Pesimistas

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos con el tema «pesimistas». Estos son los textos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 24 de octubre! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

MARÍA ROSA ROLANDO

🙄🤕Un mundo sin escaleras. Ése es mi deseo. Sé, que pensarán que estoy un poco desequilibrada. En realidad, quizá, lo esté.
Pero, es que ellas y yo, no nos llevamos bien, hemos tenido nuestros conflictos.
Se presentan inofensivas, seguras, y ahí cuando te confias, te hacen trampa.
La del altillo de casa me ocultó varios de sus peldaños y yo caí elegantemente, a pesar de haber seguido al pié de la letra las instrucciones de Julio Cortázar de cómo subirla o bajarla, en éste caso.
Las enigmáticas, que habitan en antiguos edificios, separan sus escalones de manera tal que, al subir, te hace estremecer; teniendo que asir fuertemente el pasamanos o el brazo de algún caballero, para no darle el gusto de verte desparramada en el piso.
Alguna vez, me enfrenté a las que se mueven mecánicamente, haciendo más fácil la experiencia. Para mí, son personajes de películas fantásticas, que pueden llegar a devorarte en un segundo ; o al menos a tu zapato. Te paras frente a ella, pruebas una, dos veces, hasta que das el paso y respiras aliviada. Pero sólo hasta llegar a destino. Das un pequeño saltito, y sí, tierra firme, qué felicidad!!
Quizá haya otros. Quiero pensar que no soy la única que prefiere caminos firmes, caminos llanos, yo amigos, ansío un mundo sin escaleras.


CONSUELO PÉREZ GÓMEZ

El vaso siempre medio vacío era rellenado una y mil veces, pero a medida que se le añadía, el líquido mágico se evaporaba en el aire sin dejar rastro. No había fórmula que no hubiera probado, todas con el mismo resultado de fracaso absoluto.

—La jarra está rajada, y cuando creo en su contenido intacto, la realidad es de total ausencia. –Pensó.

Compró una docena de jarras. Compró el agua más cara que había en el mercado. Con el nuevo arsenal se dispuso a rellenar el vaso. El nivel permanecía intacto.

Olvidó por un momento el vaso, el líquido y, de su estado gaseoso también se olvidó.

Tras los cristales, una nube en el ojo derecho distorsionaba los objetos a su alrededor. Tomó sus gafas, las miró al trasluz. Tenían una mancha negra en el centro parecida a la que deja un rastro de ceniza. Gamuza en mano, frotó y frotó y frotó hasta hacerlas brillar.

En la cocina, jarra en mano, rellenó el vaso hasta conseguir rebasar el borde por el que se derramaba el raudal que en otro tiempo fue de amargas gotas.


CARLOS COSTA

Si escribir valiese realmente para algo,

Podría detener guerras,

El hambre,

El desamor,

El odio,

Acompañar a los que están solos…

Pero escribir solo sirve

Para soportar lo insoportable

No para detener su causa.


KARLOS WAYNE

“Camino de la consulta me da por pensar en mi maldita suerte. A través de la ventana del autobús veo a toda esa gente viviendo su vida, con sus penas y sus glorias, sin darse cuenta, sin prestar atención a los que como yo, la muerte les acecha. Esa muerte que está tan cerca que casi puedes sentir su aliento pegajoso.
Yo no se por qué sigo yendo a ver al médico si su diagnóstico no va a cambiar, si su mirada lastimera va a seguir hiriéndome, con su trabajada media sonrisa apoyada en ese ligero ladeado de cabeza. Tanto título universitario para luego no ser capaz ni de confraternizar con el dolor ajeno. Sabe que me estoy muriendo, que tengo los días contados y no parece importarle. ¿Cómo puede ser posible? Vaya falta de profesionalidad, ni por asomo esto es lo que era… ¿Acaso ignora que él también se está muriendo? ¿Cómo puede levantarse por las mañanas e ir trabajar sin que le afecte la atroz realidad de saber que tarde o temprano se va a morir? ¡Y no solo él! El conductor mismo de este autobús sonriéndome al darme el billete… ¿Es que el mundo se ha vuelto gilipollas o algo así? ¿Es que nadie se da cuenta de que se van a morir? ¡Todos! Sin excepción. El doctor me toma las constantes vitales y sonríe. Dios, dame paciencia. Me dice que estoy como un roble. Que deje de preocuparme por la muerte, que esta aún anda muy lejos de mi vera. Pero yo se que no es cierto. La siento venir, paso a paso. Igual no llegará hoy, ni mañana, tal vez ni en cincuenta años, pero venir, lo que se dice venir, viene. Y si es asi, si no hay nada que podamos hacer, entonces dime tú qué sentido tiene esto de vivir. Vivir esperando a morir. Maldita suerte la mia que sé que me estoy muriendo”.


