La rivalidad

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema de la rivalidad. Este ha sido el relato ganador:

Sin Batería.

10% de batería y lo único que quiero es hablarte.

Juro que mi intención era hacerlo como en las películas, donde el protagonista se va en silencio, pero ambos sabemos que de protagonista no tengo nada. Explicarte las razones del porqué hago todo esto, de por qué estoy atrincherado en nuestra casa, y de porqué la prendí en llamas, no es algo que pueda hacer con tan poca batería. Pero aquí voy.

Iba a ocupar este poco tiempo en despedirme. En llamar a mi papá y decirle que le agradezco todo lo que ha hecho por mí y mensajearle a Gustavo para que sepa que si estoy haciendo esto, no es por desesperación, sino por amor. Pero llegué a tu foto de contacto antes. Esa que no te gusta, en la que sales con una sonrisa honesta que desbarata toda la fachada intimidante que te has construido durante tantos años.

8% de batería. Ahora debería apretar enviar, pero creo que debo escribir esto de corrido para no arrepentirme. No quiero que me respondas de vuelta y me quiebres de la forma que estás tan acostumbrado. Ese debería ser tu poder, el don del habla para dominarme a tu voluntad. Pero prender tu cuerpo en fuego era demasiado más efectivo. Verte en las noticias, al hombre rojo desbaratando carteles de droga y luchando contra la mafia, siempre me provocó fascinación. Cada día salía una nueva noticia tuya, donde sin importar la dificultad, salías victorioso. Y por primera vez, me hiciste creer que un hombre podría purificar esta sociedad corrupta. Yo veía tu fuego como la inquisición de los débiles, de los justos.

5% de batería. No escucho la sirena aullar, sólo el crepitar de las llamas, y a veces, mucho silencio. Te gustaría este silencio. Me recuerda a nuestra primera cita. El planetario era muy silencioso como para hablar y perfecto para no hablar de lo que hacías. Nunca pensé que aquel día mi vida cambiaría de la forma en que lo hizo. Tenías un aura misteriosa, un trabajo importante para el gobierno, y durante tu tiempo libre, me amabas como nunca nadie me había amado antes. No fue hasta luego de dos años, que me revelaste este secreto y allí entendí cuánto de verdad yo te amaba, como para no salir corriendo. Ningún amante de superhéroe quedaba vivo al final de la película y eso lo tenía muy claro.

3% de batería. Mierda. El calor se está volviendo insoportable, perdón si ya no soy tan coherente.
Al final tenías razón, si me acercaba demasiado me quemaría. Siento el fuego de la impotencia quemando cada palabra que sale de mi boca, no solo son las llamas las que me duelen, sino es verte ahora así: preso de tu amor incondicional. Me quema tu amor y tu presencia en la casa cada noche. Me carcome la conciencia pensar que ya no luchas, que ya no haces este país más justo, que no te sacrificas por un mundo mejor. Me hierve tu cobardía.

Dices que me amas y por eso no quieres perderme. Que te aterra no volver. Que nada vale la pena si ya no me tuvieras y que no te importaría si no estuviéramos juntos, que tu sólo querías verme a salvo y feliz.
¡Puras excusas!
Fuiste víctima de tu deformación profesional, tu necesidad de sacrificio llegó a lo doméstico. Le diste la espalda a lo que te definía para no perderme. Y el tiempo te desdibujó, terminando por deshacerte.

Te lo digo ahora, para que nunca más hayan dudas. Yo me enamoré del superhéroe. Del misterioso. Del fuerte. Del hombre que se prende en fuego y puede quemarte. Me enamoré del rojo.
Ahora no puedo darte la espalda, no puedo darle la espalda a la inquisición. En algún momento comprendí que debía dejar de ser la víctima y ser el héroe.

Tengo miedo, y ahora entiendo por lo que pasabas cada noche.

1% y todo hierve. No respiro, pero te siento. Siento tu calor abrasándome, tu cuerpo envolviéndome. Mi piel te acepta, esto es lo más cercano que estaré de tu verdadera naturaleza. La ropa nos estorba y se deshace a tu tacto. La piel nos sobra, burbujea y se evapora. El perfume a pelo quemado, nos embriaga. Siento mis palmas pegadas al móvil y mi sonrisa carbonizada. Mi carne se contorsiona, se dobla y danza al ritmo de tu vaivén. Un beso caliente. Un orgasmo de fuego.
Ya no siento nada, solo escucho el crepitar de las llamas, tú estás desnudo a mi lado y todo es rojo fuego.

DONALD MACLEOD

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Otra vez, el reloj.

Otra vez mirando al viento, otra vez con el reloj a mi lado, otra vez con el abismo frente a mí y las maletas sin hacer, otra vez el reloj a mi lado acechando mis suspiros, persiguiendo mis pupilas, pisando mi sombra, doliéndome, disfrutándolo, otra vez la misma situación. Un aparato desalmado estrechándome la mano y yo, yo tan desatento y desperdiciado, siguiendo sus manijas, pisando sus huellas, quedándome atrás, ¿Cómo puede alimentarme y a la vez dejarme desahuciado? ¿Cómo puede no mirarme mas clavarme su atención? ¿Cómo puedo yo ignorarlo y temerle cada vez?

