¿Qué habrá sido de Alejandro?

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir con el tema “¿qué habrá sido de Alejandro?”. Estos son los relatos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves día 28 de febrero! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

*Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor/a) y no han pasado procesos de corrección. 

SAMARA JAPÓN SALVAT

Ella se desmaquillaba ante el espejo mientras repasaba mentalmente la dureza de lo acontecido,sus lágrimas caían manchadas de rímel embadurnando todo su rostro,hacía 6 años que no veía a su familia y se moría de ganas por abrazar a su padre en su 70 cumpleaños;
-¿Donde está Alex?
-Estoy aquí padre, frente a ti, ¿es que no me ves?.
-¿Que dice señora?¿quien es usted?¿sabe dónde está mi hijo?- respondió confundido el padre senil de Alex.
La madre se sentó junto a su marido y apretando su mano temblorosa le dijo muy bajito,casi susurrante;
-Vamos Diego ya lo hemos hablado muchas veces, intenta hacer memoria, Alex ya no es como lo recordabas…
– No mamá…tranquila, puedes decirle que soy una vecina o la esposa de Alex, no podemos hacerle pasar por lo mismo una y otra vez- susurró Alex a su madre con los ojos húmedos y la mirada al suelo.
Alex fue a por su bolso y su abrigo y se despidió
– Ha sido un placer señor, siento que Alex no haya podido acompañarme, tiene mucho trabajo, me dió este regalo para usted.
Y dio un fuerte abrazo a su padre junto a un sollozo y un par de lágrimas que no pudo contener y limpió con disimulo, y relatando mentalmente «estoy tras estos pechos padres, tras esta vagina, tras este hermoso cuerpo, estoy aquí padre, sigo siendo tu hijo, solo que ahora soy quien quiero»


LOLA CREMADES

Y cuando mis raíces,creía que habían muerto,cuando llegaron tan hondo..que creí sentir el infierno en mis pies,cuando sentí que tiraban de mi hacia abajo
Cuando comprendí que me ahogaba… llegó la lluvia, que mojando mi cara.. me hizo reaccionar, no sabía dónde estaba,no sabía volver, no sabía que me había pasado,que especie de maldición había entrado en mi..
No podía ,ni quería vivir sin recordar.
Pero sé que en mis recuerdos,había golpes,gritos,llantos de niños…no, no quería recordar..
Y cuando habría los hojos,lo vi allí sonriendo,con malicia..era el.!.!!que horror.!!.Alejandro.!!


SOLU SANSONE

Dónde estás Alejandro? Cada día que no sé de vos se me desgarra un pedacito más del alma. A veces te imagino persiguiendo sueños, escalando alguna montaña en algún lugar rincóndito. O en alguna playa caminando ligeramente, sintiendo la frescura de la arena mientras tu pies desnudos se mojan un poco sin querer, un poco queriendo, caminado tu rumbo, sintiéndote vivo.
Donde estás? Cuándo estás? Con quién? Sentís aún? Y si sentís, cuál es la gama de emociones que te atraviesa? Sos feliz? Extrañas? Te estás llenando de historias para contar?
Intento aferrarme a los recuerdo que aún quedan para que no se lo lleve la marea que me inunda por dentro. Intento recordar a la perfección cada rasgo de tu cara. Tus ojos penetrantes, tu mirada firme pero dulce a la vez, las pequeñas arrugas que contornean tus ojos cuando te reís. Cada uno de tus lunares. La forma que tu pelo se mueve con el viento. Intento. Pero el paso de tiempo me roba, me arranca un detalle a la vez. Temo, cuanto temo, que una día no me quede nada. Ni un recuerdo, ni una facción, ni una arruguita de tus ojos. Y me esfuerzo más, intento con más ganas armarte de fragmentos, evitar que no me quede nada.
Y pasa la vida, y la vida sigue, y el mundo sigue, sigue girando aunque no tenga ganas. Aunque intente frenarlo y detener el tiempo, por si acaso, por si las dudas estés a la vuelta de la esquina por llegar a casa. Y siempre, la siempre posible posibilidad es la ilusión que me mantiene. Tambaleante, a veces agonizante, pero me mantiene.
E imagino qué sería lo primero que habría de contarte, repaso historias, las engrandezco, las lleno de detalles pintorescos, las actualizo según la vida va pasando y el mundo sigue girando. E imagino también, que lo primero que habría no sería palabra, sino un sentir, sentir cada uno de los recovecos de tu cuerpo al que abrazaría y del que no me volvería a soltar jamás.
A veces te sueño, sueño esa escena, ese encuentro. Esos sueños tan vívidos en los que me despierto aún sintiéndote. En la transición hacia la vigilia pienso que casi te alcanzo, y mientras tanto se me desgarra otro pedacito de alma.
En la absurda e incomprensible verdad de saberte desaparecido, ni muerto ni vivo, te pienso eterno. Y camino así un círculo sin fin, un espiral que no lleva a ningún lugar, pero que deja abierta la siempre posible posibilidad que me mantiene. Tambaleante, muchas veces agonizante, pero que me mantiene en pie mientras me quede aún algún pedacito de alma.


DAVID DURA MARÍN

No importa si hay cielo o un lazo adornado
No importa las cosas que están por decir
vivir el momento seas carne o pescado
tener un amigo cerca de ti..

No importa los gestos de un día perdonado
saber ciertas cosas de un mundo con fin
no importan los besos de un amor robado
importa la mano que ayuda a seguir .

Importa un consejo tapando una guerra,
importa una madre con su hijo feliz,
tener un de todo no sirve de mucho
en una sonrisa se puede vivir….

No importa una caries vestida de sarro
No importa un atasco si no has de venir
Importa Alejandro , o no, la duda está ahí….


ALEXANDER WEISHAUPT

-¿Que habrá sido de Alejandro? Se preguntaba la voz “B” en su cabeza. –Shh silencio, no digas su nombre en voz alta –Reaccionaba la voz “C”- ¿No recuerdas que lo matamos? ¿No recuerdas sus gritos de dolor cuando le arrancamos la piel? ¿Sus suplicas y disculpas cuando uno por uno le íbamos arrancando los dedos?- No les gustaba pensar en eso, a ninguno de los dos, pero cada una por su razón. Para “B” el recuerdo de Alejandro le estremecía la piel, nunca lo quiso realmente, pero sentía pena por su destino. “B” era más compasivo y aun cuando entendía la gravedad de los errores de Alejandro, sentía pena por su destino. Para “C” en cambio, le resultaba repulsivo hablar de ese inmundo ser llamado Alejandro. Siempre lo odió y boicoteaba cualquier intento de felicidad que este pudiera tener. Fue su idea hacerlo desaparecer y “C” siempre había controlado a “B”, al que ninguno de los dos podía controlar era a Alejandro. Por eso había que quitarle el control.

