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Alegorías

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir sobre personajes alegóricos. Estos son los relatos recibidos. Puedes votar por tu favorito en comentarios antes del próximo jueves día 21 (solo un voto por persona).

*Los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

LUISA VÁZQUEZ

Me dejo llevar. Alegoría la justicia.
Y un día la justicia se hizo carne. Decidió que no podía seguir viviendo con los ojos vendados, sin saber del uso que se hacía de las leyes que los hombres habían dictado en su nombre.
Se decidió por el recipiente más atractivo que encontró. Pensó, “como la burocracia judicial está dominada por el género masculino, esta apariencia me abrirá todas las puertas”.
No se equivocaba, los jueces se rindieron a sus pies y le permitieron ser obserbadora de juicios y procedimientos a placer.
Durante meses fue testigo de la interpretación que, los seres humanos, daban al concepto de imparcialidad. Ellos, que la habían representado con los ojos vendados como el ejemplo perfecto de ese concepto. Vio como las leyes promulgadas eran tan elásticas, que cualquier decisión de sus servidores era válida por muy arbitraria que pareciera.
Se castigaba a las víctimas y se absolvía a los delincuentes. Las condenas que eran justas para unos, libraban del castigo a otros. Los privilegios, la inmunidad, derivados del poder y el dinero, campaban a sus anchas por los juzgados.
Los inocentes, los débiles, eran abandonados a su suerte mientras la vida del poderoso se blindada como el bien más preciado.
Las mujeres eran agredidas, asesinadas, utilizadas… pero se las condenaba al escarnio público como culpables de sus desgracias.
Se ignoraba a los políticos que esquilmaban el erario público, el dinero de todos, en su propio beneficio y se castigaba al pobre que no podía hacer frente a los impuestos abusivos, promulgados para que, quien los administraba, se hiciera rico.
Los asesinos recibían penas irrisorias y ventajas carcelarias por un mal entendido concepto de reinserción.
Pasados tres meses, la justicia estaba asqueada de lo que estaba viendo. Decidió que los hombres habían inventado un personaje para representarla, que no tenía nada que ver con ella. Si querían seguir representando aquella oda a la arbitrariedad y el interés personal, que no contarán con su beneplácito.
Y tal como llegó, se fue. Pero, una mañana, los hombres descubrieron que sus bonitas estatuas de diosa griega con venda en los ojos y balanza en la mano, habían sido sustituidas por una especie de hiena, con una sonrisa sibilina en la boca y actitud rastrera, mientras protegía bolsas con monedas.


FELIPE IGNACIO

Alegoría – María Dolores y su Lamento

María Dolores Delpiano, violinista de querubín. Hija única de virtuosa pianista y de excepcional guitarrista, la música estuvo siempre en su vida. Desde sus primeros pasos, desde su gestación, incluso desde su concepción. Aquella constelada noche en que los versos de “Bésame mucho”, entre dedos marcando un pianissimo por las espaldas y movimientos que in crescendo explotaban en extasiante forte, presenciaron la consumación del romance. La herencia musical de Dolores era poderosa, más aún con el talento que a través de los años desarrolló en el arte del violín.
La joven embellecía los salones con su prolija técnica, su perfecta afinación y su agudísima sensibilidad. Además del deleite acústico, su arco brindaba un poético espectáculo. Su mano derecha tomaba vida propia cuando el crin se posaba, sereno, sobre las cuerdas, dispuesta a agitar los corazones presentes. Al llegar sus espectáculos al silencio final, era común que alguien se le acercara, con ojos vidriosos y voz entrecortada, agradecido por redimirlo de un llanto cautivo.
La sinfonía de emociones que Dolores y su violín regalaban hacía un marcadísimo contraste con su interior, lúgubre desde que un accidente se llevó a sus padres allá donde Gardel, Piazzolla y Beethoven descansan. Las tardes en que el aire ansiaba los sonidos con que la familia Delpiano lo bendecía, desaparecieron; así como también, la sonrisa de Dolores. Desgarrada fue su alegría de tocar, nada más le quedaba el alivio de cantar su dolor, de llorar a través de las lágrimas de su público. Tanta era la congoja que compartía con su violín, que decidió llamarlo “Lamento”.
A 10 años del luctuoso suceso, Dolores y Lamento ya sólo lograban conectarse con escalas menores, con lacrimosas pasiones. El tango y algunas lastimeras composiciones acompañaban sus días. Su sonido se había vuelto quejumbroso, inclusive en alegres pasajes. Su canto era el de una hermosa ave malherida.
Una noche por las aceras después de un concierto, melancólica y distraída como de costumbre, un raudo rufián le arrancó su violín. Dolores corrió lo más rápido que sus tacones le permitían, gritando una y otra vez “¡ayuda, mi violín!”. Lamentablemente, el ladrón como una bala se escabulló entre unos matorrales y Dolores lo perdió de vista. Presintiendo un desmayo, se sentó en el piso. No atinó a seguir gritando, no atinó a llorar, no atinó a maldecir. Quedó en silencio, cayendo por el oscuro agujero de su alma, otra vez, desgarrada.
Estuvo veinte días ligada a una amarga y lejana nota; hasta que una noche, borracha en un bar, se le ocurrió como recuperar su amado Lamento: preguntar en las tiendas de instrumentos usados si sabían de él. Así que después de vomitar (casi, casi llegando al baño), pagó y partió a su casa a descansar.
Al día siguiente despertó con inusitado entusiasmo, decidida a dejar los pies en la calle.
Comenzó su travesía en la tienda: “Tango e instrumentos nuevos y usados”. Amparada en su amor por el género, entró confiada. La atendió un caballero vestido de traje y corbata negros; camisa blanca; y un sombrero gris, como su cabello.
-Hola – dijo Dolores – busco un violín… cómo describirlo… triste como la muerte y profundo como el mar.
Mirando al horizonte, el caballero respondió como recitando un nostálgico poema:
-Todos los violines son tristes como la muerte y profundos como el mar.
-Responde al nombre de Lamento – replicó Dolores con melancólica sonrisa.
-Lamento canta el tango con voz quebrada, Lamento tiene pena de bandoneón.
-Sí, sí, linda canción. Me lo robaron veinte días atrás. ¿No lo habrá visto?
-Es que las calles de Buenos Aires tienen ese, no se qué… ese, que se sho…
-Pero señor… estamos en Valparaíso.
-Y… bueno.
-Hace veinte días me lo robaron. ¿Lo ha visto o no?
-Veinte años…
-¡Veinte días que ya no está conmigo! – interrumpió -. Al parecer no me puede ayudar. Gracias – dijo retirándose con irónica mueca.
-La vida es un tango… es un tango la vida – recitó el hombre.
Un tanto abatida, decidió acudir a la tienda de instrumentos de orquesta, intuía que ahí podría, a lo menos, comunicarse.
Una vez en la tienda, se acercó a un caballero de refinada actitud. El hombre hacía, al compás de Mozart, un cadencioso vaivén con su mano derecha.
-Hola, disculpe que lo interrumpa. Busco un violín triste como la muerte y profundo como el mar. ¿Lo ha visto?
Aquietó su mano derecha y la miró con sofisticado desprecio..
-Disculpa aceptada, señorita. Le tendré que pedir que me describa el violín que usted busca.
-Es de arce flameado, ébano en las clavijas y cuerdas Oliv, Pirastro. Podría estar en las compras de los últimos veinte días.
-Excúseme un momento, por favor – dijo dando distinguidos pasos hacía lo que parecía una bodega.
Dolores esperó siendo contemplada por Vivaldi, Bach, Beethoven y Mozart.
-Estimada dama, he aquí lo que he encontrado.
Dejó en el mesón unos diez violines muy similares al suyo, pero ninguno le transmitió lo que Lamento. De todas formas revisó si es que encontraba ese rayón en la parte trasera. Para su sorpresa, lo encontró en uno. Pidió al caballero un arco y que detuviera la música. Obsequió las primeras notas del Invierno de Vivaldi, sólo eso le bastó para darse cuenta: no era su Lamento.
-No, no es – dijo cabizbaja.
-Siento su situación, señorita – dijo mientras volvía a encender la música.
-Gracias de todos modos. Adiós.
-Adiós – respondió volviendo a su cadencioso vaivén.
Con una mezcla de esperanza y derrota se dirigió a una tienda New Age.
Una etérea música y una bruma de incienso impregnaban el lugar.
-Aló… aló…
Se adentró un tanto más.
-Aló…
Al parecer no había nadie. Cuando emprendía retirada, vio un mesón y sobre éste, una nota: “Tú sólo consulta, el universo te lo concederá”.
Se rió.
-Lo que faltaba, una nota que me atienda…
Pegó un portazo y partió de vuelta a casa, sentía que ya era suficiente por hoy.
Sin embargo, a unos minutos de casa se detuvo frente a una antigua lutería: “Consuelo Madrigal. Lutier”. No compraban instrumentos usados, pero, quien sabe.
-Hola – saludó Dolores.
-Hola ¿En qué puedo ayudarla? – respondió una anciana tras el mostrador.
-Busco un violín que me robaron hace veinte días. Es un violín triste como la muerte y profundo como el mar.
Con acogedora expresión, respondió:
-Lamento lo que pasó, debe haber sido muy doloroso.
-Así mismo se llama… Lamento.
Esta vez, al verse evocando su nombre, la invadió el desconsuelo. Lloró un mar, contenido desde la partida de sus padres. La anciana bordeó el mesón y, sin tapujos, la abrazó como a una hija.
Por minutos no cruzaron palabra, sólo el llanto y las caricias. Una vez que Dolores dejó de sollozar, la anciana preguntó con cariño:
-¿Cuál es tu nombre?
-Dolores ¿y el suyo?
-Consuelo es mi nombre – respondió -. Dolores, nadie ha venido con un violín los últimos veinte días, pero tengo algo que creo te puede ayudar.
Se agachó a buscar algo debajo del mesón y emergió con un violín.
-Este fue mi compañero por años – dijo emocionada – hasta que me lesioné la muñeca y bueno, ya no pude tocar más. Su nombre es Alma, lo hice yo misma, pruébalo por favor.
Dolores tomó a Alma como quien recibe un delicado tesoro. Lo contempló en tanto Consuelo le tensaba un arco. Posó a Alma en su hombro izquierdo, sintió su peso, posó (como tantas veces) el arco en las cuerdas y dejó a sus manos hablar.
La conexión fue inmediata, amor a primera nota. Frotando el arco se emocionó como no lo hacía desde aquellas tardes con sus padres.
Una vez que salió de su trance, quedó perpleja mirando el violín.
-Te lo puedes quedar – dijo, apacible, Consuelo.
-¿Qué? ¿Cómo? ¡¿Quedármelo?! No, no podría. Es suyo.
La anciana la miró con ternura.
-¡Se lo compro! ¡Eso!
La anciana sonrió.
-Creo que no podría cambiar mi Alma por dinero, sabía que algún día un corazón atormentado vendría y encontraría consuelo en él… tantas veces lo encontré yo.
Dolores volvió a contemplar a Alma.
-Sólo tengo una condición – prosiguió la señora -. Desde que mi hija murió y me lesioné la muñeca, mis días son algo solitarios. Te agradecería si de cuando en cuando vinieras a darte una vuelta, a compartir un té, alguna melodía.
Su mirada honesta llegaba al corazón de Dolores.
-Por, por supuesto, claro. La verdad no esperaba… no sabe lo agradecida que estoy, por compartirme su Alma.
Dolores volvió a casa con su nuevo compañero. Sorprendida de haber encontrado en Consuelo, su Alma.


GABRIELA MOTTA

Tema alegorías: Amor

Era un día regular, Soledad salía del trabajo como de costumbre cuando un anciano que iba caminando por la calle sin rumbo arrebató su atención, giraba y giraba como si bailara una melodía sin fin, luego se reponía, observaba muy lejos dejando translucir en su mirada una estela de ternura indescriptible. Soledad que no tenía prisa de llegar a destino ya que honraba honrosamente su nombre se dejó atraer deteniéndose a observarlo. Se quedó mucho tiempo siguiéndolo con la mirada y analizándolo sentada tranquilamente en el banco de una plaza. El anciano no era un indigente su forma de vestir lo dejaba claro, tampoco un hombre sin educación su actitud cortes lo demostraba, ¿qué le sucedía a ese hombre? Sintió que tal vez podía estar necesitando ayuda y se quedó ahí para averiguarlo. Él en cambio seguía bailando su propia melodía, desconectado por completo de su entorno. Después de un tiempo de estar girando absorto en su realidad noto como aquellos ojos no se despegaban de él, Soledad se sintió avergonzada porque no pretendía ser descubierta por el extraño hombre, miró hacia otro lado, pero fue inútil aquel anciano comenzó a caminar hacia su dirección. Pensó en levantarse y escabullirse, pero ya era tarde ahí lo tenía parado enfrente con la mirada más dulce que haya visto jamás.
– Señora noté que me observaba – le dijo –
– Si, no pude evitarlo, me causó curiosidad su manera de girar en círculos. ¿Está usted bien?
– ¿Por qué no habría de estarlo?
– No lo sé, me pareció muy singular su forma de expresarse, y ni hablemos de esa mirada perdida hacia la nada. ¿Es un poco extraña su actitud a usted no le parece?
– ¿Extraña? En realidad, creo que la confundida aquí es usted señora, no se deje engañar por las apariencias, permítase sorprender, escuche la melodía que sale de su corazón ¿qué le dice? Reflexiónelo; en cuanto a su comentario le puedo decir que yo no soy extraño, soy más corriente de lo que usted cree. Entiendo que a veces llego como un huracán y siempre danzo al son de mis propios acordes, pero ¿es esto un delito? en cuanto a lo de mi mirada no sabría que decirle pues es lo más natural y sincero que tengo. No puedo evitar cautivar a muchos cuando paso y mucho menos dejar de contagiar a otros con mí danzar. Pero déjeme decirle algo, también despierto odio, aunque no estoy para nada orgulloso de esto.
– Señor, yo solo me quedé observándolo porque pensé que tal vez podía necesitar algún tipo de ayuda, créame no existe otra razón.
– Es usted muy amable, pero permítame decirle una cosa, la razón por la que usted permaneció observándome no es esa, usted ha sido víctima de mí son, fue cautivada, aunque aún no pueda reconocerlo.
– ¿Quién es usted señor? ¡Sepa que me confunde!
– Yo soy una definición ambigua de una idea sencilla que los hombres la tornaron compleja. Yo soy la sencillez del baile y lo engorroso de la coreografía. Yo soy la armonía que trae la brisa y el caos que deja el huracán en su paso. Yo soy la belleza de la rosa y el dolor que causa la espina. Soy el puro blanco de la nieve y el desenfrenado frío que quema las manos, yo soy lo más enmarañado y lo más asequible. Si aun así la sigo confundiendo, le voy a pedir que contemple esa mariposa, es bella ¿verdad? Pero para llegar a convertirse en lo que es hoy tuvo que ser una oruga. Tuvo que saberse pequeña para descubrir la inmensidad que habita en su interior, permitirse morir para renacer victoriosa en esa hermosa mariposa y usted la ve así tan bella, tan llena de vida que olvida el proceso que le acabo de describir y que fue fundamental para que ella pueda estar aquí entre nosotros, bueno yo soy esa fuerza transformadora. Ahora hágame el favor de cerrar sus ojos por favor y experimente la suavidad de la brisa del verano en su rostro, experimente el aroma de las flores que le rodean, experimente la experiencia de estar viva, sienta, emociónese, déjese transportar por la sencillez de este segundo que acaba de desvanecerse en el vuelo infinito de esa mariposa. Ahora dígame ¿qué experimentó?
– AMOR
– Pues ese soy yo.

Cuando despertó no entendía cómo había podido quedarse dormida en la plaza pública, el señor ya no estaba, había desaparecido al igual que la mariposa. Nunca supo si fue real o producto de su fantasía, podría jurar que se había sentado allí sólo para observar al anciano, pero ahora todo era confuso, lo único real fue el amor que experimentó en la sencillez de aquella tarde de verano sentada en una plaza corriente dejándose sorprender por la vida y la fuerza de aquel sentimiento tan noble.


ROCÍO ROMERO GARCÍA

Alegoría al amor.

NAYA.

Ella era un desastre. Vivía en el más puro caos. En un barriada pobre, triste, oscura donde las sombras reinaban de noche y tapaban la claridad del día. Su apartamento estaba en un edificio que poco a poco, se iba cayendo. Todos los edificios estaban pintados de color chillón para no espantar a las personas que pasaban por allí de casualidad, aunque la pintura ya estaba desapareciendo, dejando ver pequeños trozos de pared y ladrillos malgastados. El apartamento era sucio, lúgubre. Apenas entraba luz por la ventana, el sofá estaba destrozado, el colchón donde dormía algo roñoso y ya no hablemos del baño y la cocina. Muchos os preguntaréis como una persona puede llegar a vivir así, la respuesta se resume en tomar malas decisiones. Ella tomaba la libertad por su mano, pedía más tiempo al tiempo, vacilaba a la vida y tonteaba con la muerte. Sus amistades nunca fueron buenas, pues de encontraban siempre entre polvos de hadas blancos, viviendo en el País de las Maravillas o viajando al País de Nunca Jamás. Y ella no lo negaba. También había vivido allí, había viajado allí y había volado con esos polvos mágicos e incluso, cuando necesitaba más, hacía lo posible por conseguirlo. Ella siempre se justificaba diciendo que seguía a los demás, siempre se hacía creer que era alguien de poco provecho y sin personalidad, pero en realidad, era muy consciente de lo que hacía. Sabía por qué lo hacía. A ella nunca le gustó la realidad, siempre le pareció cruel. Nunca entendía el dolor innecesario provocado, el poco tacto y el poco amor que había en el mundo. Así que se dedicaba a escapar, siempre de la misma forma, la menos correcta. Era adicta a la locura, hija de la tristeza, aunque era incapaz de aguantar la pena. Y aunque disfrutase distorsionando la realidad, consiguió salir de aquel mundo de fantasía. Le quemaba, por dentro y por fuera, no poder volver a donde una vez fue feliz. Tenía miedo del miedo, temía a las sombras y a las voces que escuchaba de noche. Pero el tiempo pasaba, y para su suerte, todo desaparecía hasta quedarse en nada. Ella se sentaba en aquel horrible sofá y encendía la televisión. Aunque la pantalla estaba algo rota y la antena doblada, podía ver la desolación en la que el mundo se encontraba sumergida. Un día se cansó y se prometió cambiar el mundo. Dar amor dónde menos había, brindar algo de luz en los rincones más oscuros… Dar a los demás las oportunidades que ella nunca tuvo. Pero, por mucho que ella misma se prometiera cambiar las cosas, no podía hacerlo. No se veía capaz. Era destructiva, una granada que explotaba allí por donde pasaba. No había recibido cariño, no sabía lo que era el amor de verdad, lo que era recibir y dar algo sin esperar nada a cambio. No conocía la felicidad, solo mundos de fantasía que duraban cinco minutos. Tenía miedo de salir ahí fuera, a la cruda realidad, y enfrentarse a sus mayores miedos. Una noche, empezó a notar algo raro en la espalda. Notaba algo dentro de ella. De repente, roza con sus dedos un pequeño orificio. Nota algo duro y alargado en la entrada de éste. Decide tirar y tirar y cuando menos se dio cuenta, tenía una pluma en sus manos. Una pluma ensangrentada. Estuvo así toda la noche hasta sacar una gran cantidad. Al día siguiente, tenía alas. No sabía muy bien que había pasado, porque tenía aquello pero lo tomó como una señal. Ella sentía que con esas alas podía volar y ahuyentar todos sus temores. Se aventuró y salió a la calle, nadie la miraba mal. Al parecer, no eran capaces de ver sus alas. Mientras paseaba por esa barriada, veía la más completa guerra. La destrucción, el abandono. Ella quería cambiar el mundo, realmente quería transformarlo en un lugar mejor. Decidió tallar unas flechas de madera y un arco que consiguió de unas tablas que estaban abandonadas en el basurero. Salió de noche y empezó a esconderse en todos los rincones que encontraba, siguiendo a la gente mas desolada y necesitada. A cada una de ellas, le lanzaba una flecha que al clavársela, desaparecía. Con ella, esa persona conseguía la felicidad, sentirse amado y sobretodo, sentir amor por sí mismo. Pero no solo ayudó a las personas más necesitadas, sino a aquellas que necesitaban un empujón para empezar a amar, para quitarse el miedo de encima. Disparó una flecha a un chico que iba acompañada de una chica, ambos mirando al suelo, avergonzados y nerviosos por la primera cita. Éste agarró de la muñeca a la chica, le acercó a él y la besó. Disparó otra flecha a una chica que iba acompañada de otra, parecían bastante sueltas y desvergonzadas. La chica se puso delante de la otra chica y caminó hasta apoyarla en la pared y besarla. También, disparó otra flecha a una pareja de chicos, que acabaron fundiéndose en otro hermoso beso. Se recorrió toda la ciudad, acompañada de la luz de las farolas que se iban apagando poco a poco. Cuando amaneció, había cumplido el objetivo de dar el amor y la felicidad que ella quería dar, pero había un problema: le sobraba una flecha. Había cambiado el mundo en una sola noche, repartido el amor en el estado más puro con el poder de sus alas, que le permitían volar y con la dedicación que había tenido entregando el amor inexistente que ella tenía. No necesitaba poderes, el hecho de querer cambiarlo todo era suficiente para conseguirlo. Así que respiró hondo y se clavó la flecha en el cuello. Quería ser amada, quería sentir la felicidad que había repartido la noche anterior, quería sentir el tacto de otra persona no por necesidad, sino por cariño. Y sobretodo, quería amarse a sí misma. Dejar de martirizarse, dejar de pensar que no vale para nada, que es un desastre. Necesitaba que alguien la mirase y sintiese escalofríos, quería que el amor le doliese y le quemara. Quería sentir lo que sentía en su mundo de fantasía, con sus polvos de hadas, quería vivirlo en lo más dentro de su ser… Pero quería que eso fuese real. Quería ser alguien en la vida de alguien. La sangre empezó a correr por su cuello mientras caía y yacía en el suelo, esperando que alguien la rescatase. Ella era la cupido del S.XXI. Ella era la que dio lo que no tenía, la que luchó por ver un cambio en el mundo. Ella era frágil, difícil de entender. Era la guerra y la paz. Ella era tantas cosas… Era alguien inexplicable. Ella era Naya.


EMILIANO HEREDIA JURADO

VENTE CONMIGO.

Los chopos que me rodean, quieren alzar el vuelo con sus miles de alitas plateadas que, en su ingente esfuerzo, tililan moribundas y, caen al suelo donde, el viento, las barre.
Sentado en èste banco donde tanta gente lo ha echo antes que yó y han ocurrido historias antes que la mía, miro a ambos lados y…nó sè donde está el principio…ni donde el final.
Es tánto el vacío que me llena, que el peso que oprime mi corazón me hace etèreo.
Abstraído por escribir en el suelo atoñado con una ramita mis pensamientos, nó he advertido la presencia de un minúsculo punto color verde en la lejanía, que poco a poco, se iba acercando donde estoy varado en este bancal de soledad.
Unos zapatos marrones, de tacón bajo, son la antorcha que eleva el globo aerostático de mis ojos, para volar hasta lo más alto de una mujer que en frente de mí, se ha detenido.
Pálida como corteza de abedul, espigada como junco rivereño.
Lleva un elegante abrigo de paño verde, de tres cuartos, fronterizo con unas rodillas torneadas como cantos de río.
Unos grandes bolsillos donde ibernan sus manos.
El cuello subido, uniendo la cabeza con el resto del cuerpo, un elegante itsmo de seda marrón con un sencillo nudo.
Una melena obscura como leña de hoguera extinguida, por debajo de los hombros, brazea en un mar invisible.
La cara ovalada, como una modelo de Modigliani, con unas cejas que són dos trazos finos de carboncillo, una nariz romántica, desembocando a dos gotas de sangre bermellón.
Sus ojos. Verdes como ópalos, caidos de un almendro.
Profundos, casi transparentes,vaporosos como espuma de mar.
-¿me puedo sentar a tu lado?-me pregunta. Respondo con un gesto de hombros, indiferente-
Se sienta a mi lado y, un agradable aroma a hierbabuena me abraza.
-se está bien aquí, ¿verdad?-me pregunta.
-Sí.-respondo de mala gana, molesto por haber violado mi soledad-
-Hace frío
-más frío tengo dentro- respondo-, un frío que duele, que quema.
-vaya, nó quisiera molestar-me comenta-, sè cómo te sientes, te puedo ayudar…
-¿ayudar?, ¿que sabrás tú?-le digo con tono y gesto sarcástico-, soy como una de esas esferas de cristal, con un muñeco de nieve, en las que nieva si las pones boca abajo. Hago feliz a todo el mundo, y al final, soy como ese muñeco de nieve. Solitario, y sintiendo frío, mucho, frío.
Me dejan olvidado en cualquier rincón, y se acuerdan de mi existencia cuando necesitan ser felices.
-pero, es bueno hacer feliz…
-¿y a mí?-la interrumpo-
-anímate-me dice-, sè como te sientes, encontrarás a alguien…
-¿ótra vez con ese cuento?, ¿cómo puedes saber como me siento?
——————-
Es querer respirar sin tener aire, dormir sin tener sueños, tener sed y nó tener agua….

Los dos hemos repetido a la vez estas últimas palabras. Nos miramos en silencio.
Su mirada es como mirar al cielo debajo del mar.
-¿sabes cual es la peor de las heridas?-le pregunto-.
-nó-me responde, cogiendome las manos. Me gustan sus manos, blancas y delicadas como narcisos-
-la peor de las heridas, es aquella que, por más que quieres cerrar, alguien se empeña en mantenerla abierta.
-aleja de tu lado a esa persona-me dice, acariciandome la cara con las dos manos, apartando con los pulgares mis lágrimas-
– nó puedo, provocaría una herida terrible a terceras personas, por cerrar la mía-le contesto-
Se levanta, y me levanta.
-vènte conmigo, verás como todo se arregla-me dice sonriendo, dejando escapar un rayo de luna de entre sus labios-.
-sí. Gracias-la respondo con una medio sonrisa-. Por cierto, ¿cómo te llamas?.
-Esperanza.

Dos puntos ……y seguido, se distinguen a lo lejos de un camino que nó se sabe si es…..principio o final.


MÓNICA MEDL

Alegorías

“Odeim el Señor del Miedo”

Odeim es Amo y Señor en esta tierra, ha conquistado el mundo silenciosamente. Nadie siquiera se anima a decir que ha sido visitado por él. Su sola presencia paraliza, detiene el tiempo y espacio, los minutos los hace eternos, el aire a su paso se cristaliza.

Los humanos aun no han descubierto el efecto feroz de su acompañamiento y los que sí, no han sabido como librarse de él.

A quien visita, nunca abandona, es un experto buscando víctimas a las que somete durante toda su existencia.

Se aferra desde la infancia y se alimenta de su víctima en cada etapa de su miserable existencia. A cada paso, le quita la razón de vivir, su autoestima, la alegría, la paz y la armonía. Hace a su esclavo dudar, vacilar, desconfiar, perder la capacidad de actuar sin temor.

Día y noche está presente, es un fiel compañero. No soporta que lo ignoren, recorre sin cesar, espacios infinitos, buscando y revolviendo en su interior, en sus recuerdos, sus vivencias, cual parásito desenfrenado, alimentarse de su víctima.

Invade el descanso, detiene proyectos, destruye relaciones, desecha sueños.
Detiene a su víctima al punto de no Ser.

Todos al verlo cambian de estado y quienes son elegidos por él ya nunca serán los mismos.

Torbellino de emociones desata en sus hipnotizados sectarios, intensas sensaciones se despliegan sin freno, peligros del pasado y del futuro se juntan en un solo ser, poseído por Odeim.

Como un culto se someten a rituales obsesos en el que la culpa y el temor son los más fieles consejeros.

Si tan solo supieran pobres desahuciados que ellos son la razón de su existir.

Si tan solo descubrieran que Odeim no existiría si ellos no lo empoderaran.

Si tan solo decidieran pegar el salto y no detenerse ante él.

Sabrían que Odeim no es más que el miedO al que le damos entrada perdiendo el control de nuestras vidas, dejando que él, viva por nosotros.


Y fuera de concurso, la gran JEZABEL MONTENEGRO:

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Juegos III

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos juegos de palabras. Estos han sido los resultados:

*Las aportaciones son originales y no han pasado procesos de corrección.

 

SÁBADO: Completa la frase “En mi libro… hablo de…”

En mi libro “Pos siempre se ha hecho así y no ha pasado nada” hablo sobre la adaptación a los nuevos tiempos. CIRCONIO JAVIER MUNIR

En mi libro “Me importa una mierda que te mueras de cáncer” hablo de la importancia de la empatía. ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

En mi libro sobre las recetas de cocina hablo de cómo comerse un mejillón en su salsa. MARÍA LÓPEZ

En mi libro me encontré con el “Yo de mi infacia”…… MARÍA RUBIO OCHOA

“La viuda negra”. Trata del amor y las relaciones de pareja. AURORA MORGADO

En mi enciclopedia “Una vida de abundancia” te muestro las claves de la prosperidad según el nuevo paradigma cuántico. 12 volúmenes en una completa colección ahora a tu alcance. 1200€ más gastos de envío. JUSTO FERNÁNDEZ

En mi libro ” cómo parecerer lo que no eres, para dar envidia a tus vecinos” te ayudo a alcanzar tus metas y cumplir tus sueños, independientemente de cuales sean tus virtudes. P.d. ah con mucho amor y de forma respetuosa. TOMÁS MESA

En mi libro, YO NO ME LLAMO JAVIER, hablo sobre cómo ser claro y honesto cuando conoces a una chica, bueno, el día después. MARÍA LÓPEZ

En mi libro ‘Me cago en todo’ describo los siete pasos a seguir para amarte. ABRUJANDRA ALVARADO

En mi nuevo libro “Cómo descuartizar un cadáver sin dejar rastro”, descubrirás el método definitivo para limar asperezas y mejorar relaciones con la familia política. Y todo ello sin llegar a mancharse de sangre, corre a tu librería de confianza! NANE NONINÁ

Soy una persona totalmente independiente que jamás duda cuando tiene que ser borde para poner a la gente en su sitio y no dejarse pisotear por los demás. Esto queda reflejado en mi último libro de autoayuda titulado “Sonríe siempre, sé complaciente y sumis@, y nunca te faltarán amigos” SANDRA SOL

En mi libro “La cosmética prometida” hablo de los rumores en la política extranjera y la capacidad empática de los ideales saturnianos LA XICUELA DE CORRIOL

En mi nuevo libro “Estrellitas de mar”, hablo del reseco que dejan diez kilos de pipas con sal. JEZABEL MONTENEGRO

En mi libro ” Tú puedes ver las estrellas” , te hablo de lo que puede pasarte si me vuelves a tocar las pelotas. MARÍA LÓPEZ

En mi libro “Él siempre saludaba”, hablo de cómo convertirse en el perfecto asesino, a la par que educado vecino. JULIA HERNÁNDEZ

En mi libro; “Mi carro me lo robaron anoche cuando dormía. ¿Dónde estará mi carro, dónde estará mi carro? Donde quiera que esté mi carro es mío” Hablo sobre los tipos y subtipos de de alarmas de coches. ROSA RODJA

 

Y para rematar, este texto de LOLY BÁRCENA:

Llego tarde, lo se , últimamente los ” libros” de mi vida son muy absorbentes, a veces pienso que me quieren hasta el infinito y mas allá , pero son tantos “libro” empezamos que no me da la vida. Me desvió del tema, eso es el grado de dispersión de mis neuronas.Hoy, Vamos ayer, quería hablaros de mi libro “lucia” es un “libro” que empece , vale si empezamos, hace 14 años , si ayer era su fecha de inicio, era un “libro” que no pensaba escribir, vamos me dijeron que ya no volvería a escribir ninguno , aunque ya tenia empezado uno , quería dar mas al mundo, porque una sola como yo ya me parecía poco , creo que el mundo esta dispuesto a tener muchos “libro” que tengan algo del mio , ahora que me doy cuenta tampoco acabado, veis me desvió del tema.Este libro es especial, siiii como todos, pero este en concreto viene rodeado por tantos , no “es” , tantos imposibles, tantas negruras , tantos finales trágicos , que este”libro” se empeño en ser luz, en salir adelante y demostrar al mundo , que para ella como para mi no existe en nuestro vocabulario ” no puedes” .
Y se empezó a escribir, con versos torcidos, luego cada vez mas rectos , algunas faltas de ortografías, muchos desviaros, y de un peque infiniesimo , salio un gran libro , que sera lo que ella se reescriba , y sera escrito como ella desee que para eso ya tiene libertad de expresión , como para decirla que no .
Se que este no era el tema del sábado, y menos del domingo , pero me apetecía presentar a mi libro “lucia”.


JUEGO DEL DOMINGO: Falsa etimología

“Jugoso”: que invita a jugar con él/ello. Dícese de aquel o aquello con lo que se puede jugar. Todos deberíamos querer ser jugosos. JUSTO FERNÁNDEZ

“Estupendo”, de la conjunción de “estus” y “pendum”, dícese de aquello que pende, como los testículos NANE NONINÁ

“Trastornado”, dicese del rastro de destrucción que deja el tornado. TOMÁS MESA

“Encomendado”, que se esta alimentando de algo que le han regalado. TOMÁS MESA

“Sentimiento” mentir sobre lo que sientes. TOMÁS MESA

“enamoramiento” En Amor Miento. MÓNICA MEDL

Siracusa: localidad italiana donde los Sires ingleses pueden acusar impunemente. ABRUJANDRA ALVARADO

Pertrecho: perpetrado en el techo ABRUJANDRA ALVARADO

Cascarrabias: huevos de la subclasificación ‘malos sentimientos’ que se cascan para hacer revueltos con chorizo colorado. ABRUJANDRA ALVARADO

Polvorón. Polvo y ron. MARÍA LÓPEZ

Ninguino, dícese de cazador de pingüinos que fué al polo, y no cazó ninguno. ÁLVARO ANTÓN

Defenestrar: tirar por la *fenestra. *ventana. Usado comúnmente para expresar lo mucho que gastó en una fiesta. ABRUJANDRA ALVARADO

Discúlpeme caballero, no he podido evitar oírle, a pesar de haberlo intentado, créame.
A estas alturas de la vida ya no soy yo muy de juzgar en alto, si no más bien de empatizar y disculpar con medida o callar por no desmerecer silencios.
No he sido capaz esta vez, como habrá podido constatar. Me ha podido la peor de las excusas, la más sincera curiosidad, el no poder llegar a imaginar cual es la razón del ser, usted me perdone, tan sumamente gañán DAVID CRIS E MAIA

Si, es posible cambiar el jamon por otro de una calidad mas acorde a su entendimiento. TOMÁS MESA

No se preocupe,suficiente ya tiene con ser usted mismo…(Es de mis frases favoritas para insultar a alguien jaja) KAREN ROSADO


JUEGO DEL LUNES: El hombre es el único animal que…

El hombre es el único animal que que le molestan los pelos, los suyos o los ajenos, alguna vez en su vida en alguna ocasión. Los animales no se andan con tantas pamplinas. MARÍA JT

El hombre es el único animal que ama los ojos mientras miente con la boca. IRENE ÁLVAREZ

El hombre es el único animal capaz de matarse lentamente y de forma plenamente consciente, y luego lamentarse. NANE NONINÁ

El hombre es el único animal. Fin. JUSTO FERNÁNDEZ

El hombre es el único animal que ve la paja en el ojo ajeno y no ve el palo en el suyo MARÍA RUBIO OCHOA

El hombre es el único animal que mata por diversión (lo siento, tengo muy mal concepto del ser humano). ESTHER DE LA CRUZ

El hombre es el único animal capaz de hacer dos cosas a la vez . Ir al baño y jugar al candy crush por ejemplo.!! CHARO MEJÍA GARCÍA

El hombre es el único animal que come paella los jueves. EVA BLU

El hombre el el único animal al que le gusta el dinerillo. CARMEN LÓPEZ

El hombre es el único animal, vegetal y cosa. JEZABEL MONTENEGRO

El hombre es el único animal que reniega de su naturaleza animal. ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

El hombre es el único animal que habla mal de sus ex. MARÍA LÓPEZ

El hombre es el único animal que necesita papeles para sentir que posee algo y para deshacerse de lo mismo que luchó por poseer. MÓNICA MEDL

El hombre es el único animal que desperdicia su vida trabajando para juntar dinero y luego enferma de estrés y tiene que gastar el dinero para sanarse. GABRIELA MOTTA

El hombre es el único animal conscienten de que es un incosciente. TOMÁS MESA

El hombre es el único animal anormal. NANE NINONÁ

El hombre es único animal que pone voz de tonto y habla en diminutivos a los bebés. CARMEN LÓPEZ

El Hombre Es. El único animal capaz de hacer que deje de Ser, es él mismo. CHABI SÁNCHEZ

El hombre es el único animal que sin un otro no sobrevive hasta pasados muchos años de su vida, viene indefenso a este mundo y requiere de un otro para ser alimentado y ser introducido a lo social. MÓNICA MEDL

El hombre es el único animal que niega su pasado para volver a cometer los mismos errores en el futuro. GABRIELA MOTTA

El hombre es el único animal capaz de echarle piña a la pizza. NANE NINONÁ

El hombre es el único animal que se afeita. ESTHER DE LA CRUZ

El hombre es el único animal que mete gatitos en botellas de cristal sin espacio para moverse con el fin de venderlas. PEPINO MARINO ERRANTE

El hombre es el único animal con pretensiones de no serlo. DAVID CRIS E MAIA

El hombre es el único animal que puede llevar una conversación únicamente con monosílabos. LA XICUELA DE CORRIOL

El hombre es el unico animal con ego y con ello lo decimos “casi” todo, supongo q mañana hablaremos del ser humano ( osea, ser x un lado y humano x otro)
Pd. Para este tipo d reflexiones el utilizar el genero masculino no m chirria tanto, la la la BRUNO MALTÉS

Y las aportaciones de EMILIANO HEREDIA merecen un aparte:

EL HOMBRE ES EL ÚNICO ANIMAL QUE…

…Ama lo que le hace daño deseando que nó le haga más de lo que le está haciendo.
…Se ríe de la desgracia ajena deseando que nadie se ría de la suya propia.
…Acapara más de lo que necesita y coge más de lo que le ofrecen sin importarle que la otra persona se quede sin nada.
…Habla cuando hay que callar y calla cuando hay que hablar.
…Reza a un ser supremo en horas extremas. Un ser supremo que es como el salvavidas de un barco, todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie lo usa salvo una emergencia.
….Besa por besar, perpetra el acto sexual sin amor, abraza por abrazar.
….Que huye de sí, huye de sí mismo, obviando la realidad que le rodea.
…Mata con loco frenesí, despreciando la vida ajena, para salvar la suya.


JUEGO DEL MARTES: Ofensas creativas

Claro q sí guapi , tiene usted toda la razón , la loca soy yo y no usted q tooooodo lo sabe , es como el maestro liendre , de todo sabe y nada entiende .
Quizás debiera aprender un poco de comprensión lectora , no digo q sea una lerda , sólo que no entiende ni un texto escrito por un niño de primaria .
Si mejor vaya a hacer algo más productivo , por ejemplo podría coger un diccionario o un libro a ver si le sirve para abrir esa mente cuadriculada.
Venga hasta luego ….. SILVIA TRAMOYERES

Señora , si me permite cambiar el volumen de mi audifono para apagarlo así poder oírla sin dificultad.
Señora podría hablarme por el oído sordo, seguro que así me llegara mas nítido su mensaje.
Señora, unas pastillitas para la garganta? Veo que se esta resintiendo de ese maravilloso volumen de voz. LOLY BÁRCENA

No siempre el nivel educativo va de la mano con la educación. Conozco gente muy educada sin estudios y licenciados sin una pizca de educación. Así es que independientemente de cuál sea mi nivel educativo le aseguro que la educación que he recibido es exquisita propia de una señora y esa razón me impide contestar a su demanda en la forma que se merecería del mismo modo que al parecer su educación incluye bloquear y no escuchar a la persona con la que está manteniendo un diálogo que sin respuesta por mi parte se convierte en un monólogo falto de respeto y por tanto de esa educación de la que usted presume. Un saludo. FUEN CALDERÓN ROMEO

Señora, sé que no quiere que le responda, pero le deseo siempre lo mejor, a pesar de su educación. Gracias por todo. Adiós. CARLOS TABOADA

Estoy encantada con su invitación a la cena. Muchas gracias, pero prefiero cenar sola. CARMEN LÓPEZ

Para gotera lo que tu tienes en la cabeza chata, a ver si te la enfoscan pronto y no se te escapa ninguna neurona más. Aunque para lo que te sirven tampoco pasa nada si te quedas sin ellas. CHARO MEJÍA GARCÍA

Eres más tonta que Abundio que era aquel que vendió el burro para comprarle la cebada MARÍA RUBIO OCHOA

-Señora. La llamo señora porque es de gènero femenino. Para serlo hace falta categoría y usted, es una mujer de marca blanca con pretensiones de etiqueta negra.
-¡Me ofendes!
-Nó la ofendo. Solo la describo. Al tutearme me demuestra la cantidad de respeto y educación que posee:cero.
Nó la he dado permiso para tutearme. Ni tampoco se lo voy a pedir a usted.
-¡ojito conmigo!, ¿eh?, que salgo en todas las televisiones de todos los españoles, ¡¿eh!, que lo mío me ha “costao” la “refutación” que tengo.
-Sus amenazas me provocan el mismo terror que un mosquito le provoca a un rinoceronte. Por si nó lo ha notado, he echo una ironía y, observando su nivel intelectual, fronterizo al analfabetismo, creo conveniente explicarle el termino sarcasmo si es que su excaso entendimiento lo permite…
-¡¿Que me estás llamando desgraciao?!, ¡¿me estás llamando paleta?!
-Se lo acaba de llamar usted y, añadiría más: caradura, que ha estirado al máximo el haberse casado con cierto lidiador y haber tenido una hija a la que ordenaba comerse el pollo. A mí, me daría verguenza subsistir vendiendo mi vida como usted la vende. Buenos dias. EMILIANO HEREDIA JURADO

¡Tu infraestructura es defectuosa! ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Electroencefalograma plano. ABRUJANDRA ALVARADO

Sallopilig!!! TRENTAONZE LÓPEZ RODRÍGUEZ

Señora, podría usted descalificar menos y leer más? GABRIELA MOTTA

¿Sabía usted que los genes que transmiten información sobre la inteligencia se heredan de la madre? Seguro que la suya es una mujer muy inteligente, haga el favor de ponerse a su altura, no la rebaje tanto.
(Le supo fatal, fatal) JEZABEL MONTENEGRO

Caracol= cornudo, baboso y arrastrado. LA XICUELA DE CORRIOL

Por lo que me dices, no has abierto un libro en tu vida.
Sé que te encanta lucir la ropa pero no la tela. VANESSA SUÁREZ


JUEGO DEL MIÉRCOLES: Haikus

Muñeca desgastada
y rota en la letanía,
ya nadie jugará contigo más

SILVIA TRAMOYERES

La única certeza
De la soledad,
Es la tristeza.

EMILIANO HEREDIA

Lloró tanto que hizo un río,
tan limpia quedó su alma
que todas las cosas pequeñas descansaron a la vez.

MARÍA LÓPEZ

El cielo ostenta
sus galas en la tarde
serena bella y perfumada.

MARÍA RUBIO OCHOA

Anoche me enamoré
y fue la luna y me engañó
otra vez será de día y con sol

MARÍA RUBIO OCHOA

Hojas vuelan
Miro sin lágrimas
La nueva tierra

DAVID GUTIÉRREZ DÍAZ

Tiembla mi cuerpo,
en mi mente un deseo
arde brillante.

AURORA MORGADO

Solos yo y tú
Sin nada de por medio
Egos disueltos

JUSTO FERNÁNDEZ

Yo te regalo
un poco de tiempo
de mi vida.

MARÍA RUBIO OCHOA

Recuerdos que no quisiera tener ,
me gustaría arrancar
todo este desamparo de mi interior.

SILVIA TRAMOYERES

Madroños naranjas
Hojas caídas
Otoño presente

CARMEN LÓPEZ

Sueños de cielos
Marcan muchos silencios
Siempre son bellos

LA XICUELA DE CORRIOL

Marcaste mi piel,
liberaste mi alma,
me dejaste ir.

ROBERTO MORENO CALVO

Sin miedo, siente.
Sin desconsuelo, ríe.
Con amor, vive.

ROBERTO MORENO CALVO

Trabaja duro
Siéntete esclavo
Olvida vivir

ROBERTO MORENO CALVO

Lluvia ácida.
Se sobrepone al dolor.
Tierra seca.

ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Estaba en Japón.
Allí no había jamón.
Me comí un melón.

PEPINO MARINO ERRANTE

Cuerpo frío
Con la cara de cera
El último adiós!

