Hay cosas que nunca se olvidan

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir con el tema: “Hay cosas que nunca se olvidan”. Estos son los relatos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 27 de junio! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

*Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor/a) y no han pasado procesos de corrección. El ganador se anunciará en el grupo de escritura creativa Cuatro Hojas de Facebook.

PEDRO PARRINA

Hay cosas que no se olvidan, como la música; el tarareo de su canción preferida: “dos gardenias para ti”, cuando la escucha, ella continua tarareando de forma automática la melodía; o el sonido de los besos sonoros en las mejillas que la hacen gracia y le provocan igualmente una sonrisa.

Otras; como su propia imagen en el espejo, su nombre, su cuerpo, o qué o quién soy yo, su hijo, esas ya las ha olvidado.


CONSUELO PÉREZ GÓMEZ

Hay cosas que no se olvidan…
No se olvida un olor, un sabor, el recuerdo de un viaje soñado. No se olvida Istanbul, no se olvida el Bósforo, no se olvida el Gran Bazar, no se olvida el Gran Mercado de las Especias repleto de colores y olores. Una ciudad que mezcla culturas sin despeinarse. Burkas y minifaldas se citan por las avenidas que confluyen en la Plaza Sultanahmet. No se olvida la sensación de vestir un burka para acceder a sus mezquitas. No se olvidan sus princesas otomanas que rondan por los palacios encantados. Imposible olvidar la visita a un Hammam; el mimo con el que eres tratada te lleva a la sensación de ser una de esas princesas aladas.
Todo en Istanbul está impregnado de magia. Es como si la historia de Constantinopla hubiera sido tallada entre sus muros y, su asfalto emanando la esencia por toda la ciudad.
Imposible olvidar un viaje al mundo de los sueños. Hay cosas que no se olvidan…


JERISON PONCE

-Hay cosas que nunca se olvidan- Bueno el habito de olvidarse las cosas resulta cotidianamente repetible, pero sin embargo tengo una amiga que si hay una cosa que nunca se le olvida es la de llevar consigo una imensa e imperturbable sonrisa en el rostro siempre.
( en realidad no es una cosa pero, consejo de amigo, se como ella).

Ahora si; puesto a disposición pública el hábito de mi amiga Pues…

Con respecto al tema boy a intentar incorporar una minima parte de su memoria. Para recordar algo.
!A ver este¡.

«Bendita bruja».

Particularmente considero, que los momentos significativamente mas perdurables de mi precoz e inexperimentada vida suelen ser agradables, enternecedores o magnífica y sencillamente imborrables cuando inician su manifestación con algo inesperado.
Cómo lo acontecido en aquella inesperada y majestuosa noche del 8 de abril del 2014. Con respecto al terreno amatoriamente legal para mi; pero más no. Para quien en su momento se había; convertido mágicamente en una bruja; sin ninguna pinta de deformidad, o repugnancia si no mas bien.
Con absolutamente todas las pizcas infinitamente deliciosas, que se encargaban de transformar a una delicia, al placer en su total resplandor; denotado en su pícara, traviesa e ( aunque no lo crean ) inocente mirada encargada en ese instante de penetrar y adentrarse hasta mis mas intimos y ensimismados pensamientos, en referencia a su boluptuosidad milagosamente contenida hasta los 38 años y evidencialmente culpable de mi grotesco e inadecuado comportamiento, típico de un inexperimentado debutante adolescente con inacabables sintomas de lascivia de fornicio de adrenalina absoluta y con ganas de que ese inolvidable segmento hotelero se volviese a repetir cuanto antes, sin embargo han trascurrido más de 1805 días ( cinco años ); y aquel inolvidable sueño jamás se volvió a repetir. Pero inesperadamente se convirtió en algo imposible de olvidar.

Y bueno pensé, que quizá estas inoportunas líneas podrían encajar con el tema así que decidí escribirlas sin ningun propósito negativo, o sin ningún detalle adicional en fin… para escribir detalles el tema tendría que llamarse.
«Hay cosotas, que nunca olvidan »


CARLOS CORRALES

Hay recuerdos que siempre estarán presente y a veces creemos que son añorados en nuestra actual vida, pero no siempre es así. Algo que nunca olvidaremos será nuestro primer trauma, nuestro primer contacto de crueldad con este mundo.
Este está presente en los momentos más agradables… Recuerdo cuando mi padre lanzó su primer insulto a mamá, un corriente de aire entró por las ventanas y una melodía que sonaba a metros de casa eran testigos de esa fuerte discusión, mi hermano mayor parecía indiferente, pero yo sentía miedo. Poco después se escuchó un sollozo de mi madre y en ese momento sentí lo que era el rencor, el odio, esos sentimientos de los que el mundo está invadido esa noche llegaron a mí.
Han pasado más de 10 años y ese episodio, ese sonido y ese viento aún los escucho.
«Hay que que simplemente nunca se olvidan»


CORONADO SMITH

Hay cosas que nunca se olvidan.

