Libros – Miniconcurso de relatos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir con el tema “libros”. Estos son los relatos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves día 2 de mayo! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

*Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor/a) y no han pasado procesos de corrección. El ganador se anunciará en el grupo de escritura creativa Cuatro Hojas de Facebook.

SAGRARIO G. ESCRITORA

Hola. Me gustaría participar en el tema de la semana con el siguiente poema:

Réquiem por esos versos que no escribí

Réquiem por esos versos que no escribí
cuando no estaba inspirada,
cuando la falta de tiempo desplazaba
a mi musa a un lugar lejano y fútil.

Réquiem por esos versos no nacidos,
germinados en la nada
y a la nada desterrados,
por ausentes, condenados.

Réquiem por esos versos que no emergerán
y esas líneas que jamás rimarán.
Ni siquiera conocerán el olvido
en su condena por no haber existido.

Estrofas malogradas
en un surgir inexistente,
nunca fueron engendradas
en algún lugar de mi mente.

Métrica sin medida,
estructura sin estructurar,
versos sin escribir,
nada que recitar.

Página en blanco,
pluma enfundada.
¿Qué lugar alberga
la poesía no creada?


EIKO MG

Un nuevo viaje nos espera.

Mi abuelo fue el que me inicio con el hábito de la lectura, nunca fui un estudiante sobresaliente, en realidad me molestaban por mi estatura, siempre era el más bajo del salón. Así que cada día solo esperaba la hora de salida para llegar a casa, aventar mi mochila en el sillón e ir a ver a mi abuelo para saber en qué nueva historia nos adentraríamos.

Podía pasar horas sentado a su lado leyendo pues mi abuelo siempre tenía muchísimos libros, cada uno más interesante que el anterior. Un día podíamos ser piratas navegando por todo el mundo en busca de aventuras y tesoros y, al siguiente, podíamos ser caballeros luchando contra dragones.

Me parecía increíble que unas cuantas palabras acomodadas de cierta forma pudieran contar historias tan increíbles, era como soñar despierto.

“Cada libro es un nuevo viaje” esa es la frase que más repetía mi abuelo y se me quedo grabada por siempre en mi memoria.

Hoy ya tengo mi propia familia, mis propios hijos, y cada noche después de la cena siempre tomo un libro para leérselos y no importa cuál sea el libro siempre empiezo con la misma frase “Cada libro es un nuevo viaje, y este nos está esperando”.


TONNY SUBURBANO

Libro negro, libro rojo ,de tapa dura
Anillada o desgastada, de tapa blanda,
Forrada o dibujada.
Cuantos te han cambiado
por esa pantalla fría y cuadrada
Cuadrada como muchos
de los q solo la ven a ella
Pantalla vacía de contenido
Con imágenes revoloteando y hablando
Sin dejar lugar que la imaginación vuele
Sin dejar lugar para que entre lo maravilloso de la literatura
Sin dejar lugar a que un nuevo mundo
Te descubra.
Libro nuevo, libro viejo, regalado,
prestado o robado.
Porque un libro Te enamora,
Te roba el corazón, te llena el alma,
Te enriquece la vida.
No busco descubrir la pólvora
Con estas pocas palabras
Sólo entender porque de a poco
Te estan olvidando
Mi viejo y querido libro colorado.


MELINA ABREGÚ BARALDI

«Sensaciones fuertes»

Una sensación de vértigo que se desplaza en mi interior como si fuera un caramelo efervescente. O quizá ocho. Una sensación de emoción incipiente como si estuviera en una montaña rusa a punto de descender desde el punto más alto.

¿Es algo bonito? Sí, es algo bonito.

Y no.

Me aterran las tierras inhóspitas y terrenos sin explorar, me aterra imaginarme qué podría encontrar. Me aterra que me vaya a aterrar. Mis peores pesadillas son aquellas donde la soledad es lo único que me acompaña y yo solo debo seguir caminando bajo la oscuridad.

¿Alguna vez sentiste lo denominado como «vuelco de corazón»? La verdad es algo similar. De vez en cuando siento un leve mareo de emoción y anticipación, temblando ligeramente por los sentimientos que me recorren desde los pies a la cabeza.

¿Crees que estoy exagerando? Me gustaría estar mintiendo, las sensaciones fuertes me tienen hasta la coronilla.

Pensar en los hechos que se aproximan me hacen sentir un atisbo de hiperactividad y excitación. Y también como si tuviera una caballería galopando dentro de mi estómago.

A ver, yo he dado todas estas vueltas a lo mismo una y otra vez, pero podemos denominarlo como impaciencia por el futuro cercano.

O simplemente empezar un libro.


MARI CRUZ ESTEVAN APARICIO

Tenía 50 años cumplidos y una rodilla que me impedía andar. Por tal motivo y a la espera de reponerme, me recomendaron leer el libro de Isabel Allende, La casa se los Espíritus.
La historia de aquel libro me trasladó al mundo de la escritura.
Comencé haciéndome mi propio libro. Tal como cogía una y otra hoja blanca y las doblaba a la mitad, mi pensamiento se llenaba de letras de suerte. Así llamé a mis estrellas creadoras de relatos, ya que mi fatalidad en la rotura de rodilla me había llevado al cielo de los libros.
Un libro en blanco es como un espacio sin vida. Por ello decido darme al arte de contar, mis primeros pasos:

El joven y guapo Dosi había caído en el mundo de la droga. Su mujer y su hijita, debido a su caminar sin sentido, le abandonan a su suerte. Con sandalias rotas, deambula Dosi de aquí para allá y de allá para todo lado en busca de un corazón que le dé cobijo. ¡El chico no halla en donde descansar!
El corazón del ser humano late para si mismo. Puede ser que si el necesitado es de su propia sangre, abra su cofre valioso y, deje entrar al familiar. Mas en este caso, como el desdichado viste la capa de la droga, cierra de golpe la puerta de su casa para que el que no tiene techo, pase de largo.
Viendo Dosi que la noche se le echa encima, decide dormir en un nicho vacío de un cementerio cualquiera. (Cualquiera es un pueblecito chico al cual pertenece el cementerio).
Las viudas de aquel lugar de rezos continuo, nada más echar el pie al suelo por la mañana, comienzan con su arreglo personal para más tarde salir con otras mujeres en grupo hacia el Campo Santo con motivo de hacer una visita a las tumbas de sus difuntos maridos, que descansan en paz, y muchas de ellas también, en la vida que viven ahora mismo…, también.
El silencio de aquella mañana primaveral, se iguala a la quietud que hay en el recinto Sagrado.
Las mujeres se adentran entre flores de toda índole a derramar por sus ojos nuevas lágrimas, cuando descubren con pavor unos pies calzados con sandalias de cuero verdes que se mueven y se mueven dentro de un nicho abierto, lugar para los muertos…
Muertas de miedo corren las mujeres hacia la puerta abierta del cementerio…
Dosi despierta confuso, ha dormido con los muertos y está vivo, vivo, vivo…, se dice a sí mismo.
Página en blanco de un poema no escrito.

«Gracias Sagrario G Escritura por hacérmelo llegar a mis manos», dice Dosi, ya que en esa blanca hoja voy a escribir mi segunda vida. 


AMALIA MARTÍN GONZÁLEZ

Libros,libros,libros…románticos, históricos, ensayos, novela negra ,acción, viajes…

Todos apasionan, entusiasman, estimulan, arrebatan, excitan, enardecen…

Viajar por el apasionante mundo surcando mares y océanos, adentrarse en tierras lejanas y exóticas, foráneas y extravagantes.

Emocionarte con personajes variopintos maquiavélicos, asesinos en serie,osados, atrevidos,principescos, medievales.

Adición y sobredosis de hojas azafranadas y ocres emanando el perfume de la tinta y el pegamento en el papel recién estrenado …Inusual y singular en estos tiempos que todo aciaga y corrompen la bazofia de los realities ,las redes sociales de apariencia y postureo que simplistas y virulentas irrumpen y manipulan las mentes de los mas jóvenes y quizá los más débiles

Bibliotecas vacías y estériles, mundo vacuo y frívolo , carente de cultura con personajes memos, triviales… en lo efímero y lo fugaz, en lo perecedero y momentáneo, acomodados en el confort y bienestar carentes de valores, umbrales, tesis o fundamentos.

Y en este océano estéril vivo YO mis historias a mil,me adentro y solapo en el hogar de seres desconocidos ,lloramos y reímos, compartimos o dividimos …espero ansiosa cada fin del relato para después quedarme huérfana sin mis amigos virtuales que se adentraron sigilosos en mi corazón.

Amo esos seres y esos momentos como los de mayor placer en mi existencia …qué simplista! Qué banal es mi realidad, qué espiritual mi alma !! En la nave de la lectura …achucho manoseo mis libros cuál amigos reales.

(Despertad chic@s .Os esperamos )Tema de la semana: libros


VERÓNICA FERNÁNDEZ LISI

La pesadez cotidiana viene a mi, entonces me refugio en esa biblioteca de madera, cuyos tomos azules esconden escapes de mi tedio cotidiano, ya sea a la introspeccion o la fantasia, hacia la magia o el reposo. Me siento en ese viejo sillon de cuerina, despatarrada, ya con mi viejo libro, buscando una frase de reposo o un pasaje hacia mundos que existen en mi mente y, ¿quien sabe?, en mi alma.
Dulces historias del oso Pooh me remiten a la inocencia de mi niñez, a ese bosque mágico donde siempre pasan cosas, y donde la simpleza gobierna por decreto.
¡Ahhh,lectura! Mientras el oso con Puerquito juegan a contemplar las hojas otoñales, me imagino alli tambien, disfrutando el delicioso perfume de la tierra, descifrando nubes, mientras ese cielo azul acuna mis primeras respiraciones de sueño.Hojas anaranjadas caen hacia mi, mientras las risas de Pooh y Puerquito me llevan hacia aventuras que Morfeo me ha de mostrar


GONZALO HAYA

El poder de un libro

La calle era vieja, sin asfaltar, el hedor que provenía de las casas era insoportable. Nadie en su sano juicio se hubiese atrevido a pasar por ella, pero fue precisamente eso lo que lo movió a entrar. Necesitaba encontrar algo para comer, allí había basura que registrar.
Sin zapatos, sus pobres pies estaban curtidos y sus durezas hablaban por él, contaban su historia sin palabras.
Esa tarde a Ramanujan le esperaba una sorpresa que cambiaría su suerte. En aquella sucia y hedionda calle fue donde lo encontró, su primer libro de matemáticas básicas. Nunca había visto un libro, y aunque éste estaba hecho trizas le pareció el mayor tesoro que podría poseer.
Lo cogió con cuidado y se fue de allí corriendo. Esa noche Ramanujan no tuvo nada que llevarse a la boca.

Examinó el ejemplar con mucho cuidado para que las páginas no se descosieran, a penas sabia leer pero cuando observó los números los entendía a la perfección, como una lengua materna. En tres días había devorado el libro y en el suelo arenisco de su habitación hacia operaciones con los dedos. Pasado un mes, ante la falta de nuevos textos, ya desarrollaba sus propias fórmulas y teorías.
Al principio tuvo que mendigar para conseguir comprar tinta y papel. Con su precaria escritura redactó cartas que, junto a sus teorías, enviaba a grandes matemáticos nacionales e internacionales.

Años más tarde, el matemático británico Godfrey Harold Hardy recibió una de esas cartas y tras observarla durante toda la noche y los dos siguientes días supo que había descubierto a un genio. Tras años de insistencia, Ramanujan lo había conseguido y en el año 1914, a la edad de 27 años, fue invitado a visitar Londres. El viaje desde Kumbakonam (India) fue realmente largo.

