Me equivoqué – Miniconcurso de relatos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos con el tema “me equivoqué”. Este ha sido el relato ganador:

DOMINGO MACHADO BARCO

Me equivoqué de tiempo
de lugar, de mundo
Me equivoqué de gente 
de familia, de amistades y de amores
Me equivoqué de gustos y pareceres
de profesión y oficios
de sentimientos
hasta por responder a mi nombre propio
también vivo equivocado
Es que no tengo ni sigo instrucción de nada
es en lo más que me equivoco
y también me equivoqué al escribir esto ahora
donde lo estoy escribiendo
a la hora que lo escribo en lugar que lo hago
y en donde lo publico
para que me lean lectores equivocados
y jueces equivocados emitan equivocados sus veredictos
La vida no es más que un verdadero hermoso equívoco
Me equivoqué, me equivoco
seguiré siempre equivocado en todo
y saberlo y disfrutarlo es lo único
en lo que con certeza no estoy equivocado.

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

IVÁN SANTANA AYALA

Yo que a veces vivo besando al ocio,
sin mirar más que al espacio,
con el rocío que esa flor nació yo construiré un palacio,
gustoso de las espinas,
con la misión entre nubarrones,
y la pasión de las luminas,
el mismo necio,
lúgubres féminas,
despacio voy,
conciente de mis manos asesinas,
callado,
pero atento,
solo el tiempo lento morderá mis carnes,
llevándose veloz mi cuerpo,
en el cántico del desierto,
recitando un rugido cavernario,
resultando de mi ardor errante,
y es que la razón no suele acompañar a los desvaríos,
los caminos correctos,
para mí,
son contrarios,
Me equivoqué al pensar que el amor tenía salarios,
y ahora vaga mi aura,
como un lobo estepario,
Este escenario melancólico me tomo como protagonista,
pero para ser un artista,
en el orgullo debo ser precario,
Así que, si,
Me equivoqué sin ardid propio,
no sé si realmente desvanezca el áspid del odio,
el errar no es un oprobio,
Imagino que estas letras son estrellas
Y dentro de mi equivocación me hago su novio.
Asi como el rio mueve las rocas,
de igual manera volveré a estar con mi semblante reacio,
ya no hay sitio para las culpas,
no tengo manchas en mi alma de topacio,
la mejor forma de vencer los miedos enclenques es volver al ruedo no importa cuánto me equivoqué….. WOONEKEXOER ORIGINAL


RAQUEL LÓPEZ

Dicen que equivocarse es humano, pero de sabios es aceptarlo y corregirlo….
Cuantas veces hemos actuado con miedo a equivocarnos, sin saber qué camino escoger…
… No hubiese, vamos, ni la más remota idea, de que mi vida pudiese haber cambiado y dar un giro de 360°, pero, ahí se quedó… en el aire…
Pude disfrutar de ti durante el tiempo que escuchaba a mi corazón, pero en el fondo los dos sabíamos que esta historia, sería demasiado corta, yo, estaba comprometida y tú, eras un alma libre..
Cuando te equivocas, aprendes a intentarlo de otra manera diferente, porque no sabes si actúas correctamente. Siempre te quedará la incógnita de si me hubiese equivocado o no al quedarme contigo, todo es aprendizaje.
Equivocarse es un derecho y el perdón debería ser para empatizar con el sufrimiento del otro.
Me equivoque, otra vez, si, pensando que nuestra historia tendría un final feliz, no vale la pena fustigarse por lo que pudiera haber sido y no fue..
Lo mejor es aprender de los errores, porque la vida siempre te pone a prueba…
ME EQUIVOQUE


MARÍA DAVID

Me equivoqué en despertarme tan temprano en esa mañana lluviosa de otoño.Eran las 04:30 de la mañana y las calles,repletas de hojas secas y mojadas,seguían envueltas en una oscuridad profunda,deslumbrante.Quizás en algunos puntos exactos de este pueblo dejado a su suerte venía iluminado por algunas farolas decrépitas,un poco medievales,quizás un poco deformes por las huellas imperdonables del tiempo.Una niebla espesa se concentraba tangente en el fondo del bosque donde el silencio era tan agudo que uno podía oír hasta él ruido de una hoja seca al chocar con la manta verde cubierta de un reluciente y nocturno rocío.Entre árboles negros sin vestimenta destacaba un serpentino vericueto y allí,encima de todo,un castillo salido del tiempo.Un reloj con sus movimientos sistemáticos y imparables anunciaba un acontecimiento macabro.Desde nada,un portal se abre delante del asombroso castillo y allí es de donde surge una fuente inmensa en cuyo centro se hallaba un ser magnífico y acaparador,con pelo largo de un rojizo perturbador,con ojos de un negro absoluto y penetrante,un ser fascinante con labios rojos y carnosos:era una bella mujer que con las manos levantadas miraba el firmamento grisáceo…Un velo polvoriento anaranjado con líneas amarillentas y circulares rodeaban los brazos suaves de ella,difundiéndose en el aire fresco y glaciar.Su alma salía incontrolable de su cuerpo joven y mortal.Un demonio con rostro angelical le besa sus fríos y rígidos labios.Sus alas enormes y deslumbrantes abrazan el cuerpo lívido y un aluvión de lagrimas de sangre salían de sus ojos-cerrojos de una maldad feroz.Sus lágrimas caían sin cesar,esparciéndose sobre su piel,sus anodinos y duros senos,sobre sus ojos tácitos que una vez pedían amor.Fuerzas inanimadas,invisibles y oscuras cierran el ataúd de roble bajo la afligida mirada de un ángel que una vez amó una mortal.Su llanto amargado discrepaba en la oscuridad…Un ángel inmortal pago por su ingenuo error-el de amar a una mortal,aún sabiendo qué la muerte un día se llevará el alma de su amada en sus brazos enormes,llevándola lejos,para siempre…lejos de las venas duplicitadas de la realidad.
Es una cruel historia remota en el pasado y que siempre se repite en cada año,en el mismo día,a la misma hora y en el mismo lugar-una historia real qué rula interminablemente en un triángulo vicioso de pasado-presente-futuro.


