Sospechas

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir con el tema “Sospechas”. Estos son los relatos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves día 17! (Solo un voto por persona).

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

OMAR ALBOR

Mirando la soledad
veo que la oscuridad
atierniza a la sociedad
solo veo cuan oscuros
son los pensamientos
politicos sonriendo
como si fueran gloriosos
solo son verdaderos vendedores
de maquinas de humo
que la alta alcurnia compra.
Solo veo que cada nueva figurita
es igual a la anterior
ninguno ve que hay necesidad
de sinceridad, que tan poco cuesta
ser real, ser honesto hacer lo que realmente
tenes que hacer, gobernar para el pueblo
hacer leyes que hagan sentir al pueblo feliz.
Todo lo hacen es, no hacer nada
solo parecer que importa lo que no importa
y creer que lo necesario es innecesario.
y aparentar que una felicidad que ya nadie se la cree.
Los flashes se disparan y en la foto
están sus caras lucidas tan lucidas
Solo sonreír para crear sospechas
Solo creerse alguien que realmente
esta bajo una lupa, que tiene mecha
y encededor sin paciencia.


MARÍA DAVID

Llevaba días y noches enteras preguntándome qué había llevado mi cuerpo entero al fin del borde.Mi médica me dijo que sufría de ansiedad y hipotiroidismo,así que de ese día ya tenía unas dos buenas <<amigas>> con la que tenía que aprender a convivir que me guste o no.Me encontraba en el cabinete de mi médica,un poco mareada,con unas palpitaciones poco dicho molestas y con un fuerte dolor de cabeza.Miraba inquieta el rostro delicado y dulce de María T. Gutiérrez-mi médica-que leía muy atenta mi informe médico,tan atenta y entregada en saber el porque de todo mi malestar qué ni siquiera cogio la llamada un poco molesta de su teléfono.
-A parte de la ansiedad y el hipotiroidismo que padeces,te han detectado cefalea tensional,de allí tus dolores diarios de cabeza.
Las palpitaciones inspotaneas se hacían cada vez más rápidas,sentía en el mismo tiempo timidez y vergüenza y un sentimiento fuerte de levantarme de esa silla para gritar,para huir lejos de todo y todas las personas,de insolarme en algún rincón tranquilo y solitario dónde no haya ningún ser humano,sino sólo prados infinitos de hierba fresca y flores sutil perfumadas,conejos espabilados y inocentes que saltan o se asconden,de las miradas salvajes y frívolas de los grandiosos lobos imponentes,en sus casitas pequeñas,pero bien estructuradas y minuciosamente cuidadas.En mi interior se daba una gran batalla,un fuerte sentimiento de liberarme de todo lo que conllevaba la presencia humana,buscando ,con ardor ,refugio en las costas fuertes y maternas de la madre naturaleza.
Por fin he llegado a casa.Un fuerte dolor de cabeza me apresuraba cada vez más y no conseguía levantar la mirada del suelo,ya que cualquier intento de levantarla me producía dolores insoportables de cabeza.Me dirigo hacia la cocina,entre mareos y la imposibilidad de mirar en frente,abro mi bolso,cogo el frasco de pastillas y me tomo una.De repente mis dolores se van,pero sentía como cada vez más,con el pasar de las horas,el sueño y una dudosa debilidad de hacer mis tareas me apresuraban más y más….Así que decidí descansar un poco.Me acosté en la cama,intentando no pensar en nada;sólo me concentraba en la trayectoria de mi respiración que cada vez se ponía más profunda,hasta que un calor placentero,lleno de paz,invadía mi interior.Amaba el calor de mi manta,tanto que decidí envolverme todo el cuerpo con este material acogedor y estiloso,apoyando mi cabeza sobre un trozo de esta manta que me servía de almohada.
No estaba muy segura de sí ya estaba dormida o no,ya que todavía podía oír el canto dulce y atractivo de mis canarios que estaban encantados con mi nueva adquisición:una jaula enorme con todas las comodidades necesarias.Oia un zumbido acojonante en mis orejas,que se hacía más y más stridente,y de repente notaba que me quedaba sin aire,no podía mover ni siquiera mi cuerpo.Notaba como esa <<almojada improvisada>> me apretaba el cuello y no podía hacer nada,ya que no conseguía moverme.El aire casi me faltaba y de repente veo cómo se abre,desde nada,un portal luminescente de luz acogedora.Mi corazón latía tan fuerte,ya no tengo más aire….la luz se hace más y más grande y entonces entendí que me iba a morir.Mi alma empezó a luchar,a no aceptar su fin fulminante,se rebeló en contra de la muerte y intentaba despertar mi cociente.<<Todavía ¡No!>> le dijo contundente mi alma a la luz y en ese instante el portal empezó a cerrarse,desapareciendo del todo.
<<Muerte súbita >> jajaja ¡Que final más dulce!
Mi alma no podía aceptar ya su muerte,porque todavía quedaba pendiente un asunto muy importante para aclarar:¿Quien produjo el desequilibrio mental y físico de mi cuerpo?
-¡Ya,ya sé quién es el sospechoso:mi pasado tenebroso!Tengo que olvidar lo inolvidable,romper todas las páginas de mi deplorable pasado infantil y seguir y vivir en el presente


EMILIANO HEREDIA

Tú.