PEDRO PARRINA

Aquí estoy con mi ignorancia de tantas cosas, con mi mediocridad de costumbre, intentando adaptarme a estos tiempos que van tan aprisa que no consigo seguirles el rastro, tratando de entender mis conflictos internos a fin de poder evitarlos, deseando saber algo más, procurando llegar a conclusiones, con mi curiosidad exacerbada, diaria, la que me salva de la monotonía, y con mis pequeñas idioteces, sobrellevando la temporal dureza de la vida, con mi meditada y sincera estupidez, queriendo esbozar una sonrisa, porque a los estúpidos no se nos cuestiona que somos felices, ya que eso es lo que se les supone casi siempre a los idiotas, a los ignorantes, a los inocentes.
Aquí estoy con mi desconfianza casi permanente, como tantas otras veces, con las espaldas repletas de dudas, aprendidas, intentando ser, o parecer inocente de lo que ocurre, de lo que sucede alrededor, con mi superficialidad, mi ensimismamiento, mi egoísmo, con mi individualismo, juzgándome, con mi interminable soliloquio sobre todo lo que sucede o por qué no sucede, bebiendo de muchas fuentes, aprendiendo a superarme y fracasando otras tantas, a fin de superar mi ignorancia de tantas cosas, con las manos temblorosas, llenas de miedos a que sucedan cosas que ya sucedieron, de las que aprendí, pero que no quisiera se vuelvan a repetir, sin saber cómo continuar o tan siquiera si regresar, volver a lo que fui, a mi desconocimiento y mis inmensas ganas de saber algo más que me obligaron a marchar con aquella supuesta felicidad que ahora me hace regresar aquí, a este precipicio permanente de mí mismo anhelando que alguien me haga desistir de esta insoportable sensación de ahogamiento, de destrucción, de impotencia, de cobardía por no ser capaz a lanzarme al abismo, sin saber si eso aliviaría el gran sufrimiento que supone el silencio, tu silencio, mi silencio, o si debo tener el valor de seguir sufriendo.
Inocente, si, aquí estoy intentando parecer inocente de lo que ocurre a mi alrededor, pero no lo soy, soy culpable de todo lo que sucede, a pesar de tener la sensación de que son otros… soy responsable; a ciencia cierta; incierta, ciega o tuerta.
Encontrar el equilibrio entre el deseo de conseguir los objetivos personales, el de entregarse a los demás, y a causas más universales, ahí está el reto más importante que he tenido que afrontar, vencer, superar, y en ocasiones admitir que no soy capaz.
El amor, el cariño, el respeto, la familia, la amistad, la lealtad, son conceptos constantemente en evolución de acuerdo a las circunstancias personales propias y ajenas, que de vez en cuando pongo en duda para sentir que están vivas, normalmente son fuente de seguridad, pero otras tantas de angustia.

