Estado de nervios

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos con el tema «estado de nervios». Estos son los textos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 5 de septiembre! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

JULIO A. CASALLAS

“Desangustioso”
Sintió que el nudo de la corbata le apretaba de una forma inusual la garganta, pero no, no era eso, era una opresión causada por la desesperanza y la angustia que le había dejado descubrir a su amor, a su compañera siéndole infiel, también recordaba la última corbata que compró, esta la usó para un entierro de un familiar cercano que murió y luego la botó, también oprimía, oprimía también pero se sentía fresco al quitársela, botarla y saber que nunca más volverla a ver.
Abajo de la garganta también había un vacío, un vacío que se llenaba con la saliva que bajaba, una saliva dura y amarga fruto de unos cuantos cigarros mentolados que le daban placer momentáneo y efímero.
Seguía el dolor dentro del pecho, frío y palpitante, sentía el galopar de mil caballos en su interior y sólo le dejaba un fuerte dolor y un insomnio crónico que no lo dejaba dormir y cuando lo dejaba solamente lo hacía para envolverlo en negras pesadillas, y luego devolverlo a la realidad lleno de sudor y sentimientos de culpa.
Fui yo, fue ella, fue el otro.? Se repetía en su interior, trataba de entender y responderse así mismo, sin hallar una respuesta concreta prefería seguir sufriendo y conectando situaciones, instantes, recuerdos, imágenes, para tratar de hallar paz, pero olvidaba algo importante, hay que perdonar hay vida.
Pero su corazón estaba tan maltrecho que un día dejó de latir, dejó de estar nervioso, dejó de sentir miedo, dejó de sentir culpa.
JAC


CONSUELO PÉREZ GÓMEZ

REGRESIONES:
En el interior del avión resonó la voz de la azafata: “abróchense los cinturones, vamos a aterrizar”. Alejandro escuchó el mensaje entre sueños. En esos segundos que van del duermevela al despertar, una suerte de modorra no le dejaba pensar con claridad. ¿Había salido de Canadá o estaba a punto de tomar tierra en el país de las nieves? De nuevo la voz de la azafata le sacó de dudas: “Estamos tomando tierra en el aeropuerto de Jerez. Esperamos que hayan disfrutado del vuelo…el comandante y toda la tripulación…”
En hall del aeropuerto le esperaba Mónica. Un saludo entrecortado, difícil de resolver. Mónica no sabía muy bien cómo encarar el asunto. ¿Cómo hablar sin nombrar?, ¿cómo contar sin entrar en detalles? De camino al tanatorio apenas hablaron, cuatro frases convencionales para salir del paso. Allí estaban Pablo, Martín y el resto de amigos. Alejandro se acercó a la madre de su amigo; sin lágrimas, sin lamentos, en un abrazo ella zanjó el asunto: “siempre fue un buen chico; no debería haber cambiado de amigos. No me escuchó. De seguir con vosotros esto no hubiera pasado”.
Al pie del agujero número 12, Alejandro, percibió un olor; aunque no supo describirlo ni reconocerlo había en él una especie de ‘Déjà vu’ machacante; olores que elevan la escena y la transportan en el tiempo, recreando lo ya experimentado. Tenía la casi seguridad de haber vivido todo esto antes. De nuevo el recuerdo de un pensamiento recurrente…pero quizá todo era producto de la mezcla de sensaciones, un cóctel que no ayudaba a poner nada en claro –por el momento-.
—Espero que todo esto pase y si vuelvo a recordar que sea en sueños –dijo para sí.
Aquí y ahora todo arrepentimiento está de más –pensó.
Una vez, otra vez, otra y otra…el ‘Déjà vu’. Ahora tenía la absoluta seguridad de haber vivido esta escena.
Mónica ve cómo se marcha, calla…está como ausente. Agarró la caja de trankimazin; la engulló de una sentada, poniendo punto y final a aquel mal llamado «estado de nervios». Sin gritos, sin alharacas…
Silencio.

SHARIT ASENDRA

Con el nudo en la garganta y la noche melancólica …

Cuantas veces quería decirte que me encantabas pero al momento de acercarme a ti no me salían palabras, sudaba y la sensación de mi cuerpo de lanzarme hacia tí. Enserio jamás pude decírtelo… por eso llegó aquí escuchandote en el viento mi alma te busca para llegar a tu odio en pequeño susurro te digo «que estoy desatando este nudo», andaban diciendo que eras puta, pero no te juzgo se que lo hiciste por amor y fácilmente caemos en personas que no debemos, ya es tarde para decirte que daría mi vida por robarte un beso y cuantas veces salga de tu dulce boca que yo te encantó amada amiga mi amor imposible con estas dulces palabras me despido…


VANESSA LÓPEZ LÓPEZ

ATAQUE DE NERVIOS PELIGROSO

Estaba una tarde tranquilamente mirando la tele y un aviso de un muchacho en una pagina de venta de artículos le avisa a Sandra que esta interesado en un articulo que había puesto a la venta. Sandra lleva 5 años sin trabajar, esta enferma, una enfermedad crónica y lleva los cinco años de médico en medico y no encuentran los Sres, doctores que es lo que le ocurre, Sandra entra en una profunda depresión, llora sin parar, la tristeza la invade por completo, se siente vacía e inútil, una carga para su familia, que está sufriendo por ella, esto hace que empeore aún mas, llevaba dos años que no salía a la calle, algo ocurría en su interior que le daba como vértigo salir a zonas donde había mucha gente, así que no podía ir a comprar, ni salir a restaurantes, ni a casa de la vecina siquiera. así que cuando recibe este aviso, ya que economicante no disponia de dinero, estaba vendiendo los articulos de su casa para ganar algun dinerillo, se pone alegre y sonríe, es la primera vez que va a vender un artículo, quedan por la tarde, esta nerviosa toda la mañana, un temblor en el cuerpo en las manos se apodera de ella, una sensación horrible, tenía que salir e ir andando ella solita unos 800 metros a otro barrio para hacer el intercambio. empieza a pensar en ello y se pone cada vez mas nerviosa, se mira la muñeca y ve que no tiene su bonito reloj de pulsera rosa y lo peor es que la mente se le ha quedado en blanco y no recuerda en absoluto si se ha quitado el reloj, donde lo ha puesto,… comienza a buscarlo por toda la casa, hasta debajo de los sofales y nada. se siente impotente trata de recordar y su mente esta en blanco, se asusta de ello y los temblores aumenta, cada vez esta más nerviosa, es una sensación de agobio y horrible para ella, sus lagrimas brotan de sus ojos sin control, su familia trata de consolarla y tranquilizarla, pero es inútil, tal vez su enfermedad esté relacionada con el sistema nervioso, ella a ha notado que en el ultimo año se le cae el pelo sin parar, esta asustada, esta nerviosa, preocupada y triste muy triste.