Otra vez la misma situación, un papel en mi mano izquierda y un bolígrafo en la derecha, la maldita música de cada año sonando en el parlante y no puede faltar, el borracho de siempre abrazando a la familia. Intento, cada vez vencer al tiempo arrugando el papel, pero el tiempo es un fantasma que nos reta a saltar.
—Escribe tu futuro— me dice, de inmediato.—Diles que este año si vas a publicar el libro, vas a comenzar a ahorrar y vas a hablarle a esa chica que te gusta de hace rato. Promete que, como tu bien sabes, yo estoy de tu lado, promete, que, por norma, yo me muevo junto a ti.

Escribo en el papel y planeo mi futuro, o tiro el lapicero y me encierro en el baño mientras los demás cuentan campanadas. Sea como sea, cómo se puede confiar en algo que nunca duerme. Cómo puedo hacer las paces con un rival eterno y traicionero. Cómo puedo no rivalizar.

CAMILO DELGADO


Rivales el tiempo y yo..
Lloró por la distancia ,lloró por tu adiós ,
Lloró por que no te veré mas ; por que no estaremos juntos quizás.
Es el tiempo que me aleja de ti , es el tiempo que sanará mi corazón, es el que me enseñará a vivir sin ti.

ELSA TORRES


Que hace rivales a los seres queridos?
La ignorancia es un buen motivo.
No entender que hay más en pérdidas que en ganancias..
No hay balance cuando lo que el ajuste son las lágrimas.
Dar paso a trámites sin valores emocionales… mandando los materiales.
Sin más color que el fraude empeñado en salir airoso con daltónicas tonalidades.
Se marchan los que inician los trámites …dejando un lastre de dolor,amargura y sin cauce.
Nadie sabe nada de leyes aplicables, sólo se paran ante herencias por las que pierden lo inimaginable.
Un mundo de todos y de nadie…
Más que heredar se muere el amor de quien inicio una familia y dejo herencia sin pensar …
La vida tiene un sentido, (el respeto a tus seres queridos)

MARIAN MOYA VALERO


BLANCO Y NEGRO, ¿POR QUÉ NO?

El blanco y negro no son sólo rivales en mi armario.

Lo veía negro cuando tenía que hechar a la otra persona de mi lado, ya todo pasó. Escribimos nuestras vidas con letras negras que no valen nada sin el fondo blanco de la página.

Estoy enamorado, me siento como en una nube en pleno día. No quiero pensar que algún día pueda llegar la noche y lo inunde todo de negro. Ahora sólo pienso en casarme tú de blanco y yo de negro y después fundirnos en un gris medio.

Ahora bien, ¿Qué me pongo para esta noche? ¿La camisa blanca o la negra? La blanca, seguro que tu vas con el vestido negro que es tan elegante.

ROBERTO MORENO


Rivalicé una vez, a los dieciocho años. Una heavy de la zona iba detrás de mi novio y como a esa edad todavía no sabía que la gente es libre para hacer lo que le plazca y además era rubia (ella), la enganché un sábado por la noche en la puerta de un garito y nos pegamos. O más bien nos tiramos de los pelos hasta que unos muchachos nos separaron. Aquello no tuvo consecuencias, salvo la pérdida de un par de mechones de cabello y estimulantes descargas de adrenalina cuando coincidíamos en los bares. El trofeo, es decir, el novio, resultó ser un soseras y un petardo, como buena parte de los objetivos por los que competimos las personas, cuando los analizamos desde una perspectiva diferente o a través del paso del tiempo. Ganar, perder, qué absurdo, a todos nos toca un poco de cada.

JEZABEL MONTENEGRO


No sé en qué momento nos convertimos en lo que ahora somos? rivales.
No se cuándo ni por qué.
Porque ayer eramos cómplices.
De esos que casi hacen vomitar.
Teníamos tantas ganas de amar…
Tantas ganas de todo… y ahora …por no tener…. ya no tengo ganas ni de odiarte.
Yo vivía en tus pupilas, y sudaba por los poros de tu piel.
Tú vivías en cada uno de mis escalofríos. …
Y pensándolo bien…. no era complicidad… lo que era .. era un mentira y una mierda.
Tú hablas por mí… ¿por qué?
Opinas por mí… ¿Acaso tus opiniones son mejores que las mías?
Yo fingía disfrutar con tus cosas y me aburren soberanamente.
Gastamos mucho en aparentar que nos queremos y nos desgastamos.
Ahora invertimos nuestra bilis en intentar quedar por encima del otro.
No nos hemos querido nunca bien.
Y yo no tengo ganas de seguir muriendo por ti.
Antes pensaba que la frase era preciosa …»me muero por ti».. hoy sé que lo que hago es pudrirme.
Me niego a continuar dentro de esta competición de mierda. Si no somos compañeros lo que no quiero es que seamos rivales.
Nunca fue conmigo lo de «lo importante es participar», a mí no me gusta perder. Y a tu lado me estoy perdiendo la vida.
Ahí te quedas.
Gano yo.

