Puertas

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema «Puertas». Este ha sido el relato ganador:

PUERTAS ENTRE REJAS
– Abrir las puertas- esa reja gigante que nos separa de vuestra cómoda vida ¿porqué existirán las puertas?
para lo único que sirven es para separar dos mundos- para que no se puedan mezclar colectividades distintas.
ABRIR LAS PUERTAS!!!!
– Gritar gritar que estas puertas van a seguir cerradas.
Yo soy un trabajador y me han mandado mantener estas puertas cerradas— Me han dicho que sólo venís a quitarnos el trabajo, a violar a nuestras mujeres. – Que la mayoría sois terroristas.— Así que os quedais detrás de esas puertas hasta que os pudrais.
– Por favor… abran las puertas.— No queremos robar, la mayoría son niños, difícil es que sean terroristas.
Aquí hace frío, al otro lado de estas puertas se ven casas con chimeneas.
Tenemos hambre, casi no tenemos fuerza.
Sólo esas puertas nos separa de llevar una vida digna o de la muerte.
ABRAN LAS PUERTAS …por dios

CARMEN PASCA ÁLVAREZ

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Muro. Puerta. Ventana. Cortina. En riguroso orden restrictivo. Conocí de niña a una familia americana que vivía en un precioso chalet sin puertas, solo una en la entrada y no siempre estaba cerrada. ¿Imaginas vivir sin puerta en el baño? Así de ridículas resultamos la mayoría de las personas, pasamos la vida entera rumiando «Libertad» mientras somos rehenes de nuestra propia mierda. Las puertas se abren porque cierran. Solo por eso. Antes de inventar el paraíso y el infierno, encargaron las respectivas puertas a José, un carpintero. Con cerradura son eufemismo de muro y por el ojo proyectan el paisaje de una frontera. Puerta es el personaje protagonista de las pesadillas de Claustrofobia. Y de las mías, los gilipuertas.

JEZABEL MONTENEGRO


PUERTAS
Yo no sé por qué todo el mundo le tiene tanto miedo a las puertas cerradas, cuando las verdaderamente peligrosas son aquellas entreabiertas, que sabes que tienes que volver a cruzar, no sé si una y otra vez, o simplemente de vez en cuando, de forma puntual.
La puerta cerrada que nunca has cruzado te permite proyectar un halo de esperanza hacia lo desconocido, y permite cerrar tras de sí (si puedes) ese incómodo pasado que se te pega a tí como una sombra maleducada e insistente.
Las puertas entreabiertas, que no abiertas del todo, desprenden poca confianza.
No dejan ni quieran dejar entrar a cualquiera.
Solamente quieren que seas tu el que las cruces, porque saben que tú eres su objetivo. Aquí y ahora.
Y saben que en un círculo (infinito si es necesario) de puertas cerradas en donde tu libertad y propia elección puede llevarte donde quieras, sabes, sientes y decides que la única puerta que vas a volver a cruzar es esa que, desafiante, te mira desde la oscuridad de su interior.

VÍCTOR SÁNCHEZ


«Puerta, o llave. Ya no importa »
Ayer soñé contigo, Solra, y llevabas un manojo enorme de llaves de hierro, que cargabas con gran dignidad y cuidado, aunque pesaban un quintal. Llaves para todo tipo de cerrojos. Me extrañó soñarte, pero, quizás fue el destino, que me complació en uno de mis deseos, poder odiarte más.
Pesada carga arrastrada durante décadas debido al maleficio de la bruja Asor, también cargada de rencores y envidias. Cada llave era una de las mentiras y malas acciones que la bruja, mala por naturaleza, había provocado durante su vida. Siempre intentando sacar provecho de los incautos de los demás, de su buena fe, de su amabilidad, y poniendo la zancadilla a cualquiera que se cruce en su camino. Desacreditarlos es su manera de mortificar. Y toda ella es oscuridad y temor.
Carcomida por la felicidad de los demás con las cosas más simples: un abrazo tierno, una simple sonrisa……odiaba a todo ser con quién la pudieran comparar, y su odio era tan grande que no podía controlarse. Tenía que sobresalir siempre, aunque fuera por su maldad.
Pero tu pesada carga, Solrac, no me da ninguna pena, porque la mereces. Por estar siempre a su lado, incondicionalmente, y sin ningún pudor. Me alegra saber que cada vez que consigues abrir una puerta con una de esas pesadas llaves, puedes soltar lastre, dejarla atrás, deshacerte de ella. Pero me alegra mucho más saber que por cada puerta que abres, Asor se cuela, y vuelve hacer de las suyas, y te carga con más llaves. Para que tú, iluso, continues abriendo las puertas de los demás.