Sí, tú.
Te estoy escribiendo esto a tí.
Tú, que lo estás leyendo.
Ahora que, he raptado tu atención, quiero que sepas una cosa.
Ya eres de mi posesión. No sabes quien soy, ni siquiera lo sospechas.
Desde éste momento, tu vida, es mía…
Cuando, un ser amado, te ame, sentiré ese amor también, por cada poro de mi piel. Tus besos, serán mis besos y tus caricias desembocaran en mi mar epidèrmico.
Cuando, con tus dedos ares la tierra de tu sexo para hacer florecer una flor estáxiaca, saldrá por mi garganta un alarido orgásmico.
Sentirè sin làgrimas las tuyas nadando por mis mejillas, con sus manitas humedas y calientes.
Reirè cuando rías, tu risa será el abrebotellas que quite la chapa de mi boca para dejar fluir el líquido burbujeante de la carcajada.
Odiaras con la fuerza del martillo sobre la bigornia forjando venganza y yó seré el que la empuňe.
No. Es inútil.
No borres esto, ni arrojes tu móvil a la sima abisal más profunda, ni al volcán mas ardiente…
Es inútil.
Ni siquiera, en la mas de las felices suposiciones, sospecharias quien soy.
Soy… tu peor pesadilla…
Soy tu conciencia.


LUISA VÁZQUEZ

Aquel verano se presentaba especialmente virulento. Se alcanzaban temperaturas record desde primeras horas de la mañana. El ambiente era sofocante hasta tal punto, que se podían apreciar los vahos de calor escapando del asfalto a punto de derretirse. Una sensación de pegajosa humedad se adhería a la piel, uniéndose íntimamente con los riachuelos de sudor constante que se escapaban por todos los poros.
Las noches eran aún peores. La temperatura daba un pequeño respiro pero la humedad no. Por tanto, el aire cargado e irrespirable, hacía imposible el descanso nocturno.
La única manera de luchar contra el insomnio provocado era permanecer delante de la ventana, con la esperanza de cazar al vuelo alguna pequeña ráfaga de aire y degustarla con deleite.
Este tipo de condiciones atmosféricas fomentan un duermevela muy especial. Un micro sueño que solo se da, auspiciado por un cansancio extremo. Es tener todas las funciones corporales a tope menos una. El cerebro entra en una especie de stand by que genera una huida de los pensamientos a regiones fuera de lo racional.
Situaciones así producen monstruos, alucinaciones que pueden ser individuales o colectivas dependiendo de la capacidad proselitista del paciente cero, el primer individuo atacado por ella.
En este caso, el paciente cero, era muy sensible a la enfermedad. Operario de una fundición, adolecía de manera especial de agotamiento, debido a las duras condiciones de su oficio.
Llevaba días sin que un sueño reparador de ocho horas lo acompañara. Su estado físico y mental era perfectamente reconocible en el color macilento de su piel y en las sombras oscuras que adornaban unos ojos hinchados y enrojecidos.
El domicilio de nuestro hombre poseía un gran ventanal, un ojo indiscreto que se abría a una pequeña plaza rodeada de otros edificios. Una noche, desesperado, se apostó con una silla ante el, en un intento poco eficaz para luchar contra la canícula.
Hipnotizado, miraba sin ver la placita central, agujero negro del que solo se distinguían las sombras de los escasos árboles rodeados de un sutil velo de niebla. De repente, una sombra captó la atención de sus ojos semicerrados.
Se trataba de un hombre cubierto con algo parecido a una gabardina y que cargaba un bulto a su espalda. Debía ser algo pesado pues, le obligaba a caminar despacio y tremendamente inclinado hacia adelante.
Era difícilmente entendible que alguien tuviera capacidad para realizar ese esfuerzo sin dejarse influir por las condiciones climatológicas extremas.
Muy sorprendido hizo lo que todos cuando nuestro cerebro no puede creer lo que nuestros ojos ven, mirar alrededor por si alguien más había sido testigo de la extraña aparición.
Y sí, justo a la misma altura, en el edificio de enfrente, llego a ver en el momento en que se apagaba una luz, como una sombra se escondía tras la cortina.
Se acerco más al borde del vano abierto y, comprobando que se le viera bien, hizo un gesto al otro testigo.
Comprobó que había sido visto cuando la sombra, apenas distante, se movió rápidamente. Un momento después se encendía la luz del piso vecino. El inesperado resplandor dejó ver a una chica de unos veintitantos años, despeinada y sorprendida, que se había cubierto con una fina bata, de manera precipitada.
– ¿Has visto eso?. Le preguntó él en un tono alto pero comedido.
– Sí, claro. Raro ¿no?. Contestó ella con el mismo volumen.
Inmediatamente los agujeros negros que horadaban las fachadas de los bloques cercanos empezaron, poco a poco, a transformarse en luciérnagas que acabaron inundando de luz el lugar del extraño avistamiento.
Decenas de personas iniciaron una discusión generalizada donde se lanzaron todo tipo de conjeturas sobre la naturaleza de la aparición.
Hubo innumerables opiniones, pero la más generalizada era la que apostaba por algún tipo de sátiro nocturno que, amparado por la oscuridad, transportaba en un saco a la víctima de sus más bajos instintos.
Al final, tan solo consiguieron llegar a un consenso. A la noche siguiente todos permanecerían vigilantes. Si el individuo volvía a aparecer, al encender las luces a la vez, dejarían al individuo sorprendido y expuesto. Entonces caerían sobre él y le detendrían para entregarlo inmediatamente a las autoridades pertinentes.
Sorprendentemente, los acontecimientos se desarrollaron tal y como habían sido programados. El único que no cumplió con el guion fue el sátiro que, bajo el resplandor brillante de decenas de bombillas, quedó reducido a un operario del servicio de limpieza. La sospechosa gabardina se convirtió en un impermeable con el logo de su empresa y el saco donde supuestamente cargaba a su víctima, en una enorme manguera que el sujeto utilizaba para regar las calles.
Al ver esto, la tensión se relajó a través de una carcajada generalizada. El operario de la limpieza siguió su camino con un movimiento incrédulo de cabeza y los vigilantes permanecieron unidos mediante una conversación que se fue extinguiendo poco a poco.
¡Esta bien, esta bien!. ¿Decepcionados por el final?. Mi imaginación también desapareció con la luz de las ventanas pero haré un esfuerzo más. Solo para satisfacer a los más exigentes.
Al día siguiente la ciudad fue atacada por enormes tormentas. Rayos y truenos que presagiaban el fin del mundo. Cielos negros que, al abrirse, dejaban escapar litros y litros de agua.
Cuando todo se hubo calmado, el ambiente se había refrescado mucho, proporcionando así a los insomnes una tregua para poder recuperar el sueño perdido.
La placita volvía a estar en penumbra y, los ojos vigilantes que la habían acompañado, disfrutaban hoy de un descanso reparador.
De repente apareció, como la noche anterior, una sombra vestida con un impermeable y un saco pesado a su espalda. Pero esta vez pasó algo diferente. El prisionero del saco consiguió deshacerse de la mordaza y emitir un grito ahogado de socorro.
El sátiro bajo el bulto, cogió una enorme piedra y le asesto a la carga un tremendo golpe que no solo acalló los gemidos, sino que produjo una gran mancha oscura en la tela.
Al momento volvió a cargarlo a su espalda y desapareció. Todo esto se desarrollo sin testigos, como muchas noches anteriores a esta cuando, el calor, no propiciaba testigos indeseados.


