Tropezar en la misma piedra

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir con el tema “tropezar con la misma piedra”. Estos son los relatos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves día 4 de abril! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

*Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor/a) y no han pasado procesos de corrección. El ganador se anunciará en el grupo de escritura creativa Cuatro Hojas de Facebook.

ESTHER G. PAREJO

Marinette

Crecí escuchando leyendas que nunca me creí, jamás pensé que lo intentaría pero llegó el momento.

Esperé a que oscureciera y después de darme una ducha de purificación dibujé con harina su veve (símbolo) en el suelo y lo rocié de ron, abrí un coco y dispuse varios dulces encima de él, me habían contado que le encantaban. Encendí las velas y recite:

“Oh Papa Legba, escúchame, abra la puerta para mí,

Oh Papa Legba, abra la puerta para mí,

Abre la puerta, Papa, para que pueda pasar,

Cuando regrese, le daré las gracias al Loa”

Nunca pensé que esto pudiera funcionar, mi abuela siempre me contaba que Papa Legba es el mediador entre los loas, dioses del vudú, y los humanos, “ recuerda, si él no quiere no puedes comunicarte con ellos”.

La furia me invadía, solo pensaba en la venganza…

En la oscuridad se materializó la figura de un hombre, era negro, anciano, con un bastón torcido, un sombrero de copa, y colgado de él tenía un gallo oscuro, una sonrisa torcida apareció en su rostro:

– ¿Qué buscas de Papa Legba?.

Su voz sonó profunda, tenía un acento muy particular pero le entendí a la perfección.

– Quiero hablar con Marinette.

– ¿Con Marinette? ¿Estás loca? Te matará antes de escucharte hablar.

– Tengo su ofrenda, necesito venganza, ella es la destrucción.

– Marinette no habla con mortales, ¿Qué ofrenda tienes para convencerla?

– Una cabra negra, la sacrificaré aquí para ella, encenderé la hoguera si hace falta, pero llámala, Papa Legba.

– No hará falta la hoguera, eres una insensata, la traeré, pero te advierto, no es como yo. Sacrifica esa cabra, derrama su sangre sobre mi veve, ella vendrá.

Agarré a la cabra, corté su cuello y dejé que la sangre se derramara encima del símbolo de Papa Legba, esperé cinco minutos y apareció…

Un escalofrío recorrió mi cuerpo en cuanto la vi, era entera un esqueleto, me miró directamente a los ojos, pero no bajé la mirada, sino que la sostuve.

– ¡Qué quieres humana!- su voz era fría, sus ojos penetrantes, las cuencas parecían estar vacías, recogió la sangre del suelo con un dedo y se lo llevó a la boca- Menos mal que la sangre es fresca, sabe bien.

– Marinette, diosa de la destrucción, necesito tu ayuda, eres la personificación de la venganza, de la furia, y yo necesito que la mates por mi.

– ¿A quién estúpida?

Hablaba con odio, el frío recorría cada poro de mi piel, pero así y todo lo pedí, supe que no había vuelta atrás, que sucedería por fin, y de repente sonreí al decir su nombre.

– Ana.

– Así se hará, no vuelvas a invocarme, la próxima vez no seré tan benevolente.

Se desvaneció, las velas se apagaron, volvió a aparecer Papa Legba, al que le agradecí haber traído a Marinette, me miró a los ojos y me dijo:

– No vuelvas a llamarla, la venganza se puede volver contra ti.

Pasó una semana, comencé a pensar que me había soñado todo, aunque mi salón todavía olía a muerte, a sangre… aunque todavía me recorrían escalofríos cada vez que me acordaba de esa noche, pero por fin sucedió.

Mi hermana murió ocho días después del ritual, no fue una muerte tranquila, fue muy dolorosa, nadie sabe como pasó, pero mientras cortaba el césped de su jardín quedó atrapada debajo de las cuchillas afiladas, dicen que fue algo muy extraño, que no suele pasar, se desangró como la cabra del sacrificio a Marinette, y yo… lo disfruté.

Pasaron algunos años, nunca lo olvidé, pero como todos los mortales volví a caer en la misma piedra, e invoqué a Marinette.

Papa Legba, me miró con cierta pena, me dijo que estaba loca, que la sed de venganza, la ira, no me dejaban ver y que Marinette no volvería a cumplir mis designios. Pero ella volvió a aparecer.

¿Y saben qué? Me miró a los ojos de nuevo y simplemente se rio, no era una risa agradable, todo lo contrario, heló mi sangre y mi boca se secó.

– Cumpliré de nuevo tus deseos, pero esta vez el sacrificio serás tú.

Marinette me arrastró con ella, vi la cara de Papa Legba, y pude leer en su boca “te lo advertí”.


SORAYA MADERO DURÁN

Tu crees que el tiempo pasa curando las heridas, perdonas, dejas todos los agravios en el pasado.
Coges un pomo y metes dentro los sentimientos repulsivos que te provoca. Haces las paces con su maldad, su desprecio e inconformidad hacia tí.
Decides que si tu cambias, todo cambiará. Ella será amable, no te hara críticas a todo cuanto haces, reconocerá tus logros (en los que no participo) sin decir que son errores y que ella habría hecho algo mejor, aun cuando su vida es vacía.
Es entonces que te trata sin ironía, hace como que le importas, hace como que te quiere…
Y sas… De repente el zarpazo de nuevo hiere tu carne. Una vez más arremete llena de odio, caprichos y derechos auto-conferidos a faltarte el respeto. Una desilusión, un desencanto, de nuevo tropezar con la misma piedra… Es la historia de una mala relación con una madre, que realmente eres su desencanto…y tu esperas cada día que sea diferente. Aun cundo luego de 34 años no cambia nada…


FANTASMA ESCRITOR

Y vuelves a mi mente como un cáncer que ha sido ya extirpado y se aferra en regresar con sus macabras manos.

