Vergüenza – miniconcurso de relatos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos con el tema «vergüenza». Estos son los textos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 12 de agosto! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

POR FAVOR, SOLO VOTOS REALES, SOLO SE GANA EL RECONOCIMIENTO, CUANDO ES REAL.

* Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor) y no han pasado procesos de corrección.

MARI CRUZ ESTEVAN APARICIO

Vergüenza sentí cuando mi vecina Asunción me llamó la atención en el vestíbulo de la escalera delante de unas cuantas mujeres.
Tú cuando pases por mi lado- me dijo y, percibas mi actitud de saludo, no pases como si nada¡Heeee! ¡Heeeeee!
Cierto es que te vi-contesté Disgustada. Ahora bien deviste de entender que yo iba hablando con gente y me fue imposible devolver te el saludo. Por cierto recuerdo te hice un manoteo de manos…, ellas fueron mis palabras.

BENEDICTO PALACIOS SÁNCHEZ

VERGÜENZA TORERA
Ismael era un tipo que soñaba con proyectos y con uno en particular que abarcaba a todos, aun cuando solo tendría oportunidad de realizarlo si jugando a la primitiva llegaban a sus manos cantidades astronómicas de dinero, pues tenía pensado montar una librería y llenar las estanterías y paredes no solo de libros sino de carteles y murales. Había echado el ojo a un local y a un par de sillones y esperaba que la suerte no le fuera esquiva.
Se quebraba la cabeza con los números primos y otras conjeturas y cuando se cansó de confiar en las intuiciones, fió la suerte a una perinola. Puso los signos de la quiniela y pasado un tiempo, aunque no hizo pleno, sí consiguió un buen pellizco. Adecentó el local, se puso en contacto con una editorial y con un representante de tarjetas postales, pero con todo a punto le entraron escrúpulos de invertir el dinero sin saber cual sería el resultado. El dinero a veces acobarda. Verónica, que era su amiga, le echó en cara tamaña deserción.
—No seas cagueta y deja de mirar tras el cristal. Vergüenza torera si no continúas con el proyecto.
Le costó bien poco imaginar qué libros ocuparían las estanterías porque a él le gustaban los de viajes y aventuras y la novela negra, aunque a petición de Verónica hizo también un hueco a la poesía. Un solo asunto no dejó al libre albedrío y a la improvisación. Lo que pensaba hacer con los dos sillones, a qué los pensaba dedicar.
—Quiero llenar la pared que queda frente a los sillones con murales de pintores, las pirámides de Egipto, las catedrales, la torre Eiffel y el mar enfurecido y borrascoso del faro de Finisterre.
—Si me permites una opinión, apunta que no he visto ocurrencia tan descabellada. ¿Con qué objeto vas a fijar en la pared murales y fotografías?
—Puesto que ahora no es posible visitar esos lugares ¿no te parece coherente que vengan ellos a nosotros y sentados los podamos contemplar? ¿Te acuerdas del personaje que sin moverse de la cama seguía las paradas del tren en distintas estaciones? Anda, cásate conmigo y te lo explico.
Como era cosa hablada, prepararon los trajes de boda y la misma mañana de prometerse amor, Ismael arrastró a Verónica hasta la librería. Un fotógrafo les tiró instantáneas con el mar de fondo, las pirámides y la torre Eiffel. Y acto seguido subió las fotos a las redes sociales.
—¿Imaginas cuántos serán los comentarios y me gusta?
—Ya, pero no encuentro relación alguna con la librería.
—Pues la hay. Una novela que se compra deja de ocupar un sitio en las estanterías y al propio tiempo conduce y traslada al lector al mundo de sus personajes. Se establece entonces una convergencia, un cruce, una asociación. Pues lo mismo en las fotografías que enlazan dos mundos distintos con el mismo hilo.
—Sí, sí, pero ¿qué van a decir nuestros invitados?
—¿Tanto te importa? Allá ellos. Vergüenza torera si no se atreven a aplaudir.

SERGIO SANTIAGO MONREAL

Darek sentía vergüenza de todo lo que había hecho en el pasado, por ello se sentía desanimado, pero con todo lo que el karma le había enseñado, había aprendido la lección.
Estaba vivo de milagro tras su episodio trágico con la luz roja inquietante. Y las segundas oportunidades se deben aprovechar.
Esa vergüenza que sentía por como era en el pasado no volvería a sentirla, se había propuesto cambiar y así lo haría.
Darek conoció a una mujer y se enamoró de ella hasta la médula. Tuvieron una hija. Para Darek, Marta madre y Marta hija fueron las verdaderas razones de su cambio y de que enfocará la vida con alegría y enterrara por fin su oscuro pasado del que se sentía avergonzado.
Darek y sus Martas fueron felices por siempre. A la pequeña Marta, la enseñaron a no tener vergüenza de pedir las cosas y que la vida da las lecciones más grandes que podemos imaginar. Y que todo el mundo tiene la oportunidad de cambiar, depende solo del enfoque, de enterrar parte de tu pasado y no cometer los mismos errores. Y sobre todo, aprovechar el regalo de vivir, y ser feliz.

RAQUEL LÓPEZ

La vergüenza disfrazada
es la expresión del miedo,
burlada y humillada
se va escondiendo.
Hemos caminado de la mano,
por el sendero de la angustia,
cojamos caminos separados
llevando las riendas de mi vida.
Se perdieron muchas veces
oportunidades únicas,
por eso ahora te rechazo
y te hago una pregunta.
¿Sientes que cualquier persona,
sienten y piensan como yo?
pero te alejas en silencio
aunque tú creas que no.
Sigamos de la mano
y hagamos una vida mejor,
porque ahora que perdí la vergüenza,
el control me lo quedo yo.