Eliminarlo fue simple. Lo llevaron engañado a un día de paseo en las montañas y cuando estaban lo suficientemente lejos de la civilización lo empezaron a torturar. Alejandro de inmediato entendió lo que sucedía pero “B” y “C” ya habían tomado el control. Con un cuchillo carnicero le empezaron a sacar lonjas de piel de su pierna mientras este gritaba de dolor. Luego empezaron con los dedos de la mano izquierda. -¿Recuerdas como gritaba ese pobre niño? –Decía “C” mientras “B” los contemplaba en silencio, expectante- ¿Recuerdas como disfrutabas el verlo sollozar mientras te pedía que dejaras de golpearlo?- Cortó un dedo mientras Alejandro suplicaba que parecen- ¿Recuerdas Como hiciste que yo me hiciera amigo de sus padres para que no sospecharan de ti? –Cortó otro dedo mientras -¿Recuerdas como obligaste a “B” a urgir un plan macabro para poder secuestrarlo, sabiendo que él no estaba de acuerdo?- Cortó el tercer dedo mientras Alejandro empezaba a perder el conocimiento -¿Recuerdas como fantaseabas con asesinar niños mientras te hacías el gentil y buen hombre con todas las personas que conocías? ¿Recuerdas cuándo no podías vivir contigo y tuviste que buscarnos para no sentirte una mala persona? –Cortó el cuarto dedo y Alejandro perdió el conocimiento.

Al despertar, solo estaban “B” y “C”. Alejandro había muerto y ellos al fin estaban libres. Tuvieron que empezar a vivir ahí para que no los encontraran. Pasaron 2 meses sobreviviendo en aquellas montañas cuando “C” visibiliza a lo lejos un coche policial. -¡Nos atraparon, nos encarcelara y todo es culpa tuya y de Alejandro!- ¡Silencio! –Replico “B”- Yo me encargo de esto, te puedes ir también, no te necesito a ti tampoco.
Cuando Llegó el coche policial a donde estaban, bajaron dos oficiales y vieron una rústica vivienda hecha con materiales del lugar. Ahí dentro vieron a un hombre en cuclillas diciendo –No hay problema, Alejandro está muerto, ya todo está arreglado- mientras miraba el piso y su mirada parecía perdida. Este hombre tenía horribles heridas en las piernas y una mano izquierda con solo el dedo pulgar. –Lo encontramos- dijo el oficial por radio –Este hombre coincide con la descripción del sospechoso llamado Alejandro- informaba mientras tomaba al hombre y lo encarcelaba mientras este se retorcía y gritaba histérico – ¡Alejandro está muerto!


DIL DARAH

Donde los buitres
A Alejandro, con todo mi amor de colega

-De no ser así, no sería Alejandro, hija mia de mi vida, ahora vete a freír espárragos.

-Que te digo que esto no huele bien y que tiene a todas engañadas.

– Deja que corra el aire Mari Pili, he de esperar a Pedro que ya mismo cae. Y no te ocupes tanto con el otro , que su cabeza jamás cambiará- ahuyentó Adelina cuatro moscas con el paño de cocina y se metió en casa, de vuelta como quien ha de hacer mucho .

Almudena marchó cabizbaja detrás del paño , no le iba bien el día , que sí , que no. Primero la misa y ahora el lunes sagrado.

Las vacas traían del prado a Choia, que metia ya su hígado dentro de una petaca de aluminio y la amasaba entre penas del ayer. La montaña de los buitres crecía delante del sol , atravesándole el alma y María del Carmen agasajaba al tabernero mientras el hombre les sacaba brillo a las mesas con tintura de silencio vitalicio.

-Echa un cacharro con nosotros- soltó Alejandro una mano por debajo de las sombras y enganchó los miedos de Almudena por el dedo menique, de tal manera que le sacó un susto al Juan, dormido sobre el banco de la plaza.

-Que me dejes pirao, me ca…pa cuatro que tenemos dos están tontos, madre de nuestras almas, tú.

-Ta´ tensa- descaró Alejandro las mandíbulas poco afeitadas, rascándose el verano de la entrepierna.
Los cuatro comensales de póker rieron por lo bajín : no vaya a ser que doña tabernera se moleste.

Almudena sacudió su rabia del delantal hasta que se le hizo tarde por el camino. Se perdió entre palas de viento en las faldas del pueblo, a guardarse dentro de una casa falta de dos tejas. Pronto se escucharón sólo los latidos de su alma, los cochinillos de Álvaro y las arcadas de Choia, que no pararía de darle al ron, hasta que lo reclamarían el sol y los pastos.

La vida pasaba por allí del revés y se iba por donde venía.

Al día siguiente Alejandro visitó al cura. Don Manolo necesitaba un consejo para amansar a la mujer, loca de celos, pero perdida, por ello don Manolo no puede salir a apalabrarlo, no vaya a ser que la doña piense que está de dalé mambo.

Padre Antxon dejó de reír a eso de las cuatro menos jueves y apoyó las manos al regazo.

-Y tú qué?- se le quedó mirando los hitos- qué hiciste el sábado?

– Ná, un poco de todo Padre y nada de provecho. Pero me enteré de que a la Amelia Olmo, le viene a buscar un cariño de hace veinticuatro años. Feliz viuda que llegará ella a misa esta semana.

Las risas sonaron a ochenta y cuatro bronquitis crónicas esta vez:

-Ve Alejandro hijo, ve- le alejó Padre Antxon como a un escarabajo del todopoderoso- deja de hablar tonterias y ve a hacer algo útil. Y dile a Manolito que me mande a la Isabela, hay cura hasta para tonteria.

Almudena, sin animo de confesión, deslizaba los pies por las placas de gres que revestían la entrada a la iglesia. Ándale uno , ándale dos, ándale cuatrocientos veinte :

-Alejandro?

-Que no Almudena, que no fui yo. Te dije ya como se manifiesta el espíritu en mí, que no tengo alubia desde que nací hija, deja de darle a la cabeza.Yo soy el tonto del pueblo, huerfano de mente y de otras. Que te digo que te confundes.

-Que yo sé que sentí , no te rías de mí Alejandro. Sé por qué lo haces, porque sino no tendrías vida por el pueblo, pero a mí no has de mentirme.

– Almudena, esto es ridículo , quieres dejarme la manga en paz?

-Almudena??

– Perdóname Padre que he pecado.
-Dime, hija, Almudena.
– Que tuve sueños raros padre y que no sé cómo ganar noche en la cama ya. Que yo rezo y ayuno de todo, pero que he visto a un hombre saltando por la ventana sobre mí, hace semana ya y que tenía la cara de Alejandro y, padre, todo el pueblo sabe que él no tiene alubia porque ha nacido así, pero si es verdad eso, cómo me tuvo toda la noche echa una Magdalena? Y sabes que no soy la única a la que le ha pasado, que todas las mujeres del pueblo han tenido la misma pesadilla una u otra vez.

-Ha dejado señales hija?

-No Padre, no más que los señales de mi alma pecadora.

-Pues de esos nos encargamos el domingo a primera hora hija. Ale, ve a hacer algo útil con las demás.

-Alejandro deja de escribir y ven acá.
Ve a pedirle a Manolito unos calabacines hijo, que hay que comer puré sano antes de la misa .


ANITA CABRITA

Hoy me han contado que Alejandro atesoraba grandes valores. Mientras parpaban, cavilaba yo en el valor de mercado, en el precio de la cesta de la compra y hasta en la balanza de pagos.

Parece ser que exhalar mi humo y dar mi trago me hizo merecedor de un golpecito en el brazo, de los que te devuelven a la realidad; aunque bien finjas genuino interés…

Hay personas que necesitan que fijes tus pupilas bien abiertas en las suyas, porque su mierda de conversación es como un secreto de estado; nadie puede hacer otra cosa que fruncir el ceño o entornar los ojos. Te juegas su absurda amistad.