En los siguientes 6 años, junto a G. H. Hardy, desarrolló teorías nunca vistas.


ALEXANDER WEISHAUPT

Más que un relato o un cuento, es una declaración.

Me encuentro bajo el palto de mi casa (Aguacate para los no-chilenos) con una taza de té negro y un cigarro enrolado de arándano, con mi tableta electrónica predilecta: mi Kindle. Que gran inversión hice con este aparatito, y debo confesar, con el pesar correspondiente y la contrariedad de ser escritor y faltarme el respeto, que no he pagado por ningún libro que he leído aquí, y he leído bastantes. Pero bueno, soy estudiante, en el futuro pagaré (En mis mejores sueños en realidad me pagan por mis libros). Estoy leyendo una novela fantástica llamada “el nombre del viento”, primer libro de una saga de tres, del que solo hay escritos dos. Esta es mi segunda relectura del libro. Es que me gusta demasiado. No quiero que parezca publicidad, sino más bien explicitar lo que es la lectura para mí. Creo que soy un lector velocísimo cuando debo hacerlo (Documentos técnicos y bases administrativas que quiero que ocupen la menor cantidad de tiempo sacarlas adelante) pero en los pasajes de esta obra, leo tan lenta y meticulosamente, repitiendo a veces dos, tres o diez veces pasajes que me tocaron el alma. En ocasiones debo detenerme y mirar al cielo, beber un sorbo de té y aspirar unas caladas de mi cigarro, solo para disfrutar de la sensación que me produce leer acontecimientos impactantes de las obras. Es que me enamoro de los personajes. Kvothe es mi héroe personal y mi mente crea esas mujeres hermosas e interesantes que con un par de descripciones me es suficientes para incorporar un nuevo amor a mi lista de amores platónicos.

Que maravilloso son los libros, no existen hasta ahora recursos multimedia, ni en la música ni en las películas ni en las series que me provoquen los sentimientos que me producen un buen libro. Supongo que por eso quiero ser escritor. He soñado con los mundos en los que leo y siento que al crearlos el disfrute es doble. Puedo crear la historia que quiera y disfrutar del vivir de mis personajes mientras los castigo y hago que se decepcionen porque sí. ¡El mundo es injusto! Gritan algunos de los personajes de mis libros. Y vaya que lo es, pero les queda un gran camino por recorrer, por seguir adelante y aprender, y mientras ellos aprenden, yo aprendo. Mientras ellos crecen, yo crezco.

Creo que me refugio de este triste e injusto mundo en mis escritos y los libros que leo. Quizás yo sea simplemente un personaje de una entidad creadora que me hace sufrir para al final, darme el final feliz que siempre he esperado. Espero que dicho autor no sea como George RR Martin.


DEBATAY CHANCLA

EL PEQUEÑO TESORO DE DESA

Desde pequeña le gustó adquirir libros viejos y baratos, no es que llenara su casa con ellos pues no compraba más de dos o tres libros al año, a veces tan solo uno le era suficiente. Mientras los adquiere los hojea rápido sin apenas detenerse en ninguna de sus páginas, un simple vistazo donde una palabra fugaz sentencia aquella compra. A veces aquel primer contacto le traía el recuerdo de saborear una onza de chocolate, otras veces le parecía escuchar musiquilla de entre sus páginas, otras veces era el olor de galletas recién hechas. Todas aquellas evocaciones la llevan a adquirir aquellos libros, sensaciones que no podía explicar. Así fue como con el paso de los años el desván de su casa se llenó de libro y de emociones que nada más que ella podía sentir.

Su madre nunca comprendió aquella manía de su hija de atesorar libros usados y desgastados en el desván, pues nunca la había visto a su hija leer ninguno en todos aquellos años. En primavera siempre surgía la amenaza tirarlos, quitar trastos viejos para llenarlo de trastos nuevos; no obstante, Desa, nunca consintió que aquellos ajados libros fuesen de nuevo al destierro. Y así poco a poco “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, se transformó en cuatro o cinco de cajas llenas de libros. “El genio”, “Los extravíos del estudiante Törless”,”La balada de Caín”, “Historia del triste”, “matar a un ruiseñor”…
El día en el que su madre murió, Desa subió aquel desvencijado desván a llorar su pérdida donde nadie pudiera oír sus sollozos, ni observar las lágrimas caer por sus mejillas. Cuando se hubo tranquilizado, busco con su mirada el rincón donde apenas entraba ningún rayo de luz, en el lugar cual sabía que tenía que otear. Sus ojos descubrieron las cajas amontonadas en una de las esquinas del desván; al lado de un palanganero antiguo de su abuela y de una gran alfombra enrollada. Se acercó aquellas filas de cajas mientras, secaba sus lágrimas; tiró de una de las aletas de la primera caja para abrirla, echó un vistazo, sus ojos se detuvieron en “Platero y yo”. Lo sacó de la caja y sopló sus páginas mientras con un trapo viejo que un día fue un pañuelo limpió el polvo de su portada desprendiendo, aroma hierbabuena. Y comenzó a leer “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.”
Tesa siempre supo que aquellos libros serian leídos.


ANITA CABRITA

Cuando trabajé en Madrid por primera vez, tenía que coger el metro. Doce o trece paradas hasta mi destino.

Al principio, con tal de no pasarme de parada, me era suficiente. Con el tiempo, me empecé a fijar en lo variopinto de los viajeros. Había gente leyendo unos mamotretos de libros de tapa dura que yo lo flipaba. Algún título reconocí porque se me cayó en toda la cara cuando me quedé dormida leyéndolos. Hubo veces en que creí que me había partido la nariz. Palabrita del niño Jesús.

La cosa es que empecé a mirar a la gente que leía en lugar de leer yo. He de confesar que soy una voyeur del metro; inofensiva, pero muy mirona…

Descubrí parapetada tras mis gafas de espejo muchos comportamientos interesantes, pero voy a compartir tres anécdotas, si os parece bien. Allá van:

1) Había un señor que hacía con que leía un periódico arrugado pero miraba con fruición las piernas de las muchachas.