NURIA BERGEN


La puerta es ley natural.
Cerrada es no puedes entrar.
Abierta es adelante, franqueame.
Es intrínseca autoridad.
Ante una puerta sellada no intentas sin más traspasarla.
No te crees con superior derecho, no te abalanzas.
Tampoco te sientas a su lado a intentar camelarla con tus palabras, con tu poética o con engaños y zarandajas.
Si la puerta está abierta, pasas despacio, relajado, sin miedo, honesto, tal y como eres.
Pero, si está cerrada, no la golpeas con saña, ni te enfadas con ella, ni lloras suplicante.
No tiene sentido despreciar las puertas porque a veces están cerradas.
Ya le estoy oyendo decir a tu naif frustración que a las puertas no hay quien las entienda.
Y, lo más importante, si aquí y ahora entras, es porque la puerta abierta te permite pasar.
Que no se te ocurra pensar que haber penetrado una vez te otorga derecho de paso.
No es No.

JUSTO FERNÁNDEZ


– Aquella noche recuerdo que hacía rasca. Y lo recuerdo por que, para no hacer ruido, anduve descalzo (ya sabes lo frío que está este suelo de terracota en invierno) y en la casona cualquier ruido… Entré sigilosamente en la habitación de mamá y al ver la botella vacía de Larios sobre la mesita, supe que no se despertaría por nada. Aún así estaba aterrado. ¿Te lo imaginas? Cogí la llave del cajón mientras miraba nerviosamente sus ojos cerrados. Llegué a mi habitación y le hice una foto a la llave con la vieja Kónica. Pasó casi una semana hasta que pude recoger la foto revelada, junto con las que sacamos en el pantano cuando lo del coche aquel que cayó al agua… No, tú eras muy pequeña para acordarte. Papá aún estaba con nosotros, fueron las últimas vacaciones antes de que se fuera… con… ya sabes con quién. El caso es que una vez que tuve la foto de la llave, en papel, la recorté y usándola como plantilla sobre una de las latas de tu papilla, recorté una copia de hojalata de aquella llave. Jajajaja te vas a reír. Yo solo quería recuperar los tebeos de Mortadelo y Filemón de papá y como mamá guardó todo lo de él bajo llave… Esa misma noche me acerqué a la puerta y creí oír un ruido dentro. Metí despacio mi llave de hojalata y antes de girarla ¡otro ruido! Pensé que mamá estaría dentro, así es que me fui a la cocina. Y mamá estaba en la cocina contigo. Al día siguiente volvimos a Madrid y no pude recuperar los tebeos.
– ¿Y por qué me cuentas esto ahora?
Miré a mi hermana con ternura. Aún tenía los ojos llorosos. Había sido un día tenso…
– Han pasado treinta años -le dije emocionado- ¿Te imaginas los tesoros que puede haber allí dentro?
– Acabamos de enterrar a mamá… Estoy cansada. ¿No puedes hacerlo sin mi? Está anocheciendo ya, es tarde. Quiero irme a casa…
Mi hermana me miró esperando una respuesta hasta que, la sonrisa primero y la carcajada después, evidenciaron una vez más lo bien que me conocía. Me daba miedo. Me seguía dando miedo abrir aquella puerta al pasado. A mi padre. Sin dejar de sonreír suspiró con resignación. Subimos despacio la escalera hacia la segunda planta. La habitación de mi madre seguía con la cama deshecha, sin ningún indicio de que hubiera fallecido tan solo dos días atrás, excepto quizás por la asesina paciente, medio vacía, sobre la mesita de noche.
Llegamos a la puerta. La sensación de que era mas pequeña de lo que la recordaba me hizo sentir más seguro. Mi hermana miró la hora en su iPhone con impaciencia. Podía sentir su mirada de frustración mientras yo dudaba si introducir o no aquella llave casera de hojalata y descubrir los ansiados tesoros. Giré la llave y la cerradura cedió. Nos miramos como si fuéramos niños de nuevo. La puerta, cerrada durante más de tres décadas, se abrió suavemente sin necesidad de ser empujada. Sin atreverme a entrar alargué el brazo hasta localizar a tientas el interruptor de la luz que, por supuesto, no funcionaba. Mi hermana sacó el teléfono de nuevo y a punto estuve de ceder y decirle que si, que mejor lo dejábamos para mañana. Pero, para mi sorpresa, encendió la aplicación de linterna y la habitación cejó en su intento de ocultar el pasado. Sin darnos tiempo a deleitarnos con las supuestas reliquias allí dormidas, la luz del iPhone primero y nuestros ojos después, quedaron hipnotizados. Dos maniquíes, al fondo, sentados en sendas sillas, espalda contra espalda, nos daban la bienvenida cual escaparate de tienda de moda. Mis temores infantiles dieron paso al desasosiego adulto y, a medida que nos acercamos, el grito de terror de mi hermana no desató a los viejos y enamorados huesos amarrados a las sillas, pero si liberó el odio atesorado durante toda una vida en la que, desacertadamente, me supe abandonado.