CARMEN LÓPEZ

Alzarè el vuelo
Tan lejos y tan alto
Que faltará cielo

EMILIANO HEREDIA

Tiempo de haikus
repiquetean mis dedos
en la pantalla

DAVID CRIS E MAIA

Vaya horas son.
El sueño me abraza.
Así que, ¡Adiós!

ROBERTO MORENO CALVO

Claro de Luna
Silencio en el Bosque
Escuchan su luz

LOLA ALCÁZAR

Conocerte un deseo
besarte un sueño
soy un niño desde aquello…

DAVID DURA MARÍN

Ando los caminos
Porque el destino
Eres tu.

TOMÁS MESA

Lluvia que mojas
la tierra dejando ese
aroma fresca.

GABRIELA MOTTA

Aúlla el lobo
Balas de plata vuelan
Sangra la tierra

LOLA ALCÁZAR

Cuando el dentista ríe
azucarillos trae
ése río que te endulce.

DAVID DURA

Imagen borrosa
Traqueteo insipido de palabras
Mierda de haikus

TOMÁS MESA

ropio de dios
Loco absolutista
endiosado.

Cervezas en la esquina.
Cultura de bar.
El deporte nacional.

PEPINO MARINO ERRANTE

Métrica errónea.
La he cagado en haiku.
Confundí cinco y siete.

PEPINO MARINO ERRANTE

A pesar de que
Qué haríamos todos
Sin sinalefas.

PEPINO MARINO ERRANTE

Soy un bocazas.
Es mi gozo en un pozo
Mientras me meas.

PEPINO MARINO ERRANTE

Bastante raro.
Jezabel Montenegro
No ha hablado.

PEPINO MARINO ERRANTE

TOMÁS MESA

Boca de fuego
labios sedientos
Abre el infierno

KAREN ROSADO

Tengo sueño
Tengo sueños
Café y miedos.

MARÍA LÓPEZ

Y mención especial a la creatividad de PIETRO IGARZA:

Pocos poetas
Se encuentran en Facebook:
Pseudopoetas

Nacen las rosas
y las espinas rezan
a sus amantes.

Azules cielos
Estrellas rutilantes
luna de plata.

Entre los cantos
de bellos tulipanes
nardos despiertan.

Pinos enhiestos
entre la suave brisa
de primavera.

Suave marea
de olas que se mecen
entre arrullos.

Las nubes densas
ante el sol se desvisten
en las riberas.

Publicado el

Infinitésimos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “los infinitésimos”. Este ha sido el relato ganador:

MÓNICA MEDL

Infinitesimal…Levanté la mirada y te vi.

Y fue así, como en un suspiro entrecortado, que te cruzaste en mi camino.
Así como sin querer, sin siquiera pedir permiso.
Como cuando cae una gota de lluvia traviesa que queda remanente en el tejado o la hoja que se desprende de un 
robusto árbol de otoño.
Nadie percibió lo que yo, el resto seguía inmóvil en su rutina de oficina.
Para mi ese instante todo lo había cambiado, sin embargo era imperceptible para otros.
Levanté la mirada y te ví.
Frente a la máquina de café el tiempo se detuvo.
Nos miramos diferente.
Ya no habría un mañana sin tus ojos reflejados en mi mirada.
Aquellos amaneceres solitarios se esfumaron en el éter.
Sin darme cuenta, el amor se había posado en mi corazón desahuciado.
Así invadiste mis días,mis noches, mis atardeceres y mi alma.
En un instante la vida se volvió vivible, intensa y eterna.
Lo mínimo se transformó en gigante.Fue exponencial, inmaculado, amor del bueno, del anhelado.
Ese nimio instante me hizo mutar de la nada al Todo.
Quiero cada día tener suspiros entrecortados y no bocanadas de aire fresco que me arrastren junto a la manada.
Quiero percibir el tic tac del tiempo y no los días tal cual pasan.
Quiero pasión infinitesimal para cada día de mis semanas.
Te cruzaste en mi camino, como un suspiro entrecortado.
Así como sin querer. Sin siquiera pedir permiso.
Levanté la mirada y te vi.

 

 


FELIPE IGNACIO

Casi como todos los días

Ese día desperté y besé a mi esposa, como todos los días. Desayuné un pan con mantequilla y jamón, como todos los días. Le di unas monedas al vagabundo de la esquina y me ignoro, como todos los días. Llegue al trabajo atrasado, pero mi jefe lo estaba aún más… como todos los días.
El bosa nova acompaño mi mañana. Suelo no darme cuenta cuando entre un informe y un café empiezo a mover mi cabeza en suave vaivén. Rara vez tenía calma en la semana, esta vez debía agradecerlo al retraso de mi jefe.
En la tarde las cosas se agitaron tanto más. Era viernes y después de la hora de colación, como de costumbre, aparecían las situaciones de última hora.
-Néstor, ¿me haces un “favor”? – era Jaime, mi compañero de la oficina contigua compartiéndome un guiño de complicidad y su mejor sonrisa.
Jaime podía no saludarme en todo el mes, pero cuando me pedía esos “favores” parecía que fuera mi mejor amigo.
-¡Hola, amigo mío! – respondí con ironía – a ver, veamos eso.
Fue una tarde difícil. Intentando resolver todas las situaciones y no dejar trabajo pendiente. Además, aún no instalaban la ventilación en mi oficina. Sudando me di cuenta que aún llevaba puesta mi chaqueta, la deje en el respaldo de la silla y continúe mi carrera.
Poco después de sacarme la chaqueta, sonó el teléfono. Esperaba una llamada importante, así que adopte compostura, practique un saludo cortes y amable. Luego, conteste:
-Buenas tardes. Autopista del nuevo milenio. Área finanzas.
-¡Hola mi amor! ¿Cómo estás?
Desde que empezó su pre natal mi esposa solía llamarme. Motivos como: llevarle algún antojo; decirme que me ama; su emoción por ser madre; o que el bebe había pateado; me interceptaban, como por un trágico designio, en los momentos más inoportunos.
-Linda, bien. ¿Qué quiere?
-Pucha amor, quería hablar. Es que estaba viendo un documental de los patos y… – un sollozo llegó a llenar ese breve silencio – son tan frágiles mi amor, me dio pena. ¿Te acuerdas cuando vimos esos patos en el lago?
-Sí, mi amor, si me acuerdo.
-Que pensaba que podríamos ir a darles comida el fin de semana, pobrecitos. Tal vez no les dan de comer esos cuidadores del parque. ¿Te tinca, gordo?
-Mi amor, estoy ocupado, lo hablamos después, ¿ya? – le dije mientras revisaba un correo entrante de mi jefe con el título “INFORME URGENTE”.
-Pero si es sí o no, amor. Nada más.
-Lo hablamos después ¿ya?
-¿Entonces no quieres? – insistió usando un meloso tono.
-Amor, lo hablamos después ¿ya?
-Puede ser el otro fin de semana…
Como si un espíritu se hubiera apoderado de mí, levanté el tono y dije:
-Linda: ¡estoy ocupado! ¿Cómo se lo explico? O-cu-pa-do. Tengo que hacer, estoy esperando un llamado importante y no tengo tiempo para los patos, ¿me entiende? ¡O-cu-pa-do!
Suspiré en paz, desahogado. Un segundo después, oí el pitido por el auricular. Aunque en un principio me sentí bien, luego sentí vergüenza por como la había tratado, sentí que le debía una disculpa. Le escribí por whatsapp, facebook, mensaje de texto, incluso la llame… pero nada. Definitivamente estaba molesta y no quería saber de mí. Esperaba poder reconciliarnos en casa y hablar del tema, detesto estar peleado con ella, a veces pienso que la vida se nos puede acabar en cualquier momento y más vale estar bien con quienes amas.
Cuando la luna apareció en el cielo, todavía me quedaba trabajo; cansadísimo, deseaba haber adelantado trabajo en la mañana y así poder estar con Linda a esa hora. Apenas envié el último informe me levanté con inusitada energía, la imagen de mi amada me atraía cual imán a casa. Iba pensando en su sonrisa cuando después de caminar unos diez minutos para tomar micro, sentí frio… ¡Había olvidado la chaqueta! Ahí tenía mis documentos, entre ellos mi tarjeta para el transporte.
Volví a buscarla, le comenté al nochero de la empresa mi situación, entré a la oficina y partí de vuelta. Cada vez más tarde, ahora se me sumaba una inquietud: los peligros de la noche. En la noche del viernes anterior había oído, cerca de casa, un disparo que me dejó bastante inquieto. Era un barrio seguro, pero la seguridad es frágil. Un balazo, dos asaltos y ¡paf! Se esfuma.
Después de dormitar un largo viaje en micro, llegué a mi destino. Solo me quedaban cinco minutos a pie para llegar a casa: ver a Linda, abrazarla y pedirle disculpas. Si no fuera por mi deplorable estado físico, hubiera corrido entre los frondosos árboles que flanqueaban esas cuadras.
A unas cuatro cuadras de casa, empezando un oscuro tramo donde los árboles tapaban la luz de los faroles, veo que viene en dirección contraria un joven con capucha. A medida que nos acercábamos, me di cuenta que ocasionalmente me miraba con disimulo, haciendo crecer mi ansiedad ante el inexorable encuentro. Nos íbamos acercando, yo ya había decidido entregar mis pertenencias sin resistencias. Cuando nos cruzamos mis latidos estaban disparados, lo mire de reojo y para mi grata sorpresa, siguió caminando, como si nada.
Respiré aliviado y la palabra “paranoico” se cruzo en mi pensamiento. Un instante después sentí un frio punzante en el costado de mi cuello. Me paralice.
-¡Ya, loco. Pásamelo todo, loco. Rápido, rápido! – su desenfreno me hizo temer lo peor.
-Lo que quieras, tranquilo, tran…
-¡Que te dije! – exclamó mientras hacía más incisiva la amenaza en mi cuello – ¡¡¡Rápido!!!
Tratando de mantener la calma le entregué mi billetera, mi reloj y mi celular.
-Ya, pero yo necesito billetes, monedas. Platita, compadre. Pla-ti-ta.
-No, no, no tengo, efectivo.
-¡¿Cómo que no?!
-No, no, no tengo.
Acercándose a mi oído me susurró en macabra voz baja:
-Mira mierda, yo necesito platita. Me pasas unos buenos billetes o te mato, güeon, te mato. Te voy a dar hasta tres, si no, cagaste…
Sentí que había llegado mi hora, que no me quedaba más.
-Uno – empezó el joven.
¡Maldije el bosa nova, maldije a Jaime, maldije mi complacencia, maldije mi puta chaqueta!
-Dos.
Recordé por última vez la sonrisa de Linda, sus besos, sus abrazos. Temblé de pánico.
-Tres.
Sintiendo la hoja abrirse camino en mi cuello, acepté mi destino.
-¡Oye, Eric! ¡Suéltalo!
El muchacho se detuvo mientras vi de reojo que un hombre se abría paso entre los árboles. Todo el odio y el pánico se convirtieron en pasmo.
-Él es el hombre que me da monedas todas las mañanas, si te dice que no tiene es que no tiene. Déjalo ir.
No lo podía creer, aquel vagabundo que creí nunca me había visto, me estaba salvando la vida.
El vagabundo quedó mirando fijamente al joven por unos segundos. Éste escupió al piso y dijo molesto:
-¡Siempre tan metido, Juan! Ya güeon, te fuiste, chao.
Deje de sentir el frio punzante y sentí un empujón desde mi espalda. Aproveché ese impulso y corrí lo más rápido que pude. Corrí con una extraña mezcla de pánico y júbilo, de vida y de muerte.
Entre temblores abrí la puerta de la casa. Linda caminaba por el living, parecía nerviosa. Me abrazó eufórica, aferrándose como si hubiera temido perderme. Yo me sentí como volviendo de la guerra.
En ese cálido abrazo, me susurro al oído:
-Gracias a Dios que llegaste, mi amor.
Recordando a mi salvador, dije con ironía:
-Creo que se llama Juan, pero si quieres llamarlo así.


MONTAÑA MILHOJAS

Valencia no era mi destino, ni siquiera me lo hubiera planteado, pero unas familiares se fueron a vivir allí y fui a visitarlas.
Tenía mi tarjeta de vigilante de seguridad, asi que me ofrecieron un puesto de este tipo en la copa de América.
Me enviaron directa al aeropuerto, había huelga y necesitaban gente para cubrir puestos.
Nunca me había planteado la aventura de ser madre, pero un ser de ojos verdosos y acento extrangero se propuso cambiar mi vida, con su forma de hablar, tan envolvente.
De forma que empezaron los latidos de la criatura llena de magia que hoy es mi compañera de aventuras.
Su vida tenia que empezar y empezó…
así, con miles de casualidades hechas un ovillo para tejer nuestros dias.


SONIA JIMÉNEZ

—Las cuerdas sonaban,de aquella hermosa guitarra que un día aparcada quedó.
—Su sonido era Angélical.
—Se fusionaba,con la brisa,con los árboles,las hojas caidas,llegó hasta el mar,donde también se fusionó..Pasó a las montañas,y tambien se fusionó con ellas.
—Acarició a todas las personas ,y animales en su camino,dejandoles paz y armonía.
— Se repiraba amor y paz con su melodía en todo lo habitable de la tierra…
—De ahí se expandió a la tierra en si,fusionandose,y
Llegó a ser sumamente un haz de luz gigante,que sobresalió del planeta,llegando al univierso,donde completó y finalizó su viaje lleno de amor,y paz fusionado con el todo..


LA XICUELA DE CORRIOL

Cual infinitésimo copo de nieve que se convierte en una granbola para hacer un muñeco, o se transforma en un alud inesperado, e imprevisible.
Llevo ya semanas con un libro que me tiene removida el alma. Son capítulos cortos, relatos cortos sin conexión entre sí. Y precisamente tras cada capítulo rezan la bibliografía o incluso recomendaciones de canciones en you tube. Me está fascinado y lo disfruto tanto, que lo modificó. Sí como si de una medicina se tratara.

Es fantástico. Cuando comencé el libro ni siquiera pensé que me llegara a gustar, porque aunque el autor me encanta cuando entrevista o participa en programas de televisión, nunca he leído nada suyo.

También compré el libro porque valía 3 euros en un mercadillo solidario. Otro punto. Pareció que me llevaba un tesoro a casa, ilusa de mi. Pero sí me llevé un tesoro gracias a las recomendaciones y bibliografía. Es el tipo de libro de no ficción que muchos querrían haber escrito, y en cambio, nunca podrán disfrutar ni escribir. Aposté, y acerté.


MARÍA RUBIO OCHOA

Aquella noche en un instante una vida empieza a formarse……Ya de madrugada por una pequeñita rendija, se colaba un haz de luz, a pesar de su gragilidad, se había esfumado la oscuridad……..


EMILIANO HEREDIA

EL ÁRBOL DE PAPEL

En una avenida flanqueada por frondosos plataneros verdeados por la primavera, un niño sollonte tira un caramelo envuelto en un papel cuadriculado.
Estúpida niña(piensa), mientras se aleja arrastrando su mochila y su decepción de primerizo de amor por el suelo polvoriento.
¡Pobre niño enamorado!, dando tumbos como un potrillo alejado de la manada, por culpa de una niña de cabellos dorados de sol y ojos de miel.
Y llegó.
Llegó un día de Abril con su regadera regando los caminos, las calles, las gentes, los perros vagabundos, los gatos don juanes…y el caramelo envuelto en el papel cuadriculado;donde estaba escrita una infantil poesía de amor.
Las manos de la fresca brisa que vino a continuacion, envolvió delicadamente con tierra húmeda el caramelo y los calidos rayos del sol que jugueteababan por entre las hojas, lo incubaron.
Los días iban pasando al ritmo que la primavera se acercaba al final de su reinado.
Unas hojitas pequeñas, del tamaño de un bloc de notas, unidas a un tallo blanquecino, con forma de lapicero, sobresalían de la tierra.
Conforme avanzaba el período estival, el brotecillo se iba haciendo todo un arbolilllo. Era èste, un fenómeno singular, que iba siendo conocido nó ya por la ciudad entera, sino, a nivel mundial.
Sesudos científicos, investigaron a conciencia el asunto y, por
Mucho empeño y medios que le pusieron ,nó lograron hayar explicación alguna a aquel extraño árbol de tronco hexagonal, con una goma de borrar rosa en lo mas alto, y olor a anís (había nacido de un caramelo de èste sabor).
Las hojas, eran de papel. Como era un árbol joven, las hojas eran de cuaderno de dos rayas y ponian cosas como “niño guapo” o “niña guapa”.
Con el tiempo, el árbol se hizo más grande. Y tambien las hojas..
Las había de muchos tipos.
De cuadrícula pautada en las que había poemas para niños.
De cuaderno A -4 para poemas
adolescentes.
En la zona de humbría, había poemas góticos, románticos…
En la solana, hermosos sonetos, cantares…
En fin, cualquier clase de poesía que uno pudiera imaginar.
Y èsta es la historia del árbol de papel.
FIN
Emiliano Heredia Jurado


CARLOS TABOADA

Hace muchos años, acordaron verse en el viejo roble, frente al riachuelo, a medio kilómetro del pueblo, como tantas otras veces. Durante toda la infancia, les habían dicho que aquel que se alejaba del pueblo, ya no regresaba jamás. Las historias tenebrosas circulaban en torno a un monstruo que llevaba a su cueva a la gente perdida, que las sometía a sus costumbres, y que con el tiempo provocaban el creciendo de pelo oscuro por toda la piel, para convertirse, al final, en uno de ellos. Precisamente, ellos pensaban así de la gente del pueblo: personas transformadas en monstruos que trataban de hacerlos similares. Aquel día, decidieron salir de nuevo de la cárcel. Buscaban compartir sus almas gemelas, sentirse fugitivos, cómplices.
La aventura de aquel día consistió en plantar semillas de manzana, todas las que pudieran. Comieron muchas manzanas en los últimos días y reunieron todas las pepitas, que les llenó la palma de la mano. Como salieron más de la cuenta, pensaron meter en cada hoyo cinco o seis, para hacerse compañía, pensaron. A pocos metros del roble, se abría un claro donde por lo menos, podían crecer, separados adecuadamente, como unos diez árboles. Hicieron un par de palos de ramas secas y empezaron a abrir huecos en la tierra húmeda, utilizando veinte veces la medida de las zapatillas. Así, escondieron las semillas que parecían no tener vida. Pequeños corazones negros que, fecundados en la oscuridad, se convertirían al cabo de unos años en magníficos árboles. Les resultaba difícil comprender que, gracias a ellos, otros comerían los frutos, pero de alguna manera pensaron que trascendería el acto. A continuación, eligieron el juego que ella había pensado por la noche.
Él cerró los ojos, cruzó las piernas, y dejó que ella, de rodillas, iniciara el juego. Empezó a acariciar su cara, surcando la línea de las cejas, los ojos, la nariz, la boca, y hasta las orejas. Aguantó como pudo las cosquillas. Al cabo de un rato, él trató de concentrarse para tratar de hacerlo como ella, que sonreía cuando las yemas se recrearon en su mentón. Después, con poco tiempo, se tumbaron abrazados para escuchar la voz del riachuelo. Tenían que regresar. Primera ella y luego él. Las costumbres sociales de los monstruos peludos les esperaban. Porque no sabían divertirse, gruñían por todo, veían la televisión, hablaban de política, de fútbol, y echaban la siesta. Y no saben divertirse, recalcó ella, de nuevo.


FLAVIO MURACA

La Felicidad

Todavia recuerdo la tarde aquella en la que nos dijimos adios
Aun me queda el color de tus ojos como dos oceanos revalsado de lagrimas
Y la triste melodia que suponia el nos vernos más
A donde esta la felicidad, esa que supone ser un espejismo que no hemos de alcanzar.
No esposible amar después de amar, no hay dicha, no hay prisa en el amor si no estas.
La felicidad, ¿donde esta? maldita embustera, tan solo ha de ser un fantasma errante que no ha de volver
Naufrago en el recuerdo de tu mirada que me amarran a un pasado con dolor.
Acaricio al viento como si me consolaras más tu sonrisa no he de ver y mis ojos ciegos quedaran.
¿Donde esta la felicidad? que no la encuentro, me enredo en un laberinto de hastío buscando la felicidad.
Te llevaste mi vida, te robaste mis dias, me quitaste la alegria que suponía tu mirada.
¿Donde esta la felicidad?, se escondio tras tu partida, se ausento de mi vida con tu ida….


DAVID DURA MARÍN

Una madera y un clavo estaban distantes…..
Ya no eres el de antes, estás oxidado , y de clavarla mejor no hablo .
Tengo astillas de tus besos.
Eres cabezota faltándote un golpe
patijunto , entras por los pies, no te oí llegar .
Realmente no estoy quemada , indiferente un poco , en ascuas .
Nuestro fuegoxido , así lo llamabas cuando te ponías echo un cincel
ha pasado a mejor llama..
Estoy con otro , lo conoces, valenciano, con lo mal que te caen.
Rema-che , aquél de pelo plateado .
Demomento solo hemos quedado para tomar un par de barnices.
Sabes que yo, sí soy sincera,
tu y yo no cuadramos…
Espero por la veta que me une a tí, que afiles donde te metes , no es escusa ir colgado con tus amigos de taller.
Tu madre Natacha te dejó , yo me voy volando como una polilla
un clavo cura otro clavo
por Cristo , eres cosa del pasado….


KARLOS WAYNE

Infinitesimal, la distancia de la caricia de tu sonrisa en mi boca.


DIL DARAH

Solo alma y saxo chelo

Hace años mil .
Una pobre descarrillada
y el tocador de muackrutacas, 
se encontraron a pesar.

Entre mil probabilidades,
a favor de desdicha,
entablaron cuatro chakras,
-estableciendo cosas vil-
y apagaron llamaradas
que sin pensar,
menos caer sobre alguna ficha
de azarosa entresijada,
fueron a surgir .

Los mundos absurdos tienen ese don:
por ello se distinguen
y carecen de clasificación.

De todos los dones
y por todos los ídolos,
ella tenía el don de los colofones
y él …
él tenía uno que tenía que ver
con todos los dones.

Ensalzaron cuatro cobijos,
sin techo alguno,
y mil acertijos
de miles de millas sin ton.
A son de clásico no repetido
cogieron un Sol y un Re
y los unieron a tal intervalo
que lo demás…
hasta carece de sentido
y menos necesita una explicación.

Diríase que no hay algo
tan poco útil
ni tan enternecedor
que la arriba mencio
y nada controlada,
historia de ambivalencias
de entremedio un tanto estremecedor.

Aún así y a pesar de ello
aquí estoy, a dar mi mucha fe
de que lo bello no es ni el ritmo
y menos la magnificencia del Re,
mas el infinitésimo de un estornudo,
unido , argumentalmente, al algoritmo
de una mente que predica sello
y luego se convierte en hebrudo.


ANITA MIMOMBA

Por fin había terminado el día. Siempre es duro despedirse, aunque sea inevitable la separación, pero los niños son así. Llevaba con ellos desde que tenían 3 años; edad en la que se formaban los primeros grupos de estudio. Le daba pena, porque al volver, sus alumnos ya no estarían; a los 12 años de edad empezaba la especialización, es decir, iban a diferentes centros según sus habilidades.
Los más dotados intelectualmente irían al Instituto de Estudios Avanzados, donde estudiarían ciencias teóricas y aplicadas: medicina, ingeniería, biología, etc. Algunos privilegiados podrían estudiar psicología y otras ciencias sociales, solo permitidas a unos pocos intelectuales de más alto rango. El arte estaba prohibido, fuera de lo que El Concejoaprobara, y cualquier expresión artística no autorizada estaba castigada.
El resto serán mandados al Instituto de Capacitación Profesional y formarán el engranaje que hace que funcione esta colonia: cocineros, agricultores, limpiadores, mantenimiento básico, etc.
Y todos ellos, sin excepción, pasarán a formar parte del enjambre el día que se gradúen. Seres infinitesimales en una gigantesca cúpula donde habitan 50 millones de almas. La ciudad 82 era una de esas rodeadas por una gigantesca cúpula ultra-resistente para aislar la urbe de la naturaleza hostil que les rodeaba. La contaminación de los humanos del pasado había vuelto el entorno tóxico y ahora solo les quedaba vivir hacinados en invernaderos titánicos que crecían hacía abajo, clavándose en la tierra.
Una vez pasado el mal trago de la despedida, se les cogía mucho cariño a los niños en 9 años, llegó la hora de partir a su nuevo destino. Por fin tenía méritos suficientes para dejar la enseñanza elemental y ejercer su especialidad. Se iba 6 años a una excavación arqueológica de principios del I siglo del III milenio, cuando la tecnología actual estaba en pañales o era ciencia ficción. Actualmente, año 25 del IV milenio, no existen las carreteras hay tubos de transporte por electromagnetismo, totalmente integrados en la naturaleza que funcionan por energía solar (las células fotovoltaicas se optimizaron en el 2487), y, si no hace Sol, no importa, el sistema es global.

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Sobre la mesa

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “Sobre la mesa”. Este ha sido el relato ganador:

CARMEN LÓPEZ

Abuela siempre partía cebollas sobre la mesa que había en el patio. Su madera de roble había resistido muchas lluvias y muchos vendavales. También a muchas historias, unas buenas, y otras malas, como solía decir ella. Después de partir las cebollas, la abuela fregaba la mesa con un paño mojado en agua en agua caliente untado con jabón que ella misma hacía con aceite viejo. Frotaba y frotaba con gran esmero hasta dejarla bien enjabonada. Era el mejor jabón de todo el pueblo según decían las mujeres de alrededor. Después le echaba palanganas de agua limpia, para aclararla bien. Nunca le dio la receta a nadie. Decía que era secreto de su madre, y antes lo fue de su abuela, y antes de la madre de su abuela. Me dejaba darle vueltas y vueltas al mejunje que había dentro del barreño con un palo de madera que era tan viejo como la mesa. Cuando ese mejunje se endurecía y se quedaba blanco, lo cortábamos a trozos. El más grande lo reservamos para fregar la mesa de partir cebollas. La abuela siempre lloraba mucho. Decía que era culpa del jugo de las cebollas, que dejaban salir todas las penas atrapadas en el corazón en forma de lágrimas. Yo nunca entendí qué quería decir con eso. Pero abuela siempre decía que las penas que no salen te ahogan y hay que dejarlas escapar, y si para eso hay que partir cebollas, pues partimos cebollas. —Abuela, cuéntame cosas de mi madre, cosas que no me hayas contado nunca —le dije un día. Tras un breve silencio, la abuela dejó de partir cebollas, se secó las manos, enjugó sus lagrimas en el delantal y bebió un trago de agua.

—Quiero saber más cosas de ella. Solamente se que murió cuando yo nací. Quiero saberlo todo, abuela. —Hija , fueron malos tiempos para todos. Se levantó y fue a la cocina para hacer café. Yo la seguí. —Tu madre era una mujer muy alegre, pero solo yo sé que esa sonrisa escondía algo más. Tal vez no debas saber más de lo que ya sabes, tal vez dejar el pasado en su lugar sea lo mejor para todos. Abuela lloraba mucho, pero ya no partía cebollas —¿Y me darás la receta del jabón? ¿Y me enseñarás a partir cebollas? ¡Abuela, vamos a correr!!
El día que murió la abuela me dejó una caja llena de cartas de mi madre, con la receta del jabón. Con la abuela aprendí muchas cosas importantes: que las penas con cebolla se quitan, que el jabón con amor sale, y que el pasado está mejor donde debe estar.

SALOMÉ SUCASACA

SOBRE LA MESA

Sobre la mesa, dejé que te quedaras con esa
Sobre la mesa, que en mi ausencia se convertía en tu cómplice burlándose de mi inocencia
Sobre la mesa en la que prometiste ser solo mio!
¡¿Por que sobre la mesa?!, que imaginación tan corta y que grande tu falta.
sobre la mesa, dejaste caer la poca vergüenza de aquella que sabia de mi existencia.
sobre la mesa en la que ahora no me encuentras por un simple antojo de ella.


MÓNICA MEDL

Sobre la mesa…

Sobre la mesa te he dejado las llaves, una carta y los recuerdos de cada mañana con aroma a café y tostadas recién hechas.

Sobre la mesa, te he dejado los sueños; joder, recuerdas? Aquellos que juntos hemos recorrido una y otra vez.

Sobre la mesa te he dejado cada día vivido, las fotos, los libros y nuestras notas manchadas de pasado.

Sobre la mesa te he dejado cada entrada al cine, teatro y hasta el ticket del supermercado.

Sobre la mesa, has quedado tú; como un plato vacío lleno de sombras.

Sobre la mesa ya no hay lugar para dos. Contigo hay de sobra.

Sobre la mesa, te he dejado las llaves y por si no abres la carta. Te dejo esta nota.

Sobre la mesa te he dejado un Adiós.

Sobre la mesa, te he dejado…


GABRIELA MOTTA

Cuando llegue a casa me dijo:
– Tenemos que hablar.
Esas palabras sonaron como un flechazo directo al corazón, que de inmediato se paralizó. Lo miré y estaba sentado cabizbajo con el mate y el termo apoyados sobre la mesa, sabía que era algo serio nunca antes lo había visto así, el mate era un indicador siempre lo tomaba para tranquilizarse. Me senté a su lado, le pedí un mate para romper el hielo y me quedé ahí esperando que hablara. El silencio se rompía solamente con el ruido de la bombilla que se hacía cada vez más perturbador.
Bueno -dijo-
Mis manos transpiraban, comenzaba a sospechar para dónde se dirigía ésto.
-Te voy a pedir que me dejes hablar sin interrupciones.
– Dije que sí asintiendo con la cabeza, no se porque pero permanecí callada.
Inmediatamente comenzaron a salir de su boca cataratas de palabras que no hacían más que engalanar su persona.
-Quiero que sepas que siempre puse todo sobre la mesa -dijo- siempre, si no lo viste fue porque no quisiste. Sí, no me mires con cara de asombro, así fue. Cuando te dije: un día de estos tomo mis cosas y me marcho, sonreíste, pensaste que no tendría ni el valor ni las agallas de hacerlo, pero te equivocaste.
Siempre te hablé de frente. Ahora estás ahí mirándome como a un desconocido, de repente me he convertido en un extraño. Yo tampoco entiendo como pasó, no entiendo en que momento dejamos de escucharnos, no entiendo en que momento dejamos de conectarnos.
Me marcho tranquilo sabiendo que te brinde lo mejor de mí.
A propósito, antes de partir te voy a proponer que tires la mesa, total en esta historia nunca ha servido para nada, pues si no vamos a ver lo que hay sobre ella para que tenerla ¿no te parece?

Y así sin más tomo el mate, corrió la mesa y se fue cerrando la puerta sin mirar hacia atrás.
Me dejó sentada, con el gusto amargo pero no del mate, sino por no poder retrucarle ni una sola palabra, no porque tuviera razón sino porque me tomó por sorpresa y las palabras me quedaron atragantadas.
De improviso me paré abrí la ventana que daba a la calle e inspirada por un brote psicótico, arrojé la mesa, en mi imaginación esa mesa era él, esa mesa era nuestra historia, sintiéndome aliviada me volví a sentar y juré nunca más darle la oportunidad a nadie de reprocharme algo que supuestamente siempre estuvo sobre la mesa. Si realmente me conociera sabría cómo odiaba esa mesa, si me conociera estoy segura que nunca la utilizaría como ejemplo de nada. Si supiera que en más de una ocasión llore sobre ella sólo para disminuir mis ganas de ponerle un punto final a ésta historia que por fin llegó a su desenlace.
Después de un rato volví a la ventana envuelta en cólera y grité con todas mis fuerzas, sobre la mesa se ponen cosas tangibles, sobre la mesa pongo mi vaso, pongo mis libros, pongo mis manos, no palabras en sentido figurado, absurdas, incompletas y sucias palabras.
La gente me miraba con asombro, asombro de ver a una loca sin ningún tipo de control en la ventana gritándole a una mesa palabras vacías de significado.
Pobres almas carentes totalmente de comprensión -grité- dejándome envolver por la locura que me permitía experimentar el placer de ver una vida botada por la ventana.


DIL DARAH

 

UN PIANO Y DOS TECLADOS

12/12/1721
Prueba de evidencia Nr. 132

” – La música, signore caro, me ha salvado la vida para condenarme a muerte.
Yo era un estupido giovano , si lo fui, pero no mujeriego.
No es giusto que se me acuse de insensateces . Soy italiano y por tanto amo la misma trinidad de forma inalienable: a mi madre, las comidas y sobre todo amo amar.
Mi música salió del esperpento y no del demonio, como afirman los ignorantes.

Attento adesso. Un mujeriego usa las mujeres cuan cuchilla de afeitar, no le importa lo que la cuchilla piensa¿ cómo va a pensar una cuchilla? sei pazzo. Un objeto no tiene pensieri , diría él. Yo no era un mujeriego porque adoraba las mujeres ¿ entiende? Me fascinaban. Aquello que dijesen o dejasen de hacer. Revestidas con tan sólo el perfume de sus cuerpos. Las lagrimitas de simulado resentimiento que secaban a cambio de consistentes atenciones.
Mi estimado padre decía : ” – Caro mio , o pagas mucho dinero o amas absurdamente y para ambas necesitas inteligencia”
Qué gran hombre su excelentisimo. De él heredé mi fortuna, de mi madre el alma y gracias a ambos pude ofrecer consistentes atenciones en ambos sentidos.

Ay… amores míos. Bellas , bellas todas y benditas. Las amaba tanto como a mi espada. Buscaba en aquella época a hacerlas vibrar por igual y no había sonido más placentero a mis oídos . Ni un bemol perfectamente sostenido pudo jamás hacer justicia a un pecho roto de fragilidad. Ni mi propio descubrimiento pudo igualar la belleza de mi espada apuntando un futuro brillante entre dos delicadas rodillas meneando con picardía promesas por cumplir .

Pero, Signore dame fuerza, también me cansaba, mírame: soy carne débil y hueso frágil. Aparte de eso mi espada era Una Misma entre todas las espadas y mis amadas,uff, venían a ser todas como una misma.
Madonna Miracolosa.
Sólo aquel que no haya probado las alcobas de las mujeres entenderá poco o nada. Quien las conoce sabe qué cuerda toco con mis referencias y hacía dónde se dirige el eco.

Mi espada no sufría ataques de celos ni trataba de suicidarse si la dejase de lado. Era fiel a muerte y de muchas muertes me libró ,pero, vedrai, las signorinas se tornaban espesas.
Hubo encima ese escandalo y de él salieron a luz otros veinte.No pude sino desaparecer para seguir existiendo. A pesar de todo seguía amando con locura el amor. Soy italiano, no lo puedo evitar.

No me gusta demasiado, hasta cierto punto, hablar de ese capitulo, pero es necesario para comprender, caro mio, lo que vino encima de mi pobre cabeza. Tuve que cambiar el honor de duelista por evangelios y las sedas voluptuosas por hábitos obtusos. Hasta que las puertas de los dormitorios comenzaron a abrirse a mis llamadas no contuve mis cartas de protesta.
“Mi ammazzo, finisco la mia vita, porca miseria , porco tutto ” fue el inicio invariable de mi llanto transcrito a lo largo de seis meses y setenta y cuatro epístolas. Mi padre consideró mi silencio sino arrepentimiento y hasta recomenzó subito a sufragar mis gastos. Por primera vez descubrí que el amor no tenía precio monetario .
Por ende, tanto como por falta de otras actividades nocturnas, redescubrí la música y esta vez los sonidos fueron celestiales . Los pechos , sin el peso de los crucifijos y los rosarios, emitían notas que luego reflecté en las forma sonatas para violin y violoncello, pero con la inocencia propria de aquellas sendas murallas que me confinaban para redimirme.
Pensé que mi desgracia era fingida por la incomprensión, que Signore Dio me quería y era aquello su forma de mostrarme el camino .

Una vez más las cosas se tornaron de otro color , para hacer entender a ese ragazzo stronzo lo mal que iba y adesso explicaré las razones, caro mio.
Vedrai, la reclusión en el convento acabó al año bajo la obligación de contraer matrimonio y comenzar a actuar como aquello que era: el futuro señor de la familia.

Si el episodio anterior me limitaba la alegría este nuevo me impide hasta respirar.
¿ Qué sabía yo de la vida de un negociante?
Encima mi pobre padre falleció al poco tiempo de mi boda y tuve que enfrentarme solo a la tremenda pesadez del cumplimiento, a raja tabla, de mi posición social.
A eso se le unió la actitud de mi recién adquirida esposa y signor Giuseppe Tartini se convirtió en Giu.
Yo, el espadachin más aclamado de Padua, el inventor del sonido diferencial, el gran amante de la Gran Italia ¡yo! me convertí en una broma de mal gusto.
Las rutinas verbales de mi recién adquirida esposa me desquiciaron tanto como la carga de la herencia . Por el gusto de gastar las finanzas hice un sacrificio y aprendí a controlarlas pero no vi necesario intentar someter a Elisa. Ella era mi esposa, por Dio Supremo Onnipotente, tendría que entenderlo por si misma. Las esposas cumplen con el servicio del hogar y con las recepciones. Obedecen a los maridos, les traen vasos de Chianti y se limitan a aparecer en el dormitorio cuando se les reclama.
No Elisa.

Elisa era la encarnación de la misma Medusa y su mirada convertía Padua entera en un amasijo de piedras carente de relevancia.
MI musica era merda , Mi negocio era un schifo y Yo era lo peggio.
” Giu calla, Giu deja de molestar con ese terrible instrumento del diablo, Giu mi fa male la testa, Giu dame un masaje y Giu vete lejos que no te soporto piu”
Mi amor hacía la música de los pechos ajenos no le gustó en absoluto. ¿ Sabes, caro mio, lo que hizo? Buscó al alquimista de la misma duquesa de Gandia , el famoso Alessandro Pizzicolli, y le compró sales de bromurio .
¡Hizo que matara mi hombría ! Porca miseria, porco tutto.
El gran Giuseppe Tartini ya solo podía jugar con el violín, caro signore, y eso fue lo que me destrozó por un lado para hacerme inmortal por otro.

A partir de convertirme en Giu mi único consuelo llegaron a ser mis innumerables sesiones creativas .
Era ver a Elisa y encerrarme en el estudio, olerla y echar a correr hacía la Scuola delle Nazioni, escucharla y arrancar a viajar como un condenado cuyo último deseo es huir de la muerte. En aquella época di más conciertos que nunca y conocí todos los placeres espirituales que alguien puede llegar a imaginar. Cuando te duele el alma entiendes el perfume de un mar en tormenta , el tamborileo sublime de un silencio , tienes tiempo para observar el crecimiento de una nube o el nacimiento de una era entera. Y cuando bebes té con bromurio hasta te parece normal y bello.
No ves que los días se arrastran y las noches son despliegues de fantasmas al asecho de tus pesares.

Una de esas noches eternas , en contra de mis hábitos ,me quedé dormido en el sillón del estudio, un trasto incomodo que mantenía solo en respeto a la memoria de mi estimado padre difunto . Mis años se notaban y los huesos reclamaban cada vez más reposo pero precisamente por ello procuraba arrastrarme a mi cama como fuese.
Aquella noche no llegué.
Desperté pues en medio de un sueño.
Al principio estaba bien acomodado, rodeado por un jardín esplendido . Entre tallos de rosas y amapolas veía a todos mis bellos amores, de mi entera vida. Estaban todas alrededor, tan hermosas y deseables. Podía sentir aquel soberbio circulo de belleza sobre mi tez, sólo anhelaba levantarme e ir a estar entre sus brocados y encajes. Corrí hacía ellas de hecho, con ímpetu, tratando de alcanzar aunque fuese sus fragancias, pero se desperdigaban cuan gorriones y gorjeaban de una forma que me volvía pazzo de amor.
Reímos todos.
Caro mio, ni el Buonarroti sería tan hábil como para captar la preciosa luz de aquel cuadro: las sombras difuminaban los ojos de mis ángeles y hasta el aire venía a colorearse de pasión. Jamás vislumbre tanta perfección, se lo prometo.

De repente el paisaje se nubló, las aguas de las fuentes se tornaron negras y apareció una enorme puerta . ¿ Por qué la abrí? No sabría decirlo. La voz de clavicordio roto de Elisa retumbó de tal forma que me dolían los sesos. No se ría , signore, es lo menos gracioso que puede atravesar sus oídos. Si encima le mueve la pasión por la música eso sería directamente horrible.
Mis gorriones volaron asustados y se refugiaron detras de las nubes.
Yo me quedé pasmado. Escuchando a la Medusa gritar una y otra vez : ” – Giu, ti amazzo , testa di cazzo. ” como un pésimo coro tratando de reproducir malamente el violín de Bach y asesinándolo en cada acorde.

Era incapaz de mover un dedo, caro mio.
Desperté de mi pesadilla a duras penas, con las mejillas empapadas en sudor.
Cogí el violín y sin pensarlo más veces compuse lo que todos conocen como el “Trino del Diablo”. Pero usted , querido colega interesado por la música, sabe ahora la verdad.
Eso tenía que haberse llamado ” Elisa Rudiculus ” pero comprenderá sua signoria illustrissima que no pude permitirme la libertad siendo Giu .

Que me juzguen como quieran los que quedan por nacer si es que me quieren recordar.
Pero reitero que no fui mujeriego, ni el diablo tuvo que ver con mi obra.

¡ Per niente!”

Post Scriptum :
Estimado Colega.
No voy a molestarme en gastar más tiempo y menos para recopilar más pruebas. Quédate con tus inexistentes milagros al igual que yo con mis inexistentes pecados. Después de dos mil años ya vale ya. Es hora de que corra un poco el aire a ver si se limpian las tonterías a base de vientos que Tartini me ha tocado la cuerda sensible y a partir de ahora me voy a dedicar al piano.
Mola infinita y eternamente más que tocarte a ti los celestiales perendengues , por cierto.

…………………………………………

Nota de autor: Me tomé unas cuantas licencias, por gusto propio y por la gracia del relato : )


JULIA HERNÉNDEZ

Cenizas

Quedaron para un café. En principio era sólo eso, un café, ¿qué daño podría hacerle?, ella estaba bien, mejor que bien, estaba perfectamente, una expresión casi impensable meses atrás, cuando él decidió marcharse.

Su mente, según su psiquiatra, no pudo asimilar el abandono; las murallas que había ido construyendo durante los años alrededor de ese mundo de perfección no iban a derrumbarse tan fácilmente, por eso decidió aferrarse a ellas, acariciar cada una de las paredes que cubrían sus heridas internas, hasta que de la fricción de la imaginación y la paranoia se derrumbaron.

Pero después de demasiadas sesiones, se había quedado “seca emocionalmente”, o al menos eso pensaba hasta que apareció él.

Un café, término que empleamos casi como una medida de tiempo, sentimientos sobre la mesa a flor de piel, encima, también, un café solo con hielo, una infusión y un cenicero lleno de colillas.

Ella miró fijamente el cenicero, no quería mirarle a la cara de primeras, no se sentía preparada para el contacto visual; centro sus pensamientos en cada colilla – cuando eran un cigarro habían sido encendidas, después consumidas y finalmente apagadas- sintió un escalofrío, ese pensamiento era casi una metáfora de la relación entre ambos.

– Hola, creo que te debo una explicación… -dijo él

-Hola, sólo me debes un café – sonrió ella.


CARLOS TABOADA

LA MESA DE PALISANDRO

Aparecieron ante mí ciertas imágenes de la pelicula el cartero llama dos veces cuando vi la mesa de palisandro macizo de al menos dos de longitud que habían apalancado junto a la ventana del salón. El propietario de la vivienda se estaba apoyando sobre la joya que le debió costar por lo menos un par de miles y que probablemente no encontraba dónde encajarla. ¡Estúpido!
Me había presentado un contrato leonino para sesenta metros cuadrados decorado con mobiliario de regalo para apartamento de playa por zona de Torrevieja en un entorno colapsado de vehículos y suciedad. Hice una oferta por la maravillosa mesa y desprecié el apartamento sacando algunos billetes de cien que abandoné sutilmente cubriendo la letra pequeña del contrato de un lugar que no me interesaba.
El propietario posó los ojos sobre la mesa para ver que los billetes de cien reclamaban por su atención y enamorado se lanzó hacia ellos como el premio más fácil que nunca había conseguido.
Después de un ligero apretón de manos me abrió la puerta para sacar de aquella cárcel todo el amor que iba a pasar por encima de la tabla no sin antes comprobar que una ráfaga de viento se había colado por la ventana y había llevado el contrato bajo el sofá.


MARTA TORRES

SOBRÉ LA MESA………………………………………sobré la mesa se han quedado todas mis ilusiones rotas , al encontrar una nota de despedida de ese ingrato amor…. esa mañana disponía a tomar un rico café para empezar el día pero al poner la taza sobre la mesa me di cuenta de la nota . La cual tome lenta mente , e imaginando que diría …. ( lo que supuse ) como siempre no tenia el valor de decirme cara , cara. Como siempre encontraba sus notas sobre la mesa pero esa era la ultima nota que encontraría sobre la mesa . Deje caer mi cuerpo desconsolada en la mesa .


