No es justo

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir con el tema: “No es justo”. Estos son los relatos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 11 de julio! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

*Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor/a) y no han pasado procesos de corrección. El ganador se anunciará en el grupo de escritura creativa Cuatro Hojas de Facebook.

CONSUELO PÉREZ GÓMEZ

—¡No es justo! -Exclamó hecha un basilisco la agria princesa que jamás supo discernir entre el bien y el mal.

—¡No es justo! –Gritó de nuevo mientras de un manotazo derribaba el jarrón contra el suelo que, explosionó en mil pedazos.

—No es justo que este «princeso» venido a menos me haga el vacío en favor de esa urraca de Proserpina. He de encontrar la fórmula que revierta en mí el beneficio de ser la única y exclusiva merecedora de las atenciones de este imbécil, solo para demostrarle que a mí no se me hace de menos jamás.

Tras la puerta secreta que había en su vestidor se escondía un laboratorio con toda clase de mejunjes, probetas, líquidos, sólidos y un sinfín de plantas alucinógenas.

Pasó en este gabinete encerrada, más de una semana, hasta dar con la receta que le compensaría de los desagravios recibidos.

—Te vas a enterar de lo que vale un peine, «princeso» de tres al cuarto.

Al fin con un frasco esmerilado, relleno de un líquido azulado, salió de su encierro; llamó a uno de sus lacayos, le extendió la carta recién escrita y dio orden de entregarla en mano -y solo en mano- al apuesto «princeso».

Cuando este apreció la urgencia del mensaje sin saber muy bien a que debía atenerse, acudió a toda prisa, llegó a palacio, se postró a los pies de la princesa:

—¿Qué es eso tan urgente señora que no puede esperar?

—Usted y yo tenemos una conversación pendiente querido amigo. Tome asiento por favor y de buena gana le pondré al corriente.

A dos palmadas de la muy ladina heredera acudió un criado, con la bandeja que ella misma había confeccionado para la llegada del incauto. Sirvió el líquido azulado en dos copas altas poniendo especial cuidado en su cáliz tratando de no acercarlo más de lo necesario a sus labios.

El «princeso» sediento tras la cabalgada, apuró de un solo trago la copa, mientras la arpía le observaba sonriente.

Ni dos minutos tardó en caer postrado a los pies de la emperatriz. Doblado, con la cabeza postrada y sin sentido de la realidad alguno. Dormido para la eternidad.

¿Era lo justo?


JARILLO MORILLO MACARENA

No es justo.
Que unos tengan tanto y otros tan poco.
No es justo que no apreciemos lo que tenemos.
No es justo, que vivamos al margen de lo que merecemos.
No es justo que veamos a seres humanos sufrir y no podamos hacer nada. 
No es justo que no apreciemos lo que tenemos.
No es justo la Injusticia.
No es justo la vida sin amor.
No es justo la vida sin paz
No es justo que no apreciemos lo que tenemos.
No es justo, no es justa la justicia.


