Sobre la mesa

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “Sobre la mesa”. Este ha sido el relato ganador:

CARMEN LÓPEZ

Abuela siempre partía cebollas sobre la mesa que había en el patio. Su madera de roble había resistido muchas lluvias y muchos vendavales. También a muchas historias, unas buenas, y otras malas, como solía decir ella. Después de partir las cebollas, la abuela fregaba la mesa con un paño mojado en agua en agua caliente untado con jabón que ella misma hacía con aceite viejo. Frotaba y frotaba con gran esmero hasta dejarla bien enjabonada. Era el mejor jabón de todo el pueblo según decían las mujeres de alrededor. Después le echaba palanganas de agua limpia, para aclararla bien. Nunca le dio la receta a nadie. Decía que era secreto de su madre, y antes lo fue de su abuela, y antes de la madre de su abuela. Me dejaba darle vueltas y vueltas al mejunje que había dentro del barreño con un palo de madera que era tan viejo como la mesa. Cuando ese mejunje se endurecía y se quedaba blanco, lo cortábamos a trozos. El más grande lo reservamos para fregar la mesa de partir cebollas. La abuela siempre lloraba mucho. Decía que era culpa del jugo de las cebollas, que dejaban salir todas las penas atrapadas en el corazón en forma de lágrimas. Yo nunca entendí qué quería decir con eso. Pero abuela siempre decía que las penas que no salen te ahogan y hay que dejarlas escapar, y si para eso hay que partir cebollas, pues partimos cebollas. —Abuela, cuéntame cosas de mi madre, cosas que no me hayas contado nunca —le dije un día. Tras un breve silencio, la abuela dejó de partir cebollas, se secó las manos, enjugó sus lagrimas en el delantal y bebió un trago de agua.

—Quiero saber más cosas de ella. Solamente se que murió cuando yo nací. Quiero saberlo todo, abuela. —Hija , fueron malos tiempos para todos. Se levantó y fue a la cocina para hacer café. Yo la seguí. —Tu madre era una mujer muy alegre, pero solo yo sé que esa sonrisa escondía algo más. Tal vez no debas saber más de lo que ya sabes, tal vez dejar el pasado en su lugar sea lo mejor para todos. Abuela lloraba mucho, pero ya no partía cebollas —¿Y me darás la receta del jabón? ¿Y me enseñarás a partir cebollas? ¡Abuela, vamos a correr!!
El día que murió la abuela me dejó una caja llena de cartas de mi madre, con la receta del jabón. Con la abuela aprendí muchas cosas importantes: que las penas con cebolla se quitan, que el jabón con amor sale, y que el pasado está mejor donde debe estar.

SALOMÉ SUCASACA

SOBRE LA MESA

Sobre la mesa, dejé que te quedaras con esa
Sobre la mesa, que en mi ausencia se convertía en tu cómplice burlándose de mi inocencia
Sobre la mesa en la que prometiste ser solo mio!
¡¿Por que sobre la mesa?!, que imaginación tan corta y que grande tu falta.
sobre la mesa, dejaste caer la poca vergüenza de aquella que sabia de mi existencia.
sobre la mesa en la que ahora no me encuentras por un simple antojo de ella.


MÓNICA MEDL

Sobre la mesa…

Sobre la mesa te he dejado las llaves, una carta y los recuerdos de cada mañana con aroma a café y tostadas recién hechas.

Sobre la mesa, te he dejado los sueños; joder, recuerdas? Aquellos que juntos hemos recorrido una y otra vez.

Sobre la mesa te he dejado cada día vivido, las fotos, los libros y nuestras notas manchadas de pasado.

Sobre la mesa te he dejado cada entrada al cine, teatro y hasta el ticket del supermercado.

Sobre la mesa, has quedado tú; como un plato vacío lleno de sombras.

Sobre la mesa ya no hay lugar para dos. Contigo hay de sobra.

Sobre la mesa, te he dejado las llaves y por si no abres la carta. Te dejo esta nota.

Sobre la mesa te he dejado un Adiós.