LA XICUELA DE CORRIOL

Sorbía el zumo del desayuno poco a poco. Con los nervios a flor de piel ante la Trail de 55km que le esperaba al día siguiente.
Sus ojos almendrados, cabello castaño oscuro, barba de un par de días…..como me pone la barba de dos días, ¡¡por Dios!!. Dos surquitos en la comisura de sus labios…..y…..
A lo que iba. Hoy tocaba un entreno suave y pensaba en el día siguiente y en cómo dosificar fuerzas. El equipaje era también ligero, cómo él, lo había visto también unos minutos antes en la recepción del hotel, una maleta de cabina y una pequeña mochila con lo puesto y para llevar unos kleenex, un mini botiquín, bebida isotónica, y barrita energética.
Le observaba desde 2-3 metros sin prisas pero sin pausa. Estaba tan concentrado en la conversación con sus compañeros que no se daba cuenta de que alguien le observaba a pocos metros. Muy concienzudamente lo repasé de cabeza a los pies. Mi posición en mi mesa, me daba está fantástica tregua y gran privilegio, observarle a placer y sin ningún corte ni interrupción.
Acabó de desayunar y le perdí la pista hasta la noche en la cena. Con ropa informal, unos jeans y una camisa negra, estaba espectacular. Coincidimos en pedir pizza. Ya no podía soportarlo más. Quería abordarle, perono sabía cómo ni cuándo por no descentrarlo a él para la Trail y a mí para tener la cabeza en mi sitio. ¿Cómo iba a abordar a un superdeportista una ballena de 105 kg?
No era posible, ni imposible, pero si era una quimera o una utopía mayor aún que ‘Walden dos’.
Mi objetivo era imposible a todas luces.

Tras varios intentos fallidos para saber su nombre, le puse Sergio. Y Sergio terminó su zumo y emprendió camino hacia la salida de la carrera, que haría también las veces de meta. Sí, le he nombrado Sergio aunque no sé su nombre. Es una forma de tener familiaridad.
No estuve el suficiente tiempo para verle terminar la hazaña, aunque sí sé que hubo participantes que tardaron unas 12 horas en acabar la carrera.
Ya no le ví más, ni le volveré a ver, seguramente. Sobre la mesa estaba lo que quedó de su dulce desayuno. Unas migas de magdalenas y su vaso de zumo vacío.
¡Con la de cosas que se pueden hacer sobre una mesa aparte de desayunar…..Dios!!!


ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Lamiendo la ambrosía, que resbala por las comisuras y comienza el descenso hasta el Nirvana, níveo, apócrifo, redundante, y calza superficies incoherentes como desafío personal e impúdico.

La prohibición deja un regusto ácido, a imagen y semejanza de su Creador, que danza calmando ansias y apaga braseros como los enciende, con desatino, con vaivenes ilegibles narrados en lenguas tan antiguas como el hombre.

Las formas pierden su ser en la vorágine voraz que nos define, susurran secretos universales y regalan recuerdos tan fugaces como la inocencia.

Lágrimas frutales, lágrimas amargas, siluetas sobre la madera y un ligero atisbo de culpabilidad.


MARÍA RUBIO

La vieja mesa- Vamos a ir a años atrás cuando la vida de cualquier pueblo de montaña transcurría sin las comodidades que hoy si disponen.En una de aquellas cocinas con lumbre de leña, un banco de madera, un rústico armario , un fregadero de piedra y “Una mesa” con dos cajones ,en uno se guardaba el pan del día y en el otro la cartilla con los poquitos ahorros , los carnets de identidad los papeles del médico, y los papeles de las vacunas de los animales y algún recibo. Encima de la mesa un hule de cuadros para que la mesa se pudiera limpiar bien y fuera multifuncional……Encima de la mesa pasaban muchas cosas,Se escribían cartas a la familia , se hacían los deberes de la escuela, Se comía, alguna partida de cartas al calor de la cocina de leña, se ponía lana para tener prendas, el periódico cuando había, La linterna cuando se apagaba la luz , algún juego de canicas ,La mesa con el color del humo, encima una pizarra con un pizarrin y los niños escribiendo en ella……….


EMILIANO HEREDIA JURADO

SOBRE LA MESA….
….Estaba el compás y, con su punta, en ella grabé
Un corazón mal hecho, con su nombre dentro.
Su sonrisa pintó con acuarela roja la piel
De mis mejillas, y su mirada, detuvo el tiempo.

….Quedó impregnado su olor a jabón de violeta,
y me recosté sobre ella, para atrapar toda la esencia
Que toda ella emanaba, misteriosa, secreta,
Y me envolvía como un aura pura, llena de inocencia.

….Germinaba un tiempo de sol, un tiempo feliz,
Nuestras manos, cosechaban furtivas caricias,
En un tiempo donde, lo único negro, era el regaliz,
Y éramos analfabetos, de penas y desgracias.

…Dejé las entradas de la película en la que vimos
A un marciano volar en bicicleta,
y arropados por la noche, nos dimos
Nuestro primer beso, que sabía a piruleta.

….Te escribo estos versos, ahora que ha atracado
En el puerto de mi memoria el barco de tu recuerdo,
Para que sepas que no te he olvidado,
Para que sepas….que aquí sigo, que aquí…te espero.


FLAVIO MURACA

SOBRE LA MESA… LA DECISIÓN

Wagner alguna vez insistió en que le había sido revelado que por las venas de jesucristo corría la más pura sangre aria…
-Dijo aquel hombre anciano remitiensose a la revista Ostara –
“Quizas era el momento de ir por más, el tiempo de nuestro padre, al fin y al cabo el dios de los gentiles y los sin tierra habia gobernado ya por mucho tiempo.
Era quizas el momento ideal para salir de la oscuridad, tal vez era hora de despertar al demonio dormido” -asevero-.
Mi trabajo aqui ha terminado, lo he guiado a vuestras manos y enhorabuena es de ustedes su formación de aqui en adelante, -dijo eckart sonriendo-.
Ha de ser el iluminado de la oscuridad, valga paradoja del destino, penso en sus adentros, aquel hombre olvidado en la historia, de allí se marcho dejando como testigo al parasito más imundo.
La rabia colerica de este semejante, su docilidad a pensamientos, y lo influenciable de su sentir ha de ser la forma de llegar a él… supuso dietrich eckart anotando sus ideas en su diario intimo, los dejo en sus manos, el gran maestre lo formara a sus ideas condicionales.
………………
Habria que demostrarle al mundo quien era su superior, de donde vendia el superhombre de Niestche- le dijo el anciano a aquel muchacho turbado-.
Solitario como un lobo herido se adentro en las profundidas del averno, en la busqueda de sabiduria pagana…
Estaba solo y tembloroso, una silueta inmovil yacia delante de el…
Claro, los dioses me habian ungido en la providencia, alli estaba por el porvenir- se dijo a si mismo para darse coraje-.
Era mefistofeles, el mismo de Fausto; el que tantas veces habia leido en su adolescencia, ¡que anima cruel y despiadada!
Sin titubear propuso los puntos del contrato, él; lo miro y señalo los papeles apoyados en una mesa blanco marfil, hecha de restos de lapidas de cementerios…
Se acerco y las tomó, sin siquiera leerlas garabateo su firma con estoica decisión… sobre la mesa estaba el destino de los hijos de dios.
Con sangre, haremos el pacto, ¡derrama sangre en mi nombre!- grito el demonio mefistofeles-.
Aquel muchacho tartamudeo y pregunto con voz muy baja, como con miedo al oprobio que incurriria con sus palabras promiscuas.
– Por que con sangre mi señor..-
-Pues debias de saberlo ya, la sangre es un flujo esencial, es vida y creación, es el conductor del alma que me has de entregar- bramo Mefistofeles.
Ofrecío entonces a cambio su alma como recipiente de su voluntad y la sangre de inocentes que el creia inferiores..
Salio de allí, emergiendo de sus fauces, renacido, atrás habia dejado todo sesgo de humanidad.
El infierno fluia en el como un fuego voraz; reunio al sequito de lacayos y les conto sobre sus penurias y las ideas que el tenia sobre el pueblo; fervorosos lo siguieron; clamando su nombre.
Todo habia sido germinado con facilidad, una melodia profana guiaba al lobo en su ascenso, el parsifal era un maravilloso muzak.
Sobre la mesa quedo, suspendido en el eter, la lista de la solución final. Los hijos de dios debian morir…

#AUTORMURACAFLAVIO


PEPINO MARINO ERRANTE

Acercaos, acercaos…

Contemplad una vez más las atrocidades sobre la mesa, protagonizadas por nuestro pequeño e indecente esperpento de quirófano llamado Cristo; ese pecaminoso fistro de la pradera que practicaba la insalubridad en su día a día, por la Gloria de su padre*.

Hallábase Cristo miccionando a su hermana por tercera vez la misma quincena, cuando ésta desarrolló un poder preventivo más eficaz que la alarma de Securitas Direct a la hora de advertir sus intenciones.

Se le jodió el truco.

¿Qué haría yo? ¿Qué haría…? ¿Cómo podría conseguir mear de nuevo su pierna sin que se enterara? Pensaba nuestro batracio humano…

¡Ya lo tengo! Entraré como siempre en el cuarto de baño mientras se ducha, orinaré dentro de una botella de plástico marca bezoya, y así podré vaciársela en la pierna mientras se ducha, extendiendo mi propio brazo por detrás de un lateral de la cortina, mientras le hablo a través del otro. Así comprobará que mi cuerpo se sitúa separado de la parte de la cortina que ella siempre vigila para evitar que la mee, y cuando esté convencida de que estoy alejado, alargaré el brazo para vaciarle la botella por el otro lado… jajajaj. ¡AAAAAAAJAJAJAJA!

Semejante despojo humano consiguió su objetivo las dos primeras veces.

Tras quedarse sin recursos, mientras llenaba la botella de nuevo, carente de esperanza, sabiendo que su perfectita hermana se había convertido en el guardián infalible de su ridículo y retrasado plan, algo asqueroso y depravado hizo “click” en su cabeza.

¿Cuantas micciones serían necesarias para completar el llenado de 1’5 litros de capacidad de la botella de plástico bezoya? ¿Qué opciones o ”bromitas” se podrían llevar a cabo y hacia quién, con una botella bezoya de litro y medio llena de orina?

Bueno, de momento, como no sé qué hacer con ella, voy a dejarla encima de la mesa de mi habitación. Llenada ya está. Algo se me ocurrirá próximamente. Algo.

1 botella.

2 botellas…

3 botellas…

4 BOTELLAS.

4 PUTAS BOTELLAS BEZOYA LLENAS DE SU PROPIA ORINA.

6 JODIDOS LITROS DE SU ORINA EMBOTELLADOS SIN SABER QUÉ HACER CON ELLOS, ENCIMA DE LA MESA DE SU HABITACIÓN, SOBRE LA CUAL ESTUDIABA, JUNTO A LAS BOTELLAS DE ORINA.

Llegados a este punto de la historia, resulta necesario mencionar que aquella guarrada, no llevó a ninguna parte. Tan sólo a que su padre, una vez le preguntara “¿eso QUÉ MIERDAS ES?”, y a que tras escuchar la respuesta, los demás habitantes de la casa comenzaran a tratarle como a Gregorio Samsa, alejándose cada vez más de su habitación y distanciándose por el pasillo cuando con él se cruzaban.

Su perturbada e incomprensible mente, incomprensiblemente llegó a apreciar aquel oro líquido cual Smeagol amaba el Anillo Único, cegado ante la fantasiosa y perversa imagen de los rayos de luz vespertinos que iluminaban el plástico transparente de las botellas, observándose a través de él toda clase de partículas y sedimentos suspendidos en la orina, los cuales se movían de forma lenta y cadenciosa hacia alguna parte sin rumbo. Cristo cogía cada una de sus botellas a diario y las agitaba para activar el movimiento de los restos de proteínas degradadas junto con las células epiteliares muertas de su vejiga, flotando y desplazándose en un hechicero vaivén eterno dentro de aquel dorado fluido…

Mis botellas… Mis botellas de orina… Sólo mías… mías… Míralas… Míralas qué cosa tan hermosa sobre mi mesa… Mis 4 botellas juntas…

”Bien, chicaz, vamoz a pazad a mi habitación a jugad con miz muñecaz. ¿Quedéiz que oz enceñe la casa? Seguidme. Aquí edtá la cocina… Aquí, el pacillo… Aquí máz pacillo… “Eso“ ez la habitación de mi hedmano. Sí, se pintó en la puerta “Cristo Rey”. Ah, nada: eso zon unas botellaz de orina que tiene encima de zu meza, el tío guarro… Y aquí, mi habitación. Alba, saca del baúl la barbie Cucamonga. Clara, tú coge la pizarra y laz tizas. Jugademoz a ser profezoras”.

“Oye macho, tira de una vez eso, que debe de estar podrido ya, coño. ¿Tu madre no te dice nada? Qué barbaridad, por Dios. ¿Cuántos meses llevan ahí?”.

Una primaveral tarde de abril, Cristo decidió dar salida a lo que ya había perdido el sentido mucho tiempo atrás. Llevó las botellas al baño, levantó la tapa del retrete, y las vació una por una.

El hedor resultó insoportable a la par que fascinante…

*Chiquito de la Calzada, maestro: un beso enorme, estés donde estés. No te olvidamos.


ANITA MIMOMBA

Por fin llegó el día en el que Carlos y Estrella se mudarían a su nueva casa. Y menuda casa, un palacete en medio de una finca de olivos inmensa. Construida en el siglo XVIII, hacía más de 50 años que nadie la compraba o vivía allí. No comprendían el por qué, aquella inmensa casa era preciosa, espaciosa y con mucha luz. Y qué decir del paisaje circundante… un inmenso olivar, tan solo cortado por el único camino de entrada.
La reforma había durado más de lo esperado, casi un año. Resulta que una casa de esas características hay que hacer restauraciones de todo lo que es la fachada y eso es un trabajo delicado que lleva su tiempo. Cambiar por completo las instalaciones de electricidad y agua fue pan comido, en comparación.

Los primeros días todo fue un abrir cajas y clasificar pertenencias. Casi sin tiempo para explorar su propia casa. Por fin, tras una semana se habilitar las estancias que iban a ser ocupadas de forma inmediata y continuada, se pusieron a explorar las “otras habitaciones”, esas cuya reforma se había dejado para más adelante. Tras explorar los cuatro cuartos y pensar en ideas descabelladas para utilizarlas (como una piscina interior en un segundo piso), encontraron una cosa curiosa. En la repisa de una chimenea había una figura de una dama que no podía ser retirada, tras mucho probar, la giraron y una pared se abrió. Tras de ella una estancia circular, de espejos, con una mesa en medio, apareció ante ellos. Con toda la curiosidad del mundo entraron a mirar. Extraños grabados en los márgenes de los espejos le daba un aspecto muy logiático. Lo más extraño de todo era la mesa, con forma de estrella de ocho puntas, perfectamente colocada en el centro de la estancia, también era un espejo. Aquel cuarto tan raro les pareció tan siniestro que decidieron cerrarlo y no entrar más. No tuvieron ningún problema en tapiarlo, al fin y al cabo, ni siquiera salía en los planos oficiales del edificio.

Pasaron unos meses cuando, de pronto un día que Carlos había tenido que ir a un viaje de trabajo y Estrella tuvo que pasar unas noches sola en la finca. Al principio estuvo un poco preocupada por estar sola durante una semana en aquella casa enorme y aislada, pero las constantes llamadas telefónicas de Carlos la tranquilizaron. El primer día todo fue bien, bajó al pueblo a por alimentos y para hacer unos trámites administrativos con el abogado. Al llegar la noche, se sintió un poco asustada y decidió meter en casa uno de los perros del pastor, un mastín enorme que sólo asustaba a los desconocidos. Lo dejó durmiendo en la entrada principal y se fue a la cama, en el piso de arriba. Sobre las tres de la madrugada un grito la despertó, el perro ladraba como loco. Bajó muy asustada; el perro se calmó según la vio y, juntos, exploraron la casa. No encontraron nada. Allí no había nadie más. Esta vez se subió el perro con ella y lo metió en la habitación para que durmiera a los pies de la cama. Su compañía la hacía sentirse algo más segura.

Durante los días siguientes, Estrella y Curro (su nuevo amigo peludo) se volvieron inseparables. Pasaban tanto tiempo como podían fuera de aquella siniestra casa. Lo peor eran las noches, cuando no paraban se escuchar ruidos, golpes y puertas que se abrían y cerraban; luces que se encendían y apagaban solas, incluso la televisión del piso de abajo se puso una noche. cuando Estrella se lo contaba a Carlos por teléfono este pensaba que exageraba o que eran imaginaciones suyas.

Por fin llegó el día en que Carlos volvía a casa, pero una enorme tormenta hizo que se cancelara su vuelo y tuviera que hacer noche fuera otro día más. El tiempo era tan malo que no funcionaban ni los teléfonos, ni fijos ni móviles. Aquella noche no pudo hablar con Estrella. No le preocupó. Todo aquello era producto de la imaginación de Estrella, serían los ruidos de la casa asentando todo lo hecho en la obra, que no había sido poco. En fin, mañana estaría en casa y toda esa tontería pasaría.

Carlos llegó por al final de la tarde, cuando empezaba a anochecer. Los negros nubarrones se veían imponentes con los últimos rayos del Sol. Todo estaba inquietamente tranquilo. No se escuchaba ni el canto de los pájaros, supuso que sería por la inminente tormenta. Entró y se puso a llamar a Estrella. Nadie contestaba. Llamó al perro. Tampoco hubo respuesta. Empezó a sentirse inquieto y se puso a ir por todas las habitaciones buscando. Finalmente tuvo una oscura certeza y fue corriendo a la habitación de los espejos. Ya no estaba tapiada, los ladrillos estaban tirados por el suelo de madera pero la pared estaba cerrada. Muy lentamente giró la figura y la pared se fue retirando. Allí en medio del espejo central, sobre la mesa estaban los zapatos de Estrella, puestos boca abajo, con los tacones mirando al techo.


 

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El diablo llama a mi puerta

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “El diablo llama a mi puerta”. Estos ha sido el relato ganador:

CARLOS TABOADA

TÍTULO: ISIS ME RECONOCE

Estoy entrando en el portal de casa. Elena ya se habrá ido. Es la última mujer que ha contratado mi madre. Por la mañana, me dijo que iba a preparar lentejas. Mi madre nunca cocina, y ahora que lo pienso, no sé si alguna vez lo ha hecho… Pero solo pienso en las lentejas de Elena, que por algún motivo quizá publicitario, me hace pensar que deben ser como las de la abuela, aunque no sé cuál. Las hace con chorizo, cebolla picada, trocitos de beicon, tacos de patatas, zanahorias… Y lo mejor, el sofrito con pimentón dulce y picante. Tengo la boca agua y la cabeza atontada por la clase de la Historia de la Antigua Roma. Pero al sacar la llave de la cerradura para cerrar la puerta, alguien me llama.
—¡Angel! —oigo.
Me doy la vuelta. Una chica morena con chaqueta vaquera me saluda. No me suena su cara. Como se aproxima hacia mí, coloco el pie sobre la puerta para que no se cierre.
—¡Qué alegría verte! ¿No me reconoces, verdad?
La observo detenidamente. En cierto modo, me incita a ello, porque no me suena de nada. Tras la chaqueta, lleva una camiseta blanca con el cuello dado de sí, un colgante redondo con el árbol de la vida plateado, unos pantalones vaqueros bien ceñidos y unas zapatillas blancas de deporte. Podría ser una compañera de clase. Me llama la atención el corte recto de su pelo negro a ras de cejas y su piercing redondo en la nariz. Tiene buen aspecto, aunque sigo pensando en las lentejas.
—¿No te acuerdas de mí? —me pregunta ladeando la cabeza, mordiéndose el labio inferior, sonriendo con una bonita dentadura brillante.
Ahora que la veo mejor, no entendería que no la reconociera. O la conocí sin esa sonrisa o estaba en otro mundo. Es decir, me llama la atención, me parece atractiva, en parte… me gusta, y eso es algo que me descoloca un tanto. ¿Una chica que me reconozca pero yo a ella no?
Por supuesto, no he cerrado la puerta, la he abierto más. Ella se ha acercado lo suficiente como para que pueda mirar a través de sus ojos color miel. Pero no logro penetrar en ellos. Sigue sonriendo, y ya no sé dónde mirar. Las lentejas parecen alejarse.
—Te daré alguna pista —me dice, y me da dos besos prolongados. Tiene mi altura, y me superaría con un par de tacones. Su voz es suave, como si no quisiera alzarla, como si no quisiera reconocerla. Tengo una extraña sensación. Me gusta su olor. Incluso parece un recuerdo. Es como si…hubiese formado antes parte de mi vida. Como ese perfume inconfundible que atufaba la novia de la adolescencia y que ahora viaja en el tiempo.
Cierro la puerta tras nosotros. Así podemos alejar el maldito ruido del tráfico que baja hacia Plaza de España.
Estoy descolocado, desubicado. Me esperan unas sabrosas lentejas en el frigorífico y aparece una chica atractiva diciendo que me conoce.
—Sigo viviendo en el número seis, puerta A. ¿Recuerdas?
No. No recuerdo. Aunque….
—¿Eres la hermana de Adrián? —logro decir, después de unos algunos segundos.
Ella sonríe. Ensancha más los labios, si cabe. Su imagen es peculiar, como un aire alusivo que no logra despertar mi memoria.
—No exactamente. —Se acerca a mí, haciendo subir las cosquillas del estómago a la oreja—. Me llamo Isis —susurra, ahogando en mi interior la última ese.
Me repongo como puedo, la verdad. Es extraño sentir que alguien invade tu intimidad y que no te importe.
—Me parece que no conozco a nadie por ese nombre.
—Está bien, lo sabrás… —asiente, como si fuera a dar con el acertijo, como si lo tuviera delante de mis narices—. ¿Qué recuerdos tienes de Adrián?
Me aparto un tanto de su intensa mirada. Miro hacia afuera, como si el chico de la infancia fuera a pasar por delante del portal. Quizá deba salir y buscar por la acera. Parece que él tiene la clave de este extraño encuentro. Adrián, el de la infancia, no va a aparecer por aqui, y yo tengo vagos recuerdos suyos.
—Hace unos años que no nos vemos. Por lo menos desde los dieciséis. Nos peleamos por una chica y…. —¿Qué narices hago dando explicaciones a alguien que no conozco?—. Debes ser su hermana, aunque no te reconozca. Eso es. ¡Eres su hermana! Con cinco años menos que nosotros, pero…Ahora que te veo, ¡sí que has crecido! Mira, me esperan en casa. Ojalá algún día nos veamos, y se nos pase la tontería. Pero las cosas son así. En fin….Que me siento raro al darte explicaciones. ¿Por qué te ríes? Le puedes decir a tu hermano que ya nos veremos para salir por ahí, y que…. que me equivoqué. Tenía razón. Esa chica no era para mí, quizá para él, no sé…¡Aunque tu hermano fue un poco raro! Estaba más interesado en mí que en ella. Mira, ya no sé qué decirte. ¡Le llamaré! Llamaré a tu hermano. ¿Se lo dirás? ¿Le dirás que me has visto? Bueno, si ya sabes quién soy, ¿verdad? No necesito decirte quién soy… ¿Quieres decir algo de una vez?
Ella guarda la compostura. Sonríe. Solo eso. Y me taladra con su mirada. Tiene un aura idiosincrásica y es silenciosa. ¿Qué otra cosa puedo pensar?
—No hace falta que le diga nada. Ahora soy Isis -dice

MARÍA BRUNO

Me despierto, estoy sola, me inunda el miedo y después el odio. Con sobervia y omnipotencia pienso: donde se metieron estos malditos? me trepo y salto los barandales de la camita, llevo mi almohadita vieja entre los brazos; agito la puerta de un golpe y ellos se despiertan.
-Hola bebe! Luchita, miamor, veni con mamá…

No voy a moverme, voy a quedarme congelada para demostrarles mi odio.

-Hola gordita, veni con papi para que te haga unos mimos.

Me doy vuelta, para no tener que mirarlos.
Cuento uno, dos, tres. Respiro profundo…. el odio se disipa…
Ahora volteo con una sonrisa y corro a la cama con mis personas preferidas en el mundo.

A mi la maldad me persigue desde mis primeros recuerdos en este mundo. Es lo que como convención decidí llamar “el otro yo”, que esta adentro mio pero no es humano sino dragón. Y no es que diga que es un dragón porque suene místico, sino por la forma en la que se presenta: quemándome por dentro empiezo a escupir fuego y su cola con pinches me golpea las costillas y duele, duele mucho pero no mata porque el dragón, -que parece estar conectado directamente con mi cuerpo material- tiene una fuerza extraordinaria que, atención acá, solo puede ser usada con violencia.

Mi alma viene de una guerra, mi ojos pasados han visto mucha sangre, y mi cuerpo que ardió en la hoguera de los enemigos, se convirtió en dragón sediento de venganza.


JEZABEL MONTENEGRO

Acetona.

Llevaba un rato en el local cuando apareció Tolo, que debía secuenciar la mesa de luz y sonido. Me saludó con su habitual pesadumbre gótica, adelantó ambas manos y, separando los dedos con dramatismo, me mostró las uñas, pintadas con los colores más terribles que puedan encontrarse en el mercado chino.
Tolo es discreto y tímido hasta la enfermedad, así que aquella salida de tiesto debía responder a una razón muy poderosa y bonita; yo sabía cual era y solté algunas risitas maliciosas.

-No seas cabrona, necesito quitarme esto, antes de que aparezcan los demás.

“No seas cabrona”. Parece mentira, Tolo, después de tantos años. Pude optar por una mentira piadosa y decirle que apenas se notaba, que nadie iba a darse cuenta, o ir al vestuario, coger el quitaesmalte y ayudarle a quitarse esa mierda.

-Acetona. Es lo único que funcionará. tienes que hacer pis sobre tus uñas y el esmalte desaparece. Tú mismo, quédate con esa payasada hasta el día del juicio final. Me has preguntado, te he contestado. Si tuviese que mearte yo, pero ¿qué asco puede darte tu propio pis? No me gustan ese tipo de bromas, tengo un límite. Luego te lavas las manos y solucionado, solo lo sabremos tú y yo.

-Pues me estoy meando como un mono.

-Aprovecha, confía en mí, coño.

Escuché el chorrito y caí fulminada al suelo por la risa. Cuando salió del baño, enfurecido y secándose las manos en la sudadera de Def Con Dos, yo lloraba, me agarraba las costillas y apenas podía respirar. Pensé por un momento que iba a pegarme. Hubiese dado igual.
Aquel ensayo fue un desastre, porque una se moría de risa cada dos por tres y otro no daba pie con bolo, con las manos encogidas y metidas en las mangas. Pasaron semanas hasta que volvió a hablarme.


MARÍA RUBIO OCHOA

EL DIABLO LLAMA A TU PUERTA Quien es? Soy yo. Que vienes a buscar? A ti . Ya te he dicho más veces que no voy a ir contigo ,Marchante de aquí y procura no volver ,No quiero ir a ese sitio que dices que se está de fábula…..Déjame en paz , cuando tenga que partir yo sabré con quien quiero ir………Piensa en todo el mal que haces : Sabes que una persona mata a un bebé ,otra dispara a una multitud, Un vecino se venga de otro envenenando a sus animales en fin……tantas cosas que tú haces que sean horribles ……..Quiero que te vayas del planeta , venga vuela ya……….


ALEJANDRO CAMACHO

XIX”

Los tres diablos están ahí, él puede verlos: el primero intenta inhalar los restos de armonía que transitan en sus impuntuales sueños. El segundo busca ingresar a su espíritu roto para dejar en evidencia posibles vacíos existenciales. El último pone un rostro amarillo en su memoria, un rostro que huele a días muertos; dos ojos imposibles de besar ahora.
Él, debe acompañar a uno de ellos, caer en la hoguera inevitable de la noche y, apelando a su nostalgia, elige la tercera opción, pues sabe perfectamente que los anchos cielos del pasado serán los insoportables infiernos del futuro.


ROBERTO MORENO CALVO

VOY A SALIR.

Del lado oscuro quiero salir.

Ya no haré caso a tu dulce voz diciéndome que hacer. 
Entre susurros maléficos y opiniones diabólicas, te elegí a ti.
Basta de iluminar mi destino con cerillas de cal. Luces que no dan sombra y sombras que me abrazan sin dejarme escapar.

Del lado oscuro quiero salir.

Si un día probé su sangre hoy quiero sanar la herida del azar.
No digas nada. No quiero escuchar.
Muestrame los lastres con lo que he de cargar, pues si esa es tu arma ya sabré contra que luchar.

Del lado oscuro quiero salir.

¿Estás ahí? Déjame verte por una vez. Juguemos cara a cara. Muestrame tu imagen roida por el rencor. Quiero ver esas manos sentenciosas del mal. Saber si de verdad te envuelve el fuego que me abriga en los momentos de venganza.

Del lado oscuro quiero salir.

Voy a encender la luz que te hará desaparecer. Seguir el camino que quiero, alejándome de los zarzales de sentimientos a los que me arrojaste un día y dejar que el sol acaricie mis actos.

Del lado oscuro voy a salir.


PEPINO MARINO ERRANTE

Acercaos… acercaos, pequeñas criaturas infames de moral pérfida.

Acercaos y escuchad con atención la historia que ha de tiempo ocurrió y aquí os traigo.

Corría un año próximo al final del Siglo XX, ó quizás era el inicio del XXI. Tiempos en que astros y elementos cósmicos cambiaban sus costumbres a sabiendas de las transformaciones físicas inevitables de cualquier existencia.

Un niño, por aquel entonces no más que un mocoso de instituto, merodeaba la vida sin rumbo fijo, cual cucaracha roja americana, nacida en primavera tardía y emergente plena en estío. Nuestro protagonista se llamaba Cristóbal, pero era disminuido a Cristo, por su tamaño y por ser una apestosa réplica nominal paterna. Cristo era un enjuto enclenque con la cara llena de acné, que volvía cada noche del instituto a casa de sus padres, repetidor de curso fracasado, relegado al turno de los despojos para no molestar a sus compañeros diurnos que aprobaban al compás de la ley vigente educativa.

He aquí que nuestro asqueroso adolescente, solapaba su llegada al domicilio con la ducha ritual de su hermana pequeña, tan aplicada y buena estudiante como antagónica en carácter y determinación a él. El único cuarto de baño donde Cristo necesitaba miccionar urgentemente, se encontraba empañado en espejos e invisible al ojo humano, lleno de vapor de agua que asfixiaba la misma tráquea de un pez, sin apenas oxígeno aéreo para respirar.

-¡Oye, que me estoy duchando!
-Ya, pero es que yo me estoy meando.
-¡Pues mea rápido y cierra la puerta que entra el frío!

Aquella voz imperativa que siempre, día tras día, increpaba tras la cortina de la bañera con un tono desafiante y osado… ¿Quién coño se cree que es? ¿Eh? ¿Eh? ¿Quién?

Pero, un momento: si abriera la cortina y le meara en una pierna… ¿notaría la diferencia de temperatura con el agua o su piel está mutada genéticamente para poder nadar en un cráter con lava? Vamos a probar…

Cristo separó la cortina con el mismo acecho que un lince ibérico antes de cazar. Acercó su cuerpo hacia la pequeña apertura, y comenzó a orinar. Primero en la loza de la bañera. Después en la caída del agua sobre la pared. Por último, en la pierna de su hermana.

Joder, aquello era fantástico -pensó-. La muy capulla no se está dando ni cuenta. Mira, mira cómo se cree que es agua calentita… ajajajaja. ¡AAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!

-¡Hijo de putaaaaaaaaaa! ¡Mamáááááá! ¡Me está meando encimaaaaaaa! ¡Mamááááá!

No fue una excesiva reprimenda, puesto que Cristo y sus habituales quehaceres resultaban más que abominables. Pero aquí no acaba la historia, amigos. No. Esto no es más que el comienzo de una mente retorcida, que continuó elaborando pensamientos sobre cómo mejorar su estrategia, para repetirla sucesivamente al llegar a casa cada noche.

Pero ésta es otra historia, otro capítulo, que al igual que los que contaba Sherezade cada noche al rey Castor, habrá de esperar a ser contada con otra luz crepuscular próximamente…


LA XICUELA DE CORRIOL

#ch el diablo llama a mi puerta.

Se nota un nuevo ambiente. En la ciudad que nunca duerme, hay callejones sin salida, sólo escaleras de emergencia como las de los bomberos, suciedad, malos olores, contenedores a rebosar, y cientos de apartamentos de idéntica estructura, salón comedor-cocina, baño y dormitorio. Simple, esencial, y lo más importante, barato.
Pero sí, hace unos días que se nota nuevo ambiente, una bollería artesanal abierta 24 horas. Increíble pero cierto. Al principio nadie pareció darse cuenta ni de que existía. Aquí hay licencia hoy pero mañana no, para cualquier cosa, y según el barrio aún es peor.
Por éso pasó desapercibida durante unas semanas hasta que aparte de trabajadores normales y corrientes, empezaran a verse trajeados y más bien ejecutivos que no los fieles obreros. Érika, con un buen trato y bollería de la buena, se los tenía ganados a todos. ¿La bollería llama a mi puerta, quizás? No, son los kilos.

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Si yo fuera la jefa

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos hablar sobre las jefas. Estos son los relatos ganadores: LOLA ALCÁZAR y JEZABEL MONTENEGRO: ¡ENHORABUENA!.

ÁNGELA MEDINA ARBONÉS

Llegó a mi vida a la vez que yo a la suya, pero hasta pasados unos años, no fui capaz de ver todo su potencial “jefil”.
Si se tenía que decidir algo importante, su voto valía por diez. En el departamento de administración y gestión nada se canteaba si ella no torcía el gesto de manera afirmativa. Las horas de libranza y de trabajo eran especialmente seguidas y por supuesto, la nómina siempre pasaba por su filtro.
Cuando fui capaz de ver ciertas cosas empecé a detestarla. Cómo dirigía, la facilidad que tenía para manejar, cómo cambiaba el ambiente con solo una expresión, cómo era capaz de poner a trabajar a todo el mundo con su generador de expectativas y como sin querer te perdías ante ella cuando puntualmente (muy puntualmente), te reconocía tu esfuerzo. Era detestable y a la vez, una parte de mí quería ser como ella.
Parecía no meterse ni interesarle tu vida privada, pero no sé cómo, se enteraba de todo. Era omnipresente, incluso, sin estar físicamente. Te envenenaba la cabeza con su ideal de trabajo, con su ideal de vida y alguna vez me sorprendió su voz en un rincón de mi cabeza cuando por curiosidad, transitaba lo que ella hubiera considerado lugares oscuros y peligrosos.
Las cosas se fueron poniendo feas. Empezaron las broncas, las exigencias y la tensión en todos los minutos de convivencia. Me planteé seriamente largarme de ahi: “a tomar por el culo, tú no eres la dueña de mi vida”. Pero al final siempre había algo que hacía que no cerrara la puerta de salida con fuerza tras de mi.
Tras un periodo de años de distancia buscada dentro de lo posible, el ambiente empezó a suavizarse y comenzamos a tener más contacto.
No sé en qué momento, empecé a ver razones justificadas de acciones que yo había más que tachado en el pasado.
Un día incluso, me sorprendí actuando como ella en aquella ocasión que yo en su día había castigado duramente.

A día de hoy, reconozco el trabajo de esa jefa que sin darme cuenta, me guió (como pudo) en momentos difíciles, me acompañó en los fáciles y supo dejarme ir en otros.
A día de hoy, ella reconoce mi trabajo como hija. Porque tampoco es fácil crearte un sitio en el mundo sin estar a su lado.
A día de hoy, quiero ser casi como ella.
A día de hoy, me parece la mejor jefa que me hubiese podido tocar en el trabajo de ser hija.
A día de hoy, la quiero


JEZABEL MONTENEGRO

A ver, mala. Si te refieres a pérfida, diabólica, execrable, maligna o hija de puta, pues no. Mala sería yo. Pero tirana e insoportable, eso no me lo negarás. Trataba a todo el mundo como si fuera escoria. Sí, también a ti, se cuidaba mucho de hacerlo cuando estabas delante, pero no tienes idea de las barbaridades que decía en cuanto te dabas la vuelta. Da igual, puedes vivir sin saberlo. Siempre pensé que estábais liados. ¿Estábais liados? Y esa insultante tosecilla seca que empleaba para humillar sin abrir la boca. Cof, cof-gusano, cof, cof-inútil, cof, cof, y te destruía la autoestima para los restos. A veces le ofrecía un caramelo de menta por no matarla, entonces se reía. Perra. Sabía que la tenía calada. No comprendo por qué me lo ha dejado todo, antes de marchar. Supongo que tenía claro que soy la única capaz de sacar esta empresa adelante, aunque me tratase peor que a una becaria. Acostúmbrate, querido, ahora somos socios. ¿Puedes creer que me enviaba todos los días a echarle una Primitiva? Como si la necesitase. No le cabía en la caja fuerte ni un solo billete más. Nunca se fió de los bancos. Claro que no son el mejor lugar para guardar cantidades ingentes de dinero negro. Lo hacía solamente por el placer de machacarne. Siempre la misma combinación de números, siempre. He llegado a tener pesadillas con ellos. Después, cafecito y prensa, guau, guau. Me sorprende que nunca haya pedido que le coma el coño. Y se lo hubiese comido. A pesar de sus pisoteos, todo lo que sé, todo lo que soy, se lo debo a ella, todo. Alegra esa cara, hombre, y acaba la copa, te pondré otra. También el mueble-bar es ahora mío. Puedo comprar tu parte si no me quieres como socia. La tuya y la de veinte como tú. Puedo comprarlo todo. Era brillante en lo suyo, ahí no le resto mérito, la he visto vender una chabola pegada a una charca al precio de mansión Marbellí. Y declaraba la charca, claro. Todas esas cosas las he aprendido yo. Te pongo otra. Estará en alguna isla paradisíaca, tratando de gastar lo que nunca podrá. Perderás el tiempo, los papeles están claros. Te arruinaran todos esos abogaduchos que me echas encima para nada, véndeme tu parte, ahora. No volverá. Lo sé, sin más. ¿Me estás acusando de algo? Ten mucho cuidado, no me conoces. Véndeme tu parte y no busques problemas. Estás acabando con mi paciencia. Necesitas otra copa.


PEPINO MARINO ERRANTE

Llegué a la Costa del Sol en noviembre de 2004. Acababa de cumplir una condena de 6 años y 9 meses habitando una ciudad del centro del país, donde me ganaba la vida repartiendo donuts con agujero a bares y pequeños comercios del área metropolitana.

Lo primero que hice fue buscar habitación en mi nuevo municipio. Lo segundo, mantener alerta el orificio; pues tengo la costumbre de medir a los autóctonos no por su gentilicio, sino por las ganas que estos tienen de estafar forasteros como quien vende mecheros*. En tanto en cuanto -jamás he comprendido a quien usa esta expresión en un relato ni su significado- pasaron unas semanas y me hice al clima de la región, comencé a buscar trabajo.

Dejaba currículos presentándonos yo y mi culo escurridizo en infinidad de tiendas, bares, restaurantes y karaokes adyacentes a cada calle.

Una semana y nada.

Dos semanas y nada.

Tres semanas y nada.

No llamaban.

Milagro de la beata. Una día cualquiera y no sabes qué hora es, no me asomo a la ventana sin saber por qué, sino que pateando y pateando la ciudad en busca de empleo, sonó mi teléfono móvil. Se le puede llamar celular también, si alguien quiere, ¿eh? Eso no pasa nada, aquí en debajo, en donde en pone ”comentarios”, ahí donde acabe el texto, escribís una frase diciendo oye Pepino! que musotros preferimos celular en lugar de teléfono! Y ahí en un abrir y cerrar de ojos lo cambio yo. No preocuparse. Total, que en una vía urbana cualquiera, suena el teléfono. Lo cojo. Ilusionado. Pensando que sería trabajo. Nada de eso. Era el típico comercial de Orange para venderte el cambio a su compañía. De repente, antes de colgar, comencé a escuchar una molesta voz estridente. Procedía de cerca:

-Pst, pst. Oye, oye, hijito. Oye chico oye… -su tono de voz era asqueroso-.
-¿Me dice a mí, señora?
-Sí, sí, a ti. ¿Tas buscando pa‘trabajar? Acércate.

Era una mezcla entre Chus Lampreave con gafas y Massiel. Estaba dentro de un quiosco, entre revistas y periódicos.

-Señora, ¿qué quiere?
-Mira chiquito, es que tengo un grupo de feisbuk, y oye, de verdad que una no da abasto con tanto jaleo. Entre vender revistas y diarios no me queda tiempo. Así que necesito que me lo administren. Yo te dejaría dormir aquí, en el quiosquito y poner orden en el grupo. Eso sí, a cambio te pagaría un sueldecito pa‘ ti y todos los meses te dejaría publicar un relato anónimo, así, pa que no sepan quién eres tú pero se pongan en su sitio, que a veces me se revolucionan. Tú, si escribes alguna guarrerida asInma verde subida de tono, ya con eso se conforman, que hay veces que la mujer no les deja irse al cabaret a ver a las muchachas enseñar el liguero y silbar ellos como coyotes enfermos, y necesitan mandanga de la buena, aunque sea ficticia.
-Señora, ¿acaba usted de decir “mandanga”?
-Mandanga, hijo mío, mandanga de la buena.
-Mire, me había convencido ya. Me tenía a punto de nieve como las claras, pero cuando ha dicho “mandanga“…
Otra vez será, señora, va usted con Dios.
-Hale gracias amante, pases buen día.

Y así fue como rechacé la oferta laboral más absurda y superflua que me hayan hecho alguna vez.

*Espacio rimado para Emiliano.
Me la agarras con la mano.


LA XICUELA DE CORRIOL

Aborrezco ver reñir a un niño por algo de lo que aún no es capaz de hacer o por edad o por cualquier otro motivo, como salud, etc, o simplemente no ha hecho porque nadie se lo ha dicho aún.
Hoy ha sido así, y por poco le doy una mala respuesta a la supuesta amiga de la madre, y a la madre también si llega a estar en el sitio que tocaba en ese momento.
Aborrecería decirle con la facilidad que se nos da a los adultos, de hacerles sentir culpables a los niños de nuestro retraso en una llegada a un sitio cualquiera, a un buen rato de correr, en una comida, etc…¿somos nosotros sus jefes? No. Somos sus padres, padrinos etc. No son nuestros vasallos ni secuaces. Son niños.
Sólo faltaría decirles, por ser niños, a sus pocos años equipararlos a los razonamientos adultos, y que ésto siga, siendo ya un no parar. Que ya lo hacemos, sin darnos siquiera cuenta.
¿Donde queda la niñez? ¿La inocencia?

No quiero ser jefe, ni ahora ni de mayor. Y si lo fuera, dimitiría.

Quiero ser siempre un niño feliz, como siempre he sido. No quiero crecer. Ni ser el cubo donde otros ponen sus fallos o malas excusas, la basura de las mentiras y engaños.


TC CARLOS

Ayer soñé con mi jefa. Me llamó en plena noche, cuando salía con los colegas de un asqueroso garito lleno de gente sin dientes y miradas lascivas.
—Ven a recogerme -me pidió.
Traté de rezagarme, de escaparme del grupo, pero no pude. Hicieron de mí el punto de una diana. Todos, envidiosos, querían saber de ella. Cómo se llamaba, qué edad tenía, dónde vivía. Todos dispararon hacia mí, y ninguno acertó. Perdieron el juego. Eché a correr y en un segundo los dejé atrás. Cuatro calles más abajo respiré como pude, y me senté junto a un vagabundo que fumaba un porro. Me invitó a compartir el colchón de cartón, y le dije que solo tomaba un descanso. Preguntó por mi jefa, y le pedí con un gesto una calada. Cuando aspiré aquel mugriento soplo, los pulmones empezaron a darme patadas en el pecho. De nuevo, salí huyendo del escenario.
Con las piernas agotadas y el aliento podrido, me dejé caer sobre los adoquines de una calle de Madrid. Había fracasado. Probablemente estaría mirándome desde la luz de las farolas. Podía ver sus poderosos ojos de gata, sentir sus largas y coloridas uñas sobre mi piel y escuchar su susurrante sonrisa en mis oídos.
Y desperté. ¿Cómo podría contarle a mi jefa que ayer soñé con ella?
Mi jefa paga bien, es práctica, empática, creativa, inteligente, y atractiva.