Siguen preocupadísimos por el tal Alejandro. Pienso en sosias y nombres falsos y me río por dentro. La del golpecito aún no ha ido a visitar a su padre al hospital; relación complicada, arguye. El que está frente a mí come pipas casi sin pelarlas, absorto en la conversación de la primera. La tercera, mira el WhatsApp con desesperación; no creo que preocupada por Alejandro. El panorama me invita a la carcajada, pero me contengo.

No sé quién es Alejandro ni me importa, pero empiezo a entender ciertas razones. Alguna posible confusión. Puede que hartazgo. O ganas de estrellar alguna botella en alguna cabeza de chorlito.

No soy un santo. Mis pensamientos se cuestionarían con previos redobles de tambor si se expusieran a la luz pública. Pero aún atesoro algo de honestidad. Y si Alejandro me da igual, lo digo. Así lo siento. Y creo que él también puede que lo sea.


MARÍA CRUZ ESTEVAN APARICIO

Víctor deseaba un heredero, pero los médicos no sabían explicarle por qué su mujer no quedaba en cinta…
Aquella noche, después de dar muchos pasos al suelo del hogar, Víctor salió de casa en busca de mujer.
Su meta era ser padre.
A su vuelta a casa, Víctor se encontró a su mujer ardiente por entregar le su amor… La delicada figura de su amada esposa le llevó a cumplir con el deber de depositar e ella su semilla.
Nueve meses después, el sueño de Víctor se hizo realidad: su hijo nació…
Pero con el primer llanto del niño se oyeron en la puerta de la casa unos golpes. Víctor abrió
 la puerta y halló en el suelo del portal una caja de cartón. Dentro de ella, envuelto en ropa de hilo, un precioso niño…
De rodillas en la alcoba, Víctor confesó a la que acababa de dar a luz que los pequeños son hermanastros, que se engendraron la misma noche y habían nacido el mismo día..
La fragilidad de la mujer entendió el porqué del porqué…, así que aceptó criar a aquel que, sin ser su hijo, es medio hermano del suyo, ahora bien, con la condición de que el hijo de ambos se llame Víctor, y el otro, Alejandro.
Los recién nacidos tenían el pelo azabachado y eran guapos como el padre… Pero con el paso del tiempo se vio que uno de ellos tenía poca salud, mientras que el otro era brillante en saberes y fuerte como un roble.
Los años pasaron y Víctor se queda en casa con sus padres. Mientras Alejandro, competía en el mundo con los grandes. Con sus ideas sorprendentes y con su valentía conseguía proyectos novedosos.
Un día, el cáncer se presentó en el cuerpo frágil de Víctor hijo… Los médicos abrieron sus abanicos de búsqueda y encontraron un donante para ayudarle.
El correr de los días hizo el milagro y Víctor se estaba recuperando de la enfermedad.
En la primera hoja del periódico del hospital, leyó: “El donante de Víctor tiene el pelo negro, es guapo y como persona es inmejorable…”.
Los padres, al leer la noticia con los ojos llenos de lágrimas, se preguntaron: “¿Qué habrá sido de Alejandro?”.


ROSA MARÍA JIMÉNEZ MARZAL

En una ciudad de provincias donde todos nos conocíamos la llegada de Alejandro nos lleno de expectativas. Un joven universitario, con una vida acomodada, atractivo y deportista.
Todas se arremolinaron exultantes y atrevidas para ser beneficiadas con su atención y sus favores en los bailes del fin de semana.
Alejandro se sintió agasajado en exceso y se podía permitir el rechazar y hacerse el olvidadizo.
Yo conseguí acceder a él una tarde que parecía más reflexivo. Fue mi paño de lágrimas y el abanico de mis risas… Logró sacar de mi la amargura de un pasado lleno de malos tratos y la certeza de un futuro feliz.
Alejandro nos dedicaba su tiempo, sus atenciones y era un buen bailarín, un perfecto conversador.
Animada Le pedí amistad por el Facebook, una forma moderna de conocernos y estar presentes desde lejos. Accedió a ello y me alegre aunque no ignoraba que no era la única persona que gozaba de su favor.
Pero llegó mi cumpleaños y cuando el móvil se llenaba de felicitaciones y roneos… El no estaba allí.
Que Le pasa a Alejandro? Al siguiente baile en la Sociedad me atreví a comentar su ausencia. Él, frío y distante me dijo que se había quitado el Facebook porque Le distraia de sus estudios y sus padres tenían miedo de a quien podía conocer por ese medio.
Inverosímil y absurda excusa que acepté porque no dudaba de su integridad.
Ese comezón me impedía tener tranquilidad y me acerque a Isabel, mi amiga de tardes interminables de domingos viendo la TV. La conversación rápidamente recayó sobre el y su cierre del Facebook.
Cerrarlo? Me dijo riendo. Si Le he pedido amistad antes de venir y me ha aceptado. El suelo se abrió bajo mis pies, me había mentido, era a mi a quien cerró sus puertas, es a mi a quien rechazó.
Era necesario usar la mentira? Me creía una estúpida, me infravaloro… Lo que se habrá reído de esta pobre provinciana, sin posibles y que tuvo la inocencia de contarle el pasado que arrastraba!!
Que Le ha pasado a Alejandro?
Ahora está sin que yo lo sienta, lo oigo sin escucharlo, lo miro sin ver… La mentira en todas sus variantes… La hipócrita , la piadosa, la bienintencionada, la increíble, la fábulada, la del que se lacree, la del que se la inventa, la del que finge… La mentira es un portazo.
Alejandro me dio una bofetada de realidad al cerrar la puerta a las confidencias que Le confese. Pisoteo mi baja autoestima, hurgo en la herida del abandono, se recreo en mi timidez, en mis lágrimas…
Isabel, que ha sido de Alejandro?
No lo sé… Quizás debas preguntar a José Enrique. 


DEBATAY CHANCLA

“EL SANDALIAS”
Es una noche calurosa, tal vez demasiado calurosa pero, estamos en julio y es normal que haga calor. El pueblo celebra las fiestas en honor a Santa Ana. Gloria lleva su vestido blanco de tirantes y falda con vuelo que su madre le ha confeccionado para la ocasión, le gusta ese vestido con los bolsillos ocultos abiertos en las costuras, en ellos puede guardar sus manos cuando con los nervios le sudan y no sabe qué hacer con ellas. Siempre espera a que sea Alejandro el primero que acerque sus dedos a los suyos y los enlace.
La multitud clava su mirada en el cielo, los fuegos artificiales crepitan sobre sus cabezas. El olor a pólvora les acompaña en su paseo mientras cruzan miradas cómplices con otras parejas. La musiquilla del tío vivo los conduce hasta el final de la calle, donde un par de perros callejeros aúllan al cielo, allí se dan el primer beso, ya no hay farolas que aclaren sus rostros, el asfalto termina ante un campo de dorado cereal. Es un beso suave y dulce, muy dulce. Los labios ligeramente abiertos para que sus lenguas se rocen suavemente. Gloria se siente flotar y una extraña energía recorre todo su cuerpo mientras, Alejandro repite suavemente su nombre. la mano de él baja lentamente hasta alcanzar en interior de su falda tocando sus muslos. La excitación ha ido creciendo al igual que la intensidad de sus besos. Los dedos de Alejandro palpan el sexo de Gloria y ella siente por primera vez experimentar su primer orgasmo.
Alejandro llegó al pueblo a últimos de junio para pasar unas semanas, se convirtieron casi en par de meses. Eran pocos, muy pocos los del pueblo que se acordaban de aquel niño que con apenas doce años se marchó a estudiar a un colegio de frailes. Todos creían que terminaría sus estudios en el seminario y que acabaría su vida de misionero en algún lugar perdido de África.
Por esa época lleva su pelo rubio recogido con una coleta, viste vaqueros descoloridos y desgastados, a veces incluso rotos. Las camisetas que usa son un tanto andrajosas. Y siempre usa sandalias. Por aquí nunca habíamos visto que los chicos después de la comunión llevasen sandalias. Algunos jóvenes del pueblo así lo llaman en un tono algo despectivo “el sandalias”.
Pocos días, dos o tres, no más hace que llegó al pueblo, a la casa que fue de sus abuelos primero, y luego de su padre. Años, casi una década cuelga de lo alto del balcón el cartel de se vende.
Ese verano fue el último que lo vi por el pueblo. A veces me lo imagino con su pelo rubio y su coleta regentando una pastelería en París, por Montmartre. Las más ricas y dulces de las tartas del mundo. No sé qué habrá sido de él. Tampoco sé si él se acordará alguna vez de aquella niñata tonta que fui. Yo de él siempre me acuerdo cuando como tartas.


