Hormiguita – miniconcurso de relatos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos con el tema «hormiguita». Estos son los textos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 26 de noviembre! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

POR FAVOR, SOLO VOTOS REALES, SOLO SE GANA EL RECONOCIMIENTO, CUANDO ES REAL.

* Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor) y no han pasado procesos de corrección.

CORONADO SMITH

Grano a grano,
la obrera estéril,
acarrea alimento,
para la reina fértil.
Acorde a acorde,
y nota tras nota,
el trovador intenta,
abrir las mentes idiotas.
Pasito a pasito,
sorteando peligros,
la obrera trabaja,
para proteger el nido.
Verso a verso,
y rima tras rima,
el juglar intenta,
repartir alegría.
Si el trabajo dignifica,
que trabajen las termitas.
Prefiero ser Cigarra,
a ser hormiguita.

MARÍA CRUZ ESTEVAN APARICIO

La hormiga 50mg. Había aprendido a escribir. Letra a letra página a página se había propuesto contar una historia.
Así pues un día salió de su túnel dispuesta a la tarea.
La causualidad hizo que diese con una hoja blanca y fina como un papel. Una de sus antenas la utilizaría como lápiz.
Caminando por la rama de un árbol, su inventiva, iba plasmando el hecho.
Hubo un lugar en el mundo fascinante como un hormiguero.
La gente de aquel globo se colores vivían en abundancia de comida y alegres fiestas. Aquel poderío humano tenían exclavizadas a las trabajadora hormigas, que sin parar un momento iban de una población a otra llevando provisiones pera el deleite del poderoso.
La cegadez del ser humano en su disfrute, no se da cuenta, que en la faz de la tierra se está formando unas entradas y montículos de arcilla y virus en el suelo que pisan.
Así fue como nos cogió por sorpresa la Pandemia covid-19.
En estos momentos todos los seres vivos del mundo trabajamos como hormigas buscando la vacuna que nos curará del terrible mal.

ALBERTO MEDINA MOYA

A los trece años un coche me atropelló mientras montaba en bici. Tengo un recuerdo difuso de aquel momento que tanto condicionó el resto de mi vida. Mi aparato óseo quedo seriamente dañado y tuve que someterme a varias operaciones. Benditos mis padres, que no cesaron de buscar la manera de que ganara movilidad y autonomía año tras año. Me llevaron a montones de médicos, eminencias de la medicina, y se aferraron tenazmente a cada esperanza que encontraban, por muy pequeña que fuera. Su voluntad me llevó a creer en la mía, y a pesar de los tiempos difíciles cada día me levanté con el propósito de darlo todo e irme acercando al tipo de vida que quería para mí. Fui a la universidad, y terminé licenciándome con la mejor nota. Nadie puede imaginar lo que siento hoy, mientras subo perfectamente las escaleras de entrada de este hospital. Es mi primer día de trabajo, y tengo clarísimo que a ninguno de mis pacientes les diré nunca lo que aquel primer médico afirmó tras estudiar mi caso: “háganse la idea de que su hijo no volverá a andar”.


BENEDICTO PALACIOS SÁNCHEZ

Tenía hambre. Había pasado toda la mañana a las puertas de un centro de salud, poniendo un poco de orden en las filas, porque ahora que tengo tiempo echo una mano a los sanitarios. Me tocan de cerca.
—¿Y hacer eso te da hambre? A lo mejor es por el Covic.
—El Covic, querida Edwige, produce toses, fiebre y malestar general, no hambre.
—Lo comprendo. Guardar el orden y comer un bocadillo sería tanto como hacer dos cosas a la vez.
—¿?
—¿Puedes aguantar un poco más?
—Claro que puedo, pero es que tengo la sensación de que un elefante me está pisando el estómago.
—¡Qué exageración! Pero no es un elefante, lo sé, sino un montón de hormigas.
—Ya, y todo un hormiguero.