ÁNGELA FLORES


LOS GITANOS
Érase una vez…(porque todos los cuentos empiezan así, si nó, no sería un cuento), que había un pueblo que se llamaba (y creo que se sigue llamando así), Val de chopos.
Era un pueblo, normal, tirando a soso.
Tenía una iglesia como todos los pueblos que se quieran llamar pueblo, con un cura dentro y todo (si nó, no sería iglesia), que daba misa los Domingos y fiestas de guardar, y jugaba al tute con los parroquianos después de comer, fumando un pitillo, y una copita de aguardiente (medicinal, según su criterio) al lado.
La plaza mayor (la única, porque no había otra), se llamaba, como no podía ser de otra forma, Plaza de España. Una plaza cuadrada soportolada, con un enorme chopo viejísimo (dice el Nicasio, el más viejo del pueblo, que antes que el pueblo, ya estaba el chopo), rodeado en todo su perímetro, de una bancada circular, donde los viejos del pueblo, sestean como lagartos, y se mueven como girasoles según se mueve el sol.
A un lado de la plaza, se encuentra el edificio encalado del ayuntamiento, con un balcón para que el alcalde salga en las fiestas mayores, para tomar el sol, o para lo que le venga en gana.
Con una bandera de España, y otra del municipio (también sosa, una bandera azul cielo, con el chopo que hemos mencionado antes, en todo el centro).
Era el edificio del consistorio, un edificio multifuncional. Estaba el cuartel de la guardia civil, con dos números (así se llaman entre ellos), uno, como no podía ser de otra forma, gordo y con bigote, de carácter manso, y otro, delgado como vara de avellano y con carácter de vinagre.
También, estaba el consultorio médico. Don Lucas, era en tiempos, un joven médico recién salido de la universidad de la capital, y fue al pueblo, en calidad de sustituto, por la muerte del anterior titular de la plaza, don Raimundo (los médicos no se jubilan en los pueblos, se mueren). Pero, éte aquí, que por cariño al pueblo y su gente, por amor a una paisana (la maría, hija menor del molinero) con la que, tras años de noviazgo serio y formal, llegó a casarse. Por huir de la capital, o vaya a saber si por todas las razones anteriores, llegó a ocupar plaza fija y se quedó, incrustado en la vida del pueblo, como el musgo en la bancada circular que rodeaba al chopo.
El colegio del pueblo, daba al otro lado del pueblo. Era un vetusto, viejo y blasonado edificio del tiempo de la mari castaña, que perteneció a no sé qué conde, que murió, de viejo y más solo que una amapola en un cardal, sin más herederos que los ratones, las polillas, y un gato atigrado, tan oxidado como el color de su pelaje.
Solo había una sola profesora, que reunía a unos cuarenta y tantos niños (no había más niños en el pueblo), de diferentes edades, en el antiguo salón de baile, de la casona.

Era, un aula particular. Tenía un techo destartalado, desconchado, sucio y gris de hollín, donde, aún, se distinguían algunas pinturas pintadas al fresco, de angelitos revoloteando, de faunos, y racimos de uvas que colgaban (la profesora, que de esto entendía un rato, aseguraba que era obra de un tal Sorolla o no sé quién). Y a lo mejor, era la única aula del mundo, que tenía chimenea, que en los días fríos, calentaba la estancia. Era una chimenea antigua, de mármol de no sé qué de Carrara, con un busto de bronce de un tal Platón (de esto, también, entendía un rato largo la profesora).
La profesora se llamaba Rosa, una cuarentona, que, al igual que don Lucas, salió de la universidad, con nota insuficiente para ejercer en la capital, pero la justa para hacer méritos en el pueblo, y conseguir puntos para acceder a un mejor puesto. Sustituía a don Edmundo, el anterior profesor (los profesores de los pueblos, también se mueren, como los médicos, como los curas, los alcaldes, los guardiaciviles, u otro elemento vital en el funcionamiento administrativo del consistorio, como Liborio, el cartero, o Damián, el pregonero). Y como don Lucas, también se quedó, pero a día de hoy, no se saben las razones (las malas lenguas de las cotillas del pueblo, dicen que sufre mal de amores, por culpa de la Rosario, hija del boticario, que tuvieron noviazgo, el padre lo descubrió, y envió a la Rosario a la capital).
Tenía una habilidad innata para manejar a los niños (vocación de maestra, decía ella que era). Emparejaba a los chiquitines, con algún mayor, para que éste, le ayudara a hacer los torpes palotes sobre la planilla, y los pequeños, con los mayores del todo, para que les explicaran los temas. Y ella, ayudaba, y enseñaba a todos a la vez, revoloteando por entre los pupitres, como una mariposa, envuelta en una rebeca roja, ajada del uso, que nunca abandonaba, ni se quitaba ningún día del año.
Una vez descrito el pueblo, en líneas generales, nunca pasaba nada, salvo alguna discusión entre la Tomasa, y la Ramona, por el mejor sitio para poner el badil a la orilla del rio, o entre el cura, don Pablo, y Nicanor, por presuntas trampas, o alguna pedrada aislada entre chiquillos, a la salida del colegio. Era un pueblo, como ya hemos dicho, normal, tirando a soso.
Hasta que, un día caluroso, de comienzos de Junio, un suceso inesperado, alteró la vida normal del pueblo.
En la lontananza, una nube de polvo, como una nube de tormenta, no anunciaba nada bueno.
Una caravana de cinco grandes furgones, atestados de enseres en las bacas sujetos por correas y tapados con lonas azules, bajó el camino al río, hicieron un círculo, y acamparon.
Las mujeres que allí se encontraban baldeando la ropa, vieron la maniobra, se hicieron cruces, cuando, cinco familias de gitanos, cobrizos con el pelo negro y ensortijado, con mujeres orondas con mandil, bajando a toda una reata de niños movidos como rabo de lagartija, bajaron de los grandes furgones, con el polvo del camino, y el cansancio pegados al cuerpo.