YURIMIA BOSCAN

Parto prematuro. Infancia institucional. Calle como hogar. “Yerro” de rutina. Hambre cotidiana. Códigos de vida y de muerte…
Alejandro sabía que no tenía nada que perder. Llevaba 19 años sumido en el arrebato de la supervivencia, librando sus propias batallas entre el bien y el mal. Aquella lucha interminable que había comenzado cuando apenas era un punto palpitante en el vientre de 14 años de una madre que nunca conoció. Fue encontrado en un basurero. Desde entonces, siempre había alguien que le recordaba que aquello había sido un milagro…
Apretó el gatillo.
Miró su vida como quien mira una revista y se reconoce en las fotografías ¿En verdad era un milagro?
En sus adentros, volvió a oír la voz que le ordenaba levantarse cada noche de la sórdida cama de sus diez años para llevarlo al baño.
Dos, tres, cuatro detonaciones.
Gracias a Dios había llegado a tiempo. Liberó al niño y lo vio correr a salvo.
Parte de él iba en ese cuerpo violentado, dibujado el horror en las lágrimas de sus ojos: La historia sin rostro que se mordía a sí misma y lo hacía ganar de nuevo. La sangre era testigo.
Había dado su vida a cambio de otra…
Años después, un hombre miraba a lo lejos aquel lugar que creía olvidado para siempre… En su mente, una pregunta martillaba una y otra vez…¿qué habrá sido de Alejandro?


EMILIANO HEREDIA

(ÚLTIMA ESCENA DEL ÚLTIMO ACTO DE UNA HISTORIA CON PRINCIO EVIDENTE,
TIEMPO ACTUAL ANODINO Y FINAL IMPREVISIBLE)

REPARTO

Doña Severa: Angustias del Sacrificio
Rosa: María del Sagrado Suplicio.

ACTO III
ESCENA TERCERA

Se abre el telón.
Aparece un decorado de fondo, con rico mobiliario. Un enorme y aparatoso mueble de salón, color caoba, oscuro, tenebroso. Con las cinco baldas centrales combadas por el peso de la enciclopedia A-Z, una colección de últimas obras de un autor nunca leído, y las tres últimas, un batiburrillo de tamaños y temas de libros cogiendo polvo. Delante de todos ellos, una colección variopinta de marcos de múltiples formas, tamaños, colores y acabados abarcando una memoria gráfica de la historia familiar. Flanqueando tal mamometro, dos vitrinas repletas, una, de vajilla de diferente calidad y precio, y la otra, de cristalería variopinta con juegos incompletos.
En el centro de la sala, una enorme y pesada mesa de roble, para doce comensales, pero dispuesta para dos personas. Con un rico y labrado candelabro de plata de cuatro brazos, y un pequeño centro de mesa, adornado con azaleas.
Aparece en escena, Doña Severa.
Mujer cincuentona, talluda, tirando más para los sesenta que cercana a los cincuenta. Arrugada como leño, con el pelo entre cano-rubio, recogido con rodete; viste traje negro de chaqueta, de lana, con la falda por debajo de las rodillas, con zapatos de solapa ancha, de medio tacón. Jersey de punto blanco, de cuello de cisne, sobre el que destaca un collar corto de perlas falsas color teja, la tez como tiza, coloreada excesivamente con colorete terracota. Enjoyadas las muñecas, por una pulsera con las medallas del horóscopo de sus dos hijos, una, por una pulsera de perlas falsas a juego con el collar, otra.
Pendientes a juego, como dos lunares rojos, groseros, como dos probóscides saliéndole del lóbulo de cada una de sus orejas.
Se pasea lentamente, con parsimonia, por todo el salón, con las manos cruzadas, colocando ora una foto mal colocada, ora, un tapete de bolillos sobre el respaldo del sofá. Mira nerviosa el reloj. Un enorme carillón de casi metro ochenta, situado en un lado de la estancia. Las ocho menos diez.
Se sienta en la mesa. Con ceremonia. Coge finamente, con dos dedos, una campanilla de plata, finamente labrada. ¡tilin!,!tilin!
Aparece Rosa, la fiel criada. De mediana estatura, de unos treinta y tantos. Con uniforme riguroso de criada, con cofia, guantes y mandil blancos impolutos, resaltando sobre el negro de su vestimenta, un sencillo traje de algodón, a la altura de la rodilla, con zapatos de medio tacón sin solapa del mismo color.
Rosa:
¿me llamaba la señora?
Dª Severa:
sí. Rosa, faltan cinco minutos para las ocho en punto. Vaya a avisar al señor, y disponga a servir la sopa.
Rosa:
el señor, no se encuentra en estos momentos en la casa, señora- responde Rosa, con las manos cruzadas sobre la falda-
Dª Severa
:¿cómo?-hace un gesto más de severidad que de asombro-¿Qué me está diciendo?.
Rosa:
el señor, se fue ésta tarde, después de la comida, mientras usted, dormía la siesta de las cuatro, señora, y me encargó que le diera ésta nota –le entrega a Dª Severa una nota doblada en dos, Dª Severa, la coge con desagrado, y desdoblándola de mala gana, se dispone a leerla con gesto de contrariedad –
Dª Severa:
Alejandro lo ha vuelto a hacer, ¡taaaan teatrero el! –pone énfasis en el tan, como queriendo darle una impregnación de burla- en cuanto siente que su vida, nó vale nada, come el dice, alza el vuelo, y se escapa vete tú a saber donde, y luego vuelve como una palomita al nido, ¡en fin!, a ver que idiotez se le ha ocurrido ésta vez al pánfilo de mi marido.