IRENE ADLER

INCESTUS
El amor, el verdadero amor, no te rompe el corazón, te rompe el cerebro. El corazón es el músculo más fuerte del cuerpo, el único que no duele. Un hombre con el corazón roto, es un estúpido. Sólo un hombre con la mente rota, es digno de considerarse un hombre.
La cabaña en el lago Weidachsee conserva el aspecto lúgubre que ella recordaba de su infancia. Las paredes de tronco pulido, las lámparas de queroseno tibias como tarros de luciérnagas, la chimenea de piedra oscurecida por años de fuegos y abandono. Toda la cabaña auspiciaba la idea de un horno crematorio, de cenizas esparcidas por el suelo, de vidas sin vivir o vividas sólo a medias. El feo piano seguía en el mismo sitio, contra la pared, lejos de la chimenea. Fue lo primero que vio, casi intuyendo o imaginando, cuando cruzó la puerta. Ella y Michael sentados al piano, muy cerca, y padre fumando en pipa, mirándolos. Fue sentada a aquel piano, en el roce casual de sus manos sobre el marfil de las teclas, donde empezó a desearlo. O a sentir el deseo de él, como una llamarada. A veces se decía a sí misma que era un juego, que eran jóvenes, que sólo cedían al entusiasmo del descubrimiento y la curiosidad. En los últimos años, lejos de Michael y de sí misma, se había dicho muchas cosas. Todas convenientes. Todas mentira. Pero le temblaban las manos cuando leía sus cartas. Le ardía el cerebro, todas aquellas noches que no podía dormir, mientras él estuvo destinado en Galitzia, como médico militar. Y aceptó aquella última y despiadada invitación que Michael le envió desde el hospital de Innsbruck, donde su cuerpo se rendía y su mente, malherida por el dolor insoportable de la vergüenza, de la vida y de la guerra, la invocaba desde el umbral de la puerta de los muertos.
“Ven a la cabaña de nuestros días felices, una última y postrera vez. Mi hermana querida, cuando los hombres aullaban y morían a mí alrededor, como bestias sin consuelo, yo te soñaba en forma de una Freya compasiva, que atravesaba el campo y la batalla en su fulgurante carro tirado por gatos, recogiendo lo que quedaba de esas almas rotas, despedazadas, reducidas a voces y a tripas y a un hedor insoportable. Nunca entendí por qué se alaba la guerra, que reduce a un humus viscoso a lo que antes, fue un hombre. Por qué es moral y loable y digno, infligir un dolor tan inconmensurable a otro ser humano, a otro yo, a un hermano, pero se persigue y se condena, al amor sagrado que yo siento por mi propia sangre. Me incitan a matar sin pudores ni recatos. Pero me condenan y desprecian por amarte. Me llaman loco porque el dolor que he visto en otros me duele a mí en igual medida. Me llaman loco y me cubren de infamia y de vergüenza por amarte, los mismos que ven con buenos ojos que noventa soldados infelices, mueran entre terribles sufrimientos, sin consuelo, sin esperanzas, sin morfina, ¿qué me puede importar a mí su juicio? ¿O el de Dios, tan semejante en su crueldad a ellos? Harto estoy de vivir condenado y sometido a su hipocresía, a hacer mía su vergüenza, a negar, repudiar o fingir que no te quiero, que no te quise, porque ellos y su Dios no lo aprueban. Quiero verte una última vez, como solía mirarte, desnuda y al piano, con la luz del fuego dibujándote arabescos en la espalda. Quiero emborracharme contigo, una última vez, y luego morir, dormir, descansar dentro de tu cuerpo. El único lugar dónde me he sentido vivo y a salvo, alguna vez.¿Te asusta el pecado, Lotte querida? ¿Te asusta arder en el infierno luterano de nuestro padre? ¿Temes al infierno carmesí de la vergüenza, a la cicatriz escarlata que te dibujará en la piel del cerebro éste amor, Lotte mía? Yo he visto el infierno, Lotte, se llama Grodek. Después de estar allí, la muerte no me asusta. Es la vida lo que temo, entre las mismas bestias que me enviaron allí. Pero la muerte, hermanita querida, será más dulce si estás a mi lado. Sé mi Freya. Una última vez”.
Se desnuda despacio, acariciada por las sombras danzantes y voluptuosas del fuego. Michael está borracho desde mucho antes de que ella cruce la puerta, sentado en el mismo sillón raído en el que solía sentarse padre. No hay efusividad entre ellos, no precisan de artificios ni justificaciones. Sólo están la piel y el deseo advenedizo, los años de ausencia de caricias, el dolor que los unió una vez, transformándose en amor, en grieta, en fractura. Sólo están el silencio consolador que rellenan el sudor y la saliva, la premura con que se entregan a la búsqueda del final. El adiós que entre ellos no se empaña con lágrimas, súplicas, culpas adquiridas, vergüenza ni remordimientos. Porque nunca hubo entre ellos posesión ni abandono. Su amor siempre vivió exiliado en el roce áspero de las lenguas, en poemas tortuosos, en rincones ocultos a las miradas ajenas. Su amor vivió en sus cerebros, en su hipotálamo y en sus meninges, y en su atolondrada imaginación. La carne sólo es psicosomática. Un breve espasmo de feliz anestesia. El corto lapso en que las voces de sus mentes callan, exhaustas, amordazadas por la obsesiva negligencia del presente, que se les hace necesario para olvidar lo que fueron, lo que no les permitieron ser, lo que ya nunca serán.
La cocaína se le desliza suavemente por las venas, dulce e invasiva como una emoción. Michael se adormece como un fauno entre sus brazos. Ella lo acuna, susurra una canción, lo besa en la frente. Desnudos y amparados por la luz del fuego, esperan a que la respiración de él, se ralentice, sin abismos ni promesas. Rodeados por el silencio de los recuerdos de un tiempo corto, fugaz y limpio, cuando en aquella casa junto al lago, fueron ellos, sin ser felices.
Aún desnuda, con el mismo cuchillo con el que su madre cortaba verduras para la cena, corta ella un trozo de músculo sobre el abdomen. La carne tiene un color brillante bajo la piel tan pálida, es espumosa y aún está caliente. Pone al fuego una sartén, alguna especia, y deja que la carne de su hermano se haga despacio, como un filete. Queda algo de vino en la botella. Lotte se sienta a cenar frente al fuego, con el plato en las rodillas y
la copa de vino en el suelo, al alcance de la mano. Sin pudores ni vergüenza. Una última vez. La última para los dos.
El amor, el verdadero amor, no te rompe el corazón, te rompe el cerebro. Un hombre con el corazón roto, es un estúpido. Sólo un hombre con la mente rota, es digno de considerarse un hombre.

NEUS SINTES

En un mundo de tinieblas se transformo mi vida. Al cumplir un año de nuestra relación, quedé embarazada. Sabía de antemano que nadie de mi familia aceptaría el hecho que me había sucedido. Tenia el apoyo de mi pareja que estaba de mi lado, íbamos a tener un hijo, un hijo que se estaba desarrollando en mi vientre día a día. Era un hijo que había venido por sorpresa, sin esperarlo, pero como hijo que iba a ser, se le ama, eso es evidente. Se acepta.
Yo estaba en épocas de exámenes, terminando la carrera. Me quedaron dos asignaturas que luego, mas adelante, aprobé. Nunca agaché la cabeza, vergüenza, ninguna.
Pasaba por un estrés, cansancio y debilidad, que todo el mundo se me vino encima. Luego por parte de mi madre, que cada día me daba la guerra, diciendo que era la oveja negra de la familia, la desgracia y la vergüenza de todo aquel que sabía de mi situación.
Luché para que todo fuera bien, luche contra mi madre, luche contra los estudios, luche para que mi hijo o hija naciera. Siempre con la cabeza bien alta, superando cada obstáculo que encontrara por el camino. Pero una mañana al despertar, ya habiendo pasado los dos primeros meses de embarazo, me desperté a la misma hora de siempre, pero húmeda, mojada. Algo en mi se esfumaba. Perdí a mi hijo, al que hubiera sido mi hijo.
Una fina línea se curvó hacía arriba, en las comisuras de mi madre. Quien vi sonreír ligeramente. A día de hoy, los años han pasado y dos hijas he llegado a tener. Nunca perdoné a mi madre por cómo reacciono ni el daño de sus palabras que me produjeron. Tampoco he olvidado al que podría haber sido mi primer hijo. No porque no pueda olvidar lo que sucedió, sino porque no quiero olvidarlo.
Aprendí una sabia aunque dura lección en la vida. Pero de lo malo también se aprende y desde ese momento supe que nunca en la vida pasarían mis hijas lo que tuve que pasar yo. La vergüenza no existe, solo te la hacen crear. Quién te hace crear vergüenza, no piensa en ti en esos momentos, al menos no con el corazón.