El primer beso y el primer amor.

¡Más no todo es de color de rosa!

¿Por ejemplo? La aparición de Vox.

Escondidos andaban ellos (y ellas)

en su burdo disfraz,

esperando su ocasión,

para a su caudillo resucitar.

Cómplices los ¿periodistas?,

su ideología da igual,

lo que importa es la captación,

tener mas espectadores que los demás.

Treintaysiete años de dolor,

de falta de libertad,

que en vez de servir de ejemplo,

son imágenes a añorar.

¡Pues que aproveche españolitos!

acólitos de Abascal,

que un tal Adolfo,

también pensaba igual.

Esperemos por el bien,

de este «país sin igual»,

que de este fatídico momento,

nunca os tengáis que acordar.


SAMARA JAPÓN

Tin tin tin tin tin…
Así resuena tu recuerdo en mi cabeza, como el tintineo de un martillo en la fragua. Tin tin y por momentos creo que ha parado, por el ruido de la calle, de la gente, las prisas, el no tener ni un segundo para pensar, pero entonces… llega la noche y con ella el silencio y vuelve a sonar cada medio segundo ese tin que no se acaba, que retumba en mis entrañas , en mi ser, en mi culpa por haberte perdido, en mi anhelo por tenerte de nuevo y entonces recuerdo que hay seres que quedan tatuados en tu piel, que te impregnan con su esencia para siempre, que hay cosas que no se olvidan…tin tin tin tin tin…


LUISA VÁZQUEZ

Hay cosas que nunca se olvidan, hay imágenes, sucesos, pasajes de nuestra vida que se quedan agarrados al alma con garras invisibles que penetran hasta lo más profundo, hasta lo más oscuro.
Los empujas al pozo negro del inconsciente con la esperanza de que jamás vuelvan a torturarte, pero eso es una quimera. Aquello que provoca traumas, que lacera el corazón con heridas que solo cicatrizan de manera superficial, eso, late constante y pasa por tu mente como la publicidad subliminal. Un olor, una situación, una sensación, una herida infligida por alguien aparentemente sin mala intención hace que la cascada de recuerdos dolorosos rompa el precario dique que los contiene. Y se desploman sobre ti volviendo a hundirte en esa miseria emocional a la que sobreviviste de milagro.
La suerte es que el tiempo pasa y cuesta menos recuperarse y seguir adelante, pero lo que es indudable es que, los que han transitado caminos tortuosos gran parte de su vida, tienen secuelas por las que nadie les pagó una indemnización.
Hay cosas que nunca se olvidan, que duelen para siempre.


MARI CRUZ ESTEVAN APARICIO

Hay cosas que no se olvidan, como el viaje que hice siendo niña contigo, padre mio, unas veces a píe y otras subida en aquel carro cargado de uva que tú llevabas a cambiar por patatas U otros frutos que en nuestro pueblo no había.
Hay cosas que no se olvidan, padre mio. Una de ellas tu cariño para conmigo y, otros muchas que en mi memoria guardo y con mis ojos revivo, el hecho de aquel tiempo de mi niñez de contento que a la grupa del caballo vestida de China, madre, me había adornado. (El Domund, y las Misiones) era el motivo para recaudar unas pEsetas que a tierras lejanas iban. ¡IBAN! -Cuando en casa de todos era sabido, que madre en la tahona más de 20 panes debía.
-¡SANTA Maria! Lo que en ese tiempo en España había!
«Hay cosas que no se olvidan»


TALI ROSU

Hay cosas que nunca se olvidan, como los ojos de aquel a quien alguna vez amé, esos ojos que al principio me decían que no había nadie como yo, pero que, con el tiempo, me fueron diciendo que debía ser más “perfecta”.

Nunca olvidaré el momento en el que me di cuenta de que me había convertido en parte de su propiedad, una que abandonaba y cuidaba según le era conveniente, una a la que le hubiera gustado mear por completo para marcar como “suya”.

No olvidaré que fui tierra y, como tal, supe que debía ser libre, supe que podía soportar las inclemencias del tiempo, las fuertes heladas y las sequías. Lo que no podía aguantar era que me pisoteara, que me dejara hundida y sin aire para poder respirar; y que después se arrepintiera y pretendiera labrarme con un hacha oxidada.

Hay cosas que nunca se olvidan y, por eso, hoy no olvides, amor… que tu no me perteneces.