Doña Severa, se dispone a leer, en voz alta, la escueta nota de dos renglones, con tono de burla, para que Rosa, oiga su contenido:
Dª Severa:
Oiga, Rosa, lo que al imbécil de mi marido, se le ha ocurrido:
“querida y estúpida esposa mía. Sí, lo he vuelto a hacer. Pero nó esperes a que vuelva. Quédate con todos tus recuerdos y desprecios, con tu vida, con tu todo. Hoy empiezo nueva vida en otro lugar con otra mujer. Tu marido que te odia:
Alejandro”
¡já!, -Dª Severa, lanza una risotada corta como un tosido, al aire-éste imbécil, pretende que me crea que él, él, precisamente él, ha sido capaz, de encontrar a una zorra estúpida que le va a solucionar, ¡a alegrar la vida!-hace un gesto de burla , poniéndose todo lo recta, que su condición de gran dama le permite, soltando la nota en la mesa- ¿usted se dá cuenta del tremendo disparate del señor?-pregunta a Rosa, mirándola con una mueca de burla-, ¡él!, ¡que nunca ha sido nada sin mí!, ¡un pelele!, ¡una marioneta entre mis manos!. Pues tenga en cuenta Rosa que, si esto no es una de sus pataletas, que sepa, que todo lo que tiene, ¡todo!, todo me pertenece!, ¡es un muerto de hambre que no tiene donde caerse muerto!. ¡es un enano impotente, que nó sabe portarse como hombre en la cama!, ande, traiga la sopa, que yá son las ocho en punto- le dice a Rosa, que se vá a la cocina, acompasando sus pasos con las campanadas del carillón del salón-
Rosa, vuelve, con la sopera, la pone en la mesa, y se vuelve a ir, con la cara de estupor, de Dª Severa que vé como Rosa, nó le sirve la sopa. Rosa vuelve con una pequeña maleta en la mano.
Dª Severa:
¿Qué hace usted con esa maleta?
Rosa:
Ésa zorra que usted ha mencionado, soy yo.
Dª severa:
¿Cómo?, ¿será una broma, verdad?-Dª Severa se ladea incrédula, poniéndose de frente, sentada, a Rosa-
Rosa:
Nó. Alejandro lo ha vuelto a hacer, pero yó le he cerrado la jaula para que nó vuelva. Ésta jaula cochambrosa, repleta de recuerdos polvorientos. Es un hombre maravilloso, que me susurra al oído cosas hermosas cuando hacemos el amor mientras usted duerme, y me llena de caricias.
Ahora, se sirve usted sola la sopa. Ahora, se queda usted sola, que yó nó vuelvo más, ni yó…ni Alejandro. Y por el dinero nó se preocupe, ni él ni yó, queremos un solo céntimo, yá ha renunciado ante notario a todo lo que le pudiera pertenecer. Somos ahora, dos palomas, libres, que vamos a crear un nido, limpio de todo. Adios.
Su condición de gran señora, impide a Dª Severa, esgrimir cualquier lágrima.
Aparta la mirada de Rosa, se acomoda en la silla , con la espalda totalmente apoyada en el respaldo, se plisa la falda.
Dª Severa:
Bravo, aplaudo ésta farsa tan bién orquestada. Yá se puede ir.
Rosa, se dá media vuelta.
Rosa:
Adiós, señora –se despide sin mirar-
El Click del cierre metálico de la puerta, coincide con el click metálico del cucharón chocando contra el borde de la sopera.

FIN

Emiliano Heredia Jurado
7 de marzo de 2018

¿DÓNDE ESTÁS ALEJANDRO?
TE NECESITO
(O QUÉ ES LO QUE PASÓ DESPUES DE TOMARSE DOÑA SEVERA LA ULTIMA CUCHARADA DE SOPA FRÍA)

REPARTO

Doña Severa: Angustias del Sacrificio
Rosa: María del Sagrado Suplicio.
Alejandro: Alejandro magno buen cognac

Una sopera, testigo mudo e inocente, a medio terminar, en medio de una mesa para doce, vestida con un mantel bien bordado de hilo, unos cubiertos en perfecta formación militar, sin usar, al lado de otros usados, dejados de mala gana.
Dª Severa, mujer cincuentona, como ya todos sabemos, recostada en la silla, echando espumarajos por la boca.
No se sabe si por el disgusto, la rabia, ambas cosas, o por apoplejía sobrevenida.
Dª Severa: ¡Rosa!,!Rosa!, -apenas, le quedan fuerzas para hablar-¡Alejandro!, ¡Alejandro!, ¿dónde estás Alejandro?, te necesito…-un ronquido sordo, es lo último que acierta a decir Dª Severa, antes de pasar a mejor mundo….o nó-
Alejandro: ¡ay Rosita!, ¡quien me iba a decir a mí, a estas alturas de mi vida, que estaría, ahora mismo, camino de la felicidad contigo, en este pequeño y humilde seiscientos, camino de tu pueblo…!ay Rosita!, que felices vamos a ser tu y yó, juntos, escuchando las olas del mar, por las noches, cuando estemos juntos, contemplando las estrellas…!ay Rosita!
Rosa: ¡Ay Jesús!, hijo mío, anda que no te pones tú, cursi ni nada, ¡jolines!-exclama Rosa, mientras intenta concentrarse en la carretera- ¡y déjame la pierna en paz ,!eres de plomo derretido, chico! –Protesta, más por hacerse la interesante, que por otra cosa-
Los árboles de ambos lados del arcén, parecen tapar con sus ramas, la huida de los dos amantes clandestinos, en plena obscuridad.