MARÍA RUBIO OCHOA

La casa vieja con paredes gruesas de piedra. Dentro las puertas unas abiertas y otras cerradas, las ventanas con las contras cerradas aunque alguna rendija deja pasar el rayo de luz, la cocina con unas estanterías que aún conserva algo de la vajilla y cazuelas antiguas.Las paredes con la pintura desgastada y oscurecidas. Un armario con el olor de naftalina. Un estrecho y largo pasillo y un habitación con la chimenea con la puerta abierta, el tejado con la chimenea tapada para que los pájaros no aniden ni el agua baje.
Una gran puerta con una llave grande que nos da idea de que tiene muchos años……..Juan la tiene en la mano y casi temblando hace fuerza para poder abrir y entrar haber la casa que muchas veces había soñado pero al abrirse las piernas se le doblaron al contemplar algo diferente de lo que tenía en mente. Y como se suele decir se le cayó el alma a los pies……El pesimismo entró dentro de su ser…..Quizás nunca podría volver a ver la casa que había visto de pequeño y ahora tan diferente lo veía difícil que pudiera vivir en ella como siempre quiso pero lo que tenía claro es que lo iba a intentar..


LUISA VÁZQUEZ

Me rondaba por la cabeza hacía días el estribillo de aquella canción, “si yo fuera rico, dubi, dubi…”. Empezaba a oler a Navidad y ya todos andaban como locos para no olvidar comprar la lotería del bar donde iban a comer, de la panadería donde compraban el pan, del super…
Yo me debatía en el mismo mar de dudas de siempre. Necesitaba dinero desesperadamente, pero mi voz interior volvía a repetirme, desde la lógica más aplastante, “¡si piensas que la solución a tus problemas está en el azar es que eres más tonta de lo que pareces!”
Cada año me pasaba igual porque, seamos realistas, pocos hay que en algún momento de su vida no tiene problemas económicos, aunque sea durante unos meses al menos.
Pero cada año desistía haciendo caso a aquella voz. “Además, continuaba ella, ¿cuando te ha tocado algo? ¿cuándo, aunque sea por casualidad, has tenido suerte en algo? ¡Querida, Murphy se inspiró en ti!”
Yo era de aquellas personas que pensaban que intentar cualquier cosa para mejorar mi vida, no solo era inútil si no que estaba convencida de que nada bueno me esperaba en mi estéril existencia.
Así que, entré como cada mañana en mi cafetería habitual con el estúpido sonsonete resonándome aún en los oídos. Me senté en mi sitio de costumbre y Raúl, el dueño, me puso delante el café:
– ¿Qué te pasa, pareces ausente? – me preguntó.
Yo le hice un gesto vago con la mano, evitando así responder. Solo eran tonterías mías.
Cuando me acerqué a la caja a pagar, él empezó a explicarme algo que había pasado en el barrio pero que yo no escuché. Mi vista y mi atención estaban fijas en los décimos que colgaban de la pared en un intento de telepatía con un objeto inanimado. Esperaba que alguna voz desde alguna parte me dijera, ¡cómpralo, va a tocar!
Evidentemente, la revelación no llegó y me fui conservando 20 euros en mi monedero. Para contentarme a mi misma y justificar mi falta de optimismo hacia un cambio seguro de mi suerte, enumeré mentalmente algunas cosas que me hacían falta del super y que compraría con aquel dinero.
Pero al llegar a la esquina, volvió a sonar fuerte dentro de mí “si yo fuera rico, dubi, dubi…”
Me giré, volví a la cafetería y, entrando como una tromba le grité a Raúl:
– ¡Dame un décimo!
Él me miró sorprendido y riendo me dijo:
– ¡Tranquila, mujer. Todavía quedan muchos! Por cierto, nunca te había visto comprar lotería.
Salí satisfecha, convencida de que algo me guiaba en aquella empresa y me fui a casa sin mis productos de primera necesidad, que tendrían que esperar.
Y allí estaba yo el día 22, sentada delante de la tele con mi número de ganador apretado en la mano y una botella de cava y una copa sobre la mesa. Era la primera vez que estaba tan segura de lo que hacía en toda mi vida.
Allí continuaba horas después, viendo como otros brindaban con un cava que yo no había tenido necesidad de abrir. Seguía apretando el décimo en la mano, hecho un guiñapo ya, una bola de papel inútil, el testimonio de que, aún poniendo toda la energía positiva de que era capaz, mi suerte no cambiaría jamás.
Al rato me fui a la cocina a fregar los platos de la cena con el líquido de limpiar el suelo. El dinero para comprar el lavavajillas lo había invertido en una ilusión.


