de su madre, y antes lo fue de su abuela, y antes de la madre de su abuela. Me dejaba darle vueltas y vueltas al mejunje que había dentro del barreño con un palo de madera que era tan viejo como la mesa. Cuando ese mejunje se endurecía y se quedaba blanco, lo cortábamos a trozos. El más grande lo reservamos para fregar la mesa de partir cebollas. La abuela siempre lloraba mucho. Decía que era culpa del jugo de las cebollas, que dejaban salir todas las penas atrapadas en el corazón en forma de lágrimas. Yo nunca entendí qué quería decir con eso. Pero abuela siempre decía que las penas que no salen te ahogan y hay que dejarlas escapar, y si para eso hay que partir cebollas, pues partimos cebollas. —Abuela, cuéntame cosas de mi madre, cosas que no me hayas contado nunca —le dije un día. Tras un breve silencio, la abuela dejó de partir cebollas, se secó las manos, enjugó sus lagrimas en el delantal y bebió un trago de agua.

—Quiero saber más cosas de ella. Solamente se que murió cuando yo nací. Quiero saberlo todo, abuela. —Hija , fueron malos tiempos para todos. Se levantó y fue a la cocina para hacer café. Yo la seguí. —Tu madre era una mujer muy alegre, pero solo yo sé que esa sonrisa escondía algo más. Tal vez no debas saber más de lo que ya sabes, tal vez dejar el pasado en su lugar sea lo mejor para todos. Abuela lloraba mucho, pero ya no partía cebollas —¿Y me darás la receta del jabón? ¿Y me enseñarás a partir cebollas? ¡Abuela, vamos a correr!!
El día que murió la abuela me dejó una caja llena de cartas de mi madre, con la receta del jabón. Con la abuela aprendí muchas cosas importantes: que las penas con cebolla se quitan, que el jabón con amor sale, y que el pasado está mejor donde debe estar.

SALOMÉ SUCASACA

SOBRE LA MESA

Sobre la mesa, dejé que te quedaras con esa
Sobre la mesa, que en mi ausencia se convertía en tu cómplice burlándose de mi inocencia
Sobre la mesa en la que prometiste ser solo mio!
¡¿Por que sobre la mesa?!, que imaginación tan corta y que grande tu falta.
sobre la mesa, dejaste caer la poca vergüenza de aquella que sabia de mi existencia.
sobre la mesa en la que ahora no me encuentras por un simple antojo de ella.


MÓNICA MEDL

Sobre la mesa…

Sobre la mesa te he dejado las llaves, una carta y los recuerdos de cada mañana con aroma a café y tostadas recién hechas.

Sobre la mesa, te he dejado los sueños; joder, recuerdas? Aquellos que juntos hemos recorrido una y otra vez.

Sobre la mesa te he dejado cada día vivido, las fotos, los libros y nuestras notas manchadas de pasado.

Sobre la mesa te he dejado cada entrada al cine, teatro y hasta el ticket del supermercado.

Sobre la mesa, has quedado tú; como un plato vacío lleno de sombras.

Sobre la mesa ya no hay lugar para dos. Contigo hay de sobra.

Sobre la mesa, te he dejado las llaves y por si no abres la carta. Te dejo esta nota.

Sobre la mesa te he dejado un Adiós.

Sobre la mesa, te he dejado…


GABRIELA MOTTA

Cuando llegue a casa me dijo:
– Tenemos que hablar.
Esas palabras sonaron como un flechazo directo al corazón, que de inmediato se paralizó. Lo miré y estaba sentado cabizbajo con el mate y el termo apoyados sobre la mesa, sabía que era algo serio nunca antes lo había visto así, el mate era un indicador siempre lo tomaba para tranquilizarse. Me senté a su lado, le pedí un mate para romper el hielo y me quedé ahí esperando que hablara. El silencio se rompía solamente con el ruido de la bombilla que se hacía cada vez más perturbador.
Bueno -dijo-
Mis manos transpiraban, comenzaba a sospechar para dónde se dirigía ésto.
-Te voy a pedir que me dejes hablar sin interrupciones.
– Dije que sí asintiendo con la cabeza, no se porque pero permanecí callada.
Inmediatamente comenzaron a salir de su boca cataratas de palabras que no hacían más que engalanar su persona.
-Quiero que sepas que siempre puse todo sobre la mesa -dijo- siempre, si no lo viste fue porque no quisiste. Sí, no me mires con cara de asombro, así fue. Cuando te dije: un día de estos tomo mis cosas y me marcho, sonreíste, pensaste que no tendría ni el valor ni las agallas de hacerlo, pero te equivocaste.
Siempre te hablé de frente. Ahora estás ahí mirándome como a un desconocido, de repente me he convertido en un extraño. Yo tampoco entiendo como pasó, no entiendo en que momento dejamos de escucharnos, no entiendo en que momento dejamos de conectarnos.
Me marcho tranquilo sabiendo que te brinde lo mejor de mí.
A propósito, antes de partir te voy a proponer que tires la mesa, total en esta historia nunca ha servido para nada, pues si no vamos a ver lo que hay sobre ella para que tenerla ¿no te parece?

Y así sin más tomo el mate, corrió la mesa y se fue cerrando la puerta sin mirar hacia atrás.
Me dejó sentada, con el gusto amargo pero no del mate, sino por no poder retrucarle ni una sola palabra, no porque tuviera razón sino porque me tomó por sorpresa y las palabras me quedaron atragantadas.
De improviso me paré abrí la ventana que daba a la calle e inspirada por un brote psicótico, arrojé la mesa, en mi imaginación esa mesa era él, esa mesa era nuestra historia, sintiéndome aliviada me volví a sentar y juré nunca más darle la oportunidad a nadie de reprocharme algo que supuestamente siempre estuvo sobre la mesa. Si realmente me conociera sabría cómo odiaba esa mesa, si me conociera estoy segura que nunca la utilizaría como ejemplo de nada. Si supiera que en más de una ocasión llore sobre ella sólo para disminuir mis ganas de ponerle un punto final a ésta historia que por fin llegó a su desenlace.
Después de un rato volví a la ventana envuelta en cólera y grité con todas mis fuerzas, sobre la mesa se ponen cosas tangibles, sobre la mesa pongo mi vaso, pongo mis libros, pongo mis manos, no palabras en sentido figurado, absurdas, incompletas y sucias palabras.
La gente me miraba con asombro, asombro de ver a una loca sin ningún tipo de control en la ventana gritándole a una mesa palabras vacías de significado.
Pobres almas carentes totalmente de comprensión -grité- dejándome envolver por la locura que me permitía experimentar el placer de ver una vida botada por la ventana.