2) Había una señora madura con un best seller a la que jamás ví pasar de página.

3) Había un chico joven que siempre llevaba un libro diferente en la mano pero que nunca abrió, al menos delante de mi escrutadora mirada.

Conclusión: Siempre habrá mucha gente pero nunca habrá demasiados libros.

Otra conclusión: Le he perdido el miedo a los mamotretos de tapa dura; eso sí, me los leo en casa…
Me gusta demasiado observarte en el metro.


MARCELINO TORRECILLA

La autora de un perdón

Son las 9 de la noche y Baby Halder está a punto de terminar su día de trabajo como empleada doméstica.

Ya ha fregado el piso de la cocina, lavado los platos y adelantado algo del trabajo de plancha. Las últimas labores de su día son interrumpidas por una llamada de su patrón, el profesor Prabodh Kumar, un jubilado antropólogo de una universidad en Calcuta.

–Viajas a Londres en quince días –se le oyó decir al catedrático–, atendiendo la invitación del profesor Moore. Y de Londres –continuó– vas a Frankfurt, en Alemania.

Baby quedó enmudecida ante la inesperada noticia, y solo alcanzó a balbucear unas pocas palabras de agradecimiento. La llamada la terminó el profesor con una información de itinerario de viaje: –El vuelo a Londres sale de Delhi, no de Calcuta.
* * *

Una mirada atrás…

Baby Halder nació en Kashmir, una región al norte de la India, y muy niña fue abandonada por su madre. Vivió en un ambiente de miseria y sufrimiento con un padre alcohólico y maltratador, quien la obligó a casarse con un hombre 14 años mayor que ella; para la época Baby apenas cumplía sus doce años.

A los trece años ya estaba embarazada de su primer hijo y después de ocho años, ya era mamá de tres niños. Como su madre, recibía soberanas golpizas de un despiadado esposo que se encontraba perdido en el alcohol. A la edad de 24 años, la joven madre huyó a Nueva Delhi, la caótica capital india, con sus tres hijos: Subodh, Taposh y Tia, queriendo dejar atrás ese mundo de vejámenes y abusos. Esperaba encontrar en la gran ciudad, una mejor vida para ella y sus hijos.

Como empleada doméstica consiguió varios trabajos y en cada uno de ellos era explotada y casi que esclavizada por una mísera paga. Nueva Delhi no dio alivio a su sufrida vida, que ahora empeoraba con tres bocas que alimentar.

Una soleada mañana de un mes de junio su vida tomaría un giro inesperado cuando la joven –llevando de la mano a tres harapientos muchachitos– tocó la puerta del profesor Prabodh Kumar pidiendo trabajo. El profesor la acogió sin pensarlo un segundo y desde ese día se convirtió en la empleada doméstica del afable educador.

* * *

Una tarde, en una escena tremendamente inusual, el profesor Prabodh observaba a su empleada hojeando las páginas de un libro, cuando limpiaba los estantes de su biblioteca.

–Umm, ¡Qué interesante! – exclamó.
Del susto, la sorprendida Baby dejo caer el libro. Para sus adentros (recordando a sus antiguos patrones) pensaba que se le venía un castigo o lo que era peor: la pérdida de su trabajo por estar haciendo lo que no debía.

–Perdóneme profesor –imploraba la pobre muchacha–, fue que me llamó la atención el título de este libro, mientras le sacudía el polvo, y yo de tonta me puse a leerlo.

– No tengo nada que perdonarte –le respondió el profesor en tono paternal–. Solo me sorprende tu interés por la lectura y, todo lo contrario, te animo a que sigas usando esta biblioteca siempre que lo desees.

A Baby se le cumplía el sueño de estar rodeada de libros y saciar su sed por aprender, anhelo que no fue satisfecho cuando, a la edad de 12 años, tuvo que dejar el colegio: sus padres no tenían dinero para comprarle sus libros y un uniforme.

Un momento crucial en la vida de Baby tuvo lugar el día en que el profesor Prabodh le entregó una pequeña caja con un contenido muy especial. Al abrirla, la joven mujer se llevó las manos a la boca. La caja contenía una libreta de notas y un estilógrafo. Baby permaneció por un momento extasiada con el aroma a nuevo de su inesperado regalo.

El olor a útiles escolares recién comprados le traía gratos recuerdos de un primer día de clase. El nada ostentoso presente tenía para ella un significado muy especial: 25 años habían pasado desde la última vez que la joven tocó un cuaderno de notas y un estilógrafo.

–Si eres buena lectora podrás escribir tus experiencias en una libreta de notas– le dijo el profesor Prabodh. Sus palabras calaron en la joven, quien decidió hacer la tarea sugerida por su patrón, después de largas sesiones de ejercicio y entrenamiento en escritura y lectura.

Todas las noches, antes de acostarse y después de terminar su extenuante día de trabajo, Baby escribía al menos una cuartilla en su cuaderno, hasta que un día completó 100 hojas. Los papeles describían las tristes páginas de su azarosa vida. A esta experiencia de catarsis ella la tituló: “Una vida menos ordinaria”. Baby había hecho la tarea, y el primer borrador de su vida estaba listo para una primera revisión.

La fluida prosa de la novel escritora impresionaba al profesor Prabodh a medida que avanzaba en la lectura del borrador. Su admiración alcanzó un clímax al notar que muy a pesar de la crudeza de las experiencias narradas, nunca encontró una palabra de odio hacia los personajes que más la habían lastimado: su propio padre y su esposo.

La incipiente escritora no había caído en la tentación de un predecible desfogue revanchista de penas y sentimientos.
El profesor terminó la revisión del borrador y corrigió algunos detalles de estilo, gramática y ortografía.