Alejandro: ¡ay Rosita!, que felices somos los dos-exclama Alejandro, sujetando dos maletas de tamaño medio, justo lo que le dio tiempo a coger(o porque no tenía más pertenencias). Rosa, se afana por abrir la vieja puerta de la antigua casa de veraneo de sus padres ya fallecidos años atrás-
Es una casa tipo chalecito, con dos habitaciones, cocina americana, abierta a un pequeño saloncito, con una televisión aún de blanco y negro, mobiliario setentero, esto es, sofá flanqueado por dos sillones orejeros a los lados, todo esto, de skay rojo, tachonado de botones en los respaldos, con cojines multicolores de lana, dormitando. Un mueble bar color caoba, con las fotos y recuerdos familiares, una mesa plegable lacada en marrón olvido, una mesa de cuatro con el mismo número de sillas con asientos de skay del mismo color de los sillones y el sofá.
Alejandro: ¡fiuuuu chica!- silba Alejandro, dejando las maletas en el suelo del saloncito, pasándose la mano por la nuca- que callado te tenías esto del apartamentito…
Rosa: Alejandro, ya te dije a ti, y a la señora, que podríais venir cuando quisierais, pero tu mujer, es decir, la señora, le parecía taaaannn vulgar-dice esto último, en tono de burla-
Dª Severa: pues claro que lo es, fíjate que mobiliario tan obrero, tan vulgar…..
Rosa: !ay Alejandro!, ¿has escuchado eso?, -abraza a Alejandro temerosa-
Alejandro: ¡Ay Rosita!, yo también lo he escuchado-responde un poco amedrentado –pero no te preocupes, cariñin, eso debe de ser, que estamos muy cansados, la jornada ha sido intensa, anda, vamos a ponernos el pijama, si tu quieres…o nó ¡arnf!- dice pícaro Alejandro, haciendo que le dá un mordisquito en el hombro a Rosa-
Se dirigen a la cama, cogidos de la mano. La casa, rezuma limpieza, ya que Rosa, previsora, se fué unos días antes, a mantener limpio y en orden el nidito de amor, el hogar que a partir de ahora, compartirá con Alejandro.
Rosa: ¡Ay chico!, nunca te había visto así…!-rie, con ganas!
Alejandro: ¿Así como?, cielín-responde pícaro Alejandro-
Rosa: ay, no sé, tan desnudín-dice vergonzosa.
Dª Severa: pues la verdad, que no te has perdido nada hasta ahora, Alejandro, es como, el juguete ese de los niños, a ver como se llamaba…!Ah! sí, Señor Potato…tan rechoncho, con ese mostacho…
Pálidos los dos, miran hacia la luna de la hoja central del enorme armario, y descubren con terror, la figura materializada de Dº Severa.
Dª Severa: ¿sorprendidos los dos tortolitos?. Sí, Alejandro, sí, acabo de morirme…para tu satisfacción-le dice Dº Severa, con gesto adusto y de disgusto-, después de tomarme la maldita sopa, un maldito pensamiento, un tremendo disgusto, me ha llevado hasta el otro mundo, ¡enhorabuena Alejandro!, la de papeles que te vas a ahorrar- sonríe irónicamente Dª Severa-, no es lo mismo divorciado que viudo, ¿verdad?, la de dinero que ahora tendrás, disfrútalo si puedes..con esa… con esa…-el odio hacia Rosa, causante de su repentina muerte, le impide pronunciar su nombre-Que sepas Rosa, -se dirige a Rosa- que esto a lo que te has pegado, es una piltrafa como hombre…en la cama, y fuera de ella-termina de decir, con gesto adusto…-
Rosa: señora…-se dirige a la manifestación con gesto furioso- en primer lugar, Alejandro me quiere como nunca la ha querido a usted, en segundo lugar, usted, mírese, diríase, que Alejandro con usted..pinchó en hueso –ríe a carcajada limpia, ya que la imagen de Dª Severa, se vá convirtiendo a ojos vista, en esqueleto-y tengo algo que usted no ha tenido…ni tendrá jamás, ¡tetas!-se oprime los pechos, voluptuosamente- no sé que vería Alejandro en usted, que parece un palo de escoba.
Dª severa, cuyo rostro se vá difuminando, dejando casi al descubierto una faz cadavérica, deja escapar, lo que parece una imperceptible lágrima.
Alejandro: querida, la verdad, que hubo un tiempo, en que podría decirse que te quise, pero, tu carácter tan…adusto, tan frío que se fue acrecentando con el paso del tiempo…pues, que quieres que te diga, chica, me refugié en la única persona que estos último años me ha querido, y me ha hecho sentir cosas que hacía tanto que no sentía…además, mírate, ahora mismo, pareciera que te has puesto un disfraz de esos de halloween de esqueleto, pero, es que hasta en tu muerte eres tan fría.-le dice Alejandro a Dº Severa, con un poco de compasíon-
Rosa: señora, ¡qué narices señora!, Severa, que usted ya no es mi señora ni es nada, usted ha sido peor que la señorita Rottenmeiyer esa, de Heidi, fría, mandona, tirana, usted ha sido Hitler echo mujer.
Dª Severa: de veras que lo siento.
Alejandro: no me pongas esa mirada de gato con botas, de la película de Shrek, ¡a perdón!, que son las cuencas vacías de los ojos..
Dª Severa: de corazón, os pido perdón a los dos, solo quería despedirme de ti, Alejandro, por todo el daño que te he hecho en vida, y a ti, Rosa, ser muy felices.
La figura de Dª Severa, se vá deshaciendo por un haz enorme de luz, que sale del techo de la estancia.
Rosa: ¡haaala que bonito!, como la serie esa de autopista hacia el cielo, con Michael Landon ¿te acuerdas cielo?.
Alejandro: Rosa hija, que poco tacto, que me acabo de enterar hace un momento de que soy viudo….!y libre!, ¡libreeee, como el viento que recoje mi lamento y mi pesar…!-Canta a pleno pulmón-
Rosa: ¡ay Alejandrin!, que felices vamos a ser ahora los dos.-achucha a Alejandro-

Las estrellas. Las olas. La noche.
Se cierra el telón.


MARÍA DAVID

Dicen que un verdadero aventurero abraza el desconocido sin temor alguno. Lo ve más bien como una liberación de una rutina que enferma y no le deja ver más allá de sus propias fronteras. Mucho más tranquila se quedó Paula Díaz cuando dejó su cargo de gerente en un banco, y decidió conocer el mundo. Después de un largo viaje de más de 12 horas llegó en Mongolia en donde nada más bajar se encontró con un paisaje maravilloso y salvaje. Se subió en una furgoneta, llegando por fin en una pradera remota donde le estaban esperando unos nómadas y que le llevaron a su yurta-una tienda de campaña cubierta con paja y lonas de lana. Y eso de que tuvo una pizca de suerte por encontrarse ahora, en ese mismo instante, en este sitio magnífico, ya que hace años había ayudado a un tal Alejandro con unas problemas bancarios. Y, él fue quien le había organizado el viaje como una recompensa por la gran ayuda que le prestó. Se despertó el siguiente día muy relajada y con muchas ganas de explorar el entorno. Se subió en una furgoneta llena con otros viajeros, emprendiendo un largo viaje hasta el desierto Gobi
Un puñado de caballos salvajes pasteaba cerca de las dunas preciosas de arena. Le sorprendió mucho, cuando al acercarse a uno de ellos, este le dejó acariciarlo bajo la mirada de asombro de los turistas. Y grande fue su sorpresa cuando vio un 4×4 estacionado cerca de una yutra, un poco desgastada, y allí a ¡Alejandro! estando de pie.
-¿¡Pero, bueno, no decías que ibas a volver a Canarias!?-le dijo Paula a Alejandro muy estupefacta.
-Iba a retomar la misma rutina de siempre, pero ¿para qué? Mira estos paisajes, contempla su infinidad sin ningún retoque humano, observa la libertad y humildad en estos ojos nómadas. ¡No hay mejor lugar que el en que uno se sienta libre, sin preocupaciones y sin ninguna atadura!
Una llamada inesperada interrumpe su conversación.
-¡Ahora llego…! Apaga el móvil, coge las manos de Paula, mirándola con gran afecto:
-¡Tengo que irme! Uno de los nómadas está en apuros pero, ¡no te preocupes! Ya nos vemos por la mañana. Te enseñaré a vivir, a saborear la vida.
Dicho esto, Alejandro se montó en el coche y, a gran velocidad, desapareció en el horizonte, dejando atrás suya nubes densas de polvo.
La estaban esperando en la furgoneta. Perpleja, decide subirse. Al encontrarse en su yutra, estalla en una risa contagiosa, quizá un poco nerviosa. <<¡Alejandro, Alejandro…!>> Y así, Paula se duerme pensando nada más que en Alejandro.
Era una mañana espléndida. Rayos juguetones de sol acariciaban su rostro. Paula era eufórica, aérea y decidió encontrar a Alejandro. Había preguntado a todos los que se encontraba en su camino por un tal Alejandro, sin nadie que sepa quién era.
Se hizo de noche. Preocupada se dirigió hacia una comisaría para reportar la desaparición de Alejandro. Le hicieron entrar en un cuarto apartado donde le estaba esperando un agente de policía.
-¿Está usted segura de que ha hablado con Alejandro?-le preguntó el agente a Paula.
-¡Claro qué si! Hemos estado platicado un buen rato al encontrarme con el en unos de esos viajes habituales para los turistas. Me lo he encontrado a las colinas del desierto.
El agente le miraba fijamente, tendiéndole una fotografía. A Paula le temblaban las manos al mirarla. Balbuceando, le dijo al agente:
-¡Es Alejandro! ¿Pero como…?, estallando en lágrimas al ver el cuerpo sin vida de Alejandro. Y en ese momento recordó algo que, al principio, no quería concebir o dudar: ese entonces cuando Alejandro cogio sus manos, ella notó una intensa sensación de frío, perdida y abandono que invadían su cuerpo al desprovisto.
-¿¡Entonces…!?-le dijo alterada Paula al agente, mareandose.