DIL DARAH

 

UN PIANO Y DOS TECLADOS

12/12/1721
Prueba de evidencia Nr. 132

” – La música, signore caro, me ha salvado la vida para condenarme a muerte.
Yo era un estupido giovano , si lo fui, pero no mujeriego.
No es giusto que se me acuse de insensateces . Soy italiano y por tanto amo la misma trinidad de forma inalienable: a mi madre, las comidas y sobre todo amo amar.
Mi música salió del esperpento y no del demonio, como afirman los ignorantes.

Attento adesso. Un mujeriego usa las mujeres cuan cuchilla de afeitar, no le importa lo que la cuchilla piensa¿ cómo va a pensar una cuchilla? sei pazzo. Un objeto no tiene pensieri , diría él. Yo no era un mujeriego porque adoraba las mujeres ¿ entiende? Me fascinaban. Aquello que dijesen o dejasen de hacer. Revestidas con tan sólo el perfume de sus cuerpos. Las lagrimitas de simulado resentimiento que secaban a cambio de consistentes atenciones.
Mi estimado padre decía : ” – Caro mio , o pagas mucho dinero o amas absurdamente y para ambas necesitas inteligencia”
Qué gran hombre su excelentisimo. De él heredé mi fortuna, de mi madre el alma y gracias a ambos pude ofrecer consistentes atenciones en ambos sentidos.

Ay… amores míos. Bellas , bellas todas y benditas. Las amaba tanto como a mi espada. Buscaba en aquella época a hacerlas vibrar por igual y no había sonido más placentero a mis oídos . Ni un bemol perfectamente sostenido pudo jamás hacer justicia a un pecho roto de fragilidad. Ni mi propio descubrimiento pudo igualar la belleza de mi espada apuntando un futuro brillante entre dos delicadas rodillas meneando con picardía promesas por cumplir .

Pero, Signore dame fuerza, también me cansaba, mírame: soy carne débil y hueso frágil. Aparte de eso mi espada era Una Misma entre todas las espadas y mis amadas,uff, venían a ser todas como una misma.
Madonna Miracolosa.
Sólo aquel que no haya probado las alcobas de las mujeres entenderá poco o nada. Quien las conoce sabe qué cuerda toco con mis referencias y hacía dónde se dirige el eco.

Mi espada no sufría ataques de celos ni trataba de suicidarse si la dejase de lado. Era fiel a muerte y de muchas muertes me libró ,pero, vedrai, las signorinas se tornaban espesas.
Hubo encima ese escandalo y de él salieron a luz otros veinte.No pude sino desaparecer para seguir existiendo. A pesar de todo seguía amando con locura el amor. Soy italiano, no lo puedo evitar.

No me gusta demasiado, hasta cierto punto, hablar de ese capitulo, pero es necesario para comprender, caro mio, lo que vino encima de mi pobre cabeza. Tuve que cambiar el honor de duelista por evangelios y las sedas voluptuosas por hábitos obtusos. Hasta que las puertas de los dormitorios comenzaron a abrirse a mis llamadas no contuve mis cartas de protesta.
“Mi ammazzo, finisco la mia vita, porca miseria , porco tutto ” fue el inicio invariable de mi llanto transcrito a lo largo de seis meses y setenta y cuatro epístolas. Mi padre consideró mi silencio sino arrepentimiento y hasta recomenzó subito a sufragar mis gastos. Por primera vez descubrí que el amor no tenía precio monetario .
Por ende, tanto como por falta de otras actividades nocturnas, redescubrí la música y esta vez los sonidos fueron celestiales . Los pechos , sin el peso de los crucifijos y los rosarios, emitían notas que luego reflecté en las forma sonatas para violin y violoncello, pero con la inocencia propria de aquellas sendas murallas que me confinaban para redimirme.
Pensé que mi desgracia era fingida por la incomprensión, que Signore Dio me quería y era aquello su forma de mostrarme el camino .

Una vez más las cosas se tornaron de otro color , para hacer entender a ese ragazzo stronzo lo mal que iba y adesso explicaré las razones, caro mio.
Vedrai, la reclusión en el convento acabó al año bajo la obligación de contraer matrimonio y comenzar a actuar como aquello que era: el futuro señor de la familia.

Si el episodio anterior me limitaba la alegría este nuevo me impide hasta respirar.
¿ Qué sabía yo de la vida de un negociante?
Encima mi pobre padre falleció al poco tiempo de mi boda y tuve que enfrentarme solo a la tremenda pesadez del cumplimiento, a raja tabla, de mi posición social.
A eso se le unió la actitud de mi recién adquirida esposa y signor Giuseppe Tartini se convirtió en Giu.
Yo, el espadachin más aclamado de Padua, el inventor del sonido diferencial, el gran amante de la Gran Italia ¡yo! me convertí en una broma de mal gusto.
Las rutinas verbales de mi recién adquirida esposa me desquiciaron tanto como la carga de la herencia . Por el gusto de gastar las finanzas hice un sacrificio y aprendí a controlarlas pero no vi necesario intentar someter a Elisa. Ella era mi esposa, por Dio Supremo Onnipotente, tendría que entenderlo por si misma. Las esposas cumplen con el servicio del hogar y con las recepciones. Obedecen a los maridos, les traen vasos de Chianti y se limitan a aparecer en el dormitorio cuando se les reclama.
No Elisa.

Elisa era la encarnación de la misma Medusa y su mirada convertía Padua entera en un amasijo de piedras carente de relevancia.
MI musica era merda , Mi negocio era un schifo y Yo era lo peggio.
” Giu calla, Giu deja de molestar con ese terrible instrumento del diablo, Giu mi fa male la testa, Giu dame un masaje y Giu vete lejos que no te soporto piu”
Mi amor hacía la música de los pechos ajenos no le gustó en absoluto. ¿ Sabes, caro mio, lo que hizo? Buscó al alquimista de la misma duquesa de Gandia , el famoso Alessandro Pizzicolli, y le compró sales de bromurio .
¡Hizo que matara mi hombría ! Porca miseria, porco tutto.
El gran Giuseppe Tartini ya solo podía jugar con el violín, caro signore, y eso fue lo que me destrozó por un lado para hacerme inmortal por otro.

A partir de convertirme en Giu mi único consuelo llegaron a ser mis innumerables sesiones creativas .
Era ver a Elisa y encerrarme en el estudio, olerla y echar a correr hacía la Scuola delle Nazioni, escucharla y arrancar a viajar como un condenado cuyo último deseo es huir de la muerte. En aquella época di más conciertos que nunca y conocí todos los placeres espirituales que alguien puede llegar a imaginar. Cuando te duele el alma entiendes el perfume de un mar en tormenta , el tamborileo sublime de un silencio , tienes tiempo para observar el crecimiento de una nube o el nacimiento de una era entera. Y cuando bebes té con bromurio hasta te parece normal y bello.
No ves que los días se arrastran y las noches son despliegues de fantasmas al asecho de tus pesares.