Se acerca la hora para ir al lugar donde a quedado con el muchacho que le va a comprar el artículo, ella se había esmerado tres horas antes, limpiandolo, sacándole brillo y dejandolo perfecto y se siente bien, en ese momento se siente útil y esta contenta. se arma de valor y con voluntad sale a la calle, el sol le da los ojos, el calor, no quiere encontrarse con ningún conocido para que no le pregunte nada y no tenga que pararse.

llega al sitio del encuentro y vende el articulo, vuelve a casa alegre, muy contenta, podrá comprarse al menos dos pares de zapatillas una para su hija y otra para ella.

Cuando llega a casa busca en el bolso el dinero para guardarlo, busca en un bolsillo, no lo encuentra, revisa el bolso, no está, se mete las manos por los bolsillos del pantalón, empieza a ponerse muy nerviosa, vuelven los temblores, las lagrimas, comienza a llorar de rabia y frustración, vuelca el bolso y lo revisa mas de 10 veces, » a perdido el dinero» y no sabe cómo, su mente se queda en blanco, pierde el control y llora fuerte y con el corazón encogido, su madre trata de calmarla, Sandra grita llorando » me quiero morir » » si yo no quiero vivir» toda mi vida nada mas que le han ocurrido situaciones malas de dolor, en ese momento si se hubiera caído muerta no le hubiera importado es más lo pedía a gritos. Señor ayúdala.


ÓSCAR MARCELO LÓPEZ GARCÍA

El frio erizaba mi espalda, la tension estaba en mi instalada , aunque no lo deseara, me contenia de observar sus mensajes y la desesperacion me toma cautivo, dias anteriores al conocerla todo fue diferente, pero las circunstancias poco a poco se tornaron indecisas, una atmosfera difusa se enrarecia cada vez mas.

Su sonrisa fue un sol para mi el primer momento fue un impacto en ambos , bah eso creo, en una situacion agradable nos vimos charlando placidamente, el tibio atardecer nos cobijo, la encontre en la banquina despotricando a los cuatro vientos,con su vehiculo en problemas y sus jeans ajustados.

Me detuve, presentacion de rigor y sus ojos inciertos, alegres y expresivos encendieron la chispa en mi, manos a la obra me dije si soy fisico no habria problemas en descubrir que sucedia y con suerte podria llegar a buen puerto la cruzada.

Al cabo de un par de minutos solucionado estubo solo una conexion suelta, ella se dejo llevar por su agradecimiento plasmando un carnoso beso en mi mejilla,intercambiamos numero de wats app y cada cual siguio su camino.

Hasta aqui sin problemas, mensajes llegan y ella que comienza diariamente charlas interesantes de filosofia y metafisica, interesantes cafes de por medio y sos ojos con destellos propios se hicieron presentes en mi mente, facinado por su capacidad expresiva, inteligencia y educacion fueron carcomiendo mi sentimiento.

Esperaba el comienzo constante de su charla, era ya una dependencia al sentirse vivo por el sonido de su mensaje, crei que seria asi para ella tambien.

La tension fue en aumento constante, se hicieron recurrentes las miradas compasivas y atenciosas, las acompanadas charlas caminando en los atardeceres revueltos al caminar, las bromas nerviosas y los deseos solo de un leve toque con la yema de mis dedos en su piel se hicieron presentes.

Ya deseas respirar el aire que la rodea, ser su susurro constante en su despertar cada mañana y comienzas a pensar cuando lo vas a expresar, las tan aclamadas mariposas en el estomago se hacen presentes desde el golpear del astro rey en tus pupilas e inconcientemente ya esta alli en tu alma, atrapado estas.

Ni un segundo dejas de sentir , no puedes ingerir ni agua, todo cae mal, y te encuentras abrazando a tu almhoada soñando en ese momento en que las mariposas se iran.

Dulces acidos de ese diagnostico inequivoco de un amigo fiel…fuiste, estas hasta las manos.

El mensaje llega, las manos tiemblan, sudan, el corazon se desboca y la mente se paraliza, como por arte de magia el tiempo se detiene junto a tu lengua que no articula dos sonidos contiguos, ella lo nota y sonrie, pues ya no es amor adolscente, tampoco maduro.

Lo unico que sientes es al caer el sol … ni siquiera sentiste que hablo , que sonido de su golosos labios broto nada estas en blanco total.

La tarde se hace larga y ya las mariposas estaban en proceso de ser dinosaurios famelicos, pero como puedes ser ya tienes 21 como no vas a controlarte!!!, lo haces solo por unos segundos, las piernas dominan tus pensamientos, todo se complica y la interminable tarde llega a su fin, te subes al auto y vas rumbo al matadero, sabes que ella decidira , lo que no sabes es como lo diras pues ya tu lengua es un bolo de carne que entorpece hasta la respiracion.

Llegas y jamas te habia costado tanto sacar la llave y apagar el maldito auto, te tomas las sienes con tus manos, tratando de traquilizar haciendo autocotrol que tantas veces lo practicaste y… surte el efecto estas de 10!!!, vuelves a caminar sobre la arena como galan de novela y la ves.