MILHOJAS MONTAÑA

Si yo fuera la jefa.
Tendría una llave maestra que abriera todas las jaulas, pequeñas y grandes, con animales prisioneros.
Repartiría diariamente comida deliciosa y dulces postres a la gente pobre.
Afilaría un machete para mutilar a pederastas y violadores, Tendría un manto invisible para colarme dónde estuvieran.
Llevaría pozos de agua y lluvia a dónde hiciera falta.
Prohibiría el matrimonio forzado.
Pagaría a la gente por ser feliz, para producir así, más felicidad.
Besaría a quien quisiera.
Pondría de moda la talla 46.
Le daría una oportunidad al lobo para explicarse.
Sembraría de flores y fruta todo el campo.
Nunca madrugaría, porque no necesitaría ayuda de ese señor tan gracioso con barba.
Tendría un refugio de animales, tendría menos sueño, tendría más libros y más tiempo.


MARÍA RUBIO OCHOA

QUIERO SER JEFA- Berta era feminista , organizaba charlas con las mujeres de los barrios más pobres. Eran años de represión para la mujer , junto a su firma tenía que ir la del padre o luego la del marido incluso para abrir una cuenta en el banco , o para un negocio……Berta luchó por llegar arriba en contra de todas las trabas , pasó de las zancadillas , recibió proposiciones indecentes , que supo sortear , resurgió de los baches .Soño con ser Jefa ,ir con su bonito maletín, sentarse en un cómodo sillón, ponerse tacones, los labios de rojo carmín…..Consiguió trabajar además de ser ama de casa y un día la llamaron al despacho del jefe , pensó que le podía decir que estaba enterado de su liderazgo para agitar a sus compañeras en las condiciones del trabajo pero entró en el despacho con la cabeza alta…..Señora Berta le está concedido el trabajo en esta empresa de JEFA DE SECCIÓN…….


DIL DARAH

El milagro de la taza del váter

-Si fuera tú, usaría un color de labios más intenso.

Kirsty observó a Lois como quien ve una una mosca entre los folios de un archivador.
La mujer sonreía abiertamente. Su boca mantenía en la comisura un leve desinterés, el cual convertía en nube azucarada al parecer al colega de al lado. Eso, u el escote profundo que ostentaba más vistas de lo que Kirsty consideraba digno.
La intervención no se podía tachar de desplazada, teniendo en cuenta que la reunión había acabado. Alrededor de la mesa se estaban pactando unos cócteles en The Garage ; en un ambiente informal las remarcas tienden a salir fluidas:
-Hey, llevas el pantalón desabrochado, hey, tu falda tiene un corte muy bonito.
-Hey, si yo fuera tú usaría un color de labios más intenso…
Era aquella clase de fluidez colegial que le permite a alguien llamarte gorda, cuando apenas pesas cincuenta kilogramos sobre metro sesenta a ras de moño. Luego, la sonrisa de Lois venía a tener, podría considerarse, hasta cierto brillo de ternura.
Aún así Kirty se sintió molesta por ello .

Al día siguiente Lois la esperaba, luciendo labios de un rojo tan intenso que dañaba la vista . Le entregó, apenas verla, una pequeña barra de Maybenot o algo por el estilo:
– Dicen que éste color es la mezcla perfecta entre la sensualidad y el poder. Prueba, te va a sentar de vicio.
Inclinando la cabeza en un angulo de quince grados , modo Domo Arigato pero sin el grado perfecto de honra, Kirsty aceptó el regalo y en su despacho lo tiró a la basura .

Kirsty era jefa de proyectos y vicedirectora .
Lois, era diseñadora gráfica del mismo departamento.
Kirsty albergaba en su interior el deseo de mejorar el mundo mientras Lois soñaba con desmontarlo y venderlo por piezas .
Los juegos de poder se desarrollaban como en cualquier empresa, respetando normas y sin faltar el respeto a los participantes. BYTK ganaba millones, todo suceso, triste o fantasioso se celebraba en The Garage Pub y a la mañana siguiente el sol salía del mismo lado para todos.

” Si fuera tú usaría un color de labios más intenso ” hizo a Kirsty saltarse los alcoholes de fin de jornada toda aquella semana.
Sus colegas entendieron que se enfrentaría a algún plazo de entrega . No así Lois, constantemente rondando su despacho y tratando de convencerla, hasta que Kirsty casi pierde la paciencia . No acababan de gustarle las miradas insistentes ni la sonrisa ajena de aquella mujer, como de quien conoce el paradero del Santo Grial.
Pero tampoco veía fundamento para la confusión que le provocaba.
Y eso le daba , aparte de acidez, un dolor de cabeza tipo conflicto-interior- importante.

A la semana , cuando Lois tiñó su pelo de rubio “Kirsty” , se lo cortó a lo ” Kirsty” y se maquilló de tal manera que solo las distinguía la forma de vestir, en la oficina se lo tomaron a broma y hasta barajaron la posibilidad de confundirlas.
Kirsty sintió tal oleada de confusión e inquietud que por poco se desmaya.
Trató de restarle importancia al asunto y convencerse a si misma que podía ser normal lo que estaba sucediendo. Era, después de todo, lo que hacían los fans de los pop stars o las personas que no acababan de desarrollar un grado suficiente de autoestima. ¿O las que desarrollaban demasiada ?
No acabó de clasificar la actitud de Lois.
Sus dolores de cabeza se habían convertido en migrañas.
Respiró hondo un par de veces , soltó una risita, rezando para que sonara natural, e invitó a todos a seguir con sus trabajos. En voz delica y dulcemente ajustada, para la cual también rezó.
A veces es mucho más útil dejar el tiempo que haga de las suyas.
Suele surtir efecto en problemas cuya solución ha dejado de entreverse.

Ese día cerró la puerta de su despacho con el pestillo y no lo abandonó hasta que las maquinas de limpieza entraron en las oficinas.

La vida en BYTK entró en cauce normal por defecto y se mantuvo así hasta que Lois apareció cuan copia fiel de Kirsty.
Pantalones ajustados pero no prietos, camisa de cuello alto, zapatos sin tacón, un maletín de piel desgastada por cuestiones de marca y la sonrisa tierna de siempre.
Kirsty montó en colera dentro del despacho de Susan, la directora de BYTK , y ella, a su vez, trató de apaciguar el asunto.
Un poco raro era, no lo negaba.
Entendía el malestar de Kirsty pero no había normativa que prohibiese a nadie la libertad de parecerse a quien quisiese.
Aparte de ello, y salvo ese curioso detalle , Lois era una empleada modelo, que llevaba a cabo de forma impecable su trabajo, jamás tardaba un segundo y encima se hacía de adorar entre sus colegas. No se le podía acusar a Lois de conducta inapropiada por el simple hecho de comprar en la misma tienda y cortarse el pelo en la misma peluquería.
– ¿ Simple hecho? Susan.. cualquier día me la encuentro en casa fregando la cocina! Ésta mujer está loca ¿no lo ves?
Susan inspiró un par de veces y le alcanzó , con ademanes de ritual, una taza de té . Como muy mucho a Lois se le podía mandar al psicólogo pero no convendría, porque eso imposibilitaba un despido, hasta uno por motivos fundamentados .
– Entiende mi posición Kirsty y mantén la calma por mí. Hazlo por mi, te lo pido como favor- suplicó Susan moviendo levemente las manos y desprendiendo fragancias de Chanel 5.

Kirsty no acudió a trabajar una semana entera .
Necesitaba vacaciones , dijo, para reponer energías y empezar bien el nuevo proyecto. Lo que hizo fue esconderse en casa, hincharse a llorar e idear mil maneras de matar a Lois.
También trató de enviar su CV a otras empresas, pero los motivos de su posible huida se anudaron en la página de Word , bajo los sombríos auspicios de las referencias. Susan había construido un imperio que reinaba a mano de hierro y no entendería jamás el abandono. Le amargaría la vida hasta hacerla imposible de tragar .
Kirsty volvió a llorar y quiso suicidarse entonces a comas etílicos .

Así la encontró el lunes: de resaca y hundimiento moral profundo.
Sintió la tentación de echar un whiskey en vez de un café, pero su cuerpo venía a estar saturado y rechazó hasta el olor del liquido. Se arrastró a la calle, le dejó un par de duros de más al taxista y enfiló la puerta de BYTK como una que se enfrenta a la milla verde del Bloque E .
Al bajar del ascensor se encontró a si misma presentando un Power Point en la sala de reuniones. La mitad de los presentes la escuchaban cuan nubes de azúcar y hasta Susan estaba ahí.
Kirsty fue corriendo a los aseos a vomitar.

Después de un ataque de perdida de tiempo por dilación vino uno de perdida de memoria por impacto emocional . Al rato sucesivo, a través de los altavoces empotrados en el techo, le comenzaron a llegar los acordes finales de uno de sus conciertos de piano favoritos. Era un buen indicio sobre la cantidad de tiempo que había atravesado su otro yo en estado letárgico.
Sobre su cara aún resbalaban lágrimas frescas pero sus ojos habían dejado de sufrir. El paso del tiempo y sus efectos por defecto no iban a ayudar.
Kirsty asumió de golpe tanto el problemón como una solución viable.
El sol nacía triunfante detrás de la taza del váter y dentro de ella, en el reflejo de su propio estomago, Kirsty había descubierto el milagro.
No iba a cruzarse más tiempo de brazos ni sentarse a deprimir, no así se atravesaba la vida, ni se ganaría el derecho de hacerse recordar por mejorar el mundo. Qué tonta había sido, las disculpas que se debía por machacarse de esas formas y lo fácil que era solucionar todo aquel drama.

Kirsty apareció al día siguiente triunfante, luciendo un bello rojo labial. Tan intenso que dañaba la vista.
Vestida como Susan.
Cuan copia fiel de Susan.
Y se fue a desprender fragancias de Chanel 5 por el pasillo , taconeando con elegancia , bajo la tierna mirada de si misma.


LOLA ALCÁZAR

Son las seis y media de la mañana. Manuela desayuna en la cafetería del polígono industrial. Unos hombres apuran sus copas de coñac, y al final de la barra del bar, la prostituta toma su último whisky, entre carcajadas, con un cliente habitual. Manuela la observa todos los días, hace un mes, sintiéndose una igual. La mira mientras pasa las hojas del periódico para disimular. El hombre, entre risas, le acaricia un pecho, la prostituta deja de reír y le empuja con fuerza. Manuela siente asco al verlo y un escalofrío recorre su cuerpo, porque hoy Juan le dirá zorra otra vez. Manuela revisará su trabajo, y mientras lo hace, él le dirá en voz baja, con serenidad, casi imperceptible para los demás, zorra. Y ella se hará la sorda.
Mira en su bolso para asegurarse que ha guardado un pequeño spray de pintura blanca que compró ayer. Alguien dibujó en la pared de los lavabos unas grandes tetas y una vulva penetrada por una polla, y escribió en mayúsculas: jefa puta. La pintura blanca lo limpiará, como el agua limpiará el cuerpo de la prostituta cuando llegue a su casa. Lo pintará a las tres, cuando Juan se vaya. Después irá a buscar a su hijo al colegio, se lo llevará al taller para terminar la jornada laboral, y juntos regresaran a casa.
Manuela ha decidido no dar parte a sus superiores, porque teme que le digan que no sabe resolver los problemas del trabajo.
Sobrevivirá, para ella no hay otra opción. Ha decidido callar, y rezar para que Juanito, como le llaman sus compañeros, apruebe la oposición y se largue.
Manuela saca de su bolso un ansiolítico, lo toma con un trago de agua y sale del bar. Tiene que abrir el taller.


EMILIANO HEREDIA

¡uf!

Suena su despertador, hora de levantarse. El mío, ni lo pongo. Si se despierta, inmediatamente detrás, voy yó.
Que pereza. Pero es lo que hay. Fotocopia del día anterior y al que vendrá mañana.
Echo Colacao en dos tazas. Leche, lo remuevo un poco. Microondas, para el niño, cincuenta segundos. Para la niña, un minuto diez. Suena la caldera funcionando. Se está duchando. Aprovecho para colocar las tazas en la mesa del salón. Unas magdalenas. Entro el el servicio, mientras se ducha, cojo el cuenco de todos los días, lo lleno hasta la mitad, le echo jabón. Cojo la toalla pequeña, coloco el cuenco en la encimera de la habitación del niño, subo la persiana. El aire está de baile con las ramas de los arboles.
Enciendo la luz, el peque remolonea. Esconde su cabecita bajo la almohada como un caracol.
-¡vaaamos Mario!,¡buenos días hijo, venga, levanta que vá siendo tarde!
Vá al servicio a hacer pis.
Le lavo el culete y le visto.
Enciendo la luz de la niña.
Protesta.
Subo la persiana, y el aire sigue con el vals.
-¡Veeeenga!,¡que luego hay que ir corriendo!.
Se estira y se desenrolla como una mariposa recién saliendo de su crisálida.
Sale de la ducha. Me escabullo. Abro las ventanas para que el aire hinche las velas de los barcos y se lleven los sueños de la noche.
Pasa de largo, no me ha visto, o si me ha visto, no me ha dicho nada. Mejor.
Quejas en el salón. Goku contra Doraemon. Gana El asombroso mundo de Gumball.
-¿me buscas un jersey fino para el niño?
Claro que sí. Yó lo sé todo, de ésta casa.
-¿y el libro de familia?.
Por supuesto. Cómo nó, si no sabe dónde está.
Preparo la merienda de los niños, con un ojo puesto en lo que hace, por si ataca.
Mando a los niños a lavarse cara y dientes. Corre, corre, que faltan cinco minutos para iros.
La puerta se lacra con el murmullo de los niños entrando en el ascensor.
Silencio. La casa parece una foto.
Pila sin recoger. Las camas sin hacer. La casa sucia. Por planchar, una pila de ropa.
Desayuno, un café bien caliente. Tostadas. Galletas. A ver cómo me despego del sofá.
Recojo el lavavajillas. Meto los platos sucios. Limpio la encimera. Friego el suelo.
Veeenga vamos a por el baño. Jó, yá son las diez. Me pilla el toro. Las camas, hay que cambiar las sábanas, poner, la lavadora., tenderla. Me siento un rato, mirando desde mi pecera, veo la vida transcurir. Setas multicolores, brotan de las aceras, llueve.
Mientras, se seca el salón, que és lo último que he fregado.
Las once pasadas yá, y sin planchar, a ver que echan en la tele….sí, esto me gusta.
Que paliza. Las doce y cuarto, ya he acabado. He planchado ropa entre rugidos de leones, antiguas estructuras y tíos que fabrican cuchillos.
Piiiiii. Jó,la lavadora, la una menos veinte, tengo que tender, y sin comer. Pues nada, bajo a por el pan, y como tipo bar, un bocadillo, un bocado, tiendo un calcetín, un bocado, tiendo una camiseta, un bocado, tiendo un pantalón, la una en punto, tengo que irme a y cuarto a trabajar.
¡la basura!, se me había olvidado, venga, que tú puedes.
Las dos menos diez pasadas, ya estoy en el trabajo.
Hoy el jefe, tiene el día tonto.
Tengo encima un cansancio que no es normal.
Me como el bocadillo sin ganas.
Las diez de la noche por fín.
A ver que me encuentro al llegar.
Me lo imagino, porqué nó has hecho esto, porqué no has hecho lo otro, mira como está todo,
Que está todo el día trabajando, y se encuentra con lo que se encuentra.
Que paciencia, señor.
Pero tengo el premio de la sonrisa de mis hijos. Un cuento, a dormir, a dormir, que es tarde.
Hablo con la mayor. De sus cosas. De mis cosas. De nuestras cosas.

Las once de la noche pasadas. Me ducho, las doce y media.
No tengo hambre. Tengo cansancio a toneladas. Tengo sueño de oso en invierno.
Ceno con la luz apagada. Duerme a todo lo largo del sofá, y sus pies desnudos, a mi lado.
Pescado. Me gusta el pescado. Pero a la luz del día, o a la luz de la lámpara. No veo las espinas, las intuyo. Comer pescado en penumbra, es complicado, hay que aprovechar los fogonazos de la pantalla del televisor en las escenas de mucha luz de la película que está viendo, para descubrir alguna. Comer pescado en penumbra es como buscar monedas en la playa.
Pescado, me encanta el pescado. Reciente, crujiente. Nó frío, ni gomoso.
La grasilla del pescado, al comerlo con las manos, buscando raspas, hace que las migas de pan adornen tus dedos.
Pescado, adoro el pescado. Me canso de buscar. Paso de pescado.
Adopto un trozo de chorizo perdido en el frigorífico.
Un plátano.
Recojo la mesa.
Buenas noches.
Los parpados se me clavan en los ojos.
¡uf!, que día, Jacinto. Estás hecho toda una jefa del hogar.


ANITA MIMOMBA

Cuando el joven Diego pidió en matrimonio a Alejandra, su novia desde hacía 3 años, nunca se imaginó la “prueba” a la que ella lo sometería para poder conseguirlo.

Vivían en un barrio marginal a las afueras de una ciudad asquerosa, en un país ya de por sí pobre y arruinado, donde la mafia mandaba más que el gobierno o las fuerzas del orden. Todo aquel que quería tener una vida medio decente tenía que entrar en la “familia”. De modo que Alejandra le dijo a Diego que se casaría con él el día que trabajase para “La jefa” la cabecilla de la mafia local, le insistió en que hasta que no fuera su mano derecha no aceptaría ser su esposa.
La tarea era ardua y podía llevarle varios años conseguirlo. Él no quería, pero sabía que era la única manera de sobrevivir en aquel estercolero y casarse con Alejandra. Le daba miedo y asco. Sabía que para llegar a un puesto como ese hay que extorsionar, secuestrar, dar palizas y…matar. No iba a ser fácil ni bonito ni rápido.
Durante los dos primeros años, fue un pringao que se dedicaba a cobrar deudas, amenazar y dar palizas, a tenderos y socios que no entendían que la protección se paga. Tras eso, un día, lo llamaron para una entrega. Ser conductor era un ascenso en toda regla: cobras más y no das palizas, solo hay que ir desde A hasta B sin hacer preguntas ni cotillear. Así estuvo otro año hasta que, una de sus entregas, resultó ser un secuestro y tuvo que participar como chófer, cosa que no dejó de hacer desde entonces. Se convirtió en el chófer oficial para los “trabajos delicados”.
Alejandra estaba satisfecha con lo que iba consiguiendo y le animaba a seguir así, su nivel de vida iba mejorando por momentos, a este ritmo en unos pocos años podrían casarse.
Diego siguió haciendo de todo para la “familia”, poco a poco fue haciéndose imprescindible para todo, escalando puestos hasta que el gran día llegó. en 10 años nunca había visto a “la jefa”, había oído decir que era implacable, que nadie se atrevía a llevarle la contraría, una mujer dura y con una sangre fría que helaba estancias enteras, con un carácter fuerte e indomable, y una experimentada torturadora y asesina sin remordimientos.
Le dijeron que cuidara su aspecto para ir a conocerla, y se puso su mejor Armani para la ocasión, un traje oscuro y serio, muy profesional. Estaba aterrado, cualquier cosa podía pasar en esa reunión, si no le gustaba o le contrariaba, incluso podría hasta matarlo. Vomitó antes de salir de casa por el estrés y se marchó a la mansión. Una vez allí lo condujeron a una sala donde le hicieron esperar una hora más. Cuando llegó su turno, se levantó despacio, como queriendo retrasar el momento hasta el último e inevitable segundo, se dirigió a la puerta, entró y… casi le da un shock cuando descubrió que su querida Alejandra era “la jefa”, le había estado preparando para su vida como patriarcas.

FRANCISCO BALLESTER MONFORT

UNA DE FANTASMAS
NO VA DE UNA JEFA, PERO VA DE UN JEFE ¿ NO NOS VAMOS A PONER SEXISTA…NO?’

Se oyó un terrible grito…, bueno, en realidad fue un horrible alarido seguido de varios más hasta que un llanto nervioso e histérico fue substituyendo a los aullidos.
No…, no era de noche, ni era una casa lóbrega y antigua, tampoco había neblina, ni los cipreses se recortaban tenebrosos en el cielo, ni ululaba un puto búho… Era de día y el sol entraba radiante al mediodía por todo el enorme y moderno rascacielos acristalado iluminando todas las oficinas cuyos aires acondicionados ronroneaban a máxima potencia para paliar el calor del efecto invernadero en aquellas estancias.
Cuando los demás llegaron en tropel hasta ella, Doña Gertrudis, la secretaria de dirección y una de las personas más temidas de aquél edificio, estaba desmayada, sudorosa y pálida, caída boca arriba entre el inodoro y la mampara lateral de uno de los cuatro pequeños cubículos en que estaba dividido el baño de señoras de la oficina de la planta 23. Las bragas arrugadas en el tobillo izquierdo y la falda desordenadamente subida hasta el ombligo, permitía ver la negrura de su sexo entre las piernas desmañadamente abiertas.
El primero en llegar fue un hombre, que para no mirar, se apartó pudorosamente sorprendido permitiendo así que sus compañeras de oficina la atendieran y la reanimaran.
-! Ese cabrón quería arrancarme el coño ! !Os lo juro! ! No quería tocármelo no.., quería extirpármelo !, !Dejarme si él… !.
Las compañeras, mientras la tranquilizaban comenzaron a mirase disimuladamente entre sí con extrañeza y complicidad.! Allí no había nadie !, en aquellos cubículos solo cabía una persona e incluso una compañera que acababa poco antes de salir del tocador dijo que no había visto nada raro.
– ! Os lo juro!, !Tenéis que creerme!. Estaba sentada y ya había comenzado a orinar, cuando noté algo como una mano que viniendo de de atrás se deslizaba por mis nalgas, mi ano y mi vagina y me agarró todo el chocho como una garra abierta y luego lo estrujó como un higo dejándome sin habla de dolor y cortándome la meada.
Cuando la lograron levantar a la mujer con una crisis de ansiedad para llevarla a la enfermería de la empresa con el fin que le administraran algún sedante, vieron que en el cubículo solo habían quedado algunos pelos rizados de origen evidente descansando bajo el agua amarillenta en el fondo del inodoro.
La cosa quedó ahí, bueno no… No quedó igual, porque la dura dominación de “La Sargento Gertrudis” que tenía puteado a todo el edificio mostrando la más estricta intransigencia y falta de empatía con todo Cristo, se vio relajada por el ridículo público, las burlas, los cuchicheos y las risas a sus espaldas con la consecuente pérdida de autoridad moral de la susodicha, cuando se enteró por el desliz de un interfono, de que ahora la llamaban “Chochoroto”.
Pero la hilaridad general “Por lo bajini”, no hizo mas que aumentar exponencialmente, cuando semanas después y delante de tres testigos, a “Chochoroto” en pleno ascensor unas invisibles fauces babosas le mamaron de modo virtual los pechos y succionaron sus pezones mientras algo le magreaba a la vez el culo y resbalando por la pared de cristal tuvo un extraño orgasmo que la dejó sentada en el suelo con los pelos revueltos y los ojos en blanco.
Días después, una presencia le arrebató de las manos a una, ya trastornada Doña Gertrudis, más de doscientos folios de facturación y los hizo volar durante cinco minutos por toda la oficina cómo pequeñas alfombras de Aladino.
Por último y lo que la llevó al retiro por incapacidad mental con el cerebro derretido por el delirio y un ataque histérico de asco, fue la sensación de que bajo su mano, el ratón del ordenador se había convertido de repente y en plena reunión de la directiva, en una peluda y enorme rata sarnosa cuya cola rosada y áspera se perdía tras el monitor.
Cuando todos pensaban que “con la loca se había marchado la locura”, coincidiendo siempre con el intenso resplandor del mediodía, aparecieron nuevos y misteriosos fenómenos sin explicación alguna que fueron acojonando a todo el personal de tal modo, que sobre los escritorios, ordenadores y discos duros, comenzaron a aparecer objetos como estampas de la virgen, cuernos de cabra, cruces de plata, amuletos indios , misales nacarados de comunión, ristras de ajo etz, porque inexplicable a la muerte a de Don Obdulio al que encontraron con el cráneo estampado contra el cristal de la fotocopiadora rodeado de una neblina azufrada mientras la dichosa máquina en modo automático iba esparciendo por el suelo con su siniestro y monótono “rirac” más de quinientas copias de sus sesos desparramados, se fueron sumando otros mas sangrientos todavía como el de Don Martín a quién la puerta del ascensor lo cizalló en dos dejando cada una de sus mitades solo unidas por las cuerdas que formaron sus hediondas tripas, a una distancia de dos pisos una de otra, o lo de Don Agustín, el tesorero, un hombre con obesidad mórbida al le ardió toda la grasa de su cuerpo como si fuera gasolina cuando al encender un enorme habano en el lujoso vestíbulo del edificio, le prendió casi espontáneamente su enorme papada porcina dejando su voluminoso cuerpo en un decepcionante espantapájaros requemado y humeante.
A estos horrores, se fueron sucediendo otros desastres que fueron acabando uno a uno con todos los miembros de aquel consejo de administración tan permisivo y tolerante con las maniobras del hijo de puta, es decir, del presidente de aquel banco.
“El Diosecito”, qué dirigía aquella maligna máquina de joder al prójimo encerrado en la torre de marfil del último piso del edificio donde sus acristalamientos y panorámicos ventanales le permitían sentir, cuando miraba hacia abajo, una cuasi-sexual sensación de dominio sobre la ciudad, era de todo menos tonto y aunque no creía en fantasmas vengativos ni presencias espectrales, aquel capullo si veía claro que iban a por él y habían comenzado por aislarle eliminando antes la base de la pirámide de la que él y solo él, era el pináculo de oro.
Había heredado la mayoría accionarial del banco de su padre, un honrado banquero que había levantado aquello con gran esfuerzo, buenas prácticas y una flexibilidad cristiana con sus deudores, para acabar dejárselo al psicópata malcriado de su hijo.
Paradójicamente, ” El Diosecito” lo convirtió en un gran imperio financiero mediante los procedimientos bancarios mas duros, despiadados, crueles, hijos de puta e incluso ilegales que su avaricia usaba sin remordimiento alguno, dejando a su paso una estela de quiebras, suicidios, ruinas y llantos, que lejos de remorderle en la conciencia y puesto que carecía de ella, alimentaban la autoestima de su insaciable ego.
Así, que tantos eran los que tenían motivo para odiarle y desear su muerte, que al ” El Diosecito”, le resultaba imposible hacerse una idea de cuál de todos sus enemigos lo estaba cercando y no sabiendo por donde le venían los tiros, optó por protegerse atrincherándose a cal y canto, guardado por una fuerte seguridad, en su torre de marfil hasta que pasara el temporal, para mientras estudiar los dosieres de sus mas importantes cabronadas financieras por si algo le podría señalar el culpable del acoso.
!Vana labor…!. Él ignoraba que las almas fantasmales que se agarran a la tierra con las raíces del odio para no marcharse y vagar sin descanso en busca de venganza, no suelen ser aquellas a las que han hundido hasta el suicidio la caída de sus grandes negocios y su ego, sino las que mueren silenciosas de pena de ver el sufrimiento de los suyos como la de aquel pobre anciano jubilado, cuando un injusto desahucio dejó sin techo a su mujer enferma para que el frío la rematara.
!Si!, aquel capullo ignoraba la fuerza maligna y destructora que puede tener el alma cabreada de un viejo.
No, de nada le sirvieron las paredes, ni los guardianes.
A las doce del mediodía de un día radiante, justo en el quinto aniversario de la muerte de aquella vieja, el presidente desapareció para siempre.
Alguien en el edificio comentó de pasada que le había parecido que algo caía gritando. Tal vez si hubiera caído mas despacio, ese alguien hubiera visto la cara de horror y los desorbitados ojos del ” El Diosecito” mientras su cuerpo caía agarrado y envuelto por una arrugada presencia espectral.
Misteriosamente, nadie encontró cuerpo alguno. No se estrelló contra el asfalto. La cicatriz de la grieta en la tierra que se lo tragó, aun vivo, hasta lo mas hondo, eterno y cruel del averno, se cerró después de engullirlo como si nunca se hubiera abierto.
¿Sabéis…? Ese mismo día, el impresionante edificio del banco tembló como si lo sacudiera un pequeño seísmo. Los empleados no se extrañaron, como ellos mismos…, ! Aquella enorme mole se había estremecido de alivio…!.


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Reencuentros

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “Encuentros”. Este ha sido el relato ganador:

ROSA RODJA

Cuando era pequeña e inglesa vivía en un barrio periférico de Londres. La casa tenía un jardín en el que había una caseta de madera, flores y perejil.
Una tarde me encontré un gatito, él era gris y yo rosa; una combinación irresistible al flechazo.

ROUSMERIIIIIII, GÜOT ARR YU DUINGG?, NOS TENEMOS QUE MARCHAR!!!!

Era la voz de mi madre que salió volando de la cocina y llego a nosotros en forma de coitus interruptus.
Jo, vaya rollo tener que dejar el amor en pausa, bueno, lo meto en una cajita y lo dejo en la caseta hasta que vuelva, debí pensar con mi cabecita cuatro años-casi cinco. Tapé la caja, la dejé con mimo en un hueco de la estantería, meé sobre el perejil y acudí al quinto reclamo desesperado de mi madre.
No recuerdo dónde fuimos, pero no debió ser muy lejos porque mi madre no quiso subir al segundo piso del autobús rojo, no Rousmeri, esa planta es para ir lejos. Como si las distancias con lo amado no fuesen siempre infinitas. Me sentí triste.
Llegamos anocheciendo, aunque recuerdo perfectamente que el sol brillaba. Fui ansiosa a la caseta, abrí la caja y mi gatito, transformado en gremlin malo, se echo a mi cara y con sus pelitos grises en punta huyó para siempre, dejándome allí, con la cara arañada y la sensación de haber caído de culo desde un lejano asteroide.
Ese día aprendí dos cosas que luego me han servido mucho en la vida:
1) Que encerrar no rima con amar.
2) Que siempre hay que lavar muy bien el perejil.

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

JUSTO FERNÁNDEZ

REENCUENTRO CON MI MISERIA (#YoTambien)

“Yo también he abusado sexualmente:
Me encontraba en la estación de autobuses de Santander. Como muchos días, solía estar por ahí al acecho. Vi a un chaval de unos 15 años o menos que se dirigía hacia el baño. Me gustó. Era menudito y parecía muy joven. Me excité. Le seguí y me situé disimulando en el urinario justo a su lado. Ni se dio cuenta de mi presencia. Así que le chisté casi al oído: Eh! Mira!. Cuando me miró, me giré hacia él con mi polla bien empinada. La agitaba y se la acercaba con mi mano. Mientras, yo le miraba directamente a sus ojos de niño … sentía mi boca salibando …”.

Como ese despreciable HOMBRE jamás va a confesar lo que me hizo, si es que todavía está vivo, ya lo hago yo por él.
Ese depredador repugnante tendría entonces la edad que yo tengo ahora, yo solo tenía 16.

Gracias Feminismo, una vez más, por ayudarme a ver.

Antes era: “Joder!, ni se te ocurra contarle eso a nadie”.
Ahora es: #YoTambien


ABRUJANDRA ALVARADO

Tenía ocho años cuando mi papá me regaló un Atlas de esos enormes, maravillada de todo lo que había para conocer, quedaron marcados muchos países que quería conocer.
Me aprendí sus costumbres, cantidad de habitantes, latitud y longitud, los idiomas sería una cuestión de tiempo.
Viajé mucho, viajé siempre, no recuerdo un sólo año de mi vida sin que haya habido una mudanza o viaje de placer.
Dicen los que saben que uno viaja para escapar, para abrir la cabeza y los que no quieren viajar dicen que para qué.
Leí muchos libros, ví muchas películas, obras de teatro, muertes, nacimientos, espaldas de amores como último recuerdo de su presencia, fui madre, hermana, hija, sobrina, tía, vecina, empleada, jefa, desocupada.
Corrí durante años contra reloj entre tareas escolares, transportes, trabajo, la comida, pagar las cuentas y un día viajé lejos, más lejos de lo que nunca imaginé.
Sigo viajando en la lejanía del origen y al fin sé para qué, estuve cuarenta y dos años distraída, hace cuatro años que me estoy conociendo, este año llegué a mi infancia y la recorro a diario mientras la escribo a mano, en un cuaderno, a la antigua. Ahí está ella paradita, con sus mejillotas rojas de tanto correr a orillas del lago, me sonríe medio tímida, me acerco despacio porque no quiero que se asuste y corra, como siempre. Se distrae con cualquier cosa, mucho más si cae la tarde y el cielo se pone naranja.
Le quiero hablar pero no puedo, se me hace un nudo en la garganta y entiendo todo.
Viajar es el gusto de hacerlo sin importar el destino y morirse no es terrible, terrible es vivir sin saber quién sos.


SARA LÓPEZ

Solo bastaba el brillo de ternura en tus ojos, al asomar levemente la cabeza en un momento de desesperación, para que cualquiera con un mínimo de empatía se parase para socorrerte. Divina juventud la tuya. No requería ningún esfuerzo por tu parte enamorar; ni siquiera precisabas el don de la generosidad, un bien escaso en estos tiempos.

Tú no necesitabas escuchar a nadie, ni ayudar a los demás…ni siquiera necesitabas talento. Y tu mayor pecado fue, indudablemente, el de crear un nido de comodidad en esa posición tan efímera. Tu evolución paró en seco. El éxito te nubló la vista hasta que te convertiste en una cáscara vacía que chillaba más alto que nadie y soltaba sin temor la sabiduría de las voces ajenas como si fueran basura. Y, a pesar de todo, dichoso de ti, siempre ibas acompañado. Tenías un séquito de discípulos que anhelaban la luz que desprendías desde tu mismo ego. Les daba igual que les hicieras sombra, siempre y cuando fuera TU sombra la que les guardase de los rayos de la verdad. Tenías el mundo a tus pies, e hiciste de tu universo un hogar. Una red aparentemente infinita de más y más personas que te alababan como a un dios. Tus pensamientos jamás hicieron eco entre cuatro paredes…

…Hasta que un buen día y sin previo aviso, lo hicieron. Fue entonces cuando tuviste que reencontrarte, vivir esa sensación que solo habías sentido de niño: Soledad.

Soledad cruda y sangrante. Soledad en un día nublado. Soledad es la única palabra que puede escribirse con todas las cualidades del mundo porque puede significar la muerte y también la vida. Al fin y al cabo, aprender a estar realmente solo fue lo que te salvó de todas esas personas que tanto te adoraban. Lo que te devolvió tu humildad…

…Y lo que te llevó a conocerla a ella.


MÓNICA MEDL

Llevaba tiempo buscando.
Nada podía hallar.

Revisaba momentos, recuerdos y conversaciones.

¿Donde podía estar?

Llevaba tiempo perdida.

¿En qué momento ocurrió?

¿Cómo fue que no lo notó?

Nadie le dijo qué había sucedido.
Nadie le explicó como haber vivido de a dos, ocasionó que ella se perdiera.
Tampoco ella lo percibió.

Un día algo fue diferente.

Algo la despertó.

Salio de ese estadío inconsciente.
La anestesia poco a poco se disipó.

Ese haber vivido de a dos, la había asfixiado, hasta que desapareció.
Hoy despierta confundida, no entiende que pasó.

Solo sabe que es el mejor reencuentro, que la vida le ofreció.
Desayuna a solas, se siente libre, se siente ella.
Disfruta de aromas, sabores, de su propia compañía y de su voz interior.

Llevaba tiempo buscando y hoy se reencontró.


DIL DARAH

Hace cierto tiempo
yo por una acera que tal vez los GPS identifican, en un país cuyo nombre no conlleva más que emociones personales nacidas por culpas de tercios y por tanto voy a omitir.

Llovía seguramente.
Lo sé porque me encanta desafiar los cielos , sobre todo cuando estan de rebotes . La clasificación ya me da igual, el caso es desafiar.
Las palabras se mezclaban con sonidos que no les correspondían y los sentimientos carecian de eco.
Deambulaba yo y daba vueltas en amplios circulos obsesivos a una pequeña idea.
Tampoco importa exponerla, ya que sobran en este mundo a defavor de la actitud emprendedora. El exceso de ideas además contraresta la importancia que tienen y nos torna dispersos. Aparte de ello mis ideas no son de uso público ya que no aportan beneficio más alla de ejercitar cierta comunicación.

Sabiendo que la introducción queda acabada entenderé que hay que adentrarse de alguna forma en la trama por tanto proseguiré según las normativas que les gustan tanto a los que no han de seguirlas.

No me choqué contra un poste ni tampoco se produjo un fin del mundo, tal y como lo conocemos, del que me rescataría a saber qué fantasía. . De hecho la lluvía caudalaba al mismo ritmo monótono las acequias y la gente pasaba por al lado con la misma normalidad de lunes a la tumba, sin pensar en mí ni en lo que pensar significa.

Fue percibir una presencia en la misma acera lo que me indujo a girar cautelosa la cabeza y observar al que me pisaba los talones.

Cantaba. Sin abrazar postes de forma dramática .
Bailaba. Sin respetar ningún requisito de correografía.
Sonreía. Sin importarle yo, ni las rutinas vitalicias que se arrastraban a su alrededor.

Hice entonces lo que no suelo hacer para poder hacer que parezca que lo estoy haciendo: hablé.
Hablé con él y traté de detectar presencias de estimulantes neuronales de composición diseñada para posteriormente entablar conversación como si estuviesemos ambos bajo efectos alucinógenos. De algúna manera ese tono cuadraba con la situación tanto como su nombre.

Se llamaba Wandering S. Cucumber.
Le daban grima muchas cosas y no quería mencionar demasiadas por ahorrarme un exceso de información y un posible sindrome de Stendhal. Lo que más le alteraba : la abundancia de cocientes pseudo docentes con impresiones por encima del limite admitido por la decencia. Lo que menos: el uso de redes sociales para pseudo socializar; un simple fenómeno pasajero comparable a cualquier revolución involutiva que se derrogaría pronto por otras alternativas igualmente perecedoras.

Wandering era, a lo sumo, todo lo que yo quería ser sin cambiar de sexo. .

No soy la única que haya sentido la necesidad de regalar algo a alguien que tiene demasiado: la confusión es siempre extrema.
Me duró doscientos pasos y cuatro teorias suyas , soberbias por cierto, para acabar de recordar que las casualidades no existen.

Todo pasa por una razón .
La lluvía.
Cantar y bailar a son de aceras mojadas.
Tener pequeñas ideas que necesitan grandes exponentes…

Le regalé entonces la mía, que de tanto llover y conversar se había tornado demasiado grande para mi pecho.

No todas las historias son de Rachel y Deckard por mucho que llueva. Ni lo pretendí tampoco.
Pero despues de tanto tiempo me gustaría saber qué hizo Wandering S. Cucumber con mi regalo y si sigue camuflando su alma en ataques de baile sin correografía.


ESTHER DE LA CRUZ

Habían pasado unos veinte años desde su último encuentro. Un malentendido y la presión del entorno los había hecho distanciarse. Una hermosa amistad emborronada por prejuicios y convencionalismos sociales. Tiempo después él se trasladó a una gran ciudad y no volvieron a verse, ella sabía que periódicamente retornaba para visitar a su familia, pero no encontraba la forma ni el valor para propiciar un encuentro. Le aterraba que esta vez él malinterpretara sus intenciones y todo volviera a empezar. Pero también le daba pavor enfrentarse a aquellos dolorosos recuerdos que habían marcado su vida.
Esther había arrastrado la pesada carga de la culpa durante todo ese tiempo. Siempre pensó que si hubiera sido más lista y no se hubiera empeñado en precipitar los acontecimientos aún mantendrían aquella amistad aunque, por lo que fue descubriendo al correr de los años él dejó muchas amistades por el camino… Y no todas guardaban un grato recuerdo. Pero para ella jamás hubo un desaire o un mal gesto por su parte, y después de lo ocurrido sólo se fue alejando discretamente, dejando un inmenso vacío tras de sí.
Pero Esther seguía considerando a Ángel el amor de su vida. No un amor romántico, ni el típico mito del “príncipe azul”, ya era mayorcita para creer en cuentos de hadas y caballeros de brillante armadura, pero sí la persona que había despertado en ella el sentimiento más puro y profundo que jamás tendría, por eso le dolieron tanto las burlas cuando decidió dar un paso al frente y confesar su amor. Pero una vez superado el ridículo y el miedo a que Ángel pudiera echarle en cara su actitud, se debatía entre sus esfuerzos por dejar atrás el pasado y el deseo de un reencuentro en que pudieran por fin mirarse de frente y reaccionar como los adultos en que se habían convertido.
Finalmente logró localizarlo a través de las redes sociales y, para su sorpresa, su actitud hacia ella no distaba mucho de la de aquel encantador joven de 17años que recordaba haber conocido. Después de mucho tiempo intercambiando mensajes cibernéticos al fin venció sus reticencias y quedaron en una cafetería del pueblo donde ella seguía residiendo. Los días previos ella planificó cada detalle, desde su aspecto físico hasta cómo discurriría la conversación.
Pese a ser una persona extremadamente puntual, ese día Esther decidió hacerse esperar unos minutos, para disimular así su ansiedad por el encuentro. Cuando llegó lo vio sentado de espaldas y no pudo evitar que su corazón se desbocara y el rubor encendiera sus mejillas, como aquella adolescente temblorosa que hace un par de décadas lo miraba casi con adoración. Paró, respiró hondo un par de veces, se dijo a sí misma que había llegado el momento de actuar con madurez y comenzó a avanzar con determinación. Se acercó a Ángel y por un momento sobraron las palabras, se miraron a los ojos y se fundieron en un emotivo abrazo. Cuando se apartaron lágrimas cargadas de emoción surcaban su rostro, como muestra visible de tantos años de espera, y él volvió abrazarla con ternura.
Se acomodaron y durante unos instantes interminables se miraron en silencio, como dudando de la realidad de aquel momento. Al fin, Ángel rompió el hielo:
-¿Qué, cómo andas?-, preguntó finalmente.
-Ya ves, sobre ruedas… -bromeó ella haciendo referencia a la silla de ruedas en la que estaba postrada desde hacía unos meses. A continuación hizo un breve resumen de la razón por la que había comenzado a usarla y enseguida obviaron el asunto.
-¿Y tú qué? –prosiguió ella. -¿Qué tal por los madriles?
-Pues bien. Cuando terminé la carrera me salió trabajo allí y allí sigo. Empecé trabajando en la radio y ahora estoy en una empresa de construcción.
Entre risas y comentarios intrascendentes discurrió la conversación, hasta que Esther se quedó pensativa y los recuerdos empezaron a fluir.
-No sé por qué la gente tiende a idealizar la etapa del instituto –dijo finalmente.
-Ya…
-La adolescencia está sobrevalorada –remató.
Se hizo el silencio y sus miradas hablaron. El camarero rompió ese mágico momento para servirles. Cuando se hubo retirado empezaron a desgranar recuerdos de un pasado común, mientras sonaba de fondo una vieja canción evocadora.
-¿Sabes que esta canción me toca la fibra sensible? –comentó Esther con una sonrisa triste.
-¿Ah, sí? –respondió Ángel con una expresión de sorpresa. –Era uno de mis grupos favoritos.
-Sí, lo sé… Creo recordar que la última vez que nos encontramos fue en un concierto suyo.
Ángel bajó la mirada, permaneció pensativo un instante y, mirándola a los ojos, replicó con dulzura: -Sabes que nunca quise hacerte daño, ¿no?
-Lo sé… Siempre lo supe… No fuiste tú, fueron las circunstancias. Si no hubiera sido tan ingenua y hubiera valorado la amistad que teníamos…
-Cosas de la edad… –Remató Ángel con una mueca de complicidad. –Lo importante es que estamos aquí y ahora.
Sus manos se entrelazaron y Esther sintió todo su cuerpo estremecerse recordando la época en que soñaba con sus besos y caricias. Ahora todo era distinto, el tiempo había suavizado las emociones y sólo quedaba el cariño.
-La de años que pasé enamorada de ti… -dijo finalmente con una sonrisa.
Ángel bajó la mirada con un poso de tristeza. Hizo amago de hablar pero Esther lo silenció poniendo un dedo sobre sus labios.
-No hace falta que digas nada… ¿Qué sabría yo entonces de lo que era el amor? Quererte siempre te he querido, pero enamorada… No sé, quizá lo estuve, pero seguramente sólo lo imaginé.
-Gracias por tu comprensión pero mereces una explicación y hay algo que quiero contarte. –Tragó saliva y respiró hondo. Esther intuía el giro que estaba a punto de dar la conversación pero esperó pacientemente que él le confesara su secreto.
-Yo te quería… –Prosiguió, apartando la mirada. –Y te sigo teniendo mucho cariño, pero jamás podré amarte como mereces que un hombre te ame… Porque a mí no me gustan las mujeres.
-Pero tú estando en el instituto saliste con alguna…
-Sí, bueno, lo intenté… Pero no funcionó… Nunca funcionaba. –Un lamento sordo salió de su garganta. –Y a ti no podía hacerte algo así. –Murmuró entre dientes.
Esther sintió el impulso irrefrenable de estrecharlo entre sus brazos y se fundieron en un tierno abrazo. Permanecieron así un interminable instante y se separaron lentamente.
-Bueno, eso ya no importa. –replicó Esther. –Si me lo hubieras confesado entonces seguro que tampoco lo habría entendido. Precisamente si hubiera sido más lista no se habría liado la que se lió con el dichoso poemita que te dediqué en la revista del instituto. ¡Encima de todo cursi! –Se rió con desgana. –Pero como decías antes, lo importante es el aquí y el ahora.
-Lo del poema fue un detalle bonito, la verdad. –Dijo Ángel con ternura. –Además tú lo hiciste con la mejor intención, pero ya sabes lo que le gusta a la gente malmeter.
-Ahora ya lo sé…
Se miraron y ambos soltaron una sonora carcajada, fruto de la tensión que acababan de liberar. El resto de la conversación discurrió en un ambiente mucho más relajado. Bromearon y recordaron anécdotas divertidas, haciendo un somero repaso sobre los distintos profesores.
Fuera oscurecía. Las largas tardes estivales ya empezaban a decrecer. Los clientes que iban y venían en un trasiego intermitente ya empezaban a abandonar el local, abarrotado momentos antes. Cuando se dieron cuenta pagaron la cuenta y salieron. Disfrutaron de un lento paseo hasta la casa de Esther mientras el sol comenzaba a ocultarse y las farolas se iban encendiendo a su paso.
Al llegar a su destino prometieron volver a verse pronto.
-Que no tengan que pasar otros veinte años… –comentó Esther con un guiño de complicidad.
-¡Prometido!
Se despidieron con un sentido abrazo. Al llegar a casa Esther se tumbó en la cama, inundada por una avalancha de emociones. Los recuerdos del pasado y del presente se iban entrelazando en un aluvión incesante. Cerró los ojos y su mente la transportó al instituto. Se vio a sí misma recorriendo los interminables pasillos, las caras de sus antiguos compañeros iban y venían. Muecas de complicidad se entremezclaban con gestos de burla o miradas de desaprobación… Y comenzó a recordar cómo sucedió todo.
El otoño apenas se empezaba a sentir en aquel inicio de curso. El primer día Esther llegó tarde a la presentación, después del anodino verano costaba acostumbrarse a la rutina de los madrugones y los largos horarios de clase. Además, nunca le gustó estudiar, por más que intentaban motivarla para que explotara sus talentos era incapaz de ver dentro de sí algo bueno digno de tener en cuenta.
Echó un vistazo al tablón de anuncios, buscó su nombre en las listas de alumnos y se dirigió al aula correspondiente. Al llegar el profesor empezaron las presentaciones de rigor. Esther lo conocía del curso anterior y se alegró de volver a coincidir, Alfredo era un buen docente y, aunque al principio solía mostrarse exigente pronto revelaba su cara más amable.
El siguiente profesor repitió la rutina y, al pasar lista, Esther volvió a hacer notar que su nombre no se encontraba entre los mencionados, pero esta vez el profesor revisó el resto de listados y le dijo hacia dónde debía dirigirse para la siguiente clase. Al llegar sus ojos se fijaron en una compañera del curso anterior de aciago recuerdo. Y allí estaba también Ángel, al que apenas conocía de vista, porque tenían amistades comunes, y con el que más tarde recordó haber hablado en un par de ocasiones.
Al recordar a aquella chica una negra sombra enturbió su estado de ánimo y pronto las lágrimas cubrieron su rostro, recordando la ingenuidad con la que le abrió su corazón y cómo ella traicionó su confianza, empeñada desde el principio en boicotear su incipiente amistad con Ángel. El llanto aumentó de intensidad hasta que finalmente se durmió entre sollozos.
Cuando despertó ya era noche cerrada. Se levantó de la cama y se dirigió al aseo para lavarse la cara. Cuando se miró al espejo vio en sus ojos el rastro de amargura que habían dejado aquellos lejanos recuerdos. Nunca llegó a entender las motivaciones de aquella chica, pero ya poco importaba. Entonces recordó a Ángel y todas sus atenciones, y la tristeza dio paso a una radiante sonrisa.