DIL DARAH

Pi, cuan sueño Nabódico, anti existencialista
-Y mi pesimismo, por culpa de Sartre
-Todos conocemos a Pi, tratamos con Pi, nacemos a veces integralmente alrededor de Pi.
Desde que le han puesto nombre, se fue el mundo universal a tomar por saco, roto a teorías.
Yo no estoy para Pi, y menos para Sartre, pero es fundamental el tratamiento correcto de ambos, para poder demonstrar que pueden afectar, y deprimirse por ellos es un rollo existencialista llevado a pesimismo eterno. Hay que evitarlo.
Sin Pi no hay depresiones ni problemas.
Todo fluye con naturalidad, llega el universo a números primarios que dan suerte, llegas a un tetraedro perfecto, llegas al final de paciencia a Fibonacci. Lo tratas con respeto, no misma veneración porque eres un abstracto y no entiendes aquello.
Luego el infinito, la estrella del mal y toda la pesca sagrada, y, si das por perdida la esperanza de la razón, milagrosamente se abre un universo de universos, de incógnitas de Pi.
Aquí, me doy cuenta que sin Më no hay Pi. Y me irrito.
Y de seguido resulta que Pi es responsable de todos los desperfectos de mi vida.
Pi va causado por Sartre.
En resumen breve, Pi existe gracias a Sarte, me altera gracias a Më y causa un efecto negativo en mi vida directa, que no puedo tomar.
Por tanto, Më ha de estar bien, dejar de ser pesimista y permitir que yo sea feliz, en cambio el suceso me enfada cuando debería quedar sin reacción por mi parte. Se extiende sobre ella y vuelve a desquiciarme.
Me duele, no puedo evitarlo, me estoy quedando sin mí, sin poder demostrar que es culpa de Sartre, porque todo va a nombre de Pi. Estoy en muy mala posición, habría de admitir la existencia de Pi, por el simple hecho de que existe, lo cual es cierto y nadie puede negar.
Y no quiero hacerlo, no quiero admitir…
Me gustaría, a cambio, poder demostrar la existencia de Pi, malvado sin que lo parezca; me gustaría poder luchar sin reacción contra su desarrollo que nos lleva a falacias.
Aunque no sea mi culpa que Pi exista y dé por saco, aunque no sea mi culpa que Sartre le haya dado vida a Pi y así la capacidad de arruinar mi vida, aunque yo no tuviera que ver, debería contribuir a mejorar el mundo y liberarlo de Pi, como conocido.
Pero no me parece justo y me estresa, por si fuera poco, he de vivir como si nada me afectase. Te gustaría a ti ¿una lectura forzosa de Sartre a lo largo de la eternidad? Para redimir a otro que te afecta y siquiera pide disculpas.
Muchos saben que, Pi, hasta cierto punto y por culpa de Sarte, tuvo vida propia.
No fue por mí, no es mi culpa entera, fue Sartre el que inició todo esto al Universo.
Gracias a su teoría la gente ha comenzado a reaccionar a Pi y esto le dio a su vez la fuerza de desarrollo. Se convirtió en importante por recibir reacciones. En que ganó suficiente poder, vino cuán desgracia sobre mí; esta causalidad dificultó mi existencia, porque, lo siento y respecto todo, pero yo con un Pi ególatra ¡no puedo convivir!
No sobre el mismo planeta.
Es un sentimiento terrible, me causa reacción depresiva, le da lugar a obrar al puñetero Pi sobre Më , Më se enfada y me quita el alma y encima tengo que leer a Sartre de nuevo, para redimirme y para combatir a ambos. Es muy injusto tener que aguantar esto.
Por favor, haced algo, habrá políticas.
Haced que yo calle la boca.
Haced, milagrosamente, que calle y que la próxima vez que me dé por hablar, deje subsecuentemente de preocuparme por Sarte, y toda esta historia. Que ni sienta ni padezca.
Ha de ser así. Es preciso que yo deje de hablar, tú dejes de leer y Pi deje de dar por saco, para que Më funcione con naturalidad, acabe siendo una miseria de cero feliz y se convierta en yo feliz, desde cero e independientemente de Sartre y de Pi.
Es imposible salvar el mundo de lo contrario. Vamos a sufrir todos.
Arghhh….
( Plano dos: Menos gritos, sombras danzan, Dante Alighieri hace striptease de fondo, desaparece el muñeco en llamas de titanio AR)
-Me ha costado hablar en trabalenguas y he jodido, de nuevo, el karma, sí: he de leer a Sarte, forzosamente, por medidas de emergencia.