Sobre la mesa, te he dejado…


GABRIELA MOTTA

Cuando llegue a casa me dijo:
– Tenemos que hablar.
Esas palabras sonaron como un flechazo directo al corazón, que de inmediato se paralizó. Lo miré y estaba sentado cabizbajo con el mate y el termo apoyados sobre la mesa, sabía que era algo serio nunca antes lo había visto así, el mate era un indicador siempre lo tomaba para tranquilizarse. Me senté a su lado, le pedí un mate para romper el hielo y me quedé ahí esperando que hablara. El silencio se rompía solamente con el ruido de la bombilla que se hacía cada vez más perturbador.
Bueno -dijo-
Mis manos transpiraban, comenzaba a sospechar para dónde se dirigía ésto.
-Te voy a pedir que me dejes hablar sin interrupciones.
– Dije que sí asintiendo con la cabeza, no se porque pero permanecí callada.
Inmediatamente comenzaron a salir de su boca cataratas de palabras que no hacían más que engalanar su persona.
-Quiero que sepas que siempre puse todo sobre la mesa -dijo- siempre, si no lo viste fue porque no quisiste. Sí, no me mires con cara de asombro, así fue. Cuando te dije: un día de estos tomo mis cosas y me marcho, sonreíste, pensaste que no tendría ni el valor ni las agallas de hacerlo, pero te equivocaste.
Siempre te hablé de frente. Ahora estás ahí mirándome como a un desconocido, de repente me he convertido en un extraño. Yo tampoco entiendo como pasó, no entiendo en que momento dejamos de escucharnos, no entiendo en que momento dejamos de conectarnos.
Me marcho tranquilo sabiendo que te brinde lo mejor de mí.
A propósito, antes de partir te voy a proponer que tires la mesa, total en esta historia nunca ha servido para nada, pues si no vamos a ver lo que hay sobre ella para que tenerla ¿no te parece?

Y así sin más tomo el mate, corrió la mesa y se fue cerrando la puerta sin mirar hacia atrás.
Me dejó sentada, con el gusto amargo pero no del mate, sino por no poder retrucarle ni una sola palabra, no porque tuviera razón sino porque me tomó por sorpresa y las palabras me quedaron atragantadas.
De improviso me paré abrí la ventana que daba a la calle e inspirada por un brote psicótico, arrojé la mesa, en mi imaginación esa mesa era él, esa mesa era nuestra historia, sintiéndome aliviada me volví a sentar y juré nunca más darle la oportunidad a nadie de reprocharme algo que supuestamente siempre estuvo sobre la mesa. Si realmente me conociera sabría cómo odiaba esa mesa, si me conociera estoy segura que nunca la utilizaría como ejemplo de nada. Si supiera que en más de una ocasión llore sobre ella sólo para disminuir mis ganas de ponerle un punto final a ésta historia que por fin llegó a su desenlace.
Después de un rato volví a la ventana envuelta en cólera y grité con todas mis fuerzas, sobre la mesa se ponen cosas tangibles, sobre la mesa pongo mi vaso, pongo mis libros, pongo mis manos, no palabras en sentido figurado, absurdas, incompletas y sucias palabras.
La gente me miraba con asombro, asombro de ver a una loca sin ningún tipo de control en la ventana gritándole a una mesa palabras vacías de significado.
Pobres almas carentes totalmente de comprensión -grité- dejándome envolver por la locura que me permitía experimentar el placer de ver una vida botada por la ventana.


DIL DARAH

 

UN PIANO Y DOS TECLADOS

12/12/1721
Prueba de evidencia Nr. 132

” – La música, signore caro, me ha salvado la vida para condenarme a muerte.
Yo era un estupido giovano , si lo fui, pero no mujeriego.
No es giusto que se me acuse de insensateces . Soy italiano y por tanto amo la misma trinidad de forma inalienable: a mi madre, las comidas y sobre todo amo amar.
Mi música salió del esperpento y no del demonio, como afirman los ignorantes.

Attento adesso. Un mujeriego usa las mujeres cuan cuchilla de afeitar, no le importa lo que la cuchilla piensa¿ cómo va a pensar una cuchilla? sei pazzo. Un objeto no tiene pensieri , diría él. Yo no era un mujeriego porque adoraba las mujeres ¿ entiende? Me fascinaban. Aquello que dijesen o dejasen de hacer. Revestidas con tan sólo el perfume de sus cuerpos. Las lagrimitas de simulado resentimiento que secaban a cambio de consistentes atenciones.
Mi estimado padre decía : ” – Caro mio , o pagas mucho dinero o amas absurdamente y para ambas necesitas inteligencia”
Qué gran hombre su excelentisimo. De él heredé mi fortuna, de mi madre el alma y gracias a ambos pude ofrecer consistentes atenciones en ambos sentidos.

Ay… amores míos. Bellas , bellas todas y benditas. Las amaba tanto como a mi espada. Buscaba en aquella época a hacerlas vibrar por igual y no había sonido más placentero a mis oídos . Ni un bemol perfectamente sostenido pudo jamás hacer justicia a un pecho roto de fragilidad. Ni mi propio descubrimiento pudo igualar la belleza de mi espada apuntando un futuro brillante entre dos delicadas rodillas meneando con picardía promesas por cumplir .

Pero, Signore dame fuerza, también me cansaba, mírame: soy carne débil y hueso frágil. Aparte de eso mi espada era Una Misma entre todas las espadas y mis amadas,uff, venían a ser todas como una misma.
Madonna Miracolosa.
Sólo aquel que no haya probado las alcobas de las mujeres entenderá poco o nada. Quien las conoce sabe qué cuerda toco con mis referencias y hacía dónde se dirige el eco.