KARLOS WAYNE

Lucinda se sentó junto a su amiga. Todo el mundo andaba asustado allí afuera, de arriba a abajo por la calle principal. El café estaba repleto de gente, todos alterados ante las últimas noticias. Las dos jóvenes, angustiadas y realmente preocupadas de que todos los muchachos acabaran siendo enviados al frente, bebían su café con consternación. ¿Con quién se casarían entonces? ¿Con los cuarentones o cincuentones que no valían ni para disparar un fusil? ¿Qué clase de futuro era ese? Los hombres y sus guerras… Lucinda, siendo lo suficientemente lista como para saber que no era muy lista, comenzó a escuchar el plan de su amiga con verdadera atención. Tras oír lo que le dijo, se quedó mirando tanto la foto de su amiga, que mostraba una sonrisa que parecía salirse del papel, como la carta de amor, con absoluta devoción. Eso era, sin duda, lo que tenía que hacer. !Su futuro dependía de ello!

Mariano apoyaba su espalda contra la pared arenosa de la trinchera. Los disparos del enemigo se repetían con tanta frecuencia que ni siquiera podía cambiar de postura sin temor a ser alcanzado por un bala ciega. A su lado, más asustado que él si cabe, Evaristo cerraba los ojos con fuerza, como si así, de alguna manera, consiguiera tele transportarse a algún otro lugar. Con su amada quizás. ¡Oh, si, su amada! Ella le sacaría de allí, tal y como le prometió antes de salir hacia la guerra, tal y como le escribió en aquella hermosa carta. Evaristo dejó el fusil a un lado ante la atónita mirada de Mariano, se metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó la foto de su amada Lucinda. Mariano, entendiendo, sonrió.

— ¿Es tu chica? —Preguntó dejando él mismo a su vez el fusil apoyado en la pared— ¡Apuesto a que está más buena que el pan!

Evaristo, sin dejar de admirar la belleza de su chica, le pasó la foto, orgulloso, a Mariano. Éste recibió la fotografía sonriendo, pensando para sus adentros que por muy guapa que fuera la novia de Evaristo, nunca lo sería tanto como la suya. La más guapa de todo el pueblo. La bella Lucinda.

— ¿Pero qué coño es esto?— Se levantó Mariano de un salto, sin acordarse de las balas que le pasaban rozando. Se volvió a agachar de nuevo— ¿Es una broma?

— Es Lucinda, mi novia.— Evaristo sacó la carta de su chica entonces— Nos vamos a casar en cuanto acabe la contienda y vuelva a casa. Me lo prometió, mira.

Mariano, confundido y rabioso, le arrancó la carta de las manos y la leyó.

— Mariano, ¿qué ocurre? —Una sonrisa nerviosa le cubrió la cara— ¡No me digas que es tu hermana!

Mariano le devolvió la foto y la carta despacio, desconfiando. Evaristo lo recibió con preocupación, la cara de su amigo de pronto se transformó en cara de pocos amigos. Mariano se metió la mano en la chaqueta y sacó un sobre de plástico. Sin dejar de mirar a su amigo a los ojos le entregó el sobre. Evaristo lo abrió y lo primero en abofetearle el corazón fue la misma foto de Lucinda que él tenía. Lo segundo fue un disparo del fusil de Mariano.

— Lo siento amigo, pero no puedo dejar que te quedes con mi chica— sin arrepentimiento, Mariano se agachó a recoger la foto y carta de su amada, sin darse cuenta de que, aún en su último suspiro de vida, Evaristo le apuntaba con su arma.

Lucinda entró en el salón de actos sabiendo que su pasado se quedaba fuera. Su futuro estaba allí dentro, un héroe, un valiente la esperaba con los brazos abiertos, el pecho condecorado y el alma herida. El hombre perfecto para una mujer como ella. Pero a quien vio primero no fue a su amado, sino a su amiga, llorando desconsoladamente. “Lamentablemente, es lo que ocurre cuando metes todos los huevos en la misma cesta”, pensó burlona Lucinda intentando aparentar tristeza, era su amiga al fin y al cabo. Al fondo del salón vio, por fin, a Mariano y el corazón le dio un vuelco. Estaba muy guapo y la miraba. Su sonrisa parecía salirse de la foto. Tres fotos más a la izquierda, la foto de Evaristo la miraba también. Lucinda volvió la cabeza hacia su amiga. “¿Debería llorar yo también?” Confundida y decepcionada, suspiró y lo intentó. Intentó llorar, pero no le salía. ¿Qué iba a hacer ahora? Odiaba los funerales.
Mientras trataba de elucubrar sus próximos pasos, una mano se posó en su hombro. Sobresaltada se dio la vuelta, encontrándose con una sonrisa de oreja a oreja y unos ojos emanando emoción.

— ¡Agustín!

Agustín no esperó y la abrazó con fuerza, como si le fuera la vida en ello. A Lucinda el abrazo le cortaba la respiración. Por el rabillo del ojo pudo ver la única mano que le quedaba a Agustín, apretando con fuerza la foto y la carta de su amada Lucinda.

— No te imaginas qué razón tenías —le confesó emocionado— No creo que hubiera podido sobrevivir sin tu carta ni tu foto.

Lucinda cerró los ojos y suspiró aliviada.
“Agustín, se me había olvidado Agustín… ¡Qué tonta!”


ROCÍO ROMERO GARCÍA

BOHEMIA
Aquella mañana, el sol no conseguía salir de entre las nubes por la gran masa esponjosa y gris de nubes que se había formado bajo la ciudad de París. Ni siquiera parecía que hubiese amanecido.
Nina se despierta en una habitación de hotel. Frente ella hay un gran ventanal que muestra el plomizo paisaje, lo único que lo ilumina un poco es la Torre Eiffel, tan magnífica y elegante como siempre.
En la repisa de la ventana se encuentra su gato, tan negro como la noche. Se levanta de la cama y se sienta junto a él. le acaricia.
Sus ojos son tan amarillos como la luna, cálidos y reconfortantes.
Nina sonríe. Aún no se cree que todo haya resultado así.
Decide bajar a la cafetería del hotel a desayunar, tenía que recargar fuerzas, iba a pasarse todo el día delante del ordenador escribiendo.
Cuando subió de la cafetería, vio que su gato seguía en la repisa, atento de lo que hacía el limpiacristales.
Nina saca el móvil de su bolsillo y se dispone a grabar el cómico momento.
A media que se va acercando, se va dando cuenta de que conoce al limpiacreistales. Le sonaba de haberle visto.
Cuando por fin está lo suficientemente cerca, sus dudas se confirman: conoce a aquel chico.
— ¿Mateo? — dijo para sí misma.
Guarda el móvil y abre el ventanal lo más rápido que puede. El chcio se estaba preparando para bajar a la siguiente ventana.
— Perdona.— dice Nina, asomándose por la ventana.— Por casualidad, ¿te llamas Mateo?
El chico le mira extrañado.
— Sí, ¿cómo sabes mi nombre?
— ¿No te acuerdas de mí? Soy Nina, del instituto.
De pronto, la expresión de Mateo cambia. Claro que se acuerda de ella, no podría olvidarla, fueron muy amigos durante el instituto.
— ¿Nina? Dios, cuánto tiempo.
Ambos sonríen,
Nina le invita a pasar. Aunque en un principio Mateo se niega a pasar porque tiene que seguir con el trabajo, al final accede.
Ambos se sientan en la repisa y se preguntan sobre sus vidas.
— Bueno, y ¿qué haces en París? – pregunta Mateo.
Nina sonríe con tristeza.
— Es una larga historia.
— Son las que más me gustan.
Nina vuelve a sonreír, está vez con algo más de alegría.
— Bueno, la historia comienza hace un par de semanas, cuando firmé los apeples del divorcio con mi marido.
Mateo se sorprende. ¿Estaba casada?
— Eres algo joven para estar divorciada, ¿no?
— Le conocí en la universidad, en la Faculta de Periodismo. En cuanto terminamos la carrera, nos comprometimos. Nos queríamos mucho.
—¿Y que pasó?
— Pues que el amor no tiene porque durar para siempre. Al principio, a ambos nos entusiasmaba la idea de casarnos, de compartir una vida y de sentir mariposas en el estómago cada vez que nos levantásemos por las mañanas y nos viésemos, pero el tiempo pasaba y ese cuento de hadas se iba desvaneciendo.
Mateo se dio cuenta de como Nina cambiaba cuando contaba aquella historia, no parecía ella, sino una Nina más triste y apagada.
— Poco a poco, — prosiguió Nina — nos fuimos distanciando. Nos echábamos en cara todos nuestros defectos y secretos, teníamos en nuestras manos una bomba que sabíamos que iba estallar tarde o temprano… Y estalló. Él me engañó con una compañera de trabajo durante un tiempo.
— ¿Y tú lo sabías?
— Claro que lo sabía. Llegaba a altas horas de la madrugada, impregnado de perfume barato y con carmín en los cuellos de la camisas. Supongo que nunca se molestó en ocultarlo, es más, creo que quería que yo lo supiese. Él tenía tantas ganas como yo de que lo nuestro acabase. El problema llegó cuando firmamos los papeles del divorcio, tuve un ataque de ansiedad severo. No fui capaz de salir de casa en muchos días hasta que mi madre me aconsejó ir a un psicólogo y acepté.
— ¿Y fue así como acabaste en París?
— Sí, fue gracias al psicólogo. Me dijo que debía tomarme un tiempo para mí misma, para aceptar todo lo que había sucedido y asimilarlo. Así que me recetó una medicación para la ansiedad y me escribió un parte médico para que pudiese darlo en el trabajo.
— ¿Por qué elegiste París?
— ¿Te acuerdas de las clases de literatura del instituto? Todos los grandes autores del siglo XIX escapaban a París para componer sus obras. Era la ciudad por excelencia, la ciudad más bohemia. Quería seguir sus pasos.
Mateo sonrío. A pesar de todo lo que Nina había pasado aún tenía ese espíritu libre y artístico, y lo mejor de todo, a´n seguía escribiendo.
— ¿Y a ti que te trae por París?— preguntó Nina.
— Bueno, antes de estar en París, estuve en Nueva York. Cuando terminamos el instituto, me puse a trabajar para ahorrar dinero y poder viajar. Mi objetivo era fotografiar el mundo. Estuve en Nueva York durante una semana y lo único que hacía era fotografiar cada persona, cada rincón y cada luz. Mi plan era vender esas fotos por Internet, había creado una página para ello. Pero cuando regresé a España e intenté vender la fotos, el plan no salió como esperaba.
— Vaya, siento que tu negocio no funcionase. Siempre has querido ser un fotógrafo reconocido.
Ambos sonríen. A pesar de haber estado años sin hablar, aún se conocen como si no hubiesen parado de hacerlo.
— Cuando fui a eliminar la página web, vi un anuncio sobre una escuela de fotografía en París. La matrícula era de unos mil euros y el alquiler de una habitación tampoco era barato, pero decidí arriesgarme. Para entra necesitaba el dinero de la matrícula y un portofolio de unas diez o quince fotos. Usé las fotos que había hecho en Nueva York y seguí trabajando para ganar el dinero suficiente para venir aquí. Una vez aquí, me matriculé y busqué trabajo para pagar el alquiler.
— ¿Y elegiste ser limpiacristales?
— No te burles, pagan muy bien en realidad.
Ambos se ríen, como si no hubiese pasado el tiempo y siguiesen estando en el instituto. Como si aún fuesen adolescentes despreocupados con muchos sueños y expectativas.
— Bueno, será mejor que me vaya. Tengo que seguir trabajando. — dijo Mateo.
— Claro, es verdad. Podemos quedar a tomar algo antes de que me vaya si te apetece.
— Sí, me encantaría.
Ambos se dieron sus números de teléfonos y caminaron hasta la repisa.
Mateo saltó al andamio y antes de saltar a la siguiente ventana, miró a Nina a los ojos.
— Te mereces a alguien y a algo mejor porque eres increíble. Siempre lo has sido y lo serás para mí.
Mateo baja a la siguiente ventana y Nina cierra el ventanal con una sonrisa tonta en la cata y un sentimiento algo extraño. Un sentimiento el cual no es la primera vez que siente.
Nina y Mateo eran muy amigos en el instituto, los mejores, pero ambos escogieron caminos diferentes y perdieron el contacto.
Ninguno de los dos podían negar que no sentían algo el uno por el otro, pasaban todas las horas del día (o casi todas) juntos, pero eran sentimientos que tuvieron que guardar por miedo a arruinar la amistad tan buena que tenían.
Aún así, es un sentimiento que siempre estuvo ahí, aunque estuviese escondido, y Nina lo había vuelto a sentir. Mateo había sido la única cosa que le había hecho sonreír desde hacía mucho tiempo, que le había hecho recordarle tiempos geniales juntos y sobretodo, recordarle quién era.
Estuvo pensado sobre eso la mayor parte de la tarde. Rememorando una y otra vez cada palabra que Mateo le había dicho cuando se había ido, cada sonrisa que se les había escapado durante la conversación y las risas. Incluso todo aquello le había servido de inspiración.
Estaba escribiendo cuando su móvil sonó. Era un mensaje de Mateo preguntándole si quería ir a tomar algo aquella noche. Obviamente, Nina aceptó.
Cuando se estaba preparando para salir, llamaron a su puerta.
Nina pensó que era Mateo, que había decidido ir a buscarla, pero cuando abrió la puerta todas las ganas de ir a aquella cita habían desaparecido. Era su ex-marido.
— ¿Qué haces aquí? – preguntó Nina tajante.
— Quiero que vuelvas a casa. Nunca quise hacerte daño, pero estábamos tan mal que necesitaba a alguien con quién desahogarme y ella me ofreció su ayuda. Te juro que nunca tuve intenciones de hacer nada con ella.
— Bueno, pues lo hiciste. ¿Crees que puedes venir aquí y solucionarlo todo con un “lo siento”? Me hiciste mucho daño.
— Tú tampoco querías seguir con la relación.
— Lo sé, pero hay mejores formas de acabarla. Somos adultos, y deberíamos comportarnos como tal.
— Nina…
— No. Siento que hayas venido aquí para nada, pero no pienso volver. No contigo.
Nina sale por la puerta, temblorosa y cabreada. ¿En serio piensa que con ir allí podría solucionar las cosas?
Cuando Nina sale a la calle nota el frío helado que se cierne sobre las calles. La noche estaba encapotada, aún seguía esa masa gris con la que París había amanecido, empezaba a dudar sobre si debía volver al hotel a por un paraguas.
Cuando encuentra el local dónde había quedado con Mateo, alguien le agarra del brazo.
— Nina, por favor, vuelve a casa. Podemos solucionarlo.
— ¡Suéltame!
— Nina, todo irá bien, te lo prometo. Haré lo que sea para compersarte, la dejaré, nos iremos a vivir a otra ciudad lejos de ella si es lo que quieres.
— ¡Lo que quiero es que me sueltes y me dejes ir!
Ambos estuvieron forcejeando hasta que Mateo miró por la ventana del local y les vio.
— ¡Eh, tú! ¡Suéltala!
— Tú no te metas, no es asunto tuyo.
— Mateo, por favor, no te metas en esto…
— ¿Qué? ¿Os conocéis? — pregunta el ex-marido de Nina, enfadado.
Decide soltar a Nina empujándola contra Mateo.
— ¿Es por él por quién no quieres volver? Por que puedo solucionarlo.
Él se acerca a Mateo, desafiante.
— Atrévete. — le dice Mateo.
Su ex-marido empuja a Mateo y ambos se enzarzan en una pelea, lanzando puñetazos al aire.
La gente se colocaba a su alrededor, algunos animando la pelea, otros grabándola.
Nina, nerviosa, consigue separarles y plantarse en medio de ellos
— ¡Parad de una vez! ¡No, no es por él, es por mí! — grita Nina, sollozando, temblorosa. — Es porque merezco algo mejor, a alguien mejor. Alguien que no se tóxico, que no me haga olvidar quién realmente soy.
De pronto, se oyen truenos y empieza a llover. Al principio, solo un poco, pero al cabo de unos minutos, diluviaba.
A Nina no le importaba. Noble importaba que su vestido rojo se empapa se o que su pelo se enredase.
— No te quiero, acéptalo. — dijo Nina, sentenciando aquella relación y dejándola atrás.
— ¡Algún día volverás a mí, llorando por que comprendiste que tomaste la decisión incorrecta!
— No será hoy, hasta entonces, me tengo a mí y eso es suficiente.
Nina ya no estaba dolida. No estaba triste ni se sentía oscura, estaba en paz.
Cuando su ex-marido por fin se va, Nina respira aliviada. Había vuelto a encontrar aquella fuerza que había perdido.
— ¿Estás bien? — le preguntó Mateo.
— Sí, no te preocupes. Esta discusión no es nada en comparación a las que hemos tenido antes. — dice intentando sonreír. Y lo consigue.
De repente, Nina se da cuenta de que Mateo tiene el labio partido.
— Oh, Dios, se te ha partido el labio.
Mateo se lo toca y nota una sustancia viscosa y caliente. Sangre.
— No te preocupes, estoy bien. Tú estás bien y eso es lo importante.
Aún seguía lloviendo con más fuerza que nunca pero, para ambos, eso no importaba.
— Mateo, tengo que confesarte algo…
Nina no quería ocultar las cosas más, quería sentir lo que había sentido aquella mañana todos los días.
— Vale, pero antes déjame hacer una cosa.
Nina asiente y Mateo se acerca a ella.
Él posó sus manos sobre su cara.
Ella le miró a los ojos.
Ambos sonrieron y bajo la torrencial lluvia, se besaron, saciando ese deseo, ese sentimiento que tenían escondido y les juraba que estaban destinados a volver a encontrarse.


EMILIANO HEREDIA JURADO

¿EL PORQUÈ AHORA?

Buena, muy buena pregunta, la que me haces.
Si tuvieras dinero, si estuvieras podrido de riqueza, si nadaras en la abundancia, ahí tendrías la respuesta.
Pero eres pobre, como yó. Eres humilde, nó como yó. Eres sencillo, nó como yó, complejo y retorcido como sarmiento reseco.
Hace tiempo. Mucho yá, que me alejè de tí. Puedo ponerte (y es la verdad) la excusa de que nó soportaba a la mayoría de tus amigos. Soberbios, vanidosos, egoistas, fariseos; que se jactaban de ser tus amigos, que se empavonecían ante el mundo por formar parte de selecto circulo de tus amistades.
¿Y ahora?, ¿quièn está contigo?, ¿en èste preciso y conciso momento?,
¿Quien de todo ese selecto club de amistades?, ¿quièn?.
Sí, lo sè, nó me mires con esos ojos, ni me sonrías, como si todo èsto tuviera alguna gracia.
Yó te abandonè, sí, pero te apreciaba, y te aprecio lo suficiente para abandonarte. Yá sabes, por aquello de que el que bien te quiere, bien te hará llorar.
Lo sè, me portè como un cerdo, eran otros tiempos, era joven, alocado, un bala perdida. En fin, que te voy a contar, si lo sabes todo.
Pero quiero que sepas una cosa, ¿eh,?, que lo tengas claro. Tú tambien tienes algo de culpa en todo èsto.
Nó te encontrè cuando más te necesitaba. Nó me diste ayuda cuando más te la pedía.
¿Perdón?, ¿cómo dices?, ¿que siempre has estado ahí?, ¿dónde me estás diciendo?, ¿en mi corazón?.
Sí, perdóname, estoy siendo, he sido un necio, todo èste tiempo.
Nó mereces, todo èsto.
Me estás tendiendo tu mano, cuando hace tiempo, retirè la mía.
¿Sabes?, me dá vergüenza confesártelo, pero me siento feliz, muy feliz, de nuestro reencuentro,
Señor.


MARÍA RUBIO OCHOA

Llegó la hora de despedirse de su raíz y su entorno, había que buscar el pan fuera .Eran tiempos de escasez, de negrura ,corrían los años 50 y en aquellos pueblos de familias con bastantes hijos, la emigración era forzosa para algunos …..Asi las cosas Juan junto a otros 5 jóvenes más decidieron marchar para Argentina. Habían recibido una carta de compañeros que se
habían ido el año anterior y les decían que se animarán hacer el viaje que había trabajo, que ellos los esperaría.. …Lo difícil fue reunir el dinero para el viaje pero la ayuda de familiares y vecinos consiguieron que fuera posible.La despedida fue muy triste a la vez que esperanzadora…El viaje muy largo, primero hasta el barco y luego aquella larga travesía….Cuando llegaron a poder reunirse con sus amigos los abrazos lo decían todo , sin palabras porque no salían.. …..Pasaron 20 años hasta que Juan pudo volver a su pueblo y aquel recuentro era como si de un cuento encantado hubiera salido todo estaba distinto , las personas habían cambiado, unos más muy envejecido, niños que ya eran hombres….alguna casa de tejado de paja ahora era de pizarra , había agua en las casas ,había luz en las casas ,menos personas al irse a trabajar a las ciudades…Fue un recuentro agradable , emotivo donde lágrimas de alegría había en unos y otros .La patria, los seres queridos ,su pueblo , sólo algunas ausencias faltaban para que aquel recuentro fuera muy bello…..


TC CARLOS

LOS OJOS DE YOLANDA

Juan, de adolescente, escuchó en la radio la canción Runaway de Bon jovi, y, desde entonces, se hizo llamar Jon. También deseaba ser un fugitivo, aunque no quería que le persiguieran. Se escapaba solo por ahí, y buscaba amigos temporales con los que compartía nuevas experiencias. Era divertido tener otra vida que no fuera el colegio y los padres.
Precisamente, a través de un amigo con el que se relacionó algunas veces, aprendió cómo “robar” besos a las chicas. El primer día que lo vio, Jon dejó de hablar a su amigo y ya no apareció más por su barrio. Le pareció un cara dura. Pero algo transformó su rechazo inicial. Pensó que eligiendo a las chicas más afines, el juego podría ser divertido. Y así empezó. Se llevó algún que otro bofetón, y alguna lo miró con indiferencia y desprecio, limpiando con sus manos el veneno del chico atrevido. Pasaron varios días. El juego dejó de ser divertido, hasta que topó con Yolanda, una chica de la clase de mecanografía.
Yolanda apestaba a colonia y vestía ropa pija que no solía repetir. Sus pequeños y redondeados labios se perdían en su rostro hinchado, como todo su cuerpo, lleno de redondeces. Su voz y risa eran histriónicas, y sus ojos lo que más le gustaba a Jon. Eran de un azul turquesa especial, como jamás los había visto.
El día adecuado, Jon dijo que la acompañaba calle abajo. Ella se extrañó, y en seguida alegó que tenía un hacer un recado por donde vivía, aunque no supiera dónde. Cuando llegaron calle abajo, al poco de pasar la esquina del edificio, se adelantó para quedarse frente a ella. Se miraron por un instante. Sonrieron. Yolanda le miró expectante. Entonces Jon, algo más alto que ella, se tiró hacia sus labios sin trampa ni cartón. Fue solo un instante. En ningún momento desviaron las miradas. Quedaron a la misma distancia que antes y Jon pudo ver algo especial.
Sus ojos habían adquirido un brillo deslumbrante, penetrante. Como si unas pequeñas linternas se hubieran situado tras sus iris. Como si miles de estrellas hubieran bajado del cielo nocturno. Como si el reflejo del sol sobre el mar se hubiera posado en ellos. Como para olvidarlo, como para desear toda la vida reencontrarse una y otra vez con esa clase de ojos


SONIA JIMÉNEZ

EL REENCUENTRO..

-Tras largos periodos en donde la espera se hallaba,en aquel corazón puro, dejó de esperar..
-La espera ,concluyó con su labor,y se tornó
en fusión..
-Fusión,unida,libre,alegre,porque llegó por fin ,el reencuentro tan anhelado de ese corazón..
-En el que solo albergaba Dicha,y más Dicha….


ÁNGEL MARTÍN

“Definición de fugacidad”

Las mariposas en el estómago no existen, pero mentiría si dijera que no se está produciendo una catástrofe natural a pequeña escala en mi estómago.

Aún conservas la virtud que me enseñó a volar en lo más profundo de mis temores. Las fogatas en las que se reúnen los dioses de la gracia y la alegría arden con la misma intensidad, y queman mi piel, inmisericordes, tratando de fingir algo que nunca fueron capaces de mostrar.
Huele a vainilla, a trozos de carne necrosada luchando por bombear, a días apagándose y noches demasiado largas. Huele a tiempo retorcido, a lazo en la lengua, a vidrio en el espíritu de las apariencias.

El trazado del porqué nunca vio su final, y ahora se me agarra al cuello, se me clava en la mirada y trastoca percepciones que no saben a presente.

Atesoro la brisa que dejas cuando te vas, como un vagabundo experto, como un ladrador cobarde, y te devuelvo las alas para no deberte nada.


KAREN ROSADO

Cuando todo está en silencio (EL REENCUENTRO)

Estuve fuera de la ciudad por más de 2 semanas pues tenía que ir a conocer un poco más sobre temas de Antropología Forense ,lo cual era poco tiempo para un tema tan interesante pero bueno,los cursos siempre son así,era facinante conocer como la polaridad de la tierra al cambiar creaba sedimentos sobre los cadáveres y de acuerdo a cada placa sedimentada podías descifrar cuántos años tenían esos cuerpos alli sepultados, porsupuesto solo se encontraban osamentas.
Era demasiado el cansancio que me impedía concentrarme en otra cosa que no fuera la clase ,era hasta la noche que podía liberar un poco mi mente y me hacía extrañar a mis amigos .
*-La unidad concluyó por hoy jóvenes !
-Hasta mañana Doctor
Me dirigí al lobby del hotel después de dejar mis cosas en la habitación y darme una ducha,ese era mi ritual después de cada noche de curso.
-Hola buena noche,me das un …
_Wisky en las rocas?
Era mi quinta noche en el hotel y ya era predecible ? Vaya que flojera
-Entonces soy muy predecible?
_No señorita,solo yo muy observador

Sonreí de una forma un poco graciosa y tome el primer sorbo de esa noche,me perdí en un punto fijo,para ser exactos en el letrero de Salida de Emergencia y me puse a pensar
en lo mucho que me gustaría beber unos tragos con los chicos,no me gustaba pensar en Edgar y Erick divirtiéndose sin mi y aunque siempre trataba de ser una persona un tanto sería,ellos esporadicamente me orillaban a hacer tonterías de las cuales no me arrepentíria jamás y aunque no me gustará la idea de su diversión para dos aún así por las noches pensaba en ellos.
Pensaba en Jhon y en qué lo nuestro no pudo ser y de que manera…según nosotros pensábamos que Erick y Edgar sabían que intentamos salir por todo un año y por eso respetaban nuestra privacidad,durante ese lapso de tiempo nos preguntabamos si al no invitarlos a nuestros respectivos departamentos no era motivo de sospecha ?,queríamos creer que como buenos amigos solo se mantenían al margen de lo que sucedía entre Jhon y yo …
Basura ! Lo sabían! A quiénes queríamos engañar ?,lo nuestro fue tan extraño que después de un tiempo optamos por irnos a vivir juntos ,si…todo ese año viviendo juntos.
Separabamos muy bien la amistad del trabajo y nuestra “relación” de cualquier cosa ,era hasta que estábamos solos que podíamos pasar de la ternura a la convulsión,no ayudaba mucho nuestro espíritu tan hermético y nuestras ganas de seguir viviendo la vida ,conocer más mentes y sobre todo…cuerpos.
A pesar de todo Jhon también era mi amigo ,después de nuestra ruptura volvimos a recuperar la confianza en nuestra honestidad ,cosa que como pareja era lo que más nos daño,teníamos encuentros causales porsupuesto pero eran encuentros de amigos con derechos aunque después de esa visita al nuevo bar el panorama para mi cambio…asistíamos con frecuencia como lo había mencionado antes ,yo quería conocer mejor a William pues esas noches de pasión únicamente me hacian conocer su cuerpo perfecto fuera del bar y dentro de el solo conocía la dualidad de una persona indiferente que guardaba tanta pasión tras puertas cerradas,fue hasta una noche que saliendo del bar cruce la calle para cenar cualquier cosa en un puesto ambulante,la inercia me hizo voltear pues mis amigos en dónde estaban?,de pronto lo vi acercarse a mi.
William:-Hola,que vas a comer ?
-Estoy pensando en ello
Tomo el protagonismo y pidió una orden que parecía memorizada,extendió su mano para darme un Hot Dog con muchos ingredientes que apenas podía decifrar,era tan delicioso casi como William …
_Otro trago ?… Hola? …Hay alguien ahí?
-Perdon?
_Vaya…nunca nadie se había detenido a observar fijamente ese letrero de Salida de Emergencia como si de un cuadro de Dalí se tratara ;Yo solo me sonrojaba ,pues si tan solo supiera la relación que estaba teniendo entre mi mente,mi alma y mis pensamientos…
-Si otro wisky por favor
Sabía que era normal el pensar en mis amigos pues eran una pieza importante en mi,pero que rayos hacia yo pensando en William ?, Por qué en ese momento ?, Por qué no estaba mordiendo nuevamente mi labio ? Por qué no tenía ese sentimiento de deseo al pensarlo ?, Me estaba enamorado?.
-Patrañas!!! Eso no existe para mí
_Se encuentra bien señorita ?
-Si ejem…la cuenta por favor …
_Le incómodo mi servicio que ya se quiere ir?
-No es eso,el servicio de este hotel es muy bueno solo tengo que dormir pues mañana debo levantarme muy temprano.
Mentí…
Subi a la habitación,me acosté sobre la cama aún tendida y seguí la introspección;
Esa noche seguí pensando en el y en lo mucho que deseaba volver a la ciudad para verlo ,despues de esa plática conmigo misma lo último que pensé antes de dormir fue: no son patrañas…al parecer si me estaba enamorado pero solo lo puedo confirmar cuando todo está en silencio.


LA XICUELA DE CORRIOL

Tras casi dos décadas, volvemos a tropezamos. Tu ya no eres ese ligón pardillo chulillo al que todas las chicas adorábamos. Estás muy interesante, canoso, has adelgazado, y te sienta bien la ropa informal. Mejor dicho, toda la ropa. Como entonces.

Y yo ya no soy la indecisa incansable, con ansias de que algún chico guapo le echara los trastos. Soy independiente y no me importa si a alguien le intereso o no. Ya vendrán, si quieren. Yo ya me harté de seguir buscando a alguien cómo tú, però al revés, de chulillo poco.
Me harté de salir con insulsos sin sentimientos ni otra opción que no fuera el fútbol clásico en casa o en el bar.
Prefiero estar sola…..hasta que te volví a tropezar….sin querer….pero queriéndote y queriendo quedarme a tu lado al siguiente segundo.
Te echaba de menos.
Suerte que has vuelto a por mí, aunque no lo sepas aún.


NURIA BERGEN

Parece que ya viviste esta situación. Te pasa muchas veces, pero no quieres admitirlo. Te sientes extraño, pero quieres estar ahí para comprobar si se repite la misma situación, conversación, historia, etc.

Es tan,….. imprescindible escucharte decir lo mismo otra vez, para comprobar si el reencuentro o repetición es realmente la misma.

Reencuentro o repetición de encuentros, ¿qué diferencia puede haber?

Reencontrarte conmigo tras 8 años de insulsos saludos y medias palabras. Para decir simplemente lo mismo. No.


ROBERTO MORENO CALVO

– ¡Anda! Hola ¿qué tal te va? Cuanto tiempo.

– Pues bien, no me puedo quejar. ¿Y tú?

– Ahí tirando… pero vamos, tampoco me puedo quejar.

– Pues nada, a ver si nos vemos un día y tomamos algo que ahora tengo prisa.

– Vale. Estamos en contacto.


NANE NINONÁ

Hace poco he recuperado la vieja costumbre de observar a la gente. Siempre me ha encantado matar los ratos muertos mirando a la gente: cómo caminan, la ropa que llevan, cómo interactúan… Tanto, que muchas veces reconocía caras desconocidas en contextos diferentes a donde solía verlos y me desconcertaba muchísimo, me pasaba largo rato intentando descubrir dónde solía encontrarme a esa persona… En ocasiones lo conseguía: “Ostia, claro, del tren!!!”. Otras veces la duda me carcomía el rato que tardase en ocupar la mente con otra cosa, tarea que podía oscilar entre unos minutos o varias horas…
Pero contigo ha sido distinto. Eras y no eras una cara desconocida. No recordaba ni debí haber sabido nunca tu nombre, pero sí tuve la familiar sensación de oír tu voz en mi cabeza, a pesar de que simplemente caminabas distraídamente en la dirección opuesta a la mía y no te escuché hablar en ningún momento. Reconocí tus ojos amables, la sonrisa… tuve una sensación vaga de charla alegre, nerviosa, pero esperanzada, incluso de hacernos bromas… Pero no conseguía ubicarte con exactitud suficiente en mi memoria.
No me olvidé de tu cara en todo el día. De tus gestos. Tu forma de caminar, de moverte…No conseguía saber de dónde provenía esa imagen tan familiar que de tí tenía mi mente… ¿De qué te conocía, de dónde?
Al día siguiente volvimos a cruzarnos. Me paré. Te observé. Te paraste a hablar con una compañera y escuché tu voz. Y entonces te recordé. Recordé que te conocía exactamente del mismo sitio donde te estaba viendo, de aquél mismo pasillo y aquellas mismas habitaciones. Que me eras tan familiar porque siempre te había visto así, con tu uniforme y haciendo lo que estabas haciendo. Recordé cómo charlamos animadamente a ratos el primer día. Recordé cómo te busqué después, días más tarde, desesperada. Cómo me faltaba el aliento y la calma mientras trataba de encontrarte, lo importante que era poder hablar contigo, llegar a tiempo…
-Por favor, por favor -te dije sin más, suplicante, cuando por fin te encontré- Tengo que pedirte algo muy importante, por favor.
Asentiste sonriendo, pero seria a la vez, queriendo ser amable y demostrar que tenía toda tu atención.
-Van a subirla pronto a la habitación. Por favor, no sé muy bien cómo hacer esto, no sé qué decir… no tengo ni idea de cómo llevar todo esto… y necesito tiempo para pensar y ahora no puedo… Sólo te pido que hables con todos, que no se lo digáis.
Por tu expresión supe que no me entendías, pero para entonces yo ya no podía contener las lágrimas, a pesar de no querer, a pesar de que no tenía pensado flaquear, porque yo tenía que ocuparme de todo. Porque yo tenía que poder con todo. Señalé la habitación. Tú entonces te acercaste al mostrador, tecleaste algo en el ordenador y leíste el informe.
-No te preocupes, cielo, yo me ocupo.

Llevo varios días viéndote. Tú no me recuerdas, claro. No me atreví a decirte nada o a preguntarte si me recordabas… hace tres años ya… Tú no lo sabes, pero la punzada en el pecho que supone para mí cada reencuentro contigo es tan dolorosa como cálida, y en el fondo me parece muy triste no ser capaz de decirte nada… Si tú también me hubieras reconocido, si nuestras miradas se hubieran cruzado plagadas de conocimiento la una de la otra, quizá lo único que habría sido capaz de decirte sería “me equivoqué”.


PEPINO MARINO ERRANTE

El reencuentro con nosotros mismos.

AGRICULTURA ECOLÓGICA.

Eres tan superdotada
con esa huerta serrana…

Quiero hacerte el regadío
por toda tu geografía.

Masajearte la arcilla
con sustrato permeable.

Penetrarte con la lluvia.
Germinar bajo tu carne.

Vaya par de berzas tienes.
¿Te gusta lo que te hago?

Me fascina tu poder
para hacer crecer un nabo.

Me encanta tu chirimoya
y clavar en ti mi Po.

Ya que estás,
me fumo un puerro.

Y a ti te importa un pepino
y te exporta de Alemania
“E. Coli” de bacteriana,
brócoli, verde cilantro.

Polinizas mi capullo
con la punta de tus fresas.

Rojo pimiento y del ajo
no te huele ni el aliento.

Pero te sube de abajo
un calor a fuego lento,
que te acerco la cebolla,
que te preparo esta noche
dos patatas bien asadas
y un calabacín de broche.

Te arropaba en un olivo
para dormirme contigo,
al arrullo de la acequia
por la que fluye mi sangre
de color rojo sandia,
contemplando las estrellas
que iluminan tus tomates…

Lechugas y berenjenas.
Alcachofas y palmeras.
Dátiles con aguacates.

El suspiro de tu huerta:
yace plácida y dormida.
Luz azul de luna llena.
Nacimiento de comida
la que a diario alimenta
a tu vecino de arriba.

La que amamanta y educa
al niño que sí respira.

La que que a ti y a mí sustenta.
La que lucha por la vida.



FLAVIO MURACA

Estoy teniendo lios con trabajo por eso ando medio perdido; tarde pero seguro… y aunque no entre en la votación queria compartirles lo que escribi sobre el reencuentro.
REENCUENTRO
Cuando te volves grande hay cierto tipos de olores que se van desvaneciendo en el eter, en el tiempo y naufragan sosteniendose en el más recondito oscuro lugar de la memoria; el reencuentro con mi infancia olvidada avivo las llamas de olores que amaba y que nunca más habia podido sentir. ¿Sera tal vez que las responsabilidades de adulto inhiben la sensación libertaria que albergabamos de niños?.
¿Sera tal vez que la niñez es la parte más importante de la vida de un hombre y siempre la recuerda con nostalgia?.
Quizas no me percate del momento exacto en que me converti en un adulto aburrido y monotono y deje atrás a ese chico de las mil caras, siempre alegre y divertido…
¿Por que la infancia dura tan poco?
Sin quererlo; sin darme cuenta; abri el baul de los recuerdos y viaje a un pasado hermoso, lleno de vivencias y olores que jamás volvi a tener…
Y me vi en un film; como los de fellini; familia numerosa; de mesas enormes hechas con tablones y caballetes porque no teniamos plata para comprar más; discusiones de politica y anecdotas de trabajo siempre agrandado y exagerando los pormenores de los mismos…
Y los olores que penetraban en mi nariz abstrayendome de todo; devolviendome la felicidad perdida, aunque fuese tan solo por un instante… y no es que no sea feliz ahora mismo; es que quizas las preocupaciones y responsabilidades de adulto opacan y ocultan aquellos momentos plenos de alegria.
Se es feliz; claro que si; pero no como de niño, o al menos para lo que sentia yo.
Mi mente divago con el olor de los pastelitos que mi abuela cocinaba moviendo las tripas de mi panza; dandome el hambre que mis ansias tenian; la lluvia golpeaba el canto rodado; generando un mohin en mi cara y en el aire, la pelota sucia de agua de sanja del cordon de la vereda; impactaba mi ropa de futbol impregnando sus esencias…
Miles de cosas… que se disparaban… miles de olores que se diseminaban en un viaje a través del tiempo…
Posiblemente me habre de topar de vuelta con estos mismos olores en algun momento de mi vida adulta, pero no tendran ni las mismas caracteristicas ni el mismo sabor; es bueno de vez en cuando el reencuentro con el pasado que te ha convertido en la persona de bien que has de ser.
Fue ayer aquel reencuentro con una parte de mi ser y un olor especial que me invito a viajar; la tienda de comics habia traido un par de ediciones vintage; el papel añejado; amarillento; el año de la edición; su textura diferente y las marcas que pululaban en su interior… me hicieron naufragar en un mar profundo de ¿te acordas?.
Y cada cosa traia a la otra; recordando la escuela, aquellos nombres perdidos de amigos con guardapolvo blanco; los recreos, el futbol de la tarde con los chicos del barrio y los dias pegados al televisor viendo dragon ball…
Y recorde la primera vez que tuve una sensación de desabrigo cuando tuve entre mis manos el comics de una muerte en la familia; donde mataban a Robin y la extraña sensación que da el tenerlo entre las manos de grande; el impacto no es el mismo claramente pero inconcientemente le agradesco el haber disparado en mi esa catarata de recuerdos dormidos; y me acerque al mostrador pagando el precio de su portada; que para mi significaba evidentemente mucho más…
Volvi tarde a casa sumido en sensaciones ambiguas; y deje aquel dehojado comics apoyado con sumo cuidado en la repisa, al lado de los otros y junto a los muñecos que se habian salvado del salvaje tiempo.
Y el reencuentro desperto en mí algo que creí perdido… volvi entonces a juntar todas esas sagas que de niño supe tener.