LORENA BINGAMAM

Sentada en tu vereda recuerdo la primera vez que te vi , nunca he sido una persona social ni extrovertida, de esas chicas que son el alma de la fiesta. Por el contrario suelo ser de esos seres autónomos callados que solo observan y si algún pensamiento me viene a la mente lo escribo. Solitaria y bohemia

En eso y justo asi mi mirada se topó con un reflejo tuyo sobre un espejo , no se si fueron micro segundos o minutos si es que nos encontrábamos en este planeta o en otro , mi mente perdió todo tiempo y espacio, lo que me distrajo fue que desapareciste de mi panorama.

Mi mirada inquieta y frenética te comienza a buscar , no te encuentro , empiezo una búsqueda acalorada hasta que finalmente te encuentro y te observo más de cerca.

Luces radiante, tus manos pareciesen de porcelana, tus cabellos destellos de oro y unos imponentes ojos color cielo , tu luces como el diamante más hermoso , tan preciso y seguro en tus movimientos.

No sabía que hacer , pero no quería dejarte ir , nunca había visto alguien como tu. Con el corazón a punto del estallo, la peor ansiedad jamás sentida y con la peor elocuencia me acerque y te dije – Hola , como has estado , como se encuentran tus padres en New York? –

Volteaste a verme muy serio y me dijiste – Me confundes, mis padres murieron hace muchos años-

– oh por dios , lo siento, he sido muy torpe, lo lamento, disculpa. Y paso a retirarme

En ese momento fui a la mesa donde estaban mis cosas y mis libros, cuando el chico guapo se aparece sonriendo
-Disculpa, era una broma, mis padres viven en California, mi nombre es Arthur , puedo preguntar el tuyo?
-Sara-

-Ya tienes que irte? Que son todos esos libros?-
Yo no podía casi emitir ni media palabra , lo bueno es que el si era muy buen locutor e interlocutor

Entre todo ese caos mental e incredulidad dentro de mi ser , me despedí pidiéndole su dirección electrónica pues bien sabía yo era esa la única forma que podía realmente expresarle mis sentimientos.

Fueron 709, exactamente 709 correos 4 meses exactamente y después nuestra boda , entre toda esa cantidad de correos electrónicos yo le había advertido que tenía un problema de salud con el cual llevaba años de mi vida lidiando, era mi pantano, más quería recuperarme y más me hundía , el pensó que con mucho amor no habría problemas, yo le dije que así sería .
Tres semanas después :
Ese día regresaste del trabajo y encontraste a una mujer completamente diferente , agresiva y violenta atacándote sin razón alguna , tomé tu laptop y te la lancé por los aires , poco de lo que recuerdo porque después solo viene una enorme y negra Laguna al día siguiente y una cruda infernal
– yo? Yo no hice eso
Tiempo después :
El auto que me regalaste, ese que tanto me gustaba , como una noche lo estrellé y lo destroce , cuando casi piso la carcel por manejar bajo influencia alcoholica cuando fui a corte. Siempre estabas tu ahí para reparar todo el daño que yo hacía

Cuantas clínicas de desintoxicación para alcoholicos me llevaste?
Cuantas de rehabilitación?

Cuantas veces me encontraste con esos amantes? No eran personas, eran botellas, el alcohol es el amante más celoso té posee la mente, el cuerpo, los deseos de vivir, tus ojos ven cosas extrañas y tu boca blasfema cosas, hieres tal como una espada hasta el tuétano lastimas hasta las entrañas con palabras perversas

Botellas en la cama, en el closet, en la cocina, en los autos en los cajones, hasta en cada recoveco
Recordando cosas que ya había olvidado que habían pasado.