¡Gitanos!,!gitanos!, gritaban las comadres, como si tuvieran azogue en el cuerpo, subiendo a escape la cuesta que llevaba al pueblo.
Los gitanos, se miraron entre sí, y se encogieron de hombros, con una mueca de asombro en sus caras, como dando a entender, de que no entendían nada.
La noticia, corrió como trueno que sique al relámpago. La gente, salió de sus casas, se dirigió con una llamada invisible, a la plaza, y se reunieron bajo el centenario chopo.
El alcalde, don Severo, con los números de la guardia civil, flanqueándole, intentaba poner calma. Las mujeres que subieron la cuesta del rio, con el resuello agotado, explicaban torpemente y atropelladamente, que unos gitanos habían acampado en el rio. La gente del pueblo, se arremolinaban entorno a ellas, para escuchar mejor, haciendo mil preguntas a la vez. Al fondo, unos chiquitines, berreaban, ya por el calor, ya por el follón que se había montado.
-¡!!A ver!!!, ¡!!Silencio!!!, -ni caso- ¡!!!!Que os calléis coño!!!! –Grita, desgañitándose la garganta-
Se hace un silencio expectante. Los viejos, sentados, en la bancada circular del chopo, se lo están pasando pipa. Hacia años, que no veían un espectáculo tan interesante, por lo menos, desde que un buhonero, charlatán, vendía frascos de un jarabe milagroso, que curaba mil y unas enfermedades, desde el dolor de muelas, hasta un ataque de gota. Cuando se descubrió que era simple agua de regaliz, mezclado con ginebra barata, le dieron caza, cuando huía del pueblo, le llevaron a la plaza y, después de raparlo al cero, le zurraron la badana, y le dejaron ir, no sin antes, tirar todos los frascos, y recuperar el dinero estafado.
-¡A ver, Tomasa!, ¡qué coño pasa con tanto grito y tanto escándalo! – don Severo, como su propio nombre indica, era un hombre afable que, cuando sacaba el genio, era más temible que un burro te diera una coz-.
-¡uf!, -todavía no acababa de reponerse el resuello- mire, unos gitanos, han acampado en la orilla del río! tienen una pinta de ladrones que asusta!, díselo, Ramona –mira a su compañera.
-¡qué miedo señor alcalde!, – responde Ramona, llevándose las manos a la cara-, han bajado de cinco furgones blancos, los hombres con unos bastones que asustan, y las mujeres, con un cuchillo atado al mandil, ¡nos van a robar todo!
El murmullo, se acrecienta entre la multitud que escucha atentamente, hasta que vuelve a surgir la algarabía del principio.
-¡!!!sileeeeeennnnciooooo!!!!. –Esta vez, el grito del alcalde, resuena por toda la plaza- voy a ir ahora mismo, con los números, al río, a inspeccionar, esperaros aquí, ¡y que nadie me siga, al que se una a la comitiva, le mando al cuartelillo!.
La gente, en silencio, hace corrillos, murmurando, mientras se aleja don Severo, con los números de la guardiacivil. De vez en cuando, alguna frase, alguna palabra suelta, se escapa.