KARLOS WAYNE


PUERTA…
Pasaron años,cuando al fin el alumno regresaba al retiro llamado Touba,la India..vislumbraba desde la distancia aquella hermosa y maravillosa puerta que él un día cruzó..Sentimientos de alegría y amor emergían desde lo más profundo de su corazón…se dispuso a caminar más rápido para llegar ante ella..El corazón le latía con fuerza a cada paso que daba…Al llegar frente a ella,se sentía en pleno éxtasis..!..La puerta era inmensa,de color oro,brillante como el sol,con unos dibujos tallados a precisión y elegancia,hacían de la puerta como un imán para quien la observaba…El alumno parado frente a ella,recordó su primer encuentro al lugar…recordaba como el miedo le invadía al saber que cruzaría la puerta..Un sin fin de pensamientos sin parar pasaron por su mente,alertando
de dar marcha atrás,de no cruzar esa puerta que a la vez le envelesava por su magnificencia…sus piernas temblaban de terror.. recordó como el pánico se apoderaba de él,y aún así,abrió la puerta y entró…se dió cuenta que a lo que temía era a él mismo.La puerta solo le reflejó sus más intrínsecos miedos,que una vez decidió pasar,todos desvanecieron….ahora frente a ella de nuevo,se arrodilló,dándole las más humildes Gracias..!!..

SONIA JIMENEZ


ENEMIGA
Deja de mirarme hija de puta.
Mi odio es tan profundo que llega hasta la punta de la raiz mas honda de mi alma.
Estás ahí, noto tu presencia, adherida a mi cuerpo como el aire que sale de mi boca cuando respiro.
No me toques, tu contacto es brasa que me carboniza lenta y constantemente. Es una sanguijuela que roba toda mi esencia y deja mi cuerpo tirado, como un odre vacio de vino.
Aborrezco hasta la nausea, ese ojo unico con el que me miras. Ese ojo fijo y obscuro, negro de odio, cuerno de la abundancia que emana toda tu malignidad.
¡¡¡Esa mueca!!!, retorcida como la raiz del traidor, que se rie de todo el daño con el que me envenenas.
Tu alba apariencia es un sudario que envuelve el cadaver de tu alma, si es que alguna vez la tuviste.
Siento tu respiracion, agitada,como la de un depredador que acecha a su presa.
¡¡¡¡Nó!!!,¡¡¡No te acerques!!!, ¡¡¡Alejate de mí!!!, ¡¡¡¿qué me estás haciendo hija de puta?!!!, ¡¡¡¿porqué estás encima de mí?!!!.
¡¡¡Socorro!!!,¡¡¡que alguien me ayude!!!, ¡¡¡vosotros dos que me mirais!!!, ¡¡¡nó os quedeis ahí parados!!!, ¡¡¡auxilio!!!.
Mis huesos son cristal convertidos en polvo por tu fuerza demoniaca. Por todos y cada uno de mis poros se va mi esencia de vida, que bebes con grotesca gula. Mis ojos vuelan libres al cielo fuera de sus orbitas,como una mariposa sale de su crisálida.
Lo conseguiste, hija de puta. Lo….con….seguis…te.
FIN
Epilogo.
Paciente:Ernesto García López.
Número de historial:118649530.
Causa del fallecimiento:
Debido a su transtorno esquizoide paranóico, de caracter obsesivo conpulsivo, el paciente ha sufrido un sock fatal que ha provocado un infarto de miocardio fulminante e irreversible.
Los dos celadores encargados de esa seccion, acudieron rapidamente a la habitacion de aislamiento, donde se encontraba el fallecido, alarmados por los gritos que éste profería.
Al abrir la puerta, en un rincon de la habitacion, se encontraba en posicion fetal la victima, con el cuerpo rigido, con la mirada puesta fijamente en la puerta. Una puerta blanca.
Debido a la obsesion paranoide del enfermo, sobre las puertas, causa de su ingreso (se le encontró en su casa con un fuerte episodio alucinatorio, con todas las puertas con cuchillos clavados), concluyo que esta ha sido la causa definitiva del óbito.

EMILIANO HEREDIA


TRAS LA PUERTA.
Tras la puerta se escondía un mundo desconocido para mi. Un mundo lleno de palabras, palabras con las que jugar, jugar a encadenarlas para darles el sentimiento que precisa la acción, acción que quiero transmitir, transmitir lo que tengo en mi cabeza, cabeza que no deja de jugar.
Quien me iba a decir que cuando comencé el taller de escritura y decidí cruzarla, descubriría algo tan grande, que sin ser más digno, me haría disfrutar de una nueva afición.
La escritura no es solo escribir. Es escuchar, compartir, conocer gente, reir y porque no, llorar (aunque prefiero que sea de risa).
Aquel día descubrí que tras la puerta había un gran mundo lleno de palabras, y jamás me arrepentiré de haberla atravesado.