CONSUELO PÉREZ GÓMEZ

ADJETIVOS POSESIVOS
«La calidad al servicio como corresponde a la más distinguida clientela de esta ciudad». Así rezaba el cartel de la tienda de corsetería fundada por el tatarabuelo de Esperanza en aquella ciudad pacata, apostólica, romana y recogida. Una tienda cuyo principal activo era el invento de un artefacto torturante relleno de unas varas llamadas ballenas que hacían las veces de contenedores-contenidos del cuerpo de las maltratadas féminas, decididas a vivir en la apariencia de una figura que no les pertenecía.
Tenía como segundo inconveniente -nada desdeñable- la facultad de bajar la lívido con un solo guiño de reojo. La imagen de un cuerpo atravesado por aquel andamiaje no ayuda ni al más aguerrido de los amantes, y una de dos…o haces acto de presencia cuando ‘aquello’ ha sido despojado del tronco…o mejor dejas pasar la ocasión que se pintaba calva para momento y lugar más propicios.
Elvira pasa cada día de camino a la escuela por delante del escaparate sin detenerse por miedo a ser descubierta, y con ello, airear el secreto escondido debajo de sus ropas. Su mundo reducido a las clases en la escuela parvularia, sus lecturas, sus bordados, y los domingos de misa y vermú. Atesorado todo ello para sí, sin compartir con nadie no fuera que al hacerlo se rompiera de plano todo el hechizo. Día tras día maquinando, planeando la entrada a la tienda a una hora en que a la clientela habitual no se le ocurriera hacer acto de presencia. Elvira nació en un tiempo que no le correspondía. Hoy nada de esto hubiera perturbado su paz. Internet, un botón…y… ¡zas! Desde tu poltrona, sin ver ni ser vista puedes comprar hasta lo no inventado, a tus anchas, sin miradas indiscretas. Nadie sabrá lo que escondes con tanto ahínco.
Quizá si su crianza no hubiera estado repleta de papillas de harina de maíz su armazón hubiera resultado más fino, más señorial, pero su cuerpo había ido adquiriendo con los años forma de botijo desde el cuello hasta la rodilla. El tronco marcado por las incontables horas que las ballenas incrustadas en su ser habían dejado unos surcos imborrables, como cicatrices, que el tiempo otorga al pasar al quién no se está dispuesto a renunciar con una mezcla sadomasoquista que acaba por dañar no solo el plano físico. Hasta que un día como en una tormenta de rayos se disparan todos los resortes, la carne retoma el lugar correspondiente y el reflejo en el espejo silba: ¡No era para tanto! Allí donde todo lo que había permanecido oculto por décadas a la luz, resplandece en cada mentidero bajo el palio de: ¡No te lo vas a creer!
La contestación al malévolo vitral debería ser: ¿cuál era la necesidad de contarlo si de antemano él o la relatadora tiene la casi certeza de que no será creído?…
Elvira no lo sabe, pero a la vuelta de la esquina, agazapado, espera un tiempo sin ataduras, de cuerpos libres que alzan el vuelo hasta donde su osamenta les permita llegar…unos lo harán muy, muy lejos…otros…quizá solo alcancen a levantar los pies de la tierra…cada ser tiene su afán…
Con el tiempo el edificio ya para entonces medio ruinoso fue derribado y en su lugar se levanta un garito de tres plantas con luces de neón y música macarra; mucho más concurrido ahora de lo que fuera su anterior construcción…sin fajas, a lo loco y de cuerpos flotantes entre la neblina de una fingida libertad…que mueven su esqueleto sin pudor y sin vergüenza algunos. Desde un escenario surrealista el grupo del momento: «Con un par de güevos», grita la canción que se escucha en mil kilómetros a la redonda y a la cuadrada:
«Mi, tu, su…mi barriga que se desploma en cascada…tu barriga recogida en un pliegue cual fuelle que sopla hacia dentro…su barriga apunta en dirección este u oeste según cambie la veleta…ni mi ni tu ni su… ¡ni faja ni fija ni da esplendor! A mí lo que de verdad me importa no es el continente es tu contenido» …
No me atrevo a trascribir el resto de la letra… ¡me da vergüenza!

IRANTZU ARGANDOÑA

Sergio salió de la ducha y se miró en el espejo brevemente.
Estaba orgulloso de su melena negra rizada y su barba frondosa.
De sus facciones duras, de su estatura.
Porque, siendo honestos, era un tipo bastante grande y corpulento.
Sergio.
Era.
Heavy.
Pero no un heavy cualquiera, sino uno de los de antes, uno chapado a la antigua.
De los de pantalón vaquero raído, camiseta de los Angelus Apatrida del año catapún y chaleco customizado con parches y pinchos.
De los que escuchan la música en CDs.
De los que o están de juerga, o están de resaca.
De los que se bañan en cerveza.
Un auténtico y genuino “jebi”.
Con dos cojones.
Y entonces se abrió la puerta del baño y su madre le pilló in fraganti.
Cantando una canción de Camela.

BEA ARTEENCUERO

Siempre fui una persona atrevida, nunca sentí vergüenza; Sólo tomo las circunstancias como se dan en el momento y reaccionó de acuerdo a lo que siento.
Esto ocurrió una noche en especial..
Cena show y baile, fuimos un grupo de amigas, dispuestas a divertirnos.
Como siempre en la mayoría de las reuniones, siempre fui una de las últimas en salir a bailar ;Según opiniones mi personalidad, intimida a personas del sexo opuesto ( Por supuesto por mi apariencia…pareciera que me llevo el mundo por delante, nada más lejos de la realidad)
Mi cabello teñido de rojo? Contraresta con mi cutis blanco,
A mis casi 50 años era lo que se dice una mujer vistosa, calificada desde mi juventud como mujer con sex appeal, acostumbrada a llamar la atención.
Poco me importaba que me sacarán a bailar, mi propósito era divertirme, así que si no.me invitaba nadie del sexo opuesto, bailaba con mis amigas.
Esa noche de verano, mi vestimenta era tan sólo un solero corto con una tira que lo sujetaba detrás del cuello, por supuesto sin brasier (Tenía pechos pequeños y herguidos, era muy común que no llevara)
El grupo musical que animaba la reunión, eran nada menos que Los Wawanco, muy nombrados por la música que tocaban…Cumbia…
Ni bien sonaron los primeros acordes y el cantante comienza a entonar la melodía, sin pensarlo, todo el grupo fue al centro de la pista a bailar.
Estábamos felices, riendo, moviéndonos al compás de la música; Se habían juntado varias parejas, cuando ocurrió lo inimaginable, una de ellas venía girando muy rápido cerca nuestro,cuando de pronto la joven dio un traspié, para no caerse se sujetó nada menos que de mi vestido rompiendo la tira que lo sujetaba detrás de mi cuello…En un instante cayó mi parte delantera, quedé desnuda hasta la cintura, las tiras colgando a los costados; Mis pechos completamente al aire, yo no atine a nada, mis amigas trataron de ayudarme haciendo un círculo a mi alrededor sin resultaba,con el alboroto la orquesta dejo de tocar y todos los ojos clavados en mi figura..
En ese preciso instante conocí, la vergüenza…Un sentimiento muy perturbador por cierto…
Pasado el momento y solucionado el problema del bretel, regresé a la mesa algo tirada, nadie comentó nada.
Lo más curioso fue, que el resto de la noche, no pare de bailar y no con mis compañeras, de pronto salían hombres de todos los rincones y me sacaban a bailar, el pequeño accidente quedo pronto olvidado, al menos para mí que me divertí el resto de la noche.
Pero…me quedo una duda…
¿Me sacaban a bailar por lastima?
O sería por mis pechos?
Mi ego me dio la respuesta.