Siete años duró nuestra relación. Cinco son los que llevo ya con la persona correcta.
Desafortunadamente el amor de tu vida no siempre es el amor para tu vida. Por eso no estás aquí.

No es el tiempo lo que marca la intensidad del sentimiento. Pero la intensidad del mismo si marca el tiempo que tardas en olvidarlo. Tal parece que yo te amé muy fuerte por mucho tiempo.

Porque cada tanto, cuando creo que ya estoy curado, apareces en mis sueños para recordarme que no es así. Pienso y siento que por fin soy feliz, luego invades mis pensamientos y me recuerdas que no es a tu lado.

Entonces mi angel de la guarda me atraviesa y me abraza con sus cálidas manos. ¿Que hora es? ¿Las 3 de la mañana? ¿Por qué estoy pensando en la persona que me hizo la vida tan infeliz?

En tus redes, que siempre son privadas, y a las que ya casi no entro, aparece con perfil «publico» la foto de tu despedida de soltero.

Discuto con mi actual pareja, él duerme fuera de casa, yo borracha hago lo inesperado. Lo imperdonable. Te llamo por el único lugar que aún puedo contactarte, tu numero de teléfono lo perdí hace tiempo.

No contestas mi primera llamada, contestas a la segunda. Yo me odio por ser tan débil, oigo tu voz, sigue siendo la misma voz, pareces más maduro, conversamos un rato, ambos afirmamos amar a nuestras actuales parejas, parece verdad de ambas partes.

Tu dices que me amas, que te arrepientes. Yo te digo en tono de ironía, me amas pero te vas a casar con otra persona. Tu te quedas en silencio… yo te deseo felicidad y creo que tu a mi también.

La vida sigue su curso. Los días ya no son grises porque no estás aquí. Sin darme cuenta construyó un hogar. Me siento feliz de llevar una buena vida. De tener un techo donde dormir. De sentirme amado por él que acompaña mis pasos.

Suena el teléfono. Una vieja amistad a la que odiabas me dice que le pondrás su nombre a tu hijo. A él le parece irónico. A mi me toma por sorpresa la noticia. Me parece una triste noticia.

Cinco años han pasado desde que me dejaste.
Parece una eternidad en el mundo real. No en mi cabeza. El tiempo pasa más lento en los pensamientos. Y por algún motivo inexplicable parecen ser siempre buenos recuerdos. No todo son buenos recuerdos. Lo recuerdo bien.

Yo hablaba en serio cuando te decía «para siempre». Para siempre. Para siempre es el recuerdo, no la puta realidad.


KARLOS WAYNE

Ahí llega, le veo venir. No me ve. Va a lo suyo. No se da cuenta de que nos conocemos. Que ya nos tropezamos alguna vez. Mejor dicho, que se tropezó alguna vez. Conmigo. Y le dolió. Lo vi en su llanto, lo oí en sus lágrimas. Le dolió un huevo, e hizo fuerza con el otro para levantarse, con un par, tambaleándose, pero de pie emprendió el camino de nuevo. Se hizo entero otra vez a base de pegarse los trozos rotos.
Aquí le veo, me mira.. No me reconoce. No hay dos caras iguales. Debería saber que soy yo. Pero no. Ya está aquí. Y siento sus trozos cayendo a mi lado, una lluvia de esperanzas apagadas, de anhelos ahogándose. De pronto me mira. No solo me mira, además me ve. Sonríe amargamente, como si no se lo creyera. Yo le compadezco. Igual no es culpa suya. Igual soy yo. Le devuevo la mirada, dura, la mía y con la voz petrificada me digo:
— Ya me vale, con los millones que hay en el mundo y tengo que tropezarme dos veces con el mismo humano.


AMALIA MARTÍN

Te di mi vida a cambio de una sonrisa verdadera, desplegué mis extremidades sólo por un abrazo ,te ofrecí abrigo para dar calor a tu alma viajera ,color a tus pálidas mejillas ateridas de frío por la desnudez de ese gélido corazón que no albergaba amor si no interés y mezquindad.

Viví intensamente a tu lado con el propósito de tu complicidad,creí en tus vanas palabras que impulsaban los latidos de mi maltrecho amor ,aplaudí cada manifestación de tu falso querer ,amé sin raciocinio con la esperanza de tornar amenazas en fortalezas ,curé tus heridas como si fueran propias ,alimenté tu ego sin percibir mi error.

En definitiva , me olvidé de vivir minúsculos momentos que la Naturaleza osó concederme para recibir falsedad ,rencor y tremendo desamor .

Llenaré mi alma de dicha ,recuperaré mi falsa seguridad ,retomaré mis energías gastadas,rearmaré mis ganas de vivir sólo para mí …para abastecer mi maltrecha existencia y con la absoluta seguridad de no volver a compartir mi existencia con tanta banalidad y tan poca mollera.

( Pura ficción aunque triste y dura …tropiezos diarios con personas que han envilecido la propia existencia)


DAVID DURA MARÍN

Me dio una bruja un trozo de palo mal herido,
superviviente de alguna hoguera,
de ésas que prenden algún hechizo , bruja piruja sola en su cueva.

Como un tenor , 
yo con mi varita,
por dar melodía a la necesidad,
llegué al asilo , casas de acogida y donde se cura la enfermedad.