Cuando te ataque a golpes, estaba tan borracha que no recuerdo nada , tuviste que poner una orden de restricción contra mi. Aun así yo sabía que la removerías y me pedirías que regresara y justo asi fue.

La última borrachera, 3 meses en detox, solo esperar para salir y verte y decirte que esta vez he salido con un espíritu diferente, solo quiero estar sobria y vivir, VIVIR la vida contigo mi amor!!
Llego sobria, emocionada y feliz, toco tu puerta pero tu no me dejas pasar . Me deseas lo mejor pero tu ya no me quieres más en tu vida.
Pensé que siempre me perdonarías y sería bienvenida .Me había equivocado

No se que siento, es indescriptible , estoy inmóvil. Me estoy desangrando, agonizando, es sentir el último soplo del corazón, es dolor puro, no podía respirar ni parpadear y el ni si quiera lo sabe. Alce un poco la mirada para encontrarme con sus ojos si eso era lo último que miraría
-Me equivoque- le dije
El justo iba a decirme algo, en eso lo interrumpo – por favor , no me digas nada en este momento- voy a esperar que te cuenten y te digan cómo he estado, voy a empezar a escribir nuestra historia , voy a empezar de cero, voy a empezar desde cero ,voy a re enamorarte , cada día te mandaré un correo, un día más de sobriedad y un té amare siempre


OMAR ALBOR

Me paro para verte llegar
Anochece y todo
da vueltas como un dado mágico
La gente dice que en la noche
Cada corazón necesita
A otro corazón
Y que ambos son multipropósito
La sensación que me das
En mis ojos, me deja ver tu interior
Hay fuego dentro de tí
La inocencia de pierde cuando
Te acercas y yo quiero algo de vos
que no tengo porqué lo perdí
Sin pensar sin darme cuenta que te ibas
Hoy te veo llegar y te veo entre un vidrio
Y aunque quiera no te puedo tocar
Me desespero y grito
Y tú no me escuchas
Cada corazón necesita a otro corazón
Y en esta noche yo te miro
Desde la esquina y tú no me puedes ver
Hace tiempo partir a un lugar mágico
Dónde vivo con gente que llegó
Antes que yo, no soy un ángel
Pero te extraño, me fui sin explicarte
Que fue un accidente y que la vida
me dió otra oportunidad quizás la última
Lo prohibido es sin dudas, poder verte
Cuántas veces quiera y en el lugar que yo quiera.
Desde el cielo te puedo ver llegar y tú nunca lo notarás.


EUGENIA MARU

En mi cuerpo no caben dos personas
Soy yo la que ocupa todo el espacio,
Sea mucho o sea poco.
No tengo espacio para compartir
No quieras entrar, no estás contemplado.
Es difícil elegir, no lo negaré
Pero ya lo hice y tú no estás
En esta pauta que sigo por mi vida
Hay reflejos de soledad en tu pelo
Falta de caricias en tu cara
Falta de besos en tus labios
Veo tu tristeza en tus ojos
Y siento tu corazón congelado
Si pudiera ayudarte, lo haría
Pero no tengo espacio
No tengo tiempo
No tengo ganas
No tengo urgencia
De que tus labios vuelvan a reír
No tengo apuro, esperaré
Mi inseguridad me supera
Supongo que también la sientes
Cuando reflejo en tus ojos mi pena.


JÉSICA GALEANO JARCOUSKY

Me equivoqué otra vez

«¡Me equivoqué otra vez!», dijo mi esposa cuando la encontré en la cama con mi hermano gemelo.


ROSA MARÍA JIMENEZ MARZAL

Me equivoqué al pensar que sería fácil,que bastaba la buena intención,la disponibilidad para acceder a la parcela de la amistad.
Pero,en cuanto adquiriste aquello que anhelabas, te sobraba mi tiempo,mis palabras y me dejaste en la cuneta de la existencia.
Me equivoqué contigo, con tantos, he fracasado como aspirante a amiga, como confidente,como apoyo. Y debo pagar con la soledad la osadía de haber pretendido acariciar tu manto, estar a tu sombra.
Me equivoqué.


MARÍA LÓPEZ

Me encanta conducir, pongo la radio y escucho durante horas a Julia Otero y la verdad es que voy tranquila,sin prisa y viendo el paisaje.
la verdad es que llevo mucho rato y yo sólo iba al mercadona pero todo es un poco raro,
hay una muralla larguísima que no me suena del barrio y la gente tiene la misma cara del wok del centro comercial.
Hay un par de perros en una barbacoa a fuego lento.
Un gato amarillo me saluda con el brazo arriba y abajo desde un bazar.
El GPS no funciona y nadie me entiende al preguntar.
Creo que me equivoqué de carretera, hoy tengo un día raro.


TALI ROSU

Tiemblo, me agito, 
me libero en un grito.
Río, no espero,
me seduce el delirio.

Voy, doy la vuelta
miro atenta y algo inquieta.
Una carcajada
va sonora en mi consciencia.