Una de esas noches eternas , en contra de mis hábitos ,me quedé dormido en el sillón del estudio, un trasto incomodo que mantenía solo en respeto a la memoria de mi estimado padre difunto . Mis años se notaban y los huesos reclamaban cada vez más reposo pero precisamente por ello procuraba arrastrarme a mi cama como fuese.
Aquella noche no llegué.
Desperté pues en medio de un sueño.
Al principio estaba bien acomodado, rodeado por un jardín esplendido . Entre tallos de rosas y amapolas veía a todos mis bellos amores, de mi entera vida. Estaban todas alrededor, tan hermosas y deseables. Podía sentir aquel soberbio circulo de belleza sobre mi tez, sólo anhelaba levantarme e ir a estar entre sus brocados y encajes. Corrí hacía ellas de hecho, con ímpetu, tratando de alcanzar aunque fuese sus fragancias, pero se desperdigaban cuan gorriones y gorjeaban de una forma que me volvía pazzo de amor.
Reímos todos.
Caro mio, ni el Buonarroti sería tan hábil como para captar la preciosa luz de aquel cuadro: las sombras difuminaban los ojos de mis ángeles y hasta el aire venía a colorearse de pasión. Jamás vislumbre tanta perfección, se lo prometo.

De repente el paisaje se nubló, las aguas de las fuentes se tornaron negras y apareció una enorme puerta . ¿ Por qué la abrí? No sabría decirlo. La voz de clavicordio roto de Elisa retumbó de tal forma que me dolían los sesos. No se ría , signore, es lo menos gracioso que puede atravesar sus oídos. Si encima le mueve la pasión por la música eso sería directamente horrible.
Mis gorriones volaron asustados y se refugiaron detras de las nubes.
Yo me quedé pasmado. Escuchando a la Medusa gritar una y otra vez : ” – Giu, ti amazzo , testa di cazzo. ” como un pésimo coro tratando de reproducir malamente el violín de Bach y asesinándolo en cada acorde.

Era incapaz de mover un dedo, caro mio.
Desperté de mi pesadilla a duras penas, con las mejillas empapadas en sudor.
Cogí el violín y sin pensarlo más veces compuse lo que todos conocen como el “Trino del Diablo”. Pero usted , querido colega interesado por la música, sabe ahora la verdad.
Eso tenía que haberse llamado ” Elisa Rudiculus ” pero comprenderá sua signoria illustrissima que no pude permitirme la libertad siendo Giu .

Que me juzguen como quieran los que quedan por nacer si es que me quieren recordar.
Pero reitero que no fui mujeriego, ni el diablo tuvo que ver con mi obra.

¡ Per niente!”

Post Scriptum :
Estimado Colega.
No voy a molestarme en gastar más tiempo y menos para recopilar más pruebas. Quédate con tus inexistentes milagros al igual que yo con mis inexistentes pecados. Después de dos mil años ya vale ya. Es hora de que corra un poco el aire a ver si se limpian las tonterías a base de vientos que Tartini me ha tocado la cuerda sensible y a partir de ahora me voy a dedicar al piano.
Mola infinita y eternamente más que tocarte a ti los celestiales perendengues , por cierto.

…………………………………………

Nota de autor: Me tomé unas cuantas licencias, por gusto propio y por la gracia del relato : )


JULIA HERNÉNDEZ

Cenizas

Quedaron para un café. En principio era sólo eso, un café, ¿qué daño podría hacerle?, ella estaba bien, mejor que bien, estaba perfectamente, una expresión casi impensable meses atrás, cuando él decidió marcharse.

Su mente, según su psiquiatra, no pudo asimilar el abandono; las murallas que había ido construyendo durante los años alrededor de ese mundo de perfección no iban a derrumbarse tan fácilmente, por eso decidió aferrarse a ellas, acariciar cada una de las paredes que cubrían sus heridas internas, hasta que de la fricción de la imaginación y la paranoia se derrumbaron.

Pero después de demasiadas sesiones, se había quedado “seca emocionalmente”, o al menos eso pensaba hasta que apareció él.

Un café, término que empleamos casi como una medida de tiempo, sentimientos sobre la mesa a flor de piel, encima, también, un café solo con hielo, una infusión y un cenicero lleno de colillas.

Ella miró fijamente el cenicero, no quería mirarle a la cara de primeras, no se sentía preparada para el contacto visual; centro sus pensamientos en cada colilla – cuando eran un cigarro habían sido encendidas, después consumidas y finalmente apagadas- sintió un escalofrío, ese pensamiento era casi una metáfora de la relación entre ambos.

– Hola, creo que te debo una explicación… -dijo él

-Hola, sólo me debes un café – sonrió ella.


CARLOS TABOADA

LA MESA DE PALISANDRO

Aparecieron ante mí ciertas imágenes de la pelicula el cartero llama dos veces cuando vi la mesa de palisandro macizo de al menos dos de longitud que habían apalancado junto a la ventana del salón. El propietario de la vivienda se estaba apoyando sobre la joya que le debió costar por lo menos un par de miles y que probablemente no encontraba dónde encajarla. ¡Estúpido!
Me había presentado un contrato leonino para sesenta metros cuadrados decorado con mobiliario de regalo para apartamento de playa por zona de Torrevieja en un entorno colapsado de vehículos y suciedad. Hice una oferta por la maravillosa mesa y desprecié el apartamento sacando algunos billetes de cien que abandoné sutilmente cubriendo la letra pequeña del contrato de un lugar que no me interesaba.
El propietario posó los ojos sobre la mesa para ver que los billetes de cien reclamaban por su atención y enamorado se lanzó hacia ellos como el premio más fácil que nunca había conseguido.
Después de un ligero apretón de manos me abrió la puerta para sacar de aquella cárcel todo el amor que iba a pasar por encima de la tabla no sin antes comprobar que una ráfaga de viento se había colado por la ventana y había llevado el contrato bajo el sofá.


MARTA TORRES

SOBRÉ LA MESA………………………………………sobré la mesa se han quedado todas mis ilusiones rotas , al encontrar una nota de despedida de ese ingrato amor…. esa mañana disponía a tomar un rico café para empezar el día pero al poner la taza sobre la mesa me di cuenta de la nota . La cual tome lenta mente , e imaginando que diría …. ( lo que supuse ) como siempre no tenia el valor de decirme cara , cara. Como siempre encontraba sus notas sobre la mesa pero esa era la ultima nota que encontraría sobre la mesa . Deje caer mi cuerpo desconsolada en la mesa .