SERGIO SANTIAGO MONREAL

Rita era una hormiguita chiquitita.
Vivía en un agujero al que llamaban hormiguero.
-«Yo quiero ser un oso mielero».Replicaba Rita todas las mañanas remoloneando en su cama.
-Su mamá era considerada como la reina de las hormigas y todas la hacían caso menos Rita.
-«No digas tonterías Rita tú eres una hormiguita chiquitita y muy bonita y algún día serás reina pero tendrás que trabajar todos los días y levantarte temprano para ir a la escuela para aprender a comportarte cómo una reina hormiga…
-Pero yo no quiero ser reina hormiga, yo quiero ser un oso mielero…
Un día Rita la hormiguita caminando hacia la escuela se encontró una piedra muy brillante. Sorprendida e intrigada por el gran brillo de la piedra decidió cogerla y metersela en el bolsillo.
Al llegar al agujero hormiguero se encerró en su habitación y contemplo aquella piedra brillante.
-Qué bonita eres piedrecita no como yo que soy una hormiguita y quiero ser un oso mielero.
-Hola Rita. A mí me gusta ser una piedra. No me muevo pero me gustaría ser una hormiguita pues sois muy trabajadoras y yo ya estoy aburrida de ser una piedrecita aunque sea tan brillante pues soy un diamante.
-Hablas y conoces mi nombre. Respondió Rita sorprendida.
-Claro soy una piedra mágica.
-Si eres mágica podrías convertirme en oso mielero pues es lo que quiero.
A la mañana siguiente Rita la hormiguita se había convertido en un gran oso mielero. Sorprendida Rita pasó todo el día intentando adaptarse a su nueva forma animal sin conseguirlo pues estaba empachada de tanta miel. Tras varias semanas invernando Rita la hormiguita se encontraba triste y anhelaba ser nuevamente hormiguita.
Una mañana volvió a despertar siendo hormiguita.
Cogió la piedra brillante y la volvió a poner en el mismo lugar donde la había encontrado.
Tras varias de décadas sin recordar el suceso Rita la hormiguita se había convertido en la reina hormiga Rita. Nunca más quiso ser un oso mielero ni ningún otro ser vivo y su arduo trabajo diario hizo posible tener un agujero hormiguero próspero.

RAQUEL LÓPEZ

…. Quedaba poco para el gran concurso del año…
La hormiguita Cleo, no cabía en sí de gozo, llevaba todos los años intentando ganar y no lo conseguía..
-¡Esta vez lo tengo que ganar, si señor!
El premio consistía en un trofeo de oro y estaba dirigido para la mejor hormiga trabajadora, la que más kilos de comida recogiera sería la ganadora.
-¡seré más rápida y trabajaré más! se decía
Mientras ella hacía sus planes, otras, holgazaneaban y se mofaban de ella..
-jajaja, mirar la estúpida de Cleo, pensara que va a ganar y chicas, ¿quién va a ganar este año?
-¡Atómica! gritaban las demás
-¡siiii! esa soy yo
Cleo, no dejaba de trabajar día tras día, hasta que la noche anterior al concurso, rendida, quedó dormida profundamente acurrucandose sobre unas hojas del camino que le sirvieron de cobijo, sin tener fuerzas para llegar a su casa..
-¡Oh, Dios mío! ¡Me quedé dormida y el concurso va a empezar! , sin tener tiempo para pasar por su casa fue directamente a la celebración, millones de hormigas se concentraban allí, ¡menuda fiesta se montaba todos los años!!
-Estaré tranquila, dijo Cleo. El jurado verá mi trabajo y el esfuerzo empleado.
El jurado, miró todos los hormigueros de los participantes. – Y la ganadora es….. ¡Atómica!
-¿Qué? No es posible-dijo entre llantos la pobre Cleo.. – si ellas, apenas trabajaron…
Se marchó a su casa encontrándosela desvalijada, la pobre, creyó morir..
-¡ladronas! gritó desesperadamente sin que nadie pudiera escucharla.
Desolada, se marchó de allí, no quería volver a saber nada de ese concurso que la causó tanta desdicha.
Selena, la luciérnaga que vio todo lo que sucedió aquella noche,voló para contárselo a la reina, que sin perder tiempo, apreso a Atómica y sus secuaces.
¡-Ir a buscar a Cleo.! Ordenó la reina inmediatamente.
-¡Seran desterrada Atómica y las demás! sentenció la reina.
-Lo sentimos mucho, dijeron a Cleo, avergonzadas..
-Majestad,dijo Cleo, perdonarás por su arrepentimiento, pero una cosa la pediré, dijo hablándole al oído..
¡Era la mejor idea de toda su vida!
El castigo encomendado, fue que recogieran durante todo el año, la cosecha de Cloe, así, ella disfrutaría de unas vacaciones bien merecidas junto al gran trofeo de oro, su sueño cumplido.
Moraleja»:Con esfuerzo, puede que logres poco, pero sin sacrificio, puede que no logres nada…. «

FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ

Seamos como las hormiguitas
Las hormiguitas no solo pican si se irritan, también son unidas, trabajan sin parar poco a poco siguiendo su meta a lograr suben lento pero seguro, ese es el plan seguir adelante, antes que el invierno o las precariedades lleguen, antes de que las fuerzas se acaben, no solo trabajan por trabajar, mas bien lo hacen como un perfecto arquitecto, sin errores por que de ello depende el futuro, construir bien la base para que dure, y jamás se derrumbe su obra por lluvias, vientos, o terremotos .
Seamos como las hormigas demos lo mejor de nosotros en lo que amamos hacer, y aunque no lo amemos tanto también, pongamos nuestro empeño en lo que hacemos, y nunca olvidemos darnos las manos, por que la unión nos hará fuertes y mientras mas somos de corazón mas invencibles seremos, y mientras mas se nos sumen nos aseguraremos de construir puentes lejanos, y fuertes.
seamos hormiguitas empeñosas, unidas, y precavidas demos un si a la vida por dura que sea luchemos como si fuera el ultimo día, trabajemos, busquemos, seamos inquietos, aunque canse, aunque a veces duela sigamos, y si necesitamos ayuda toquemos puertas, por que dos o mas es mejor que uno.
Seamos hormiguitas pequeñitas ante el mundo, pero capaces de levantar decena de veces nuestro peso y aun así, seguir y seguir adelante para lograr aquello que queremos conseguir.
Seamos hormiguitas, arquitectas de su proprio futuro y de sus sueños, porque trabajando duro y unidos lo lograremos.

ANTOLÍN MARTÍNEZ JIMÉNEZ

El laberinto del Trombo.
Un ejército de hormigas rojas vivimos en un circuito de caminos que recorre todos los rincones.
Lo utilizamos para alimentar y curar cada componente de la máquina más perfecta del mundo.
Somos imprescindibles y sustanciales para transportar por esos caminos todo lo necesario, haciendo que este gran mecanismo funcione y en muy buena parte depende de nosotros que funcione de forma óptima o simplemente lo haga.
Hay hormigas rojas, blancas, A, B, C… y siempre caliente, a una temperatura de unos 36 grados centígrados.
En la gran autopista de la Cava superior, a cuatro centímetros del motor propulsor necesario para la circulación fluida y constante, se han detenido un millón de hormigas. Estamos de fiesta. Fumando, bebiendo, algo de química artificial. Esto es genial, lo estamos pasando como nunca. Cuando terminemos o nos cansemos de esto, descansaremos en el sofá viendo la tele y luego a la cama.
Lo mejor de todo es que llevamos haciendo lo mismo todas las semanas de todos los meses de estos últimos 30 años. De lunes a viernes descansamos y los fines de semana nos lo pasamos tan bien que olvidamos cual es nuestro cometido para el que estamos diseñados.
Todo ha cambiado tanto de cuando hacíamos ejercicio diario y comíamos tan variado, natural y sabroso, de lo que no estaba procesado ni contaminado con tantos edulcorantes, colorantes, estabilizantes y conservantes.
Llevamos tantos y tantos años fumando, bebiendo y comiendo porquería que ya estamos acostumbrados a esto. Mira, no me pasa nada.
Parece una fiesta que cada vez atrae más y más de nosotras para ver lo que pasa, nos detenemos con ellas. Ya somos una cantidad considerable, provocando que el resto no pueda circular con normalidad, llegando a causar un atasco. Esto hace que el resto busque rutas alternativas.
Al hacerlo, evitan el paso por el atasco, pero también por órganos por los que, necesariamente, tendríamos que pasar.
La cosa no pinta bien. Si la gran vía principal está obstruida, aunque se circule por rutas alternativas, no es suficiente para que todo funcione correctamente.
En la capa exterior todo cambia de color, se vuelve rojo amoratado y la piel se llena de arañas provocadas por esas rutas alternativas que hemos utilizado con exceso.
Urgencia, urgencia, necesitamos un quirófano.
La solución es muy peligrosa.
El punto donde se encuentra la fiesta está muy cerca del gran motor que nos mueve y cualquier mal paso, una rotura, una obstrucción o cualquier mal movimiento puede provocar desprendimiento del tapón que hará que circule por cualquier sitio y que se aloje en algún lugar que provocará un Ictus o parálisis y en cualquier caso un desenlace fatal. Aun estando en un quirófano no da tiempo para actuar.
Entrando por la Femoral, en el punto de la ingle derecha, subimos a la altura de la Basílica con la Subclavia derecha, avanzamos unos centímetros más hacia el ventrículo derecho superior, justo cuatro centímetros antes.
Se abre la punta del cable aspersor y se activa el mecanismo para la eliminación de la fiesta.
Todo es absorbido en cuestión de segundos.
Sacamos el cable, presionamos la punción. 100 mg. de heparina inyectable subcutánea diaria durante un mes, ya que tiene el SIC (Síndrome de Intestino Corto), no hay forma de que absorba el Sintrom por ingesta.
A los pocos minutos la piel vuelve a su color, las arañas desaparecerán con el tiempo y todos volveremos a circular por éste gran laberinto que compone el sistema circulatorio, haciendo que la serotonina, la dopamina, la oxitocina y las endorfinas invadan mi cerebro provocando sentimientos inolvidables otra vez, cuyas sensaciones no recordaba en estado natural desde hace ya… uf, tanto tiempo.
Como la hormiguita, trabaja tu cuerpo todos los días. Haz ejercicio diario, come saludable, evita el alcohol y el tabaco, trabaja por gusto y aprende a distribuir los tiempos que empleas y para qué lo empleas. Ama, ríe y sé feliz. Quiérete y Cuídate mucho. Para que, además de tener una larga vida, ésta sea de calidad superior.
ME QUIERO, HORMIGUITA.