Inmediatamente después, el pedagogo comenzó a repartir copias del escrito entre su círculo de amigos literatos, quienes le dieron a la original historia una gran aceptación.
En busca de mayores lectores, el profesor Prabodh tradujo el escrito al idioma hindi, hablado por más de 300 millones de personas en la India, y lo propuso para su publicación a una casa editorial en Calcuta.

Un reluciente martes de junio, del año 2002, “Una vida menos ordinaria” fue publicada por la casa editorial Roshani de Calcuta y se convirtió en un éxito de librería a nivel nacional. Hubo la necesidad de hacer un tiraje de dos nuevas ediciones: todos querían leer la historia de una tal Baby Halder. A la edición en el idioma hindi siguió otra versión en bengalí, idioma en que originalmente Baby había escrito el primer borrador. Luego siguió una versión en inglés, que la dio a conocer en círculos literarios en muchas partes del mundo.

El libro vendió más de un millón de copias. Fue traducido a 24 idiomas, incluyendo el francés, el coreano y el alemán, lo que le tendió a la nueva autora la alfombra roja del mundo literario. El New York Times comparó su obra con una autobiografía titulada Las Cenizas de Ángela, escrita por el profesor norteamericano Frank McCourt, premio Pulitzer por esta producción, en el año 1997.

En alguno de sus apartes, el prestigioso diario reseña la obra de Baby como… “Una sencilla descripción de una sombría existencia que no necesita los embellecimientos de artimañas literarias”. El aclamado libro tuvo también el mérito de ocupar los editoriales de otros reconocidos medios como el periódico londinense The Guardian y la influyente BBC.

Por regalías, la ahora consagrada escritora recibió un cheque en rupias equivalente a unos 28 mil euros. El dinero lo invirtió en la educación de sus hijos y la compra de una casa en Calcuta. Lo anterior era solo el comienzo de muchos más beneficios por obtener.

Aunque Baby se sentía feliz por todos los reconocimientos, la satisfacción más grande era saber que sus hijos ya no se avergonzaban de ella por ser una empleada del servicio. Ahora la presentaban a sus amigos con henchido orgullo.
–Les presento a mi mamá; es una escritora.

* * *

Imprevistas circunstancias propiciaron un singular reencuentro entre Baby y los dos personajes principales de su obra: su ex-esposo y su padre. Del primero se enteró que había tenido un accidente automovilístico, y que había sufrido leves traumatismos a nivel de cerebro. De inmediato se dirigió al hospital a visitarlo y le pagó la cuenta por los servicios médicos recibidos. El hombre rompió en lágrimas ante el generoso acto de su antigua esposa a quien él había causado tanto sufrimiento.

También, con toda la generosidad que la caracterizaba, la joven ayudó a su padre, de quien tuvo noticias que vivía solo en Murshidabad, una ciudad en el este de la India. Después de leer el libro, el señor Narendranath -su padre- pidió visitarla. Ella lo invitó a su casa en Gurgaon. Como su antiguo esposo, el ermitaño padre rompió en llanto y le imploró perdón por todo el sufrimiento que él le había causado a ella y a su madre.

La gran pregunta que todos le hacían a Baby Halder era por qué, pudiendo vivir cómodamente de sus regalías, seguía trabajando como empleada doméstica.

– Sigo con mi trabajo– respondía sin titubear–, por superstición; siento que el día que deje de ser empleada del servicio, se me acabarán las ideas para escribir nuevas historias.

Hoy en día, Baby Halder es la misma empleada del servicio– ahora al servicio de las letras– en quien un día un profesor sembró un sueño, el sueño de ser una escritora, la escritora de su propia vida.

Queda en la carrera literaria de la excepcional mujer mucho oficio por hacer, como también en la vieja casona del caritativo profesor Kumar.
FIN


KAREN ROSADO

Palindromo Humano
(LIBROS)

«Todos tenemos un alter ego…bueno, eso es lo que pienso.»

Las perspectiva desde la que analizó este punto aún no es definida ni definitiva pues hay veces en las que ni yo mismo me encuentro tratando de buscarme y no puedo decir que son los duendes los que están robándome esa parte de personalidad y que me la devuelven cuando estoy escribiendo.

Muchas veces no sé quién soy en realidad ,si la persona que conozco y ustedes conocen o soy aquella persona que yo desconozco y ustedes ahora mismo leen .A decir verdad me gusta más esta persona: la extrovertida,la que saca sus ideas de una forma visceral,la que deja las hojas llenas de tinta,de sangre y los intestinos sobre ellas cuando resulta ser un buen escrito pues acabo muerto literalmente en mi imaginación y al final eso es lo que importa para el lector.

Más de una vez envidio a ese ser que habita mi cabeza y que puede hacer un millón de cosas sin pensar en las consecuencias por muy monstruosas que estás sean ,solo en su mundo está bien visto el caos por default se sabe aplaudido y ovacionado.

De dónde saca sus ideas si no de los libros,pero cabe mencionar que este tipo es tan extraño al cual no le importan mucho las historias de los escritores con las que pareciera enajenarse,por un momento pensé en que le importaba el escritor por las bibliografías que conserva de cada uno de ellos,hasta que un día lo pillé repitiendo una frase : -necesito saber más ,no es suficiente,¿que lo llevó a escribir como escribe? ,repetía constantemente y pensé :-¿Que carajos? .Así es como se la pasa analizando cada página,cada libro,desde Shakespeare hasta Sade.

Otras veces cuando me encuentro muy dentro de mi no hay necesidad de recurrir a la biblioteca para la cual me ha obligado a trabajar muchos años de mi vida ,lo que menos quiero es encontrarlo al sentarme en el escritorio,pues ahí es en donde el se vuelve más violento y me toma por sorpresa dejándome salir hasta el día siguiente,lleno de ampollas, con la mano adolorida y llena de tinta.

Debo confesar que mi sueño húmedo es prenderle fuego a todos esos libros …pero se que si lo hago…con ellos muero yo .