Dios que paso, se te detiene el motor, el carburador de tu mente se ahoga y el aire en el filtro esta tan denso que violeta tu piel se queda.

Ella al acercarse lo ve , lo presiente pues para eso son las mejores, hola te dice, tu solo mueves la cabeza pues nada te funciona, ella sonrie y te toma de la mano uff, para que explota el radiador y en tus oidos el vapor inunda tu mente que ya previamente no estaba, quedandote hecho una balsa en el oceano una cosa que solo flota.

Nada es, hasta tu reloj se detuvo , crees que puedes ver los cuarks de los atomos saludandote y diciendote reacciona!!!

Ella con increible perspicacia te mira con ternura infinita y comprende que sucede , se acerca te toma de las mejillas con ambas manos y su piel es un balsamo, desparece todo y el beso anhelante se hace presente…

Todo vuelve a funcionar nuevamente, el fulgor de sus ojos te marean y cres caer a la arena, de pronto abres nuevamente tus pupilas y ves su rostro riendose a pocos centimetros de tu piel, y si habias caido pedazo de estupido, bipedo inerte en la arena caliente quemando tu trasero de frio pensar, te habias desmayado .

Pero ya los dinosaurios en tu estomago noestan, vuelves a vivir y descubres ser feliz junto a un ser diferente a ti.

Dedicado a los milenials.


SAMARA JAPÓN

Mil pesetas
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Paula revolvía los cajones como loca, tiraba y golpeaba todo lo que encontraba a su paso, sudaba, gritaba y temblaba. Sus padres al final del pasillo observaban la escena, él sujeto al bastón que le mantenía en pie y ella sentada en la sillita de madera. Ambos la miraban entre lágrimas de tristeza, miedo y desesperación, muy juntos encogidos de hombros, casi inmóviles esperando que todo pasara;
– ¿Dónde está joder?, ¡ La habéis escondido vosotros viejos cabrones!- Gritaba Paula amenazando con el dedo a sus padres- ¿ No la habrás tirado? porque te mato, ¡Te lo juro que te mato hija de puta!
-Paula hija nosotros no hemos tocado nada, tranquilízate por favor, no nos hagas esto hija siéntate- Rogaba su madre entre lágrimas con la voz temblorosa.
Paula se sentó en la cama abatida y llorando como una niña y la respiración entrecortada y les dijo;
– Por favor mamá, me duele todo, lo necesito… ¿ Es qué no lo entiendes? Si la habéis escondido dádmela ya joder. Que no puedo, no puedo… o dame mil pesetas y voy corriendo a por otra.
– No tenemos dinero en casa hija, hoy justo fui a la compra y vino el cobrador del seguro, de verdad que no tengo. Anda túmbate y te hago una tila.
– ¡Qué tila ni que cojones! ¿Tú te crees qué una tila me va a quitar el mono que tengo?-
Acto seguido Paula cruzó el pasillo y dirigió la mano al cuello de su madre arrancando una cadenita de oro que siempre llevaba.
-No Paula, la cadena de la abuela no, por favor vuelve aquí dame eso, no hija, por favor.
Mientras,Paula se marchaba apresurada dando un portazo.
Miguel y Mercedes se quedaron llorando abrazados;
-¿Qué hemos hecho para merecer esto Merche? Nuestra propia hija, Ay virgen Santa.
-Ay Miguel la cadena de mi madre, de mi madre Miguel, para venderla por una papelina que vale mil pesetas asquerosas. Ay San Pancracio que no la venda que la traiga de vuelta- Rezaba Mercedes a una estatuilla que tenía encima de la mesita de la entrada.


CORONADO SMITH

¡Qué nervios!
¡Qué nervios ni que ocho cuartos! – gritó McFlyer a su imagen del espejo mientras se atizaba el tercer lingotazo de Bourbon. ¡Se lo digo ahora mismo!
La idea llevaba rondandole varios meses ya en su cabeza. Todo había empezado el día de acción de gracias cuando la vio por primera vez, elegante, irresistible, envolvente, lo que se dice un amor a primera vista. Desde entonces no había podido quitársela de la mente, esa imagen le venía una y otra vez y se había convertido en su oscuro objeto de deseo, aunque había un problema, McFlyer estaba casado y además era católico, apostólico y romano de los de toda la vida. A sus cuarenta y cinco años llevaba ya treinta con Jessica su amor del instituto y casi dieciocho desde que habían intercambiado los votos. Había sido lo que se dice una persona feliz, padre de familia abnegado de los que colaboran en las asociaciones del colegio, marido entregado y fiel, yerno ideal, trabajador intachable, no tenía ni siquiera una multa de aparcamiento, pero había sido verla a ella y sentía que todo su mundo ideal se desmoronaba, y ya no aguantaba más ese autoengaño, por lo que había decidido ponerle fin.
Estaba apurando el tercer trago y era perfectamente consciente de que llegaba el momento de la verdad, de tomar la decisión que había estado evitando, apuró el resto del dorado liquido de un par de sorbos en los que se recreó saboreándolos sobremanera y se encaminó con paso firme al salón donde se encotraba Jessica. Ella enseguida adivinó que algo no iba bien, ese sexto sentido femenido se activó en toda su extensión. – ¿Qué sucede?-
Sabes que has sido la mujer de mi vida desde que te conocí, mi faro, mi guía, mi amor… pero he conocido a alguien y no puedo sacarmela del pensmiento. Jessica soltó una carcajada de esas de derramar lágrimas durante un minuto al menos. ¡Anda entra al cuarto de invitados que te está esperando!, ¡Eso era amor! Con gesto dubitativo abrió la puerta despacio y entonces la vio, se volvió a su mujer y la abrazó y besó frenéticamente, era real alli estaba la replica de la Fender Stratocaster del 67 que Jimi Hendrix había usado en Monterey y de la que se había quedado prendado meses atrás al verla en el escaparate de la tienda de instrumentos musicales del barrio.