Lolo marrana saltos de rana!.
Mandragora y Estramonio
Rubidio , Cesio y Estonio.
Como me llamo Antonio , arregla a éstas personas de la dejadez del insomnio!.

Pero aquello no funcionó …..

Andaron mis pasos directo a la cueva pidiendo explicaciones , me había tomado el pelo , bruja de los Borbones.

Allí estaba , barriendo el suelo con su escoba de enebro.
De fuera a dentro para no espantar a los espíritus del viento.

Señora bruja ! articulo el miedo ,
o este palo viene con defecto o no trae instrucciones.

A lo que se puso a cantar….

Y tropecé de nuevo con la misma piedra….
En cuestión de hechizos nunca aprenderé……….
..

Ahora que no me oye , canta como los angeles.
Tenemos un grupo y toda la recaudación va destinada a las personas que más lo necesitan.


MARI CRUZ ESTEVAN APARICIO

Mi despertar al amor por ti, a floro con 16 abriles recién cumplidos.
Bello, gentil, educado e inteligente, todo eso y muchas más fragancias, tu persona vestía, en aquel momento de nuestro primer amor.
Locos días de pasión vivimos, los cuales, hicieron, me sintiese la mujer más querida de la tierra…
Pero muy pronto tú otra personalidad comenzó a dejarse ver.
De continuo tu cara de enfado. De seguido, tuve que aguantar en mi frágil personanilla, los empujones que me dabas con tu mano derecha.
Tu cruzada ceguera llegó al insulto.
Todo aquello nos llevó a caminar por distintas sendas…
«Tropezar con la misma piedra» No entraba en mi cabeza. ¡Pero acurrio!
Pasado unos años, un día cualquiera en la puerta de una discoteca, mis amigas hablaban del guapo abogado. Mi curiosidad me llevó a mirar hacia detrás y, sorpresa…, eras tú.
De nuevo mi corazón estalló de amor, por el hombre del cual mis inseparables hablaban.
Tu atención y, alagos hacia mí, me hicieron caer en tu red pegajosa, llevándome al matrimonio.
Dos frutos vitales dio nuestra unión de alcoba ya que amor, sólo en mi era certero.
De nuevo la separación me hizo recordar el dicho.
«Tropezar con la misma piedra»


ÁNGEL MARTÍN

Otra vez.

Cada vez que pasaba por allí, se rompía la pierna. No fallaba. Ya iban siete veces. Pero por algún motivo, no podía dejar de hacerlo. Ese lugar tenía un extraño magnetismo, al parecer contrario al de su subconsciente, que sin comerlo ni beberlo le guiaba hasta él.

En el hospital ya le conocían como El Idiota. No era un sobrenombre ingenioso, pero sí acertado, y no ponían cuidado en no decirlo delante de él.

En la cuarta rotura le dijeron que si seguía así corría el riesgo de perder la pierna para siempre. Siempre se partía por el mismo lado, y el hueso se estaba defornando y debilitando.

Aquella séptima vez no era muy distinta de las anteriores. Quizá doliera más que de costumbre, puede ser. Quizá debiera dejar de pasar por allí, o de seguir pasando, caminar con más cuidado, pero… ¡A la mierda! Era su lugar favorito en el mundo. El más hermoso. El más letal. Pero suyo.

Si tenía que perder la pierna, o partirse la cabeza y morir, sería allí.


SAMARA JAPÓN SALVAT

Llevaba 4 años saliendo con Mark, todo era idílico, podíamos hablar de cualquier cosa, rara vez discutíamos y sentíamos gran amor el uno por el otro, algo que alcanzaba lo espiritual, la sincronización perfecta entre dos almas.Solo había una cosa que no terminaba de cuajar, cuando llegaba el momento del sexo, él disfrutaba o al menos lo parecía, pero yo intuía que no lo suficiente, incluso en muchas ocasiones sospeché que lo evitaba, buscaba cualquier excusa o se hacía el dormido.
Todas las piezas empezaron a encajar aquella tarde en la cafetería cuando conocí a Raúl ,su compañero de trabajo, Raúl era descaradamente gay, y la complicidad que había entre ellos… la tensión ante mi presencia, el nerviosismo…vi en la mirada de Mark un amor diferente al que sentía por mi, no digo que no me amara, lo hacía pero de otra manera, al caer en la cuenta de lo que ocurría, lo que tenía delante todo el tiempo y no vi , sentí una gran tristeza que no pude esconder;
-¿Que te pasa cariño?- Me preguntó Mark de vuelta a casa mientras conducía.
Yo iba de copiloto, cabizbaja y meditabunda;
– ¡Mark cuéntamelo! si hay algo que quieras decir ahora es el momento, sabes que puedes decirme lo que sea…¿Que pasa con Raúl?¿es que ya no me quieres?¿eres gay?
-No cariño,no digas eso, yo si te quiero, no pienses que no te quiero,es otra cosa, esto es diferente, lo siento…es que no lo puedo evitar… no sé si soy gay o supongo que bisexual, ni si quiera se como explicar lo que siento o lo que soy, solo hubo un par de besos y tonteo nada más.
Cómo deduciréis Mark es gay, nos seguimos queriendo mucho,pero sin sexo, obviamente la relación se rompió de manera natural, de esto ya hace mucho tiempo , Mark es mi mejor amigo y su marido es un hombre tan maravilloso como él.
Esta mañana llegué a casa antes del trabajo porque me encontraba mal, hace cinco años que estoy casada con Tom, al abrir la puerta escuché ruido en el dormitorio,me adentré un poco asustada a ver qué pasaba y entonces encontré a mi marido y a otro hombre poniéndose la ropa interior apresuradamente, la cama deshecha, sus caras de bochorno… creo que no hace falta que os explique más.