Mi espada no sufría ataques de celos ni trataba de suicidarse si la dejase de lado. Era fiel a muerte y de muchas muertes me libró ,pero, vedrai, las signorinas se tornaban espesas.
Hubo encima ese escandalo y de él salieron a luz otros veinte.No pude sino desaparecer para seguir existiendo. A pesar de todo seguía amando con locura el amor. Soy italiano, no lo puedo evitar.

No me gusta demasiado, hasta cierto punto, hablar de ese capitulo, pero es necesario para comprender, caro mio, lo que vino encima de mi pobre cabeza. Tuve que cambiar el honor de duelista por evangelios y las sedas voluptuosas por hábitos obtusos. Hasta que las puertas de los dormitorios comenzaron a abrirse a mis llamadas no contuve mis cartas de protesta.
“Mi ammazzo, finisco la mia vita, porca miseria , porco tutto ” fue el inicio invariable de mi llanto transcrito a lo largo de seis meses y setenta y cuatro epístolas. Mi padre consideró mi silencio sino arrepentimiento y hasta recomenzó subito a sufragar mis gastos. Por primera vez descubrí que el amor no tenía precio monetario .
Por ende, tanto como por falta de otras actividades nocturnas, redescubrí la música y esta vez los sonidos fueron celestiales . Los pechos , sin el peso de los crucifijos y los rosarios, emitían notas que luego reflecté en las forma sonatas para violin y violoncello, pero con la inocencia propria de aquellas sendas murallas que me confinaban para redimirme.
Pensé que mi desgracia era fingida por la incomprensión, que Signore Dio me quería y era aquello su forma de mostrarme el camino .

Una vez más las cosas se tornaron de otro color , para hacer entender a ese ragazzo stronzo lo mal que iba y adesso explicaré las razones, caro mio.
Vedrai, la reclusión en el convento acabó al año bajo la obligación de contraer matrimonio y comenzar a actuar como aquello que era: el futuro señor de la familia.

Si el episodio anterior me limitaba la alegría este nuevo me impide hasta respirar.
¿ Qué sabía yo de la vida de un negociante?
Encima mi pobre padre falleció al poco tiempo de mi boda y tuve que enfrentarme solo a la tremenda pesadez del cumplimiento, a raja tabla, de mi posición social.
A eso se le unió la actitud de mi recién adquirida esposa y signor Giuseppe Tartini se convirtió en Giu.
Yo, el espadachin más aclamado de Padua, el inventor del sonido diferencial, el gran amante de la Gran Italia ¡yo! me convertí en una broma de mal gusto.
Las rutinas verbales de mi recién adquirida esposa me desquiciaron tanto como la carga de la herencia . Por el gusto de gastar las finanzas hice un sacrificio y aprendí a controlarlas pero no vi necesario intentar someter a Elisa. Ella era mi esposa, por Dio Supremo Onnipotente, tendría que entenderlo por si misma. Las esposas cumplen con el servicio del hogar y con las recepciones. Obedecen a los maridos, les traen vasos de Chianti y se limitan a aparecer en el dormitorio cuando se les reclama.
No Elisa.

Elisa era la encarnación de la misma Medusa y su mirada convertía Padua entera en un amasijo de piedras carente de relevancia.
MI musica era merda , Mi negocio era un schifo y Yo era lo peggio.
” Giu calla, Giu deja de molestar con ese terrible instrumento del diablo, Giu mi fa male la testa, Giu dame un masaje y Giu vete lejos que no te soporto piu”
Mi amor hacía la música de los pechos ajenos no le gustó en absoluto. ¿ Sabes, caro mio, lo que hizo? Buscó al alquimista de la misma duquesa de Gandia , el famoso Alessandro Pizzicolli, y le compró sales de bromurio .
¡Hizo que matara mi hombría ! Porca miseria, porco tutto.
El gran Giuseppe Tartini ya solo podía jugar con el violín, caro signore, y eso fue lo que me destrozó por un lado para hacerme inmortal por otro.

A partir de convertirme en Giu mi único consuelo llegaron a ser mis innumerables sesiones creativas .
Era ver a Elisa y encerrarme en el estudio, olerla y echar a correr hacía la Scuola delle Nazioni, escucharla y arrancar a viajar como un condenado cuyo último deseo es huir de la muerte. En aquella época di más conciertos que nunca y conocí todos los placeres espirituales que alguien puede llegar a imaginar. Cuando te duele el alma entiendes el perfume de un mar en tormenta , el tamborileo sublime de un silencio , tienes tiempo para observar el crecimiento de una nube o el nacimiento de una era entera. Y cuando bebes té con bromurio hasta te parece normal y bello.
No ves que los días se arrastran y las noches son despliegues de fantasmas al asecho de tus pesares.