CARLOS TABOADA

PATAS DE GALLO

Cuando ella comenzó a escuchar su respiración profunda, creyó que él se había quedado lo suficientemente dormido. Entonces, con sigilo, como si no estuviera en su casa, buscó el suelo con el pie izquierdo, y a continuación deslizó la cadera hacia afuera para llevar el otro pie desnudo. Se incorporó lentamente, hasta quedarse sentada en el borde de la cama. Esperó unos instantes. Con las manos tensas sobre el colchón, se giró para ver su espalda. Clavó sus ojos en ella, como si buscara un número tatuado de las veces que la había besado. Pensativa, cerró los ojos por un instante, y, al abrirlos, reparó en el par de velas encendidas en las esquinas de la cómoda, en la pared de enfrente. Observó que las llamas dibujaban en el techo círculos idénticos, como la vigilia de unos ojos parecidos a los de él, un tanto irreales, inocentes, quiméricos. Pareció preguntarse si debía apagarlas, anularlas, matarlas; eso no supondría un gran esfuerzo. Pero sabía que no iba a acostarse tras soplarlas. Así que decidió que todo se quedaría igual; excepto el hecho de que ella se levantara para salir de la habitación.

En el baño, se puso el tanga que había dejado dentro de la bañera. Se miró en el espejo, echándose el pelo por detrás de la orejas, comprobando la línea perfecta del flequillo que le había dejado la peluquera días atrás. Con un par de dedos, se alisó las finas cejas y se estiró las patas de gallo, manteniendo la presión hacia atrás durante unos segundos. Después suspiró, dejando caer las manos. Miró su pecho desnudo, la expresión de sus ojos, los delgados labios, los pómulos limpios, los párpados inquietos, algo tensos. No se sonrió. Cogió el vaso del lavabo y abrió el grifo. Lo llevó a la boca y bebió de un solo trago. Dejó el vaso vacío donde estaba y se sentó sobre la tapa del váter. Entonces miró por un segundo la puerta, hasta que alargó el brazo para coger el móvil de un pequeño estante junto al espejo. A continuación, introdujo una clave y leyó varios mensajes. Después, dejó el móvil en el suelo, junto a los pies, y se cubrió la cara con las manos, apoyando los codos en las ingles.


DOMINGO MACHADO BARCO

«LATA E’DIABLITO»
La imagen de una «lata e’diablito» sería seguramente lo último que vería en su vida y «lata e’diablito» es un modismo entre los «maracuchos» de Venezuela (naturales de la ciudad de Maracaibo, capital del petrolero estado de Zulia) como expresión coloquial que hace referencia al «Diablito Underwood», el envase comercial del «jamón endiablado» inventado por el célebre tecnólogo de alimentos conservados, el ingeniero inglés William Underwood en 1820, luego en 1895 cuando aparecen los primeros avisos publicitarios impresos de “Underwood’s Deviled Ham” en Norte América, el presidente de la Venezuela de entonces, el General Joaquín Crespo prueba el producto en una visita a Estados Unidos de América. Un año después en febrero de 1896 llega a Venezuela a través de Puerto Cabello el primer embarque de Diablitos y ya para marzo se encuentra en las principales ciudades del país, diferentes bodegas promocionan su venta a través de los medios de comunicación que existían para aquella época. A partir de entonces “Diablitos Underwood” se convierte en parte de la dieta común del venezolano y hasta llega a formar parte de las “raciones de combate” para los soldados del Ejército venezolano. Lo cierto es que “Lata e’diablito” es aún hoy una expresión utilizada en términos jocosos por los maracuchos para señalar que alguien es tan tapado del entendimiento como tapado es el envase herméticamente cerrado de una lata de «Diablito Underwood», por lo que suelen decirle a ese tipo de personas: “Sois una lata e’diablito, entre más te explico menos me entendéis”…
Era pleno verano, un verano indolente de esos que calientan la tierra, el aire y el alma de todo lo viviente a más de 40 grados y allí antes de cerrar sus ojos para siempre, en su último instante de vida, allí estaba aquella «lata e’diablito» Underwood, vacía y renegrida en su propio oxido, tirada insólitamente en medio de la nada de esa selva xerófila que se resecaba en el verano e inundaba en el invierno. ¿Quién y cuándo la habría dejado tirada allí? seguramente años atrás algún cuatrero ladrón de ganado o algún cazador furtivo de esos que conocían aquellos tupidos montes de selva llanera transitada nada más que por reses, animales silvestres y hombres a caballo. Hacía un día con su noche que se había extraviado girando en círculos concéntricos sin darse cuenta, sin tomar nada de líquido ni comer bocado alguno, presa del calor y del pánico, deshidratado, sin fuerzas, sin aire, con una taquicardia que ya casi le reventaba el corazón aunque ni se moviera, desesperado por encontrar la empalizada que le salvaría la vida guiándole de regreso a casa. Hacía unos tres años que había llegado aquellas indómitas tierras como rescatista de tierras ociosas bajo condición de latifundio, haciendo uso de una reciente «ley de tierras» que inspirada en los lemas revolucionarios de «tierras y hombre libres» y de «la tierra es de quien la trabaja», invitaba al rescate de toda tierra ociosa que le perteneciera a los ricos latifundistas. Se creía la versión actualizada del legendario personaje «Santos Luzardo» de la novela «Doña Bárbara» de Rómulo Gallegos, en una suerte de épica quijotesca donde al fin la civilización humana triunfaría por sobre la barbarie también humana y aquella abandonada «lata e`diablito» encontrada inesperadamente en medio de la nada justo al momento de su muerte, cumplía perfectamente su doble profundo sentido: Por una parte testimoniaba la civilización de donde venía buscado llevarla hacia aquellos montaraces y perdidos lares de una barbarie originaria y por otra parte la total perplejidad de su repentino encuentro en aquel lugar, en aquel momento, tapándole de todo entendimiento de morirse así, allí, de ese modo increíblemente absurdo teniendo como última mirada la de aquella «lata e’diablito» abandonada. Así que en un último gesto de desesperada locura divina, extendió su brazo derecho y con su mano se aferró con sus últimas fuerzas a la «lata e’diablito» como si ésta fuera un poderoso amuleto mágico capaz del milagro de salvarle la vida. Cerró los ojos asido aquella pequeña lata esperando sentir el último suspiro y fue entonces cuando escuchó unas voces que lo llamaban de cerca. Eran sus compañeros que llevaban buscándolo desde la noche anterior y que milagrosamente lo encontraban. Nunca supo cómo fue que lo sacaron de allí y cómo fue que regresó a la vida, tampoco supo que pasó con aquella «lata e’diablito».
Años después, de vuelta a la ciudad, sin tierras, derrotado por los terratenientes, por los propios campesinos de mentalidad irreversiblemente latifundista y también por los funcionarios corruptos de la ley de tierras, convertidos en los nuevos amos de todo reparto y administración fraudulenta de lo que tuviera que ver con la tenencia y producción de la tierra y cuando ya ni se acordaba de aquella vez que sintió la inminencia de la muerte, estando en una calle cualquiera, sintió de repente un muy agudo dolor en el pecho, desde temprano había sentido una gran pesadez en los ojos y cierto malestar de cabeza al que hizo caso omiso en aras de cumplir con la rutina diaria. Miró hacia ninguna parte una vez más sorprendido y con estupor, el aire se le fue por completo sin que pudiera respirar. Se agarró desesperadamente el pecho con ambas manos contorsionándose del dolor, cayó en la acera con las manos agarradas al pecho y lo único que alcanzó a ver tirado en el suelo fue una enorme gigantografía publicitaria que le quedó arriba justo al frente de su mirada, era la imagen gigante, fabulosa, inequívoca de una lata de “Diablitos Underwood: La mejor forma de comer jamón”, entonces se sonrió y con esa sonrisa murió en el acto de un infarto fulminante al corazón. Ciertamente la imagen de una «lata e’diablito» sería lo último que vería en su vida.