Roban gallinas…., cerrar puertas y ventanas…., cuartelillo….
El alcalde, con la compañía de los dos números, se acerca al improvisado campamento de los gitanos. El más viejo de ellos, el patriarca, se levanta. Es un gitano bigotón, con un bastón tachonado, y con borla aflecada, con piel de cabra. Traje viejo, pero elegante, y sombrero, como buen gitano, impecablemente puesto.
Están almorzando. Las gitanas, están dando de comer a los chiquillos, mientras los hombres, comen aparte, un plato de migas recién hechas.
-A la paz de Dios –el patriarca le ofrece la mano-
-A la paz de Dios- responde don Severo, apretándole la mano. No ve cuchillos en los mandiles de las gitanas, ni enormes garrotes en los hombres. Solo, cinco familias, que comen a la sombra de los chopos, y al frescor del rio-. Verá…-prosigue el alcalde-, en el pueblo, se ha formado cierto revuelo, por su llegada, y bueno, no voy a andarme con rodeos, este es un pueblo tranquilo y no queremos problemas, ¿entiende?, en fin, que no son bienvenidos. Le agradecería, que en cuanto coman, recojan sus cosas, y se marchen por donde han venido.
-entiendo –responde el patriarca- pero eso no va a poder ser.
-¿por qué razón? –pregunta Fermín, el número, gordo y bigotudo-
-Verán tenemos una mujer, a punto de alumbrar un churumbel, y no tenemos más remedio que quedarnos aquí, hasta que para, no serán más de dos, tres semanas máximo
Don severo, se mesa la barbilla con la mano, y reflexiona. Después de unos instantes pensando, dice:
-Bueno, en ese caso, tienen permiso, pero ¡ojo!, cuidado con lo que hacen, estaremos pendientes de lo que hacen, estaremos vigilantes.
-¡les vigilaremos! –Amenaza con gesto ceñudo y osco, Paco, el número más delgado-
-Tienen mi palabra, como me llamo Antonio Heredia Vargas, de que ninguno de nosotros, les va a causar perjuicio alguno –se escupe en la mano, y se la ofrece a don Severo que, con recelo, y un poco de asco, la estrecha-
Pasaron los días, y la gente, como un avispero, a punto de reventar, estaba agitada, nerviosa, y las habladurías, iban de boca en boca, se hacía vigilia, enfrente de los gallineros, con la escopeta con postas de sal. Las viejas, ponían cruces de laurel en las puertas, para protegerse.
Los niños, iban a espiar a los gitanos. Los más atrevidos, lanzaban alguna piedra, y los gitanillos, proferían mil improperios, pero no actuaban, no respondían al ataque, porque la palabra del patriarca era ley.

Hasta que estalló la tormenta. A la segunda semana de establecerse los gitanos, desaparecieron cuatro gallinas, y habían abierto la jaula de codornices del tío Nicolás, y tres conejos de la Blasa, habían desaparecido de su corral.
Se hizo concejo urgente, para analizar la situación y tomar medidas. La gente del pueblo, vociferaba, rabiaba y pataleaba, y por más que Don Severo, y los números, juraban y perjuraban de que en todos los días que habían bajado al campamento (era una medida que habían acordado tomar entre los tres, para ver si el patriarca, cumplía su palabra, y de paso, tomarse algún vino), no habían observado nada raro, no fue suficiente, para impedir, que la turba bajara al campamento.
¡ladrones!, ¡asesinos!, ¡gentuza!. Los hombres gitanos, desafiantes, fueron a repeler el ataque furibundo de la gente del pueblo, pero una orden enérgica del patriarca, les detuvo, como un muro de hormigón detiene a una locomotora.
Miradas de fuego, de odio, de rabia, de incomprensión. Rivales eternos frente a frente. Silencio tenso.
-¡alto!, ¡aquí no ha pasado nada!, -vocifera Fermín-
-¡aquí nadie va a hacer nada!- replica, fusil en mano, Paco, –
-Don Severo, ¿Qué está pasando aquí? –Pregunta el patriarca al alcalde-
-Verá, don Antonio, resulta que han desaparecido unas gallinas, unas codornices y unos conejos del pueblo….y, nó me malinterprete, esto nunca ha sucedido en este pueblo, y basta que hayan venido ustedes, y de repente, ocurre, no sé qué decirle, lo siento en el alma, pero esta noche, tienen que irse –lo dice, con gesto compungido, bajando la cabeza, abriendo los brazos-.
-¡Nó!, esta noche, nó, nos vamos ahora mismo, no queremos estar donde no se nos quiere –hace una orden a los hombres, y a las mujeres, para que recojan- ¡y escuchen bien todos!, ¡Antonio Heredia Vargas nunca falta a su palabra!- declama, dirigiéndose a la muchedumbre-, ¡ninguno de nosotros, ha robado nada de ustedes!, ¡palabra de gitano!.
Se da la vuelta. Y se monta en el primer furgón de la caravana. Los gitanos, están empacando en las bacas las últimas cosas, para atarlas, e irse. El cielo, negro como tizón, amenaza tormenta de las gordas, y los primeros goterones, grandes como puños, y fríos como como hielo, empiezan a caer. La gente, sale corriendo a sus casas, a la vez que el último de los furgones arranca y, algún rezagado, le lanza una piedra, que pega en la chapa, gritando a la vez, ¡sinvergüenzas!, ¡ladrones!.
A la vez que la figura del ultimo furgón, desaparece en lontananza, el cielo se parte en dos, y un rayo como una espada de fuego celestial, justiciera, fulmina la rama más gorda del chopo centenario de la plaza.