EMILY RUIZ

Romeo sospecha de Julieta

No sé si el sábado.
¿Y el viernes?
Tampoco lo sé.

¿A lo mejor el domingo?
Mejor te escribo.
¿Me harías daño?

No quedan recibos,
no pides que me quede,
no pides que me vaya;

no estás, tienes más
y yo tengo menos
órganos internos.

Hace poco se perdió
el complejo de Narciso
cerca del ombligo.

Enroscado en el colchón
preguntaba dónde está
la que se llevó su riñón.

¿Cómo va a llenar su vejiga?
¿Por qué lo cerró con grapas
si tenía hilo en su bolsillo?

¿A eso se refería al decir
que tenía algo especial?
¿Quién va a llevarse el resto?


OLGA LUJÁN

PUNTO Y FINAL
Martes 15 de abril.
Esta mañana se ha levantado temprano, más de lo habitual. He oído la ducha, la cafetera, sus pasos hacia el garaje y el móvil. Roberto ha respondido con monosílabos, excepto cuando ha advertido a su interlocutor de que aún estaba en casa. Antes de colgar el teléfono ha prometido llamarle después.
Miércoles 16 de abril.
Hoy ha sucedido igual que ayer. El despertador ha sonado 30 minutos antes, la ducha, el desayuno y… el móvil de nuevo. La diferencia radica en que se ha enfadado al responder y le escuchado decir: «Cuantas veces te he dicho que no me llames cuando sabes que aún no he salido de casa».
En la tarde, al regresar del trabajo, me ha encontrado como de costumbre sentado ante la mesa de mi despacho. Ha supuesto que continuaba inmerso en mi novela y tan solo me ha lanzado un beso al aire desde la puerta. ¡Ni siquiera se ha acercado a mí! ¿Será por qué tiene miedo de que pueda oler en su ropa el aroma de otro hombre? O más bien ¿por qué el sentimiento de culpa comienza a hacer mella en él? Esas llamadas vespertinas y sus respuestas…
Esperaré que se duerma para echar una ojeada a su móvil.
Jueves 19 de abril.
Son las cuatro de la madrugada. Aún no he podido dormir nada. ¡Ha cambiado la contraseña! ¿Cómo puede engañarme? Mis sospechas se confirman con este hecho. ¡Maldito sea! Sé que le he presionado mucho en estos últimos meses para que salga del armario, pero no creo que sea motivo suficiente para abandonarme por otro.
¡Seguro que a ese otro no le importa que lo suyo sea una relación oculta! Pues a mí, sí. Se impone una decisión drástica pero antes hablaré con él. En cuanto se despierte lo hago. Mejor lo hago ahora.
Viernes 20 de abril.
La bronca fue monumental. Bueno, en realidad Roberto no abrió la boca, tan solo cuando comencé a gritarle, muy digno me dijo: «Juan, ahora ni puedo, ni quiero explicarte nada».
Me he ido de casa. Le he abandonado. No le voy a dar la oportunidad para que pueda hacerlo él.
Lunes 23 de abril.
Querido diario: Con estas líneas pongo punto y final a estas páginas. Utilizaré la imaginación para mis novelas y no para la paranoia conyugal.
Soy un idiota!! Acaba de telefonearme Manuel para recordármelo. Este fin de semana Roberto alquiló una casa rural e hizo una fiesta con nuestros amigos y toda su familia, incluidos sus retrógrados padres. En ella declaró su amor por mí.


PEZ DE PECERA

CUANDO SOSPECHAS LO QUE HA PASADO, CUANDO SOSPECHAS QUE TIENES ALGO QUE VER…

ENTERRAR EL PASADO

Necesitaba descansar, así que alquilé una casona en un pueblo de la costa, lejos de la ciudad. No me apetecía socializar. Tenía que poner en orden mis ideas, como dice mi psicóloga, enterrar mi pasado y aceptarlo. Y que mejor lugar para hacerlo que ese pueblo apartado en mitad de la nada. Al llegar, descargué las maletas del coche. La casona era antigua. La había alquilado en temporada baja y eso aumentaba la sensación de soledad. No había wifi, apenas tenía cobertura en el móvil. Sí, lo sé, había venido a eso pero el silencio se hizo tan intenso que tuve la necesidad de escapar. Dejé allí el equipaje, sin deshacerlo y me fui en busca de un bar.