ROBERTO MORENO CALVO


No podría decir cuándo comenzó esta obsesión, pero ocupaba la mayor parte de mi tiempo en vigilar una puerta entreabierta. Hace menos de un año, me había mudado al centro, a un edificio a medio traer que se erguía a duras penas al fondo de un pasaje sin salida. El departamento era de esos franceses, con suelos de parquet y doble altura. Tenía un vestíbulo principal y en sus paredes, puertas de madera robusta. Cada puerta tenía un aroma distinto, y una de todas ellas siempre estaba entreabierta.
Arrastré un escritorio macizo, haciendo sonar al suelo con el roce. Tomé una silla plegable, y la puse frente a la puerta para vigilarla.
La mayor parte del tiempo era aburrido, solo se azotaba delicadamente con la brisa del campo. Otras veces las hojas secas se colaban dentro junto a los ladridos de un perro que me despertaban de siestas que no me acordaba que había tomado. A veces el perro olfateaba la puerta y yo me quedaba en silencio, temiendo que entrara, pero al rato se iba y yo le preguntaba a dónde vas, y él se quedaba y con el tiempo Adóndevas me venía a visitar pero nunca entraba.
Hoy era de esos días en donde Adóndevas me acompañaba desde el otro lado de la puerta. Sentía su respiración y su olor a matas de frutillas. Abrí uno de los cajones del escritorio y saqué una pequeño estuche anaranjado. Luego del mismo cajón, una hoja blanca y la doblé en cuatro.
Habían pocos días donde el viento abría la puerta entreabierta y la brisa se colaba por todo el departamento. Se colaba junto al campo recién arado y a vaca recién ordeñada. Junto a la colecta de toda una jornada de uva, a chicha exprimida y vino en la mesa con mantel blanco. En esos días me paraba de la silla y caminaba hasta el borde de la puerta. Me ponía de puntillas y entrecerraba los ojos, para ver un lago de aguas calmas con un pequeño muelle y sentado en su extremo, con los pies rozando el agua: un joven con sombrero de paja. Ese joven con sombrero de paja, nunca se volteaba, nunca se cansaba de estar sentado en ese muelle, solo estaba allí rozando sus pies con el agua. Deseaba sentarme a su lado y preguntarle qué tanto con ese lago, pero lo olvidaba rápidamente y pasaba el día contemplando la pradera de pasto y sus flores amarillas, las casas de un solo piso dispersadas entre lomas ondulantes, y a su gente que arreaba vacas para sacarle la leche y cuando mis ojos volvían al muelle, el joven con sombrero de paja aún seguía sentado con los pies rozando el agua. Pero la noche llegaba y el viento hacía el gesto de cerrar la puerta, pero nunca lo hacía del todo. Siempre dejaba una rendija para que se colaran las hojas y los ladridos y la puerta siempre quedaba entreabierta.
Abrí delicadamente el cierre del estuche con la calma de alguien que espera. En cualquier momento Adóndevas vendría a contarme donde había jugado y cuantas liebres había cazado. Saqué un poco de yerba de una bolsita plástica y la trituré con los dedos sobre la hoja doblada en cuatro, apartando la parte leñosa de la flor y sus hojas. Escuché lo pasos de alguien removiendo las piedras al otro lado de la puerta y su sombra proyectándose contra la luz leve de la luna. Olía a damasco chorreando por la garganta y a bloqueador en una tarde de piscina desnudos bajo el atardecer, a sudor de una mañana de sexo, a cansancio de un partido de fútbol y a rodillas peladas, a tardes enteras viendo televisión entre los pliegues de las sábanas y a té de invierno calentando nuestras manos. Pero a veces todos los olores desaparecían y sólo olía a lluvia. Y ese último olor lo atrapé dentro de mi estuche naranjo y lo guardé junto a mis yerbas.
Saqué el moledor y junto a otras lluvias, hice polvo un poco de yerba. Lo rocié, enrolé y suspiré humo azul cargado de nubes negras y la puerta seguía entreabierta. Miré alrededor. Las paredes eran blancas, todas cerradas, todas de madera, pero solo una entreabierta.
Me levanté de la silla plegable y deslicé el escritorio hacia un costado. Suspiré humo azul y abrí la puerta a mi derecha. Era una habitación que no reconocía, pero olía a culpa, a sexo y desengaño. Entré de puntillas y miré por la ventana para ver un país extranjero. Los edificios encausaban una calle empedrada y la gente, abrigada como para un invierno agresivo, caminaba entumecida. Un sonido en el baño hizo que me apurara, yo no debía saber que estaba allí. Levanté una de sus camisas, y olía a sexo, culpa y desengaño. Me cambié allí, me puse la camisa y un pantalón ajustado, en alguna parte recién la noche comenzaba y cerré la puerta. La habitación volvía a ser blanca y entre las puertas de madera aún estaba esa entreabierta, colándose las lluvias y las hojas y los ladridos.
Me senté en la silla y el viento abrió la puerta. Era de noche en el campo, y el joven con sombrero de paja seguía allí rozando sus pies contra el agua. Me sorprendí, nunca la puerta se abría tan seguido. Me asomé y le grité. El joven con sombrero de paja no me escuchó. Le grité con fuerza y le hice señas con las manos. Nada. Debí correr hacia él. Debí preguntarle por qué se sentaba rozando sus pies con el agua, pero la puerta se entrecerró en mi cara y me aparté.
Decepcionado me apoyé en otra puerta. Esta vibraba con la fuerza de la música. Me recordó el sabor del alcohol y el efecto de mis yerbas y supe que detrás de ella la noche recién comenzaba. Me arreglé el cabello y la barba y comprobé si llevaba condones en el bolsillo. Abrí la puerta y sentí la música golpearme como una ola.
Salí desde una de las cabinas de baño mientras una chica se jalaba una línea frente al espejo. Las luces pintaban todo de azules eléctricos y rojos sangre. Crucé y cerré la puerta tras de mi.
Reconocí a mis amigos apenas llegué a la pista. Bailaban en trance. Como si estuvieran solos. Ignorando a cualquiera que se atreviera a acercarse. Nos abrazamos, besamos y bailamos.
Las vueltas del baile me llevaron a la cama de dos hombres. Uno me besaba el cuello y el otro me desabrochaba el pantalón. Se turnaban para introducirme sus dientes en mi boca. Me llevaron por puertas que no eran mis puertas y me lanzaron sobre una cama dejando su puerta abierta. Me sumergía en sus besos, babas y sudor. Me dejé llevar por sus miembros sobándose en mi pierna y espalda, por sus olores impregnándose en mi piel y por sus barbas recorriendo mi cuerpo como pequeñas descargas eléctricas. Su puerta estaba abierta y mis ojos estaban abiertos y los de ellos estaban cerrados. Al otro lado de la puerta estaba mi vestíbulo con todas sus puertas y la puerta de madera entreabierta. Los aparté de mi piel, de mi sudor y atravesé su puerta y la cerré tras de mi.
Estaba solo, de vuelta en mi vestíbulo.
Busqué entre los cajones desesperado el estuche naranja. Lo abrí y saqué un poco de yerba cargada de lluvias. La puerta entreabierta se abrió de nuevo y el joven con sombrero de paja se encontraba allí, de espaldas con sus pies rozando el agua. Suspiré humo azul y lo llamé a gritos y desesperación desde el marco de la puerta. Y se volteó.
Retrocedí. No se si de susto o de vergüenza, pero retrocedí hasta sentarme en la silla plegable. El joven con sombrero de paja, me miraba a lo lejos mientras acariciaba a Adóndevas y tocaron la puerta a mi espalda. Me volteé exaltado. Era una nueva puerta y a diferencia de todas las demás era de metal. Me acerqué lentamente mientras escuchaba los nudillos estrellarse contra el metal. Quién es, pregunté, pero nadie contestó, sólo el nudillo y el metal. Me devolví a la puerta entreabierta y el hombre con sombrero de paja venía caminando hacia mi dirección. Nudillo y metal nuevamente. Abrí lentamente la cerradura de la puerta de metal. Una mano se filtró desde el exterior y tranqué la puerta con fuerza. Qué quieres, le grité. Me di vuelta y la aseguré haciendo fuerza con mi espalda. Podía ver al joven con sombrero de paja más cerca, más moreno y más barbón de lo que me imaginaba, y sentí que lo conocía, que muy en mi interior sabía quién era. Primero los nudillos y luego el hombro contra el metal. Me botó al suelo y él entró escandalosamente.
Mis ojos se cruzaron con la del joven de sombrero de paja y supe quién era y mi corazón supo quién era y mi piel supo quién era y pareciera como si mi cerebro hubiera sido el último en darse cuenta. Luego el hombre de la puerta de metal pasó frente mío con la mirada perdida. Era yo. Me miré a la cara y me devolví la mirada. Me vi patético en el suelo y me di rabia. Yo iba a acabar con todo esto, pero me rogué que me detuviera, que por ningún motivo estaba listo. No me escuché. Esto había llegado demasiado lejos. Saqué la llave de mi bolsillo, suspiré humo azul y cerré la puerta.