LIDIA FUENTES

16 de Noviembre de 1989
Querido Diario…
Se escucha una canción triste de fondo por toda la casa que ha dejado pálida a mamá y ha hecho que el pelo de la abuela se vuelva gris oscuro. No puedo apagar esa canción porque sale de zonas donde dicen que solo la muerte o la enfermedad aplacan; los ojos, las palabras, la postura, los pasos, los gestos. Padre lleva tres meses sin aparecer, mamá dice que está haciendo la vendimia en Francia y que pronto nos enviará dinero. Ojalá sea cierto porque esta semana ha venido dos veces la propietaria de la vivienda y ha amenazado a mamá con echarnos a la calle si no se le paga el alquiler. Yo estaba escondida, he sentido mucha rabia y vergüenza, tras cerrar la puerta mamá se ha desplomado en el suelo y ha empezado a llorar, he ido corriendo a su lado. No sabía cómo curarla porque eso le dolía, era una herida sin sangre y no sabía dónde ponerle las manos. Mamá nos pone las suyas en la zona del cuerpo donde nos lastimamos y nos alivia pero yo no sabía si le dolían más los ojos, el pecho, las piernas, la cabeza, entonces lo que he hecho ha sido abrazarla con fuerza porque la abuela dice que un abrazo lo cura todo. Al final parece que ha funcionado porque su llantera ha desaparecido, se ha estirado el delantal y ha seguido lavando la ropa en la pila del patio.
19 de Diciembre de 1989
Mamá dice que papá no va a volver más y la abuela lleva días blasfemando. Mamá nos reúne y nos anuncia que padre nos ha abandonado, no sé exactamente qué significa esa palabra, declara que no quiere saber más nada de su mujer y sus cuatro hijas. Yo empiezo a sentir una extraña atracción por la palabra abandono, hago mis cálculos y si es lo que creo entender que significa ya no veré a papá borracho, no habrán gritos, ni puertas rotas, ni habrá que esconderse más debajo de la cama, ya no tendré que pasar más vergüenza cuando la policía nos trae a papá dormido, orinado y maloliente. Todos los amigos del barrio me miran de forma rara durante unos días, luego se les olvida y volvemos a jugar con normalidad al escondite y a la rayuela.
15 de Enero de 1990
Mamá trabaja mucho, bautiza este nuevo año como venturoso para todas. La abuela se ha venido a vivir con nosotras, me encantan sus lentejas, sus bizcochos y sus tortillas de patatas. Silvia y Noelia han dejado el instituto pero no están para nada afligidas, mamá se ha endeudado en dos máquinas de costura y están trabajando en casa cosiendo zapatos. Laura y yo seguimos acudiendo al colegio, tengo que aprovechar y aprender mucho porque puede que dentro de unos años también nos compren a nosotras otra de esas máquinas. La dueña de la casa volvió a venir respaldada con dos guardias dispuesta echarnos pero mamá le entregó algo y ha cambiado de opinión. Esta vez se cierra la puerta y mamá en lugar de caer abatida me sonríe y me guiña un ojo ¡Qué bonita está mamá ahora! Gracias papá por abandonarnos, al irte ha dejado de escucharse esa triste canción por toda la casa. No vuelvas por favor, mamá dice que somos mujeres fuertes y todo nos va ir muy bien.

AGUSTINA BOUCHERIE

“Puto” “Maricón” “Trolo” entre tantas otras agresividades que escucho hoy en día por la calle, en la escuela y sobre todo en redes sociales. Que si te gusta el rosa, que si lloras, que si escuchas canciones de amor, que si te gusta cantar, que si usas ropa apretada, que por eso y mucho más sos un “puto maricón”.
Volvía de la escuela ayer por la tarde, un tanto feliz por mi nueve en arte y otro tanto angustiado por cosas que me tienen incómodo hace ya un tiempo y veo en la esquina de casa, acorralado contra un árbol a Juan, mi mejor amigo, o eso creo, o eso debe ser.
– ¿Qué pasa putito? ¿No te vas a defender no? Y no, si los que usan remeras rosas son unos putos, no se defienden. Lloran nada más.
Cuando quise acércame a ayudarlo, Juan se fue corriendo y los cuatro chicos que lo agredieron me miraron y entre risas sarcásticas me dicen: – Ahí viene la novia a defenderlo.
Los ignore, lo suficiente como para poder darles la espalda y llegar hasta mi casa sin insultarlos, gritarles o llorar. En lo que cruzo la puerta de entrada, tiro mi mochila al piso y con un fuerte grito de ¡MIERDA! Comienzo a llorar. Mis padres trabajan y llegan siempre una hora más tarde, por lo que tenía 60 minutos solo, para mirarme al espejo, odiarme, disgustarme, y sobre todo avergonzarme.
El reflejo que me obsequiaba el espejo no me gustaba, miraba cada rincón de mi cuerpo, cada detalle de mi ropa, de mi look, mientras en mi cabeza resonaban todas esas frases y palabras que escucho y leo a diario. “Puto, maricón, trolo de jean apretado, nenita de mamá”. Sentía vergüenza, mucha, pero… ¿de ser quién soy? Sí.
Cuando lo pienso suena absurdo, ¿cómo puedo avergonzarme de ser quién soy? ¿cómo puede estar mal tener otras preferencias, otros gustos? ¿Qué mal le causo al resto? No lo sé.
Después de llorar frente al espejo, de intentar convencerme de que no hay nada malo en mí, llegaron mis padres. Mi mamá, escuchó mis llantos y asustada sube a mi cuarto. Cuando entra, me ve sentado frente al espejo, con mis remeras rosas rotas, mis jeans apretados todos hechos un boyo dentro de la basura y mi computadora encendida en una página de google qué decía “¿Qué hay mal en mí? ¿Por qué siento tanta vergüenza de ser quien soy?. Mi empezó a lagrimear, se sentó junto a mí y me dio el abrazo más fuerte que jamás me ha dado, mucho más fuerte que aquel que me dio cuando murió mi gato Cristóbal.
– Hijo, no hay nada malo en vos. No hay que avergonzarse de ser quien sos, hay que avergonzarse de no dejar al otro ser quien es. Ama a quien tu corazón quiera, es la única forma de ser feliz.
Los abrazos de mamá siempre son salvadores, pero ése, ése era diferente. Era el inicio de un nuevo comienzo para mí, era el inicio de empezar a vivir siendo quien soy, amando a quien yo quiera y sintiéndome orgulloso. Porque no tengo que avergonzarme de ser quien soy, porque no hay nada malo en mí, al contrario, dentro mío hay amor, mucho amor.