Sólo había una opción en el pueblo. Un pequeño bar oscuro, con moqueta , madera y visillos de encaje. Una decoración obsoleta en una pueblo obsoleto en mitad de la nada. Al abrir la puerta del bar las cuatro personas que habían en su interior alzaron la mirada y, sin decir nada, me siguieron con ella, analizando todos mis movimientos, hasta que me senté en la barra del bar. “Debe disculparlos, no están acostumbrados a ver gente de ciudad” me dijo el chico de detrás de la barra con un acento cerrado y profundo. Era un chico joven, pelirrojo con su rostro salpicado por pecas un rasgo congénito en aquel lugar. Sin hacer ningún comentario al respecto miré las botellas de la estantería. No había mucho donde elegir así que me conformé con un vulgar JB con hielo. El silencio me seguía ahogando desde dentro. Así que decidí hacer lo mismo con él y ahogarlo en una copa de cada una de esas botellas de aquella estantería sin más criterio que el que había elegido el dueño del bar para ordenarlas. A la segunda copa ya sólo quedábamos el chico y yo en aquel bar. Sin tapujos y sin rodeos el chico me preguntó: “¿Qué ha venido a olvidar?”. Levanté la mirada y me encontré con sus ojos verdes prestándome atención, interrogándome. Y entonces el alcohol puso palabras a mis pensamientos, de repente, no sé bien por qué, confié a ese extraño lo que tanto me había costado decir en la sala de la psicóloga. El chico escuchaba, sacó una botella sin etiqueta y la puso encima de la barra. En su interior contenía un calvados de destilación casera con la apariencia inocente del agua y graduación suficiente para estar prohibida su venta. Me miró y asentí.

Tras unas copas compartidas, el chico también se soltó. Me confesó tener un talento no muy valorado en aquel lugar. Le apasionaba pintar y no se le daba mal, lo sé porque me enseñó algunos cuadros. Me contó que en una etapa se obsesionó con los desnudos. Y que convenció a un amigo para que posara sin ropa a cambio de algunas copas gratis en el bar. Cuando estaban en el estudio, tuvo la necesidad de tocar su cuerpo con el fin de memorizar con el tacto las proporciones exactas que debía dibujar, en ese momento su padre les sorprendió. Las explicaciones fueron inútiles. Su padre no hizo caso a sus palabras, lo que había visto le era suficiente y acabó con el tema de manera tajante. De la única manera que lo hace un “buen” padre, con mano dura, como se hacen las cosas en ese lugar. Una vena paternalista, exaltada por las copas, ya no llevaba la cuenta de cuántas llevaba, se apoderó de mí. Así que no dude en apropiarme de todos los consejos que me dieron en terapia y se los di en una versión de psicólogo barato, indignado con lo que me contaba. Le dije que debía hacer frente a su padre. Costase lo que costase. Que no era bueno quedarse las cosas dentro, que debía vivir su vida, desarrollar su talento y no ser una proyección de las frustraciones de los demás. Le dije que su padre no era más que un ser frustrado y le pregunté si quería acabar igual. Entre consejo y consejo alzábamos nuestras copas y brindábamos mientras gritábamos al unisono: “¡El pasado se debe enterrar!”. Dejé al chico tan empoderado como borracho y me fui a la casona. Sin desvestirme, rodeado de mis maletas intactas, sin deshacer la cama, me dejé caer en ella y me dormí.