DONALD MCLEOD


«¿CUÁNTAS PUERTAS HAY EN TU CASA?»
-Tío, deberíamos dejar de beber. Cuando lleguen estas dos estaremos pedo.
-Si sólo llevamos un par de ellos.
-Sí, media botella.
-Ya. Bueno…Estoy pensando en algo.
-Tío, ¿tú piensas?
-Sí, de vez en cuando. Mira…¿Cuántas puertas hay en tu casa?
-¿Qué?
-¿Que cuántas puertas hay en tu casa?
-¡Joder! Mierda de pregunta… ¡Yo que sé tío!
-Oye, pareces un poco nervioso, ¿no? Ya hemos hablado de que a ti te va más la pelirroja.
-¿Qué? ¿A qué viene eso otra vez? Vale… Está bien… ¿A qué te refieres sobre las jodidas puertas de mi casa?
-Así me gusta hombre, que charlemos.
-Vete a la…
-La pregunta es…que si tuvieras que quitar una puerta de la casa, ¿cuál quitarías?
-¿Qué mierda de pregunta es esa tío?
-Uff… Te sienta mal beber. Jajaja, beberé otra a tu salud.
-Vale tío…lo que tu digas. Pues…pues…quitaría la de la cocina.
-Bueno…¿sueles hacer fritanga?
-¿Qué?
-Que si haces fritanga, saldrá el olor por toda la casa…
-Joder… ¡Pues no hago fritanga!
-¿Y después? Después, ¿qué puerta quitarías?
-¿Más puertas? Me parto contigo tío…Pues la de la habitación.
-Vale. ¿Podrías dormir con la puerta abierta pegada a tu cara?
-¿Qué? Joder… Me estás volviendo loco.
-¿Y después?
-¿Después qué? ¿Más puertas tengo que quitar? ¡Deja de beber tío! Oye, ¡no me pongas más! ¡Emborráchate tu, gilipollas!
-Vale…Entonces… ¿Cuál sería la última puerta que quitarías de la casa?
-Joder tío…¡Me estás desesperado! A ver si vienen de una vez estas tías y dejas de hablar de las estúpidas puertas. ¡Te responderé por última vez! ¿Vale? La última que quitaría sería la del baño. ¡Joder! No me apetece ver a nadie cagando. Jeje. Oye, ¿adónde vas? ¿Al baño?
-¡Todavía no quites esa puerta tío!
-Joder…