JUAN JOSÉ SERRANO PICADIZO

“Mundo perdido”
El mundo contaminado por miles y millones de kilómetros de basura. Basura que no era procesada, y sin embargo era acumulada por humanos como un síndrome, una enfermedad del consumismo y la gran súper población. Llevados ha cometer el mayor crimen de ensuciar las aguas del océano con cantidades desmesuradas de plástico y otros tipos de sustancias igualmente nocivas para la vida en las salinas aguas. Provocando la gran escasez de animales marinos, la muerte por contaminación. Ésto las condujo a la nueva evolución científica y por ende divina, obrando el milagro que por muy descabellado fuera, de hacer que la basura adquiriera vida, para poder devolver la vida al mundo. Tomando la forma de seres extintos por la negligencia humana. Formando tristemente parte de la naturaleza. Plantas de plástico, pájaros de papel y las formas más fantástica, como igualmente alucinantes, peces de cristal y tortugas de aluminio. Vagan en silencio, llorando la pérdida material y espiritual de la vida. Un ser de carne y hueso. Ojalá yo algún día mute, me avergüenza ser humano.

MANUEL ALBÍN EXTREMERA

Un día cualquiera fui al parque a pasear y olvidarme de los críos, — soy profesor de primarIa — y cuando salgo de echar mis horas correspondientes, parece que me ha tocado la lotería. Y como he dicho antes me voy a pasear y liberar la mente.
Había dos críos con su joven madre y no paraban de correr y jugar en unos columpios que había instalados, — quise tranquilizarme y nada, no podía —.
Los niños seguían jugando y vieron una fuente de agua, al lado estaba sentado un anciano con su gorra para que no le diera el sol, seguia sentado, pero sin quitar los ojos a los niños, que no se quedaban quietos, mientras la madre iba tras ellos.
En un momento de distracción “los traviesos niños”, alzaron sus pequeños pies y llegando al boton del grifo lo presionaron y el agua empezó a salir sin parar, con la suerte que el anciano estaba sentado al lado y lo mojó, dando un salto y hablando despacio sólo, llegó la madre, se disculpó, pero se puso su rostro rojo con un tomate, {que vergüenza pasó la madre},
aunque yo también pasé vergüenza ajena por la mala suerte de la madre.

CURRO BLANCO

Vergüenza cósmica.
La escasez de energía cósmica hace que los habitantes de otros planetas de distintas galaxias del Universo se apresuren en convocar de manera urgente a todos los mandatarios planetarios para atajar el cosmoproblema. Tienen razones fundadas de que sobre todo los humanos, desde hace décadas, dejan de emanar la cantidad de energía que deberían teniendo en cuenta el planeta donde habitan; por sus características, sus dimensiones, su diversidad y cantidad de seres vivos.
Los Gungansos, originarios del planeta Naboosus, son los artífices junto con los Jabbayois, del planeta Jabbayoten, de promover este ambicioso y necesario proyecto llamado “to sabe existence”, que busca promover la conciencia de todos los habitantes del universo en pos de una producción de energía vital suficiente que contribuya de manera óptima a la sostenibilidad del cosmos.
En el último siglo el comité de “to sabe existence” ha constatado que en el universo el número de muertes de estrellas es muy superior al de nacimientos y que la gestación de nuevos planetas es inexistente.Y aún peor, la Proenergía sustancial que protege a las almas vitales, ha sufrido una caída en su índice de vibración armoniosa de un 0,234445667 por ciento; las ánimas de todo el infinito son menos eficientes y en consecuencia menos felices.
El problema con el que se enfrentaba la “to sabe existence” era que los humanos no estaban enterados de la existencia de vida en otros planetas. Hasta ahora, no habían visto conveniente dejarse ver por ellos. Creen que no están preparados para conocer de la realidad cósmica, de su complejo entramado y multiple mecanismo. A pesar de que en lo relativo al avance astrofísico habían puesto empeño realizando proyectos espaciales importantes, más bien parecían haber buscado hinchar el orgullo ególatra de la humanidad que su verdadero fin: procurar la interrelación efectiva con otros mundos; no avanzaron más allá de visitar la luna, aproximarse al sol o rondar Venus y Júpiter.
En la conferencia de mandatarios planetarios se concluye que, efectivamente, los humanos son los principales responsables de la carencia de energía cósmica; que la causa original es debido a la pésima calidad de vida de una parte importante de sus seres vivos; el motivo, la voracidad con la que habitan el planeta otra porción.de ellos, que aunque pequeña en proporción, acapara una gran fracción de las riquezas del planeta. En segundo término, y no menos importante, la excesiva explotación de los recursos naturales del astro, provocando desajustes muy importantes en sus parámetros bioclimáticos. Dictaminaron, que de forma inminente se pondría en marcha la operación “human globe”: advertir a los humanos pacificamente, pero de manera contundente.
Asegura Paulino, que se encontraba viendo el programa televisivo “cuarto milenio” de Iker Casillas. (Siempre le habían gustado este tipo de programas.Ya en otra época, cuando aún no había adquirido ciertas manías ni había conocido a Antonia, su mujer, veía el de Fernando Jiménez Del Oso, ” La puerta del misterio”. Él, pensaba, que éste era cinco veces y media mejor que aquél, pero que al no haber pan buenas son tortas…) Al escuchar la información sintió una vergüenza cósmica que le hizo sacar todas sus manías seguidas, unas detrás de otras: se atusó el bigote dos veces con los dedos de la mano derecha y tres con los de la mano izquierda; se rascó la nariz con los dedos pulgar e índice de la mano izquierda haciendo pinza dos veces seguidas sin respirar; se dió una palmada con cualquier mano en el muslo derecho nerviosamente; llamó a Antonia, su mujer, para contarle la cósmica noticia, pero que cuando acudió le dijo que si podía hacerle una tortilla francesa sin pan ni nada.

GAIA ORBE

entre faldas me escondo
escapo huyo
de lo desconocido
¿te mordió la lengua un gato?
amenaza la vecina
qué sabe esa qué opina
si me pongo colorado
¡no hablen! ¡no miren!
es que me siento observado
vergüenza hay en mis ojos
adentro una gran tristeza
no se trata de pereza
me pongo una manta negra
para salir de la escuela
igual parezco una cebra
sudo estoy alterado
digan la palabra mágica
quiero salir de la cueva