EMILIANO HEREDIA JURADO

UNO, DOS Y TRES, YO ME CALMARÉ, TODOS LO VERÉIS,
(O, un día cualquiera en la vida de un escritor con niňos y esposa 🙄)

Hoy, me ha venido a la memoria, èsta frase, de la serie americana «cosas de casa», muy usada por el padre de familia, Carla winslow, a Steve Urkel, cuando éste, le hacía una de sus trastadas.
Venga, va, ahora que los niños están desayunando, hago las camas, mientras arranco el ordenador, y perfilo el relato de èsta semana, las diez, hasta las doce y media tengo tiempo..
-¡papá!, ¿puedo ver youtube?
-bueeeno, pero solo un rato, hasta que yo diga (bueno, ya tengo al pequeño, un poco entretenido, media hora, así, recojo el desayuno, y recojo la cocina)
-¡papá!
-¿sí, hija?
-mira este video de Tik tok
-¡Ah sí, hija!, muy chulo (las diez y media pasadas, no me va ha dar tiempo a escribir el relato de miedo que tenía pensado hacer…. bueno, pasaré al plan b, la historia de una madre estresada, que tiene que ir al colegio a por los niños, y hay una cola inmensa en el banco, y un cajero en ventanilla que pasa de todo y de todos).
-¡hijo!, ¿has acabado ya?, te dije un rato, y llevas una hora, venga, duchate y vístete…
-¡Jolín papá, el último video, que ya lo estoy guardando!
-¡vale!, pero no tardes que son las once y diez (¡¿ya?!, no llego, no llego….. un WhatsApp de èsta, ¿qué querrá? 🤔
Que le compre tabaco 😞, ya me puedo despedir de la idea de hacer el relato 😭)
-¡papà!, planchame unos pantalones, porfi, que no tengo….
-¡lo que me faltaba hija!, ahora, aparte de ir a por tabaco, tengo que planchar tus pantalones, ir a por el pan… tirar la basura….. y si queréis, también hago el pino. ¡Hijo!, ¡que te vistas de una puňetera vez!
-¡Jolines!, ¡ya te he dicho que ya voy!
-¡ya¡, pero son las doce menos cuarto 😬 y tengo que ir al estanco, comprar el pan, tirar la basura…. terminar de hacer la comida, comer, he irme
-¡ya te oído antes, dejame en paz!.
-¡ahora vuelvo!(Joder, que nervios, las doce ya, y sin haber escrito nada)
Tres personas delante, bueno, llego a tiempo….
-dos barras de pan, por favor,¡ya estoy en casa!, ¡hijo!, ¿todavía estás así?, ¡vamos a la ducha ahora mismo!
-es que estoy aburrido…
-¡pues haz cosas y te desaburres!
-¡papá!, no encuentro el documento que he guardado en el ordenador😳
-mira, hija, cojes el ratón, pulsas aquí, con el botón derecho, y abres la carpeta..
-¡el telefonillo!, ¿quién es?, ¡Ah, la cartera!, la abro(¿Otra vez?, no ha podido abrir….. el cartero llama siempre dos veces)
¡La una menos cuarto y sin comer!, ¡mirar!, hacer lo que tengáis que hacer, que yo tengo que irme, y estoy muy nervioso(menos mal que la comida está echa, que bueno, esto del Príncipe de Bell Air..ja, ja, ja). ¡¿Habéis recogido todo?
-sí, papá!.
-Vaaale, me voy, que ya está aquí mamá y casi llego tarde…
Las doce y media de la noche…. aunque sea por el móvil, el relato lo hago, o historia, o lo que sea, por lo menos me tranquilizo….ahora que todos duermen.
¡Qué día de nervios!

FIN


JOSÉ MANUEL PORRAS ESCOBAR

Estado de nervios

Muerto. Para ella estaba muerto. Siempre había creído que lo estaba. Apenas tenía cinco años cuando su madre llorando pronunció aquellas terribles palabras: papá se ha ido al cielo. Su vida se derrumbaba.