TC CARLOS


Exit
La tarde de fin de año el tiempo me encontraba tirada en el sofá con leggins y calcetines, la mantita de ver pelis y mi bol de palomitas a la mitad, matando esas horas tontas que preceden la antesala del nuevo año.
Cuando el tiempo llamó a mi puerta, pensé que sería alguna vecina pidiendo un huevo para poder terminar su mayonesa del cóctel de marisco a contrarreloj o quizás se trataría de algún invitado despistado que se confundía de casa.
Pero no, allí estaba el tiempo, solemne, con su reloj de arena colgado del cuello y sin pestañear.
De repente mi pasillo se había convertido en un hall frío y solitario de unos cien metros repartidos en losas cuadradas blancas y negras ajedrezadas. Al fondo, tres puertas, exactamente iguales, pero con rótulos distintos: en la de la izquierda se leía pasado, justo en frente de mí, podía leer presente, y a la derecha, el rótulo contenía la palabra futuro.
Cada puerta ofrecía la oportunidad de cambiar cualquier cosa de cualquier periodo de tiempo, teniendo en cuenta las consecuencias que eso acarrearía tanto en adelante, como en el momento actual, como en tiempos ya transcurridos.
Y solo se podía usar una única puerta.
Bajo mis pies, el suelo frío, fui dejando lentamente atrás una losa blanca, una negra, una blanca, una negra, hasta detenerme a unos dos metros de las tres puertas.
«Y bien»-espetó el tiempo tras de mí-«¿hacia dónde se dirigen tus pasos?».

MARÍA JT


La puerta de la libertad
En una tarde como esta, con el sol poniéndose en el horizonte como despidiéndose eternamente de aquel torbellino de ideas y sensaciones que bailoteaban en la confundida mente de Griselda, tras la incertidumbre que trae consigo una decisión de aquella naturaleza…en una tarde como esta, no se sabe de dónde Griselda extrajo el valor, pues siempre se había caracterizado por su extremada sumisión y candidez hacia José. Pero aquella tarde le abrió la puerta de par en par y le dejó volar. Le entregó una maleta con casi tres décadas repletas de ilusiones, esperanzas, amor, pero también desconfianza, traición e irrespeto en el sentido más riguroso de la palabra, casi tres décadas esperando que algún día José hiciera una profunda introspección y pudiera mirarse en el espejo de sí mismo para lograr entender el daño que le provocaban aquellas palabras cargadas de odio y desprecio con las que se dirigía a su mujer, cada vez que perdía los estribos, cosa que hacía con mucha frecuencia, pero no se veía ni las más remota intención de un cambio en aquel ser humano cargado de inseguridades y complejos a los que no se disponía a enfrentar. Griselda había luchado en vano hasta el final, para mantener la relación en buenos términos pero nada de lo que hacía era suficiente- En ocasiones le pedía ser tratada al menos, como a los clientes de su empresa o a sus empleados, con una sonrisa en los labios cuando los saludaba, cómo anhelaba ella ese trato, pero no era posible, parecía que José cambiaba su personalidad al entrar por aquella puerta. Ella muchas veces le llamó a dialogar para expresarle sus sentimientos y su incomodidad pero él no sabía dialogar, se irritaba con mucha facilidad.
Ante aquel ambiente tremendamente tóxico ella por primera vez comenzó a sentir deseos de abrir aquella puerta y dejarle volar, había perdido todo interés hacia su marido y hasta empezó a sentir una dulce atracción hacia otro caballero, soñaba con él por las noches, no se lo podía quitar de la mente, en realidad Griselda no sabía el sentimiento era recíproco, ya que quizá a haber estado sometida por tanto tiempo a tanto desprecio, quizá estaba confundiendo la amabilidad de aquel sujeto, con una verdadera atracción, lo cierto es que la duda no importaba mucho, porque ella se sentía feliz con ese sentimiento. Por otro lado José, salía todos los fines de semana a algún bar con el timo de ir a comer, pero a ella eso no le importaba en lo más mínimo. Hacía muchos años que ya eso dejó de importarle, no le molestaba en cuanto ella tenía la esperanza que ahí conocería a alguna dama y al fin le vería salir por aquella puerta, pero no fue así como ocurrió la definitiva ruptura de aquel lazo que hacía casi tres décadas que los tenía atados.
Solo bastó un simple saludo de un desconocido en las redes sociales que le hizo un respetuoso comentario a una foto que Griselda subió que versaba literalmente así: “con todo respeto, es usted una dama muy bella”, eso fue suficiente para que José explotara como un cavernícola sin control. Sacó su arsenal de epítetos despreciables y vulgares, para referirse a Griselda, ella no concebía de donde sacaba palabras tan ofensivas y crudas para referirse a ella, siendo una de las más blandas “ prostituta” ( con el debido respeto que se le debe a una prostituta) y de ahí en adelante todo las peores ofensas que se le puede hacer a una mujer, además de reiterarle en repetidas ocasiones que se tenía que “ largar de la casa”. Ahí en ese preciso momento Griselda, al fin tomó la decisión de abrirle la puerta para que se marchara, al fin experimentaría la paz que tanto anhelaba, estaba segura que un día la puerta de su corazón se abriría para darle una segunda oportunidad al amor, quizá ya se la había abierto aun sin darse cuenta.