ALBERTO LÓPEZ MEGÍAS

No es justo verte llorar , a los pies de la luna : te has caido de aquel cuento de hadas. Ya no
eres una niña pequeña , eres una adulta hecha y derecha , los años te pasan y no tienes
trabajo , sola y perdida en este mundo . Viste como la sociedad te abandonó , por no
aceptar cómo eres , no vestías igual solo ibas con tu tutú rosa. No hablas de amor pero si
de cómo mataste al dragón y cruzaste el arcoiris montada en un unicornio morado .
Tus piruletas no valen como moneda de cambio , la misericordia de los hombres se
perdieron en whisky y ron .
Tus ideales de un mundo mejor y cumplir sueños inocentes de los demás no te sirvieron.
Salvaste a personas que se iban a morir por llegar a una patria que no era la suya de forma
ilegal y te arrestaron . Injusticia que por andar y ser feliz , venga una bruja y te arruine
todo . Tu caballero prefirió esconderse y olvidar el tema en su palacio , riendose de sus
esclavos que trabajan dia y noche por él , con la recompesa de una miseria , en esa miseria
no incluía las gracias .
Injusto es que protestaste para que los bosques tuviesen árboles , en vez de casas lujosas o
fábricas de dinero negro y te mandasen a callar .
Luchaste para que el delfin que surcaba mares junto a Nemo , también por el tiburón , los
narbales , las ballenas y las sirenas de Peter Pan , no se extinguieran, pero hicieron sushi y
pescado frito con ellos .
Fuistes un saco de boxeo , por el simple hecho de ser mujer . Cada golpe que te dieron
ignoró tu valentia , tu valía personal , tu inteligencia , tus ganas de cambiar el mundo …
Llegabas a casa y no habia nada que ofrecerles a tus hijos , solo hambre y deseperación .
No era un hogar, habitaba el terror .
Pero lo que de verdad no fue justo , que te colgaran una mochila con todas esas
circunstancias y los prejuicios que te impidieron alcanzar la felicidad.


ROSA MARÍA

Rebeldía temprana
—¡No es justo!, ¡No es justo! —lloriqueó la niña en aquel momento, soltándose la mano—.
—¿Qué es lo que no es justo, cariño? —le preguntó su madre sorprendida, volviéndola a coger—.
—¡Mira mamá ese pajarillo! ¡Es tan pequeñito! Y no es justo… —repitió la niña entre sollozos—.
«¿Por qué él puede andar solo y a mí no me dejas, con lo grande que yo soy y lo pequeñito que es el pajarillo? ¡Míralo, cómo anda suelto!».
Estaba en la edad de los porqués sonrió la madre —pensando en la ocurrencia, mientras acariciaba sus dulces manitas.

TITINA DE OCAMPO

Si la vida es un derecho de todo ser humano por qué a tantos les apagan sus latidos antes de nacer y cuando ya se encuentran en este mundo que no ha hallado la manera de defender y asegurar su bienestar; algunos infantes viven el rechazo de sus padres, la indiferencia de sus cuidadores principales que en las nuevas generaciones cada vez son más egoístas y dejan a un lado sus hijos por la rumba, los amigos, el gimnasio, los paseos y ensimismados con las nuevas tecnologías, los ascensos laborales, el dinero, la competencia en redes sociales por publicar un estilo de vida que casi siempre se carece y presumir de una falsa felicidad cuando la única y verdadera sólo se obtiene al dedicar todo su tiempo y recursos a la familia, al hogar, a esos niños que son su responsabilidad y que necesitan además de merecer toda la atención, amor, tiempo de calidad con juegos, paseos y caminatas por el parque, leerles cuentos, interesarse por sus cosas, por su día escolar, preguntar por sus amigos y siempre darles un beso de buenas noches; todo ello redundará en una crianza llena de seguridad, de relaciones asertivas y les convertirá en adultos sanos mental y emocionalmente con una estima propia adecuada y capacitados para vivir en sociedad.
Si se supone que un hijo es la mayor bendición y que el deber de un padre es protegerle, proveer lo necesario para su libre desarrollo y por encima de todo amarle que no es una obligación ya que ésta es la emoción más grande y pura del sentir de la humanidad; entonces por qué encontramos criaturas mendigando en las calles, violentados sexualmente, víctimas de maltrato psicológico y verbal, con heridas y hematomas en sus pequeños cuerpos, atendidos por extraños ó cuidados por familiares hasta en días de descanso de sus padres y otros con muchas cosas materiales, educados en instituciones de élite pero con sus padres siempre ausentes.
Me pregunto:
Son los niños de ahora felices??
¡No es justo!