#AUTORMURACAFLAVIO


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Relatos eróticos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos eróticos. Este ha sido el relato ganador:

ANÓNIMA 2

Fui amante de un policía nacional hace algún tiempo, aunque no el suficiente para que el delito haya prescrito. Formaba parte de los antidisturbios y estaba destinado en otra ciudad, una situación que propiciaba encuentros bastante cómodos para la vida de ambos. Nunca le he dado demasiada importancia al físico, es la inteligencia al servicio de la perversión lo que me da la vuelta como a un calcetín y esta máquina de follar no andaba sobrado de ella, pero es que, más que pertenecer al cuerpo, era “el cuerpo”. Inexpresivo y gélido por fuera, loco ardiente por dentro, un consolador perfecto. Y no daré más descripción física que esa, porque un madero puede complicarte mucho la vida si se aburre.
Qué culo. Evitaba que me viesen con él, pero a veces caminábamos juntos y yo me paraba en seco para mirarlo en movimiento con un poco más de perspectiva que la habitual. Qué polla. Nunca he disfrutado tanto viendo a un hombre quitarse los pantalones. Vuelve a subírtelos. Espera. Bájalos de nuevo, pero despacio. Tenía muchísima fuerza, podía despegarme del suelo y empotrarme contra la pared con una sola mano. Qué manos. Conmigo era encantador, un encanto gélido e inexpresivo. O quizá no tanto, le recuerdo una bonita sonrisa. No me fijé entonces. Nos divertimos mucho juntos, desnudos y vestidos. Como buen guardián del orden ajeno, era un firme defensor de la ley del embudo. Drogas, alcohol, sinpas, exhibicionismo, vandalismo, tráfico, propiedad privada, cuanto más gorda la hacíamos, mejor era el sexo.
No hay final trágico. Confiaba en mí y acabé enterándome de historias que me superaban. Me distancié. Nos veíamos menos. En ocasiones, me decía donde había estado y como iba vestida. ¿Me espías? Yo no. Tuve miedo. Cuando un coche de policía pasaba cerca de mí, pensaba que eran sus compañeros, vigilándome.
Baja y nos tomamos unas cañas.
No, me atacarás.
Subo yo, no te toco, sé que tu novio no está.
Qué sabrás tú.
Yo lo sé todo. Baja, tengo que contarte una cosa.
De qué tipo.
Algo que he hecho y que tiene que ver contigo.
Dímelo inmediatamente.
Es que te vas a mosquear mucho, baja, por favor.

Ni bajé ni nos hemos vuelto a ver. Me lo follaría ahora mismo.

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

BENEDICTO PALACIOS

“Subió la escalera que conducía al dúplex, una estancia que se conservaba para capricho suyo, porque el suelo estaba tan desgastado que parecía habitada por animales de herradura. Sin embargo aquel lugar conservaba un encanto especial, pues en un tresillo de escay, hundido y pelado, había tenido sexo por primera vez con una compañera de pupitre.
Se lo había anunciado y repetido su madre:
-Jaime, voy a tirar el tresillo, porque un día de estos lo habitarán ratones.
Y estaba seguro de que su madre no hablaba por hablar. Lo había comprobado con un par de pantalones rotos a la altura de las rodillas. Quiso recuperarlos del contenedor y aquella le amenazó con dejarle en calzoncillos.
Tenía que contarle la verdad. Su madre comprendería. Y se pasó toda una tarde buscando las palabras más convincentes.
Cuando se encontró cara a cara con ella, le dio un beso, y la madre le miró extrañada.
-Pide lo que quieras, que te conozco, pero que te quede claro: no quiero ver el tresillo en casa, ya está bien de recuerdos. Ni que hubieras hecho en él por primera vez el amor.
Al día siguiente Jaime aviso a los chicos del rastro para que lo retiraran.”


ABRUJANDRA

¿Anónima?
-¿Qué vas a hacerme?- le pregunté muerta de miedo, ni yo podía escucharme pero él sí, se lo tiré a la oreja temblando después de escaparme culposa de la vigilancia de mi hombre.
Me dijo que sólo podíamos vernos en su casa en domingo temprano.
Hice todo lo posible para no ir pero estaba parada fuera del tren en la estación central lejos de casa, en domingo temprano, congelada y tratando de respirar profundamente para dejar de temblar.
-Nada que no quieras- me dijo sin miedo mirándome de frente.
-Por favor no, no quiero- me mentí mentalmente.
Su boca, su olor, sus manos, su sudor no me dejaron pensar más.
Volví parada en el tren que salió cinco horas más tarde, no podía sentarme después de su paso rítmico y sin piedad a través mío.
Aunque quiera, no puedo borrar esta sonrisa estúpida que mató a la culpa.


ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Veo su piel y deseo acariciarla.

Acuden a mi cabeza imágenes de pasión y lujuria, y no puedo evitar sentir que las preferiría como recuerdos, y no como sueños.

No debo desearla. Está mal de tantas formas que no me atrevo ni a enumerarlas, pero me atrae como un frasco de miel, líquida, dulce, transparente, y yo quiero probarla aun con todas las consecuencias.

La lascivia me secuestra y la imagino sobre mí, mi cabeza entre sus senos. Ella bota, salvaje, fiera, incansable, con los ojos apretados y la garganta atravesada por el placer. Mi lengua recorre su cuerpo perlado por el sudor, y saboreo la sal del paraíso.

Con gran esfuerzo, consigo apartar ese pensamiento, pero descubro, consternado, que se ve sustituido por otro casi al instante.

Ahora ella está en la cama, tumbada en posición fetal. Tiene las manos esposadas a la espalda, los tobillos atados entre sí. Un par de pañuelos, uno azul y otro verde, le cubren los ojos y la boca.

Disfruto acariciando con la yema de los dedos cada centímetro de su cuerpo, dibujando los contornos de cada uno de sus orificios, de todas sus curvaturas. Se estremece bajo mi tacto. Un leve gruñido escapa de su prisión, entre la tela y la carne.

Repito el mismo trayecto, ahora con la lengua y un poco menos paciente. La saboreo mientras se agita y jadea. Lo necesita. Lo necesito. Introduzco dos dedos en la senda de mi perdición, y sus piernas se contraen al ritmo de un gemido inesperado. Investigo un rato, buscando las zonas más sensibles, los puntos que convierten el paseo nocturno en un viaje inolvidable.

Le quito la mordaza y la desato, pero le pido que se deje la venda en los ojos. Arrastro su cuerpo hasta el borde de la cama, y me arrodillo ante su majestuosidad. Vuelvo a masturbarla, conociendo ya el terreno, y añado a la partida mi lengua trazando círculos sobre el pequeño saliente que corona su sexo.

Jadea, gime, me ordena que no me detenga, y yo obedezco con gusto mientras sube el volumen de su placer. Se retuerce sobre las sábanas, y me devuelve a la realidad con un grito ahogado que curva su espalda y aprieta su entrepierna contra mi boca.

Ahí está ella, en el mundo real, observándome. La sangre bombea en la intimidad de mi ropa interior, y temo por un momento que se haya dado cuenta, que haya captado uno solo de mis pensamientos. Su belleza nubla mi juicio, aunque ante una mujer así no hay hombre que valore su cordura.

Duele. Quema. Hierve la sangre y martillea el corazón. Ni la poseo ni la poseeré jamás, y sin embargo, no puedo evitar pertenecerle en la única forma de esclavitud que la gente toma por hermosa.


ISABEL BÁRCENA

Solo contigo.

Si no fuera porque sé que luego me encontraré mucho mejor ,anularía la cita del masajista ya mismo.
Pero porqué habré dicho que sería el conejillo de indias del nuevo masajista … solo espero que Carlos sepa apreciarlo y salga pronto del curro hoy y empecemos a disfrutar nuestro aniversario, que ya va siendo hora , y sino le obligare a descansar atándole … jaja ¡¡ creo que no descansaríamos ninguno , solo de imaginármelo desnudo en nuestra cama hace que se me endurezcan los pezones… Uff, madre mía cuanto tiempo llevamos sin disfrutar nos. Veinte años y no me canso
– Hola ,Ana buenas tardes no llego tarde verdad??
– Casi ,casi ,está la sala preparada , toma la toalla y te quedas en tanga , en breve te mando al masajista.
– Dios no me digas que es el nuevo ese tan callado.
– Ja ja ¡¡. Roberto? Si aun le falta acostumbrarse a nuestro humor, aunque está para comérselo, lastima que su marido sea mi cuñado .
– Niña ¡¡ qué diría tu José si te oye . Voy para dentro no quiero salir tarde , espero que Carlos salga hoy mas temprano que lleva una semana….
– Creo que hoy saldrá a tiempo para irse contigo , empieza el ultimo cliente ,un caso muy difícil me ha dicho , los escalenos o algo así he oído. Pasa, a la dos , pasa.

Bueno que bonita han dejado la sala , luz tenue , huele a vainilla ( mi favorito), musica de Kenny G, solo me falta Carlos y …
– Ups hola no apretes así de fuerte chaval que me dejas sin hombros. ( Mi madre que manos. Jiji el será un profesional pero me esta dejando la espalda como el chicle . Jiji mis cosquillas y yo)
– Lo siento tengo cosquillas, yo que tu dejaría mi cintura en paz . ( Uff a dónde cree que va )
– Sin problema cof cof , lo siento un catarro. Susurra a mi oído. La verdad es que se le oye tan ronco que sexy , madre mia me ha puesto a cien . Debo estar en esos dias tontos , he de hablar con Carlos ya, o me da su graaan amor o me como una tableta de chocolate puro .
– Aaaahhh esa es mi rabadilla chaval ,cuidado con ahhh ( dios ¡¡ acaba de amasarme el culo?? )
plash¡¡¡
– Eh tu donde crees que estas metiendo ese dedo , eso no es profesional , y solo lo hace mi marido…
– Ya ya, y como he estado tan ocupado descuide a mi mujercita , que no para de llorar por las esquinas pidiéndome mi polla , mi boca ,mis manos ,mis abrazos…. así que cariño cierra esa boquita y disfruta de mis manos que luego nos vamos a casa .Tambien me muero por disfrutar de tu cuerpo, de tus besos ,de tus gritos y gemidos ,esos que son solo mios .
– Ahh¡¡ Carlos , Carlos , que manos , siiiii¡¡¡


PIETRO IGARZA

Caderas de fuego

Allí estaba ella de nuevo, como todas las mañanas, con el café en ambas manos como aferrándose a un mástil y una camisa blanca que le rozaba los muslos. Yo, desde mi ventana, observando ese bello espectáculo con una mano corriendo las cortinas y la otra deslizándose por debajo de la pijama. Veía como se contorneaba de lado a lado tarareando una canción y muy coqueta, bailándole a la nada, se levantaba la camisa y dejaba sus nalgas al descubierto moviéndose al ritmo del palpitar de mi miembro.


CARLOS PADILLA SANDOVAL

OSCURA TENTACIÓN
El miedo y escalofrío que sentía en mi cuerpo esa noche era sumamente fuerte, tanto que aunque todavía faltaban dos horas para mi encuentro ensayaba cada palabra para no decir ningún malentendido, pero como no iba a ponerme nervioso si desde que la vi me eh imaginado diferentes realidades y universos a su lado, pensando seriamente en lo que sería una relación con ella aunque la diferencia de edad era algo mínima la idea que cometiera un error con ella recorría mi mente y torturaba sin duda alguna.
Me dirijo a su trabajo con un regalo de bienvenida ya que ella había regresado de una certificación en donde había aprobado satisfactoriamente y sentía que era mi deber recibirla con un premio por tal acción.
– Hol…
Me abraza fuertemente y siento que hasta ahora todo va perfecto, eso quería decir que enserio me extrañaba y que las largas dos semanas que no nos vimos fueron una tortura para ambos.
– Te extrañe.
– Yo también Karen, mira te traje un obsequio de bienvenida.
– Hey, yo también te traje algo, pero creo que este lugar no es el indicado para abrirlo asi que vallamos a donde habíamos planeado,
Tomamos un taxi y nos dirigimos a un paseo con un río artificial en el centro de la ciudad, el clima y la poca iluminación hacia que el momento fuese mágico y romántico, los temas se vieron venir desde como era su proceso certificación hasta las tonterías que ella realizo en el viajen; no había reído tanto desde hace mucho y la confianza que le tenía para decirle como me sentía era increíble como si mi mente estuviera conectada a ella y su mente a la mía era más que obvio que el destino nos había unido para ser uno mismo.
En uno de esos momentos mientras caminábamos por el paseo nuestras manos se entrelazaron de la nada.
– Y ¿esto?
– ¿Qué? Ayyy perdón jajajaj
– Jajajajajaja
– Como es que no nos dimos cuenta Carlos, estamos tan concentrados en nuestra platica que no notamos ese detalle
– Bueno será que tal vez estamos hechos el uno para el otro
– Probablemente querido, oye que te parece ese lugar para abrir nuestros presentes
– Vale, me parece perfecto amor
– ¿Amor?
– Lo siento
– Jajaja estamos graves Carlos, algo nos esta pasando
– Puede ser
El lugar que se había escogido era una banca un poco iluminada al lado del río donde la iluminación era perfecta de colores y el momento era el perfecto para expresar todo lo que sentíamos.
– Bueno yo primero, es algo no muy nuevo Karen, la verdad es algo que me ah acompañado mucho tiempo de mi vida y es una parte importante de mí, asi que … si un día te vas bueno te llevaras una parte de mi.
– Ayy Carlos ¿Cómo crees? Es tu libro favorito… “ El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher.. muy buen libro pensé que nunca te despojarías de el,
– Bueno, creo que eres la persona correcta para tenerlo y quiero que tu lo tengas.
– Ten
– Heavy Metal ¿que acaso no es el libro que te compraste con tu primer sueldo?
Así es nuestras coincidencias eran tan grandes que nos regalamos un libro que nos había marcado previamente en la vida, esto lo confirmaba Karen y yo estamos hecho el uno para el otro.

– Carlos quiero que lo tengas
– ¡BESO, BESO, BESO¡
Una pequeña lancha que hacia recorridos en el interior del paseo con sus tripulantes no resistieron la tentación de gritarnos y que de esa forma expresaranos realmente lo que sentíamos, ya sin miedo a lo que dijeran los demás pero nos resistimos.
– Valla, eso fue un poco incomodo
– Jajaj losé
Nuestras mirada cruzaron y sentí algo que jamás había sentido, era como si nuestras almas se hubieran visto a través de nuestros ojos, detrás de esa bella y ruda chica de 28 años yo vi a una hermosa alma en búsqueda de un abrazo y amor, algo que hizo que mi cariño y amor hacia ella creciera en un instante, era tan irresistible algo que nunca había imaginado, mi mente y pecho ardía y mis labios estaban cada vez más húmedos, tenía que besarla, le acomodo su fleco y me acerco lentamente a esos suaves y tiernos labios, la sensación no puede ser descrita solo diré que mi mundo se vio completo al estar besando esos hermosos labios.
– ¿Por qué?
– Porque eres perfecta para mi
– Y tu para mí
Nos dirigimos a su casa y no lo pensamos dos veces el sentimiento y la atracción que sentíamos el uno por el otro era más que mágico, podría describirlo como un milagro… ¿Cómo era posible que dos personas se entendieran tan bien , que se sintieran completas al estar juntos y si ese fuera el caso porque debió pasar tanto tiempo para conocerse?
Los besos y las caricias eran cada vez más fuertes y las ansias de concebir el acto no dudaron, mis labios pasaron por su cuello, mientras ella fuertemente con sus manos me rasguñaba los brazos de una forma que la excitación ya no cabía en nosotros, mis manos sutilmente le ayudaron a quitar esa blusa negra y escotada que con el simple hecho de verla provocaba en mi un despertar salvaje y único.
– Muerdeme…
La simple sugerencia se volvió una acción y rápidamente Karen me quito la playera y los rasguños se volvieron cada vez más fuertes al grado de que mi espalda empezaba a sangrar, el placer era cada vez más grande y mis pensamientos se oscurecían con el pasar de los segundos, al estar sobre la cama el universo desapareció y solo éramos Karen y yo, dos cuerpos formando uno en donde nuestros movimientos marcaban el ritmo del acontecimiento y el climax era la cima máxima de nuestro sentir, donde las voces se volvieron gritos y gemidos de placer y la explosión de nuestros cuerpos perfectamente coordinados marcaban la culminación del acto; no existía nadie más, solamente 4 paredes, unas cuantas velas que alumbraban de cierta forma la recamara, ya mi universo no existía, había mutado y renacido en uno nuevo y giraba en torno a una mujer única en el mundo a mi hermosa musa con la cual el futuro pintaba oscuro y sospechoso pero acompañado de ella nada de eso importaba.
Ya no éramos nosotros, ella no era Karen y yo no era Carlos, ahora éramos un nuevo ser unificado por nuestro sentir y pasión, por nuestro cariño y amor, en donde el mundo que nos rodeaba ya no pintaba oscuro y donde los prejuicios ya no importaban, ahora éramos eso que tanto tiempo habíamos buscado… amor.


CELIA PRADOS

Inocencia

Le aterraba desvestirse de su inocencia,
dejar explorar sus curvas cerradas,
y la penumbra sobre la piel.

Sus ojos abiertos no lograban ver
que eran otros los miedos que debían
arrancar de su alma las lágrimas.

Como el temor de no volver
a fundirse en abrazos,
a susurrar en la noche,
a vaciar sus adentros.

Como el candor de creer
en la inmunidad de sus huesos,
en la coraza de su corazón,
en lo genuino de sus palabras.

Y cuando sangró la conciencia
por sus dulces engaños,
no quedó nada sobre su cuerpo.
Ni siquiera el miedo.


GABRIELA MOTTA

Él y Ella.

Era una mañana corriente y ordinaria como cualquier otra, ellos dejaron de lado sus responsabilidades para ir al encuentro. 
Ésta sí será la última vez, pensaba él para alivianar su culpa.
No debemos seguir con ésto, pensaba ella, mientras llegaba al lugar de la sita.
Al llegar, se miraron y se fundieron en una pasión desenfrenada dejándose poseer por la lujuria. Él, la tomó por la cintura y sin pensarlo comenzó a desabrochar esa camisa que le quedaba tan sexy.
Ella, lo tomó fuerte por la cadera y comenzó a desabrochar su pantalón dejando que sus manos ardientes en deseo tomaran su sexo y lo estimularan como nunca antes. Él, dejándose provocar, embriagado de deseo la toma y la penetra con una dureza inagotable. Ella, sonriente de placer sabe que esto no terminará jamás. Ambos se funden en un gemido inacabable envueltos en sus cuerpos calientes, bañados en sudor y llegan al climax juntos.
Vuelve la calma pero na hay tiempo para la ternura, sin decir palabra toman sus ropas, se visten de forma apresurada, no hay lugar para esas miradas envueltas en pecado y culpas. Él, casi sin poder mirarla le dice: ésta sí es la última vez. Ella lo mira y sonríe, sabe que no es verdad. Se despiden y regresan a sus rutinas, cada cual por su camino como dos desconocidos.
Al salir a la calle él, siente por detrás una mano que le golpea la espalda, al darse vuelta se sorprende al ver el rostro de doña Elvira, que sonriente le dice: usted por estos lados padre Juan? seguro lo envío Dios para que me pueda bendecir este día que recién comienza. Él, agacha la mirada y envuelto en culpa le dice: que Dios la bendiga hija mía. Amén responde la señora haciéndose la señal de la Cruz.
Y así sin más, sigue su camino haciendo de cuenta que nada ha pasado, que la culpa y el odio por no poder dominar sus deseos nunca estuvieron presente en su corazón y en su cuerpo sucio por el pecado.


DIL DARAH

Criptofilia MMXVII

Había un tiempo cuando los nombres rusos se confundían con los vallisolentanos.
Escuchaban Jethro Tull todos y amaban el mismo atmósfera libre de contaminaciones de cualquier tipo.
Llegaron a” había un tiempo sin determinación” cuando las agujas apuntaban siempre el opuesto del musgo de los arboles y el sol se saltaba medio recorrido para poder presenciar el mundo entero.
Dentro de todo el recoveco, diseñado por una gravedad tan matemá y lógicamente diseñada, surgió nuestro libre albedriamente sentir, cocientemente ubicado encima de una tan amplia media y extra suya.
Definirlo sería equivalente a un ser que controlaba las masas muy flautí,, hamelinamente y de decisión inocua a la gama cuan el mismo. Un ser exento de decisiones y saturado de imposiciones, faltas de sonidos adecuados a la gama que él pretendía escuchar, contraopuesto a los ecos de un alma que latía a destiempo e idolatraba sin sentido a los comunes particulares de un elevado genero en desuso.
Yo ,para eliminar probabilidades, tropezaba con torpeza terráquea por enésima vez en la misma piedra y él fue el único que vio la individual brecha dentro de esa argamasa arquitectónica social de fisuras múltiples.
Ejecutó por tanto una serie de bemoles que sólo tenían sentido para un 0 por ciento de la población.
Fui la singular que aplaudió por tanto a única carente de méritos .
Nuestra historia acabó en pañales sin más merito que llenarse de residuos de otras admiraciones, pero vivimos separados y tan felices como cualquier infelicidad conjunta y no fuimos a más que la única medida de un tal vez compuesto de conjunciones desfavorables.
La promesa de la éxtasis conjunta ardió entre el polvo de unas estrellas que brillan tan post mortem como los gestos que se quedaron llorando la perfecta raíz cuadrada según la ejaculación sentimental anticipada que eutanasiamos cada cual en diferente galaxia.

P.D: ¡Viva Jethro Tull y las estrellas fugaces cuyas faldas son aparentemente fáciles !


KARLOS WAYNE

“De todos los tipos de amor, el nuestro aún no ha sido catalogado”, le dijo él mientras ella evitaba su mirada. “Sé de algunos que lo llamarían incesto” respondió ella sonriendo para sí, con la distancia que la edad otorga. “Para ser incestuosos, tendría que haber sexo, y aquì no lo hay. Nunca lo hubo”. Ella asintió a las palabras de él y se puso en pie, nerviosa . “Nuestro amor debe ser catalogado”, afirmó sutil. Él se puso en pie, cauto , dudando si lo que había oído era lo que ella dijo o, por el contrario, lo que él, durante años, quiso oir. Hizo el amago de preguntar, de cerciorarse, pero ella se dio la vuelta y le besó. Sus labios dolían, tanto por el empuje de sus bocas como por la presión familiar que sabían les vendría encima. Ella le cogió la mano y la excitación de él se irguió con cada peldaño de la escalera, mientras subían. Al llegar arriba ella se paró frente a la puerta. Él colocó las palmas de sus manos en su espalda, debajo de la blusa. Desabrochó el sujetador de modo eficaz, sin prisa, y los senos liberados le regalaron un temblor inesperado, involuntario. Él movió sus manos inseguras, bajando por los costados. Llegó a la tripa, vergonzosa señal de la edad, y despacio alzó sus pechos hasta donde èl siempre imaginó que estarían, hasta donde ella deseaba que aún estuvieran. Ella le abrió el pantalón. Buscó, le agarró. Le mostró el camino. Y ya no le soltó hasta que los golpes llegaron a la puerta de su corazón.


IRENE ÁLVAREZ

Ha pasado algún tiempo. Te miro y pareces distinto. Estas distante. Hablamos. Como siempre. De nuestras cosas, de los proyectos, de la vida, y me mi miras callado, circunspecto. Nunca había estado tan cerca de ti y a la vez tan lejos.
El té me regala calor en los labios y las manos, que aunque no se note, tiemblan como si fuese una quinceañera porque estoy ahí, frente a ti. 
Hablamos de muchos temas, y en un momento, inesperado, ¡bum! Llega tu risa. Esa risa que excita mi alma y mi cuerpo al mismo tiempo. La siento en el corazón y las bragas. Palpito a mil por hora y mi entrepierna está empapada en deseo. Quiero besarte. En la comisura de los labios. Quiero morderte como tantas veces he imaginado y hundir mis dedos en tus rizos mientras te abrazo. Pero no me atrevo. Soy timida. Lo sabes. Y sé que dejarás que sea yo la que se lance al precipicio porque te divierte.
Me acerco a tí y te hago burla sacando la lengua. Me miras y amenazas con un beso. Te reto. Me retas. Y a pesar de que el corazón va a salir por la ventana, me atrevo a acercarme a ti hasta rozar tus labios. Ahhhh! Dulce momento…Lo saboreo a pesar de los nervios y me recreo en la suavidad del roce, en el juego, en saber que al fin los anhelos se han hecho realidad.
Te beso. Voy despacio. Te muerdo. “A bocaicos chicos”, como te digo siempre. Y me atrevo a enlazar tu cuello con mis manos, hundiendo mis manos en tu pelo. Estoy en el cielo. En nuestro cielo.
Siento tus manos en mi espalda haciendo sendas con los dedos, que irán a parar a algún paraíso soñado, mientras tu boca se desliza por mi cuello dejando trazos de pasión que ahogan gemidos sordos en mi garganta. Mmmmm… me susurras al oído. Palabras que nos dijimos y que impactan en mi cuerpo llenándolo de expectativas e ilusiones.
Te recuestas en el sofá. Sobre mí. Siempre te gustó así. Y yo me dejo. Me gusta mirarte a los ojos. Perderme en el café caliente con canela a que sabe tu piel. Y me desnudas. Te recreas en el purpura de mi ropa interior. En el encaje del tanga y en lo que esconde.
No puedo evitar sonreir. Después de tanto tiempo, al fin nos encontramos. Y te tengo donde imaginé tantas noches. Y al fin te siento, en cuerpo y alma, dentro de mi. Siento tu cuerpo danzando sobre mi, mientras me invade el placer y me dejo llevar. A un lugar desconocido. A un espacio en el que no existe el tiempo y solo habita deseo. En bocas que sisean y manos que acarician. Montes de Venus que sudan deseo y obeliscos que penetran en suaves y suntuosas grutas colmadas de frutas exóticas.
No se si hacemos el amor o follamos. Pero lo hacemos. Y me siento tan bien que no me importa. Porque por fin eres un deseo tangible entre mis dedos.


MONTAÑA MILHOJAS

Él era italiano, todas sabemos lo que eso significa, te comen la oreja cómo nadie y luego van bajando.
Ella ese día sólo quería bailar,salía de un desamor de diez años con un calvo medio gilipollas con el que empezó por una apuesta, todo el mundo sabe el erotismo de los calvos,menos ese calvo en concreto,que no tenía ni idea y follaba de pena.
El italianini con su acento vago,la envolvió en dulce de leche y fue adueñándose de su control,a lo señor Grey ,con caja de herramientas incluidas.
La noche duró tres días, con esa ansiedad que da lo nuevo, se devoraron mil veces, y casi sin poder andar, ella se dirigió al taxi, pensando que esta vida es una puta y ganas mucho si te la sabes tirar.


ANITA MIMOMBA

“El bosque”:

Ni se imaginaban la suerte que tendrían cuando, al llegar a la casa rural, les tocó una habitación de 18 camas para
ellos dos solos. Era enorme, con literas y muchas ventanas, incluso, su propio cuarto de baño (también enorme).
Dejaron sus cosas sobre la primera cama que vieron y se fueron con los demás. El paisaje era sobrecogedor, en plena 
montaña, en medio de un frondoso bosque de pinos, la vista se perdía entre picos rocosos y el cielo.
Tras toda la noche de fiesta en el claro del bosque, el grupo regresó a la casa y se fueron a dormir. Era casi de día.
Aún se encontraban bajo
los efectos de unas setas que les había pasado alguien en algún momento de la noche. Sus sentidos se encontraban muy espiertos, sus pupilas dilatadas hacían que vieran todo encendido y reluciente. Empezaron a besarse y cada beso los trasportaba hasta otro universo. Se abrazaron y notaron sus corazones, latiendo juntos, escucharon sus respiraciones y empezaron a desnudarse mutuamente. Mientras se acaraciaban eran capaces de notar todos los poros de la que, ahora, sentían como su única piel. Y, por un momento, se sintieron uno, en un arrebato de setas y pasión.


MARTA TORRES

Después de tantos años de dejarse de ver , para ser exactos 15 años atrás . Gracias a la tecnología por fin se reencontraron , empezaron las charlas día a día charlas interminables , que pasaron de charlas comunes a charlas mas excitantes. Donde me llevaba al éxtasis total. Donde poco a poco me desnudaba con sus lindas palabras , me acariciaba cada rincón de mi cuerpo con sus suaves labios , me asía estremecer como nadie lo había echó . Me hacía el amor noche a noche . Tenía un poder en mi cuerpo como nadie , a pesar de la distancia . Con el aprendí a tocar cada parte de mi cuerpo , a sentir el placer total con sólo escuchar su voz.


TC CARLOS

CHUCHES ROJAS

Al salir del trabajo, me meto en el único chino de la zona y cojo una lata de cerveza. Cuando voy a pagar, suena el móvil. Es un mensaje. Dejo los setenta céntimos sobre el mostrador de cristal, asegurándome de que la mano que cobra los agarra. Cuando salgo de la tienda, leo el mensaje. Me rio. Abro la lata y le pego un buen trago. Es un mensaje de Lorena, que saldrá en media hora. Eso ya lo sabía. Lo que no sabía es que quiere verme. Repetir, dice. “Hagamos lo del otro día”. Bueno, ha pasado por lo menos un mes, y se me ha hecho eterno.
Tengo que enviar el mensaje pertinente, porque me esperan en casa. La excusa del trabajo siempre es perfecta. Alguien se ha puesto malo, o un evento en el restaurante que se prolonga de más es lo que suelo decir cuando me voy a perder por un par de horas. Lo escribo, sabiendo que ella lo verá en un segundo. Me responderá inmediatamente, pero yo ya no lo podré ver. No puedo parar, hay mucho trabajo…
Lorena tiene los pezones rosas y la areola del diámetro de una gominola de nube. Cuando se ponen erectos, despego un poco la rueda de regaliz rojo desde el centro y lo encajo como anillo al dedo; lo que sobra, lo meto por debajo, para que se vea todo redondo. Es un bonito contraste con su lechosa piel. Desde el cuello, voy bajando con píldoras dulces de todos los colores. Atravieso el canalillo como una perfecta línea de hormigas, y llego hasta el ombligo donde puedo introducir con la boca una mora roja. Cuando alcanzo su sexo, le pido que cierre las piernas, tapando todo lo posible sus labios, colocando sobre ellos un regaliz largo y rojo. Al llegar a sus pies, unas dentaduras podrían encajar entre sus dedos, pero tendría que hacerlo con cuidado, porque si se empieza a reír, la fila de pastillas de colores se desparramaría por la cama…
Suena el móvil. El mensaje esperado. Deposito la lata en la papelera más cercana.
Tendría que hacer algo de tiempo, o agenciarme antes con una poderosa bolsa de chuches, preferentemente rojas.


NURIA BERGEN

Nunca supiste donde meterte cuado se hablaba de amor pero sí cuando se hablaba de sexo. Siempre eras el mejor en esa posición, en esa inquietante, mejor dicho posición, además de sólo posible en muestras imaginaciones de edad del pavo subiendo hacia los 18, que resultaba el clímax sexual por excelencia. La primera vez parecía ser dulce, después ya sólo parecían despojos. Números o muesca como dirían algunos. O muchos, aún.


ALEJANDRO CAMACHO

“Nora”

Nora corría descalza bajo luces rojas, devoraba billetes.
Yo tenía pocos años y la contemplaba desfilar por vasos de alcohol con rostro de piedra. Deseaba con toda mi niñez tocar el cuerpo de aquella flor oscura del bosque, pero solo la miraba tras una cortina obscena y descuidada.
Una mañana el antro donde Nora trabajaba cerró las puertas para siempre, la crisis de los años noventa dejó sin empleo a los portafolios marrones, no volví a verla.
La infancia pasó, las cervezas y los dulces estaban en guerra, obligaciones absurdas me llevaron hasta Uruguay, los días eran largos, dormía poco. Cierta noche, después de una ducha corta, fui guiado por Leopoldo al bar más oscuro de la ciudad. Desde lejos reconocí una cintura en punta que partía cientos de aplausos desvergonzados. La vida no se comportó bien con mi bailarina favorita, su cuerpo mostraba la tristeza de una vejez mal llevada.
Reconoció la mirada añeja que hice, mi billetera saltó hacia sus manos de oruga y en menos de lo que canta un gallo estábamos intercambiando amor de contrabando en una habitación sin dueño, mis deseos más antiguos se liberaban sobre un cuerpo con más de cinco décadas.
Los gemidos se incrementaban, la sentía propia, aunque sabía que no era de nadie, los dedos de ambos recorrían centímetros nunca antes descubiertos. Al mismo tiempo que la decima gota caía, mis piernas comenzaban a enroscarse, el color blanco me bañaba; una forma de cilindro se apoderó de este humilde servidor, ella reía y su piel se estiraba como la de una adolescente presumida, a esas alturas mis pies tenían apariencia de filtro con alquitrán barato.
Sin explicación lógica me encendió, inhalaba juventud y exhalaba tiempo muerto. Estaba siendo absorbido por sus labios, y como todo buen cigarro de la noche acompañaba sus vicios. Antes de ser arrojado a la basura miré por la ventana, un chiquillo observaba la situación tras una cortina obscena y descuidada.
No he visto a Leopoldo desde entonces.


DAVID DURA

Mira amore mío , sabes que soy poco de ahorros, malgastador en causas perdidas, pero hoy , tiro la casa por la ventana.
Traigo un regalo para los dos.
Quince días sólo para tí, descansa en tu tiempo . Tendrás toda clase de baños y masajes, tu cuerpo lo primero..

He decidido aprovechar quedándome en casa para pintar , colgar el cuadro de las casas colgadas y de paso archivar..

No creas ni por un segundo . De buena gana pasaría rozándome contigo , soy fan de los leggins
Desde mi operación de fimosis soy otro.
Pongo la mente en blanco , me dopo y hasta migitas de pan para que baje , pero nada , te veo..
En dos días llega la grapadora de Amazon .
Te cuento que estoy preocupado , me conoces, cuando estoy malito tengo los testículos más suaves,
pero parece ser que descargo males y bienes como nunca. Tú lo sabes.
Pero ahora hablo de mi ser más preciado y debe de curar por el bien de hoy y en adelante, es todo lo que tengo.
Vuelve morena , sin maleta o con lo que pasa en las Vegas , se queda en ella , pero vuelve.

Te esperamos los dos , como siempre , renovados y dispuesto a darlo todo…..Si puedes saltarte alguna escursion , vendrá bien el dinero que hay tanto que pagar…


LA XICUELA DE CORRIOL

No sé qué pasa cuando te leo,
que mi cuerpo entero no puede parar,
de lamer, de besar, de rozar, 
de excitar mi cuerpo,
de sentir, de doblegarme,
de amar sin descansar.
De imaginar, de pensar, de postear.


LOLY BÁRCENA HUMANES

TU
Cierro los ojos, respira pausada, corazón ¡para, no te desboques!
El ataque de ansiedad llama a mi puerta, pero no quiero dejarlo entrar, quiero recuperar mi camino, mi equilibrio. Quiero dejarlo todo, quiero huir del aire rancio que me rodea, me ahoga no me deja respirar.
Necesito escapar pero mis piernas realmente no lo consienten, me mantienen sujeta como las raíces de los olmos, por más que se estiran, se alargan. No se escapan siguen enganchados.
Necesito recuperar, encontrar el comienzo, el final. Miro a mi alrededor, busco algún recuerdo, un olor,un sabor, un color, un sentido que me explique cómo llegue aquí.
¡Escucha!, suena Queen, mi cerebro se “adormilece” con su voz, Mercury me lleva a tiempo atrás, hace que mi cuerpo despierte, la piel se eriza, noto: tus dedos se acercan, los siento incluso antes que me toquen, como electrizan mi ser, sintiendo la primera caricia.
Me meto en mi oscuridad, me acerco al camino de tus besos, juntos, en ese día que fue nada pero lo fue todo.
Sentados el uno frente al otro en tu habitación, como excusa un trabajo de la universidad, saboreando nuestras miradas, que no podían decir nada pero lo decían todo.
El coqueteo inocente del que sabe que no debe ser, no puede ser.Lo prohibido tiene mejor sabor.
Sabiendo que no se nos permitía ser más allá de amigos, nuestros cuerpos ya querían más, ya se ansiaban el uno al otro.
Deseaban fundirse en besos, caricias, recorrer cada centímetro de piel, arder en el aroma a prohibido.
Sentir dentro de mí lo que mi cerebro imaginaba cada vez que me rozaban tus manos.
Preguntarme porque no sentía ese calor con él, pero me imaginaba tus susurros en mi oído, sentir erizar los pelos de la nuca, estremecerme con un escalofrió de deseo.
Como la música cada vez nos envolvía más en lo que podía ser nuestro momento, donde nuestra bocas se dijeran lo que nuestros corazones ya sabían, no eramos amigos, eramos amantes que querían vibrar al mismo compás, querían compenetrarse, respirar el mismo aire ,sorber cada bocanada del aliento del otro y elevarse a los infiernos o al cielo, pero juntos, unidos sintiendo la fuerza del deseo, dejando que el mundo nos dejara en paz , nos dejara olvidados ,desatar ese deseo ese hambre del otro.
La canción sigue, Mercury me grita, que lo haga , déjate llevar ……………………………………
La música está ahí para recordar cómo te deseaba, toda yo quería estar en ti, contigo.
Solo debo buscar el camino para encontrarte otra vez.
Otra canción de queen??


EMILIANO HEREDIA JURADO

EL FUEGO DEL SEÑOR

Mi, corazón, es un avispero.
Cada latido, es, una avispa que pica, fieramente.
Mis pies, son, barcos a la deriva, navegando, por un rio de tierra.
Las hojas, secas, marchitas, son olas, empujadas por un viento, frío y húmedo.
El sol, es un barco, naufragado, por el iceberg, de la noche, dura, de hielo, solitario, obscuro.
Sus rayos, son náufragos, aferrados, desesperados, a las ramas, de los árboles, para no morir.
Morir, es un mar, en el que mi tristeza, quisiera, desembocar, alimentada, por los afluentes de la pena, el dolor, la nostalgia, la ausencia…de ti.
El suelo, empieza a llorar hacia el cielo, y el viento baila un vals triste y lento, con los relámpagos que se escapan de las nubes desmadejadas.
En medio de un baile al que no he sido, invitado, ni quisiera serlo, en medio de la nada, una inmensa mole arquitectónica, recortada por las tijeras de los resplandores de la tormenta, aparece delante de mí.
Es un vetusto edificio, un convento añoso, embarrancado en la playa de la soledad.
Es una buena oportunidad para pedir cobijo.
Me acerco al enorme portalón. Una enorme aldaba, con la cabeza de enorme y tosca, de un gargolón, como espigón; que sujeta entre sus fauces, una pesada voluta de hierro, como martillo.
Golpeo fuertemente, contra el tas, a la vez, que el retemblar de un trueno, rompe el todo.
No tengo prisa alguna para que me abran. Todo me da exactamente lo mismo.
No tengo prisa por la respuesta. Ya nada, tiene importancia para mí.
Después de estar un buen rato, observando cómo se abrazan los arboles en la obscuridad de la noche, el sonido de la ventanita que hace de mirilla, en el enorme portalón, al abrirse, me sobresalta. Me azara.
No veo nada. No veo a nadie.
Presiento algo. Intuyo a alguien.

-Disculpe, hermano-no sé exactamente, cómo he de tratar a un monje-, la tormenta, me ha pillado por sorpresa y….bueno, me preguntaba, si usted, bueno, ustedes, podrían darme refugio por esta noche, prometo no molestarles, cualquier rincón me sirve.-me doy cuenta, de que doy la sensación de estar desesperado-
Solo presiento, entre ráfaga y ráfaga del viento, que barre frenéticamente, el suelo, una respiración serena.
Y unos ojos.
Que miran.
Que observan.
Que analizan.
Al cabo de un momento, la puerta gime, y me da paso a zona de acceso del convento. Mi anfitrión desconocido, es un hermano siamés de la sombra que lo invade todo en la sala, pequeña.
Cierra la puerta, con el estruendo de una lápida que se coloca encima de su tumba.
Sin mediar palabra, me hace un gesto para que le siga. Supongo, que será, por el voto de silencio. Es un monje un tanto siniestro. Viste un hábito negro, y su capucha, nó deja entrever detalle alguno del rostro, tan solo oscuridad. Su presencia, me produce frío. Un frío que congela mis huesos, yá helados, de por sí, por la cantidad de agua que han tenido que soportar.
Me lleva hacia el claustro, y el fogonazo de un relámpago, ilumina, la figura que corona la fuente central de la fuente.
Me estremezco.
Palidezco.
Tiemblo.
El mismo demonio, desfigurado por el carboncillo de las sombras nocturnas, se me descubre en todo su esplendor maligno. Me aproximo más, al religioso, buscando en vano, un refugio, pues, al acercarme a éste, un olor a cuerpo corrompido, a muerte, le envuelve, como una aura siniestra.
Los capiteles de las columnas, con motivos vegetales, con el efecto de las luminarias intermitentes, aparentan moverse las hojas, como si estuvieran animadas, por un antiguo zootropo.
Sin mediar palabra, el religioso, me introduce en una celda, cierra la puerta, y desaparece.

Bueno (pienso), por lo menos, esta noche, dormiré bajo techo, y seco, porque lo que es caliente, nó creo. ¡qué frio!.
Me tumbo en el jergón, montado sobre un escueto bastidor de madera. Me desnudo, y me introduzco dentro de él, envuelto como un gusano en su crisálida. El colchón de lana de oveja, junto con la manta tupida, me dan el calor perdido.
Cojo mi mochila, y saco una de esas lámparas de camping, a pilas.
Con la tenue luz, que invade la sala, me dispongo a explorarla con mis ojos, de exploradores, desde la comodidad de mi improvisado lecho, aunque, nó sé que espero encontrar, de insólito.
Las paredes, están desnudas. La que está detrás de mi cabeza, solo mancilla su blancura, una cruz latina, de madera marrón, ajada. Enfrente, encima de un taburete, el retrato de una imagen a color, de una religiosa, en actitud orante, sobre una nube, con dos amorcillos sujetando encima de su cabeza, una orla, que pone algo en latín.
Como aún me acuerdo de algo, de latín que aprendí ya no se sabe cuándo, intento traducir lo que pone escrito en la orla: “Dominus autem peccata dimittit;”
-A ver…el señor….perdona…los pecados…¡eso es!- me alegro de que aun me acuerde del latín-
Examino la figura de la religiosa. Para entretenerme. Es joven, el pintor, deja entrever, unos pechos jóvenes, y turgentes, unas caderas bien proporcionadas…
-¡bah!, que tonterías imagino, será el cansancio –pienso-
Apago la lámpara, y cierro los ojos. Es agradable, sentir la tibieza del colchón, las sábanas y la manta, sobre mi cuerpo desnudo.
Un leve tintineo, de una campanita, repiquetea en mis oídos.
Extrañado, abro los ojos, miro mi reloj. Las tres.
La habitación está inundada de una extraña claridad. Ocre.
Nó es azulada. Como mi lámpara.
Una extraña neblina cubre todo el suelo de la instancia, y un penetrante olor a azucenas, lo invade todo. Es un olor dulzón, como de almizcle, pero a la vez, una mezcla de flores marchitas, podridas.
Me incorporo un poco, sobre mi lado derecho, apoyado sobre el codo, para observar mejor, lo que está ocurriendo.
De repente, por detrás, dos angelitos, con aspecto demoníaco, me sujetan cada uno, por las muñecas, y ponen boca arriba.

Presa del pánico, intento zafarme, pero es inútil. Los dos angelitos, me sujetan como si fueran grilletes de hierro, a la pared.
A mis pies, la religiosa de la imagen, se deshace de su velo, y se quita el griñón, ese especie de pasamontañas que llevan las monjas.
Deja al aire, un pelo cortado muy, muy corto, negro, como un chico, brillante.
Los ojos, son de un negro azabache.
Retira del jergón donde estoy echado, la manta y la sábana, dejándome totalmente desnudo a su vista, y una mezcla de pudor, vergüenza, y terror, me invade cada poro de mí.
Se despoja del hábito, y su camisón blanco, deja entrever, dos pezones duros, que sobresalen en la blancura de la pieza de tela.
Se desabrocha, lentamente, la lazada, que encierra su pecho, en la camisola, y se lo baja hasta la cintura. Unas aureolas de santidad, rodean unos pezones redonditos y carnosos como frambuesas.
Lentamente, se baja el resto del camisón, como si fuera la serpiente del pecado original, quitándose la muda. Sus labios, con sus dedos, hablan de una historia de deseo. Dedos que se pierden en la exuberante frondosidad del jardín del Edén que reina al salir por la puerta de su ombligo.
No sé si debo excitarme, mi miembro no está eréctil, tengo frío, frío de miedo, que me sumerge en sus aguas.
Los dos amorcillos, tienen las cuencas de los ojos vacías, e hilillos de sangre salen de ellas; emiten extraños gruñidos de excitación, sabedores de lo que vá a ocurrir, y en sus caras, hay dibujada una extraña sonrisa maligna.
La religiosa, repta por mis piernas con las suyas abiertas.
Acercándose como una alimaña, sigilosamente, para atrapar a su presa.
Coge delicadamente mi sexo, como el tallo de una rosa recién cortada, frágil, pero firme, y espinoso.
Gime, de placer, siento dentro de mí un fuego intenso.
Un fuego de infierno.
Un fuego de condena.
Ahora soy una tempestad que zarandea su grácil y frágil cuerpo como un barco de papel entre las olas.