FRANCISCO BALLESTER

LA EXTRAÑA ALOPECIA DE LA OCASION
– !Rápido niño !, !La ocasión la pintan calva!

Y diciendo eso, lo agarró de la mano y llevándose al niño casi arrastras, comenzó a correr cuesta abajo por la ladera esquivando árboles, saltando piedras y arañándose con los matorrales en dirección al sonido de aquel motor hasta que llegados a una pista forestal, el abuelo a riesgo de que aquello le atropellara por falta de visibilidad, se plantó valientemente delante de los faros del enorme tractor con las manos en alto, obligándole así a parar.

Hambrientos y agotados habían estado horas caminando y cuando la luz del corto día empezaba alarmantemente a menguar, el abuelo, que iba disimulando su creciente inquietud, le había dicho esto gritando a tano al oír en la lejanía del fondo del valle un motor que se acercaba.

Una repentina niebla con la que el tiempo cambiante del otoño había convertido el espeso bosque en una masa blanca y algodonosa que hacía imposible toda orientación, y había hecho que se perdieran en aquellas montañas mientras recolectaban setas.

Los dos, abuelo y nieto, cansados pero satisfechos viajaban ahora de vuelta al pueblo tumbados sobre los troncos del remolque de un tractor maderero, soportando con gusto el duro traqueteo de los profundos baches de la pista forestal.

-¿Calva abuelo…?, ¿Quién era «La Ocasión» Yayo…?, ¿Quién la pitaba así tan fea… ? ¿ Y por qué has dicho eso cuando hemos oído el tractor…?

Ahora Tano, repuesto milagrosamente por la excitación de la aventura en apenas unos minutos, ametrallaba sobre los troncos al sudoroso y extenuado abuelo con un torrente de preguntas sin ni siquiera darle tiempo al pobre hombre para pensar las respuestas.

-Tano, es dicho muy antiguo. Los romanos tenían una diosa llamada Ocasión, es decir la Oportunidad o la Suerte, a la que pintaban como una mujer hermosa y desnuda, viajando veloz encima de una rueda impulsándose con dos alas en la espalda.

-¿Y por qué la pitaban calva abuelo… ?, yo no he visto nunca una mujer calva…

-Mira Tano, respondió el abuelo haciendo acopio de paciencia, La pintaban así para indicar que las ocasiones buenas pasan rápidamente y además, no era calva del todo, solo por la parte de atrás de la cabeza, por la parte de delante llevaba unas melenas rubias rizadas y preciosas.

– ¿Y por qué esos romanos la pintaban tan guapa por delante y tan fea por detrás abuelo?

El importunado abuelo que con la sabiduría rural de un «Sancho» de Cervantes se solía expresar con dichos y refranes, tras liarse trabajosamente un cigarro de tabaco para que le diera tiempo a pensar, lo encendió parsimoniosamente y le dijo :

-Mira Tano, la pintaban así para que los niños aprendieran que cuando ves una oportunidad, si no eres listo y la enganchas de la melena cuando pasa y te entretienes dudando, luego ya no la puedes coger aunque la persigas porque por detrás, no tiene pelo donde aferrarla.

-! Claro abuelo!, ! Ya entiendo…!, si no hubiéramos corrido aprisa cuando oímos el motor del tractor, hubiera pasado de largo y ahora nosotros seguiríamos perdidos en la niebla…

-!Exacto Tano!, ! Eres muy listo! le dijo el abuelo y satisfecho y tras apagar la colilla, se acomodó como pudo entre los troncos y cerrando sus ojos cansados, se dispuso a dormitar un rato de lado dándole la espalda.

-¿Entonces Abuelo…?, ¿Esto de «La Calva»… no tiene nada que ver con lo de » La Piedra» del otro día…?

-¿Qué piedra Tano…?, le dijo el abuelo abriendo un ojo y temiéndose que el interrogatorio aun no había terminado…

– ! Si Yayo…!, Aquello de la piedra y el hombre tonto que se cae dos veces…?, ¿Por qué no me lo cuentas otra vez…?

El abuelo reprimió un montón de palabras malsonantes relacionadas con la pesadez del niño, se despidió lastimosamente de su posibilidad de descanso, se incorporó de nuevo mirando al cielo como un auténtico «Job» de pueblo y agotado, y se pasó hasta que llegaron al final de trayecto explicándole de nuevo a Tano en medio de interminables preguntas y aclaraciones porqué «El hombre, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra «.

Tano, bueno… Cayetano luego y Don Cayetano ahora, jamás olvidó aquella tarde ni aquellos dos refranes de su abuelo que se troquelaron en su infantil y tierno cerebro de tal manera, que siempre fueron la guía de su vida.

De hecho, desde entonces y durante su adolescencia y mayoría de edad, se habituó a aprender de sus errores cuya información guardaba cuidadosamente en sus neuronas para poner luego una enorme concentración en sus decisiones para evitar repetirlos como hacía el «Hombre gilipolla de la puta piedra» del cuento de su Abuelo.

Cayetano cursó brillantes estudios de comercio y economia
pero una vez finalizados comprendió pronto que las oportunidades, las ocasiones y las suertes, por muy bonita y poblada melena que tuvieran y por mucho que estuviera habituado a detectarlas hábilmente manteniendo un estado de atención permanente en los negocios, no podían agarrarse si no disponía de un capital inicial y así decidió coger su primera y frondosa melena casándose con la deslucida pero hacendosa y fértil hija de un Notario, al que asoció como parte capitalista en sus primeros negocios.