Se que he hecho mal,
no lo puedo remediar.
Pero no es el final,
no ha hecho más que empezar.

Ya no puedo liberarme,
de la culpa que vendrá.
Tengo las manos con sangre,
y no me las puedo lavar.

No me queda más remedio
que acabar con mi misión.
Pero tengo que admitir,
me equivoqué en la labor.

He dejado ensangrentado,
tanto el suelo como mi pasado.
Hay venenos más limpios,
pero no tan adictivos.

Me equivoqué,
lo sé.
Pero se que aprenderé,
para la próxima vez.


REBECA FS

Aunque así no lo sienta,
pero tal vez me equivoqué.

Ya sé que no te fui sincero,
ni si quiera me atreví a mirarte a los ojos,
y quizá pensé en echarle la culpa a otro…
pero sí, me quivoqué.

Y no te pedí perdón,
y no quise empatizar a tu lado,
y ya, ni aguanté ningún propio pecado,
y no te pedí disculpas por hacerlo…
pero sí,
quizá, me equivoqué.

Y aunque sea tarde pedir «lo siento»,
y aunque no quieras reconocerlo,
y aunque haya estado ese momento
siempre, siempre en mi pensamiento…
maldita sea, me equivoqué.

Ahora, que ha pasado el tiempo,
que seguimos caminos dispares,
que ya, ni hablamos por los celulares,
y ni siquiera nos une el pensamiento que
nos permita conectarnos en el tiempo
de un lugar «llamado» vida
o también «llamado» segundo
o quizá «llamado» momento.

Sí,
sin quizás.
Me equivoqué.


LUISA ROJAS

Me equivoque al pensar que de mi tu te ibas a enamorar.
Me equivoque al soñar un despertar a tu lado cada mañana.
Me equivoque al tratar de hacer cosas que llamaran tu atención, acabando poco a poco con mi amor propio
Me equivoque, al obligar a tu ser querer, quererme. Porque en vez de lograr algo hermoso, fue lo mas espantoso de un mal querer, en eso y mas yo me equivoque.


SERVANDO CLEMENS

LA PEQUEÑA EQUIVOCACIÓN

La mujer lloriqueaba debajo de la mesa, mientras tanto, el marido, el clásico macho latino, se despojaba del cinturón con el propósito de aporrear a la asustada dama. 
—No me pegues, Alberto —suplicó la mujer—, por el amor de Dios.
—Cuantas veces te he dicho que debes echarle más sal a la carne —gritó el hombre—. Los alimentos deben quedar como los preparaba mi madre. Eres una tonta de primera.
—Dame una segunda oportunidad.
El mamarracho jaló de los cabellos a la mujer y le propinó dos potentes latigazos con la hebilla del cinto en la espalda. La sangre manchó el vestido blanco de la abnegada mujer.
—Ya no me pegues… te van a escuchar los niños.
El sujeto bufaba como un toro bravo, su cara estaba enrojecida y al gritar arrojaba saliva. Después ordenó con voz grave:
—Ponte de pie y sazona esa carne como Dios manda.
—Así lo haré, cariño. Prometo no fallarte nunca más.
La mujer se apresuró, condimento la carne y después se la sirvió.
—Ya está, Alberto. Espero y te guste, lo hice con cariño.
—Ya deja de parlotear como una verdulera y lava los trastos… ahh, y tráeme una cerveza de la nevera, pero rápido.
—Como tú digas, mi rey.
La mujer, con las piernas temblorosas le llevó la cerveza al marido.
—Ya vete a lavar esos asquerosos trastes, no te quiero ver cerca de mí.
—Perdón.
Minutos más tarde, el hombre comenzó a toser de manera ruidosa.
—¿Qué le pusiste a la maldita carne, inútil? —gritó el esposo.
—Sal… así como me lo ordenaste.
—Puta madre… esto me está quemando las entrañas, carajo.
La dama revisó los frascos y balbuceó con lágrimas en las mejillas:
—Perdóname, Alberto. Me equivoqué.
—¿Qué coños dices? —alcanzó a preguntar el marido.
—En lugar de sal, le puse veneno para ratas, amorcito… soy una boba.
El hombre cayó al piso y se revolcó lanzado manotazos. La mujer cogió el teléfono y marcó a emergencias.
—Vengan rápido —dijo la mujer—, mi esposo tomó veneno por error, además creo que está borracho.
—Aguanta un poquito —le murmuró la esposa al marido—, ya vienen a salvarte.
El hombre se jalaba los cabellos con desespero.
—Yo te ayudo —dijo la mujer—, pero deja de mover los brazos, pareces un loquito.
Entonces ella se quitó la zapatilla, colocó el pie en el cuello del hombre y lo aplastó con fuerza hasta asfixiarlo.