He de remediar mi desprecio a la teoría ajena; hubiese bastado leer sin tomar conciencia de ella, sin influenciar el universo, ni dar muestras de inconformismo; hubiese podido evitar que el presente suceda. He de arrepentirme, dignamente leer todo de nuevo y obviar la existencia de Pi, de forma pacífica, sin resentimientos y dejando que exista como parte de mi mundo natural.
Si no lo hago no me salvo. Por favor, haced algo sin que parezca una intervención.
Me avergüenzo y confieso.
Tuve una reacción negativa hacía la teoría de Sarte y eso ha provocado el desastre de que Pi exista como un ser independiente, motivo que me tiene aquí llorando.
Al tomar conciencia de Pi, abrí el canal hacía mí; al estar vulnerable provoqué una reacción negativa a su vez hacía Më. Më reacciona ahora dejándome sin vida propia, es un círculo vicioso que he de romper o me volveré loca a lecturas. Yo le doy a Pi importancia, cierto es, y a partir de aquí, hasta que se arregle, tiene vida por mi culpa, ya independiente de Sartre.
No fui capaz de admitirlo.
Cada vez que recuerde el episodio, de ser una desconsiderada a Sarte y dar poder a Pi, haré que gane sobre Më .
Më a su vez me amargaría la vida y yo acabaría con Sartre, redimiendo.
No hay forma de hacer que Më y Pi se lleven bien sin pasar yo por el Sarte y la lectura de Sartre suena así, con mi respeto a todo aquel que tenga que leer esto, transcrito:
“Cómo ser nada para darte cuenta de que:
1. Eres un egocéntrico
2. Te parece bien serlo
3. Puedes joder un mundo entero y lo jodes.
Felizmente y para siempre sumergido en tu estupidez”
No puedo con ello, no es una lectura propiamente, si no un continuo trastorno, ataque a mi dislexia. No por ser feminista ni historias en vinagre de manzana, de árbol caído del cielo, que no es así. Es lo que cuento y por ello es verdad peeeero no soy apta para hacerlo y de ahí la viciada circular: he de comerme sola este rollo, una y otra, para salvar a Më y el mundo a la vez, por causalidad. No puedo más.
Estoy cansada de Sartre.
Pido ayuda a tercios, almas caritativas, ayuda general para liberar a Më y hacer que Pi se integre de forma natural, sin reacciones negativas. Cuando debes cada átomo de ti ya no es fácil combatir a Pi y Më se debilita.
Pero no sé ya, ni muriendo, el punto de retroceso, tampoco aguanto a Sartre lo cual causa constantemente reacciones negativas y uff…llegas a un punto cuando no puedas obviar a Pi, Sartre y cualquier cosa. No sé cómo hacerlo mejor.
Yo sé que existía como yo misma, en algún punto transcendental.
Posteriormente he admitido la existencia de Pi, llevó a arruinar mi vida por depresión perdida y ahora he de leer al mismo puto Sarte, para acabar de entender que soy una mierda, lo cual me va a llevar a un mal humor que se eternizaría al universo, se llamaría hastío/reacción/etc y volvería a mí, cuan boomerang, en forma de pesimismo permanente, a convertirme en una mala versión, una y otra vez, hasta redimirme con la idea de que un cero, terco y negativo, me insulte la positividad para demostrarme lo que ya sé: que soy un cero, pero tranquilo.
Y no me entiendan mal: que lo hago, eternidad atrás, ¿ves el resultado por algún lado?
Lo siento, me quemo: sin vosotros no hay forma romper el ciclo.
Si no leo a Sarte, seguiré deprimida y con Pi cerca, tocándome los huevines.
Pero si leo, acabaré eliminando las molestias de Pi de mala manera, lo cual me causaría una depresión pesimista que me revolvería el tetraedro hasta el tercer ojo y de vuelta.
No estoy dispuesta a ello y tampoco quiero leer a Sartre; no tengo tiempo. He buscado una solución mejor, pero no puedo aplicarla bien ni sola tampoco.
Estoy intentando ignorar a Pi, hasta que se canse de tocar los huevines, deje de tener reacciones y así podamos solucionar el problema general de la consciencia del amor, que es lo suyo.
¿Por qué me quejo ante vosotros, almas mías? No os cortéis, estoy hecha a preguntas