YAMILETH NÚÑEZ


Mis puertas hace mucho que no existen. De roble, pino, cerezo, o las mejores de todas, las de haya (y más caras, por supuesto) Desaparecieron cuando menos lo esperaba. Cada vez que cogía el pomo de una de éllas, se desintegraba, o encontraba una llave en el bombín, intentaba dar la vuelta a la llave, para abrirla, pero, o cada vez la cerraba más, o también se desintegraba.
¿Me habré vuelto invisible? ¿O estoy en otro planeta? No entiendo nada.
Quizás estoy durmiendo….., aunque si leo y escribo, ¿debo estar despierta, no?
Nunca he soñado leer o escribir, pero todo indica que estoy flotando, viendome desde el aire, o estoy cuerda completamente, leyendo mucho y escribiendo poco. Y, la verdad, creo que sí, que estoy volviéndome loca, sería lo más probable.
La puerta está cerrada. Pone un cartel de SALIDA, pero no mola. Ya la abrirá cualquier otra persona. Esperaré a ver que pasa. Me sentaré en un banco del parque a esperar. Prefiero las puertas abiertas, tengo claustrofobia. Quizás también por éso deliro o sueño, no sé, pero no me apetecen las pesadillas. Prefiero quedarme como estoy, claustrofóbica, pero con las puertas abiertas, para estar más tranquila.
Puede que incluso me compre una casa sin puertas, sólo cortinas.