Al día siguiente, la resaca era considerable así que decidí despejarme dando una vuelta. Era temprano, no creo ni que fueran las seis de la mañana. Cuando bebo, duermo poco y mal, así que no es de extrañar. Hacía frío, una lluvia ligera cubría el paisaje dotándolo de una aire gris, melancólico. Podía ver el vaho de mi respiración al caminar. Al final de la calle, en uno de los campos que acompañan el camino entre la casona y el pueblo, a lo lejos, distinguí a una persona cavando. Según me iba acercando, comprobé que era el chico del bar, sus rizos rojos mojados le cubrían parte del rostro. Un rostro malherido, golpeado. Un bulto alargado, algo envuelto en una sábana estaba a su lado. La lluvia desvelaba la forma del contenido que el chico había querido ocultar. Sin articular palabra, el cavador levantó la pala y, mirándome a los ojos, volvió a clavarla en la tierra.


ANÓNIMO

MELÓMANOS

Alberto se sentó frente a la gran pantalla del televisor. En su confortable sillón, se dispuso una vez más a disfrutar de los momentos en que declina la tarde. Era el final de una atareada jornada que había comenzado bastante antes del amanecer. Dispuso el mando junto al del amplificador de alta fidelidad, pero antes comprobó el balance de los altavoces. En la mesita auxiliar, junto a los pequeños artilugios y una tablet directora, situó un vaso de wiski. El hombre, de provecta edad, llamó a su esposa.

–¿Vienes, Fili?

–¡Si, ya voy! Empieza que termino enseguida, desde aquí oigo.

La mujer, que como su esposo, había cumplido tres cuartas partes de siglo aquel mismo año, le contestó desde la salita contigua; estaba terminando de quitar las hojas secas de una surfinia de interior. A los pocos minutos, la espléndida orquesta dirigida por el recientemente octogenario Zubin Mehta, resonaba en la biblioteca. En ese anochecer, hasta las llamas del hogar se movían como un instrumento más bajo la batuta del maestro. De pronto, el piano del concierto de Chaikovski interpretado de forma magistral, llenó la estancia con sus maravillosas notas. A la vez, Filiberta que había terminado su labor, entró para disfrutar de la música junto a su marido.

–¡Vaya…!–Una sonrisa ligeramente sarcástica apareció en el rostro de la mujer–¡Otra vez la Buniatishvili!

Alberto, que admiraba la maestría de Khatia, pero también el que se tratara de grabaciones recientes de muy buena calidad técnica, se sintió algo molesto, como cogido en falta, y es que Khatia Buniatishvili, tenía la costumbre de vestir de forma elegante, sí, pero también divertidamente provocadora. En esta ocasión, lucía un vestido de encaje negro muy generoso para aquellos que no les molesta en absoluto la exhibición filantrópica de los encantos femeninos; estratégicas transparencias ponían de manifiesto que la interprete no usaba ninguna prenda interior que se interpusiera entre su cuerpo y el traslúcido traje de noche. Sin embargo Filiberta no agradeció de la misma manera ese amable detalle, porque entre otras cosas, ya había olvidado las atrevidas formas de vestir que también ella utilizó en el pasado. Parecía como si unos injustificadísimos celos la atacaran por la relación de la pantalla y su marido. “¡Qué tontería pensar en esa posibilidad, ni aunque Katia hubiera estado aquí!”, se dijo Alberto al detectar la pelusilla de su mujer. Pero era hombre considerado, y en un momento que esta salió para atender el teléfono, aprovechó y cambió de concierto.

La nueva grabación era de los años setenta, por tanto, de menor calidad, pero la suficiente para valorar la maestría de Arthur Rubinstein al piano. Al entrar de nuevo Filiberta en la biblioteca, apreció como un cumplido el detalle de su marido.

–Has cambiado Chaikovski por Chopin… me encanta Rubinstein.

–¡Lo sé, amor mío, por eso lo he hecho!

–¡Qué hombre tan elegante, siempre comedido en sus interpretaciones!