OMAR ALBOR

No es justo
ser lo que no querés
Ser
Si te queda
Un segundo
abrí la puerta
salí y grita
Explota
Deci
Lo que no podes


CARLOS TABOADA

CAPERUCITA
«No es justo que ya no encuentre a Caperucita», recitaba, tras llevar leídos algunos párrafos.
Y entonces uno del grupo preguntó: «¿Y por qué no lo es?».
Inmediatamente orientaron sus miradas hacia él. Excepto una chica rubia con coletas que, al agachar la cabeza para esconder cierta complicidad, se percató de que las puntas de su pelo acabado en abanico descansaba sobre las ingles y el dobladillo del pantalón corto.
Hasta el profesor del grupo de escritura había levantado la cabeza. Tenía por costumbre mirarse el contorno de sus zapatillas converse, mientras alguien leía el relato de la semana. Quizás era para no amedrentar a los neófitos con su mirada de águila atrapada en cristales redondos y fina montura metálica; o puede que ejercitara la visualización de las escenas relatadas en la baldosa plastificada y gris del aula.
El interrumpido rasgó el espacio con mirada despectiva, y buscó en el tenso silencio el duelo desigual con el atrevido, un chico aplastado y agazapado entre letras con cara de no haber roto jamás un plato. Nadie cortó nunca la exposición de su esfuerzo, porque nadie de los de allí había publicado nada y probablemente jamás lo harían. Era gente atrapada en novelas fantásticas, donde los irreverentes mundos creados aburrían con nombres inventados presuntuosamente mágicos. Caperucita, «su» Caperucita, volaba por encima de todos ellos, y bien podría salir del cuento para devorarles aunque después se quedara con hambre.
En una de las esquinas del cuadrilátero que formaban, uno de los integrantes observaba la escena. Tras la espesa barba hipster que lucía, escondía un mentón indescriptible y labios invisibles. Solía utilizar la mano diestra para estrujar y abusar de aquellos pelos salvajes, y habitualmente, en una variante de movimientos, deslizaba los dedos como cerdas de un peine grasiento. Hasta allí llevaba la huella de la vieja Harley que aparcaba en el espacio reservado a bicicletas, a falta de éstas. Sin duda, deseaba que ocurriera algo cuanto antes, porque días atrás no paró de bostezar. No era justo que fuera a perder más el tiempo si antes no pasaba nada.
Así que, como observó que nada pasaba, siguió escuchando la Caperucita que el jubilado profesor de literatura había escrito.

SAMARA JAPÓN

A mi abuela
——————
No es justo… tú me contabas esas historias como en tiempos de guerra querías ir a la escuela , no te importaba que lloviera o cayera un meteorito ,tú querías aprender; “las niñas decentes se quedan en casa a cocinar y coser ”, eran las palabras de tu hermana mayor que como mínimo te abofeteaba si le llevabas la contraria. A pesar de que no fuiste a la escuela sabías perfectamente contar cada peseta, pobre de aquel que te diera una peseta de menos a tí, sellabas con tu huella con tinta cuando venía el cartero y me decías, “ niña léeme esto a ver qué dice, a ver si es importante”. Eras una mujer que siempre parecía enfadada y triste y ahora entiendo porque, eras una mente brillante encerrada en el cuerpo de una niña que no pudo aprender a leer.


MARI CRUZ ESTEVAN APARICIO

No es justo que sin comerlo ni beberlo una persona le haga pagar a otra en su alma, el desprecio de volver hacia otro lado al encontrarse la en la calle la cara, o esquivar su persona en cualquier otro lugar y, todo, ello al parecer, según la ofendida sin motivo alguno…
El caso es que Bernarda y Fernanda se halla en ese momento de «No es justo».
Pero Bernarda es una mujer valiente y decide preguntar a la otra el porqué del desaire.
_¡Cuando alguien huye a un encuentro – ¡Malo!
Los años pasaron y la situación entre las dos mujeres sigue igual.
Más un día Fernanda se acerca a Bernarda y le dice-te acompaño en el sentimiento por la pedida de tú familiar… Bla… Bla…
No es justo que por un suceso no aclarado, le rompan a uno el alma.