LA XICUELA DE CORRIOL BENLLOCH


EQUIVOCANDO PUERTAS
LLEGUE AL LUGAR DE DESTINO SIN GANAS DE IR, CON UN ANDAR PAUSADO CON LOS PIES ARRASTRANDO, COMO QUIEN NO QUIERE LA COSA. PERO HAY QUE SINCERARNOS Y SABER QUE LAS COSAS HAY QUE TOMARSELAS CON RESPONSABILIDAD Y REALIZARLAS AUNQUE NOS FASTIDIEMOS.
EL DICHO DICE NO DEJES PARA MAÑANA LO QUE PUEDES HACER HOY, PORQUE LA VIDA PODRIA SORPRENDERTE DE MANERAS MISTERIOSAS.
ASI QUE LLEGUE, MAL O BIEN , ESTABA ALLI.
HABIA UNA COLA ENORME Y YO ECHABA FUEGO DE MIS ORIFICIOA NASALES, TRINABA Y BUFABA COMO UN LOCO. ES CLARO QUE NO ME AGRADA ESPERAR ¿NO?. PUES BIEN REFUNFUÑE Y MALDIJE NETRECERRANDO LA BOCA
LA SEÑORA QUE AGUARDABA DELANTE MIO ME MIRO CON CARA RARA, EXTRAÑANDOLES MIS FACHAS. NO ERA UN LUJO MI VESTIMENTA PERO TAMPOCO ESTABA VESTIDO COMO UN LINYERA. A MI EDAD YA NO ME IMPORTABAN LAS APARIENCIAS.
LA MUJER VOLTEA Y CON UNA LENGUA SAGAZ Y BIPEDA ME ESPETA SIN ANESTECIA, SIN EL MINIMO DECORO POR NO CONOCERME. ¿OIGA, NO LE DA VERGUENZA SALIR ASI POR LA VIDA?
LA MIRE CON LOS OJOS ENTRECERRADOS COMO QUISIENDOLA ESCANEAR Y LE RESPONDI CON CIERTO SARCASMO… PUES FIJESE QUE NO, SINO NO SALDRIA DE ESTA MANERA, ¿NO LE PARECE?.
LA SEÑORA CALLO, HIZO UNA MUECA DE ASCO Y VOLVIO A MIRAR PARA ADELANTE.
ENTRE TANTO BARUYO, LA COLA HABIA AVANZADO BASTANTE, SE PODIA VISLUMBRAR LA PUERTA DESDE DONDE ESTABA PARADO. AUN ASI ESO NO CALMABA MI FASTIDIO.
SUSPIRE Y PRENDI UN CIGARRILLO PARA DISTRAERME UN POCO.
EN VERDAD NO HACIA MUCHO QUE ESPERABA EN LA FILA PERO PARA MI SONABA COMO UNA ETERNIDAD.
DE PRONTO OBSERVO QUE LA PUERTA SE ABRE Y DE SU INTERIOR SE ASOMA UNA PERSONA FINAMENTE VESTIDA DE BLANCO QUE LE DA CIERTAS INDICACIONES AL HOMBRE DE SEGURIDAD, ESTE POR LO PRONTO ASIENTE CON SU CABEZA.
ENTONCES LA FILA COMIENZA A MOVERSE APRESURADAMENTE.
EL GUARDA CAMINA POR EL COSTADO DE LA MULTITUD GRITANDO QUE TODOS TENGAMOS LA CREDENCIAL EN LAS MANOS.
YO VUELVO A BUFAR DE CANSANCIO Y HASTIO.
!POR FIN¡, MI TURNO LLEGO. EL GUARDIA ME HACE UN GESTO CON LA MANO PARA QUE ME ACERQUE HACIA EL.
LE DOY LA CREDENCIAL. ME MIRA, LO MIRO, MIRA MI CREDENCIAL, MIRA LA LISTA QUE ALLI TENIA CON LOS INSCRIPTOS Y ME VUELVE A MIRAR.
EL GUARDIA ME DICE SOCARRONAMENTE…
«OIGA RAMIREZ, SE HA EQUIVICADO DE PUERTA,BUEN HOMBRE», USTED DEBE IR A LA LA DE ABAJO. ESTA ES LA PUERTA AL PARAISO …

FLAVIO MURACA


Tras esa puerta ,seguro,habrá algo bueno. Tras esa puerta encontraré lo que me salve. Tras la puerta estará la solución a todas mis penas. O quizás tras la puerta solo estaré de nuevo yo, sacando de mi sonrisa la fuerza para traspasar puerta tras puerta.

LOLY BÁRCENA


Tras las puertas del infierno
Sin cerradura ,sin apenas puerta… habitan en un mundo tan peculiar como peligroso.
Seres desprotegidos que hacen de su rutina un traficar… degradando su vida.
Son varias las causas que les mantiene en un mundo sin forma, para darse con el miedo en los portales de un hogar donde todo hace sombra.
Son tantos los que viven tras las puertas sin cerrojo ,sin abrigo con los demonios de una vida a la que se pone nombre sin cesar. Nadie entra de visita,se habla sin propiedad de un mundo desconocido imposibles de explicar.
De un camino donde se pasea pero nadie para a saludar.
¿Como llegar a comprender? ¡No puede transmitir confianza un estomago sin alimento,sin calor y sin hogar… tras las puertas del infierno .
No da la confianza, ni mantiene vivo el entusiasmo que se pueda ofrecer en cualquier hogar tradicional con el calor del hogar y el alimento …
Hay que entrar a camino para saber los pasos de cualquier ser en movimiento.
Puertas sin cerradura en un mundo al descubierto.

MARIAN MOYA VALERO


Cambio de año dejando olvidado lo negativo y quedarnos con lo bueno en el recuerdo. Y ahora como no podemos «poner puertas al campo» tenemos que saber mantener la meta personal que nos marquemos y cerrar nuestra pequeña puerta a lo que no queramos que entre en nuestra vida. Y abrirla para que pase lo auténtico, para no ser indiferentes ante el dolor de los demás, para regalar momentos, para los sueños, y para que la luz entre por la puerta e ilumine nuestra senda…

MARÍA RUBIO OCHOA


Tantas veces , soñaba con traspasar esa puerta que durante 6 años fue testigo de mi sufrimiento y maltrató de quien yo creía amar , con sus maltratos ,con sus indiferencias ,yo su aplicaba en silenció una y otra vez poder atravesar esa puerta y no volver jamas.
Al fin lo decidí temblando de miedo e insegura de que sigue ahora.
Pero lentamente fui abriendo esa puerta , sin voltear Asia tras.
Por que tenia miedo de no poder serrarla , pero ahora 5 años después se que jamas volveré a abrir esa puerta.

ELSA TORRES


 

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12 comentarios en «Puertas»

  1. Vale, a ver: un cuarto para carmen pasca , porque por fin puedo leerla, un cuarto para Karlos con k por imaginativo, un cuarto para Roberto por incluirme en el relato y por último para tc. Por graciosillo.
    Esto vale?? Y porque no se dividir más que sinooo!!!

    Responder

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