La figura de un anciano de pelo muy blanco, perfectamente afeitado y enfundado en un impecable frac, en cuya solapa figuraba la discreta tira roja de la Légion d’honneur, y en su bolsillo un impoluto pañuelo blanco, movía los dedos sobre el teclado, con la misma displicencia que hubiera podido manejar los cubiertos en un banquete con cualquier monarca de la baraja o de algún trono europeo. La orquesta la dirigía André Previn. Este vestía un frac de diseño reinventado, ligeramente estrafalario y poco acorde con la tradición. Lucía una melenita bastante larga, y su cara, casi de adolescente, mostraba atención al pulquérrimo vejete que tocaba el piano. Con su batuta, los instrumentos de la formación sinfónica que comandaba, se ajustaban a dúo con el pianista.

–Hacía mucho tiempo que no veía a ese director francés– Comentó Fili a su esposo– quizás es gay.

–¿Lo dices por la melenita, la cara de niño y el frac estrambótico?

–Parece un poco amanerado y pícaro ¿verdad?

–¡Pero dirige muy bien! Siempre lo he relacionado con Lorin Maazel y Claudio Abbado. No sé qué se habrá hecho de él, ni si todavía vive. Cuando termine el concierto miraré de saber más.

–Maazel y Abbado ya han muerto. Recuerdo que Lorin Maazel tenía que dirigir Carmen en la Maestranza de Sevilla y nunca llegó a hacerlo. No hace tanto de eso, habíamos hablado de ir, ¿te acuerdas?

–Sí, no hace tanto… el tiempo pasa tan deprisa…

Ya era de noche cuando finalizó el concierto. Alberto cerró los ventanales y encendió una lámpara de luz acogedora. Añadió un leño al fuego. Después indagó en la tablet.

–¡Oh mira Fili! Previn aún vive y no es francés, era alemán. Se cambió nombre y nacionalidad porque se cabreó con Alemania, es judío.

–Rubinstein también era judío y nunca toco allí. Tenía varias nacionalidades, entre ellas la española.

–¡Vaya, que curioso! André Previn también es pianista de Jazz.

–¡Nunca lo hubiera imaginado!

–¡Y también es compositor! Tiene cuatro óscar por sus músicas de películas y ha escrito varias operas…

Filiberta mostró admiración renovada por ese director. Muchísima más que por la provocadora intérprete que gustaba a su marido, tan ahorradora ella en ropa interior. Además Previn quizá era gay, lo que aumentaba su consideración como muchacho dulce y sensible.

–¡Mira Fili!, no parece que fuera lo que tú crees…se casó tres veces.

–¿Ah, sí? — Fili se sorprendió un tanto, parecía desilusionada.

— ¡Y mira tú, la segunda con Mia Farrow!

–¡¿con Mia Farrow?!

–Y la tercera ¡con Anne-Sophie Mutter!

— ¿La violinista sexi que encandiló a Herbert von Karajan, el que la protegió y promocionó después?

–¡La misma!

A Filiberta, esto ya le comenzó a molestar. Que Previn hubiera podido ser  gay, le resultaba incluso agradable. Que se hubiera casado con esas mujeres, ya no.

–Esta loca de la Farrow, que convivió con Frank Sinatra, y después con Woody Allen, me parece una cualquiera.

–¡Pero mira qué curioso!– Continuó Alberto– La hija adoptada por Previn y Farrow, es la actual mujer de Allen. Primero la madre, y después la hija. Este Woody es un caso. ¡Previn su suegro!, ¡si deben de tener la misma edad!

–¡Un sinvergüenza es lo que es Woody Allen, podría ser el abuelo de su mujer!

–Si, y Previn podría ser el padre de la Mutter.

–Qué horror, con razón le veía yo cara de depravado. ¡Qué interesadas esas mujeres!

–¡Pero Fili! Hace un momento decías nada más de él, que tenía cara de pícaro…, a lo mejor estaban enamoradas.

–¿De un viejo? ¡Quía!

–¡Pues tu eres vieja, y estoy enamorado de ti! ¿Acaso tú no me quieres? Tenemos los dos la misma edad.

–No es lo mismo. Además, ¡yo no soy vieja, no me insultes!… Menos mal que Rubinstein era un caballero.

— Eso sí, pero siempre le gustaron mucho las mujeres. Fumaba excelentes puros habanos y era amante de los buenos vinos. A su mujer, antigua bailarina, la llevaba por el camino de la amargura con sus infidelidades. Siempre ella se lo perdonaba todo.

–Sería por su música, sino no me lo explico, ¡esposa tonta de viejo verde!

–Rubinstein amaba la vida. A los 90 años se lio con una mujer 40 años más joven, y pasó su tiempo con ella entre Marbella y Suiza.

–¡Todo está podrido! ¡Todos los hombres sois unos asquerosos!

–¡Pero Fili!, si yo solo te quiero a ti, ¡por favor no me incluyas en todos!

–¡Anda!, pon a tu Buniatishvili, ¡y con tu pan te la comas!