VERITO TOWERS

Carrito de super
Tenía como año y medio que no iba al super mercado. Primero, porque la edad y sus piernas no le permitían caminar mucho y segundo, por el confinamiento obligado y luego, ese encierro lo conminó a una vida pasiva y así el ciclo añejó el dolorcito al caminar.
Sin embargo, ese día se levantó animoso, peinó sus blancos cabellos como la nieve y sacó de la cajita las gafas especiales de salida. Se miró al espejo y practicó una sonrisa para luego acordarse de que esta se ocultaría bajo el cubrebocas marrón que su hijo le había comprado. Ese día saldría al super mercado, su hijo se lo había dicho. Puntual, esperó sentado en mullido sofá de la sala donde solía aguardar cuando las visitas, que últimamente se reducían a su hijo y a los dos hermosos nietos que tanto amaba. Esta pandemia lo había cambiado todo. Había perdido a sus dos entrañables amigos por el COVID y sentía que se le rompía el alma en pedazos por no haberles dicho ni siquiera adiós y ni qué pensar en el abrazo a las viudas, con quien la vida le había dado tantos y tan hermosos instantes.
Entraron corriendo los nietos y entonces Francisco sintió que su corazón se desbordaba. Entre risas y saludos a la distancia se saludaron. Y llegó el momento ansiado. Lentamente, con su bastón, al que gustaba llamar como invisible porque era de acrílico transparente y el fuerte brazo de su hijo Dario, dio los dolorosos pasos necesarios para llegar al automóvil que ya le esperaba ansioso por mostrarle otros aires. No era nuevo el paseo en coche ni las vistas de la calle o la gente con su cubrebocas y careta, pero aún así, Francisco lo disfrutaba.
Llegaron al super mercado y su hijo se adelantó para pedir el tan ansiado carrito eléctrico.
-“Este es para arriba si quiere ir adelante y este para abajo si va para atrás”- fue toda la explicación del dependiente y ansioso, Francisco se sentó en ese automotor como quien comenzara la carrera de su vida. “Parece simple”, apenas murmuró mientras ya aceleraba para salir de los pits.
Los pasillos se le hacían estrechos, quería parar y el control del vehículo no. Su mano firme apretaba la palanca como si de la mismísima Fórmula 1 se tratara. Dos o tres clientes le miraban asombrados cuando el abuelo Francisco iba hecho la mocha… rum rum rum decían sus nietos felices mientras corrían a su lado y el abuelo sonreía bajo la obligatoria mascarilla. Sus ojos también sonreían, se hacían pequeñitos como ranura de alcancía mientras aceleraba.
Algunos reían, otros se ofendían. Dario iba tranquilo primero, pero disculpándose con todos a su paso. “Es la primera vez que sale, Nunca había manejado un carrito de super, Perdón”, murmuraba con vergüenza mientras solícito pedía a su padre que fuera más cuidadoso.
Abuelo y nietos parecían no escucharlo. Una señora hasta le gritó viejo loco. Y sí, Francisco parecía desquiciado de libertad y más allá de la vergüenza que Dario sentía, lo comprendía plenamente y sí, nadie podrá negar que bajo su cubrebocas también se escondía una tímida sonrisa que surgía por mirar a su padre y a sus hijos tan vueltos locos, tan embriagados de libertad y de júbilo. El colmo fue cuando Francisco decidió enfilar su “go kart” de supermercado a la caja y entre el Frena papá y el acelera abuelo, perdió el control y chocó con las revistas que ahí estaban. Dario moría de vergüenza mientras todos, cómplices de una travesura, reían sin parar, hasta la señorita cajera, que afirmó muy seria, no pasa nada, mientras se apresuraba a acomodar las revistas.
Al llegar a casa. Dario y los niños rieron a rienda suelta con el abuelo mientras recordaban choques y risas cómplices en las que nadie, absolutamente nadie salió herido. “¿Cuándo volvemos al super mercado con el abuelo, papá?”, increparon los niños. Dario, muy serio contestó: “Chicos, no lo sé. Tendríamos que buscar otro super mercado”.

SILVANA GALLARDO

Con el soplo de un viento fresco que me envuelve, lejos de mi hogar, de mis amores, los instantes se vuelven caricias que vistieron mis primaveras de colores, inviernos que llegaron a arropar mis sienes de plata. Dentro de mi pecho hay un vaivén de emociones, en mi mente una maraña de recuerdos que se agitan en lugares escondidos de mi alma. Brotan como manantial las añoranzas, los recuerdos y descubro, en los recovecos de mi corazón, sentimientos que me doblegan, me recuerdan mi debilidad y lo que es peor, se genera una conexión con mi cerebro que suscribe razones que no tienen razón de ser. Siendo hermosa mi vida, anhelé mi muerte, porque en un terreno fértil de mis emociones, se pudo sembrar el desaliento, la frustración, el enojo y la impotencia por lo que ahora considero nimiedades de mi vida. Tengo vergüenza de haber sido débil, callada y tibia, pues esto me hizo ser blanco de dardos dirigidos a mi corazón para ser lastimado. Vergüenza por haber escondido mi fortaleza, debilidad que me hizo descubrir mi ignominia, por temor y cobardía. La nostalgia me invade. Los pensamientos se agolpan en mi mente enferma y no atino a ordenar mis ideas, pues después de más de medio siglo de vida, me acosan las palabras queriendo hacer fiesta, arrebatarme las lágrimas porque inexorablemente, mi camino por la vida me marca el tiempo regresivo.
Mientras tanto, evoco, con los ojos inundados de melancolía, a dos figuras gigantes que me dieron vida y bienaventuranza, que hicieron de mi, un ser noble, bondadoso, trabajador, entregado, con la modestia aparte. Me enseñaron que las caídas erigen el alma, curan las heridas y nos empujan a continuar nuestro camino, aciago o venturoso y continuar con los aprendizajes “a golpe de mar, pecho sereno”. Llevo un morral a mis espaldas, cargando todo lo que me enseñaron, un sendero en el que dejé atrás lo malo y lo bueno, arando con devoción mis caminos, sembrando, siempre sembrando para esperar pacientemente la cosecha que me haga merecedora de parabienes.
¡Ay! mi Esther, mi Francisco, cómo los he extrañado, cómo me han hecho falta desde su partida, se fueron y nada es igual a pesar de que su esencia impregnada en cada uno de mis hermanos, prevalece. Yo, con mis años ya viejos, lloro mi orfandad en cualquier rincón, como una niña desvalida y no me avergüenza, porque nunca dejaremos de ser niños cuando añoramos a nuestros padres. En su casa, sin ustedes, me pierdo, intento estar ahí, pero su ausencia no deja de dolerme.
Sus visitas en mis sueños, me alientan y fortalecen mi débil espíritu y miren que mi cabeza ya recibió el invierno que ha teñido mis cabellos y, a pesar de ello, en mis momentos de soledad y tristeza los llamo para sentirme cobijada en su regazo y protegida con su infinito amor, ¡cómo he echado de menos su presencia!
Quisiera retroceder el tiempo para reconciliarme con mi madre, por un evento lastimoso que marco mi vida, me alejo injustamente de ella, que aceptara su equivoco, eso no la haría menos madre ni restaría mi amor por ella ¡Yo soy madre! sé que cometemos errores con los hijos, que seamos humildes para reconocer que nos equivocamos y pedir perdón, no es ninguna afrenta. Pudo mas su soberbia, la cólera la venció; sin embargo, en el umbral de su partida, su mirada acarició la mía y fue suficiente, fue la chispa, la luz para valorar su gran amor de madre, mas no he podido desenterrar de mi corazón la espina que me clavó, quien me alejó de ella.
Ven y reclámame, me someto a tu juicio. Devuélveme tus palabras de cariño, vuelve a abrazarme en nuestro aniversario, en la fecha de tu onomástico cuando me diste la vida, olvidaré el pasado que te marcó, me alcanzó y nos hirió a ambas. No era tonta como me decías, era noble, incapaz de dañar a nadie y menos a mi sangre. callaba por prudencia y por respeto. Jamás me hubiese perdonado una falta de respeto hacia ti, sería un vergüenza, sabiendo tu entrega, tu fortaleza, tu lucha hacia tus hijos. Te partiste el alma para entregarte a tus hijos y hacer de nosotros, personas de bien.
Cuando me enteré de tu enfermedad, no me daba cuenta cómo te disminuía y ¡carajo! nunca te quejabas. Seguía viéndote bonita, con las luces de invierno en tus sienes, impecables. tus labios pintados de carmesí cada mañana, para iniciar tu jornada y vestirnos con tu hermosa presencia. Te veía más delgada, blanquita a pesar de ser morena.
Después, días de dolor, visitas al hospital, tu piecito diminuto, amorfo por la gangrena a punto de ser amputado y por delante, un camino de amor, la ruta que con frecuencia recorrimos para salvar tu pie. Sólo tú sabías y sufrías el suplicio de ese tratamiento, hasta cierto punto brutal, que aparentemente te haría caminar otra vez, sin dolor alguno; pero te nacieron alas para elevarte a la eternidad.
Qué bellos momentos, a pesar de tus pesares, de tu enfermedad, de tus dolores y molestias, cuando te bañaba, porque aunque no platicábamos, tu mirada era diferente, dulce, angelical, amorosa. Fue la luz de tu perdón a mi alma lastimada. Cuando terminaba mi tarea, esa misión que me permitió acompañarte en momentos intrincados, pedías tu perfume, tus aretes y pintabas tu boquita para emprender el recorrido por el sendero trazado del amor y la esperanza.
El día que partiste, nadie lo esperaba, nos congeló, se perdieron las palabras, el aliento; uno a uno vi desplomarse a mi familia, mi padre, mis hermanos. no lo esperábamos, no lo imaginábamos, la muerte era un hecho que no dimensionábamos y, de pronto, nos convertimos en fantasmas, deambulando por tu hermosa casa, por cada rincón impregnado de ti, pretendiendo creer que fuera un mal sueño, una pesadilla y en verdad habías dejado de ser, para habitar por siempre en nuestras mentes y en nuestros corazones.
Siempre fuiste dura conmigo y llegué a pensar que no me ambas. me refugiaba en mi propia soldad, en mi vergonzoso mutismo. Ahora comprendo que hay formas de amar y a mí, me amabas diferente, porque nuestras almas eran opuestas. Fuiste espíritu guerrero y yo, una alma desvalida.