Hay un problema gordo aquí, que no se puede superar por mucho que me trague a Sartre y es que para ignorar a Pi necesitas explicar un infinito, denunciar a Fibonacci, o entender que el código binario es artificial, porque considera 0 y 1 en igualdad de condiciones, lo cual produce chispas que luego Byung Chul analiza a nivel inmunológico y nos declara mal de la cabeza. Encima, tiene razón…
Olvida a Byung si quieres, al igual lo demás, pero: has de entender, no solo yo o el otro, sea cual vida sea, que tienes que conseguir que 1 y 0 reaccionen de forma natural, circular, produciendo tal vez un cuadrado, que ha de ser perfecto y que no tenga ninguna inconveniencia en pasar por un aro para convertirse en un tetraedro perfecto.
Tal y como lo escuchas, es imposible, por ello carecen de importancia los pasos a seguir, porque entre estos pasos a seguir se cuela Pi y lo fastidia todo, por el simple hecho de que lo permitimos; sería una pérdida de tiempo, que ya confesé, antes de pedir ayuda y fastidiar el ciclo.
(Suena de fondo A Plea for love y caen letras rosas, inventadas para que correspondan a números y signos universales. El mundo se detiene y abejas vuelan, libres de 5G)
Por ello yo ahora he de leer a Sarte y no tener reacciones y vosotros tenéis que dejar de engañaros con sueños nabódicos y dejar de reaccionar a ellos.
Yo sé que Cuesta Carlos, me cuesta hasta con Më y soy la interesada en hacer que parezca que no ha de parecerlo. Al igual que dar ayuda sin que lo parezca. Complicado y muy descorazonador, en serio, por ello lloro mirando a Sarte, por ello estar aquí, delante de la gente, a pedir de rodillas:
¡Por favor, dejad de tener reacciones respecto a Pi!
Lo único que puede pasar, si te quedaras quieto, asimilando su presencia de forma natural, sería que se vuelva tarumba y ataque; estás a tiempo de defender el mundo, no hay prisa, es sólo un Pi.
No te adelantes, No muestres señales de su existencia, no produzcas pensamientos, emociones, no le des hueco para darse cuenta de su mismo cero de valor, igual al tuyo.
Te convertirás en un cero feliz, conviviendo con Pi, Më y todos del percal, con naturalidad.
Sólo has de vivir con tranquilidad y no preocuparte sin motivo, entender que no tienes que entender algo, has de estarte quieto a tu vida, así evitaras que Pi exista y me amargue la existencia con Sarte, una y otra y otra, oyes.
Siempre estás a tiempo para evitar un posible ataque y si es necesario, haz que sea para defender tu vida, reacciona y lleva a cabo, acertadamente y con naturalidad, de tal manera que Pi no se dé cuenta de ello. Si te quejas, habrá ganado y te espera peor.
De todas formas, has de pasar por la fase de ser un miserable cero. Qué más te da…
El peor, te lo puede contar, con mucha más gracia, Dantes, pero básicamente: has de volver a iniciar un ciclo, eterno, de nueve desgraciadas etapas, para alcanzar una consciencia apropiada a considerarte un miserable nada, feliz y sin reacciones, con el cual levantar un Universo bueno, con Pi incluido, pero a tu uso y favor, siempre y cuando no le des pie.
Lo que pasa es que no me da tiempo ahora, recomendar a Alighieri, porque pase lo que pase he de leer a Sarte, subir mi depresión a pesimismo eternizado, convertir a Pi de forma natural en una desgracia asumida y punto.
Llego al otro lado en tetraedro perfecto y natural, creo en todo y todos, si no me lo fastidia Fibonacci con su número 41, que dice que es el último del Universo. Si paso de Fibonacci: ¡Tachán! Conciencia tranquila, resplandeciente.
Dejad de leer y ayudad a que calle y olvide.
Agradecería enormemente que me ayudarais a ignorar a Pi, todos de golpe y sin tener ninguna reacción entre nosotros.
No tengo mejor alegación que Alighieri y que pensar en Sartre me echa a llorar: un poco de piedad, por el alma de pobre Dante.
Habéis de asumir, de paso, que os miento descaradamente, porque si levantara la voz de ayuda dejaría que Pi ganase, falaciosa eterna que soy, por mencionarlo.
Leedme, leedme, y acabareis como yo.
Sin lógica ni razón, intentando salvarme de Pi, de Sarte y de pesimismo existencialista.
Mirando una pantalla, que confunde 0 con 1, lo llama sueño Nabódico y mezcla con la conciencia.