LOLY BÁRCENA HUMANES

Sentada frente de mi ordenador con la página en blanco del Word queriendo escribir algo sorprendente, positivo, un texto que hiciera descansar los sentimientos revoltosos. Unas líneas que reflejaran el comienzo tardío de un otoño, reflejo de los marrones del campo, que melancólicos se disponen a dormir para el invierno, algo que reflejara lo más ansiado de mi misma. Pero mi lado racional se marchó de vacaciones y no me quiere acompañar en esta mañana donde mi cabeza solo sabe repetir un mantra:
Me equivoque………
Todo ruido a mí alrededor que no son más que tortura, impidiendo que consiga recordar lo importante, concentrarme en lo esencial: yo.
Me equivoque en tantas cosas que ya no sé cómo solucionar todas las cagadas que fui haciendo que sean ido sumando y ahora ya da un infinito que no soy capaz de restar.
Me equivoque al querer ser fuerte, ser la más fuerte, porque me impide que los demás se acerquen y susurren a mi alma que no tengo que ser yo, que no estoy sola, que no pasa nada por hacerme un ovillo entre sus brazos y dejar por un momento que el mundo gire sin darle yo las vueltas.
Me equivoque al convertir mi rostro en una sonrisa amplia, limpia de sombras, cuando solo hay lágrimas sordas en mis ojos.
Me equivoque al renunciar a mis sueños, a dejarlos escapar cual cometa que ya no soy capaz de alcanzar, se elevó hace mucho tiempo y ya no soy capaz de vislumbrarla en el horizonte, quizás , solo recordar los bellos colores que tenía, o quizás ya ni eso.
Me equivoque al ponerme siempre la última en la fila, ceder el puesto, a los que sin miramiento se ponen delante sin empatizar con mi número en esa fila.
Me equivoque al pensar que sin pedir te dan, medir con la misma medida el universo te lleva a quedarte corto.
Me equivoque al construir capas, y capas, y capas………, las cebollas también lloran, aunque parezca que nunca llegan a su corazón, ése está ahí, escondido.
Me equivoque, en tantas cosas que ahora ellas se dedican a asustarme y hacer que el miedo paraliza mi lado rebelde, guerrero, mi “yo” diluyéndome en el reflejo de un mal espejo que no me devuelve más que la sombra de lo que fui.
¿Me equivoque en todo lo que hice?
Me equivoque de estar equivocada.