EMILIANO HEREDIA

“-¡ESPERA JOSÉ LUIS….!
José Luis, un joven de diez y ocho años, espigado, de tez color trigo.
Ojos redondos y curiosos, dos obscuras hojas de otoño en medio de una afilada y perfilada cara. Y una línea color chicle con forma de sonrisa.
Viste uniforme escolar, pantalones grises de tergal, un tronco de raíces negras, sujetando la copa, una americana azul marino donde una corbata rojiblanca de anchas bandas anida en un blanco nuclear, almidonado y planchado nido.
Una novicia, de su misma edad, se va acercando, como un barco a su puerto. Las intermitentes ráfagas de una luz sepia que invaden el pasillo por cinco ventanales, infieren a la menuda novicia, un cierto aura de santidad.
-¡José Luis!, ¿Creías que te ibas a ir sin decirme siquiera adiós?-expresa un mal disimulado enfado, que oculta como una careta, la tristeza de la separación-
-No, hermana María, justo ahora iba a decirle al conserje que la avisara ..- responde un azorado José Luis-
-Jose Luis, te he dicho mil veces que está mal mentir-regaña no sin cierta ternura, la novicia-
-Tienes razón, María-responde muy decidido el joven-
-¡Por favor!, ¡Las formas!-exclama la hermana María, cruzando las manos, frunciendo el ceño- hermana …
-Maria- corta tajantemente el alumno- no se si es por el trago de ron que me ha ofrecido Quintana, de su petaca, lo que me está dando el valor para decirte, María, sí, María, que te estaba esperando, porque, porque….
-¡Jose Luis!, – dos amapolas rojas, brotan en las palidas mejillas de la religiosa, y la brisa de lo inesperado, hacen agitarse levemente unos finos y perfilados labios-
-Porque, no, no quiero, no quiero irme de aquí. No voy a estudiar ninguna estúpida carrera, no, no me interrumpas. Sí, te estaba esperando, a tí, porque, porque, necesito decirte, que le he pedido el puesto del conserje a la madre superiora, ya que, como bien sabes, Manolo se jubila. Y no, no me mires con esa cara, como si hubieras visto a nuestra madre, la virgen María. Y sí, al diablo con todo. Necesito, estar aquí, siempre, entre éstas paredes, oler su olor, oír sus ruidos, inhalar su aire. Porque, hermana María. María. Te casarás con Dios. Y yo, yo te observaré, como a la mujer de mi mejor amigo, en la distancia. Cuando, esté barriendo el patio, cuando, a través de los ventanales, la observe, te observe, dando clase.
Hermana María, María, porque yo, me está devorando la vergüenza, yo, quería decirte, que te quiero, y te querré en silencio.
Se aleja, sollozando, escaleras abajo, dirigiéndose al despacho de la madre superiora.
-¡Espera Jose Luis!

LOLY MORENO BARNES

VERGÜENZA AJENA
(Tema de la semana)
__¡Buenos días, señora Ana! ¿Lo mismo de siempre?
__¡Si!
Corte y tinte. Usted ya sabe que cada mes toca hacer lo mismo. Las canas no perdonan, apenas pasadas dos semanas vuelven a aparecer en las raíces.
¡La edad no perdona!
__¡Si, señora Ana!
Aunque aparte de ese pequeño inconveniente, usted está siempre joven y elegante, como si no pasaran los años.
La señora Ana sabía que era el mismo discurso de cada vez que acudía a la peluquería .
Eso no le molestaba, sino lo que venía después de seguro:
Los comentarios de las asiduas clientes siempre llevaban en sus palabras bastante de ponzoña
.
La primera en abrir tema era la vecina de enfrente, con la que solo coincidía en la peluquería a pesar de que alternaba los días para asistir.
Se le veía correr el visillo de su ventana si veía alguien cruzar la calle, y al parecer, no tenía otra cosa que hacer que mirar a trasluz para llevar y traer chismes.
__¿Cómo está su hijo, señora Ana?
Llegó la primera pregunta como una puñalada.
__¡Bien! Como siempre…
__Se dice por ahí, que había estado un poco delicado.
__Bueno…solo fue un ataque de ansiedad por el estrés de la crisis que estamos pasando debido a la pandemia y que se había quedado sin trabajo .
__¡Aaah! …¿Es que trabajaba?
Llegó la segunda puñalada.
__Si, pero fue poco tiempo, porque era un trabajo temporal .
__¡Aaah! ¡Qué pena!
Tuvo problemas de pareja, tengo entendido, se le ve tan buen chico…suerte que tras la separación no hay hijos de por medio .
__Si bueno, ya lo está superando.
Y así una pregunta atrás otra y una respuesta evasiva a cada una como buenamente podía salirse por la tangente la pobre mujer.
Era el drama de cada mes al acudir a la peluquería.
A veces rogaba a Dios quedarse calva y no tener que ir, para no dar explicaciones de nada.
Al llegar a su casa se desplomaba en llanto, sintiendo vergüenza ajena sabiendo que su amado hijo, por más que ella intentara honrarlo ante la sociedad era un drogadicto que nunca dio un palo al agua y al que su pareja había dejado por maltratador.