Su mujer salió dando un portazo. Alberto, apagó el equipo y se tomó un trago de Wiski. “Qué difícil es escuchar música con mi mujer”, pensó con amorosa consideración.


LUCIDECES ROMUALDO RAMÍREZ

¿QUIÉN COÑO HABLÓ DE NOSOTROS EN LA 522?

“Nosotros,
somos aquellos que llevamos a cuestas
el sonido de los parques por la noche
los que vimos el reflejo de la luna posado
sobre la superficie oscura de un mini de kalimotxo,
mientras Kisko o Mike Ayra tocaban
entre los claroscuros de un banco… la guitarra.”

Dramal & Lucideces

Nuestro último recital fue el pasado 3 de Marzo del presente año en el Inferno´s Rock Bar de la localidad madrileña de Móstoles.

Fue un día muy especial para nosotros. Bueno, como todos los días que tenemos recital. Porque cada recital tiene una historia detrás diferente que solo Dramal y yo conocemos a la perfección.

Pues bien, el pasado sábado día 5 de Mayo, el mismo día que sale como tema semanal “Sospechas” para el concurso de relatos del grupo, un contacto nos desvela la siguiente información:

Un grupo de 3 personas estuvieron hablando de Dramal & Lucideces en un autobús de la Línea 522 en su trayecto de Príncipe Pío- Móstoles. Dos chicas y un chico para ser exactos.

De ellos solo me podía decir que una de las chicas era morena con melena cortita y la otra tenía el pelo más largo. Del chico no se fijó mucho. Pero era el que más hablaba parece ser.

Hay que tener en cuenta que nuestro contacto no tuvo mucho contacto visual con ellos, ya que iba sentado justo en el asiento de delante, y ellos iban detrás. Por lo tanto, solo les pudo ver cuando se dispusieron a bajar del autobús.

La chica morena se bajó primero. El chico y la chica de pelo largo se bajaron juntos una o dos paradas después.

Durante el trayecto, parece ser que uno de los temas de conversación fue Dramal y Lucideces y nuestro último recital.
Según nuestro contacto, parece ser que de los tres, solo la chica morena había asistido al evento.

Comentó a su acompañante que Romualdo, es decir, yo, ya le había invitado a otro recital anteriormente pero que al final no pudo ir. Pero que esté que era en Móstoles y encima tan cerca de casa, no podía faltar.

Dijo que estuvo muy bien. Pero que damos un poco de miedo y que sospechaba que realmente esa era nuestra intención. Por ejemplo, de mi compañero Dramal dijo que cuando le vio vestido todo de negro y con la capucha puesta y todo tapado, le parecía que solo le faltaba una guadaña.

Por otro lado, la otra chica de pelo más largo parecía que tenía dudas de que me pudiera conocer a mí o no.
Así que el chico que parecía ser muy ingenioso, se sacó de la chistera un parecido razonable. Diciendo que me parecía a un personaje del Señor de los Anillos para ver si así le sonaba de algo.

Nuestro contacto no me podía concretar el personaje. Apuesto por el enano del hacha. Incluso es posible que nuestro contacto confundiera El Señor de los Anillos con Juegos de Tronos. En en ese caso está claro que el personaje sería Tyrion Lannister. Que por cierto, también es enano.

La chica morena en cambio prefirió darle pistas a la otra chica diciendo que tenía el pelo muy largo y ondulado. Y que tenía los ojos claros, azules, muy bonitos.

El chico parece ser que no fue al recital, pero me conocía, y además también fue invitado. Pero parece ser que ni tan siquiera contestó a la invitación. Algo que la chica morena
quiso resaltar al menos un par de veces. Pues le parecía algo ilógico viniendo de él.

Después de escuchar todo esto, le comenté a nuestro contacto:

– Lo que está claro entonces, es que la chica morena vino de mi parte, y que no conocía a Dramal de antes.

– Exacto Romu, la chica morena tiene que ser una amiga tuya, además una buena amiga porque solo dijo cosas buenas de ti, el chico tampoco dijo nada malo la verdad, pero era más graciosillo. Pero la chica aunque es una amiga tuya , no conocía a Dramal de nada.

Aquella noche se podría decir que petamos el garito. Pero con esta confirmación todo el mundo quedaba prácticamente descartado: nuestros amigos cósmicos, nuestros amigos metaleros capitaneados por nuestro colega El Chele, mis amigas de Getafe, las reinas del selfie desde Arganda, las compañeras de curro de Dramal, Borja y su amigo, los colegas artistas, los músicos de otras formaciones, familiares y nuestros amigos más íntimos…

Todo el mundo menos tres personas. Tres personas que además son miembros activos de este grupo de Escritura Creativa de Cuatro Hojas. Todos los asistentes quedaban descartados menos : Lola, Carlos y Carmen López.

Y por la descripción física. ¿Quién podría ser la chica morena de melena corta? Estaba claro. Carmen López se convertía así en mi principal sospechosa. O mejor dicho, mi sospechosa favorita. Me molaba que fuera ella.