Una de esas noches eternas , en contra de mis hábitos ,me quedé dormido en el sillón del estudio, un trasto incomodo que mantenía solo en respeto a la memoria de mi estimado padre difunto . Mis años se notaban y los huesos reclamaban cada vez más reposo pero precisamente por ello procuraba arrastrarme a mi cama como fuese.
Aquella noche no llegué.
Desperté pues en medio de un sueño.
Al principio estaba bien acomodado, rodeado por un jardín esplendido . Entre tallos de rosas y amapolas veía a todos mis bellos amores, de mi entera vida. Estaban todas alrededor, tan hermosas y deseables. Podía sentir aquel soberbio circulo de belleza sobre mi tez, sólo anhelaba levantarme e ir a estar entre sus brocados y encajes. Corrí hacía ellas de hecho, con ímpetu, tratando de alcanzar aunque fuese sus fragancias, pero se desperdigaban cuan gorriones y gorjeaban de una forma que me volvía pazzo de amor.
Reímos todos.
Caro mio, ni el Buonarroti sería tan hábil como para captar la preciosa luz de aquel cuadro: las sombras difuminaban los ojos de mis ángeles y hasta el aire venía a colorearse de pasión. Jamás vislumbre tanta perfección, se lo prometo.

De repente el paisaje se nubló, las aguas de las fuentes se tornaron negras y apareció una enorme puerta . ¿ Por qué la abrí? No sabría decirlo. La voz de clavicordio roto de Elisa retumbó de tal forma que me dolían los sesos. No se ría , signore, es lo menos gracioso que puede atravesar sus oídos. Si encima le mueve la pasión por la música eso sería directamente horrible.
Mis gorriones volaron asustados y se refugiaron detras de las nubes.
Yo me quedé pasmado. Escuchando a la Medusa gritar una y otra vez : ” – Giu, ti amazzo , testa di cazzo. ” como un pésimo coro tratando de reproducir malamente el violín de Bach y asesinándolo en cada acorde.

Era incapaz de mover un dedo, caro mio.
Desperté de mi pesadilla a duras penas, con las mejillas empapadas en sudor.
Cogí el violín y sin pensarlo más veces compuse lo que todos conocen como el “Trino del Diablo”. Pero usted , querido colega interesado por la música, sabe ahora la verdad.
Eso tenía que haberse llamado ” Elisa Rudiculus ” pero comprenderá sua signoria illustrissima que no pude permitirme la libertad siendo Giu .

Que me juzguen como quieran los que quedan por nacer si es que me quieren recordar.
Pero reitero que no fui mujeriego, ni el diablo tuvo que ver con mi obra.

¡ Per niente!”

Post Scriptum :
Estimado Colega.
No voy a molestarme en gastar más tiempo y menos para recopilar más pruebas. Quédate con tus inexistentes milagros al igual que yo con mis inexistentes pecados. Después de dos mil años ya vale ya. Es hora de que corra un poco el aire a ver si se limpian las tonterías a base de vientos que Tartini me ha tocado la cuerda sensible y a partir de ahora me voy a dedicar al piano.
Mola infinita y eternamente más que tocarte a ti los celestiales perendengues , por cierto.

…………………………………………

Nota de autor: Me tomé unas cuantas licencias, por gusto propio y por la gracia del relato : )


JULIA HERNÉNDEZ

Cenizas

Quedaron para un café. En principio era sólo eso, un café, ¿qué daño podría hacerle?, ella estaba bien, mejor que bien, estaba perfectamente, una expresión casi impensable meses atrás, cuando él decidió marcharse.

Su mente, según su psiquiatra, no pudo asimilar el abandono; las murallas que había ido construyendo durante los años alrededor de ese mundo de perfección no iban a derrumbarse tan fácilmente, por eso decidió aferrarse a ellas, acariciar cada una de las paredes que cubrían sus heridas internas, hasta que de la fricción de la imaginación y la paranoia se derrumbaron.

Pero después de demasiadas sesiones, se había quedado “seca emocionalmente”, o al menos eso pensaba hasta que apareció él.

Un café, término que empleamos casi como una medida de tiempo, sentimientos sobre la mesa a flor de piel, encima, también, un café solo con hielo, una infusión y un cenicero lleno de colillas.

Ella miró fijamente el cenicero, no quería mirarle a la cara de primeras, no se sentía preparada para el contacto visual; centro sus pensamientos en cada colilla – cuando eran un cigarro habían sido encendidas, después consumidas y finalmente apagadas- sintió un escalofrío, ese pensamiento era casi una metáfora de la relación entre ambos.

– Hola, creo que te debo una explicación… -dijo él

-Hola, sólo me debes un café – sonrió ella.


CARLOS TABOADA

LA MESA DE PALISANDRO

Aparecieron ante mí ciertas imágenes de la pelicula el cartero llama dos veces cuando vi la mesa de palisandro macizo de al menos dos de longitud que habían apalancado junto a la ventana del salón. El propietario de la vivienda se estaba apoyando sobre la joya que le debió costar por lo menos un par de miles y que probablemente no encontraba dónde encajarla. ¡Estúpido!
Me había presentado un contrato leonino para sesenta metros cuadrados decorado con mobiliario de regalo para apartamento de playa por zona de Torrevieja en un entorno colapsado de vehículos y suciedad. Hice una oferta por la maravillosa mesa y desprecié el apartamento sacando algunos billetes de cien que abandoné sutilmente cubriendo la letra pequeña del contrato de un lugar que no me interesaba.
El propietario posó los ojos sobre la mesa para ver que los billetes de cien reclamaban por su atención y enamorado se lanzó hacia ellos como el premio más fácil que nunca había conseguido.
Después de un ligero apretón de manos me abrió la puerta para sacar de aquella cárcel todo el amor que iba a pasar por encima de la tabla no sin antes comprobar que una ráfaga de viento se había colado por la ventana y había llevado el contrato bajo el sofá.