MIGUEL GÓMEZ

INTELIGENCIA PRÁCTICA.
Hormiguita tenía una rutina de trabajo que no se saltaba ni un día. Asomaba su cabeza del hormiguero con los primeros rayos de sol, trepaba por el terraplén ayudada de sus seis fuertes patas, y se aventuraba por el mundo en busca de suministros y pertrechos. A lo largo de la jornada habría recorrido una distancia inverosímil en un ser tan pequeño, en repetidos viajes desde y hacia el hormiguero. Del mismo modo, habría cargado un peso equivalente a varias veces su masa corporal. Siempre bajo la amenaza de numerosos depredadores. Era, en resumen, un portento de la naturaleza, una auténtica campeona biológica.
Cigarra, por su parte, era la quintaesencia del espíritu bohemio. Lo suyo era la contemplación, la poesía y la música. A pesar de su primitivismo, su sistema sensorial era capaz de percepciones finas, cargadas de matices. Que, recapituladas e interpretadas por un saber atávico, ponían ante sí un mundo amplio y rico en contenidos, sustrato para que su fértil creatividad fluyese con naturalidad por cada poro.
Al igual que hormiga, era ser frugal, que se alimentaba de hojas y brotes tiernos en pequeñas porciones. Destinaba el tiempo justo a nutrirse y asearse, atenta siempre a cualquier estímulo, por nimio que fuese, que desencadenare su pasión artística. No tenía buena cabeza para la aritmética, pero podría jurar que había creado numerosas obras, entre poesía, canto y ejecución musical, en lo que llevaba de temporada.
Un día, cigarra fijó su atención en hormiga. La observó con atención durante toda la jornada —viaje va, viaje viene—, y se decidió a abordarla en el que presumió que era su último desplazamiento del día, pues ya la luz escaseaba.
Cuando se encontraron, la animosa hormiga cargaba la mitad de una cáscara de pipa de girasol. Era un peso muy estimable y un tamaño descomunal, que, sumado al esfuerzo del resto del día, debía de ser una tarea fatigosa para el pobre himenóptero. Tal fue el palabro con que cigarra se había dirigido a ella, un vocativo que no dejaba de ser un cultismo dicho con ánimos de epatar. Pero a hormiga resultó absolutamente ajeno a su propia percepción, volcada como estaba en tareas productivas. Se malició, incluso, que tras tal término se ocultase alguna forma de insulto.
La perceptiva cigarra captó de inmediato el malestar de la hormiga, y se apresuró a aclarar que aquella no era palabra insultante, sino una forma de categorizar dentro del reino animal.
—Yo, por ejemplo, soy un hemíptero, y ambos somos insectos y artrópodos.
—Ajá —respondió hormiga, poco dada a gollerías bajo el peso de su carga, y siguió moviendo por la senda de su guarida las cuatro patas que no tenía comprometidas en el transporte—. Y eso, a mí, ¿de qué me sirve?
Cigarra mostró estupefacción por un momento.
—Es conocimiento… El conocimiento nos hace mejores, más capaces.
Hormiga dio unos cuantos pasos más, antes de detenerse y dejar la media cáscara en el suelo. Clavó una mirada furiosa en cigarra.