Los amorcillos, ahora, gruñen con más intensidad, una siniestra luminosidad, les ilumina por dentro, dejando entrever, todas sus entrañas y venas de color….negro.
-¡¡¡¡¡señor perdona mis pecados!!!,¡¡¡¡señor perdona mis pecados!!!!
La religiosa chilla, poniendo de marca páginas cada gemido de placer que sale de su garganta, en este extraño libro de experiencia mística y sexual que los dos estamos escribiendo en esta noche de rayos y truenos.
En el culmen, una luz intensa, anaranjada, me ciega.
Los primeros rayos de sol, entran furtivos para robarme el sueño.
Aterrorizado, me encuentro con unos restos óseos putrefactos cubriendo todo mi cuerpo desnudo, y restos de un hábito echo girones, esparcidos, por todo el suelo.
Una imagen de una religiosa con dos amorcillos con una estela en el suelo, un poco chamuscada que reza :”miserere mei Deus in anima”…
…Dios…se….apiade…de mi…..alma…
Ruido de un coche que se acerca.
Luces azuces que se reflejan en el techo de mi celda.
Ruido de pasos que se acercan a la puerta.
Luces de dos linternas que alumbran.
Ruido de vómito en un rincón.
FIN

Epílogo:
Eulogio abre el bar, como todos los días.
Entran los primeros paisanos.
Un coche de la guardia civil, para, y entran los dos agentes para tomarse un desayuno.
-¡Buenos días Tomás!, ¡Buenos días Antolín!-les saluda Eulogio-,¡qué!,¿noche tranquila?.

-¡que vá!, nos avisaron esta mañana, de llevaban toda la noche escuchando ruidos extraños en la abadía abandonada-dice Tomás-, al principio no le hicimos caso, pero a la cuarta llamada, decidimos ir a investigar, para ver si se había colado una “rata”, tú ya me entiendes..
-lo que no te imaginas, es lo que descubrimos,-prosigue Antolín- del asco que me dio, tuve que vomitar y todo, ¡qué asco!
-¡jolín!, no me dejéis con la intriga, seguir, hombre, seguir…-les apremia Eulogio-
-no veas-responde Tomás- encontramos a un fulano, que está detenido, en la parte de atrás del coche, desnudo…¡y se había zumbado a la momia de una de las monjas que hay en la cripta!, ¡Hay que estar chalao!, ja, ja, ja,.
Risas generales.
Nó, nó estoy loco. Sé que esos pechos, esos gemidos, las caricias, toda ella…ha sido mía, no lo he soñado…que Dios se apiade…de mi alma.


KAREN ROSADO

Miradas de Placer (EROTISMO)

Una noche entre copas buscaba borrar el estrés cotidiano al que te somete el trabajo,me decidí llamar a los chicos para ir a algún bar pues ellos eran mis únicos amigos,mi familia…
El tener guardias juntos era increíble,no solo por el buen equipo que éramos,si no que todos descansabamos por igual y podíamos salir juntos casi siempre.
Nos pusimos en vídeoconferencia ,amabamos hacer eso teníamos platicas por horas aunque solo tontearamos,
Erick:-Noche de bar ?
Edgar:-Maldita porquería del demonio!,chicos me ven?
Jhon:-Afortunadamente no!
Todos reimos pues Edgar no la llevaba bien con la tecnología.
-Chicos ayer de regreso a casa Vi un bar nuevo,presiento que ese bar tiene algo bueno para nosotros
Jhon:-Para nosotros o para ti?
-Como sea,vienes o no?
Edgar:- Ja !
Jhon:-Callate imbécil!
Erick:-Me encanta tu cabello,eres guapo,muy guapo en realidad(mientras se miraba en el espejo haciendo un papel de cada loco con su tema )
-Apurense ya saben que siempre nos vemos…
Y al unisono contestaron:A las 8 en la esquina del Forense .

Llegamos al tan mencionado bar y todos nos llevamos una enorme sorpresa pues era un sitio acogedor con música en vivo ,nosotros atravesabamos la puerta mientras sonaba Where is mi mind de Pixies, veíamos alrededor figuras hermosas,teníamos la capacidad de ver la belleza en la muerte es cierto ,entonces imagina que tanta capacidad teníamos para apreciar la belleza en gente no tan muerta .
-Mesa para 4!
Jhon:- Me gusta este sitio
Erick:- Hermano está de lujo
Edgar:- La mejor idea en meses
– Y fue mía !!! … de nada caballeros
Fue justo ahí en ese momento en dónde mi corazón se detuvo … nuestro mesero ,parecía sacado de una pintura de Da Vinci ,era perfecto…
*-: Hola
Mientras sonreía con una luz casi angelical
-:Hola
Ignore por completo que había más gente en el bar por unas fracciones de segundo y cuando volví a la realidad mis amigos me veía con una sonrisa maliciosa.
*-:Que les voy a traer?
Edgar:-10 cervezas por favor
*-:Ok ,ahorita se las traigo
-Chicos creo que hace calor
Jhon:-No entiendo por qué tanto alboroto
Erick:- Claro que lo entiendes !
-Se los dije …este lugar tenía algo para nosotros,mejor dicho para mí,gracias Jhon.
Edgar y Erick solo ahogaron sus risas tras las manos
Estaba en una especie de trance mi cabeza giraba lentamente en contra de mi voluntad hacia donde iba el mesero iban mis ojos, porsupuesto cuando se acercaba a la mesa yo disimulaba del casi todo.
*:-Aqui estan las cervezas
-Gracias
*:-Cual es tu nombre ?
Mientras se inclinaba suavemente hacia mi oído ,es ahí en dónde puede deleitarme con ese delicioso aroma que despedía su ropa.
-Eso no importa mucho ,pero si importa tu nombre ,así sabré quien nos está dando está excelente atención .
Y con una sonrisa solo dijo:
*-:Me llamo William
Y se fue.
En ese momento de la noche mis amigos ya tenían compañía también ,Jhon se paró junto al escenario y ahí estuvo gran parte de la noche ,Erick estaba con una Hermosa Rubia y Edgar estaba platicando con tres chicos sobre el partido del día anterior,era el momento perfecto tras largas horas de haberlo observado,mis labios se derretían por besar a William y no lo pensé más,que locura me dije a mi misma pero no podía perder la oportunidad de averiguar si el sentía aunque sea un poco de curiosidad por mi y mientras iba camino al baño le busque con la mirada y le hice una seña sutil con el dedo,lo estaba invitando a venir …
William miro un poco a su alrededor para asegurarse que nadie se diera cuenta de lo que estaba a punto de pasar y detrás del muro que se dirigía a los baños es ahí en dónde lo espere,llegó y me miró fijamente a los ojos,ardía de pasión …
Nos dejamos llevar por el momento,nunca me habían besado con esa pasión ,no que yo recuerde,nisiquiera Jhon! Por el que tenía un cariño notable .
William pasaba sus manos por mi cuerpo mientras el beso intenso se prolongó,escuchamos que se abría la puerta y nos alejamos con cara de que cometimos un delito, porsupuesto ambos queríamos más de esa intensidad.
-: Pásame tu número telefónico
Willliam:-Claro
-: A qué hora sales ?
Willliam:- Contemplando que ya son las 3 de la mañana …en tres horas más
-: Ok
Me diriji a nuestra mesa y los chicos hablaban de que era muy raro que las chicas nos tardaramos tanto en el baño.
Jhon:-Nos vamos ?
-Si,yo pido mi taxi
Edgar y Erick entendieron que esta noche no iría al departamento de John y nadie entendía por qué, nisiquiera el mismo Jhon.
Edgar:-Nos vamos juntos Jhon?
Pues Erick seguramente estaría toda la noche con su rubia ,no quedaba más que ellos se hicieran compañía.
Llegué a casa y me bañé,me puse a elegir la lencería más transparente que tuviera,iría en busca de William…Ya sabía que era una desicion muy loca y precipitada pero recordaba sus besos y algo muy interno me decía hagámoslo .Le mandé un mensaje diciendo:Te voy a secuestrar a las 6?
Me llamo después de leer mi mensaje y mi corazón se aceleró.
William:Me puedes secuestrar antes si quieres solo que tengo únicamente un par de horas pues mañana me toca guardia en el hospital
-:Guardia ?
William:- Si soy enfermero
En ese momento mi deseo se volvió más grande aún.
-:Si está bien ,paso por ti y nos quedamos en un sitio cerca a tu hospital,traes ropa?
Willliam:-Si
Mi plan era perfecto,el destino me había puesto esa situación especial y específicamente a mi .Pase por el afuera del bar y estaba nerviosa cuando se subió al taxi , no dijimos una sola palabra​.
William:-Es aquí
Me sentía tan nerviosa como si de mi primera vez se tratara,Yo lo observaba mientras pedía la habitación y no dejaba de pensar en que eso que pasaba era una locura ,locura que yo propicie…
Nos empezamos a quitar la ropa y frente a mi había un tocador,antes de quitarme la ropa interior note que sobre el tocador había un par de dulces…
-Que buena onda que nos pusieron dul…
Mi oración fue callada con un beso pasional y un seco Cállate
Me puso de frente al tocador y movió a un lado mis panties,la sensación al tenerlo dentro de mi era sumamente deliciosa
William:-Te gusta?
-:Me encanta …
No podía articular palabra alguna ,todo se me iba en gemidos involuntarios,Tenía los ojos cerrados mientras me devoraba el placer .
:- William… muerdeme
William:- Me encantas …
Abri los ojos y lo observaba detrás de mí,tan perfecto…tan lleno de lujuria y deseo como yo ,no dejaba de morder mis labios y a el parecía encantarle ese gesto en el espejo…
Tomo mi cabello con una mano y con otra​ guiaba mis movimientos.
Fue justo cuando me llevo a experimentar el orgasmo más delicioso de toda mi vida,entre espasmos de placer con su dedo dentro de mi boca y la saliva que no tenía cause alguno ,fue ahí en dónde imagine mil escenarios con el … desde ese entonces no dejo de visitar ese bar y si! William siempre es nuestro mesero .


ROCÍO ROMERO GARCÍA

HORAS
Estaban allí, paradas, la una frente a la otra sonriendo tímidamente.
Se acercaron poco a poco, con el corazón en un puño, sabiendo que aquella noche harían un pacto dando una parte de su alma.
Cuando se rozaron con los dedos sus pieles de erizaron y sintieron chispas de amor que iluminaban toda la habitación.
Se desnudaron con la mayor delicadeza posible, sin dejar de mirarse.
Recorrieron con los dedos los lunares de cada una. Cada uno de ellos escondía historias increíbles, besos, caricias y gemidos.
Se besaron temblando, derritiéndose como la lava de un volcán. No pararon hasta que sus labios dolían de tanto amarse.
Pasaron las horas, horas donde sus cuerpos fueron templos donde se atrevieron a creer en Dios, donde los sentimientos afloraron y se volvieron tan humanos que podían sentirse.
Se retaron a no quererse, a quemar las sábanas de aquella fría habitación y a comportarse como animales salvajes, clavando sus uñas en la espalda, dejando constancia de que sus manos estuvieron allí.
Apenas podían respirar extasiadas por la droga del amor, sentían sus hermosas taquicardias, sus corazones latir a un mismo ritmo sangrando en sus manos, su sangre fundiéndose dentro como la miel.
Ambas seguían miándose, más seguras que nunca, renacidas. Brillando tanto que ardían. Explotando como fuegos artificiales en la noche estrellada.
Y por un momento sintieron que eran una, reduciéndose a la más hermosa y mínima forma de expresión, el suspiro.


ROBERTO MORENO

DECÍDETE

Al fin eran las ocho. Llevaba más de 20 minutos simulando que trabajaba, pero ya había llegado la hora.

En cuanto se quedaron solos entró por una vez más en su despacho. Ella ya esperaba de pie, junto a la ventana. Echaba el último estor cuando el cerró la puerta, se acercó a ella y la acechó por detrás. Sabía que darle la espalda no era casual, quería que empezase besando su cuello.

Sus manos bajaban por su cadera pasando más firmes por sus muslos hasta llegar al borde de su falda, donde sus dedos comenzaron a acariciar su piel, a jugar con ella. Poco a poco, subieron agarrando la falda que dejaba al descubierto el borde de las medias negras y unas bragas de encaje después. Las yemas de los dedos empezaron a introducirse en ellas con el objetivo de deslizarlas todo lo largo de sus piernas mientras él se agachaba lentamente para conseguirlo. Su boca indicaba el descenso hasta que sus labios empezaron a besar sus nalgas. Ella levantó un pie para librarse de ellas y después el otro. Al final, sus piernas acabaron más separadas, un gesto que lo decía todo.

El juego comenzó a subir nuevamente pero no se detuvo en los besos en la nuca. Esta vez, arrimaba su miembro a su trasero notándolo crecer y estar vivo. Las manos se despegaron de los muslos para ir directas al pantalón, soltar la trabilla del cinturón, desabrochar el botón del pantalón y bajar la cremallera de un golpe. Seguía frotando su miembro contra el culo desnudo de su jefa. El juego encendía, cada vez más, el fuego y el deseo; el de ella, de sentirse querida y el de él, de labrarse un futuro. Un futuro que se abría paso según entraba en ella. Se sentía grande, y más fuertes eran sus embestidas. Sus dedos jugaban con unos labios rojos, una boca abierta jadeando. Ella se dejaba someter a su autoridad…

Las ocho y media, su dedo apretó la tecla de su ordenador, borró todo lo escrito y comenzó a escribir, esta vez sí, su carta de dimisión.


MARÍA RUBIO OCHOA

El abrazo- Natalia y Jorje sintieron en la adolescencia una atracción, pero los caminos de sus vidas fueron diferentes.Cuando de año en año se veían se saludaban cordialmente, sólo ellos sabían que su mirada también hablaba…..Jorje se enteró que Natalia pasó algo muy duro y que incluso estuvo al borde de la muerte….Pasado un tiempo por Azahar se encontraron sin esperarlo estaban solos, no les dio tiempo a mirarse a los ojos porque se fundieron en un abrazo intenso, los dos temblaban por dentro ,Al separarse se miraron y los ojos se hablaron en silencio y sin palabras……..


FRANCISCO PADIERNOS (pseudónimo)

“Sentada en una silla, apoyó el antebrazo en el marco de la ventana. No lograba ver desde aquella posición lo que ocurría en la calle, pero tampoco le interesaba. Y menos lo que estaba sucediendo en una casa contigua a la suya. Escuchaba susurros. ahogos, grititos y jadeos. Ni caso, si bien aquellos sonidos guturales terminaron por ponerle nerviosa.
Estuvo tentada de llamar a Regino por teléfono. Hasta marcó su número, pero antes, molesta y agitada, sacó la cabeza por la ventana y gritó: “¡No os lo comáis todo, dejad para mañana!”
Ninguna respuesta. ¡Qué barbaridad, jamás el sexo con Regino había durado tanto!
Cabreada, llamó al timbre de la casa de al lado.
Abrió sonrojada una muchacha de unos quince años. La televisión seguía a todo volumen.”


ANÓNIMA 1

Era imposible distinguir cuál de los dos estaba más nervioso, sorprendido y, en general, taquicárdico al verse así, sentados el uno frente a la otra, ante sendos cafés. Había sido un milagro encontrarse de una forma tan inesperada, casí tanto como lo había sido no haberse tropezado antes en todos los años que llevaban sin verse. Y ahí estaban. Joder.
-Madre mía… ¿cuánto hace?- Acertó a decir él por fin, tras un larguísimo silencio mutuo.
Fue él quien la vio allí sentada, tomando un café mientras leía con ojos tristes un libro. Sin darse tiempo a pensarlo siquiera se sentó en su mesa, justo enfrente. No podía dejar de mirarla, sorprendido, incrédulo. Ella levantó la vista visiblemente cabreada, no podía creer que alguien tuviese la desvergüenza de invadir su momento de evasión sentándose a su mesa, por mucho que todas las demás estuvieran ocupadas, con lo escasos que eran esos momentos en los que estaba sola y podía leer… Cuando sus ojos inquisitivos y airados le reconocieron a punto estuvo de caerse de la silla.
-Mmmm no sé, muchos, muchos años… no lo recuerdo.-contestó ella, que aún tenia la mano sobre el libro, marcando el punto exacto donde su lectura había sido abandonada.
-Veinte, mes arriba o abajo… -Recordó él.
-Eso será desde que decidiste pasar olímpicamente de mí. Ver, nos vimos al menos una vez un par de años después, creo.
-Yo… yo no pasé de tí… -tartamudeó confuso.
-Oh, sí. Lo recuerdo perfectamente, porque no me volviste a llamar después de aquella tarde de cine. ¿Te acuerdas?
-Sleepy Hollow. Me acuerdo.
Silencio. Largo. No dejaron de mirarse. Ella empezó a sonrojarse. Sonrió. Qué coño, qué más daba, por primera vez en muchos años iba a decir exactamente lo que quería decir, fuese o no lo que debía decir.
-Qué vergüenza cada vez que recuerdo aquella tarde, joder… Yo… yo no sé, no sé porqué creí que era una buena idea… En fin, hoy no lo habría hecho!- Comenzó a reirse nerviosa- Madre mía, qué idiota me he sentido todos estos años cada vez que se me venía la escena a la memoria…
-¿En serio? No sé, no…. no sé muy bien a qué te refieres… -Mintió. Se acordaba perfectamente, joder si se acordaba… ¡cuántas veces se había masturbado pensando en aquella tarde! Fue, posiblemente, el momento más ligero y simple de su vida sexual y, en cambio, el más erótico de cuantos recordaba…
-Ya. Te estuve metiendo mano. Como un baboso de película adolescente. No sé por qué… supongo que esperaba que fueras tú quien lo hiciera… Yo era muy insegura con mi cuerpo, hay que joderse lo idiotas que somos de adolescentes, porque jamás he estado tan buena como entonces -Se rió con ganas- La cuestión es que también era un saco de hormonas con patas, por mucho que esas cosas sólo se digan de los chicos… y me ponías un montón y estabas allí sentado mirando la pantalla, tan serio, tan inmóvil… y así seguiste, ¡como si nada!
-Como si nada no… -repuso tímidamente, de pronto mirando a la mesa- como si nada no…
-Ah, te acuerdas… -sonrió ella.- Es verdad, como si nada no, al menos aunque fuera por pura biología algo de tí sí respondió… Dios, me sentí tan estúpida… me hiciste sentir una degenerada… y luego apenas cruzamos palabra… recuerdo el trayecto en metro… recuerdo cuando nos despedimos… yo me acerqué a darte un beso, tú no te moviste… Y después no volviste a llamar. Después la nada… Me hiciste pedazos. Y no sé porqué te estoy diciendo todo esto, es que siempre consigues que haga cosas que jamás creería… Con lo fácil que sería estar hablando sin más de lo rápido que pasan los años, contarnos la vida y ya está… Si es que soy idiota.-Sonrió y le miró a los ojos. Como si nunca hubieran dejado de mirarse. Él sintió vergüenza… mucha.
-No me atreví a llamarte, igual que no me atreví a hacer nada en el cine. Joder, tia… hacías que me cagase de miedo y nervios y me sentía tan gilipollas… ¡Yo era un crio! Tú eras mayor….
-Un año!- Le interrumpió ella.
-… Sí, un año, pero para mí era mucho… yo aún estaba en el instituto, tú tenías coche, ibas a la universidad… eras impresionante, lista, no he conocido aún a ninguna tía con tu sentido del humor…. eras guapa, segura… me moría de miedo!
-Vete a la mierda… -susurró ella.
-¡Es verdad! Me cagaba de miedo… y aquél dia en el cine…. -de pronto enrojeció- Aquel día en el cine creí que me había cagado literalmente de nervios, miedo y excitación… No me atrevía a moverme, no podía ni mirarte…Menudo imbécil, virgen e imberbe… Y cuando nos volvimos a ver quise explicarme… te conté que quería llamarte… y tú simplemente te diste la vuelta, me miraste y me soltaste “Yo no quiero a alguien que quiera… yo quiero a alguien que haga. Si quieres verme, me ves”….¿ Qué iba a responder a eso?
-Sí… me quedó muy digno…
De nuevo se quedaron callados. Se miraron detenidamente. Él se quedó mirando su mano, extendida aún sobre el libro. Tocó con su dedo índice el anillo de ella. Sonrió.
-Ya ves… y tres hijos!-Dijo ella tímidamente, casi como confesando una falta- y unos cuantos kilos de más y turgencia de menos, canas, arrugas…. -Bajó la vista. Trató de imaginar qué estaría pensando él al verla… Qué decepcionante… Y él estaba tan… tan… joder, ¡TAN! -A ti te veo genial, te queda bien el pelo largo, me gusta la coleta, aunque alguien maligno diría que rondar los 40 es buena época para cortarse la melena. -Se quedó callada- No sé porqué he dicho esa gilipollez… quería meterme contigo un poco, porque la verdad que estás muy guapo y me jode tremendamente tener que admitirlo… y no sé porqué ostias estoy parloteando sin parar, te juro que soy más lista de lo que estoy pareciendo-Se rió, al tiempo que hundió su cara entre las manos.
-No rondo ni de lejos los 40.-rió él- Pero desde luego ya no soy el crío que te dejó escapar. -Se puso serio. La miró, la atravesó con la mirada. De pronto se sintió exactamente igual que hacía 20 años. No podía pensar en otra cosa que no fuera agarrarle la cara con ambas manos, besarla como si pudiera beber su alma, agarrarla y apretarla contra sí tan fuerte que llegase a temer que se fuera a romper…. Cogerle la mano, llevarla a su sexo y susurrarle “nunca jamás nadie me ha tocado como tú aquella única vez en el cine. Jamás he deseado tanto volver atrás en el tiempo”-Jamás he deseado tanto volver atrás en el tiempo. -Mierda, lo había dicho en voz alta.
Ella no dijo nada. Respiraba entrecortadamente. Sus manos temblaban mientras cerraba el libro.
-Tengo que volver a subir. Puede que mi madre haya despertado ya y no llegué a decirle que bajaba a tomar un café o que me iba. Se muere, ¿sabes?
-Lo siento. Supongo que lo lógico habría sido preguntarte desde el principio porqué estabas aquí… Yo he sido tío. Por segunda vez. Sólo soy tio -levantó sus manos enseñando sus dedos- ¿ves? ni anillos, ni hijos.
Ella sonrió. Se levantó y colgó su bolso al hombro. Empezó a caminar. Él se levantó y caminó a la par. Ninguno de los dos dijo nada. Llegaron a la zona de ascensores, junto a un tropel más de gente. Entraron. Ninguno de los dos se peleó para acercarse al panel de control y pulsar el piso al que iban. Simplemente entraron y se colocaron al fondo, con sus espaldas tocando la pared posterior del ascensor, sin mirarse.
El elevador paró en cada piso, en cada piso hasta el décimo, donde las dos últimas personas que quedaban dentro salieron. Ellos no se movieron. Las puertas se cerraron. No tardarían en volver a abrirse, en cuanto alguien cualquiera quisiera bajar. Permanecieron así un momento indefinido de tiempo, para ellos habían dejado ya de existir los minutos y los segundos. En algún momento del ascenso sus manos se habían rozado y, de nuevo, igual que años atrás. ambos sintieron una corriente eléctrica que les sacudió por completo, desde las puntas de sus dedos hasta la punta de cada pelo de su cuerpo. Él agarró entonces fuerte la mano de ella. Sus estómagos se sacudieron. A ella le temblaron las piernas y se le mojaron las bragas, como si tuviera exactamente 19 años de nuevo. A él iba a explotarle el corazón en el pecho y la polla en los pantalones. El ascensor se abrió, varias personas se quedaron un momento sorprendidos al verlos allí, de pie, mirando al frente, en un ascensor sin movimiento, cogidos de la mano.
Bajaron.
Al llegar a la planta cero, cuando todos cuantos se habían ido subiendo al ascensor en cada piso empezaron a salir, él echó a andar también, sin soltar la mano de ella. No se miraron. Él se dirigió hacia la zona de escaleras, sin necesidad de decir nada ambos sabían que era mejor no dejarse ver. En lugar de salir de camino al parking por el paseo exterior, decidieron sin mediar palabra dar un rodeo más discreto. Atravesaron pasillos y varias puertas. Bajaron al sótano. Caminaron. Él iba ligeramente delante, sin soltar la mano de ella ni un segundo. Llegó a su coche. Abrió la puerta del copiloto, como un caballero de película. Ella le miró.
-No… no sé…-Empezó a decir.
-Sube. Ven conmigo. Sólo esta noche. Quiero follarte como si pudiera recuperar estos 20 años en una sola noche. Puedes irte, si quieres… -De pronto sintió miedo.
Ella no dijo nada. Simplemente subió al coche.


ANÓNIMA 3

Llevaban varios años mirándose, pero nunca habían hablado. No pasaba ni un solo día en el que ella, en esos cinco minutos en los que coincidian en la puerta de salida, pensara en cómo sería besarle, sin saber, siquiera su nombre, y luego salir corriendo.
Hoy él ha dibujado un corazón en el cristal. Ella le ha besado. En el cuello, en la oreja, en los dedos, en los labios, en la boca. Luego se han desnudado, primero ella a él y luego él a ella.
Sus manos en sus pechos, y las manos de ella en su entrepierna.
Luego mis dedos buscando tu boca y después, tu boca buscando mi vientre ya tembloroso.
De pronto para el tren, paran nuestros cuerpos, nos prometemos más mañana. “Empezaremos de cero, te lo prometo, y luego saldremos corriendo”.


ANÓNIMA 4

Era morena, menuda y tan manejable como indomable. Era la cara y la cruz, la luz oscura.
Lo que más me excitaba era como transformaba en terco deseo todo lo que miraba, todo lo que tocaba. Era una Reina Midas del sexo. De repente se detenía, solo para mirarme el culo. Lo sé porque lo sentía de oro.
Oh Dios, la cara norte de sus muslos me volvía ingrávido, dermis en eclosión.

Algo nos alejó, no sé, quizás el áspero y cerdo viento de las circunstancias, nunca me gusto darle vueltas a los porqués, pero…joder como soplaban las paredes sin ella y que estrábico se volvió el sexo.
Sin dramas, cogí aire y con la perspectiva que me dio el borde de mi precipicio íntimo, lo hice.
Quise contárselo. La llame.
“Baja, que tengo que contarte una cosa.
De qué tipo.
Algo que he hecho y que tiene que ver contigo.
Pero no vino, ni nos hemos vuelto a ver. Me la follaría ahora mismo”.

(Lo entrecomillado pertenece al texto escrito por Anónimo 2)


ANÓNIMO 5

LA PAPAYA

 

La papaya es jugo
Es carne humana
Su cuerpo es un secreto
sin que lo sepa nadie.
Opaca por el día
translúcida en la noche.
Tres pétalos se abren
para quien sabe hablarle.
Quien conoce su idioma
practicado en lengua,
encuentra sin buscar.
Tu cuerpo,
Incandescente.

Tu otra mitad en ascuas.

Tu lumbre.
Prendida cerca de mi cara.
Destiñe en mis mejillas.
Mis labios a tus otros labios.
El calor se propaga.
Tu trópico me habla.

 

 

Publicado el

La muerte

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “La muerte”. Estos son los relatos recibidos. Puedes votar por tu favorito en comentarios antes del próximo jueves día 19 (solo un voto por persona).

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

JEZABEL MONTENEGRO:

– Papá, mamá, ¿susto o muerte?

+ Hija mía, cuando te pones así nos dejas con el corazón en un puño, pareces la niña de la familia Addams. Suéltalo. Me están temblando las piernas.

– ¡Ah! Haber elegido muerte. Sentaos. Papá, mamá… he vuelto a ganar. No sé ni para qué me presento, a veces se hace muy duro saber que una no tiene rival. En fin, solo quería que supiéseis la maravilla de hija que un día engendrásteis, porque hace tiempo que no os lo recuerdo. Abrazadme fuerte. Me retiro a mi habitación. No hagáis ruido, por favor. He de seguir creando.

+ ¡Qué alegría, cariño! Estamos muy orgullosos de ti. Eres demasiado buena para este mundo, te admiramos tanto. Descansa un poco, mi amor, lo mereces.
….
¿Ha cerrado? Manda un mensaje al grupo y vámonos a la cama. Todas las semanas igual, es agotador. Cualquier día de estos, digo “muerte”.


JUSTO FERNÁNDEZ

Si yo estuviera muerto, mi espíritu escritor se metería en el cuerpo de otra o de otro y escribiría a través de él un extraordinario texto.
De hecho lo voy a hacer, voy a hacerme el muerto.
Voy a poseer a una compañera o a un compañero y utilizando todo su Ser voy a hilvanar las más bellas palabras sobre la muerte que jamás nadie haya escrito en vida.
Será sublime, digno de un poeta muerto.
Si queréis saber quién es la elegida o el elegido para adueñarme de su cuerpo, tendréis que esperar un poco. En unos días, como por arte de magia, su nombre aparecerá en un cartel y todos le aplaudiremos.
Ah! Y si estás leyendo esto, no tengas miedo, ser poseído no duele, se parece más a un húmedo sueño.
Pero no me pidas que me quede, luego me tendré que ir de ti con viento fresco.


MÓNICA MEDL

Misteriosa se posa, sutil mariposa.

Sin siquiera saber lo que su roce provoca.

Sorpresa absurda y caprichosa que se lleva consigo hasta el último suspiro.

Miradas perdidas y desesperadas que no comprenden un desenlace tan repentino.

Preguntas sin respuestas.

Murmullos confusos.

Llantos sin consuelo.

Historias con un personaje ya ausente que solo deja vacío.

Rezos y recuerdos, reproches y promesas, proyectos no concluídos.

Riquezas y pobreza. Saberes, logros y todo lo vivido. No van a ningún sitio. Todos alli quedan.

Despedidas unilaterales sin respuesta.
Con un mensaje vacío.

No hay receptor. El tiempo se ha ido.

Vuela mariposa, vuela.

¿Cual será tu proximo elegido?


MARÍA BRUNO

Y resulta que voy en el colectivo o bondi como le decimos aca los porteños en el horario de la tardecita cuando están saliendo los chicos de la escuela, y se siente en el aire ese gustito soberbio que dejan las mamis al subirse y ocupar los primeros asientos reservados para ellas. Van criticando a la señorita, a la directora del jardín y alardeando sobre cual cumple mejor ese rol, van odiando a la mami descuidada, a la que no le limpio los mocos al crió o a la que no le saca los piojos. ” -Juancito tiene un olor a sucio en la ropa… pobre neene viste lo que es la madre”. A mi no me miran, yo soy el enjendro estéril, “la pendeja que no entiende nada”.
La mayoría de la veces -cuando no quiero problemas- me convierto en camaleón y me vuelvo invisible en la danza del colectivo lleno, pero hoy me han perseguido dos factores determinantes en desencadenar una ” tipica y violenta discusión de bondi” y ahora les voy a contar por qué:
El primero es que estoy muy enojada y eso me hace propensa a caer en provocaciones. El segundo es momentaneo. El hito que me puede costar no haber salido invicta de esa jaula de hienas hambrientas de pleito. Es una equivocación de novato. Me he cruzado en el camino de algunos pasajeros q querían bajar, pudo ser tan solo un segundo pero ha sido para que una de las hienas localice a su próxima víctima catalogada como “la boluda que obstaculiza el camino porque todos le chupan un huevo”. Cruzamos las miradas y empezamos a medirnos, el publico del colectivo sera nuestro jurado y la ganadora la determinaran los gritos y murmullos de los que se strevan a expresar su opinion arengando a su preferida. Ella tan fértil con su hijo dormido en brazos, medio desarreglada y gorda como se puede quedar después del parto, luchadora, trabajadora; y yo? Un pendeja estéril con cara de orto, malcriada o mantenida, carlinda, las peores…
Se desata una euforia adentro mio y comienzo a preparar el discurso que voy a entonar para la masas que nos sintonizan, es un poco desmedido a causa de la bronca… No quedara exagerado, le da realismo a mi actuación de pasajera indignada:

Diiisculpaaaaameee tenes algo que decirme? Te molesta donde me acomode? Si te parece me podes indicar vos cual sería el mejor lugar ya que por lo que veo parece que la tenes muy clara…

(Esto es solo una provocacion. Si pica podremos llegar al punto que me interesa debatir. Quiero que pronuncie las palabras ” pendeja” ” mal educada” quiero que me desvalorice.)

Y tengo preparado el disparo de muerte. Por suerte en el mundo hay minas como vos, que haber sacado un bebe de la cajeta les ha dado una autoridad moral para enseñarnos a vivir a todos los pelotudos que no entendemos nada. Yo no se para que mierda Marie Curie se paso la vida buscando la cura contra el cáncer si el haber dado a luz ya le había dado todos los conocimientos y sentimientos que pueden existir. Marie Curie les podría haber dicho a los científicos “ustedes no lo entienden porque no son madres”.

Segundos mas tarde me bajo, y solo quedan las risas para adentro de los mas despiertos que entendieron la situación y la postal de un día mas en el conurbano bonaerense.


VANESA DÍAZ VAN VELTHOVEN

Nos acercamos a la muerte cada dia.
Nos alejamos de la vida, y rozamos por momentos, la sensacion de que estamos muertos.
¿Y no es verdad acaso que sentimos morir cuando alguien se va de nuestra vida?
Tan cierto es, que perdemos una parte del alma; y que se llevan con ellos un pedazo de nuestra vida, de nuestras ilusiones, de nuestros sueños y de nuestra magia.
Y perdemos horas, minutos y segundos que jamas recuperamos.
Y perdemos los instantes que nos negamos a vivir, y mueren nuestros intentos de encontrarnos con la vida.
Una parte de mi, murió aquel día de diciembre, me arrebataste la fuerza para amarme y querer mi vida;
y me entregtaste la muerte, de mi corazon y de mi ser.
Y se que no estoy muerta, porque aún sigo respirando, pero continuo matando algunos instantes de mi vida.
Sigo muriendo, con las noches que me alcanzan, y algo pierdo, algo que jamás regresará.
Y mueren las palabras, que nunca llegue a decirte, y mueren los sentimientos, que una vez descubri con tigo.
Muero cada noche , en que mis pensamientos se pierden, y renazco cada mañana con un nuevo amanecer, y ya no siento miedo, ya no siento nada más.


GABRIELA MOTTA

La muerte: estruendosa y brillante!

Un estallido estruendoso estremeció aquel silencio infinito, de inmediato y a la velocidad de la luz un destello cubrió de claridad aquella noche oscura, fundiéndose con el estallido en una sinfonía única para los sentidos de aquellos cuerpos que caen casi inertes en el frío suelo de esa oscura y ya no tan silenciosa noche.
Sus suspiros se mezclan con los gritos de auxilio de aquellos testigos involuntarios de aquel fatal hecho. Son todos partícipes aunque no hayan querido serlo. Para los primeros sus vidas se acaban con un impacto severo. Para los otros la vida les da un nuevo comienzo. Paradójico momento les trajo el silencio que absortos en ese segundo los dejó muertos por dentro.


DAVID CRIS E MAIA

Recuerdo cada doloroso detalle de aquellas últimas horas contigo pero sin ti.
Recuerdo que el mundo se me antojaba girado hacia dentro, como si todo saliese de ti para luego volverse lento e incierto. Recuerdo el piso ya poco aséptico de aquella habitación, los montones de libros, vacíos ya de historias, sin derecho a cobrar vida en aquel tiempo de dejarla ir.
Recuerdo aquel suave trasiego del pasillo y las puertas que con cuidado se abren para el que llega.
Te recuerdo, soñando febriles recuerdos de infancia y llamando, con tu última voz, a una madre que nunca había estado a tu lado. Aquella noche tampoco.
Después, cadencias rítmicas de angustia y miedo que huelen a gasas, mascarillas y metal estéril. Palabras sin alma, consultores del adiós y un cuerpo que no quería perderte, que no entendía un irse sin luchar.
Latidos espaciados, estertores y tiempo torturaban nuestra débil esperanza de que ya no sufrieras, de haber tomado la decisión correcta al dejarte ir.
Recuerdo que unas horas eternas después ya todo se había terminado, cada cual con su faena comenzaba su mañana.
Llamadas, llantos y preparativos nos mantenían en el engaño cruel de que la vida sigue a pesar de todo.
Recuerdo tu rostro sin vida, tu cuerpo amortajado y aquella habitación atestada de cosas por vivir, decir, sentir, aprender y amar. Recuerdo que sentí un suspiro y te miré sobresaltada.Allí no había nadie más que tú, tu envoltorio ya inerte y yo.


FUEN CALDERÓN ROMEO

No sentir un abrazo, un beso, una palabra de consuelo. No disfrutar una película, un domingo en pijama, la lluvia cayendo sobre los cristales de casa agazapada bajo una manta. No escuchar un te quiero, un te deseo, un te necesito. Rendirte sin darte la oportunidad de luchar. No jugar con la nieve ni maravillarte ante un recién nacido. No sentir el calor de una mano amiga o una lágrima ante la tristeza. No reír. No mirar embelesada cómo crecen tus hijos o envejecen tus ancianos con una sonrisa. No pensar cada mañana, ¡qué maravilla!, un día más. No sentir cada cumpleaños como un regalo, cada amigo como un regalo, cada muestra de afecto como un regalo, cada recuerdo como un regalo. Sentir la marcha de nuestros seres queridos y dar las gracias por la fortuna de haberlos tenido en nuestras vidas aún cuando la tristeza de perderlos rompa una parte de nosotros… No gozar de un buen libro como compañía o de una reunión con los amigos o de poder llenar la nevera después de un periodo complicado. No saborear un café nada más levantarte o relamerte ante tu comida o tu postre favorito, no cantar a voz en grito tu canción favorita mientras bailas como si la vida te fuera en ello.
Porque cuando un día sientes la muerte de cerca, pero muy de cerca, comprendes que hay muchas formas de morir, no sólo dejando de existir y que quizás realmente no has vivido. Y comienzas a vivir de otra manera para que cuando llegue el momento y se baje el telón, como decía Chaplin, sólo se escuchen los aplausos de aquellos que tuvieron la fortuna de tenerte en su vida.


ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Sirena

El sol acarició su pálida piel por primera vez. El súbito estallido de luz dañó sus retinas, pero aquello era lo más hermoso que había contemplado en toda su vida. Contuvo el impulso de cerrar los ojos y observó la gran bola de fuego con el rostro bañado en lágrimas de dolor y felicidad.
Encontrarse ante semejante paisaje le hizo replantearse el modo de vida de los suyos. ¿Por qué esperar a ese momento para disfrutar de tal belleza? Su padre le habría dicho que era un último regalo. Su madre, por el contrario, seguro que lo había visto como una ofensa.
Apesadumbrada, se extendió sobre las cálidas rocas. No tenía mucho sentido pensar en ello, pero no podía evitar que el corazón se le encogiera.
Permaneció allí tumbada, cuestionando tradiciones que no comprendía. El pelo largo, del color de las algas. Los ojos dos esferas de ámbar, brillantes, reflejando la belleza del cielo. La cola, una sucesión de escamas esmeralda perfectamente alineadas. Todo su cuerpo recibiendo y aceptando el abrazo del sol, secándose mientras la vida se le escapaba poco a poco.
Partió sonriendo, destrozada por la tristeza.


KAREN ROSADO

Los ojos de John
(LA MUERTE)

Cuando conocí a la muerte crei enamorarme de ella tan tiernamente que no había persona que hiciera que no fuera mi tema principal de conversación…
Al paso de los años tenía mayor certeza de que el sufrimiento debía ser borrado de el sentimiento de los demás pues los ponía en un estado muy vulnerable y dependiente.
Crei haber hablado con los colegas de este tema antes,pero las percepciones eran diferentes,por cultura y religión que nos llevaban a debates interminables.
John : -Bueno veamos que tenemos esta vez y por favor concentraté que la última vez sacaste de sus casillas al Doctor de la Rosa preguntando con respecto a las almas.
Edgar:-Ja! Le estás pidiendo mucho a esta señorita que sabes que tiene la imaginación más volátil de este lugar.
Erick:-Cuidado con los fósforos!!!
Los tres rieron sin que a mí me hiciera algún tipo de gracia solo levanté la ceja que se asomaba tras los lentes de protección.
-Oigan chicos basta! No pierdan el objetivo.
Erick:-Uy alguien no está de buenas está mañana.
Edgar:-Ella nunca está de … Ok ya mejor me callaré,pero John! Debes poner más de tu parte la siguiente vez.
John solo me observaba fijamente,era cada vez más evidente que entre mi colega y yo pasaba algo.
-Chicos…esto es tan raro…
Todos notamos que bajo esa manta blanca había una protuberancia y por un momento pensamos que era un tubo ,madera o cualquier tipo de objeto que salió proyectado probablemente o solo se encontraba incrustado en el pecho de la víctima.
John:-Quien hará los honores ?
-Yo como siempre…
Al deslizar la manta suavemente por su cuerpo nos dimos cuenta que solo era su mano totalmente rígida y acartonada que desentonaba de un cuerpo esponjoso y humedo.
Como siempre no sabíamos nada de el caso hasta que llegara el Dr. De la Rosa y nos comentará al respecto.
-Hombre caucásico,de aproximadamente 35 años,con signos de putrefacción por probable inmersión a agua salina.
Aunque nosotros estuviéramos observando sobre la fría plancha a una rubia que parecía ser hermosa en un estado “más vivo”.
Nosotros debiamos empezar con lo que ya sabiamos,éramos un equipo único y perfecto pues cada uno tenía sus actividades,el engranaje perfecto.
Edgar empezó a cortar la poca ropa que le quedaba a nuestro occiso,mientras John lavaba lentamente el cuerpo dejando ver cada una de las heridas por arma blanca,Erick anotaba con cuidado la trayectoria y profundidad,Yo preparaba el equipo de disección ,escalpelo,mango de bisturí ,hojas para bisturí,pinzas Kelly,pinzas planas,pinzas curvas,pinzas de mosquito,tijeras rectas ,agujas en forma de U e hilo para suturar y porsupuesto arco de segueta y seguetas,pinzas curvas para corte.
Ya estábamos listos para empezar ,miramos el reloj,las 16 horas en punto y entro De la Rosa por la puerta.Nos miraba para reconocernos bajo los cubrebocas y sabía que era el equipo de su pesar pero por mucho su mejor guardia.
-Doctor,puedo hacerle una pregunta?
Dr. de la Rosa:-Se dice buena tarde niña!,ya sé que estás impaciente por ver mi sistema nervioso alterado pero dejémoslo para después vale ?
Los cretinos de mi guardia solo suprimían las risas…
-Buena tarde Dr. No es mi intención irritarlo desde ahora,solo quiero comentarle que retiramos algunas moscas adultas ,Calliphora’s Vicina’s para ser más exacta.
Aunque amaba mi trabajo actual siempre soñé con ser entomologa,no podía costearlo así que era autodidacta por necesidad.
-Dr. de la Rosa:No dejas de sorprenderme 5
Por qué diablos se empeñaba en solo darme un número como nombre …nunca lo sabré .
Erick :- 23 puñaladas Doc las 5 más importantes están atravesando Corazón,Hígado, Páncreas y Riñones ,ambos ..
Edgar:-Y bien que sucedio?
John :-Al parecer no hay nadie con esta descripción en la base de datos de personas extraviadas .
Dr. de la Rosa:-El día de hoy alrededor de las 700 horas un señor de 60 años salió a correr como todas las mañana a la playa que está cerca de su casa ,comenta que hoy fue un poco más allá de donde normalmente lo hace pues tenía ganas de ver un poco más el paisaje ,fue allí donde junto a una gran roca notó algo,se acercó para ver si en realidad se trataba de lo que se estaba imaginando y en efecto era una mano asomada que parecía de una anciana muy extravagante pues tenía unas uñas acrílicas muy largas.
Al llegar al levantamiento del cadáver y hacer el interrogatorio pertinente ,los chicos de translado con mi colega decidieron hacer lo de rutina y llamar a familiares de Gerardo( señalando a cadáver con el dedo anular ),su madre al contestar solo dijo :Díganme que Valerie está bien…
Somos de sangre fría,eso dice quién no conoce nuestras almas ardientes.
Edgar:-Entonces ya es hora Doc.
Dr.de la Rosa:-En cualquier momento.
John:Ya prendió el foco Erick ,listos ?
Salio el Dr.de la Rosa por el familiar ,en este caso entro su hermana a reconocer a Valerie ,el mismo ambiente cotidiano,silencio,vibraciones extrañas en el ambiente,ignoran el panorama ,se pierden,se rompen …Si era Valerie .
La hermana de Valerie tocó su mano ya seca sin ningún pudor,la veía tan triste y dulcemente y ante el estado de deformación de Valerie solo esbozo una sonrisa que eliminaba los signos en ella.
Hermana de Valerie:-Gracias chicos,con permiso.
Dió la vuelta y se fue,en breve escuchamos por el pasillo los llantos desgarradores , seguramente era su madre.
La siguiente hora solo fueron cortés,disecciones,examinación de órganos,cortes de las caras de los mismos para llevarlos al laboratorio de patologia y fueran examinados,De la Rosa llegó a la conclusión de que a Valerie la mataron en casa de alguien por la aparición de las Calliphora’s y la llevaron a la playa para despistar ,solo que el novato que le arrebató la vida no sabía que ese tipo de fauna cadáverica no existe de ese lado de la playa,todo apuntaba a un crimen pasional pero para cerrar el caso aún se necesitaban datos de Valerie que él tenía que recabar.
Dr. de la Rosa:-Hasta mañana chicos.
Acabamos de suturar a Valerie pues no había nada más que hacer por ella estéticamente,lo ideal de estos casos es la cremación o tener el ataúd cerrado .
Bajamos ya limpios a la cafetería y como siempre solo nos veíamos cansados y en complicidad,sin debates o palabras,los ojos de John se cruzaron con los míos …fue la primera vez que sentí que no deseaba la muerte. . . Y que si estaba enamorada de mí como yo lo estuve de ella,más valía que me dejara seguir observando por años los ojos de John.