Al principio, la carrera de Cayetano fue lenta, sin embargo, conforme aumentaba su capital, aumentaban sus posibilidades de aprovechar las oportunidades de engrandecerse lo que por otro lado era previsible cuando pensamos que, a las dos máximas de su abuelo que regían su vida, se sumaban una inteligencia despierta y una esmerada preparación.

Don Cayetano sin embargo, no había tenido en cuenta que el factor humano podía modificar su apreciación de las cosas y con la riqueza y los éxitos financieros fue anidando inadvertidamente en él la codicia y una insaciable ansia de poder y superada la cincuentena, llegó a la cima de sus aspiraciones cuando logró hacerse con una de las empresas informáticas más importantes y exitosas del sector de la comunicación y las nuevas tecnologías que estaba implantada en medio mundo, cuando aprovechó una preciosa ocasión que se presentó de manera repentina y que él vio como la rauda diosa romana que subida en su rueda mostraba un bello rostro, la melena rubia y rizada al viento, las alitas batiendo y todo ello bañado en una sutil niebla rojiza que junto su aura carmesí, la hacía mas deseable y atractiva y sin dudarlo, la agarró fuertemente por el pelo para hacerla suya sin la prudencia y la paciencia de la que siempre había hecho gala.

Para Cayetano fue una falta de preparación ser un hombre fiel que jamás había ido de putas. Si lo hubiera hecho, hubiera sabido que la luz y el ambiente rojo en la penumbra de los prostíbulos no es decorativo, sino que refuerza afeites y maquillajes haciendo disimular la vejez y los defectos de la piel de las prostitutas mas avejentadas y ajadas y que aliándose al alcohol y al deseo de sexo y al hambre de cariño de la clientela, podía hacer parecer una princesa a cualquier muchachita fachosa del arroyo.

Así, una vez cazada y a la luz del día, aquella ocasión no fue mas que una estafa, un hábil engaño bien tramado por el dueño anterior que disfrazó su ruina, su fracaso y sus pobres éxitos en investigación e innovación con el aura neblinosa y rojiza de una simple falta momentánea de liquidez financiera fruto de la tremenda expansión y éxito de la misma.

Aquella gran empresa, no era más que una bonita caja de regalo vacía, porque aunque aún mantenía su prestigio, su mejor capital, el humano, es decir los informáticos y los mejores ejecutivos e investigadores inovadores, descuidados por su dueño, habían «volado» a la competencia que supo valorarlos mejor y Don Cayetano, que había comprometido casi todos sus bienes allí, se vio entre la espada y la pared y con el riesgo de perder todo el esfuerzo de su vida por su codicia, no pudiendo siquiera culpar al vendedor.

Lejos de hundirse, el pánico hizo espabilar a Cayetano y recordando otro refrán de su abuelo :»Donde fueres, haz lo que vieres», no dijo ni una palabra negativa, mostró a los medios una sonrisa de triunfo, se compró un flamante Rolls Royce, vendió los bienes que le quedaban y ante la imposibilidad de reflotar aquello, los dedicó a fabricar la mejor y más bella «ocasión romana» para codiciosos, sometiendo a aquella empresa a un profundo lifting, una liposucción, pechos de silicona del 100, tratamientos dérmicos con laser, rejuvenecimiento corporal con células madre y por supuesto los mejores cosméticos, maquilladoras y masajistas de Hollywood y las más bonitas » extensiones» de pelo natural. Le infló la rueda. Rizó sus alitas, y luego, con toda paciencia, se ingresó en una costosa clínica privada tras hacer correr el bulo de sufrir un cruel cáncer de pulmón.

Naturalmente, el «Pringado» oportunista y codicioso, no tardó en aparecer, tragarse el anzuelo, cegarse con la ocasión. quedarse con sus extensiones en la mano y comprarla a un precio obsceno que dejó a Don Cayetano incluso con ganancias.

Pero durante el proceso…, Tano no dejó de pensar en lo de «la piedra» y el hombre y ante la seguridad de que en aquel mundo sin principios tarde o temprano volvería a tropezar, se retiró para nunca mas arriesgar su fortuna a la casa de su ya difunto abuelo en la sierra y dedicó su vida a coger setas por los montes acompañado de su pobre nieto al que inflaba a refranes.

-¿ Sabes Tanín?, le dijo Don Cayetano a su nieto mientras rescogía un hermoso y anaranjado hongo sonriendo, es curioso, pero debes saber que como decía tu bisabuelo: «Cuando una estafa es enorme, ya va tomando un nombre decente…»


ROSA MARÍA JIMÉNEZ MARZAL

Me pediste paciencia cuando tú eres toda impaciencia, serenidad cuando siempre estás nervioso… Me súplicas te ternura cuando eres arisco, templanza ante tu impertinencia…. Me pediste muchas cosas que no solías ofrecer. Pero el amor supera esa diferencia existencial que va más allá de los valores, es una sumisión aceptada y complacida. Y aunque pedías el cielo siendo techado, frescura cuando eras brasa y cuidado cuando eras un descuidado impenitente… Yo fui la brújula de tu destino, el acomodo de tus miedos, el lecho de tus fantasías… Fui la amiga del extraño, el cariño del desapego, la piedad del sin escrúpulos… Y tu te dejaste envolver por las efímeras promesas que yo desprendía, por mi embeleso y mi tesón.
Me pediste amor desde el desamor y yo fui la corriente que cerró la puerta de tu búsqueda sin sentido.
Soy yo, eres tú, somos nosotros…. Y no debí hacerte caso… Segundas partes nunca fueron buenas… Pero me miraste como si no hubiera un mañana y volví a caer.