ÁNGEL MARTÍN

No es justo que la naranja se autodefina dos veces y tú tengas que añadir palabras al diccionario para sentirte completo.

No es justo que la chica se quede con el malo —porque no es el malo el que se queda con la chica— y tú te quedes con la mano.

No es justo que tú busques su sonrisa horizontal y él la tuya vertical.

La vida es injusta. Nacemos genocidas y morimos víctimas de un drama guionizado por nosotros mismos. Nadie nos entiende. Nadie ha pasado por el mismo fango que nosotros.

Nadie. Nadie. Nadie.

Yo. Yo. Yo.

Hay un patrón bastante claro. Nadie quiere ser un personaje secundario en la historia de otra persona. Queremos los focos, los aplausos, las risas, los llantos. Sobre todo los llantos. Que nos lloren, que nuestra tragedia es terrible. Pero no nos pueden llorar, porque no nos comprenden. Nadie lo hace.

Qué injusto compartir escenario. Qué injusto que destaquen otros. Qué injusto que de cada cien acciones, una te salga mal. ¡Por qué a ti! Clamas a los cuatro vientos arrodillado bajo una tempestad que te azota sin clemencia. ¡Drama!

Pero hay remedios para que no llores.

Toma, un día festivo para celebrar tus inseguridades. Toma, discriminación positiva. Toma, nuevas etiquetas para que te marques como el ganado. Toma, más redes sociales para que muestres tu disconformidad con tu vida de mierda. Toma, soluciones a corto plazo que te generarán más dramas en el futuro de los que para nada serás tú culpable.

Toma, un nuevo filtro de Snapchat: el filtro del subnormal.


MARÍA DAVID

No es justo cuando alguien me ve como una niña solo por el hecho de tener una cara joven.
¡Joder! Qué de joven, nada… ¡Respétame! Yo no me he metido con tu piel arrugada o con tus canas.

No es justo cuando alguien quiere opinar por mí…
¡Joder! Qué si quieres brillar, brilla por ti misma; no me utilizas como trampolín.

No es justo cuando alguien quiere censurarme…
¡Joder! Qué si algo no te gusta, ¡ignóralo! o, simplemente, ¡lárgate!

¡No es justo! Y aunque a veces duela; yo no pedí que tenga un rostro tan joven. ¡Qué, mire! Soy una vieja atrapada en un cuerpo joven. Hasta mi mente arde, a veces, pensando que nadie me respeta. ¿Por qué? Por el simple hecho de parecerme joven.

¡Qué pido respeto, señoras y señores! Ahora, ¡ya soy vieja! Desde pequeña esperaba ansiosa este momento. ¿Qué momento? Ese momento en el cual, en una mañana cualquiera, una niña o un niño me vea y me diga: ¡Buenos días, señora! ¡Pase usted, primero!

¡Joder! Qué yo no tengo culpa. Si fuera hombre, me dejaría barba. ¡Quizás, así, me respetáis!


KAREN ROSADO

Nota post mortem
(No es justo )

No es justo que mi corazón se encuentre en donde no debería estar .