PATRICIA BARREIRO

La vergüenza de amar y no ser correspondido, sentirse avergonzado en tu circulo, la exposición indeseada, las personas que son introvertidas y sufren ante la exposición pública, por último ,la marginación, esta es la más cruel en la sociedad, con esto me lleva al nivel social del hombre, que a pesar de todo el esfuerzo que pueda hacer , en muchísimos casos no logra abastecer a la familia de las cosas básicas que se necesitan , llevándolo a la frustración.
Siento demás vergüenza ajena de muchos empleados de la salud y cuidadores de personas mayores que dependen de otros , como son tratadas, sin respeto, sin cariño, sin dedicación, como si estas personas pensaran que no les llegara la ancianidad? Veo periódicamente hogares para personas mayores y es espantoso como los tratan.

MANUEL ARANA ALCALÁ

Siempre quise ser maestro, por lo que me inscribí en la Escuela Normal en mi Estado. Me gustó desde niño dar clases a los niños menores que yo… pero mi timidez era extrema y luchaba en silencio contra todo bullying de los compañeros de primaria y secundaria.
Por fin ingresé a la Normal para maestros y en la primer semana me pasó la maestra de Español a expresar el significado de Enunciado. Pero nunca había pasado al frente de un grupo por sentirme muy inferior, flaco, largo y moreno. La maestra me dijo amablemente: Pasa al frente hijo, no pasará nada… y agachado le decía que no con mi mano. Bajó del templete del Auditorio de la escuela, que fue mi salón de primer grado y me tomó la mano, llevándome a la parte alta, se escuchaban risas y murmullos.
Subí y me dijo: ¿Quieres ser maestro niño? Tenía entonces 15 años, y le dije que sí al oído. Me dijo: No te preocupes. Alzó la voz y dijo: ¡¡Guarden silencio! Y amenazó: Quien se ría de este jovencito quedará reprobado por un semestre.
Todos guardaron silencio, y me dijo: -Ahora mira al frente sin mirar a ninguno a los ojos y di lo que es un Enunciado… lo dije con voz baja y me detuvo. Dijo: respira profundo e inténtalo de nuevo con más fuerza y suelta las manos. Lo hice y al terminar, les dijo a mis compañeros: Gracias por ayudar a este futuro maestro. Pidió un aplauso para mí y por primera vez enfrenté mis temores sin sentir nada de vergüenza. Realmente no es tan difícil, pero es un trabajo interno que me bastó ese día para obtener todas las oportunidades que la vida me ofreciera más adelante. No nada más fui maestro de primaria, también Asesor Técnico del equipo de la SEP, músico, poeta, loco y feliz de tener todo lo que ahora disfruto. Sobre todo la amistad y el amor.

ALEXANDER QUINTERO PRIETO

Transición
Rosendo llegó ese día tarde al colegio, de nuevo. Llevaba su saco húmedo de haberlo lavado la noche anterior y manchado por el rastro mentolado de la crema dental de la mañana; desprendía el olor desagradable de la ropa que no tiene tiempo de secarse por completo. Al llegar a la puerta del colegio, la mirada interrogadora de Ochoa, el celador, lo hizo sudar sin que lo notara. Tartamudeo para dar una excusa, siendo interrumpido por una crítica implacable: -llega tarde y oliendo a feo… ¿es que a su mamá no le da pena? –
A sus siete años Rosendo no entendía que tenía que ver la pena de su madre con llegar tarde y además con el saco húmedo, pero la mirada del hombre pequeño y con bigote de la entrada lo hacía sentir nervioso y ya anticipaba otro regaño de su profesora y la burla de sus compañeros.
– ¿Otra vez se despertó con la campana de entrada Rosendo? Y que es ese olor, uy mijo… ¿usted si se bañó? Coja el puesto y hágase allá en esa esquina, bien retirado de Lorena, para que no la me incomode-
Los niños reían sin quitar la mirada de Rosendo, quien empezaba a llorar y tapar sus oídos para evitar escucharlos. La profesora reía y miraba al pequeño con ira, pero no podía controlar la risa que le provocaba la situación. Rosendo no comprendía por qué reían de él, y esto lo hacía sentir aún más nervioso. Las risas de los demás, su corazón, el sudor en su frente, sus puños apretados, una cantidad de información difícil de distinguir que no le ayudaba mucho a controlar su llanto. A veces sentía como si fuera una pesadilla, deseaba no sentir más, pero era la monotonía de su semana. Afortunadamente, la clase con la Señorita Forero terminaba rápido.
Los niños olvidaban el olor del saco de Rosendo, que se quedaba en su silla, mientras jugaba con sus otros compañeros. En clase de matemáticas era el más rápido en calcular, en educación física destacaba por su compañerismo y energía.
El profesor William solía pasarlo al tablero. Ya advertía de su carácter nervioso en el tablero. Cuando se preparaba para elegir a uno de los alumnos Rosendo se encogía de hombros como una pequeña tortuga dentro de su caparazón. El profesor William cantaba con los niños antes de empezar la clase, los hacía cerrar sus ojos, escuchar los sonidos a su alrededor, los ponía a atender sus pies contra el piso, el latido de su corazón, también a sentir su respiración, sin intentar cambiarla, solo observando con se inflaban y desinflaban sus pequeños estómagos.
Los anticipaba para los ejercicios al tablero. –Niños, ahora vamos a mirar los ejercicios que dejamos para casa, deben solucionarlos en el tablero, recuerden que lo importante es que lo intenten y lo hagan tranquilos, no importa si queda bien o mal, lo importante es su esfuerzo por hacerlo, y no admito ninguna corrección o burla hacia sus compañeros-
Rosendo era admirado por sus compañeros en esta clase, ya que aparte de ser el más rápído haciendo sumas y restas lucía como uno de los niños más valientes, y siempre llegaba a tiempo cuando empezaba esta clase.

DAVID DURA MARÍN

Noticias de última hora…
Pillado el primer medallista de raza gitana vendiendo su medalla de oro en lanzamiento de plomo.
Según fuentes informadas, a Darío Pérez Gil le vieron en una casa de compraventa de oro a las afueras de Tokio en el barrio de Nikijha supuestamente empeñando el primer metal conseguido por la delegación española en lanzamiento de plomo.
Al preguntar al sorprendido, solo pudo decir , esto no es oro!.
Es reciclado al tres por ciento!.
Dónde está mi plomo !.
Tengo que alimentar a toda la familia y con esto no llega .
Sus majestades los reyes han querido tener un reconocimiento con el atleta con dos chocolatinas envueltas en papel oro , sin parar de aplaudir con la mano escayolada del monarca.
En otra orden de cosas , el tenista Rafael Nadal ha ganado su
treintavigesimo Roland Garros.
El punto definitivo a caído de parte del tenista de nacionalidad española gracias al aire de las regatas mallorquinas depositando el punto ganador en la línea.

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14 comentarios en «Vergüenza – miniconcurso de relatos»

  1. Todos geniales !
    Me he sentido identificada por el relato de Juan José Serrano .
    Vergüenza siento del mundo que dejamos al futuro!

    Mi voto es para Juan José

    Responder

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