MARTA TORRES

Era un joven alegre ,con tantos sueños,quería comerse el mundo , pero lo que no sabía que el mundo terminaría comiéndose lo a el . Por qué su destino venía marcado por el pasado , de su madre .
Quien era una loca desquiciada , que maltrataba e insultaba todo el tiempo al pobre Alejandro.
El cual creció con odió a todo, asta su propia vida no le importaba , el cual termino con ella.
Así la pobre madre desquiciada , se pregunta dónde está Alejandro.


ALBERTINA GALIANO

Debajo del manzano del patio hay enterrado un muerto. Cuando en las calurosas noches de julio duermo con mi ventana abierta oigo como se queja. No hace mucho ruido, al fin y al cabo. Me da pena porque debe estar muy incómodo, todo cubierto de arena. Ni caja tiene.
Es el mismo manzano al que subía cuando era niña; sólo que entonces no conocía lo que ahora conoce.
Mi casa tenía más luz y sus paredes se mantenían firmes. Ahora se tambalean como yo cuando me pongo en pie.
Mi familia era más numerosa.
Tenía yo muy pocos años cuando en una noche de verano mi padre llegó a casa con un niño herido en brazos. Era bastante mayor que yo, mucho más alto, y sin embargo su cara parecía la de un bebé.
Mi padre lo trajo para curarle sus heridas, y se quedó ya para siempre, aunque no creo que nadie se lo pidiera. Mi madre lo aceptaba sin más; le dejaba hacer.
Él mismo eligió su habitación, su sitio en la mesa, su sillón, sus cubiertos y sus juguetes
Él mismo decidió que yo sería su confidente; bien sabía él que le cuidaría como una madre.
Yo era la pequeña de dos hermanos. Mi hermano mayor, Alejandro, era inteligente y educado. Me quería y se portaba bien conmigo. Mi casa era “mi” casa porque giraba en torno a mí.
Cuando mi padre trajo a aquel niño ninguno de los dos tuvimos celos de él, sólo sentimos desprecio y asco, porque su condición de tonto le hacía ser despreciable. Sin embargo cuando pasado un tiempo quisieron echarle, fui yo quien lo impidió y me adueñé de él, o él de mí, como si de una obligación se tratara.
En la comida él era el primero en sentarse a la mesa. Siempre estaba allí cuando llegábamos. Mientras comía no dejaba de mirar a unos y a otros por debajo de sus espesas cejas.
Si nos reuníamos todos, él se sentaba en un rincón, o a mis pies, sin hacer ningún ruido, aún sin dejar de mover sus gruesos labios. Pero si mis padres no estaban, él ocupaba el sillón más grande, y con gestos de niño asustado impedía que nadie se lo quitase, mientras hacía ruidos extraños. Si Alejandro le decía que se callase, él comenzaba a hacer pucheros, o lloraba abiertamente, y al cabo de un rato seguía con sus sonidos. Alejandro me miraba a mí entonces y yo fingía no darme cuenta, por no decirle nada al tonto, al que nunca hablaba si había alguien delante.
Dondequiera que yo fuese él siempre estaba detrás. Si yo sonreía él correteaba a mi alrededor, y si, por el contrario, me mostraba hosca, entonces acercaba mucho su cara a la mía y me hacía sufrir viendo tan próximos sus ojos redondos como platos.
De pronto en mi casa dejaron de oírse los sonidos de la vida: las risas, las charlas entretenidas, incluso los llantos.
Desde que él se apoderó de nosotros perdimos nuestra identidad. Coincidíamos de vez en cuando en la cocina, o al querer entrar al baño, pero rara vez nos dirigíamos la palabra. Él siempre estaba allí, y entornando los ojos acercaba su manaza a mi rodilla y la golpeaba sin mucha fuerza, o pellizcaba mi brazo. Yo le miraba con odio, pero callaba.
Cuando estábamos solos a veces se ponía detrás mío mientras yo escribía o leía y, pasando sus manos alrededor de mi cuello, las apretaba, dejándome sin respiración; yo entonces manoteaba en el aire y él me soltaba mientras reía ahogadamente.
Con rabia le buscaba e iba tras él intentando herirle con mis puños, y él se hacía una bola o se escondía bajo la cama, sin dejar de reir.
Mi madre envejeció mucho en aquella época. Su espalda se doblaba lánguidamente. Sus ojos cansados apenas se abrían lo suficiente como para dejar ver sus pupilas. Caminaba despacio, arrastrando los pies penosamente, manoseando ensimismada la pechera del delantal.
Yo la veía tan desilusionada, tan abandonada de la alegría, encerrada en su cajita de sueños deshechos, que a veces sentía pena y mi garganta se cerraba goteando melancolía sobre mi corazón. La quería, al tiempo que la despreciaba por su debilidad. Hacía tiempo que no oía su voz. Ya no se quejaba como antes; sólo esperaba su final.
El tonto solía encogerse en el suelo, a la expectativa. Sabía que ella había de pasar y preparaba su ataque. Se enredaba en sus frágiles piernas y la hacía perder el equilibrio y debatirse entre caer o no caer. Ella ni le miraba y seguía su camino como si en realidad fuese a alguna parte.
Un día noté que hacía tiempo que mi hermano Alejandro no venía a casa ni para dormir. No se despidió de nadie, al menos no de mí; pero mis padres no parecieron echarle en falta.
Yo sí le eché de menos, sobre todo para que me ayudara a enterrar aquel muerto, el que se queja en las noches calurosas de julio debajo del manzano.
A veces, después de todo este tiempo, pienso si de verdad existió Alejandro, o fue sólo una invención mía…


TALI ROSU

Esta misma mañana pensaba en ti.

‒¿Qué habrá sido de Alejandro? ‒me pregunté al despertar, como cada día desde el momento en el que tu relación con María reventó nuestra amistad.

Hace más de un año empezaste a rehuirme cuando me veías por la calle, no me mirabas ni me hablabas porque ella lo había prohibido. Hace tiempo que empecé a pensar que eras alguien sin cerebro; un día te habías transformado en una marioneta que no sabía respirar sin que le ayudara su nueva dueña. No me di cuenta de lo que estabas pasando, te juzgué, te etiqueté y dejé de luchar por un cariño que siempre valió la pena.

Un día me dijeron que te habías roto una pierna. Quise llamarte pero sabía la respuesta que obtendría: una novia celosa cogería tu teléfono y solo conseguiría meterte en otro problema. Fingí desinterés y miré para otro lado.

Hace un rato me han llamado para darme la noticia. ¿Quién diría que un hombre fuerte como tu podía morir en manos de una chica tan pequeña? ¿De dónde sacó la fuerza para empujarte por aquel balcón? Los vecinos que lo vieron dijeron que no hiciste nada, suplicaste que te perdonara, te arrodillaste frente a ella esperando que se le ablandara el corazón. Ella, sin más, te empujó antes de lanzarse detrás de ti. Vuestros cuerpos quedaron unidos para siempre, vuestra sangre se mezcló en el pavimento y seguiste siendo suyo. Eternamente suyo. Le perteneciste desde el día en el que le entregaste el alma y todos los demás bajamos las miradas.

‒¿Cómo va a maltratarlo ella a él? ‒escuché una vez a tu hermana comentándolo con alguien.

Y ahora… ¿Qué será de ti, Alejandro?