GABRIELA MOTTA

La Presa

No es Justo— pensó— en el momento que un golpe contra el suelo hizo que el hombre se distrajera y ella logrará huir despavorida hacía el bosque. Corrió como corre una presa huyendo de su cazador, corrió hasta sentir que sus pies gritaban pidiéndole que se detuviera, sabía que no era posible ella era la única sobreviviente de aquel espeluznante experimento y para su desdicha esa mañana él había recibido la orden de deshacerse de la testigo, ese perro no descansaría hasta exterminarla.
Mientras huía sintió como nacía de sus entrañas su más primitivo instinto de supervivencia, aquel desolador lugar solo le permitía escuchar el silbido del viento, era como un depredador más que no le permitía detenerse. Cuando logró convertir al viento en su aliado recién entonces sintió seguridad para aminorar la marcha. Tenía que descansar estaba exhausta.
Unas hojas amarillas que flotaban sobre un charco le llamaron la atención porque en ese salvaje acto de luchar por su supervivencia se identificó con ellas, ya que todas estaban abandonadas a su suerte luchando contra el tiempo para permanecer un minuto más con vida. Cansada se tiró a la orilla de aquel charco y dejó que sus ojos se cerraran arrullándose con el golpeteo de su corazón agitado.
Luego de un rato el sonido de una rama de un árbol que se agitaba le provocó un extraño escalofrío en la espalda que le hizo presentir que él estaba cerca. Observó a su alrededor y vio unas piedras grises manchadas de barro como si alguien hubiera estado acechando su descanso.
A lo lejos escuchó el ladrido de un perro otra señal de su cercanía. Podrían ser cazadores —pensó. Sin embargo, no recordaba haber escuchado ninguno cerca mientras había estado encerrada. El viento volvió a convertirse en su enemigo trayéndole el olor nauseabundo de aquel cautiverio, su cercanía era inminente.
El sonido de pisadas de unas botas de lluvia confirmaron sus sospechas, aceleró su marcha, pero agazapado detrás de un árbol se encontraba el maldito perro esperando a su presa.
Ella trató de ocultarse, pero estaba acorralada. De pronto el disparo de un arma la sorprendió, un frío desolador le invadió su cuerpo que cayó sobre el suelo. El eco de un grito se perdió en la lejanía deseoso por ser escuchado, pero resignado porque jamás sería oído. Quizás su venganza sería esa, convertirse en un eterno eco acechando la oscura mente de aquel despiadado hombre. Con sus sentidos casi congelados vislumbró la fragilidad de la vida, cuando por obra del azar justo a su lado un caracol despertó de un sueño ingenuo que le fue interrumpido por la pesada bota de aquel horrible ser que estaba dispuesto a eliminar toda clase de vida. No es Justo —pensó— mientras sus sentidos se apagaban por completo.


REBECA FS

-¿No es justo esa la Mari?
– Pues …Joder. Tus parecidos razonables los debes de tener en otra galaxia. Rebe coño, límpiate las gafas.

Yo seguía mirándola, mientras que refunfuñabas…

– Entonces, ¿qué? ¿Estás nerviosa?

Coño…clavaíta.
Subió al autobús y es que hasta los andares.

– Reeeeebe…¿qué estás pensando?
– Pues que quizá me equivoqué, pero quizá no.
– ¡Hay que joerse! Que si estás nervioooooosa.
– Pues mira, justo ahora mismo no.

Y seguimos sentados en el banco, esperando a que salga la Mari del juzgado. Que no la metan en problemas…que fuese justo la que pudiera subirse libremente al autobús.


SERVANDO CLEMENS

El escape

Ella corre por los campos de cultivo de su esposo. Huye de las humillaciones y golpes. Busca verse con su amante.

—Por fin te encuentro —dice ella—. ¿Dónde estabas?

—Sabes bien que siempre estoy en el mismo lugar.

—Te amo.

—Yo también te amo.

—Huyamos lejos, por favor.

—No puedo —dice él—. Yo trabajo aquí. Este es mi destino. Yo sé que esta vida no es justa.

—Quiero estar a tu lado siempre.

—Ya sabes la única manera de estar unidos.

—Lo sé.

—Vente a mi mundo —dice el espantapájaros—. Pero no hay retorno. Ya te lo había dicho antes.

—No me importa.

—Dame la mano.

El esposo busca a mujer por los sembradíos con cinturón en mano.

—¿Dónde estás, Elena? Si no sales, te daré una paliza.

Silencio.

—¡Elenaaaa!

El hombre continúa la búsqueda hasta que…

—No recuerdo haber puesto dos espantapájaros en el mismo sitio.

Los cuervos vuelan en círculos.