—Nos hace más capaces, dices. ¡Ja! Acabo de enterarme de que soy un… ¿Cómo me has llamado?
—Himenóptero.
—Un himenóptero, eso. Pues, ¿sabes una cosa? Que esto —señaló hacia la cáscara con cuatro brazos— sigue pesándome lo mismo que antes, cuando solo sabía que era una hormiga. Así que, ya ves de qué me sirve tu conocimiento. Ahora, si no te importa, te dejo. Tengo que llegar a mi galería antes de que oscurezca.
Chafada y estupefacta quedó cigarra. ¿Cómo podía alguien ser tan necio como para rechazar el saber?
No se arredró, y volvió a la carga.
—¡Pero claro que el saber es útil! Mírate: ¿no sabes que vas cargando algo que no es comida? ¿Me quieres decir para qué te sirve?
—¿A mí? Para nada. Pero en el hormiguero somos muchos miles, y lo que no me sirve a mí, puede ser útil para otra hermana. Ella puede tener algo que me sirva a mí, y podemos intercambiarlo.
Reflexionó un momento cigarra. Esa forma de pensar de hormiga revelaba cierta inteligencia práctica. Quizá pudiese aprender algo de ella, después de todo.
—¿Te importa que camine a tu lado un trecho?
—Preferiría que me ayudases a llevar la carga.
—Entiendo… Por desgracia, mi cuerpo y mis patas no están preparados para cargar peso. Lo siento.
—Bueno, pues camina conmigo. Tampoco puedo prohibírtelo. Pero no digas tonterías.
—No, no. Al contrario. Me gustaría saber cosas de ti y de tus hermanas.
Caminaron juntas un rato durante el que no dejaron de hablar. Cigarra preguntaba, y hormiga respondía. De esa forma, la primera aprendió muchas cosas sobre la segunda. Llegado el momento de despedirse, cigarra hizo una última pregunta: ¿no resultaba agobiante vivir en túneles bajo tierra todo el año?
Hormiga suspiró como quien dice: «¡Señor, dame paciencia!», antes de responder.
—Mira, cuando llegue el invierno, en nuestra guarida no pasaremos frío, ni nos mojaremos cuando llueva. Además, tendremos almacenada comida suficiente para no tener que salir a buscar. Tú, ¿qué harás cuando llegue el invierno?
Cigarra se encogió de hombros.
—No sé, ya buscaré dónde meterme.
—Ya…
—Bueno. Te dejo. Ha sido una conversación muy agradable, hormiga.
—Sí, sí. ¿Estarás por aquí alrededor?
—Creo que sí. Me gusta esta zona. A ver si nos vemos otro día.
—A ver… Adiós.
—Hasta la vista.
No volvieron a verse, pero cuando el frío llegó, cigarra descubrió que no tenía dónde guarecerse para combatirlo, ni qué comer. En su agonía recordaba su conversación con hormiga, y pensaba que, quizá, tenía razón, y era prudente actuar como ella y sus laboriosas compañeras.
Acurrucada en su confortable hormiguero, con una provisión de comida suficiente para pasar el invierno, hormiga también se acordaba de cigarra. Ese cuerpo regordete, bien administrado, le serviría de manduca durante una temporada. Se pondría a buscar su cadáver en cuanto pasase el frío.
Aunque, pensando en ella, se reconcomía al darse cuenta de que se pasaría toda la estación intentando repetir la palabra que le había dicho.
«Hime… ¿qué más?». ¡Qué rabia no acordarse!