LA XICUELA DE CORRIOL

Sorbía el zumo del desayuno poco a poco. Con los nervios a flor de piel ante la Trail de 55km que le esperaba al día siguiente.
Sus ojos almendrados, cabello castaño oscuro, barba de un par de días…..como me pone la barba de dos días, ¡¡por Dios!!. Dos surquitos en la comisura de sus labios…..y…..
A lo que iba. Hoy tocaba un entreno suave y pensaba en el día siguiente y en cómo dosificar fuerzas. El equipaje era también ligero, cómo él, lo había visto también unos minutos antes en la recepción del hotel, una maleta de cabina y una pequeña mochila con lo puesto y para llevar unos kleenex, un mini botiquín, bebida isotónica, y barrita energética.
Le observaba desde 2-3 metros sin prisas pero sin pausa. Estaba tan concentrado en la conversación con sus compañeros que no se daba cuenta de que alguien le observaba a pocos metros. Muy concienzudamente lo repasé de cabeza a los pies. Mi posición en mi mesa, me daba está fantástica tregua y gran privilegio, observarle a placer y sin ningún corte ni interrupción.
Acabó de desayunar y le perdí la pista hasta la noche en la cena. Con ropa informal, unos jeans y una camisa negra, estaba espectacular. Coincidimos en pedir pizza. Ya no podía soportarlo más. Quería abordarle, perono sabía cómo ni cuándo por no descentrarlo a él para la Trail y a mí para tener la cabeza en mi sitio. ¿Cómo iba a abordar a un superdeportista una ballena de 105 kg?
No era posible, ni imposible, pero si era una quimera o una utopía mayor aún que ‘Walden dos’.
Mi objetivo era imposible a todas luces.

Tras varios intentos fallidos para saber su nombre, le puse Sergio. Y Sergio terminó su zumo y emprendió camino hacia la salida de la carrera, que haría también las veces de meta. Sí, le he nombrado Sergio aunque no sé su nombre. Es una forma de tener familiaridad.
No estuve el suficiente tiempo para verle terminar la hazaña, aunque sí sé que hubo participantes que tardaron unas 12 horas en acabar la carrera.
Ya no le ví más, ni le volveré a ver, seguramente. Sobre la mesa estaba lo que quedó de su dulce desayuno. Unas migas de magdalenas y su vaso de zumo vacío.
¡Con la de cosas que se pueden hacer sobre una mesa aparte de desayunar…..Dios!!!


ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Lamiendo la ambrosía, que resbala por las comisuras y comienza el descenso hasta el Nirvana, níveo, apócrifo, redundante, y calza superficies incoherentes como desafío personal e impúdico.

La prohibición deja un regusto ácido, a imagen y semejanza de su Creador, que danza calmando ansias y apaga braseros como los enciende, con desatino, con vaivenes ilegibles narrados en lenguas tan antiguas como el hombre.

Las formas pierden su ser en la vorágine voraz que nos define, susurran secretos universales y regalan recuerdos tan fugaces como la inocencia.

Lágrimas frutales, lágrimas amargas, siluetas sobre la madera y un ligero atisbo de culpabilidad.


MARÍA RUBIO

La vieja mesa- Vamos a ir a años atrás cuando la vida de cualquier pueblo de montaña transcurría sin las comodidades que hoy si disponen.En una de aquellas cocinas con lumbre de leña, un banco de madera, un rústico armario , un fregadero de piedra y “Una mesa” con dos cajones ,en uno se guardaba el pan del día y en el otro la cartilla con los poquitos ahorros , los carnets de identidad los papeles del médico, y los papeles de las vacunas de los animales y algún recibo. Encima de la mesa un hule de cuadros para que la mesa se pudiera limpiar bien y fuera multifuncional……Encima de la mesa pasaban muchas cosas,Se escribían cartas a la familia , se hacían los deberes de la escuela, Se comía, alguna partida de cartas al calor de la cocina de leña, se ponía lana para tener prendas, el periódico cuando había, La linterna cuando se apagaba la luz , algún juego de canicas ,La mesa con el color del humo, encima una pizarra con un pizarrin y los niños escribiendo en ella……….


EMILIANO HEREDIA JURADO

SOBRE LA MESA….
….Estaba el compás y, con su punta, en ella grabé
Un corazón mal hecho, con su nombre dentro.
Su sonrisa pintó con acuarela roja la piel
De mis mejillas, y su mirada, detuvo el tiempo.

….Quedó impregnado su olor a jabón de violeta,
y me recosté sobre ella, para atrapar toda la esencia
Que toda ella emanaba, misteriosa, secreta,
Y me envolvía como un aura pura, llena de inocencia.

….Germinaba un tiempo de sol, un tiempo feliz,
Nuestras manos, cosechaban furtivas caricias,
En un tiempo donde, lo único negro, era el regaliz,
Y éramos analfabetos, de penas y desgracias.

…Dejé las entradas de la película en la que vimos
A un marciano volar en bicicleta,
y arropados por la noche, nos dimos
Nuestro primer beso, que sabía a piruleta.

….Te escribo estos versos, ahora que ha atracado
En el puerto de mi memoria el barco de tu recuerdo,
Para que sepas que no te he olvidado,
Para que sepas….que aquí sigo, que aquí…te espero.


FLAVIO MURACA

SOBRE LA MESA… LA DECISIÓN

Wagner alguna vez insistió en que le había sido revelado que por las venas de jesucristo corría la más pura sangre aria…
-Dijo aquel hombre anciano remitiensose a la revista Ostara –
“Quizas era el momento de ir por más, el tiempo de nuestro padre, al fin y al cabo el dios de los gentiles y los sin tierra habia gobernado ya por mucho tiempo.
Era quizas el momento ideal para salir de la oscuridad, tal vez era hora de despertar al demonio dormido” -asevero-.
Mi trabajo aqui ha terminado, lo he guiado a vuestras manos y enhorabuena es de ustedes su formación de aqui en adelante, -dijo eckart sonriendo-.
Ha de ser el iluminado de la oscuridad, valga paradoja del destino, penso en sus adentros, aquel hombre olvidado en la historia, de allí se marcho dejando como testigo al parasito más imundo.
La rabia colerica de este semejante, su docilidad a pensamientos, y lo influenciable de su sentir ha de ser la forma de llegar a él… supuso dietrich eckart anotando sus ideas en su diario intimo, los dejo en sus manos, el gran maestre lo formara a sus ideas condicionales.
………………
Habria que demostrarle al mundo quien era su superior, de donde vendia el superhombre de Niestche- le dijo el anciano a aquel muchacho turbado-.
Solitario como un lobo herido se adentro en las profundidas del averno, en la busqueda de sabiduria pagana…
Estaba solo y tembloroso, una silueta inmovil yacia delante de el…
Claro, los dioses me habian ungido en la providencia, alli estaba por el porvenir- se dijo a si mismo para darse coraje-.
Era mefistofeles, el mismo de Fausto; el que tantas veces habia leido en su adolescencia, ¡que anima cruel y despiadada!
Sin titubear propuso los puntos del contrato, él; lo miro y señalo los papeles apoyados en una mesa blanco marfil, hecha de restos de lapidas de cementerios…
Se acerco y las tomó, sin siquiera leerlas garabateo su firma con estoica decisión… sobre la mesa estaba el destino de los hijos de dios.
Con sangre, haremos el pacto, ¡derrama sangre en mi nombre!- grito el demonio mefistofeles-.
Aquel muchacho tartamudeo y pregunto con voz muy baja, como con miedo al oprobio que incurriria con sus palabras promiscuas.
– Por que con sangre mi señor..-
-Pues debias de saberlo ya, la sangre es un flujo esencial, es vida y creación, es el conductor del alma que me has de entregar- bramo Mefistofeles.
Ofrecío entonces a cambio su alma como recipiente de su voluntad y la sangre de inocentes que el creia inferiores..
Salio de allí, emergiendo de sus fauces, renacido, atrás habia dejado todo sesgo de humanidad.
El infierno fluia en el como un fuego voraz; reunio al sequito de lacayos y les conto sobre sus penurias y las ideas que el tenia sobre el pueblo; fervorosos lo siguieron; clamando su nombre.
Todo habia sido germinado con facilidad, una melodia profana guiaba al lobo en su ascenso, el parsifal era un maravilloso muzak.
Sobre la mesa quedo, suspendido en el eter, la lista de la solución final. Los hijos de dios debian morir…