En un terrible agujero negro se concentraban sus pesares, sus pensamientos, sus sentimientos más profundos. Un tremendo vacío ingobernable le atenazaba las entrañas hiciera lo que hiciese. Y así, como si fuera un autómata, sus días pasaban con la mirada perdida. Ausente. Hasta aquel siete de Junio.

Una voz ronca y entrecortada por la emoción emanaba del auricular de su teléfono a las cuatro de la tarde, despertándole de la siesta, perturbando aquel orden incierto que había adquirido su vida con el paso del tiempo. Era su padre y quería verla la semana que viene para explicarle todo lo sucedido.

El silencio perduró durante segundos. La tensión se hacía palpable con cada respiración profesada de ambos, la estupefacción de Lucía se reflejaba en cada una de las arrugas de su rostro. El sonido sólo restauró cuando, inmediata y atropelladamente, salió de la boca de Lucía las palabras: ¿dónde y cuándo?, junto con la posterior escueta contestación de su padre: en la cafetería de la calle Averroes el lunes que viene a las doce.

Se levantó de su silla y empezó a caminar cada vez más deprisa mientras se quitaba las lágrimas de su rostro. Su destino era la cocina, necesitaba explicaciones. Y, frente a frente, cuando encontró a su madre, perdió el control. No pudo aguantar que le hubiera mentido durante tantos años, que le hubiera ocultado una figura importante como la de su padre. La empujó contra la pared mientras le gritaba y preguntaba inquisitivamente: ¿Por qué me has mentido? ¿Por qué no me has dicho que papá estaba vivo?

Un silencio sepulcral se instaló en la cocina, únicamente interrumpido por el llanto incontrolable de su madre. Pero aun así y pese a todo, su boca permanecía sellada, cerrada a cal y canto ante la presión descontrolada. Una presión que iría sucedida por un repentino ataque de ira, conformado por repetidos y certeros golpes a la cara y cuerpo de su madre. Y ella desesperadamente le pedía que parase mientras se cubría como buenamente podía.

Pero finalmente la conciencia se abrió paso ante aquel violento estado de enajenación transitorio. Había perpetrado una absoluta barbaridad: nadie se merecía aquel brutal trato y mucho menos el único ser que amaba de verdad en este mundo. Inmediatamente la abrazó. Y mientras lo hacía, le susurró en su oído izquierdo con voz entrecortada que le perdonase. Se fundieron entre lágrimas. En ese momento, Lucía asumió que le tocaría esperar para conocer la verdad.

Los minutos parecían horas; los días, meses. Su paciencia se consumía a la par que su peso: su descontrolado estado de nervios apenas le dejaba comer o dormir.

Cinco kilos menos, unas pronunciadas ojeras y un extraño tic en su ojo izquierdo fueron la factura cobrada por la ansiedad vivida en aquellos días. Afortunadamente, el día había llegado. En cuatro horas conocería todo lo que se escondía detrás de aquel misterioso personaje.

Esperaba en la dirección indicada pese a que sabía que no iba a venir. Apenas eran las diez. No obstante, Lucía necesitaba relajarse ante el vértigo que estaba sintiendo. Titubeaba sobre qué decirle, dudaba sobre cómo comportarse y, sobre todo, temía quedarse en blanco frente a él. Sabía que aquella era su única oportunidad y necesitaba prepararse para que sus nervios no la traicionasen.

Entre hordas de viandantes que se movían en todas las direcciones, encontró a uno que, en la lontananza, se aproximaba con paso titubeante hacia donde ella estaba. Su pelo y sus ojos oscuros le hacían temer que era él y cuando se paró en aquella farola a unos cien metros de la cafetería, sus sospechas sólo fueron a más.

Aun a riesgo de equivocarse y sin dar lugar a que pasara más tiempo, Lucía caminaba hacia él. Pero algo fallaba. Sus piernas no respondían a sus órdenes, su vista empezó a encapotarse con una oscura neblina mientras su corazón latía a mil por hora y su cuerpo se desplomó en la acerca, yaciendo en ella hasta que empezó a convulsionar.

Corrió. Aquel desconocido apoyado en la farola corría para prestarle auxilio. No sabía si era su hija o no, pero no estaba dispuesto a que nada ni nadie tiñera de gris el día más especial de su vida: el día que conocería a su hija. Tembloroso, consiguió marcar el número de urgencias a la segunda y, con voz titubeante, solicitó una ambulancia.

Aturdido y preocupado, el hombre miraba a la chica y la rozaba suavemente con sus manos esperando que todo aquello pasara cuanto antes. Abruptamente paró. Las convulsiones cesaron, los ojos de Lucía empezaron a abrirse poco a poco al mismo tiempo que su boca, hasta que logró decir:

-Papá, te quiero

Murió. Sin dar pie a la respuesta de su padre, Lucía se quedó sin pulso tras cerrar sus ojos, mientras él lloraba desconsoladamente y la besaba tiernamente en la frente. Ya nunca más podría volver a verla y darle el amor que tanto había guardado durante todo este tiempo.


KAREN ROSADO

Tu último suspiro
(Nervios)

La muerte llama a mi puerta como lo hace cada año,aveces en abril,en julio o en septiembre,pero no me deja un año sin que la pena embargue mi corazón con una tragedia mas fuerte que la anterior .

No me quiero enamorar…no de ti…mirarte a los ojos y saber que eso puede ser por última vez,nuestra última cita a las 12:00 de la noche.

Me destroza pensar el saber que después de unas horas ya no te tendré …

Vivo con la ansiedad de saber tu muerte,por ello vivo el hoy,el ahora …por eso te perdono y aunque te esté detestando te amo,te amo tan fuertemente mientras tú solo sientes tener el poder y el control.

Te amo tanto que siempre pienso en que la ropa que usaré en nuestro momento especial pueda ser la misma que use para tu funeral.