MARTA TORRES

SOBRÉ LA MESA………………………………………sobré la mesa se han quedado todas mis ilusiones rotas , al encontrar una nota de despedida de ese ingrato amor…. esa mañana disponía a tomar un rico café para empezar el día pero al poner la taza sobre la mesa me di cuenta de la nota . La cual tome lenta mente , e imaginando que diría …. ( lo que supuse ) como siempre no tenia el valor de decirme cara , cara. Como siempre encontraba sus notas sobre la mesa pero esa era la ultima nota que encontraría sobre la mesa . Deje caer mi cuerpo desconsolada en la mesa .


LA XICUELA DE CORRIOL

Sorbía el zumo del desayuno poco a poco. Con los nervios a flor de piel ante la Trail de 55km que le esperaba al día siguiente.
Sus ojos almendrados, cabello castaño oscuro, barba de un par de días…..como me pone la barba de dos días, ¡¡por Dios!!. Dos surquitos en la comisura de sus labios…..y…..
A lo que iba. Hoy tocaba un entreno suave y pensaba en el día siguiente y en cómo dosificar fuerzas. El equipaje era también ligero, cómo él, lo había visto también unos minutos antes en la recepción del hotel, una maleta de cabina y una pequeña mochila con lo puesto y para llevar unos kleenex, un mini botiquín, bebida isotónica, y barrita energética.
Le observaba desde 2-3 metros sin prisas pero sin pausa. Estaba tan concentrado en la conversación con sus compañeros que no se daba cuenta de que alguien le observaba a pocos metros. Muy concienzudamente lo repasé de cabeza a los pies. Mi posición en mi mesa, me daba está fantástica tregua y gran privilegio, observarle a placer y sin ningún corte ni interrupción.
Acabó de desayunar y le perdí la pista hasta la noche en la cena. Con ropa informal, unos jeans y una camisa negra, estaba espectacular. Coincidimos en pedir pizza. Ya no podía soportarlo más. Quería abordarle, perono sabía cómo ni cuándo por no descentrarlo a él para la Trail y a mí para tener la cabeza en mi sitio. ¿Cómo iba a abordar a un superdeportista una ballena de 105 kg?
No era posible, ni imposible, pero si era una quimera o una utopía mayor aún que ‘Walden dos’.
Mi objetivo era imposible a todas luces.

Tras varios intentos fallidos para saber su nombre, le puse Sergio. Y Sergio terminó su zumo y emprendió camino hacia la salida de la carrera, que haría también las veces de meta. Sí, le he nombrado Sergio aunque no sé su nombre. Es una forma de tener familiaridad.
No estuve el suficiente tiempo para verle terminar la hazaña, aunque sí sé que hubo participantes que tardaron unas 12 horas en acabar la carrera.
Ya no le ví más, ni le volveré a ver, seguramente. Sobre la mesa estaba lo que quedó de su dulce desayuno. Unas migas de magdalenas y su vaso de zumo vacío.
¡Con la de cosas que se pueden hacer sobre una mesa aparte de desayunar…..Dios!!!


ÁNGEL MARTÍN GARCÍA

Lamiendo la ambrosía, que resbala por las comisuras y comienza el descenso hasta el Nirvana, níveo, apócrifo, redundante, y calza superficies incoherentes como desafío personal e impúdico.

La prohibición deja un regusto ácido, a imagen y semejanza de su Creador, que danza calmando ansias y apaga braseros como los enciende, con desatino, con vaivenes ilegibles narrados en lenguas tan antiguas como el hombre.

Las formas pierden su ser en la vorágine voraz que nos define, susurran secretos universales y regalan recuerdos tan fugaces como la inocencia.

Lágrimas frutales, lágrimas amargas, siluetas sobre la madera y un ligero atisbo de culpabilidad.


MARÍA RUBIO

La vieja mesa- Vamos a ir a años atrás cuando la vida de cualquier pueblo de montaña transcurría sin las comodidades que hoy si disponen.En una de aquellas cocinas con lumbre de leña, un banco de madera, un rústico armario , un fregadero de piedra y “Una mesa” con dos cajones ,en uno se guardaba el pan del día y en el otro la cartilla con los poquitos ahorros , los carnets de identidad los papeles del médico, y los papeles de las vacunas de los animales y algún recibo. Encima de la mesa un hule de cuadros para que la mesa se pudiera limpiar bien y fuera multifuncional……Encima de la mesa pasaban muchas cosas,Se escribían cartas a la familia , se hacían los deberes de la escuela, Se comía, alguna partida de cartas al calor de la cocina de leña, se ponía lana para tener prendas, el periódico cuando había, La linterna cuando se apagaba la luz , algún juego de canicas ,La mesa con el color del humo, encima una pizarra con un pizarrin y los niños escribiendo en ella……….