En ese momento, estuve a punto de coger el móvil y enviarle un mensaje para ver qué podía decirme al respecto.

Sin embargo, nuestro contacto me había ofrecido otros dos datos con lo que también podría descartar a nuestra amiga Carmen. Quizá estaba siguiendo una pista falsa.

Y es que nuestro contacto me dijo en varias ocasiones que la chica morena tenía que tener sobre mi misma edad, y que creía que estuvo sentada en la primera fila del recital.

Y Carmen sé que tiene que ser algo mayor que yo y mi novia pudo confirmarme que Carmen estuvo muy cerca de ella durante toda la actuación, más bien en la zona de atrás.

Recordé entonces algo que me hizo mucha gracia cuando invité a Carmen al recital. Y es que mostró cierta preocupación por el lugar donde se iba a celebrar el evento. Una de las preguntas que me hizo fue que si solían producirse allí peleas.

Yo la dije que estuviera tranquila. Que el Inferno´s era un lugar tranquilo, donde suele reinar el buen rollo.

Sin embargo, aquella noche dos señores borrachos estuvieron molestando desde el principio. Y hubo un momento donde la tensión creció lo suficiente para hacernos parar – entre medias de un poema y otro- un momento.

No daba crédito a lo que estaba pasando. Menos mal que nuestro Jefe de Seguridad y otros amigos pusieron las cosas en su sitio.

En ese momento, encima del escenario me acordé mucho de Carmen y desvelé al público:

– Recuerdo que una amiga me preguntó que si no sería este un lugar donde se pelease la gente, y yo la dije “que va, que va”… lo estará flipando la pobre.

Según mi novia, Carmen entonces sonriendo dijo en voz alta:

-¡Esa soy yo! Esa soy yo!

¿ No os parece adorable mi sospechosa favorita?

Ya os digo. Estuve apuntó de enviarle un mensaje. Pero no quería precipitarme. Había dormido poco. Quizá me olvidaba de alguien. No quería equivocarme y que pensase “ Anda éste, se entera que han hablado de él y ya se piensa que he sido yo a primeras de cambio” . Decidí dejar reposar toda la información y dormir.

Al día siguiente llegué a la conclusión de que seguramente esos dos datos ofrecidos por nuestro contacto eran erróneos.

Todos los que conocemos a Carmen en persona, sabemos que es una chica muy guapa, que se cuida mucho, y que aparenta menos edad. Recordemos que nuestro contacto no la pudo ver mucho, porque iba sentado en el asiento delantero.

Por otro lado, Carmen en el recital, es cierto que estuvo en la zona de atrás. Sin embargo, justo después de acabar, quiso subirse al escenario y hacernos una foto todos juntos.

Y es posible que la viera entonces y nuestro contacto pensase que había estado en primera fila desde el principio.
Así que nada, tenía que acabar con esta intriga. Cogí el móvil y le escribí:

– Hola Carmen, cuando puedas hablamos un momento, que tengo que preguntarte una cosita.

– Dime, ¿qué ha pasado?

– Nada malo, pero tengo sospechas de ti…

– Jajaja ¿ De qué?

– A ver, es posible que alguna vez hayas hablado de Dramal & Lucideces y de nuestro recital en la 522?

– Claro, con el profe. No te acuerdas que te dije que me lo encontré y hablamos de ti.

– ¡Ostras! Es verdad! No lo había relacionado!

– Jajaja ¿quién nos escuchó?

– Piiiiiiiiiiiiiiiii


DAVID DURA

El era un tipo raro
de los de no cruzar
poco dado en palabras
qué secretos no guardará.
De reojo , observo
cuatro pisos más allá
ha comprado unas bolsas
llenas de oscuridad.
En la mano una sierra
dos sacos de cal fina
productos para limpieza
tijeras de hoja sibilina.
Menuda bronca lleva
gesticula, modelo suegra
tapando con las cortinas
para que mi ojo no vea.
El muy canalla, no duerme
menudo día
avisan los pájaros
llego tarde a la oficina.
Tiene un aire a mi jefe
vendaval de hipocresía
son las cinco de la tarde
recojo el escritorio, a esperar el tranvia.
El regueton no me engaña
caliente, está la cosa
he comprado unos prismáticos
mañana sale en ana rosa.
Subo de tres en tres
con la llave en la mano
para qué, tanto cerrojo
soy el único alquilado.
Esto no funciona!
continente africano
probaré como los indios
cabron del chino, me ha engañado.
Ahora lo veo claro
sonríe , babea el psicópata
como tiene plantas tan bonitas!
y mi geranio es tan pasota!

Siempre he sospechado que hay que hablar a las plantas, despojarles de las raíces muertas.
Cortar de vez en cuando ramas secas.
Protegerlas del sol en exceso.
Sigo mirando a escondidas , sigo aprendiendo las cosas que nunca sabía.


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11 comentarios en “Sospechas

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