DEBATAY CHANCLA

Vigo.

El día ha comenzado aburrido, casi asfixiante, monótono como siempre en el bufete. En estos días no he sido capaz de ausentarme unas horas del trabajo hasta hoy. He deambulado por el centro de Vigo buscando una fuente, imagino que lo de la fuente ha sido inconscientemente una excusa para caminar y con esas pisadas alejarme del despacho y tomar algo de distancia con respecto a mi vida. Hace una bonita mañana para ser febrero, pasear por el paseo marítimo es agradable, el viento, y el sonido del mar al romper contras las piedras compone una inquietante y bonita banda sonora para acompañar a mi paseo. El sol produce una agradable sensación de calidez en mi cuerpo y en mí estado de ánimo últimamente tan frío y lacónico.
El marzo pasado fue la primera vez que visité la ciudad. La entrevista que tenía concertada la aproveche para conocer la población. Quedarme un par de días más, pasear por su puerto y sus calles me sirvió para tomar distancia y aclarar ideas.
Todo me atraía de él menos su afición al tabaco. Su apariencia desentonaba completamente entre aquellos muebles de estilo neoclásico y aburrido, ni tan siquiera los cuadros abstractos que colgaban de esas recias paredes distorsionaban tanto las oficinas como su aspecto. Me intrigaba su presencia, un hombre con esa facha no encajaba con sus colegas que allí trabajaban. Naturalmente el resto vestía una envoltura mucho más acorde con aquel lugar, camisas recién planchadas y pantalones de hombres formales. Él único que llevaba camiseta y vaqueros desgastados, su indumentaria sugería la idea de que había recibido una dispensa Papal para ir con aquella indumentaria por el bufete “Mazarrón García & Asociados”. Me juré después de aquella aventura o mejor dicho desventura no volver a fijarme en hombres con ese aspecto, que sólo tendría ojos para chicos con los bajos de los pantalones arreglados. “los hombres que visten pantalones rotos y usan diminutivos como nombre son de los que te harán sufrir” me dijo una vez mi madre con tono de reproche poco después de romper con Edu, y esa vocecita suya aún resonaba en mi cabeza. No sé de dónde pudo la mujer sacar aquella frase tan lapidaria, imagino que la escuchó alguna tarde sentada frente al televisor viendo el diario de Patricia o algún programa similar. Mi madre que sólo había tenido un novio en toda su vida me hablaba del sufrimiento que causan los hombres que visten vaqueros rotos.
Me enamore como el que dice, poco después de bajarme de avión, llevaba allí no mucho más de un par de horas, en una ciudad que no conocía y que me alejaba de aquel despacho y de mi pasado hiriente y aún lacerante. Y es que soy de esas personas que se enamoran de unos ojos, de una voz, de un olor o de unas manos. En fin creo que soy esas personas se les llama algo así como gilipollas.
En esta ocasión era una ciudad pequeña y tranquila, no era como Madrid, y él tenía otro nombre pero diminutivo tambien, Dani .,El edificio era distinto, era nuevo y se encontraba en la zona de más alta de la ciudad. Por lo demás, todo era parecido
Todo empezó como comienza siempre, miradas reiteradas y un tanto descaradas, le daba igual que le sorprendiera, y alguna que otra sonrisa en los pasillos. Ese descaro produjo en mí cierta sensación de clandestinidad y morbo. Cuando estábamos en la misma habitación nuestros ojos se buscaban y en el momento que los detenía en los míos el corazón se me disparaba, y esquivaba su mirada. Sin duda nos atraíamos sexualmente. El día que me ofreció su coche para acompañarme a casa una vocecita muy parecida a la de mi madre me decía que debía negarme a su oferta pero, no lo hice “total qué puede pasar que nos demos una alegría para el cuerpo. No hay nada de malo en eso”. Cuando íbamos de camino me puso la mano en la rodilla -”me muero por besarte”-me dijo, en ese momento paró el coche a un lado de la calle y me dio un beso largo y húmedo. Arrancó el coche y condujo hasta mi casa. Nuestra relación ha sido más o menos clandestina para el resto de la oficina, en el trabajo apenas cruzábamos palabras y en todo intentábamos poner la mayor discreción, al menos yo. Creo que pocas han sido las personas que han sospechado nunca nada. Hace un par de semanas me dijo que dejaba el trabajo, se marchaba a Londres, me explico que allí vivía su novia y que iba a intentar reconducir su situación y su vida.
Quién me iba a decir que seis meses más tarde de mi llegada a Vigo iba tener que estar dando la razón otra vez a mi madre.


ANITA CABRITA

Ella se limpió el sudor de la frente con una toalla y suspiró con fuerza mientras se quedaba absorta observando sus zapatillas. Llenó sus pulmones y arrancó los lastres de sus escuálidos tobillos. Ya habían vuelto a dejarle marcas…

Se puso en pie y apartó la alfombrilla para apoyar la espalda contra la pared. Le costaba recuperar el aliento y el ritmo normal de su corazón.