EMILIANO HEREDIA JURADO

SOBRE LA MESA….
….Estaba el compás y, con su punta, en ella grabé
Un corazón mal hecho, con su nombre dentro.
Su sonrisa pintó con acuarela roja la piel
De mis mejillas, y su mirada, detuvo el tiempo.

….Quedó impregnado su olor a jabón de violeta,
y me recosté sobre ella, para atrapar toda la esencia
Que toda ella emanaba, misteriosa, secreta,
Y me envolvía como un aura pura, llena de inocencia.

….Germinaba un tiempo de sol, un tiempo feliz,
Nuestras manos, cosechaban furtivas caricias,
En un tiempo donde, lo único negro, era el regaliz,
Y éramos analfabetos, de penas y desgracias.

…Dejé las entradas de la película en la que vimos
A un marciano volar en bicicleta,
y arropados por la noche, nos dimos
Nuestro primer beso, que sabía a piruleta.

….Te escribo estos versos, ahora que ha atracado
En el puerto de mi memoria el barco de tu recuerdo,
Para que sepas que no te he olvidado,
Para que sepas….que aquí sigo, que aquí…te espero.


FLAVIO MURACA

SOBRE LA MESA… LA DECISIÓN

Wagner alguna vez insistió en que le había sido revelado que por las venas de jesucristo corría la más pura sangre aria…
-Dijo aquel hombre anciano remitiensose a la revista Ostara –
“Quizas era el momento de ir por más, el tiempo de nuestro padre, al fin y al cabo el dios de los gentiles y los sin tierra habia gobernado ya por mucho tiempo.
Era quizas el momento ideal para salir de la oscuridad, tal vez era hora de despertar al demonio dormido” -asevero-.
Mi trabajo aqui ha terminado, lo he guiado a vuestras manos y enhorabuena es de ustedes su formación de aqui en adelante, -dijo eckart sonriendo-.
Ha de ser el iluminado de la oscuridad, valga paradoja del destino, penso en sus adentros, aquel hombre olvidado en la historia, de allí se marcho dejando como testigo al parasito más imundo.
La rabia colerica de este semejante, su docilidad a pensamientos, y lo influenciable de su sentir ha de ser la forma de llegar a él… supuso dietrich eckart anotando sus ideas en su diario intimo, los dejo en sus manos, el gran maestre lo formara a sus ideas condicionales.
………………
Habria que demostrarle al mundo quien era su superior, de donde vendia el superhombre de Niestche- le dijo el anciano a aquel muchacho turbado-.
Solitario como un lobo herido se adentro en las profundidas del averno, en la busqueda de sabiduria pagana…
Estaba solo y tembloroso, una silueta inmovil yacia delante de el…
Claro, los dioses me habian ungido en la providencia, alli estaba por el porvenir- se dijo a si mismo para darse coraje-.
Era mefistofeles, el mismo de Fausto; el que tantas veces habia leido en su adolescencia, ¡que anima cruel y despiadada!
Sin titubear propuso los puntos del contrato, él; lo miro y señalo los papeles apoyados en una mesa blanco marfil, hecha de restos de lapidas de cementerios…
Se acerco y las tomó, sin siquiera leerlas garabateo su firma con estoica decisión… sobre la mesa estaba el destino de los hijos de dios.
Con sangre, haremos el pacto, ¡derrama sangre en mi nombre!- grito el demonio mefistofeles-.
Aquel muchacho tartamudeo y pregunto con voz muy baja, como con miedo al oprobio que incurriria con sus palabras promiscuas.
– Por que con sangre mi señor..-
-Pues debias de saberlo ya, la sangre es un flujo esencial, es vida y creación, es el conductor del alma que me has de entregar- bramo Mefistofeles.
Ofrecío entonces a cambio su alma como recipiente de su voluntad y la sangre de inocentes que el creia inferiores..
Salio de allí, emergiendo de sus fauces, renacido, atrás habia dejado todo sesgo de humanidad.
El infierno fluia en el como un fuego voraz; reunio al sequito de lacayos y les conto sobre sus penurias y las ideas que el tenia sobre el pueblo; fervorosos lo siguieron; clamando su nombre.
Todo habia sido germinado con facilidad, una melodia profana guiaba al lobo en su ascenso, el parsifal era un maravilloso muzak.
Sobre la mesa quedo, suspendido en el eter, la lista de la solución final. Los hijos de dios debian morir…

#AUTORMURACAFLAVIO


PEPINO MARINO ERRANTE

Acercaos, acercaos…

Contemplad una vez más las atrocidades sobre la mesa, protagonizadas por nuestro pequeño e indecente esperpento de quirófano llamado Cristo; ese pecaminoso fistro de la pradera que practicaba la insalubridad en su día a día, por la Gloria de su padre*.