EMILIANO HEREDIA JURADO

DIÁLOGO CON L
Llueve
Hace frio.
La humedad, se aferra a mis huesos como la hiedra al muro.
Observo
Miro la vida.
La gente va y viene por las orillas de un rio de asfalto poblado por multitud de coches con seres nerviosos en su interior.
Casi las siete de esta tarde que tiene más de noche que de tarde.
Abre el portal.
Está ahí.
Su sonrisa es la entrada que me invita a pasar a su casa.
Dos besos.
Uno en cada mejilla.
Intento que no se note que estoy nervioso.
Porque tengo dos horas, máximo para que no se note mi ausencia.
Porque tengo muchas cosas represadas y no sé como desembalsarlas.
Porque hace tanto que no hablo aun teniendo palabras que me da miedo no encontrarlas.
Me siento en un cómodo sofá de su hogar.
Yo tengo sofá pero no hogar.
Preguntas de trámite, bien, gracias, de salud, un poco estropeado, ja, ja.
-Ahora, en serio –me dice L.- ¿Cómo te encuentras?
-Cansado-le respondo, con todo el alivio del que deja una pesada carga en el suelo-tengo el corazón agotado de tanto correr en esta maratón que es la vida.
-Deberías cuidarte un poco más –noto en la cara de L., una preocupación sincera, como hacía años que no apreciaba en la cara de alguien, y no me equivocaría si pensase que fue L. precisamente, la última persona en la que vi reflejada esa misma preocupación, hace muchos años, antes de que me exiliaran de la sociedad-
-Ya lo sé. Ahora, en la medida en la que puedo, escribo, paso de todo en la medida que me deja, sí, ya sé que esta no es solución, pero es mi solución, la única que se me ocurre, para poder respirar un poco…
-¿tú crees que te has equivocado en algo?-me pregunta L. , medio recostada con el brazo derecho apoyado en el respaldo, con la mano derecha sujetando la cabeza, con gesto interrogatorio-.
-La verdad, qué quieres que te diga, errores, he cometido, cometo y cometeré, como todo el mundo…
-Nó es eso lo que te estoy preguntando…-me interrumpe mirándome fijamente…-
-sí, si ya sé por dónde quieres ir….¿que si me equivoqué al principio?, puede que sí. Ahora, te puedo decir, que éramos dos náufragos que vimos mutuamente el uno con el otro, un salvavidas en nuestro naufragio particular….He pasado de todo, y no todo tan malo. Alguna cosa buena ha habido, no te lo puedo negar, pero sería como encontrar un oasis en el desierto. Ahora, soy un marinero solitario que surca el océano de esta vida que vivo, refugiándome dónde y cómo puedo, de las tormentas que me vienen. Y disfrutando de las puestas de sol, del aire que respiro, de tantas y pequeñas cosas que me alegran el día a día. Además, los errores que cometemos a lo largo de nuestra vida, ¿son a veces, aciertos propios que son errores a ojos de los demás….?.
-No sabría decirte-me responde L., dando un sorbo a su vaso de refresco-, errores, como tú, como todo el mundo, he cometido, no te lo voy a negar, pero, ya están hechos, y no hay vuelta atrás. Los errores que sí me duelen son aquellos que sin querer, han provocado algún daño a alguien a quien no quería habérselo echo.
-Mira, hubo una vez, y tú lo sabes, cuando estábamos en el instituto-bebo un sorbo de mi refresco-que había una persona a la que quise mucho, tanto, que la aparté de mí para no hacerla daño. ¿Se puede llamar a esa decisión un error?, ¿se puede decir que me equivoqué?.
La quise tanto, que no quería interrumpir su vida con mi vida. Demasiado alcohol, demasiada locura, demasiado todo. Y lloré, lloré hasta lo insospechado, cuando, una noche, la dejé en el portal de su casa, y no la volví a ver en años, una vez de hola y adiós.
Hay un tango, de un grupo antiguo, Los cinco latinos, que se llama, “Confesión”, que dice más o menos así: “….fue a conciencia pura, que perdí tu amor, nada más que para salvarte…”-tarareo como puedo, y esto provoca una medio sonrisa en L.-
-A ti te ha faltado siempre alguien que te quiera de verdad-me dice L. irguiéndose en el sofá, para coger una aceituna-, tu nunca has tenido suerte….
-¿Cómo iba alguien a quererme si no me quería ni a mí mismo?-le pregunto a L. cogiendo otra aceituna-.
-Nunca te has cuidado, y lo sabes, te lo he dicho mil veces, y seguiré diciéndotelo, tienes que quererte más.
-¿tú crees que me he equivocado toda mi vida, ayudando a los demás?, tal vez, ayudando a los demás, llenándoles de lo que les hacía falta, he intentado suplir el vacío que siempre he sentido dentro. Mira, hace unos años, estuve en un taller de familia, y la psicóloga que impartía el taller, me abrió los ojos a una realidad que nunca he querido ver. Siempre he sido una hormiga, me he escondido en los rincones, intentando pasar desapercibido, trabajando para todos y dejando tan solo una migaja de la vida para mí. Me dijo esta psicóloga, que fuera más elefante, y en eso estoy, ahora, soy más elefante, me preocupo más de mí, aun sin olvidarme de la gente que me quiere y aprecia, como tú.
-Anda tonto, que estas tonto-se ríe-, tu preocúpate de ti mismo, y menos de los demás, aunque ya sabes…-me dice levantándose del sofá, porque me he levantado, me tengo que ir, se han pasado las dos horas “de permiso”- aquí me tienes para lo que te haga falta..
-Ya lo sé, y nunca te podré agradecer lo suficiente, todo lo que estás haciendo por mí
Me da un abrazo.
Es curioso, me siento bien, y a la vez, un poco incómodo.
Hace mucho tiempo que no me dan un abrazo.
No sé cómo darlos.
La falta de costumbre.
Me gusta, es como si la marcha de mi vida la parase momentáneamente un colchón de plumas.
-Lo dicho, a ver si quedamos más veces ¿eh?-me medio regaña L. riéndose y señalándome con el dedo-.
-Por su puesto, adiós
-Anda, loco, adiós.
Bajo por el ascensor al piso de la vuelta a la realidad.
Salgo del portal,
Ya no llueve.
Me voy andando a casa.
Por el camino, me hago esta pregunta: ¿me he equivocado en mi vida?
No.


GABRIELA MOTTA

Confieso me equivoqué por haberte idealizado, así me habían enseñado y nunca me lo había cuestionado. Sentía con todo mi ser que adorarte era la correcto.

Pero me equivoqué, tu sencillez me aburrió y no pude ver más allá de la rutina, no supe ver más allá de los defectos y te culpé por no parecerte ni un poquito a lo que me habían ilustrado.

Sí, me equivoqué por pensar que contigo la felicidad sería eterna, que tu presencia en mi vida sería suficiente para borrar la tristeza.

Y que duro fue darme cuenta que me había equivocado otra vez, sin embargo, no lo acepté y te culpé. La culpa sólo podría ser tuya.

Y me volví a equivocar porque la culpa, siempre, siempre es compartida y lo aprendí de la peor manera, odiándote y odiándome por haberte idealizado. Me condené por haber sido crédula, y te odié, como jamás pensé odiar a nadie, como jamás pensé poder odiar. Pero confieso que también en ese momento me equivoqué.

Y cuando creí estar sola me di cuenta que nunca te habías ido de mi lado, me sequé las lágrimas, acepté mis culpas, traté de remediar mis errores, deje de adorarte, de idealizarte. Y así, sólo así, después de haber tocado fondo, entendí que todo lo que me habían dicho de vos era mentira ¿o no? Tal vez para todos es diferente y tal vez, solo tal vez, sea imposible encasillarte en una definición, porque quizás eres tan grande y diverso como cada uno de nosotros.