NANE NINONÁ

Siempre he pensado que la fábula de la hormiga y la cigarra no es más que la típica moralina capitalista con la que se manipulaba la conciencia proletaria a finales del XIX. Una de tantas monsergas que nos han traído hasta aquí individualistas, egoístas, alienados y solos. Si todos son bichos, les pueden aplastar mañana…¡tendrán que ocuparse en vivir un poco!
Si mi madre tuviera que ponerse del lado de alguien, sería de la hormiga, por supuesto. Murió hace cinco años y medio y yo, hija única y mujer, quedé a cargo de toda la logística del hogar a pesar de no haberme quedado, ni mucho menos, huérfana de padre (heteropatriarcado y tal y cual). Así que, después de gestionar no pocos papeleos, me hice cargo de todas sus cosas y su casa. Tardé tres años en agotar todas las excusas para ocuparme de vaciar la casa. Cuando lo hice, me encontré tirando a la basura las sábanas, mantas y edredones que había visto siempre en esa casa en los 25 años que viví en ella, algunos de esos artículos ya tan desgastados y raídos que me daba vergüenza pensar que no hace tanto aún se les estaba dando uso.
En la cocina, otro tanto de lo mismo. Me encontré con media vajilla de Duralex marrón (los nacidos antes de 1990 seguro que no tienen problema para saber de qué hablo), platos llanos y hondos, octogonales y blancos, con una línea roja ribeteando el contorno, que regalaban por coleccionar tapas de los yogures Yoplait. Vasos de nocilla. Cazuelitas de barro individuales de arroz con leche traídas de algún bar. Tazas de café sueltas de 3 juegos distintos, todos ellos comprados cuando yo aún estaba en el parvulario.
Sin embargo, perfecta y delicadamente guardados en los diferentes armarios, alacenas, vitrinas y aparadores de la casa, encontré nada menos que tres vajillas completas nuevas, sin estrenar; cuatro juegos diferentes de café en sus respectivas cajas; dos cuberterías; una cristalería; dos juegos de vasos; tres juegos de sábanas de 135 cm. (la medida de su cama) también sin estrenar, un edredón carísimo también nuevo, aún guardado en su funda de tela; un par de juegos de sábanas de 90 centímetros que, se ve, yo no llegué tampoco a estrenar, pues de esa medida sólo estaba mi cama; el juego de sábanas de lino bordadas a mano con sus iniciales, que debió hacer ella misma de niña en el pueblo, o quizá mi abuela, para su ajuar (reconozco que este hallazgo me traspasó de forma especialmente dolorosa el corazón).
Mi madre fue hormiguita hogareña aplastada mucho antes de llegar a dar uso a su botín.
Yo soy esa cigarra enferma de ansiedad por no saber ser hormiguita.
Y me cago mil veces en la sabiduría popular.