Había vuelto a las andadas, bien lo sabía…
Ella se flagelaba del modo que más le dolía, con interminables sesiones de ejercicio, con privación de alimento, sueño… De compañía humana y de la luz del sol. Dolor por dolor. Hasta que alguien la encontrara desmayada o su mente volviera a romperse como una fina capa de hielo. Hielo, negrura y dolor. Las tres piedras con las que llevaba dos décadas tropezando…


FUEN CALDERÓN ROMEO

Perdoné lo imperdonable por miedo a perderte. Porque siempre decías que para ti todos éramos iguales. Y aún sabiendo que no era cierto yo quería creerte. Y una y otra vez me convertí en el saco donde descargaba sus frustraciones. Pero ya no. Porque para ti he sido la hija invisible, una de ellas, la que siempre estuvo ahí pero que tú no veías. La que ha sufrido lo indecible y siempre tenía una sonrisa para que no sufrieras, tú que calmabas y justificabas otros infiernos pero eras ciego para el mío a pesar de conocerlo. Pero hasta aquí llega mi camino. Porque hay hijos con clase que están sin esperar y clases de hijos y tú has elegido, en realidad lo hiciste hace mucho tiempo. Me alejo porque no soporto más las piedras de un camino que no es el mío y que terminan cayéndome en forma de reproches como si fuera la responsable de decisiones que no son mías. Ya he sufrido bastante sabiendo que, tarde o temprano, terminaría perdiéndote si no era yo la que cedía ante sus desprecios. Quizás a partir de ahora veas la hija que no quisiste ver. O quizás no. Pero ahora me necesito.


TE GUSTA

La confusión te invade
Te sientes como río sin agua
reloj sin agujas
niño sin alma
brisa sin aire
Un cuerpo sin nada
Solo un cuerpo
Como si algo te faltara
De tu casa al trabajo
Del trabajo a casa
Llegas allí
Enciendes la tele
Buscando la calma
Tu mente diciéndote
Descansa.
Hay más mañana.

El vacío sigue
antes de destapar la cama
piensas en tus vacaciones
En no hacer nada
Eso es vida
Mientras, trabajas
Vives en el mañana
A tu mente le gusta el futuro
el dolor
y disfruta rompiendo la calma
Tu interior se adolece
Una parte que no habla
Se expresa
aunque sin palabras.

Notas esa ausencia que te desgarra
La intentas llenar de cosas varias
consumo, consumo y consumo
Después vuelves a la cama
Allí te preguntas
¿ Por que nada cambia?
Mañana lo mismo
Que sensación tan extraña.

Duermes
el vacío desaparece
Despiertas por la alarma
La tragedia no acaba
Maldices el sonido
Vuelve a tu carcel
Pocos se escapan
El precio de la nomalidad
Nadie hace nada
Todos intentan ser diferentes
Haciendo las mismas patochadas
Ropa, tele, alcohol, drogas, sexo, éxito, dinero.
Nada cambia.

El vacío sigue, el ego pide
ya no se ama
Te piden que lo hagas
Pero nadie ama
Quedas atrapado
En un bucle eterno
El camino de la rata
Vueltas, vueltas y vueltas
El vacío sigue
Es por no hacer lo que amas
Dejaste de ser niño
Y acatas las normas enseñadas.


ALBERTINA GALIANO

De cómo el patito feo aprendió a volar sobre las piedras, y dejó de tropezar.

La primera mañana el patito se esmeró en ir tras sus hermanos donde guiaba mamá pata.
Todos se zambulleron en el agua, y con soltura comenzaron a nadar.
A él le costó un triunfo salir a la superficie.
Mientras los demás seguían airosos la estela de la mamá, él no acertaba a mover coordinadamente alas y patas, y se iba demorando cada vez más.
A la mamá, paciente, se le escapó un chasquido de lengua y una mirada al cielo.
A media mañana el patito, agotado, alcanzó la orilla y se puso a llorar desconsolado.
Después de un rato, el piar de los pájaros a su alrededor le distrajo, y se extasió mirándoles…
Al día siguiente la mamá les levantó a la misma hora, pero patito se retrasó tanto que ya los demás se habían ido… Volvió a llorar su desventura, lamentándose por su torpeza.
Recordó las aves del día anterior y se le ocurrió dibujarlas. Así paso el resto de la mañana, entretenido.
El tercer día mamá pata le preguntó si vendría al lago y él prefirió quedarse en casa, porque quería escribir un cuento que hablara de lo que había visto, y de lo que sentía…

De pronto una mañana notó que la mesa de trabajo le quedaba pequeña, y se sorprendió.
Se acercó al espejo para mirarse en él, y descubrió las maravillosas alas, que antes no estaban allí.
Eran unas alas sorprendentes y soberbias, hechas de plumas estilográficas.
Y le permitían volar por encima de lo superficial.


TALI ROSU

La esquina de la mesa

—¿Te has vuelto a tropezar? —le pregunté a Tania esperando la misma respuesta que me daba cada semana. 
— Sí, tal vez debería cambiar de sitio esa mesa. —respondió ella apartando la mirada.
—¿Y si mejor denuncias a la mesa y la sacas de tu casa? —concluí mientras la abrazaba y ella rompía en un mar de lágrimas incontrolables.


FLAVIO MURACA

El otro día me tope con Julio Iglesias en un restaurant, entonces me acerque hasta él y le pregunte:
Julio, ¿Como haces en el amor para no tropezar con la misma piedra?
A lo que el me contesto con una mueca cínica:
Muchacho yo he caído tantas veces que hasta le escribí una canción para recordármelo siempre.


PECERA CON PEZ

Algunos dirán que me buscas como excusa a tus problemas. Tú simplemente me darás a mí toda la culpa. Sí, puede que tenga la manía de posicionarme siempre en el mismo sitio pero que te puedo decir. Es mi condición de ser inerte la que me posiciona en tu camino. No puedo moverme. A veces me concentro con todas mis fuerzas para ver si eso me desplaza aunque sea solo unos milímetros y poderte ahorrar algo de sufrimiento. Pero nada surte efecto, yo no me muevo. ¿Por qué no lo haces tú? Te veo venir otra vez. Algunas veces vienes preocupada, hoy te veo distraída. Siempre vuelves por el mismo camino. «¿Es que no me ves?» Te intento gritar. Todo esfuerzo es en vano.