MARÍA LÓPEZ

Doña Rosa Roselló.
Mi profe de cuarto curso.
Con su olor a plastilina y perfume, dura y juez implacable con la mirada.
Trataba a todos por igual,
yo diría que hasta con desprecio.
La letra con sangre entra,
aunque nunca hubo sangre, eso no.
No te voy a decir nada,
bastante tienes con ser como eres, sentenciaba mientras te enviaba al pasillo.
Le encantaba leernos pasajes
fascinantes de la Biblia,
contarnos cómo los hermanos de José, lo vendieron en el mercado,
lo que hizo que mirase a mi hermano con desconfianza durante un tiempo.
Aprendimos mucho, esa es la verdad.
Eran días extraños.


GABRIELA MOTTA

—Hay cosas que nunca se olvidan —dijo rememorando aquel episodio, cuando por fin habían podido comprar la casa que deseaban. Lo único que nos generaba dudas era el precio, evidentemente estaba muy devaluado teniendo en cuenta el excelente estado de conservación en que se encontraba. Nosotros lo sabíamos , teníamos muy presente la idea de que: “lo barato sale caro”, pero no íbamos a pedir explicaciones, sería absurdo, habíamos estado ahí y era perfecta.
Luego de firmar el contrato yo me fui para la nueva casa así comenzaba con las refacciones mientras Ana y los niños empacaban. Nos reuniríamos en dos semanas, ya que nuestro actual domicilio se encontraba a casi cuatro horas del nuevo.
Aquella casa estaba tan bien conservada que lo único que tenía que hacerle eran arreglos de rutina. Cuando entré por primera vez en ella sentí felicidad, recorrí cada habitación tomándome todo el tiempo que fuera necesario.
Luego manteniendo la misma calma salí de camino a la ferretería para comenzar con la compra de los materiales, llegando al portón sentí una pesadez en mi pierna derecha.
—Estoy quedando viejo –dije en voz alta.
Pero seguí sin prestarle mayor atención al dolor. Al salir me encontré con la vecina de enfrente que cordialmente me dio la bienvenida y al despedirse entre risas me dijo:
—Ustedes sí que son valientes-. Y se marchó.
Yo seguí con mi ruta y a unos pocos metros un nuevo vecino se aproximó para presentarse y preguntarme si alguien me había contado sobre la historia urbana que involucraba mi nueva casa.
—No, nadie me ha dicho nada, cuéntamela -le dije entre risas.
Él, que se había aproximado con esa única intensión comenzó su historia, agregándole detalles y ampliando los acontecimientos de una manera irreal para mi mente nada supersticiosa. Yo después de escuchar sus anécdotas con un tono burlesco, comenté:
—Lo bueno de toda esta historia que me acabas de contar es que no estamos condenados, tenemos la opción de huir, y me alejé sacudiendo la cabeza y pensando que este hombre seguro sería el chiflado del barrio.
Al regresar, sentí nuevamente la pesadez en mi pierna, volví a ignorar el dolor y cuando levanté la mirada ví que sobre la puerta de entrada había colgada una llave que decía: Ático. Era el único lugar que no había recorrido, justamente, porque no había encontrado la llave. Sin pensarlo subí. Estaba todo en orden como el resto de la casa, solo había un detalle que llamó mi atención; en una de las esquinas había una caja antigua con un viejo rompecabezas lleno de polvo, lo tomé y pensé que a los niños les podía llegar a gustar, así que lo llevé para la cocina. En ese momento sentí con más intensidad la molestia en mi pierna y exclamé:
—¡Ay Lorenzo, este no es buen momento para enfermarte!
Con la intención de descansar un poco para ver si la pesadez y el dolor se hacían más leves me senté en la mesa y me puse a armar el rompecabezas, pero la molestia se hacía cada vez más intensa, no quería llegar a tener que llamar al médico, pero comenzaba a considerarlo.
Seguí con el juego, sin embargo, para mi sorpresa cuando por fin encajé todas las piezas del puzle sentí un escalofrío y me paralicé. Sobre la mesa se había formado un mensaje claro y perturbador: «Esta será mi casa para siempre, me tendrás aquí hasta el fin de tus días» Sentí cómo todo mi cuerpo se puso frío y mis manos comenzaron a sudar en seco, cuando debajo del mensaje vi a un hombre con cara de terror siendo sostenido desde su pierna derecha por un extraño ser.


ALBERTINA GALIANO

Hay cosas que nunca se olvidan, aunque aprietes fuerte los ojos, y salgas de paseo un nuevo día, contoneando tu deseo de empezar de cero, como si nada hubiera pasado.

Y cosas, sin embargo, que yacen olvidadas, y las pisas sin recordarlas.

Son las sonrisas recibidas, las palabras escuchadas casi sin atender, las caricias desprevenidas que te vienen avisando desde tiempo atrás que no estás sola, y la vida lleva tiempo acompañando tu caminar.


 

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8 comentarios en “Hay cosas que nunca se olvidan”

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