Confieso, me equivoqué.


JOSÉ MANUEL PORRAS ESCOBAR

Me equivoqué, me equivoqué, me equivoqué. Fui un estúpido, me engañaron; fui precisamente eso que tanto criticaba, fui un pelele más del sistema… y por eso me merezco este castigo, esta cruel condena. Debo sufrir lo que estoy sufriendo. Lo sé. Sé que no me merezco ningún perdón posible, que la misericordia es un privilegio fuera de mi alcance…pero, aun así, no puedo evitar mostrar mi arrepentimiento. Será que todavía queda intacta esa parte de mí.

Pero, para mi desgracia, no es la única. En mi doloroso trasiego me acompañó mi conciencia, torturándome y martirizándome a través del recuerdo de mi error, dañando las únicas partes de mi ser que no habían sido destrozadas en la cárcel. Un sufrimiento más que justificado. Ahora sé que me lo merezco.

Sí, lo merezco. Merezco recibir el desprecio y el odio de sus miradas, merezco ser escupido indiscriminadamente como habitualmente lo hacen, merezco recibir todas y cada las palizas que he sufrido en este lugar infernal…pero, pese a que puede que te sorprenda, para mí esto no ha sido lo más doloroso.

Lo realmente doloroso sucedió justo antes. Todavía recuerdo a aquella muchedumbre enfurecida que me miraba con rabia, que me abucheaba incesantemente, que me lanzaba hirientes consignas de odio mientras me subía al coche patrulla. Aquella torva, por raro que pareciera, había confiado en mí hacía unos meses… y yo los había defraudado por mi egoísmo más puro, por mi dichosa y lamentable codicia ¡Ojalá nunca hubiera tenido aquel dilema…!

El maldito dilema entró en mi vida aquel veinticuatro de octubre. De repente, sin previo aviso, sin tan ni siquiera notar su presencia, dos opciones se abrieron paso ante mis obnubilados ojos, dos caminos que marcarían un antes y un después, dos fines diferentes que harían relucir mi motivación más profunda. Tenía que elegir y tenía que hacerlo rápido…pero, ¿qué debía hacer?

Los dos días de margen se esfumaron cual efímero suspiro. Apenas tuve tiempo para pensar en aquella radical decisión. ¿Cómo podía elegir tan fácilmente entre subsanar mis prominentes deudas u otorgar el tan ansiado bienestar a mis conciudadanos? ¿Quién en su sano juicio era capaz de soportar tal presión?

Me derrumbé: cedí. Fui débil; la tentación me llamaba a cada instante para que sucumbiese a sus encantos y yo me resistía con todas mis fuerzas…pero no sirvió para nada. Caí. No sé cómo pasó, ni cuándo lo decidí. Lo único que recuerdo es que mi sentido común estaba completamente ausente y que mi mente actuaba casi de forma automática, generando un único y repetido pensamiento: el dinero que podía conseguir con aquel trato.

El trato se presentó ante mí cuando aquel enviado del infierno, encarnado en constructor, entró en mi despacho sin previo aviso y abrió lo que sería mi perdición: un maletín con más de un millón de euros. En ese momento, me bloqueé. Sin dar pie a que me recuperase, el constructor aprovechó y me explicó su oferta: si quería recibir aquella suculenta cantidad, tenía que derruir el principal parque infantil de la ciudad, uno de los pulmones de Córdoba, para construir un complejo residencial de lujo. Me quedé en silencio, parpadeé. Como si regresara de una catarsis mental, en la que me imaginaba las innumerables posibilidades que aquel dinero podía concederme, le indiqué que necesitaba tiempo… y su reacción, como era de esperar, fue bastante agria; apenas abrió la boca y me dijo: te doy dos días.

Los dos días pasaron y yo apenas pude dormir. Pensaba en dinero, soñaba con dinero e incluso tenía alucinaciones con él. Me estaba volviendo loco, no podía pensar con claridad…y allí estaba de nuevo. De nuevo el constructor entró en mi despacho sin llamar y me volvió a abrir el maletín. Yo estaba paralizado, confundido…pero tenía que tomar una decisión. Creía que lo iba a rechazar, creía que iba a hacer lo correcto, hasta que me dijo que se iba y que no volvería a jamás por mi despacho. En aquel segundo, algo dentro de mí se manifestó incontrolablemente, y le dije que se esperase, que aceptaba. Todavía recuerdo su malévola sonrisa y aquella maldita frase: no se arrepentirá. Y así fue cómo mis infranqueables principios, que tanto me caracterizaban hasta el momento, quedaron hechos trizas para siempre.