ROBERTO MORENO CALVO

SENSACIONES

Sentía paz. Aquel lugar era quien lo aportaba o quizás también los colores, el olor… nunca se había sentido igual. Parecía ser su hogar aunque él jamás había estado allí, no lo recordaba.

Ante él se mostraban árboles frondosos y tan verdes como el gran manto de césped que dominaba el entorno. Al fondo algo llamó su atención. Dispuesto a saber que era, comenzó a andar directo al panel blanco. Sus pasos mermaban, su corazón se aceleraba y ninguno de los dos paraba. A escasos metros su corazón parecía explotar, y unos pasos más hicieron que parase de latir. Acababa de comprender lo que significaba la losa de mármol blanco.

Dio unos pasos atrás queriendo huir de la realidad. Cuando su espalda topó con un árbol se dejó caer, se deslizó por el tronco hasta quedar sentado y escondiendo su cabeza entre las rodillas. Parecía avergonzarse, bien de lo que había visto o de lo que sentía. Sus nudillos se clavaron en la tierra con un fuerte golpe y gritó un “NO” tan duradero como estremecedor.

De pronto, percibió la presencia de alguien, pero las lágrimas que invadían su rostro no le dejaban identificarla. Sabía que era una mujer por el sonido de sus tacones chocando con las baldosas del camino que llevaba a la lápida que marcaba su presente y futuro. La verdad, es que esa melodía le resultaba familiar.

Seguía inmóvil y sin poder aproximarse a aquella persona para saber quién era, que decía. Su murmullo se diluía en el viento sin desvelarle su identidad. Lo que si oyó perfectamente fue el sonido de un beso, sabiendo entonces que se trataba de aquella persona a la que tanto amó. En ese momento, y con igual claridad, pudo oír: “hay algo más bonito que te sigan dando besos después de muerto ”. A lo que él respondió con llanto “Sí. Que te los den en vida”


ABRUJANDRA ALVARADO

‘Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando. Su boca que era mía, ya no me besa más.’
Canta Julio Sosa con la inmortalidad del arte y la tecnología que hace que lo ponga a trabajar cuando se me antoja.
Seguí cantando Julio, Julio Sosa El varón del tango abría chiquita la boca y escupía ese vozarrón estremecedor. Mi abuela tanguera lo escuchaba siempre.
Él cantaba, otros pintan, otros escriben, otros dibujan, otros filman, otros esculpen, otros tallan, otros tejen y así. 
Creamos para sacarle la lengua a la muerte. Creamos para que nos sobreviva ésta huella pequeña que es como lanzar una piedra sin saber qué ventana va a romper.
Un día mi abuela se murió y el mundo siguió andando.


MARÍA RUBIO OCHOA

La mochila preparada porque es tan cierta como que después del día viene la noche..Tiene el poder de igualar a las personas , no hay diferencia entre ricos ni pobres, entre los que tienen fama y los olvidados..Solo la paz interior que se tenga puede ser diferente el paso de la vida a la muerte….Pero cuando llega a un ser querido con precipitación sin pensar que pudiera ocurrir , entonces llega la catarsis.. ..Estas durmiendo y el teléfono….medio dormida contestas….y lo que escuchas hace que las piernas se doble, el corazón empieza a latir muy deprisa…no puede ser…Sólo las palabras ahora vamos….por el camino corto pero ese día muy largo.Semáforos ,luces, y las calles vacías de coches y de gentes ..En el asiento junto al conductor sin poder reaccionar. Al llegar sube deprisa con las lágrimas que apenas podía ver entra en la habitación le da un beso que fue distinto a todos los que le había dado antes…Sale y se derrumba entre sollozos parece un mal sueño?…..o una realidad ……


DAVID DURA MARÍN

Cuatrocientas gotas de lluvia caen en la ciudad de las flores, moja la sabia madera de las barcas de la Albufera , dando un chute de adrenalina al arroz que acompaña los domingos…
Miro por los cristales , aliviado en el olvido , y pensar que quería limpiarlos..)..
Cuando…. moto y motorista
dejan de ser uno , tomando caminos distintos…
No tardan en salir a ayudar varios coches , dejando constancia con sus luces de emergencia….
Solo ha sido un susto…
Sigo mirando como llueve, entre la tristeza de un verano que pasó y la alegría de ver gente de buen corazón.. Todo es posible…
De pequeño quería ser limpiador de cristales, quizá por mi punto de observador en la distancia o tal vez ver las cosas de borrón y cuenta nueva……


TC CARLOS

El SOBRE

Por la mañana, un compañero de curro le contó la peculiar historia del famoso Dioni. El que sisó cerca de unos trescientos millones de pesetas. Julián solo quería tomar un café, y el otro no paró de tirar de Wikipedia, hasta que hubo algo que le llamó poderosamente la atención. Fue cuando escuchó que cometió el robo porque no se sentía valorado en la empresa, y que su jefe le puteaba continuamente. Entonces Julián se sintió extrañamente identificado con el Dioni, a pesar de que era funerario y no vigilante de seguridad. Pero no era un compañero de fiar, así que no quiso decir que él se sentía igual, y se hizo cargo de los dos cafés de cuarenta céntimos de la máquina automática.
Por la tarde, Julián y un muchacho de veinte años, nuevo en la empresa, fueron los elegidos para salir a buscar el cuerpo de un delincuente abatido en plena calle, en el Distrito de Carabanchel. Cuando llegaron allí, como una media docena de patrullas de la Policía Nacional cortaba la calle y custodiaba el vehículo siniestrado. Se había empotrado contra una vivienda baja. Julián supo, nada más aparcar el furgón tras al coche, que el accidente no había acabado con la vida del chico, sino que algunos balazos habían entrado visiblemente por su cabeza. Lo miró de reojo, y tranquilamente supo que otros cadáveres habían dado más problemas. Lo peor era que debía meter la camilla entre el lateral del coche y la fachada de la casa, donde apenas había un metro de separación, y encima había salido con un novato que no se enteraba de nada. ¡Mierda!
Escuchó a los dos polis más cercanos hablar de droga. La maldita droga. Estaban a un par de metros, interesados en la profesionalidad de Julián, que empezaba a valorar la situación en tiempo, esfuerzo y centímetros. Debió encontrar ciertas dificultades, porque buscó la mirada de los Agentes. Podía desplazar el coche para tener más hueco, pero no estaba seguro de cómo arrancarlo para dar marcha atrás, si es que debía hacerlo. ¡Mierda! Los polis entendieron la dificultad en su mirada, y se apartaron unos cuantos metros de la escena. Su trabajo era otro. ¡Joder! Julián los odió, y puede que quisiera insultarles, pero lógicamente quien iba a mancharse iba a ser él, y no la poli. Ni siquiera tenía pinta de colaborar el nuevo chico, con la cara blanca. ¡Maldito trabajo!
Tiró de las flacuchas axilas del chico muerto hacia afuera, y a punto resbaló al pisar la camilla que la colocó a ras de suelo. Lo arrastró con decisión, con fuerza, manteniendo siempre la distancia con la cabeza ensangrentada, hasta que lo dejó perfectamente colocado sobre el sudario gris. Le hizo un gesto despectivo al nuevo para que cerrara el plástico, y se pasó la mano por la frente. ¡Listo! ¡Con dos huevos! Otro más. Ya solo faltaba levantar la camilla para llevarla hasta la furgoneta funeraria. Julián se agachó, y le pidió al otro que hiciera lo mismo. En un segundo, la elevaron y le ordenó que la llevara él solito. Coño, era lo más fácil. Julián se dio la vuelta para mirar la cara de idiotas de los Agentes, porque había tenido el orgullo de sacarlo sin mancharse, de moverlo sin ayuda de nadie, y fue cuando se percató del sobre.
Inerte, arrugado, sin dueño, descansaba sobre el asiento del muerto. No tenía rastro de sangre alguno. Evidentemente, lo había llevado el delincuente bajo su culo. Lo palpó. Supo qué era. Levantó la vista y comprobó la distancia adecuada con la policía. También vio que el nuevo sabía meter la camilla. Cogió el grueso sobre y lo metió en el bolsillo, donde entró con cierta dificultad. Salió de la protección que le ofrecía el vehículo, y no paró de rascarse la rodilla, como si se hubiera hecho daño en el esfuerzo. Así se fue alejando, disimulando cierta lesión, aunque más orgulloso que antes, sabedor de su recompensa. Abrió la puerta del furgón, se sentó sin perder la vista de nadie, la cerró y se acarició el bolsillo, metiendo la primera marcha. También vio y rio extrañamente al nuevo, que no acababa de encajar su primer muerto, y supo que no iba a durar mucho en la empresa


DAVID GUTIÉRREZ DÍAZ

La muerte es el rocío sobre el erial de quién busca y no encuentra validación en la mirada ajena, un abrazo al aire, una legión de trasgos que hoy te obedecen y mañana te devoran, un corazón podrido por falta de riego, el reloj de oro en el cuál invertiste todo tu tiempo, una casa llena de espejos para mantener siempre gacha la vista, el llanto que no cesa ni se exterioriza, las hojas de la prensa del corazón y el cementerio de tocones que dejaron a su paso, los Dioses viendo un nuevo amanecer, el chute de adrenalina de un diploma inmerecido, la ausencia de vida como modo de vivir.


NURIA BERGEN

No quiero ni pienso morirme. Porque la vida es bella, los campos huelen a vida y todo cuanto me rodea está repleto de vida.
Morir no está en mis planes, y menos desde que mi marido falleció. Fue un infarto de miocardio, y fue la manera más feliz de morir. En cama, durmiendo. Fácil y simple. ¿Para qué sufrir?

Poco más a decir. Morimos cada minuto que avanzan las manillas del reloj, cada segundo. Y es una cuenta atrás que unos llevamos mejor o peor que otros. Me cerré en banda. Puse una coraza sobre mí que nadie ha conseguido traspasar. Y por ésto hablo así, precisamente. Por coraza, caparazón, o dolor continuo.
Quizás algún día alguien la traspase. Espero ya no estar allí para contarlo.


LA XICUELA DE CORRIOL

La muerte de alguien a quien amas profundamente no te permite dejarle marchar del todo durante bastante tiempo. No aceptas esa nueva condición. Te niegas rotundamente a que se vaya, tanto si ha sido en un momento fugaz, como en una larga enfermedad. Niegas hasta los últimos alientos, no puede ser verdad. No ha sido así. Es sólo un error. No puede ser verdad.

Ese dolor nunca se va.

Has estado viendo durante 2 años como su cuerpo se ha corrompido por dentro. La podredumbre de un cáncer fulminante, sin tregua, pero plantándole cara sin esconder la fiereza en ningún momento.
Poco a poco las fuerzas fallan, debilidad, pesimismo, todo se aúna y hace sentirte aún más débil. Pero sigues y sigue hacia adelante. Por él. Para que no deje caer la toalla. Si él se rinde, los demás también. Es todo coraje, y por éso nunca se rinde.
Hasta que un día, despierta y nos llama a todos a su lado y nos dice: ésto se acaba. Ésto no para. Ni parará. No os disgustéis ni enfadéis entre vosotros. Cuidad a vuestra madre. Y sed muy felices, como yo lo he sido. Os amo. Mucho. A todos.

Petrificados de su entereza, nos pide regalemos en su nombre, un presente a cada uno de sus compañeros de trabajo. Sólo me queda respirar hondo. No puedo más que llorar. Con esa petición les regala una buena botella de vino para que brinden por él, por los años compartidos en el trabajo. Sin roces ni pequeñas heridas. ¿Para qué?

Después, y con el tiempo, aceptas, sí, que no esté en casa durante todo el día, porque puedes asimilarlo como un cambio de horario laboral. Pero cuando llega la noche y ese alguien no regresa a casa, te das cuenta de lo mucho que has perdido, de que no volverá a soltar sus sonoras carjajadas, sus risas, sus chistes, su alegría….su arte. De que no volverás a verle, a tocarle, a abrazarle, a nada…..
Y cada día vuelta a empezar. Y a esperar que regrese. Que regrese de algún viaje…..

Esa alegría que transmitía sin parar y que no era capaz de evitar. Esa alegría ya no volverá. Esas ganas siempre de sonreír, tampoco. Ese mambo núm. 5 que a veces hacia soltar a mí madre el delantal y ponerse juntos a bailar…..esas bromas……

Él ya no volverá a abrir las puertas del garaje: ‘ya estoy en casa’ .
-¡Sí! ¡ya te oímos el coche ya!, cuando doblabas la esquina de nuestra calle.
Ésto ya no sé volverá a oír.

Porque la rutina siempre era la misma. Guardar el coche en el garage, dar las gracias a la Virgen y a San Cristóbal por su ayuda durante el día con sus manos al volante (no era muy necesario pero se les daba las gracias igualmente) y caminito en busca de los suyos. Pijama y bata y cena en familia. Noticias, y sobretodo ‘el tiempo’ predicción para el día siguiente. Siempre alerta. Del tiempo, de la carretera, y de sus reflejos para una rápida reacción ante un imprevisto. Paciente y perfecto en la conducción. Buen maestro.

No dejé que se marchase durante mucho tiempo. Tardé casi 6 años a conseguir que no me doliera recordar un momento u otro con él. Recordar a veces es bueno, pero no siempre.

Al final lo conseguí. Lo recuerdo como si ahora fuese. Está siempre igual de joven, y lo recuerdo con esa sonrisa y sus ojos verdes siempre, siempre, sonriendo.
Es mi manera de que no me duela tanto. Y de que permanezca conmigo siempre. Siempre me sonríe y manda fuerzas para continuar.

Por cierto, sé que me espera y esperará, así que no tengo miedo alguno. Me tenderá su mano. Sólo tengo miedo a sufrir tanto como sufrió él. Espero no tener que hacerlo.


MONTAÑA MILHOJAS

Se llamaba pin pón, era muy guapo y de cartón… se lavaba la carita con agua y con jabón.
Bueno pues yo creo que duró bastante poco, la verdad.


ROCÍO ROMERO GARCÍA

Amanece en Chicago.
Las bocinas de los coches, el sonido de los zapatos dirigiéndose a algún lugar, el estruendo de las voces son el despertador de la ciudad.
En la habitación de Chloe se cuelan esos ruidos, molestos y desegradables, aunque ella no los escucha. Lleva así desde hace un mes, el tiempo que hace desde que su abuela falleció.
Para Chloe la muerte siempre ha sido un tema tabú. Algo que le asusta y le inquienta.
Siempre hacía todo lo posible por no pensar en ello, pero desde la muerte de su abuela, no hace otra cosa.
No para de darle vueltas a esas dudas filosóficas sobre la que es morir y vivir, sobre si hay alguna energía o ente que decide quién vive y muere. Todo eso le provocaba una gran ansiedad, pero no podía parar de pensar en ello.
Todos los días de aquel último mes su vida se había limitado. Solo iba de casa al trabajo y cuando volvía a casa, se iba directamente a la cama con la esperanza de dormir mejor aquella noche, pero no lo conseguía.
Para ella, su abuela era una pieza fundamental en su vida y el hecho de sentir ese dolor en el pecho la mataba.
Aquel sábado lo que le consiguió sacar de la cama fue la llamada de su madre, avisándola de que en unos minutos irían a recogerla. Tenían que revisar el testamento.
Cuando sus padres la recogieron se quedaron sorprendidos. Chloe estaba muy descuidada. Durante el camino, sus padres intentaban dirigir la conversación al estado de ánimo de Chloe pero ella siempre se escabullía y cambiaba de tema.
Cuando llegaron al despacho del abogado se encontraron a su tía y a sus primos.
Tomaron asiento y el abogado, junto con el notario, abrió el testamento.
Después de hablar de cifras de dinero, de la parte de la casa que le correspondía a cada hija y de caras de desaprobación por parte de ambas, llegó el momento de conocer la herencia de los nietos.
En el testamento decía que sus nietos tenían total libertad de coger lo que quisieran de sus posesiones, pero que había algo que quería dar exclusivamente a Chloe: su reloj de oro.
Los primos y la tía de Chloe farfullaron algo inaudible mientras la miraban con rabia.
Aquel reloj significaba mucho para su abuela y el hecho de que hubiese decidido dárselo a Chloe era algo increíble para ella.
Después de salir del despacho, decidieron ir todos a casa de su abuela. El vacío de la casa, el silencio tan perfecto puso un nudo en la garganta de Chloe, quién se disponía a buscar el reloj.
Lo encontró en su mesilla de noche, guardada en una cajita junto a una nota.
Chloe se sentó en la cama la leyó.
“Querida Chloe,
¿Recuerdas cuando eras pequeña y me preguntabas el por qué de todo? Incluso el por qué de cosas que no sabía explicar. Eras una niña inquieta y curiosa y eso es algo que siempre me gustó de ti. Por eso, quiero darte el reloj. Sé que lo cuidarás tanto como yo y que significará todonloqnue significó para mí, incluso más. Y lo más importante, es la llave que te permitirá descubrir mundos nuevos y te dejará seguir siendo esa niña tan curiosa e inquieta. Te quiero.”
Al terminar de leer la nota, Chloe se echó a llorar. Aunque no había entendido lo que quería decir con descubrir mundos nuevos, le había emocionado que su abuela aún recordase esos días juntas.
Cuando llegó a su piso, en vez de meterse en la cama, decidió juguetear con el reloj. No paraba de pensar en lo que ponía la nota: “te permitirá descubrir mundos nuevos”. ¿Qué querría decir?
Entonces Chloe de fijo en algo. El reloj no solo marcaba las horas, si no también el mes, el día y el año.
En el reloj había tres ruedas: una a la derecha, otra a la izquierda y otra en el centro de esas dos.
Chloe decidió tocar la del centro, pensado que cambiaría la hora, pero no. Cambiaba el día. Decidió poner el día en el viernes y pulsar el botón.
Todo a su alrededor se movió deprisa, como si fuese a años luz.
Cuando todo paró, se encontraba en su habitación. Decidió mirar el día y la hora en su móvil para comprobar sí realmente había pasado lo que ella pensaba.
En efecto, es su móvil ponía que era viernes.
¿Cómo podría ser eso posible? ¿Cómo podría haber viajado el tiempo?
No podía ser posible, seguramente fuese fruto de no haber dormido en noches.
Aquella noche decidió ir al bar a tomar algo y así poder olvidarse por un momento de todo. De todas las dudas que rondaban por su cabeza y de todas esas voces que no la dejaban descansar.
Pensó por un momento que el alcohol le haría dejar de pensar, dejaría su mente me blanco, pero no fue así.
Decidió llevarse el reloj al bar y estuvo observándolo.
Pensó en las épocas que le gustaría conocer y si el reloj llegaría a tanto. Así que decidió ir al baño y marcar el año. Decidió viajar a su época favorita, los años 20.
Cuando presionó el botón aquel efecto de fugacidad duró un poco más y cuando paró, se encontraba en un baño diferente.
Tenía un decorado más clandestino. Decidió mirarse al espejo y cuando vio su reflejo, un escalofrío recorrió su cuerpo.
Iba vestida con la vestimenta de la época. Su media melena rubia estaba ondulada, su maquillaje era más vivo, una sombre gris remarcaba sus ojos azules.
Se fijó en las perlas de su cuello, en los guantes, en el vestido…
Decidió salir del baño y cuando lo hizo, de sorprendió aún más. El bar estaba lleno de gente vestida igual que ella. Hombres trajeados sentados en las mesas fumando, mujeres bailando el Charleston, perosnss bebiendo y riendo…
Chloe empezó a sentirse mareada. Su rostro palideció y cuando notó que iba a desmayarse, decidió salir a la calle.
Al girar se chocó con una mujer, derramándole la bebida en el vestido.
— ¡Oh, lo siento muchísimo!
— No te preocupes, ¿te encuentras bien? Estás un poco pálida.
Chloe la observó. Sus ojos eran castaños y su pelo tan oscuro como el café. Lo llevaba recogido con un moño y alrededor de su cabeza tenía una cinta con plumas.
— Ven, siéntate.— le dijo.
La mujer fue a pedir un vaso de agua y se lo dio a Chloe.
— Muchas gracias. No era necesario, solo ha sido un pequeño mareo.
— Lo sé. Con la cantidad de personas que hay, el calor, el ruido… ¿Te gustaría salir a tomar un poco el aire?
Chloe asintió y ambas salieron.
Una vez fuera Chloe pudo respirar.
Las calles eran diferentes, tenían un encanto y una magia que Chloe no podría describir.
La mujer sacó un cigarro de su bolso y lo encendió.
Le ofreció uno a Chloe pero ella se negó.
— ¿No te parece que Chicago es precioso? La ciudad de la música, lo carnal y el pecado. Me encanta.
Chloe sonrió. Ella siempre había pensado así sobre Chicago.
— Por cierto, me llamo Adele. Adele Davis. — dijo tendiéndole la mano.
— Yo soy Chloe.
Ambos estrechan las manos y se sonríen.
— ¿Eres nueva por aquí? No me suena haberte visto antes.
— No, estoy de visita.
—¿Y a quién visitas?— preguntó Adele con curiosidad.
— Oh, a nadie. Estoy visitando la ciudad. Me gusta su encanto.
— Sí, Chicago tiene algo especial. ¿Cuánto llevas aquí?
— He llegado hoy.
— Con razón te has encontrado mal ahí dentro.— dice riéndose. Da una calada al cigarro, el humo se funde en la oscuridad de la noche.
— Tengo una idea. ¿Por qué no nos encontramos aquí mañana? Podríamos visitar las zonas más emblemáticas de Chicago. Me conozco la ciudad como la palma de mi mano.
Ambas se rieron y Chloe aceptó.
No sabía que había visto en Adele, pero le gustaba. Le parecía atrevida y divertida.
Además, quería conocer Chicas desde la belleza de los años 20.
Durante un par de semanas estuvo viajando y visitando a Adele y cada vez sentía algo más fuerte por ella, aunque no iba a declararse nunca por muchos motivos. No podía enamorarse de alguien que no correspondía a su época. Era un amor imposible.
Pero aún así, cuando volvía de nuevo a su piso, no paraba de pensar en ella. No paraba de sonreír de forma tonta. Incluso dormía mejor por las noches, ya no pensaba tanto y las voces habían parado.
Un día, mientras visitaban un monumento y Adele explicaba su historia, comenzó a llover.
Ambas salieron corriendo y riendo a refugiarse debajo de duna cornisa. Y no saben si fue por el momento, porque la lluvia les estaba calando la ropa y el frío no las dejaba pensar o porque estaban destinadas a ser, pero se miraron a los ojos y vieron algo la una en la otra que nunca habían visto en nadie más. Así que Adele, decidida y sin nada que perder, posó sus manos en la cara de Chloe y la acercó a ella hasta que sus labios se encontraron.
La lluvia seguía callendo con más intensidad, pero lo ignoraban porque en ese momento, no importaba nada más que ellas.
Cuando Chloe volvió a su piso con otra sonrisa tonta en la cara, decidió buscar a Adele. No se le había ocurrido buscarla antes, estaba tan absorta en los viajes y en los sentimientos con Adele que no reparo en comprobar si había sido alguien importante en la Historia.
Y sorprendentemente lo era, pero no como Chloe pensaba.
Adele Davis fue la mujer de uno de los muchos mafiosos que hubo en Chicago durante los años 20 con el tráfico de alcohol.
Cuando Chloe lo descubrió, toda la magia, rodos los sentimientos hacia Adele se desvanecieron. ¿Por qué no le dijo quién era?
Al día siguiente, por la noche, decidió hacer otro viaje. Quería aclarar las cosas con Adele.
Así que fue al bar de todas las noches, se metió en el baño y apretó el botón.
Nada más salir del baño empezó a buscar a Adele, pero fue Adele quién la encontró antes.
Le dio dos toquecitos en la espalda.
— ¿Me estabas buscando? — dijo, sonriendo con pícardía.
— ¿Podemos hablar? — preguntó Chloe, tajante.
A Adele le extrañó esa reacción, pero aceptó. Aquella noche el bar no estaba tan lleno, era miércoles y el bar solía llevarse los fines de semanas.
Cuando se sentaron en la mesa, Chloe se dispuso a hablar, aunque no sabía cómo.
— ¿Sucede algo?
— ¿Por qué nunca me contaste quién eras?
Adele la miró con sorpresa.
— ¿A qué te refieres?
— Eres la mujer de un capo traficante de alcohol. ¿Por qué no me lo contaste?
— Porque ya no lo soy. He decidido abandonarle.
Chloe la miró a los ojos. Le costaba no creerla.
— Me separé de él hace un par de meses. Ahora vivo en la habitación de un hotel.
— ¿Por qué te separaste de él?
— Porque no me hacía feliz. No me dejaba ser yo misma. Me casé con él porque mi padre me prometió. Él y el padre de mi ahora ex marido eran muy amigos.
Adele le agarró de la mano.
— Solo tú has conseguido que vuelva a ser quién era, que vuelva a ser feliz y me siente llena de vida. Solo te quiero a ti.
— ¿No ves que esto es algo imposible? — preguntó Chloe Con un nudo en la garganta esperando un “no” por respuesta.
— Puede ser posible si ambas queremos.
Adele tenía razón. Por muy descabellado que fuese todo, era algo real. Podían escapar y estar juntas, empezar de nuevo en otro lugar. Y por un minuto esa idea inundó la mente de Chloe, incluso la idea de quesarse allí para siempre.
Cuando todo parecía claro, cuando ambas estaban dispuestas a acceder y dejarlo todo, se oyen dos disparos y Adele cae a los pies de Chloe.
Alguien con el rostro tapado y un sombrero sale corriendo del bar y Chloe se agacha a recoger a Adele. Aún respira.
— Vas a salir de esta, te lo prometo. — dice Chloe, Con Adele entre sus brazos, sollozando.
Adele saca fuerzas para alzar su brazo y acariciar la cara de Chloe. Sonríe y de pronto, toda expresión en sus ojos se convierte en nula.
Chloe agacha la cabeza contra el pecho de Adele y rompe a llorar desconsoladamente, como si nadie ni nada existiese.
Después de la llegada de la policía y millones de preguntas que Chloe no pudo responder por su bloqueo y aturdimiento, pudo salir de bar y sin saber cómo, marcar de nuevo el año para volver.
Cuando llegó a su piso, rompió va llorar. Comenzó a gritar, a maldecir todo y a romper todo lo que encontraba a su paso.
Y fue cuando ese dolor en el pecho volvió, cuando la oscuridad y las voces volvieron a ella, justo cuando pensaba que jamás volvería a sentirse así.


PEPINO MARINO ERRANTE

Hace tiempo, leí en una novela de Manuel Vicent la siguiente frase: “A la muerte no se la comprende, sólo se la aprende. Aceptarla con naturalidad es la única manera de resucitar”.

No le voy a dar un sentido panegírico a estas letras, ni tampoco voy a describir el largo, lento y frustrante proceso decadente durante el que uno de nuestros seres amados pierde irremediablemente la salud. Aceptar este hecho en sí, ya es tan duro -o más- como morir.

Pero sencilla y paradójicamente, poder acompañarla hasta el final, planificarlo y permitirme a mí mismo que su cuerpo se enfriara entre mis brazos durante las horas que me diera la gana y sin que nadie me dijera cómo había de hacer, ha sido una de las experiencias más maravillosas que me han ocurrido.

Usted, querido lector, podrá pensar que el espacio entre párrafos se debe a mi interés por facilitar la digestión de un tema tan pesado como la muerte. Nada más lejos de la realidad: No diré que disfrute con su presencia cada vez que se me acerca, pero sí que la considero como algo maestro a la vez que perfecto para aprender.

El momento en que mi perra dejó de respirar, lo primero que sentí fue alivio. Lo segundo, que me apuñalaban entre las costillas mientras se reían de mí y lo tercero, que comprendía perfectamete la seguiriya y la soleá.

Al tercer día, no resucitó su presencia física donde quiera que yo me encontrara, pero sí una sensación de gratitud hacia la vida dentro de mi corazón por haber podido amar tan pura e incondicionalmente, del mismo modo que por haber podido despedirme y practicar una eutanasia digna y necesaria como debe de ser cuando amas a alguien.

Me gustaría dedicar este texto a todo el equipo de profesionales veterinarios que me dediqué a visitar y molestar cálidamente durante tantos momentos. En ellos descubrí a personas con un fulgor único en sus ojos debido a la pasión con la que viven su trabajo y las ganas de ayudar. Sin ellos no habría gestionado tanto sufrimiento como lo hice. También, muy especialmente a todas las personas que tenéis y habéis tenido animales, porque sabéis de lo que hablo.


CARLOS COSTA

Cuando tontee con la muerte.
Sí, tontee.
Como si fuese un chico esbelto, amable y bello, al que nadie quiere mirar por temor.
Porque la belleza da miedo. Arranca de un simple vistazo al individuo de su zona de confort.
Yo tontee con la muerte.
Me follé a golpe de efecto a la muerte.
Me masturbaba pensado en la muerte
Incluso cuando la muerte no estaba cerca.
Muerte tiene nombre de hombre.
Porque los hombres saben herir más deprisa.
Cuando tontee con la muerte
Me hice amigo de la soga, la cuchilla y las pastillas.
Cree la orgía de la apología al dolor.
Incluso gemía
Entre sacudida y sacudida.
Incluso lloraba cuando me corría.
Yo amaba a la muerte.
Me entregaba a la muerte.
Como los niños se entregan al placer de lo que les apasiona y no existe nada más
Para ellos
Que esa obsesión.
La gente me miraba asustada
Cuando exponía dicha cuestión
Entonces
Renegué a la muerte al colchón.
Pero en el colchón disfrutaba de él.
Le sacudía hasta el último polvo de su sotana tenue.
Pero la rutina también se impone incluso en las cosas tristes, en las cosas indeseables y secretas.
Y una buena tarde
Tras una follada de esas que dejan sin aliento
Y que incluso hacen temblar piernas y cuerdas vocales,
Rompí la relación
Dicen que a veces soy un poco adolescente.
Por eso de pensar en morirme.
Por eso de escribir sobre ese primer amor
Que se llamaba muerte.
Que hijos de puta.
O sigo siendo adolescente
O es que incluso de viejo,
Aunque sea terminal,
Sigues soñando con su miembro oscuro y misterioso.
Porque a veces todos queremos morir.
Porque a veces todos nos lo planteamos.
Me atrevería a decir que incluso mr wonderful
Lo ha pensado.
Qué cansancio eso de motivar para la felicidad.
Joder qué tontuna
Qué abuso
Que asco y qué repelencia.
Yo prefiero,
Aunque sea una vez al mes,
Invocar por chat o YouTube
A la muerte.
Dejar que me penetre
Y que se vaya en silencio.
Dejando la cama revuelta
Y mi mente en éxtasis.
El éxtasis del deseo.
Porque todos
A veces
Queremos vivir en el éxtasis del suicidio.
Y ya está bien de estigmatizar tanto
Algo a lo que se ha escrito tantos textos.
Algo tan bello
Cómo lo es ese anciano disfrazado de joven.
La muerte.
Joder, que hijos podríamos tener.


KARLOS WAYNE

Ojalá, de Silvio Rodriguez. Ella me lo dijo.Incluso antes de que se marchara, me dijo que esa sería nuestra canción. En realidad nunca salió de sus labios esa expresión. Las palabras exactas fueron “cuando yo no esté, esta canción te recordará a mi”. Y te puedo asegurar que trabajó muy duro para que ese deseo suyo se hiciera realidad. La puso como ringtone en ambos teléfonos, el suyo y el mio. En cada video grabado en el que salíamos los dos, Ojalá, de Silvio Rodriguez, sonaba de fondo, como una banda sonora. En todos y cada uno de los diferentes playlist que creamos en iTunes o en el iPod, Ojalá, de Silvio Rodriguez, era siempre la primera canción en sonar. Y me divertía. Y me irritaba. Y me aburría. En ocasiones le mentía alegando que era la canción más bella que había escuchado nunca. Y otras, las más frecuentes, simplemente me derretía enamorado oyéndosela cantar.Entonces me repetía: “cuando yo no esté, esta canciò te recordará a mi”.Como si lo predijera. Como si, incluso años antes, hubiera adivinado lo que iba a pasar. Lo que pasó. Que se fue. Se marchó para no volver. Y durante estos tres años no he sido capaz de escuchar la canción ni una sola vez. No he sido capaz de escuchar ninguna canción, no fuera que Ojalá se colara y acabara por desintegrar lo poco que quedaba de mi, ya de por si, destrozado corazón.
Pero ayer me armé de valor. Me senté en el sillón en el que tanta noches nos estrujábamos frente a la tele. Cojí el mando a distancia y pulsé el “play”, sin darme la oportunidad de arrepentirme. Y sonó. Y los latigazos al alma llegaron con cada frase, con cada rima, con cada vibración de la guitarra…. “Ojalá pase algo que te borre de pronto”, “Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz…”
Y no pude llorar. El plan de Silvia no funcionó. Todo lo que alcancé a sentir fue odio. Atroz. Violento. Desgarrador. Ojalá, de Silvio Rodriguez, no me recordó a ella. Me recordó a tí. Cobarde. Asesino. Suicida. Si no era para ti, no sería para nadie. ¿Verdad, hijo de puta? Me dejaste sin amor y sin canción.


EMILIANO HEREDIA JURADO

LA MUERTE DE LA FAMILIA ULISES

-Ulises, ¿a ti no te parece bastante extraño tantos años sin noticias de nuestros vecinos?-
Quien hace esta pregunta, es doña Sinforosa, mujer de don Ulises Higueruelo, oronda y morena, con eterno vestido rojo, sentada en un butacón tapizado de áspera tela azul.
Su marido, empatado en grosura con su mujer, sentado en un butacón de las mismas características en el que está sentada su mujer, ordinariamente trajeado con traje azul cian y corbata negra, se mesa la barbilla, pensativo, y le responde a su mujer:
-Sí, la verdad, es que llevo bastante tiempo pensando en esta anómala situación, y por más vueltas que le doy, soy incapaz de hallarle explicación alguna a la progresiva y repentina desaparición de nuestros vecinos. Es más, querida, creo que, de toda la urbanización, somos los únicos vecinos que quedamos.
– La verdad, es que estoy cada día más “enmustia”, como los “genaros” de la ventana – se incorpora a la conversación doña Filomena, madre de doña Sinforosa, traída del pueblo, con un moño que se ha convertido en un apéndice más de la avejentada y talluda figura, con un eterno chal, verde, sobre los hombros-
En ese momento, llaman al timbre, y todos, se giran sobresaltados mirando hacia la puerta principal de la casa.
-¡Ay!, ¿Quién será?-exclama doña Sinforosa, angustiada, llevándose la mano al pecho, manoseando nerviosa con la mano, el collar de perlas que pende de su cuello-. ¡Lolin hja!, ¡vé a abrir-
Lolin, la hija mayor, una rubiales veinteañera, modosita y servicial, se levanta del sofá donde ojeaba aburrida una ajada revista del tiempo de la Maricastaña. Ladrando, la sigue Tresky, el segundo perro de la familia,( sustituto del primero, Kuki, que feneció accidentalmente y merendado por la familia, en una de sus primeras aventuras), un perro canijo, blanco, ladrando, no se sabe si de contento, de nervios, o por ambas cosas.
Lolin abre la puerta, y se encuentra de frente a dos hombres muy trajeados, con sendos maletines negros en la mano. Uno, muy, muy mayor, otro, un mozalbete pecoso, con un caracol del flequillo de su cabello pelirrojo colgándole de la frente. Con una sonrisa blanca clavada en lacara.
-¡muy buenas tardes!- dice el joven, poniéndole un papel delante de la cara a Lolin- están todos ustedes muertos-

-¡¡¡¡ahhhh!!!!,-Lolin, se medio desvanece, y se lleva las manos a la cara, y llorando, se va corriendo en busca de su familia, a la salita de estar-
Su hermano Policarpito, se levanta como un resorte, y deja de jugar con su hermana Merceditas, con los cubos de letras y grita a pleno pulmón, haciendo una pose boxeística:
-¡qué te pasa hermanita!, ¡yó te protejo!- la verdad, que un mozalbete, delgaducho, con pantalones cortos y pullover de pico, resulta un poco ridículo como paladín justiciero-
En ese momento, aparecen los dos hombres y Merceditas, llora, y corre a los brazos de doña Sinforosa, que la abraza, toda ella, para protegerla-.
-disculpa el susto monina- le dice a Lolin, el hombre mayor, entregándole un pirulí multicolor-, aquí, mi sobrino, es un poco brusco, aprobó las oposiciones a muerte, porque yo, su tío, era el examinador, y es un verdadero botarate, cero en diplomacia. Y tú, chiquillo, toma otro para ti-le da otro pirulí a Policarpito- y para la peque de la casa..¡un chupete de caramelo!-Merceditas, recelosa, sin dejar de abrazar con una mano el cuello de su madre, alarga el brazo para coger el caramelo que le ofrece el señor mayor- y hay regalos para todos, para el señor de la casa, un hermoso habano –Ulises, sonriendo agradecido, lo toma, y aspira profundamente el aroma que emana el hermoso Cohíba-, para la señora, un hermoso pañuelo de seda china auténtica, para la dama mayor- doña Filomena se sonroja-, un auténtico perfume de maderas de oriente…¡Ah!, y para el perro… un autentico hueso de jamón de cerdo ibérico-
– Muchas gracias por los detalles, señor…
-Señor muerte, catedrático en muerte, especialista en cese simultáneo de vida.
-¡ahhh la suerte!, que bien, a ver si nos tocara un “enemino de tontería”, dice la abuela Filomena.
– ¡no, mamá, suerte, no, muerte!
De la impresión, a doña Filomena le da un vahído
-¡Lolín, corre, trae las sales!-pide doña Sinforosa-
Lolin, muy disciplente, corre a la cocina, y vuelve con un frasco de sales que, su madre, coloca debajo de la nariz de doña filomena, para reponerse.
-A ver si le entendido bien-dice don Ulises-, usted dice que es la muerte…¿verdad?
-Así es, caballero-responde el hombre más mayor- y éste de aquí, es hijo de mi hermana la peste, que se casó con la guerra, el pobre, sabrá usted disculparle, es algo corto, no da más de sí.
-Pero… yo tenía otra imagen de usted –prosigue don Ulises-
-¡ah yá!, la manida imagen de la muerte tenebrosa, en esqueleto, con hábito negro, guadaña en una mano, y reloj de arena en otra…¡que imaginación tienen ustedes los mortales!

-Bueno, usted dirá, nos tiene a todos en vilo-dice un apesumbrado Ulises-
-Pues eso, que están todos ustedes caput, finito, -dice, insolentemente el mas joven-
-¡Cállate, ira!, no ves, que realmente, no son mortales, son producto de un mortal, un dibujante de comics llamado Benejam, él sí, está muerto-replica a su sobrino-, disculpe a mi sobrino, don Ulises, yá le he dicho que es un poco cortito. En fin, a lo que íbamos. Resulta, que en el cielo, en el país de los comics, en el pueblo llamado TBO, hicimos la semana pasada un censo y…resulta que ustedes, la familia completa nos faltaba, ¡que terrible error!, mi jefe, Dios, el supremo, me manda remitirle sus sentidas disculpas, por este fallo administrativo, que, les habrá causado muchos años de soledad…
-Bueno, antes de llamar ustedes, mi mujer, aquí presente y mi suegra, estábamos comentando que llevábamos muchos años sin saber nada de nuestros vecinos –interrumpe don Ulises-
-¡ah!, ¡pero esta situación se vá a subsanar inmediatamente!, síganme por favor, salgamos a la calle, nos vamos de viaje.
-¿Qué nos llevamos un traje?-pregunta doña filomena-
-No, mamá, viaje, nó traje,-le responde doña Sinforosa a su madre-pero verá, tenemos que hacer maletas, un tentempié para el camino – le dice doña Sinforosa a la muerte-
-Coger mis canicas, el tirachinas….-prosigue Policarpito-
-tengo que elegir un modelito para la ocasión-comenta Lolín-
-“Quero mi muneca”,- dice Merceditas-.
-¡Guaú!,-yò mi hueso, dice Tresky-
-No, nooo, nó hace falta nada de eso. Yá hemos contactado con su creador, Benejam, y al pueblo TBO, donde van les ha dibujado una casa igualita a ésta, con todos sus enseres, y objetos personales, síganme por favor, afuera nos espera un microbús.
Salen todos, y se montan en un microbús de veinte plazas, de cielo-line, dirección al pueblo de TBO, sin paradas.
-Pónganse cómodos, y usted, don Ulises, siéntese conmigo, le iré comentando cosas en el tiempo que dura el viaje.
-Me tenía que haber “distraído” la estampita de San Cristóbal-murmura doña Filomena-
-Policarpito, Lolín, portaros bien durante el viaje, y abrigaros, que el relente de los viajes es malo, ven aquí, mi amor-le dice a Merceditas-

-Ira, arranca-le dice la muerte a su sobrino-
El microbús, arranca, y sale por la calle de la casa de la familia Ulises.
-Mire, don Ulises-le comenta la muerte- usted, creerá que la muerte, es algo terrible, tenebroso, oscuro…pero nada más lejos de la realidad, todas estas características que ustedes tienen de algo tan natural como es el morir, es fruto de mentes calenturientas. La muerte, es solo un tránsito a una situación mejor. Es, como vaciar una botella, tirar el envase, y aprovechar el contenido.
-No, no le entiendo- dice don ulilses-
-Verá-le responde la muerte-, usted, si muere, deja el cuerpo, pero su alma, sube a eso que ustedes llaman cielo..
-¿Pero el cielo no existe?-pregunta don Ulises-
-Sí, pero es un reino, el reino de Dios, donde éste, es el supremo, es un conjunto de países, según las etapas cronológicas humanas, vea, estamos pasando por la prehistoria, la edad de bronce… más lejos, la edad media.., el pueblo del cine,
-¿Dónde tienen ustedes el infierno?- interroga don Ulises-
-El infierno, ¿dice?, no, el infierno como tal, no existe, otro invento de los mortales. Verá, el demonio, es jefe absoluto de una agencia temporal de trabajo, y todo el personal, proviene de mortales que han sido malos en vida. Por ejemplo, las grandes guerras, eran simples campañas de captación, para trabajos urgentes e ingentes de mantenimiento de los reinos. ¿Que hay que poner luz eléctrica en todos los reinos?, pues se crea la primera guerra mundial, ¿Qué hay que asfaltar todos los caminos y carreteras?, se provoca la segunda guerra mundial, y créame, no hay peor castigo, que trabajar de sol a sol, mal pagado, y casi sin contrato. Mire, mire, ahí tiene a Hitler, mano a mano con Stalin, pintando todas las fachadas de los edificios del pueblo judío a pincel, ¡que emotivo!, ¿no le parece? . ¡ Hola!, prepárense, que en la siguiente curva, estamos en el pueblo TBO.
Efectivamente, al pasar la siguiente curva, aparece la entrada del pueblo TBO, con todos sus habitantes recibiéndoles con un gran cartelón, poniendo “BIENVENIDA FAMILIA ULISES”, sostenido por los extremos, por dos mini aparatos voladores, obra del inventor Frank de Copenhage.
-¡bienvenidos, queridos amigos!,-sale a recibirles, don Pantuflo, con doña Jaimita, y sus hijos Zipi y Zape, que salen corriendo a abrazar a Policarpito-
-¡Zipi ,Zape!,-grita, y salta de alegría Policarpito, los tres, se funden en un fuerte abrazo-
Allí, está Carpanta, escamoteando un pollo asado, y Petra, criada para todo, lo descubre, y sale detrás de Carpanta con una escoba:
-DE-de-de-ten-ten-te la-la-la-drón….

-¡Doña Hurraca”, querida amiga-Doña Filolmena, sollozando, se abraza a doña Hurraca-
-¡unas palabras don Ulises!-se acerca el reporter Tribulete-
-Aíva pues, yo les acompaño-se ofrece Josetxu el vasco-
-Gracias, gracias- dice sollozando don Ulises dirigiéndose a la muerte, y a ira, su sobrino- nó sabría como agradecerle…
-tranquilo, nó se preocupe, como habrá observado, la muerte nó es tan mala como creía-
-Por supuesto que nó, puede venir a mi casa cuando usted, y su familia quieran
La muerte, y don Ulises, se funden en un fuerte abrazo, mientras, de fondo, se escucha:
-¡¡¡viva la familia Ulises!!!