#AUTORMURACAFLAVIO


PEPINO MARINO ERRANTE

Acercaos, acercaos…

Contemplad una vez más las atrocidades sobre la mesa, protagonizadas por nuestro pequeño e indecente esperpento de quirófano llamado Cristo; ese pecaminoso fistro de la pradera que practicaba la insalubridad en su día a día, por la Gloria de su padre*.

Hallábase Cristo miccionando a su hermana por tercera vez la misma quincena, cuando ésta desarrolló un poder preventivo más eficaz que la alarma de Securitas Direct a la hora de advertir sus intenciones.

Se le jodió el truco.

¿Qué haría yo? ¿Qué haría…? ¿Cómo podría conseguir mear de nuevo su pierna sin que se enterara? Pensaba nuestro batracio humano…

¡Ya lo tengo! Entraré como siempre en el cuarto de baño mientras se ducha, orinaré dentro de una botella de plástico marca bezoya, y así podré vaciársela en la pierna mientras se ducha, extendiendo mi propio brazo por detrás de un lateral de la cortina, mientras le hablo a través del otro. Así comprobará que mi cuerpo se sitúa separado de la parte de la cortina que ella siempre vigila para evitar que la mee, y cuando esté convencida de que estoy alejado, alargaré el brazo para vaciarle la botella por el otro lado… jajajaj. ¡AAAAAAAJAJAJAJA!

Semejante despojo humano consiguió su objetivo las dos primeras veces.

Tras quedarse sin recursos, mientras llenaba la botella de nuevo, carente de esperanza, sabiendo que su perfectita hermana se había convertido en el guardián infalible de su ridículo y retrasado plan, algo asqueroso y depravado hizo “click” en su cabeza.

¿Cuantas micciones serían necesarias para completar el llenado de 1’5 litros de capacidad de la botella de plástico bezoya? ¿Qué opciones o ”bromitas” se podrían llevar a cabo y hacia quién, con una botella bezoya de litro y medio llena de orina?

Bueno, de momento, como no sé qué hacer con ella, voy a dejarla encima de la mesa de mi habitación. Llenada ya está. Algo se me ocurrirá próximamente. Algo.

1 botella.

2 botellas…

3 botellas…

4 BOTELLAS.

4 PUTAS BOTELLAS BEZOYA LLENAS DE SU PROPIA ORINA.

6 JODIDOS LITROS DE SU ORINA EMBOTELLADOS SIN SABER QUÉ HACER CON ELLOS, ENCIMA DE LA MESA DE SU HABITACIÓN, SOBRE LA CUAL ESTUDIABA, JUNTO A LAS BOTELLAS DE ORINA.

Llegados a este punto de la historia, resulta necesario mencionar que aquella guarrada, no llevó a ninguna parte. Tan sólo a que su padre, una vez le preguntara “¿eso QUÉ MIERDAS ES?”, y a que tras escuchar la respuesta, los demás habitantes de la casa comenzaran a tratarle como a Gregorio Samsa, alejándose cada vez más de su habitación y distanciándose por el pasillo cuando con él se cruzaban.

Su perturbada e incomprensible mente, incomprensiblemente llegó a apreciar aquel oro líquido cual Smeagol amaba el Anillo Único, cegado ante la fantasiosa y perversa imagen de los rayos de luz vespertinos que iluminaban el plástico transparente de las botellas, observándose a través de él toda clase de partículas y sedimentos suspendidos en la orina, los cuales se movían de forma lenta y cadenciosa hacia alguna parte sin rumbo. Cristo cogía cada una de sus botellas a diario y las agitaba para activar el movimiento de los restos de proteínas degradadas junto con las células epiteliares muertas de su vejiga, flotando y desplazándose en un hechicero vaivén eterno dentro de aquel dorado fluido…

Mis botellas… Mis botellas de orina… Sólo mías… mías… Míralas… Míralas qué cosa tan hermosa sobre mi mesa… Mis 4 botellas juntas…

”Bien, chicaz, vamoz a pazad a mi habitación a jugad con miz muñecaz. ¿Quedéiz que oz enceñe la casa? Seguidme. Aquí edtá la cocina… Aquí, el pacillo… Aquí máz pacillo… “Eso“ ez la habitación de mi hedmano. Sí, se pintó en la puerta “Cristo Rey”. Ah, nada: eso zon unas botellaz de orina que tiene encima de zu meza, el tío guarro… Y aquí, mi habitación. Alba, saca del baúl la barbie Cucamonga. Clara, tú coge la pizarra y laz tizas. Jugademoz a ser profezoras”.

“Oye macho, tira de una vez eso, que debe de estar podrido ya, coño. ¿Tu madre no te dice nada? Qué barbaridad, por Dios. ¿Cuántos meses llevan ahí?”.

Una primaveral tarde de abril, Cristo decidió dar salida a lo que ya había perdido el sentido mucho tiempo atrás. Llevó las botellas al baño, levantó la tapa del retrete, y las vació una por una.

El hedor resultó insoportable a la par que fascinante…

*Chiquito de la Calzada, maestro: un beso enorme, estés donde estés. No te olvidamos.