Me preparo para el impacto. Me duele ver tu decepción. Aunque sé que en el fondo tú también me has tomado cariño.


MARÍA DAVID

Tropezar con la misma piedra, con la misma mierda, sin ni siquiera ocurrirte que hagas el mismo error desde siempre.
¡No confundas bondad con idiotez! Has ayudado, a tanta gente, una vez, dos veces, infinitas veces y esa misma gente que has ayudado, ahora te da la espalda. Para ellos, ¡ya no existes! Estás en la calle, en un rincón frío y solitario, rodeado de cartones y de miradas indiferentes que pasan a tu lado sin reconocerte. Tú cuerpo huele a vejez, a ese olor molesto y podrido que ni con un buen Channel-de esos que antes utilizabas al diario- podría quitártelo de encima.
¡Mira tú ropa! Tan sucia y mugrienta… ¡Eso,sí! Un Armani, pero anticuado, sucio y de olor desagradable. ¿Alguna vez, pensaste que llegarías así? ¡Ya es tarde, querido mío! Eres solo un solitario vagabundo. Nadie te rescatará; ni siquiera los que una vez ayudaste y te adulaban más que a un rey. Defendías a los ricos con fervor; disfrutabas de la buena comida y vestías solo ropa de buena calidad; dormías entre sábanas egipcias y deleitabas tu lengua con vinos perfumados. Despreciabas mucho a los pobres, tanto que te daban asco.
Y, ¡aquí estás! Perdido, abandonado en la calle, saboreando lo que a ti una vez te daba asco: la pobreza.


CARLOS COSTA

REVOLCARSE EN LA PIEDRA POR LA GRACIA DE DIOS.

A mí no me gusta tropezar con la misma piedra.

Es insufrible.

Tanto para mí, como para la piedra.

A mí me gusta arrastrarme junto a ella, revolcarme con ella, escupirla, besarla, abrazarla, manosearla.

A esa piedra también le gusta todo esto que le hago.

A mí me gusta lanzar piedras contra los muros, tales como el de Berlín o el que quiere construir el Trump ese de los cojones.

A mí no me gusta tirar la primera piedra, porque no estoy libre de pecado ni quiero estarlo.

Mi casa del campo está construida con piedras. Hermosas. Al estilo antiguo. Y cuando las miro, lloro. Me recuerdan a mis abuelos.

Yo con las piedras sé hacer masajes.

También sé pintar corazones cutres.

También me doy chocazos contra ellas,

Me sirven de fusta.

Yo no tropiezo con ninguna piedra,

Si acaso

Ella tropieza conmigo.

¿Qué hacía ahí?

¿Casualidad o destino?

También sé de piedras en los riñones

Que joden mucho.

Pero las que más pesan son las piedras en el corazón.

Como ese vecino mío que nunca sonríe

Y es un hijo puta

Pero que no tiene ninguna culpa

Porque le pesa la misma vida esa carga.

Sísifo es el padre de las piedras.

De la carga y del castigo.

A veces las piedras también me sirven como castigo inútil y repetitivo.

Cíclico.

Como las personas.

Yo no sé si yo soy tu piedra o tú

Tal vez

Eres la mía.

Pero sé que disfrutamos mucho tropezando

Jugando

Como niños.

Excepto cuando nos la tiramos a la frente y sangramos

O tropezamos con demasiado estruendo y tenemos las rodillas destrozadas por la caída.

No lo sé.

También sé que me enterrarán con una piedra presidiendo todo el cotarro. Con un epitafio que diga:

Aquí yace el gran “tropezador”.

Sí, yo deseo tropezar en tu piedra

Que me restriegues tu piedra

Que me atragantes con ella

Que nuestros hijos hagan figuritas de nosotros con nuestras piedras

Que me saques con los dientes

La que tengo instalada desde tu huida en el pecho.

Voy a tirarte una piedra a la ventana esta noche.

Para despertarte.

Para jugar.

Para retarnos

Como si fuésemos los campeones del mundo en el tropiezo.

Joder, Dios,

Ayúdame a tropezar

Porque así sé dónde está el suelo

y que

Realmente

No está lejos del cielo.


VALERIA MICHOU

Él se había ido, pero la lluvia seguía cayendo, resbalando por sus mejillas, amontonándosele en las pestañas, respiraba pausada y profundamente, tenía demasiado frío para dejarte llevar por la tristeza, sus dientes repiqueteaban y su quijada barajaba las tensiones entre las sienes y el cuello. Intentó abrazarse pero sus brazos no la sostuvieron. Y mientras el agua inundaba las capas de tejido y junto con el viento arañaba la piel rasgándola, hiriéndola, cayó de rodillas al barro, y derritiéndose, se fue con la corriente.
El único rastro que quedó de ella, era la piedra negra con la que él, había tropezado, en su regreso.
La que suavemente, tomó con ambas manos, hundió en su pecho tierra, dónde ella debió decidir entre, quedarse hecha piedra, pudrirse o crecer.
Así fue que tras un instante ínfimo de quietud y silencio, que respiró, comenzó a desperezarse lentamente y verde blanda creció hasta ser infinita.
Creció casi tímida pero constante, hasta que las raíces que los unían fueron fuertes, y cuando abrió los ojos, su piel floreció amándolo, por segunda vez.


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14 comentarios en “Tropezar en la misma piedra”

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