MARI CRUZ ESTEVAN APARICIO

Pesimismo, podríamos llamarlo a lo que se ha vivido, en la ciudad de Barcelona.
Pero Barcelona es todo lo contrario a la palabra pesimismo.
¿Conocéis el Tibidabo?
Yo tenia 14 años cuando por primera vez subí a la montaña y a su avión.
Avión que al día de hoy sigue dando vueltas a un eje mágico que hace posible que todo aquel pequeño o grande que se atreva a subir en el aparato, suspendido en el aire, disfruten de la belleza de la gran ciudad.
Pesimismo es todo ser que ve el mundo negro…, alto que no es lo mismo ver todo negro que vestir de negro, pues yo conozco a mucha gente que le encanta cubrir su figura de oscuro, y, por dentro, los destellos de su persona, afloran con fuerza en busca de la luz.
A mi me encanta vestirme con el color de la alegría. Los huesos de mis rodillas no entienden de colores pues desde hace un tiempo me ponga el pantalón rojo, negro o verde da lo mismo…, el horrible dolor me abrasa, como ha hecho el fuego con Barcelona.
La alegría del amor hacia los demás nace en el alma del recién nacido.
Esa criatura excepcional como dijo Coronado Smith hace unas horas en un escrito, se convierte en una estrella de relumbron vivo de luz…
Su finalidad es ayudar a toda persona pesimista ya que estos seres sufren y mucho porque nadie ve su belleza y, la tienen de seguro…
Como dentro do poco la ciudad de Barcelona volverá a ser bella y vivirá.


TALI ROSU

Se me ha roto la burbuja

Conforme el cristal se va agrietando, el estomago me va quemando.
Mientras caen trozos al suelo, yo me ahogo, me desmorono.

Hace tiempo quise esconderme para dejar de sentir, hace tiempo quise protegerme para poder ser feliz.
Pinté mi burbuja y pinté mi corazón, pero, sin darme cuenta, lo hice usando su color.
El color de su agonía, el color de su dolor, la pinté con todo el llanto que en mí se arremolinó.
Transformé las lágrimas en azul turquesa y convertí la sangre en tinta para mis venas.

Pero la pintura que llora es la que ahora se desborda, pesa tanto que ha rajado el cristal que ha coloreado.

¿Puedes escuchar cómo se hace añicos?
¿Puedes ver los cristales cayendo hacia el infinito?
¿Puedes sentir como metralla, cada golpe en sus espaldas?
¿Puedes llorar por las manos que no intentaste salvar?