NEUS SINTES

Lo que a veces nos puede llegar a aterrar aquello, que aún siendo más pequeño, llegue a producir en una persona una fobia difícil de superar. Han pasado varios años desde aquella trágica noche de verano, donde el calor agobiante del mes de agosto hizo mella en nuestra protagonista.
Nataly, una niña de 8 años de edad se fue acostar como todas las noche en su cama. Después de conciliar el sueño y poder aprovechar unas horas para poder dormir, nunca imaginó despertar de la manera en que lo hizo. Aterrada, horrorizada, no hay palabras para pode describir semejante imagen que su mente captó y desde el día de hoy, aún permanece en su memoria y en una fobia se convirtió.
Al despertar, abrió los ojos, tras un picor molesto en el cuerpo que le impedía seguir durmiendo. Entonces, al abrir los ojos, aún medio dormida. Los abrió aterrada, quedando paralizada del miedo y del horror al comprobar que estaba rodeada de unos insectos, algunos de color negros y otros de color rojo, llamados hormigas.
Un grito salió de su boca. Saliendo disparada, fue corriendo en dirección a la ducha. Se quito el pijama y adentró en el agua. Dejó que el agua resbalará por su cuerpo y aún así percibía el picor por todas partes de su cuerpo, se frotó con las esponja fuertemente, pero todavía sentía aquel picor nervioso que le producía solo de pensar en cómo se había despertado. Permaneció bajo el agua el tiempo suficiente para que cualquier picor se eliminara de su cuerpo, aunque éste ya fuera psicológico.
Al salir se puso la bata, aún nerviosa. Ni siquiera quería entrar en su habitación. Su madre la había oído gritar pero ella ya se había metido en la ducha y no pudo preguntar.
-Nataly – ¿Que ha ocurrido? – Me tienes asustada – le pregunto su madre, ansiosa de saber.
-Me he despertado con hormigas! – Son negras y rojas. – fue lo que le dijo a su madre – llevando aún la bata puesta y el pelo mojado mirando a su madre – le señalo con el dedo su habitación.
A raíz de ese día, aunque no volviera a hablar del tema con con su madre y ésta la hubiera aliviado con palabras de “que ya se había arreglado” – “No había nada que temer”. En la mente de Nataly no era así. Aunque no lo dijo.
Empezó a sentir una fobia a las hormigas que veía por el campo o en cualquier rincón. El cosquilleo y el picor volvían a su cuerpo, recordando el despertar de aquel día. Se tornó para ella en una pequeña fobia en la que si veía alguna, un repelús la invadía. Se alejaba de ellas y sigue en la actualidad, evitándolas.
Han pasado muchos años desde entonces, pero la mente juega malas pasadas y el despertar de esa noche del mes de agosto, sigue vigente en una parte de su memoria. Su fobia fue disminuyendo, aunque no del todo…
PD: Basado en hechos reales.

ELSA TORRES

Cómo en toda familia , siempre está la oveja negra.
Pues hoy es la historia de una hormiguita que nunca le gusta hacer lo que hacen las de más hormigas , es una aventurera ,que sueña con ser Reyna .
Pero que pereza le dicen las demás hormigas escucharte decir siempre lo mismo , mejor ponte a ayudar a conseguir alimentos para la reina, pero como ella no quiere servir quiere que le sirvan , se aleja del grupo de hormigas . Cansada de trabajar, decide ir abuscar
su propio reinado , pero no sé da cuenta que es tan chiquita, y que sin ayuda en equipó no lo logrará.
Días vaga por lugares sin con seguir que comer, triste sin fuerzas, sin poder cargar nada, sin iluciones .
Regresa a su equipo el cual la esperaban con gran ilusión.
Pero la hormiga se dió cuenta que sin su equipo nada es.

LOLY MORENO BARNES

EL CUENTO DE LA HORMIGA CIBERNÉTICA.
Hace muchos, muchos años, nació una especie nueva de hormigas.
A diferencia del resto, le gustaba vivir en soledad, poder reflexionar y alimentar su espíritu en vez del estómago.
Para ello construía su propio hormiguero. No necesitaba un gran agujero en la tierra como casa, sino una pequeña ventana al cielo para poder soñar.
Desde ella, entre fantasías, se desplazaba por todo el universo.
En los días deambulaba entre las demás especies de hormigas, sin sentirse especial.
Cuando por fin llegaba a su zona de confort en soledad, al terminar sus labores comunitarias, sentía la necesidad imperiosa de soltar en letras los sentimientos del alma.
Aprendió a expresarse en papiros y piedras donde acumulaba sus riquezas en manuscritos y dibujos.
Agrego diferentes idiomas a sus letras y las trazó con líneas elegantes llenas de arte.
Con el tiempo también incorporo color y empezó a encuadernar sus obras.
Llegado a este punto, la peculiar especie de hormigas, acostumbrada a superarse paso a paso, sin desfallecer en su labor, sin pecar de arrogancia y generosa en humildad, no quiso quedarse para si, tal arte de sentir y pensar plasmado en escritos e ilustraciones y lo ofreció al mundo de forma altruista.
El resto de los seres aprendieron a descifrar su código, a contemplar en láminas y cuadros escenas y paisajes, copiados de la vida o imaginaria ficción.
Algunos personajes atrevidos se animaron a poner música a tales obras.
Tal especie se sentía muy cerca de la felicidad, entre escritos encadenados en hojas blancas transformadas en color y tiempo de amaneceres cálidos después de noches en vela, convocando a las musas que nunca faltaban a la cita.
Pero… aún no tocaba la cima de sus sueños, puesto que la soledad que tanto le servía para pensar, luego, al terminar las reflexiones le llenaba de tristeza.
La soledad siempre cobra su alojamiento independiente con tristeza.
Esta especie tan abnegada de hormigas siguió su instinto colaborador, encontró la forma de teletransportarse desde su ventana al cielo.
Desde entonces, letras, imágenes y músicas navegan desde sus hormigueros a todos los rincones del mundo .
Se agrupa, relaciona, ríe y llora en grupos de escritura y lectura y sigue soñando con lograr que sus granitos de letras conviertan este mundo en otro mejor; más solidario y lleno de amor.-