Una cortina furibunda de agua, cae sobre las calles, y de confusión y vergüenza sobre las conciencias de los habitantes del pueblo.
Y ocurrió la desgracia. El caz del molino, taponado por una pared caída de sus ruinas, se desborda, y arrasa el pueblo con fiera fuerza. La torrentera, inunda todo, con ramas, maleza muerta, limo acumulado del caz, y diversos restos.
-¡!!mi hijo!!!,!!!mi hijo!!!,
El grito desgarrador de una madre, se alza sobre el apocalipsis que se ha formado. Su hijo, que venía de buscar moras, la torrentera le ha atrapado en la mitad del camino, está aterido, agarrado con exiguas fuerzas, a un frágil poste de teléfono, que cada vez más, amenaza con caerse. Los hombres del pueblo, impotentes, observan la inevitable desgracia que va a ocurrir cuando, de la nada, un silbido, corta el aire, y una sombra, lanza una correa al otro lado de la torrentera, que otra sombra recoge. ¡los gitanos!. Como un solo hombre, cinco gitanos, con el patriarca a la cabeza, han acudido al rescate del niño.
Tensan la correa, unos a un lado, otros al otro, y un gitanillo, ágil como una ardilla, se acerca al niño, justo en que el poste cede, y le amarra una soga a la cintura, que llevaba enrollada al torso. Poco a poco, lo lleva a la orilla.
La madre, acoge en su regazo, al aterrado hijo. Que tiembla de frío y miedo.
La lluvia torrencial ha cesado, y deja paso a una débil llovizna, que empapa a la gente está reunida. Aparecen los gitanos, y el padre del niño, se funde en un abrazo de hombre con el patriarca, y mirándole a los ojos, no para de darle las gracias.
-Vimos, desde el alto, como la torrentera, iba derecha al pueblo, y nos dimos la vuelta, para avisarles, pero era tarde- dice el patriarca-, y les tragó de pleno, y fue, cuando mi hijo, aquí presente, vio al niño atrapado en la riada, y no lo pensamos, fuimos a ayudar.
-Verá, no sabríamos como agradecerle –empieza a hablar, avergonzado, don Severo-, por favor, discúlpenos, hemos sido unos idiotas…
-No hay que perdonar nada –responde el patriarca, poniéndole una mano sobre el hombro de don Severo-, si acaso, nosotros, por haberles causado molestias, al venir, pero, ya nos vamos.
-¡no, de ninguna forma!, ¡ustedes se quedan!, y no me equivoco, si digo que todos –dirige la mirada a la gente del pueblo-, todos, estarían de acuerdo en que ustedes se quedaran-todos asienten con la cabeza-
-Gracias, de corazón-responde el patriarca, mirando a los ojos a don Severo-

Pasaron las semanas, y el verano. Los gitanos, restauraron el viejo molino y limpiaron el caz, con ayuda de todo el pueblo y se quedaron a vivir, en el molino, un caserón enorme, que también fue antigua posada, donde había sitio para todos.
Nació el primer nieto del patriarca, al que llamó Severo. De la rama caída, hicieron una mesa enorme, y la pusieron junto al chopo centenario de la plaza, donde, cuando son las fiestas, la gente trae lo mejor de su casa, y hacen una comida para todo el pueblo.
Y así fue, como ocurrió todo, que a mí me lo han contado, y colorín colorado, este cuento, se ha acabado.

EMILIANO HEREDIA


Esos compañeros que nunca tienen esos apuntes del día que enfermaste… que no recuerdan el trabajo que habia que terminar… o que ya tienen grupos hechos para hacer la presentación…

Nadie les dijo nunca que mi suspenso no les llevaría a su sobresaliente?