Y ahora que no hay burbuja, dime tú, ¿puedes llorar?


EMILIANO HEREDIA JURADO

EL LEÓN INFLUENCER
Andaba descarriado un carnero
por do la senda queríale llevarle,
cuando a la vera quiso encontralle
un león algo flaco y pesaroso.
Pillo, nada más verle, pregúntole
a la majestad de los felinos,
cuál era la razón de los suspiros
que resonaban en todo el valle.
-¡ay! amigo herbívoro, mis cuitas
al caso no te deben quebrantar
el tu ánimo, vuelve pues a tu andar,
que las mis penas, tú, no me quitas.
Tanto rogó, imploró y persistió,
que su majestad felina, al cabo,
terminó, con detalle, cabo a rabo,
contalle la razón de su desazón.
-¡ay!, amigo carnero, la causa
que mengua la razón de mi desvivir,
es no encontralle a nadie que escribir,
y la razón, harto tengo por confusa.
-Amigo felino, ¿oído has, al caso,
hablar de las que llaman, popular,
redes sociales?, interrogó sin más
al león, tal como una sierpe al paso.
-¿de qué cosa del demonio me hablas?
-asombrado respondió el felino-
el carnero, sigiloso, ladino
él, respondió: “ahora lo verás”.
Si lo deseas, te crearé un perfil,
en Facebook, Twitter, en Instagram,
Skype, tik-tok, Youtube, serás
un rey famoso… todo gracias a mí.
Le cambió el peinado, vestimenta,
lengua, forma de andar, la sonrisa
trasmudó de su faz, a toda prisa,
su realeza, estaba yá, contenta.
Más, los planes del lanudo amigo,
eran, con tanto entretenimiento,
oropeles y divertimiento,
alejar a tan temido enemigo.
El león dejó de lado a la hiena,
a su amigo el guepardo, al licaón,
al tigre y también al oso barrigón,
por irse a una gira en Viena.
Más, teniendo seguidores a miles,
nuestro amigo el león influencer,
el ánimo sentía desfallecer,
aun teniendo incontables likes.
Más, sintiendo enorme gran vacío,
despòjose de ridículas
vestimentas, de adminículas,
de oropel, acercose a un cercano río.
Lo que en el reflejo vió, no gustó, más,
recobrando seso y cordura,
anunció el fin de su locura,
a sus amigos, uno a uno por Whatsapp.
Gran reunión celebró, el regresado
felino, con los amigos que atrás
había dejado, y empezaron a llantar,
un buen plato de cordero…..asado.
Moraleja:
Más que cientos de miles de admiradores,
Es mejor tener, aunque sean pocas,
A las personas que quieren y que tú quieres.

ALBERTINA GALIANO

Luces que impactan e inundan un largo pasillo de verde desesperanza.
Fríos que se hacen habituales, y dejan de notarse. La normalización de lo irreal. Huesos que sobresalen por sobre la piel. Ojos vidriosos en cuencas inmensas. Batas blancas que se desplazan como espectros, que sentencian, dan la vida o bien la quitan.

Movimientos esperpénticos de carros de curas que se cruzan con fregonas, cuencos vacíos de sopa, y sábanas enrolladas que a duras penas ocultan olores deseando eclosionar.

Ella espera el veredicto de pie, en el umbral del futuro que juraron compartir.

Los espectros la rodean. Sus miradas esquivas les delatan. Dicen más con lo que callan que con el discurso rebuscado y frío que el chamán mayor le dirige.

Y ella no escucha. Desde la primera mano en el hombro ha dejado de escuchar.

Sus piernas acostumbradas a andar de forma autónoma, sin contar con la razón, la llevan a volver al encuentro con él, que hoy ya no es quien fue.

Él, que es otro por fuera, pero sigue siendo él por dentro, al fin y al cabo.

¿Miramos lo del puente de mayo?

Claro, mi vida.

Todo lo demás es ruído.


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10 comentarios en “Pesimistas”

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