«Todos tenemos un alter ego…bueno, eso es lo que pienso.»


ROSA MARÍA JIMÉNEZ MARZAL

Te observaba, a menudo, acariciar los lomos de aquel libro de tapas oscuras. Había en tus gestos todo un aparente ritual de ceremoniosas y ancestrales maneras. Tú mirada se iluminaba cuando se desplazaba por sus líneas, te temblaba el labio como si repitieras para ti aquello que allí mirabas, las manos se enraizaban con la confianza de lo cotidiano… Y yo te admiraba.
Te veía guardarlo siempre en sitio pensado, con el aplomo de la labor cumplida y con la quietud del que parece conocedor de todas las preguntas..
Yo anhelaba darle alcance, recrearme en su misterio, deseaba saber que te hacia feliz, diferente.
Te observaba con admiración, valoraba esos momentos en que ambos erais uno, olvidando que estabas allí aunque estuvieras presente.
Me recreaba en ese misterio que nunca estaba a mi alcance… Pensaba, soñaba e incluso temía las palabras inasequibles que me robaban tu tiempo.
Te observaba en tus rutinas cotidianas, en los momentos que parecías sonreír y acariciabas sus tapas con la veneración del amigo incondicional, en los momentos que parecías contrariado y lo cerrabasde golpe, guardandolo con gesto preocupado y abandonando su cuidado.
Yo comencé a amar los libros por ti, imitando tus gestos, buscando tus tiempos… Me vi acariciando sus tapas, oliendo su interior, dejándolo a buen recaudo como el tesoro que guarda las piedras angulares de la existencia.


RAQUEL LÓPEZ

Los libros son briznas
de culto y deseo,
mágicas palabras
plasmadas en papel,
historias que hablan
de sueños etéreos,
cubiertos de anhelo,
impresas en el.
De cálidas letras,
de tímidos versos
latentes de tinta,
incitando a leer.
Compañeros leales,
tesoros de la mente,
la soledad se esconde
y te ayudan a crecer.
Mi mundo sin ellos
es un todo o un nada,
un sueño velado
que habita en mi ser…


ALBERTINA GALIANO

Salió sin despedirse de un piso vacío de proyectos, y casi siempre también de personas.
Se dirigió andando calle adelante con las manos en los bolsillos, y la mochila a la espalda.
El trayecto en autobús le sumió en sus cavilaciones. Sentía una emoción difícilmente explicable al recordar escenas del relato; encuentros, conversaciones, momentos entre los personajes…
Disfrutaba fantaseando ser el protagonista de una historia semejante, y que una relación así se cruzase en su vida.
Al llegar a la biblioteca, conocido lugar de entrañables sensaciones, casi más hogar que el suyo propio, cumplió el doloroso ritual de devolver el libro. Esta vez era como desprenderse de algo muy querido; como depositar una parte de sí en el frío estante…
Recordó el día, apenas un mes antes, en que lo tomó en préstamo; en aquel momento no era más que un proyecto, sólo un título sugerido ya no recordaba por quién.
Ahora su contenido le pertenecía de la primera a la última página; era suyo, formaba parte de su vida.
Lo había leído y releído, parándose con esmero en las escenas más intensas, aquellas en que se veía a sí mismo y su fantasía de papel…
Dejó el libro en el mostrador y vagabundeó un rato entre los estantes, sin decidirse aún por ningún otro.

Ella llegó algo más tarde, media hora antes de cerrar.
Aquella era su segunda opción; la primera estaba prestada.
La bibliotecaria se lo entregó sonriendo: -Lo acaban de devolver, ¡has tenido suerte!
Fue derecha a casa. Después de quitarse los zapatos, para liberarse del polvo de un día como otro en el que se afanaba por salir de la invisibilidad, entre gentes que parecían de otro mundo, se asomó al salón y desde el quicio de la puerta esbozó un saludo huidizo, esquivo, a traición, a quienes estaban en él; aquellos antes tan fundamentales en su vida y ahora casi enemigos de los que huir, y que a su vez huían de ella.
Como imanes por sus polos negativos.
Se refugió en su habitación y se sumergió en el libro, como quien escapa a un paraíso que le ofrece una vida idílica, justo cuando la suya se paraba al cruzar el umbral.
Aún ignoraba lo fascinada que quedaría por aquella historia, y por sus intérpretes…
Abrió la primera página y vio tras la solapa una hoja de papel doblada.
Por un momento emergió en ella el deseo de que estuviera escrita, y pudiera ser un olvido que le diera indicios de un atractivo y seductor lector anterior… Quizá un joven que, como ella, tuviera abierta el alma a una pasión desenfrenada, y cerrada la boca a una realidad desoladora…
La hoja estaba en blanco.
Sólo el propio libro hubiera podido confirmar que el deseo de ella no podía ser más coincidente con la realidad, y que la ausencia de mensaje no era por nada más que por el miedo inmotivado de él, de ambos, a arriesgarse y mostrar…

¡Si los libros hablaran!


TALI ROSU

Hazme caso

Vivo con una mujer que hace todo lo que puede por verme feliz.

En casa tiene una estantería llena de libros que ha adaptado para mí; hasta arriba ha puesto una superficie blanda y calentita, y en un lateral ha atornillado un largo tubo forrado con cuerda para que yo pueda subir y rascar de paso, es perfecto. Ahí, en lo más alto, puedo sentarme y observar la casa, la vigilo, la protejo. Sara, mi compañera, suele sentarse justo debajo, se acomoda en un montón de cojines que tiene por el suelo y se pone a leer. Odio que lea. No me gusta en absoluto porque no me presta ni un poco de atención, se sumerge en esas páginas que, no se cómo, pero parecen transportarla a otro plano.