CRISTINA MÉNDEZ PAZ


LA CUADRILLA DE COSTALEROS

La cuadrilla de costaleros número uno de una ciudad cualquiera del sur… Cinco toques de martillo, el capataz grita:
-¡Javi!
-Dime, mi arma.
-¿Nos vamos? -pregunta el capataz.
-Vámonos un ratito con el rey del lunes Santo, que esta levantada se la vamos a dedicar al niño de la maleta por traernos alegría a los ensayos.
-¡Oído a la voz! –grita el capataz-. ¡Todos por igual! ¡A esta es! ¡Toc!!
Al toque de martillo, los cuarenta costaleros clavan el cuello en la trabajadera y empujan al unísono el paso hacia arriba llegando a saltar con la intención de romperlo. Al instante, la gravedad devuelve el paso a los costales, cayendo de plano sobre los cuarenta cuellos al mismo tiempo, haciendo el esperado sonido seco que confirma que la levantada ha sido correcta…….
El niño de la maleta era yo, y la alegría que llevaba a los ensayos eran las dos botellas de DYC que mi jefe, muy devoto de la Hermandad, me daba cada sábado para que nos las bebiésemos en los descansos. La maleta la encontré en la basura en uno de mis primeros ensayos y ese mismo día alcanzo el rango de minibar que siempre llevábamos encima del paso. Los ensayos era puro cachondeo, bromas muy pesadas e improperios contra la autoridad cuando sentíamos la proximidad de algún coche de policía; cualquier cosa menos devoción religiosa, cosa que yo jamás sentí en mis cinco años como costalero, ni siquiera el solemne día de la procesión. Ese día no había devoción, no, era algo a lo que llamábamos respeto, lo cual nos sumía en la más profunda concentración y en el empeño de hacer todas las coreografías tal y como las habíamos ensayado al toque de la banda de 150 músicos que marchaban detrás: hacer los giros perfectos y las levantadas golpeando seco sobre los costales perfectamente nivelado el paso. Dábamos el 110%, no porque creyésemos que Cristo nos miraba desde las alturas, no. Los que nos miraban eran los miembros de las hermandades rivales esperado a que cometiéramos un fallo, un error por pequeño que fuese. Nos miraban los jueces de la Asociación de cofradías que evaluaban hasta el más ligero suspiro debajo del paso, para con ello otorgar los premios a la mejor cuadrilla de costaleros anual, porque ese era nuestro objetivo, mantener el primer puesto en el ranking de cuadrillas y, claro está, el de nuestros rivales era arrebatárnoslo, no solo por el prestigio que el galardón daba a la Hermandad, sino también por los beneficios económicos que conllevaba, el cuantioso premio en metálico y los contratos para ir a otras ciudades a sacar pasos de hermandades que carecían de cuadrillas de costaleros; en definitiva, hacer bolos por España.

TOMÁS PERRO ANDALUZ


«Patología»

«Sufres de celos patológicos» me dijo entretanto se acostaba con su amante en nuestro sillón blanco. Tenía la mirada distorsionada debido a las embestidas que le realizaba mi rival, mientras me decía mezclando gemidos de dolor y placer «soy tuya, solo tuya.»
Después del espasmo final, el quedo tendido, inmóvil, solo se escuchaba su respiración. Ella volteó hacia mi, con sus piernas aún abiertas, mojada en transpiración, casi sin poder hablar, y con el ultimo hilo de voz me confesó
«tranquilo, desgarró mi cuerpo pero no tocó el corazón.»

ALEJANDRO CAMACHO


Ser mujer a veces es un papel complejo. Cumplid con las expectativas sociales de tus «iguales» es un esfuerzo que a veces ni apetece.

Ese corrillo criticando lo rara que resultas ser. Como si fuera un defecto!!!

Pues eso, qué agobio, estar guapa, cumplir con los cumplidos, regalar cuando te regalan, fingir que elogias los resultados de la dieta, ser una madre bajo los cánones sociales, recta, dura y con hijos robots y obedientes, independiente, libre de irte de copas con ellas (cómo si quisiera)… bla bla bla…

Soy rara, y qué?

LUNA BRUJA


–Escuchad lo que dice Pepe –Beatriz tomó la palabra sacando así una primera moralina terapéutica de lo que estaba ocurriendo–. Efectivamente, eso es lo que primero tenemos que aprender, a expresarnos con libertad y sinceridad, pero sin faltarnos jamás al respeto, sin agredirnos verbalmente, y mucho menos físicamente. Por desgracia, la violencia está casi siempre presente en el día a día de la expresión de los adictos y las personas a su alrededor la sufren, haciendo la vida insoportable.

–Y una mierda, a veces los demás te obligan a ser violento, o si no te comen, aunque es verdad que a mí me cuesta mucho controlarlo. Es una de las razones por las que tengo que estar aquí: mi relación con la violencia –reconoció Mailena.

–Pues yo pienso como Mailena –comentó el joven sentado a la izquierda de Lucía–. Y por cierto, Lucía , la verdad es que a Jato y a Raúl los expulsaron por estar todo el puto día de broncas y por la última pelea en la séptima donde casi se matan.

Jaume era un joven de unos treinta años de apariencia bohemia y estilo moderno con la cara llena de marcas de enfermedades infantiles que endurecían su aspecto. Estaba sentado en su silla con las piernas muy estiradas y, a pesar de su manera medianamente tranquila de hablar, llamaba la atención el continuo traqueteo de su pierna derecha, que parecía tener vida propia. El radar automático de Juan etiquetó a aquel atractivo personaje como un claro rival sexual, sobre todo por haber mostrado amabilidad y apoyo hacia Mailena.