Lo juro. Puede que te sorprenda, pero yo antes no era así. Mi día a día pasaba por una sucesión de actividades que iban desde representar a la gente sin recursos hasta colaborar con varias asociaciones de distinta índole. No sé qué me pasó. Mis principios eran intachables hasta la fecha: honestidad, generosidad y justicia. En cada caso y con cada persona, los ponía en práctica. Para mí, ayudar a las personas era mi vida, y por eso me convertí y ejercí de abogado muchos años…hasta que me di cuenta de que había una manera más efectiva: la política.

Mi inicio no pudo ser mejor. Mi inmejorable reputación me servía de aval para que la gente confiara en mí…y, desde el primer momento, noté cómo todos ellos me arropaban con su cariño. Además, según los otros miembros de mi partido, tenía dos componentes imprescindibles para convertirme en un gran político: carisma y la firme intención de mejorar todo lo que me rodeaba. Y, de esa manera, los resultados fueron los esperados.

En apenas unos meses, ascendí de concejal de un pueblo diminuto de la sierra a candidato principal en las elecciones de Córdoba. Nadie tenía ninguna duda; gané. Gané porque se corrió la voz entre la gente: al fin tenían un candidato en el que confiar. Y yo, mientras tanto, no daba crédito a lo que estaba pasando: estaba viviendo un sueño. Por fin, podía solucionar todos los graves problemas que Córdoba tenía.

Gracias a mis esfuerzos, el número de desempleados y desahuciados bajaron en un tiempo récord. Trabajaba duro, sin descanso. Desde el primer día, me pasé día y noche ideando, planeando e informándome para solucionarlos y, cuando estaba en el buen camino, todo se fue al garete: ¿Por qué tuvo que venir aquel enviado de ultratumba?

¿Cómo pude ser tan estúpido? ¿Por qué me dejé convencer? ¿Cómo pude cometer tal error? Ahora siento vergüenza de mí mismo, me doy asco y sobre todo lamento desde lo más profundo de mi ser lo que pasó. Pero ojalá eso fuera lo peor. Lo peor va a suceder cuando tenga que salir y ver todas aquellas caras llenas de odio de nuevo. No me lo perdonarán; sé que nunca jamás lo harán…Y mientras tanto, sólo rezo y pido a Dios para que mi estancia en este infierno sea lo más larga posible. Y mientras tanto, sólo deseo que mi muerte ocurra lentamente en esta celda putrefacta recibiendo lo que merezco.


LUISA VÁZQUEZ

Dentro de dos días cumplo 55 años. ¿Cómo puede haber pasado tan deprisa el tiempo?
Me miro al espejo y no encuentro ya a la joven que fui. Ni por dentro ni por fuera.
Y me pregunto ¿en qué momento perdí mi juventud y no me di cuenta? 
¿En qué momento se esfumaron las oportunidades sin que ni siquiera intentara agarrarlas?
¿En qué momento dejé de tener sueños, aspiraciones, ambición?
¿En qué momento me vi sentada en la estación mirando pasar trenes a los que ya no podía subir?
¿En qué momento perdí las fuerzas, me volví débil?
¿En qué momento volvieron los miedos de la adolescencia?
Me equivoqué, me equivoqué al no haberme bebido la vida a tragos en vez de a sorbos.
Me equivoqué, cuando no tuve el valor para tomar decisiones que me hicieran disfrutar de la vida hasta el fondo.
Me equivoqué cuando regalé mis fuerzas a las batallas de otros en vez de a las mías.
Me equivoqué cuando, por voluntad propia, me relegué a un segundo lugar, a estar siempre detrás y permitir que los demás se llevarán siempre el mérito.
Me equivoqué cuando tomé la decisión de ser invisible en vez de gritar mi identidad y exigir mi lugar en el mundo.
Me equivoqué…


LUCIDECES ROMUALDO RAMÍREZ

En vez de ir hacia la derecha,
giré a la izquierda.

Iba pensando
quien sabe qué.

No me di cuenta.
Seguí caminando
sin saber cómo
podía seguir en pie.

Daba igual todo.
cuando tocas fondo
solo quieres desaparecer.

No miraba por donde iba,
como un ciego
que se aproxima al borde
de un solitario andén.

No escucha la llamada
de nadie
que me reclamará
que volviera donde
estuviera ayer.

Solo sé que me equivoqué.

Y que alzar la mirada
por fin te encontré.
A veces equivocarse
no está mal…
viene incluso bien.


 

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13 comentarios en «Me equivoqué – Miniconcurso de relatos»

  1. Domingo machado.5
    Jésica galeano.5
    Perdón por no haberlos leído antes, he estado 4 semanas en el hospital y 3 de ellas las pase dormida, así me gusta decirlo, un pequeño accidente que no ha medrado mi vida, y estoy de regreso, saludos a todos.

    Responder
  2. Servando Clemens.
    Me ha encantado. + 0’5.
    Emiliano Heredia Jurado
    Pues claro que no, la vida es un aprendizaje, superando no darnos con la misma piedra. ( La del dicho) + 0’5.
    Felicidades a tod@s. +π

    Responder

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