Hallábase Cristo miccionando a su hermana por tercera vez la misma quincena, cuando ésta desarrolló un poder preventivo más eficaz que la alarma de Securitas Direct a la hora de advertir sus intenciones.

Se le jodió el truco.

¿Qué haría yo? ¿Qué haría…? ¿Cómo podría conseguir mear de nuevo su pierna sin que se enterara? Pensaba nuestro batracio humano…

¡Ya lo tengo! Entraré como siempre en el cuarto de baño mientras se ducha, orinaré dentro de una botella de plástico marca bezoya, y así podré vaciársela en la pierna mientras se ducha, extendiendo mi propio brazo por detrás de un lateral de la cortina, mientras le hablo a través del otro. Así comprobará que mi cuerpo se sitúa separado de la parte de la cortina que ella siempre vigila para evitar que la mee, y cuando esté convencida de que estoy alejado, alargaré el brazo para vaciarle la botella por el otro lado… jajajaj. ¡AAAAAAAJAJAJAJA!

Semejante despojo humano consiguió su objetivo las dos primeras veces.

Tras quedarse sin recursos, mientras llenaba la botella de nuevo, carente de esperanza, sabiendo que su perfectita hermana se había convertido en el guardián infalible de su ridículo y retrasado plan, algo asqueroso y depravado hizo “click” en su cabeza.

¿Cuantas micciones serían necesarias para completar el llenado de 1’5 litros de capacidad de la botella de plástico bezoya? ¿Qué opciones o ”bromitas” se podrían llevar a cabo y hacia quién, con una botella bezoya de litro y medio llena de orina?

Bueno, de momento, como no sé qué hacer con ella, voy a dejarla encima de la mesa de mi habitación. Llenada ya está. Algo se me ocurrirá próximamente. Algo.

1 botella.

2 botellas…

3 botellas…

4 BOTELLAS.

4 PUTAS BOTELLAS BEZOYA LLENAS DE SU PROPIA ORINA.

6 JODIDOS LITROS DE SU ORINA EMBOTELLADOS SIN SABER QUÉ HACER CON ELLOS, ENCIMA DE LA MESA DE SU HABITACIÓN, SOBRE LA CUAL ESTUDIABA, JUNTO A LAS BOTELLAS DE ORINA.

Llegados a este punto de la historia, resulta necesario mencionar que aquella guarrada, no llevó a ninguna parte. Tan sólo a que su padre, una vez le preguntara “¿eso QUÉ MIERDAS ES?”, y a que tras escuchar la respuesta, los demás habitantes de la casa comenzaran a tratarle como a Gregorio Samsa, alejándose cada vez más de su habitación y distanciándose por el pasillo cuando con él se cruzaban.

Su perturbada e incomprensible mente, incomprensiblemente llegó a apreciar aquel oro líquido cual Smeagol amaba el Anillo Único, cegado ante la fantasiosa y perversa imagen de los rayos de luz vespertinos que iluminaban el plástico transparente de las botellas, observándose a través de él toda clase de partículas y sedimentos suspendidos en la orina, los cuales se movían de forma lenta y cadenciosa hacia alguna parte sin rumbo. Cristo cogía cada una de sus botellas a diario y las agitaba para activar el movimiento de los restos de proteínas degradadas junto con las células epiteliares muertas de su vejiga, flotando y desplazándose en un hechicero vaivén eterno dentro de aquel dorado fluido…

Mis botellas… Mis botellas de orina… Sólo mías… mías… Míralas… Míralas qué cosa tan hermosa sobre mi mesa… Mis 4 botellas juntas…

”Bien, chicaz, vamoz a pazad a mi habitación a jugad con miz muñecaz. ¿Quedéiz que oz enceñe la casa? Seguidme. Aquí edtá la cocina… Aquí, el pacillo… Aquí máz pacillo… “Eso“ ez la habitación de mi hedmano. Sí, se pintó en la puerta “Cristo Rey”. Ah, nada: eso zon unas botellaz de orina que tiene encima de zu meza, el tío guarro… Y aquí, mi habitación. Alba, saca del baúl la barbie Cucamonga. Clara, tú coge la pizarra y laz tizas. Jugademoz a ser profezoras”.

“Oye macho, tira de una vez eso, que debe de estar podrido ya, coño. ¿Tu madre no te dice nada? Qué barbaridad, por Dios. ¿Cuántos meses llevan ahí?”.

Una primaveral tarde de abril, Cristo decidió dar salida a lo que ya había perdido el sentido mucho tiempo atrás. Llevó las botellas al baño, levantó la tapa del retrete, y las vació una por una.

El hedor resultó insoportable a la par que fascinante…

*Chiquito de la Calzada, maestro: un beso enorme, estés donde estés. No te olvidamos.