ANITA MIMOMBA

Por fin llegó el día en el que Carlos y Estrella se mudarían a su nueva casa. Y menuda casa, un palacete en medio de una finca de olivos inmensa. Construida en el siglo XVIII, hacía más de 50 años que nadie la compraba o vivía allí. No comprendían el por qué, aquella inmensa casa era preciosa, espaciosa y con mucha luz. Y qué decir del paisaje circundante… un inmenso olivar, tan solo cortado por el único camino de entrada.
La reforma había durado más de lo esperado, casi un año. Resulta que una casa de esas características hay que hacer restauraciones de todo lo que es la fachada y eso es un trabajo delicado que lleva su tiempo. Cambiar por completo las instalaciones de electricidad y agua fue pan comido, en comparación.

Los primeros días todo fue un abrir cajas y clasificar pertenencias. Casi sin tiempo para explorar su propia casa. Por fin, tras una semana se habilitar las estancias que iban a ser ocupadas de forma inmediata y continuada, se pusieron a explorar las “otras habitaciones”, esas cuya reforma se había dejado para más adelante. Tras explorar los cuatro cuartos y pensar en ideas descabelladas para utilizarlas (como una piscina interior en un segundo piso), encontraron una cosa curiosa. En la repisa de una chimenea había una figura de una dama que no podía ser retirada, tras mucho probar, la giraron y una pared se abrió. Tras de ella una estancia circular, de espejos, con una mesa en medio, apareció ante ellos. Con toda la curiosidad del mundo entraron a mirar. Extraños grabados en los márgenes de los espejos le daba un aspecto muy logiático. Lo más extraño de todo era la mesa, con forma de estrella de ocho puntas, perfectamente colocada en el centro de la estancia, también era un espejo. Aquel cuarto tan raro les pareció tan siniestro que decidieron cerrarlo y no entrar más. No tuvieron ningún problema en tapiarlo, al fin y al cabo, ni siquiera salía en los planos oficiales del edificio.

Pasaron unos meses cuando, de pronto un día que Carlos había tenido que ir a un viaje de trabajo y Estrella tuvo que pasar unas noches sola en la finca. Al principio estuvo un poco preocupada por estar sola durante una semana en aquella casa enorme y aislada, pero las constantes llamadas telefónicas de Carlos la tranquilizaron. El primer día todo fue bien, bajó al pueblo a por alimentos y para hacer unos trámites administrativos con el abogado. Al llegar la noche, se sintió un poco asustada y decidió meter en casa uno de los perros del pastor, un mastín enorme que sólo asustaba a los desconocidos. Lo dejó durmiendo en la entrada principal y se fue a la cama, en el piso de arriba. Sobre las tres de la madrugada un grito la despertó, el perro ladraba como loco. Bajó muy asustada; el perro se calmó según la vio y, juntos, exploraron la casa. No encontraron nada. Allí no había nadie más. Esta vez se subió el perro con ella y lo metió en la habitación para que durmiera a los pies de la cama. Su compañía la hacía sentirse algo más segura.

Durante los días siguientes, Estrella y Curro (su nuevo amigo peludo) se volvieron inseparables. Pasaban tanto tiempo como podían fuera de aquella siniestra casa. Lo peor eran las noches, cuando no paraban se escuchar ruidos, golpes y puertas que se abrían y cerraban; luces que se encendían y apagaban solas, incluso la televisión del piso de abajo se puso una noche. cuando Estrella se lo contaba a Carlos por teléfono este pensaba que exageraba o que eran imaginaciones suyas.

Por fin llegó el día en que Carlos volvía a casa, pero una enorme tormenta hizo que se cancelara su vuelo y tuviera que hacer noche fuera otro día más. El tiempo era tan malo que no funcionaban ni los teléfonos, ni fijos ni móviles. Aquella noche no pudo hablar con Estrella. No le preocupó. Todo aquello era producto de la imaginación de Estrella, serían los ruidos de la casa asentando todo lo hecho en la obra, que no había sido poco. En fin, mañana estaría en casa y toda esa tontería pasaría.

Carlos llegó por al final de la tarde, cuando empezaba a anochecer. Los negros nubarrones se veían imponentes con los últimos rayos del Sol. Todo estaba inquietamente tranquilo. No se escuchaba ni el canto de los pájaros, supuso que sería por la inminente tormenta. Entró y se puso a llamar a Estrella. Nadie contestaba. Llamó al perro. Tampoco hubo respuesta. Empezó a sentirse inquieto y se puso a ir por todas las habitaciones buscando. Finalmente tuvo una oscura certeza y fue corriendo a la habitación de los espejos. Ya no estaba tapiada, los ladrillos estaban tirados por el suelo de madera pero la pared estaba cerrada. Muy lentamente giró la figura y la pared se fue retirando. Allí en medio del espejo central, sobre la mesa estaban los zapatos de Estrella, puestos boca abajo, con los tacones mirando al techo.


 

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El diablo llama a mi puerta

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “El diablo llama a mi puerta”. Estos ha sido el relato ganador:

CARLOS TABOADA

TÍTULO: ISIS ME RECONOCE

Estoy entrando en el portal de casa. Elena ya se habrá ido. Es la última mujer que ha contratado mi madre. Por la mañana, me dijo que iba a preparar lentejas. Mi madre nunca cocina, y ahora que lo pienso, no sé si alguna vez lo ha hecho… Pero solo pienso en las lentejas de Elena, que por algún motivo quizá publicitario, me hace pensar que deben ser como las de la abuela, aunque no sé cuál. Las hace con chorizo, cebolla picada, trocitos de beicon, tacos de patatas, zanahorias… Y lo mejor, el sofrito con pimentón dulce y picante. Tengo la boca agua y la cabeza atontada por la clase de la Historia de la Antigua Roma. Pero al sacar la llave de la cerradura para cerrar la puerta, alguien me llama.
—¡Angel! —oigo.
Me doy la vuelta. Una chica morena con chaqueta vaquera me saluda. No me suena su cara. Como se aproxima hacia mí, coloco el pie sobre la puerta para que no se cierre.
—¡Qué alegría verte! ¿No me reconoces, verdad?
La observo detenidamente. En cierto modo, me incita a ello, porque no me suena de nada. Tras la chaqueta, lleva una camiseta blanca con el cuello dado de sí, un colgante redondo con el árbol de la vida plateado, unos pantalones vaqueros bien ceñidos y unas zapatillas blancas de deporte. Podría ser una compañera de clase. Me llama la atención el corte recto de su pelo negro a ras de cejas y su piercing redondo en la nariz. Tiene buen aspecto, aunque sigo pensando en las lentejas.
—¿No te acuerdas de mí? —me pregunta ladeando la cabeza, mordiéndose el labio inferior, sonriendo con una bonita dentadura brillante.
Ahora que la veo mejor, no entendería que no la reconociera. O la conocí sin esa sonrisa o estaba en otro mundo. Es decir, me llama la atención, me parece atractiva, en parte… me gusta, y eso es algo que me descoloca un tanto. ¿Una chica que me reconozca pero yo a ella no?
Por supuesto, no he cerrado la puerta, la he abierto más. Ella se ha acercado lo suficiente como para que pueda mirar a través de sus ojos color miel. Pero no logro penetrar en ellos. Sigue sonriendo, y ya no sé dónde mirar. Las lentejas parecen alejarse.
—Te daré alguna pista —me dice, y me da dos besos prolongados. Tiene mi altura, y me superaría con un par de tacones. Su voz es suave, como si no quisiera alzarla, como si no quisiera reconocerla. Tengo una extraña sensación. Me gusta su olor. Incluso parece un recuerdo. Es como si…hubiese formado antes parte de mi vida. Como ese perfume inconfundible que atufaba la novia de la adolescencia y que ahora viaja en el tiempo.
Cierro la puerta tras nosotros. Así podemos alejar el maldito ruido del tráfico que baja hacia Plaza de España.
Estoy descolocado, desubicado. Me esperan unas sabrosas lentejas en el frigorífico y aparece una chica atractiva diciendo que me conoce.
—Sigo viviendo en el número seis, puerta A. ¿Recuerdas?
No. No recuerdo. Aunque….
—¿Eres la hermana de Adrián? —logro decir, después de unos algunos segundos.
Ella sonríe. Ensancha más los labios, si cabe. Su imagen es peculiar, como un aire alusivo que no logra despertar mi memoria.
—No exactamente. —Se acerca a mí, haciendo subir las cosquillas del estómago a la oreja—. Me llamo Isis —susurra, ahogando en mi interior la última ese.
Me repongo como puedo, la verdad. Es extraño sentir que alguien invade tu intimidad y que no te importe.
—Me parece que no conozco a nadie por ese nombre.
—Está bien, lo sabrás… —asiente, como si fuera a dar con el acertijo, como si lo tuviera delante de mis narices—. ¿Qué recuerdos tienes de Adrián?
Me aparto un tanto de su intensa mirada. Miro hacia afuera, como si el chico de la infancia fuera a pasar por delante del portal. Quizá deba salir y buscar por la acera. Parece que él tiene la clave de este extraño encuentro. Adrián, el de la infancia, no va a aparecer por aqui, y yo tengo vagos recuerdos suyos.
—Hace unos años que no nos vemos. Por lo menos desde los dieciséis. Nos peleamos por una chica y…. —¿Qué narices hago dando explicaciones a alguien que no conozco?—. Debes ser su hermana, aunque no te reconozca. Eso es. ¡Eres su hermana! Con cinco años menos que nosotros, pero…Ahora que te veo, ¡sí que has crecido! Mira, me esperan en casa. Ojalá algún día nos veamos, y se nos pase la tontería. Pero las cosas son así. En fin….Que me siento raro al darte explicaciones. ¿Por qué te ríes? Le puedes decir a tu hermano que ya nos veremos para salir por ahí, y que…. que me equivoqué. Tenía razón. Esa chica no era para mí, quizá para él, no sé…¡Aunque tu hermano fue un poco raro! Estaba más interesado en mí que en ella. Mira, ya no sé qué decirte. ¡Le llamaré! Llamaré a tu hermano. ¿Se lo dirás? ¿Le dirás que me has visto? Bueno, si ya sabes quién soy, ¿verdad? No necesito decirte quién soy… ¿Quieres decir algo de una vez?
Ella guarda la compostura. Sonríe. Solo eso. Y me taladra con su mirada. Tiene un aura idiosincrásica y es silenciosa. ¿Qué otra cosa puedo pensar?
—No hace falta que le diga nada. Ahora soy Isis -dice

MARÍA BRUNO

Me despierto, estoy sola, me inunda el miedo y después el odio. Con sobervia y omnipotencia pienso: donde se metieron estos malditos? me trepo y salto los barandales de la camita, llevo mi almohadita vieja entre los brazos; agito la puerta de un golpe y ellos se despiertan.
-Hola bebe! Luchita, miamor, veni con mamá…

No voy a moverme, voy a quedarme congelada para demostrarles mi odio.

-Hola gordita, veni con papi para que te haga unos mimos.

Me doy vuelta, para no tener que mirarlos.
Cuento uno, dos, tres. Respiro profundo…. el odio se disipa…
Ahora volteo con una sonrisa y corro a la cama con mis personas preferidas en el mundo.

A mi la maldad me persigue desde mis primeros recuerdos en este mundo. Es lo que como convención decidí llamar “el otro yo”, que esta adentro mio pero no es humano sino dragón. Y no es que diga que es un dragón porque suene místico, sino por la forma en la que se presenta: quemándome por dentro empiezo a escupir fuego y su cola con pinches me golpea las costillas y duele, duele mucho pero no mata porque el dragón, -que parece estar conectado directamente con mi cuerpo material- tiene una fuerza extraordinaria que, atención acá, solo puede ser usada con violencia.

Mi alma viene de una guerra, mi ojos pasados han visto mucha sangre, y mi cuerpo que ardió en la hoguera de los enemigos, se convirtió en dragón sediento de venganza.


JEZABEL MONTENEGRO

Acetona.

Llevaba un rato en el local cuando apareció Tolo, que debía secuenciar la mesa de luz y sonido. Me saludó con su habitual pesadumbre gótica, adelantó ambas manos y, separando los dedos con dramatismo, me mostró las uñas, pintadas con los colores más terribles que puedan encontrarse en el mercado chino.
Tolo es discreto y tímido hasta la enfermedad, así que aquella salida de tiesto debía responder a una razón muy poderosa y bonita; yo sabía cual era y solté algunas risitas maliciosas.

-No seas cabrona, necesito quitarme esto, antes de que aparezcan los demás.

“No seas cabrona”. Parece mentira, Tolo, después de tantos años. Pude optar por una mentira piadosa y decirle que apenas se notaba, que nadie iba a darse cuenta, o ir al vestuario, coger el quitaesmalte y ayudarle a quitarse esa mierda.

-Acetona. Es lo único que funcionará. tienes que hacer pis sobre tus uñas y el esmalte desaparece. Tú mismo, quédate con esa payasada hasta el día del juicio final. Me has preguntado, te he contestado. Si tuviese que mearte yo, pero ¿qué asco puede darte tu propio pis? No me gustan ese tipo de bromas, tengo un límite. Luego te lavas las manos y solucionado, solo lo sabremos tú y yo.

-Pues me estoy meando como un mono.

-Aprovecha, confía en mí, coño.

Escuché el chorrito y caí fulminada al suelo por la risa. Cuando salió del baño, enfurecido y secándose las manos en la sudadera de Def Con Dos, yo lloraba, me agarraba las costillas y apenas podía respirar. Pensé por un momento que iba a pegarme. Hubiese dado igual.
Aquel ensayo fue un desastre, porque una se moría de risa cada dos por tres y otro no daba pie con bolo, con las manos encogidas y metidas en las mangas. Pasaron semanas hasta que volvió a hablarme.