Entre mis sueños más felices se encuentra el de morir antes que tú,pero se que no será así …no soy la mejor persona y lo sabes pero mi amor será sincero hasta tu último suspiro.


SUSANA AZABAL

– ¿Qué pasa? ¿Ya estamos otra vez?
¡Lo de ayer, tanto lloriqueo y explicación! ¿No sirvió para nada?
¡Esto no lo aguanto más! ¡No te aguanto más! A qué me cojo el coche y te dejo aquí.

Él entró en el baño y comenzó a afeitarse, dejando el grifo de agua abierto al máximo y golpeando con fuerza la cuchilla sobre el lavabo. Después empezó a ducharse y el agua siguió corriendo durante un buen rato.

Ella sentada en la cama de la habitación del hotel, escucha correr el agua, pensando en aquel derroche innecesario que no podía soportar y sintiéndo la angustia crecer en su estómago. Estaba cada vez más nerviosa a la espera de que él saliera de la ducha, pensando que se iría y tendría que pasar la noche del sábado sola en el hotel, desayunar al día siguiente sola y pagar la habitación. Estaba en un pueblo perdido del Pirineo del que le sería difícil salir si él la dejaba tirada y aunque era lo suficiente capaz de hacerlo, la sensación en su estómago crecía sin parar hasta que no pudo más e irrumpió en el baño directa al wc para vomitar.


SERVANDO CLEMENS

Danza con la muerte

Joshua era un policía infiltrado dentro de los grupos más peligrosos del crimen organizado. Después de varios meses de investigar a la banda más peligrosa de la ciudad, hizo la llamada para que los refuerzos llegaran al escondite de los capos.

—¿Qué haces aquí tan temprano, Joshua? —preguntó el jefe de la banda—. ¿Tienes algo qué decir?

—Le traigo informes, patrón. Es de suma importancia.

Joshua miraba el reloj a cada rato. Sus compañeros no llegaban. El sudor le perlaba la frente.

—Te veo nervioso, Joshua. ¿Quieres un trago?

—Sí, por favor. Es que acabo de matar a un policía que me venía siguiendo.

—Muy bien, Joshua. Uno menos.

Quince minutos más tarde, bajó por las escaleras Martín Cobos, uno de los compañeros de Joshua.

—¿Qué haces aquí solo? —le preguntó Joshua a Martín, casi en un susurro— ¿Y los demás?

—Lo siento —dijo Martín.

El patrón encendió un puro e hizo girar los hielos de su vaso de whisky.

—Hoy te tocará bailar con la más fea, Joshua. El oficial Cobos ahora trabaja para mí y me ha informado que eres un soplón de la policía.

—¿Me va a matar?

—Primero te vamos a torturar.

—Lo siento —repitió Martín—. Lo siento de verdad.

—Quítale el chaleco antibalas y el arma, Martín —ordenó el patrón.

Los demás delincuentes apuntaban con sus rifles.

—Creo que esta noche todos bailaremos con la más fea —dijo Joshua, luego jaló el detonador del chaleco atiborrado de explosivos.


ALBERTINA GALIANO

DE LOS NERVIOS

-¡Esther y Martina, a leer en alto!

Son las últimas en hacerlo, al ser las de los pupitres situados en primera fila; la del extremo izquierdo junto a la ventana, y la central derecha, más próxima a la puerta, respectivamente.

Comienza una, y luego la otra. Ambas sin tropiezos. Lectura correcta respetando signos de puntuación, nivel adecuado al de escolarización.

La profesora reflexiona un rato, lo cual despierta incertidumbre y temor en las discípulas, cuyos corazones se encuentran de por sí oprimidos desde el primer día de curso, en aquel lejano septiembre en que vieron por primera vez la espeluznante mirada de Doña Amparo.

-Martina, serás tú quien lea el Miércoles de Ceniza el evangelio en la misa. Sal al estrado, que vas a hacer la prueba.

Martina, que sabe perfectamente, pues lo tiene grabado a fuego en su memoria, que es la primera de la fila de las «lentas» sólo porque no había sitio en el último pupitre de la fila de las “adelantadas”, siente que un viento repentino la eleva cual Santa Teresa de Jesús por encima de las miradas escrutadoras de sus lindas compañeras , y deja de ser quien creía ser para convertirse en un diminuto escarabajo volador, con deseos de esconderse en cualquier agujero.

Este nuevo estado de su ser resulta claramente incompatible con una lectura coherente de cualquier texto. Cada palabra es para Martina un barranco que debe cruzar, sin arneses, lo cual le lleva a actuar a trompicones, tropezando en cada acento, cada coma, cada diptongo…

Las lindas compañeras la miran entre perplejas, divertidas y horrorizadas, sobre todo las de su misma fila, capaces de empatizar con más facilidad con ella, por partir de la misma situación de carencia intelectual presupuesta.

Dos minutos son suficientes para que la chirriante voz de doña Amparo dé por finalizado el terrible suplicio de Martina, con el siguiente juicio sumarísimo: – Es suficiente, Martina; lo hará mejor Esther, definitivamente.

Pronunciada dicha sentencia, el escarabajito volador vuelve a su pupitre, en la primera posición de la fila de las menos capacitadas, donde verá pasar ante sí un curso como otro cualquiera, y añorando, añorando…


FRANK TAPIA

La presion en mi pecho me asfixiaba, mientras el goteo del tanque de oxigeno seguia su monotona melodia. La debilidad gobernaba mi ser y casi incapaz de pensar solo podia repetir una y otra vez – que esto acabe por favor-
Dia tras dia tirado en mi cama, viendo pasar la vida a traves de la ventana. Mi familia ya no soporta mas esta situacion. A caso no ven que yo estoy igual. Estoy cansado, pero debo continuar. Hasta que no me necesiten mas.
Se acerca la hora, por fin me operaran. No quiero entrar al quirofano, pero es necesario si la vida quiero conservar. Mis manos tiemblan sin darme tregua y mi boca esta tan seca como un pozo en el desierto. Cambie de opinion no quiero entrar. El cuchillo no cortara mi piel. Prefiero partir. No seas tonto me digo, recoge el valor que te queda y sigue adelante. No lo hare. Debo hacerlo. Mi familia me necesita. No me ire sin pelear. Por favor dios ya detenlo. Tranquilo, todo estara bien. El frio recorre mi espalda. Las conocidas caras se alejan ya. Es hora de dormir. Todo estara bien.