—Y menos recuerdo haberle puesto una guadaña en la mano a ese feo muñeco.


NSOUMBI EGÚNGÚN

No es justo que solamente pueda mirarte, que ya no pueda tocarte excepto en sueños, en los que todavía soy como era entonces.

Recuero que decían que no podías perderte sin salir de casa, y yo lo hice: en tu pelo, en tu piel, en tu espalda, por todo tu cuerpo. No necesitaba mapas para encontrarme, me bastaba con seguir tus lunares, tus estrías, tus marcas y cicatrices.

No es justo que esto me tocara a mi, con todas las veces que pensé que tenía una vida perfecta. Pero en realidad, ¿Qué es justo?.

Los romanos creían que las Parcas controlaban el destino, los griegos, las Moiras, y yo pienso que podrían cortar el hilo de mi vida porque ya no es mía.

La enfermedad ha avanzado tan rápido que nos hemos dejado un millón de sueños por cumplir.

Siento cuando me tocas, cuando me acaricias, pero yo no puedo devolvértelo; siento cuando me besas pero me quedo insatisfecho porque ya no puedo disfrutarlo como lo hacía antes.

Aunque no quieras decírmelo sé que soy tus propios 12 trabajos, pero si logras superarlos no vas a recibir la libertar como Hércules, sino que se irán ampliando hasta que estés tan desgastada y tan cansada como yo.

Sé que tu también piensas que no es justo. Puedo ver que sigues enamorada mi tanto o más que yo, pero no quiero que cargues con esta pesada losa que es lo que queda de mi vida, porque no quiero que sea nuestra.

Espero que puedas dejarme marchar de la forma más digna que se me ocurre, decidiendo el último día para pasarlo a tu lado, el último beso, el último abrazo. Rememorando los buenos momentos e intentado que olvides estos últimos.

Quizás en otra vida podremos vivir todo lo que nos quedó por disfrutar, por soñar, por cumplir y podría volver a perderme en tu piel para encontrarme en tus ojos, en tu sonrisa, en tus besos y caricias.


EMILIANO HEREDIA JURADO

BARCOS VARADOS

Nó es justo. De verdad, nò es justo.
En la vida, nos sobreviene, como una tormenta inesperada de verano, la desaparición de èsta, de algún ser que se ha querido tanto que, debido a lo inesperado, nunca nos hemos dejado de repetir que nò es justo.
Nó fuè justa, su repentina desaparición, como la forma en el que el tren de su vida, llegó a la última estación.
Me acuerdo, de mi tía, que compartía nombre y fuerza con aquella que en Aragòn luchó contra los franceses.
Aún hoy, después de más de treinta y tantos años, se conservan escritos en las hojas de mi memoria, nítidos, la mayoría de los momentos y las palabras que, a forma de vástago, iban corrigiendo el árbol en crecimiento que era mi vida.
Pues, en la vida, existen esas personas, tan necesarias, que son como brújulas que te indican el buen camino aunque, a veces, nos empecinemos en seguir otra senda distinta.
De mi tía, a parte de unos increíbles ojos esperanza y una interminable sonrisa, conservo la paciencia y el tesón que a todo le ponía. Incansable dentro de lo que sus fuerzas físicas le permitían, la consideraba como una especie de exploradora, que estaba siempre llena de ideas, de proyectos.
Pero, su corazón, era como una mariposa que un día, dejó de batir sus alas.
Y ese, fuè el primero de mis tres días más tristes e injustos de mi vida.
A mi abuelo, ese día le consumió de golpe casi toda la vela que de vida aún le quedaba.
Un grandísimo abuelo, un inolvidable compañero de viaje.
Luchador infatigable, me enseňò a levantarme cuando me tiraban, a no rendirme cuando me derrotaban.
Mi abuelo, con un libro siempre entre las manos, cosechador en la meseta de La cuesta de Moyano, del rastro…. en Madrid, de cualquier cosa que tuviera portada y páginas que leer.
Y yò, le ayudaba, éramos como dos arqueólogos desenterrado libros de la tierra del olvido. Ora un libro de la Colección Reno, ora uno de la colección Austral, una revista ajada de Blanco y Negro….
Sus historias de guerra, que escuchaba embelesado…. de su lucha, de su sufrimiento, de su exilio…. y la vuelta a su pueblo tan querido y tan aňorado por él.
Sus historias de vida, que fueron como un martillo que forjó en gran parte el hombre que soy hoy en día….
….. Y un día le dieron tres meses y un frío Enero se me fuè delante de mí sin poder hacer nada sino, llorar de rabia y tristeza…
Mi segundo día más triste e injusto de mi yà, ajetreada y convulsa vida.
Mi abuela, dejó colgada en el perchero de la entrada, ese día, las ganas de vivir.
Cariňosa, con su punto de genio, como buena andaluza, refranera a más no poder, era como un baúl lleno de consejos.
De ella, aprendí la prudencia y el no fiarme del primero que viniera.
Mi abuela, jugando al dominó las tardes de los Domingos con mi abuelo y mis padres.
Mi abuela, la tuvimos que llevar con pena a la estación donde otras personas como ella esperan el último viaje.
Y un día, sacó el billete, y se marchó en el hospital.
Mi tercer día más injusto y triste de mi vida.
Nó, de verdad que no es justo, que las personas buenas, a veces, se queden como barcos varados, de forma inesperada y brusca.
Se dice, que es ley de vida, que las personas a las que quieres, desaparezcan con el tiempo, por mucho en que te empeňes en que sea lo más tarde posible.
Pero no, insisto, no es justo, las personas buenas, deberían partir, durmiendo, al final de su invierno.