A veces cazo moscas y las dejo en mi sitio, me son muy útiles para lanzarlas contra su cara cuando se pone a leer. Ella, asqueada, me mira con cierto enfado pero no puede evitar sonreír cuando la invito a perseguirme por la casa. Siempre terminábamos jugando por un buen rato, siempre, hasta hoy… Le he tirado cuatro moscas sin que ella reaccionara, solo las aparta de las hojas y sigue sumergida en sus renglones. Me he cansado de esperar y de que no me haga caso. Con una de mis garras engancho uno de los libros y lo tiro en su cabeza, ella pega un grito pero no me persigue cuando la invito a hacerlo, sigue leyendo. Vuelvo a subir, pero esta vez no voy a mi sitio, me quedo un nivel más abajo y empiezo a tirar libros, uno tras otro, mientras ella grita con evidente enfado y empieza a recogerlos todos. Bajo un nivel, tiro más, bajo otro nivel y dejo el mueble completamente vacío. Acto seguido vuelvo a subir a la parte más alta. Sara, en un ataque de histeria evidente, trepa por los tablones para intentar cogerme, pero pesa demasiado y cae hacia atrás arrastrando el mueble consigo. Yo doy un salto ágil y rápido hacia el sofá y, cuando la miro, veo su cabeza reventada contra el vidrio de la mesa, su sangre forma un charco rápidamente y deja de moverse.

Yo la piso con mis patas para hacer que despierte, todas las mañanas lo hago y me funciona ¿por qué esta vez no responde? Yo solo quería jugar, no que dejara de respirar. Ahora odio los libros todavía un poco más.


VALERIA MICHOU

La fogata se extendía kilómetros, el crepitar del fuego acentuaba el silencioso momento en el que se consumían cada una de las palabras escritas del mundo.
Las largas sombras se proyectaban en el suelo, como un espejo desgarrado de la piel de los espectadores.
Brillantes cenizas se arremolinaban con el viento y ascendían hasta apagarse en el profundo cielo.
Era tal el espectáculo, que nadie se percató del sigiloso robo de uno de los ejemplares más humildes, el único libro que aquella noche no sucumbiría, cien páginas de pura vidatinta, que nunca volverían a ver la luz, ya que la bruja meció su cuerpolibro hasta dormirle y lo enterró entre el rosal y la lluvia, donde crecería, para convertirse en mar.


VIRGINIA FÁTIMA GONZÁLEZ RACEDO

UN LIBRO, UNA HISTORIA, UNA VIDA…

¡Un castillo de quimera…

Una princesa, un dragón,

un príncipe muy valiente

y un final lleno de emoción!

Una niñez que leía emocionada

cuantos libros a su alcance

se encontraban…

Una niñez que se vió enriquecida,

que creció y envejeció lozana,

pues ha llevado,

día a día, por la vida

la herencia que trajera de la infancia.

Fuí tan feliz, no lo dudes,

con cuanto aprendí

en aquellos días

que aún conservo el amor

por leer cada mañana.

Aún sigo disfrutando

de historias de dragones

o de aquellas

que tanto me asustaban.

Esas historias de amor

aún me conmueven

¡aunque a veces

me provocan unas lágrimas!


DOMINGO MACHADO BARCO

EL PRIMER LIBRO

El primer libro del que yo tenga noticia fue esa perdida primera piedra donde el desconocido primer «homínido» horadó el primero de los glifos también desconocido.. Yo prefiero imaginar que ese primer glifo fue una rudimentaria espiral donde ese primer homínido poseído de trance divino grabó la pedrestre imagen visual de nuestra Vía Láctea en forma de sagrada espiral en clara señal de la existencia de la madre de la que todos venimos. Nunca pudo saber ese inteligente primer homínido que con la misma lógica mecánica que empleó para grabar la espiral sagrada de la existencia horadando la dura superficie de la piedra, miles años de tiempo humano después, otro homínido, pero esta vez conocido y con nombre propio inventaría la primera máquina para reproducir libros con caracteres gráficos grabados mecánicamente, se llamó Johannes Gutenberg, un herrero que inventó la imprenta de tipos móviles (de metal), siendo el primer libro que se imprimió en su imprenta «El Misal de Constanza», entre los actuales años humanos 1449 y 1450. tampoco pudo siquiera imaginar el mismo Gutemberg que la lógica en que se basó su ingenio para inventar aquella máquina, fue la misma y exacta lógica que empleó el ingenio de aquel primer homínido miles de años humanos antes para inventar el primer libro tan solo como primer «texto gráfico» para ser leído, interpretado, comprendido y transmitido como «signo» en el lenguaje codificado de los homínidos.
Aunque disfruto sobremanera al especular sobre todas estas cosas antropológicas e históricas, debo reconocer que en mi historia de vida hubo tres primeros libros:
En primer lugar los senos de mi madre que fue mi primer texto palpado, explorado, succionado e incorporado automáticamente, sin palabras pero con decisivos significados y sentidos a mi memoria textual. En segundo lugar unos tacos de madera donde estaban grabadas en colores llamativos las letras de nuestro alfabeto castellano con los que armé yo mismo mis primeros textos y sueños de palabras que tan solo eran vocablos de significantes refiriendo imágenes ausentes, hasta que fue así que a mis cinco años de vida aprendí a leer mucho antes que a escribir, componiendo palabras con mis tacos de madera y fue así también que en tercer lugar vino mi tercer primer libro, «la prensa». Resulta que en mi cuidad natal hacia mediados de la década de los años sesenta del siglo XX pasado, era todo un sorprendente suceso que un niño de cinco años leyera corrido y correctamente en voz alta y con dicción aceptable casi que cualquier texto escrito (ya para este final de la segunda década de este siglo XXI, nada sorprende que un niño de tres años,comprenda y asimile mejor el manejo de un «teléfono inteligente» que nosotros los abuelos de la era «análogica», jejeje). Para aquel entonces, eso era considerado de «niños prodigios» por la gente de mis contextos, así que mi padre, muy orgulloso de mí, solía encaramarme sobre cualquier mesa a la mano y me ponía a leer cualquier artículo de la prensa para impresionar a sus amigos y familiares, lo cual lograba grandemente, jejeje.. Allí yo siempre descubría nuevas palabras y cosas que no entendía mucho para nada, pero que me gustaban como sonaban en el contexto que se decían y así las fui grabando e incorporando a mi léxico para luego descubrirlas como insólitas redes de muy ricos y maravillosos significados.
Luego vino, debo reconocerlo también, el que tal vez sea realmente ese «primer libro» de mi vida: «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha», lo descubrí a mis ocho años en un programa televisivo donde hablaban magistralmente de esa novela, haciéndome volar por toda la historia de la humanidad y por tantos lugares que no sabía que existían en este planeta. Lo tuve entre mis manos a los nueve años cuando visité y conocí mi primera biblioteca púbica, recuerdo que no entendí y que me interesó sobremanera su lengua castiza, lo cual investigué entre los adultos que trabajaban allí. Fue así que desde entonces vuelvo y revuelvo recurrentemente en esta lectura que tanto disfruto, redescubriendo al mundo y a la humanidad «una vez más».
Finalmente, pensándolo mejor y a estas alturas de mi relato, siendo más fidedigno con mi realidad y haciendo más honor a la verdad de mi vida, creo que mi primer libro, mi primer eterno texto, sigue y seguirá siendo cada ser y existencia que amo y he amado, cada ser y existencia que me ama y que también me ha amado…