MARÍA LÓPEZ

Era un crío muy listo, cantaba bien y lo llevaban a actuar desde pequeño.
En esa época se pasaba hambre y cualquier esfuerzo merecía la pena para llevar a casa un sueldo.
Se decía que los niños traen un pan bajo el brazo, pero él traía más de diez hogazas.
El director lo sentaba en sus rodillas y la verdad es que no le gustaba nada esa confianza que se tomaba.
Pero tenía que aguantarse.
Nunca fue a la escuela.
Trabajaba muchas horas y las grabaciones eran eternas, casi nunca veía a su vecina de las trenzas, Paula, la niña con pelo de fuego que le guiñó un ojo en el portal.
No había película en la que no actuase Alejandro, el niño cantor de Lebrija.
¿Qué habrá sido de él?
¿Qué será de Alejandro?


FUEN CALDERÓN ROMEO

Le dije que no se acercara a mi, que no era libre para amarle. Le dije que si me besaba, me abrazaba, me sentía, ya no podría dejarme. Le dije que había sufrido tanto que era inmune a todo. Le mentí. Sólo quería saber hasta dónde era capaz de llegar por mi. Y a veces me pregunto Alejandro qué habrá sido de ti. Si habrás sido capaz de amar sin esperar como yo te amé a ti dándote tu libertad antes de verte sufrir en mi infierno.


SERVANDO CLEMENS

El ladrón de recuerdos

Un delincuente se metió a mi departamento para robar mis pertenencias. Nada se encontraba en su lugar habitual. La máquina de escribir ya no estaba encima del escritorio. « ¿Pero de quién es ese librero? ¿Y quién demonios puso ese sombrero en el sillón?»

Era necesario encontrar un cuaderno o en su defecto una hoja y un lápiz, ya que de lo contrario olvidaría el relato que rondaba con insistencia por mi cabeza.

Salí a tomar aire fresco para aclarar las ideas que giraban en mi mente como un remolino. El cielo era rarísimo. Las nubes parecían ser unas volutas de humo negro. El sol ya no brillaba como ayer. Algunas naves insólitas surcaban los aires sin que la gente les pusiera ni la más mínima atención. Centenares de enormes edificios se levantaban ante mis ojos, los cuales hace unas horas no existían en la zona céntrica de mi ciudad. «¿Qué ocurre con las personas? ¿Por qué visten de esa manera tan estrafalaria?»

No debí haberme metido en aquella estación de trenes. Bien dicen que la curiosidad mató al perro… ¿o era al gato? No sé, pero aquel vagón me trasladó a un mundo paralelo cuando el conductor tomó un túnel subterráneo que jamás había visto. Aunque era maravilloso, ya que poseía una nueva idea para un cuento fantástico.

Un hombre que portaba uniforme de policía tocó mi espalda, despertándome de mis cavilaciones.

—Se encuentra bien, señor —me preguntó. Su arma parecía ser sacada de una novela de ciencia ficción.

—Por supuesto. Déjeme solo, necesito comprar una libreta y un bolígrafo cuanto antes.

—Venga conmigo, por favor. Lo llevaré a su casa. Un hombre de avanzada edad no debería andar por esta zona de la ciudad. Aquí es muy peligroso.

—¿Qué dice? Yo apenas tengo treinta años y sé defenderme solo.

—Sí. Claro. —Sonrió, mirándome con lástima.

Lo entendía a la perfección. El oficial quizá pretendía arrestarme al notar que yo era un ser insólito en su planeta, sin embargo yo no me dejaría capturar tan fácil. Posiblemente harían pruebas conmigo en alguno de sus laboratorios secretos y después me torturarían para sacarme información.

—Yo me encargaré de él —dijo una joven, acercándose a nosotros.

—¿Segura? —dijo el uniformado.

—Sí. El anciano es mi vecino —le murmuró al oído. Sin embargo, yo escuché claro el mensaje—. El señor es escritor y padece Alzheimer.

«Tratan de engañarme», me dije. «Debo salir corriendo, pero siento que las piernas no me responden».

—Acompáñeme, don Alejandro —dijo ella, tomándome de la mano como si fuera un niño—. Lo llevaré a su departamento. Seguramente su nieta lo está buscando.

—¿Quién es Alejandro? ¿Mi nieta? ¿Dónde estoy?


VERÓNICA FERNÁNDEZ LISI

Alfonzo (asi, con zeta)

Paciente, detras de la vitrina, espera. En un museo, cómodo, mientras ve sus replicas venderse en la tienda del museo, recordando su pasado de manera anecdotica. Escucha, como el guia/vendedor habla de su amita, de su amada Xenia, quien lo abrazo en sus brazos regordetes a los tres años. Escucho, otra vez, como el duque George Michailovich, padre de Xenia, le regalaría lo que jamas supo que seria su ultimo recuerdo . La Primera Guerra había comenzado, y el, unos pocos de su serie, llego a su amita , sintiendo ese calor y esas sonrisa de pocos dientes y ojos azules.
Recordo las lagrimas de Xenia recorriendo su preciosa felpa, al saber que no volverían a Rusia, y al saber, ya con doce años, que su padre había muerto. Recordó cada noche que su amita lo llevaba a dormir, suspirando el nombre de su padre.
Recordo tambien, cuando su ama se caso y se quedo paciente, en una mesita de luz, viendo a su pequeña crecer y ser ya una feliz esposa, recibiendo besos y abrazos de su aun amita, y de los hijos de ella. La felpa abandonaba su peludo cuerpo, pero recibia una y otra vez ese amor.
Paciente, contempla como los visitantes del museo se alejan, mientras el sol lo atesora detras de la vitrina, sin saber que es uno de los osos mas caros del mundo

PD: historia basada en la historia del oso Alfonzo, el peluche de la marca Steiff que reposa en el museo Teddy bears de Wintney


LUISA ROJAS

Hace tiempo que no contempló tu presencia. porque has desaparecido tan de repente de mis ojos, Si eres tu el motivo de mi felicidad.
Me mostraste lo hermosa que puede ser la vida. con tu blanco, amarillo, verdoso. Iluminabas mi mirada. Cómo he de esperarte siempre con ansias cada primavera y otoño.
Donde estas Alejandro?. Sigo aquí esperando tu llegada. Como he de olvidar ese aroma fresco que brotaba de ti. Esas pequeñas partes de ti; que rozaban mi rostro, al mirar al cielo. Como la brisa me dejaba observar lo libre que te sentías, al dejar mostrar tu belleza, tan pura y natural.
Dónde estas Alejandro?. No puedo dejar de preguntarme, será que quizás sentiste que nadie apreciaba tú tan natural virtud.
Como lamento que no notarás que yo amaba cada parte de ti, de tu ser de tú naturaleza tan perfecta. Que por momentos llegaba a sentir que no eras real.
Sabes aún no me doy por vencida, te voy a esperar Alejandro yo se que tu volveras a dejarme apreciar tu majestuosidad. Y se que tal vez no es tu culpa el no poder volver, es culpa de esta humanidad, que te absorbe y no te deja ser libre otra vez.
Donde estas Alejandro?. Vuelve por favor vuelve. Porque sólo tu sabes hacer feliz a esta chiquilla, la cual te quiere desde niña. No dejes que mi vida se acabé sin poder volver a sentir, acariciar y disfrutar de ese pequeño instante. El cual te sientes en completa libertad de ser tú, conmigo.
Donde estas Alejandro, aún espero tu primavera y otoño.


 

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13 comentarios en “¿Qué habrá sido de Alejandro?”

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