ELSA MARTA TORRES TORRES

Desde muy pequeña cada que empieza anochecer , mi corazón empieza a palpitar más rápido, empiezo a morder mis uñas , empiezo a sentir miedo, cada movimiento sobresaltó, cada sombra me asusta, tengo miedo.
Miedo a que? . No lo sé , tal vez , a qué hay vida de otros seres que solo se manifiestan de noche, que sacuden mi cuerpo por qué siento esas presencias.
Qué tal vez estoy loca , por sentir esa estraña sensación de que alguien se manifiesta , que no puedo ver , ni tocar pero si sentir.


GABRIELA MOTTA

Nervios desconocidos.

Huyendo de la miseria se embarcaron con el dinero justo para colaborar en la casa de su hermana mientras encontraba un trabajo y un lugar para quedarse. Pietro había enviudado hacía tres años quedándose a cargo de dos hijos varones que venían a bordo con él. Aquel viaje era el infierno, sabía que sería duro, sin embargo, no había podido imaginar ni en sus peores pesadillas aquel horror.

El barco estaba dividido por sectores y a ellos les había tocado los camarotes más baratos, ahí se veía y se oía de todo. La miseria humana se sentía latente en cada pedazo de pan compartido y en el olor de aquello cuerpos envueltos en mugre y miedo. Escaseaba la comida, la higiene y las enfermedades día a día iban en aumento. Muchos no lograban sobrevivir.

Pietro hacía ya algunos días que había comenzado a transpirar sin causa aparente, sentía como su corazón latía más rápido acompañado de una puntada en el pecho. Se sentía constantemente nervioso y a esto se le sumaba el no poder conciliar el sueño. De alguna manera no era tan malo ya que le permitía vigilar a sus hijos.

Una noche de insomnio se encontró con Giuseppa vomitando a un costado de ellos.

—Señora tenga más cuidado va a salpicar a los niños —le dijo bastante molesto incorporándose para hablarle de cerca, al ponerse de pie pudo ver su incipiente vientre que denotaba un embarazo ya a término. La observó con compasión y para disculparse por su grosería se ofreció en traer a su marido para que la viniera a auxiliar. Ella le agradeció, pero él insistió. Giuseppa con una mirada fría le dijo: —él se murió anoche lo arrojaron esta mañana al mar. Aquellas palabras generaron un incómodo silencio, que fue interrumpido por el malestar de la mujer.

—Déjeme ayudarla, le dijo él, acercándole un pañuelo que alguna vez había sido limpio, ahora era solo un pedazo de trapo roto y sucio, pero que servía como ayuda.

—Gracias, le dijo ella, explicándole que desde el mediodía no comía, esa era la principal causa de su malestar. Él buscó entre sus pertenencias un trozo de pan que les había sobrado de la cena y se lo ofreció junto con un poco de agua. Ella acepto otra vez agradecida, sabiendo que le quitaba parte de la comida a aquellos niños.

—Ya falta poco —le dijo él.

—Espero que se aguante —contestó ella.

—Disculpe, me refería a nuestra llegada al puerto. Ella sonrió desencajada.

—La espera algún familiar?

—No, somo solo yo y el bebé, no hay nadie más. Y se mantuvo en silencio el resto de la noche.

A la mañana siguiente cuando despertó se encontró con Pietro exhausto a su lado, los niños aún dormían.

—Debe descansar, le dijo, yo vigilo a sus hijos. Pero él estaba cada vez más nervioso, el dormir era un lujo que no podía permitirse en ese lugar.

—Y a usted lo espera alguien? Le preguntó ella intentado entablar un diálogo.

—Si me espera mi hermana, su marido y mis sobrinos.

—Qué suerte la suya y volvió a quedar en silencio.

Los días pasaron y de repente a lo lejos comenzaron avistar gaviotas, señal de que el puerto estaba cerca.

—Qué nervios —le dijo ella.

—Qué alegría —contestó él. Poder llegar con vida es una bendición. Permítame ayudarla Giuseppa, pero no me mal interprete, si usted acepta será bienvenida por un tiempo en la casa de mi hermana.

Ella asintió con la mirada, mientras estallaba en un llanto de alivió. Bajaron los cuatro juntos compartiendo los mismos miedos y nervios de haber dejado atrás sus vidas para comenzar una nueva en tierras desconocidas.

Muchos años después ellos se convirtieron en mis abuelos.

Recuerdo que cada vez que contemplábamos el océano sus miradas se clavaban en el infinito horizonte, seguramente recordaban a los suyos que quedaron atrás y si de casualidad avistaban un barco sus ojos se llenaban de lágrimas y mi abuelo siempre decía:

—Son lágrimas de alegría porque fue una bendición haber llegado con vida hasta acá.


 

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8 comentarios en “Estado de nervios”

  1. Me han encantado todos los relatos, pero mi favorito ha sido sin duda el de Servando Clemens, corto y conciso, pero lleno de ironía y con un final inesperado. Tengo una gran afición por géneros como el thriller y la acción, así que supongo que eso tiene que ver.

    Soy escritora aficionada u hasta el momento solo he publicado mis cuentos en una página web. Me gustaría conocer a otros escritores y participar en esta clase de retos para poder aprender. ¿Aceptan a nuevos miembros en el grupo de Facebook? Me encantaría mandar mi solicitud y hacer dinámicas con ustedes. Espero que su respuesta sea afirmativa. 🙂

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