MARÍA RUBIO OCHOA

EL DIABLO LLAMA A TU PUERTA Quien es? Soy yo. Que vienes a buscar? A ti . Ya te he dicho más veces que no voy a ir contigo ,Marchante de aquí y procura no volver ,No quiero ir a ese sitio que dices que se está de fábula…..Déjame en paz , cuando tenga que partir yo sabré con quien quiero ir………Piensa en todo el mal que haces : Sabes que una persona mata a un bebé ,otra dispara a una multitud, Un vecino se venga de otro envenenando a sus animales en fin……tantas cosas que tú haces que sean horribles ……..Quiero que te vayas del planeta , venga vuela ya……….


ALEJANDRO CAMACHO

XIX”

Los tres diablos están ahí, él puede verlos: el primero intenta inhalar los restos de armonía que transitan en sus impuntuales sueños. El segundo busca ingresar a su espíritu roto para dejar en evidencia posibles vacíos existenciales. El último pone un rostro amarillo en su memoria, un rostro que huele a días muertos; dos ojos imposibles de besar ahora.
Él, debe acompañar a uno de ellos, caer en la hoguera inevitable de la noche y, apelando a su nostalgia, elige la tercera opción, pues sabe perfectamente que los anchos cielos del pasado serán los insoportables infiernos del futuro.


ROBERTO MORENO CALVO

VOY A SALIR.

Del lado oscuro quiero salir.

Ya no haré caso a tu dulce voz diciéndome que hacer. 
Entre susurros maléficos y opiniones diabólicas, te elegí a ti.
Basta de iluminar mi destino con cerillas de cal. Luces que no dan sombra y sombras que me abrazan sin dejarme escapar.

Del lado oscuro quiero salir.

Si un día probé su sangre hoy quiero sanar la herida del azar.
No digas nada. No quiero escuchar.
Muestrame los lastres con lo que he de cargar, pues si esa es tu arma ya sabré contra que luchar.

Del lado oscuro quiero salir.

¿Estás ahí? Déjame verte por una vez. Juguemos cara a cara. Muestrame tu imagen roida por el rencor. Quiero ver esas manos sentenciosas del mal. Saber si de verdad te envuelve el fuego que me abriga en los momentos de venganza.

Del lado oscuro quiero salir.

Voy a encender la luz que te hará desaparecer. Seguir el camino que quiero, alejándome de los zarzales de sentimientos a los que me arrojaste un día y dejar que el sol acaricie mis actos.

Del lado oscuro voy a salir.


PEPINO MARINO ERRANTE

Acercaos… acercaos, pequeñas criaturas infames de moral pérfida.

Acercaos y escuchad con atención la historia que ha de tiempo ocurrió y aquí os traigo.

Corría un año próximo al final del Siglo XX, ó quizás era el inicio del XXI. Tiempos en que astros y elementos cósmicos cambiaban sus costumbres a sabiendas de las transformaciones físicas inevitables de cualquier existencia.

Un niño, por aquel entonces no más que un mocoso de instituto, merodeaba la vida sin rumbo fijo, cual cucaracha roja americana, nacida en primavera tardía y emergente plena en estío. Nuestro protagonista se llamaba Cristóbal, pero era disminuido a Cristo, por su tamaño y por ser una apestosa réplica nominal paterna. Cristo era un enjuto enclenque con la cara llena de acné, que volvía cada noche del instituto a casa de sus padres, repetidor de curso fracasado, relegado al turno de los despojos para no molestar a sus compañeros diurnos que aprobaban al compás de la ley vigente educativa.

He aquí que nuestro asqueroso adolescente, solapaba su llegada al domicilio con la ducha ritual de su hermana pequeña, tan aplicada y buena estudiante como antagónica en carácter y determinación a él. El único cuarto de baño donde Cristo necesitaba miccionar urgentemente, se encontraba empañado en espejos e invisible al ojo humano, lleno de vapor de agua que asfixiaba la misma tráquea de un pez, sin apenas oxígeno aéreo para respirar.

-¡Oye, que me estoy duchando!
-Ya, pero es que yo me estoy meando.
-¡Pues mea rápido y cierra la puerta que entra el frío!

Aquella voz imperativa que siempre, día tras día, increpaba tras la cortina de la bañera con un tono desafiante y osado… ¿Quién coño se cree que es? ¿Eh? ¿Eh? ¿Quién?

Pero, un momento: si abriera la cortina y le meara en una pierna… ¿notaría la diferencia de temperatura con el agua o su piel está mutada genéticamente para poder nadar en un cráter con lava? Vamos a probar…

Cristo separó la cortina con el mismo acecho que un lince ibérico antes de cazar. Acercó su cuerpo hacia la pequeña apertura, y comenzó a orinar. Primero en la loza de la bañera. Después en la caída del agua sobre la pared. Por último, en la pierna de su hermana.

Joder, aquello era fantástico -pensó-. La muy capulla no se está dando ni cuenta. Mira, mira cómo se cree que es agua calentita… ajajajaja. ¡AAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!

-¡Hijo de putaaaaaaaaaa! ¡Mamáááááá! ¡Me está meando encimaaaaaaa! ¡Mamááááá!

No fue una excesiva reprimenda, puesto que Cristo y sus habituales quehaceres resultaban más que abominables. Pero aquí no acaba la historia, amigos. No. Esto no es más que el comienzo de una mente retorcida, que continuó elaborando pensamientos sobre cómo mejorar su estrategia, para repetirla sucesivamente al llegar a casa cada noche.

Pero ésta es otra historia, otro capítulo, que al igual que los que contaba Sherezade cada noche al rey Castor, habrá de esperar a ser contada con otra luz crepuscular próximamente…


LA XICUELA DE CORRIOL

#ch el diablo llama a mi puerta.

Se nota un nuevo ambiente. En la ciudad que nunca duerme, hay callejones sin salida, sólo escaleras de emergencia como las de los bomberos, suciedad, malos olores, contenedores a rebosar, y cientos de apartamentos de idéntica estructura, salón comedor-cocina, baño y dormitorio. Simple, esencial, y lo más importante, barato.
Pero sí, hace unos días que se nota nuevo ambiente, una bollería artesanal abierta 24 horas. Increíble pero cierto. Al principio nadie pareció darse cuenta ni de que existía. Aquí hay licencia hoy pero mañana no, para cualquier cosa, y según el barrio aún es peor.
Por éso pasó desapercibida durante unas semanas hasta que aparte de trabajadores normales y corrientes, empezaran a verse trajeados y más bien ejecutivos que no los fieles obreros. Érika, con un buen trato y bollería de la buena, se los tenía ganados a todos. ¿La bollería llama a mi puerta, quizás? No, son los kilos.