–Jaume, tú sí me entiendes y ya sabes que si yo no estuviera aquí encerrada le hubiera metido dos puños a Raúl y me lo hubiera llevado por delante por lo que le hizo a Jato. En Bogotá nuestra ley dice que por un amigo se da la vida si hace falta, y yo ya la he dado muchas veces.

La solvencia con que Mailena le dirigió a su seguidor estas palabras evidenciaban que en su cabeza se anclaban valores de un desafiante e implacable sistema de justicia de la calle.»

JUSTO FERNÁNDEZ


No se conocían. Había un lugar común, eso sí. Tal vez era un cuerpo, tal vez era un cuenco.
No sé, la verdad. Un cuenco craneal, un cuenco cerebral. Un cuerpo, sí, dejémoslo en un cuerpo.
Dormía del lado derecho.
Otras veces dormía del lado izquierdo.
Estaban encerrados en el mismo compartimento, como una especie de no derecho a elección sobre si nacer o no nacer.
Por una parte se odiaba, y por otra amaba. Tal vez amaba odiarse u odiaba amarse.
Era como…una…ambivalencia, sí. Dos caminos de acción: la cama o la carretera.
O la cama en la carretera.
La vida o la muerte.
No lo sé.
Cuando uno despertaba feliz y desayunaba zumo de naranja,
otro intentaba lanzarse del décimo.
Daban voces, silenciosas
pero voces.
Uno golpeaba al otro
y el otro se dejaba golpear.
Luego sucedía lo contrario
pero en vez de golpes
eran besos.
No se sabía cuál era la sombra de cuál.
Una especie de…
Desistió de visitar a psiquiatras que le drogasen
o a psicólogos que se hacían pasar por fríos amigos
y te robaban la pasta.
A veces pedía abrazos a desconocidos,
otras veces la mirada perdida exigía abrazos.
Pero otras tantas
en posición fetal
en el suelo del lavabo
gritaba
veía rostros en los azulejos.
Y esos rostros no abrazaban.
Ojeras,
humo de tabaco,
gritos,
retorcía mi rostro
me golpeaba contra armarios
deseaba escapar de mi
del demonio y del ángel
de las voces
de los susurros…
Y la gente por la calle no me abrazaba,
huía,
pensaban que era un jodido loco

No sé, era como si dos siameses estuvieran dentro de mi, ¿sabes?
Luego empecé a tomar pastillas. No había elección. Aquí, en el centro.
Cuando una de esas partes golpeó a mi novio hasta dejarle en coma. Y la otra parte quería asesinar a esa parte.
Uno no puede huir de si mismo, ¿cómo huir de dos sí mismos?
¿Eran rivales? ¿Esas dos partes eran rivales? ¿o era mi vida la rival? ¿en qué puto punto de la cabeza residen dos fuerzas tan contrarias?
Desde
ese
día
solamente
puedo escribir
escribir
escribir
en esta habitación blanca donde nadie nadie nadie puede ayudarme salvo la escritura salvo esta necesidad de desprenderme de mi por un instante y poder relatar en tercera persona lo que me ocurre lo que me ocurrió y por qué mate a la persona que más quería por esas voces tan contrarias que luchaban dentro de mi.
Y yo fui un escritor admirado, respetado. Yo fui alguien, hasta que esa cosa se instaló cómodamente en mi, y pasé de ser alguien a ser algo que había que mantener encerrado por el resto de sus días.
Y aún recuerdo el zumo de naranja los días que podía sonreír,
el primer polvo con mi chico
y los domingos en casa de mi madre.
Aunque ya jamás de los jamases puedan volver a mirarme a la cara.

CARLOS COSTA


Play-Pause-Game Over

Este es mi juego
es mi obsesión.
Si gano o si pierdo,
no importa
asi soy yo.

Es mi partida,
un duelo o una misión.
En PlayStation o Xbox,
no importa
soy yo el campeón.

Este es mi juego
es mi salvación,
Si vivo o si muero,
no importa
soy yo el invocador.

Son mi jugadas,
mi mando y control,
las muertes ganadas,
las derrotas
y los reanudando conexión.

Es es mi juego
es mi respiración.
Te unes o me dejas,
no importa
es tu elección.

NIVA 281


Buenos dias vecina aunque tus flores hoy parece que estan algo mustias.Mira las mias que estan más resguardadas como lucen .Bueno ya veremos si cuando llegue la tarde de tanto como les da el sol no están mas caidas y las mias más abiertas , porque yo las riego y les canto con cariño y eso hace que esten muy bonitas.Mi balcón llama la atención muchos se paran para verlo detenidamente, por algo será. ….Bueno te dejo que tengo que hacer…..

MARÍA RUBIO OCHOA


Rivalidad es ver que Gran Hermano se gana o se pierde según sepas hacerte la víctima o no.
Bueno, como todo en la vida, quien no llora no mama.

LA XICUELA DE CORRIOL BENLLOCH


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8 comentarios en “La rivalidad”

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