DMB/abril 2019


FLAVIO MURACA

Corazón

Ese día sin sol era todo mío y lo demás no me importaba nada en lo más mínimo.
Sin rayos penetrando el cielo, los nubarrones jugaban tristemente a chocarse queriendo que la lluvia se adueñara de la escena. Sin embargo, yo seguía estoico con las mismas ganas de siempre, rara vez algo podría llegar a cambiarme el pensamiento que me apresaba, aún con cinco años a cuestas era quien tomaba las decisiones.
Entonces, allí me vi. Disfrutando de la brisa y del olor a tierra húmeda que el clima de tormenta provocaba. Pocas cosas podían perturbar mi infancia, tal vez las caricaturas, el hambre y las ansias de unas ricas faturas que escaseaban en una época donde la pobreza abundaba.
Valían la pena las cosas simples de la vida, lo bueno de la niñez era que uno ni llegaba a enterarse de los problemas de los mayores, y eso de pronto me servía porque me dejaba jugar sin tener que lidiar con lo que de todas maneras tendría que hacer de adulto.
Aunque nunca había tocado un libro esa tarde habría de llegar mi abuelo con uno debajo del brazo.
Recuerdo que me dijo: «Toma, es para vos. Cuando seas más grande lo vas a entender y entonces sabrás lo que yo pase cuando vine a esta tierra».
Claro, como era costumbre lo abrace y le dí un beso en agradecimiento.
Luego fui hasta la biblioteca y lo deposite junto a los demás, olvidándome de el por completo.
Después volví a mis andadas, con mis juguetes y mis fantasías. Mi abuelo murió tres años más tarde y hasta mis dieciséis el libro permaneció juntando el polvo del tiempo.
Y a pesar de ello, allí radica la genialidad de las letras, el hombre invento la escritura y los libros para no quedar en el olvido, con ese hermoso invento se adueño del destino y se hizo eterno en la vida.
Quizás el azar o tal vez la curiosidad me llevaron hacia aquel ajeado lomo que había atesorado como un regalo más de mi querida infancia.
Así, mi abuelo apareció en mis recuerdos y en las noches siguientes en las que me desvelaba para continuar leyendo esa historia que tanto me atrapo y que él me quería compartir.
Ese fue mi primer libro, el que recuerdo con más cariño. Y termino teniendo la sensación de que en definitiva la vida se asemeja a una buena historia, permanecer y transcurrir.
No se mueren las penas por un olvido, no se muere el amor de frio, no se muere un buen libro si permanece en el corazón.


BÁRBARA L. LÓPEZ CARDONA

No siempre tenemos la oportunidad de abrazar a nuestro amado o de descubrir sus más íntimos secretos, no siempre podemos acariciar su suave rostro o estrujarle absurdamente entre nuestras manos.
De niña, recuerdo, era felíz con solo oler su cuerpo; me imaginaba volando juntos a tierras desconocidas, recorriendo desiertos al galope de caballos blancos, con el pelo al viento y el aire tibio abrasando nuestros cuerpos.
De adolescente te tenía siempre a mi lado y en cualquier momento posible te miraba, te recorría llenándome de intriga y a veces de inimaginables deseos. De noche te ocultaba bajo las sábanas, así mamá no podía verte y luego en su ausencia te gozaba entero, me desvelaba contigo, disfrutando en silencio atrapada en tus historias de amores, guerras, fantasías y viajes de ensueño.
Ahora de adulta ya no tengo que esconderte, vuelo contigo con tus absurdos sueños; ahora puedo conversar de ti y contigo, ya puedo colocarte junto con otros que ya he disfrutado antes y así empezar con uno nuevo a surcar los cielos y a beberme los mares.
Qué sería de mi vida sin la maravillosa compañía de mis libros y sus cuentos.


GABRIELA MOTTA

Pequeñas historias han cruzado el Atlántico

que alegría sentí poder tenerlas en mis manos

cada una tan particular que me han emocionado.

Las he vivenciado, como si me las estuvieran contando.

Esa magia que tienen los libros de conectarnos, con

cada letra, cada oración, haciéndonos parte de un mismo párrafo.

Y fue así cómo sentí que nuestro grupo “molaba” tanto.

No sé si lo hago bien o mal, no sé si ya lo han notado.

Pero eso no me importa, pues todos somos humanos

nuestras luces y sombras siempre caminarán de nuestra mano.

Y este libro que llegó desde tan lejos, me lo ha dejado claro.


 

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11 comentarios en “Libros – Miniconcurso de relatos”

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