ALBERTINA GALIANO

¡No es justo!

Justo es eso lo que yo pensaba.

Sentarse en la bola del mundo con los pies colgando y mirar desde arriba, viendo a todos chiquititos.

Balancear las piernas, acodar los brazos en ellas, y apoyar la barbilla; habitar esa postura para desternillarse de risa.

Distanciarse tantísimo que las palabras malsonantes de los de abajo ni lleguen a tus oídos.

Regodearse en lo propio, despreciando lo ajeno. Y pensar que el mundo es de uno, y que lo que se tiene es por derecho propio…herencia de sangre.

No es justo que un día sea como otro para el de abajo, y que los pies conduzcan al estercolero de siempre, para arrancar podredumbre de las entrañas de la tierra, y alimentar con ella las propias.

No es justo que alguien saque basura de un contenedor para luego dejarla esparcida por el suelo… después de seleccionar lo más valioso de lo menos valioso de otros.

No es justa la vida.

Que un día te levantes y te avisen que tus días van a sufrir un acortamiento repentino.

No es justo nacer sin haberlo pedido, y que al llegar todo esté sin hacer.

La cuna sin hacer. La comida sin hacer. El afecto sin hacer.

No es justo esforzarse inútilmente en contactar con alguien a través de la mirada… miradas vacías en las que no hay reflejo, cuando los otros están enredados en una pelea con el mundo que viene de antes.

Mechones de dejadez, de apatía, inundando el suelo que pisan, como otros niños.

No es justo vivir.

Pero es lo único que permite luchar por lo que cada uno considera justo.


TALI ROSU

—¡No es justo! —dijo el pequeño entre sollozos.

—¿Qué no es justo, corazón? —preguntó la madre.

El niño hizo pucheros y abrió la mano con los ojos llenos de lágrimas, en su palma dejó ver el cadáver de una pequeña mariposa.

—Se ha muerto por amor —explicó— yo solo quiero quererlas y ellas dejan de volar.

Quince años más tarde, el niño sigue matando mariposas; la diferencia es que ahora tienen nombres y apellidos. ¡Siempre dejan de volar!


 

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13 comentarios en “No es justo”

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