ANITA MIMOMBA

Por fin llegó el día en el que Carlos y Estrella se mudarían a su nueva casa. Y menuda casa, un palacete en medio de una finca de olivos inmensa. Construida en el siglo XVIII, hacía más de 50 años que nadie la compraba o vivía allí. No comprendían el por qué, aquella inmensa casa era preciosa, espaciosa y con mucha luz. Y qué decir del paisaje circundante… un inmenso olivar, tan solo cortado por el único camino de entrada.
La reforma había durado más de lo esperado, casi un año. Resulta que una casa de esas características hay que hacer restauraciones de todo lo que es la fachada y eso es un trabajo delicado que lleva su tiempo. Cambiar por completo las instalaciones de electricidad y agua fue pan comido, en comparación.

Los primeros días todo fue un abrir cajas y clasificar pertenencias. Casi sin tiempo para explorar su propia casa. Por fin, tras una semana se habilitar las estancias que iban a ser ocupadas de forma inmediata y continuada, se pusieron a explorar las “otras habitaciones”, esas cuya reforma se había dejado para más adelante. Tras explorar los cuatro cuartos y pensar en ideas descabelladas para utilizarlas (como una piscina interior en un segundo piso), encontraron una cosa curiosa. En la repisa de una chimenea había una figura de una dama que no podía ser retirada, tras mucho probar, la giraron y una pared se abrió. Tras de ella una estancia circular, de espejos, con una mesa en medio, apareció ante ellos. Con toda la curiosidad del mundo entraron a mirar. Extraños grabados en los márgenes de los espejos le daba un aspecto muy logiático. Lo más extraño de todo era la mesa, con forma de estrella de ocho puntas, perfectamente colocada en el centro de la estancia, también era un espejo. Aquel cuarto tan raro les pareció tan siniestro que decidieron cerrarlo y no entrar más. No tuvieron ningún problema en tapiarlo, al fin y al cabo, ni siquiera salía en los planos oficiales del edificio.

Pasaron unos meses cuando, de pronto un día que Carlos había tenido que ir a un viaje de trabajo y Estrella tuvo que pasar unas noches sola en la finca. Al principio estuvo un poco preocupada por estar sola durante una semana en aquella casa enorme y aislada, pero las constantes llamadas telefónicas de Carlos la tranquilizaron. El primer día todo fue bien, bajó al pueblo a por alimentos y para hacer unos trámites administrativos con el abogado. Al llegar la noche, se sintió un poco asustada y decidió meter en casa uno de los perros del pastor, un mastín enorme que sólo asustaba a los desconocidos. Lo dejó durmiendo en la entrada principal y se fue a la cama, en el piso de arriba. Sobre las tres de la madrugada un grito la despertó, el perro ladraba como loco. Bajó muy asustada; el perro se calmó según la vio y, juntos, exploraron la casa. No encontraron nada. Allí no había nadie más. Esta vez se subió el perro con ella y lo metió en la habitación para que durmiera a los pies de la cama. Su compañía la hacía sentirse algo más segura.

Durante los días siguientes, Estrella y Curro (su nuevo amigo peludo) se volvieron inseparables. Pasaban tanto tiempo como podían fuera de aquella siniestra casa. Lo peor eran las noches, cuando no paraban se escuchar ruidos, golpes y puertas que se abrían y cerraban; luces que se encendían y apagaban solas, incluso la televisión del piso de abajo se puso una noche. cuando Estrella se lo contaba a Carlos por teléfono este pensaba que exageraba o que eran imaginaciones suyas.

Por fin llegó el día en que Carlos volvía a casa, pero una enorme tormenta hizo que se cancelara su vuelo y tuviera que hacer noche fuera otro día más. El tiempo era tan malo que no funcionaban ni los teléfonos, ni fijos ni móviles. Aquella noche no pudo hablar con Estrella. No le preocupó. Todo aquello era producto de la imaginación de Estrella, serían los ruidos de la casa asentando todo lo hecho en la obra, que no había sido poco. En fin, mañana estaría en casa y toda esa tontería pasaría.

Carlos llegó por al final de la tarde, cuando empezaba a anochecer. Los negros nubarrones se veían imponentes con los últimos rayos del Sol. Todo estaba inquietamente tranquilo. No se escuchaba ni el canto de los pájaros, supuso que sería por la inminente tormenta. Entró y se puso a llamar a Estrella. Nadie contestaba. Llamó al perro. Tampoco hubo respuesta. Empezó a sentirse inquieto y se puso a ir por todas las habitaciones buscando. Finalmente tuvo una oscura certeza y fue corriendo a la habitación de los espejos. Ya no estaba tapiada, los ladrillos estaban tirados por el suelo de madera pero la pared estaba cerrada. Muy lentamente giró la figura y la pared se fue retirando. Allí en medio del espejo central, sobre la mesa estaban los zapatos de Estrella, puestos boca abajo, con los tacones mirando al techo.


 

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17 comentarios en “Sobre la mesa”

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