TESS LORENTE

Como una hormiguita iba recogiendo las migajas del amor que me ibas regalando.
Todo me parecía poco, siempre quería más.
Tú, decías que tenías que ir racionando la pasión por miedo a desbordarme.
Pero nunca me parecía suficiente. Necesitaba más besos, más caricias, más deseo.
Tú, tenías miedo de darlo todo y que el frenesí nos asfixiara.
Y ahora, ya no estás. Te has llevado los besos que no me diste, el amor que no compartimos y las caricias que merecía.
¿Por qué no me diste más? ¿Por qué me has dejado a medias? ¿Por qué te has ido para siempre?
Te reprocho lo que te llevaste y me siento hundida en mi miseria. Sola, terriblemente sola, sin ti.

PEPI RAMÓN

ENSAYO DE UNA CONSPIRACIÓN
Todo apunta a esa clase de mensaje subliminal para manipular la mente de la masa.
El propósito no es nuevo. Ya hace 2.600 años, mes arriba o abajo, se ideó la figura de Esopo, el de las fábulas con pretensiones adoctrinadoras, sobre el que aún pesan dudas razonables de su existencia. Siempre ocurre así… Pero funciona.
Porque no sólo se plantea tema hormiga, que ya sugiere cierta organización social; además en diminutivo, para que nos resulte más amable -en su acepción de digna de amar-; y más aún, se enfoca abiertamente como apología… ¿Hay que abogar por ese sistema de reparto del trabajo, de gobierno monárquico absolutista, de sociedad gregaria donde no cabe el individualismo, etc?
Yo denuncio a la administración de este grupo por estar compinchada con los poderes fácticos, esos que trabajan en la sombra, quizá pertenecientes al Grupo Bilderberg, a los paragobiernos de la CIA, quién sabe si a las mafias del narcotráfico, a los laboratorios de criogénesis, ya no descarto nada… Para controlarnos.
He añadido cerraduras en casa; ando con mascarilla para que no me reconozcan (creo que más gente está despertando porque veo ya a muchos así, no estamos solos); les daré un me gusta a la mitad para pasar desapercibida, no estar en ningún extremo sospechoso. Y, por supuesto, he llamado al 900 de La Resistencia y me he abonado por un precio módico.
Antes de acabar expondré la opción alternativa, la divergencia que sé que me puede costar mi integridad física: ¿Por qué tenemos que querer actuar como hormigas, o como tiburones, o como buitres, o lapas o perros o dinosaurios, o serpientes o ratas o moscas c*joneras, lobos u ovejas, peces en ríos revueltos, monos que ven, oyen y callan, cabras que siempre tiran al monte, o cualquier otro animal distinto del que somos? ¡Si ya tenemos bastante siendo personas! Lo que debemos hacer, quizá, (y con esto ya meto el obligado discurso zen tan en boga) es aprender a aplicar la humanidad que nos viene inherente.
Este mensaje lo transcribo cifrado y lo guardo en una caja de seguridad de Schrödinger, dejando instrucciones, por si me pasara algo, a mi portero, que es automático pero no me ha fallado nunca.
P.D: Perdón, Cris, sabes que no es nada personal 😉, solo literario; si no lo planteo así el texto se quedaba cojo o no podía existir (sé que no perteneces a ningún paragobierno, jeje). ¡Ah, también incluyo gatito tierno (de thinkfuture.es), que siempre mola, mola, chirimbola!

MARÍA ROSA ROLANDO

Durante el transcurso de sus días dentro de aquel calabozo oscuro, acompañado por el más frío de los silencios. Pepe descubrió que, sus únicas compañeras de celda, podían emitir un tañido agudo, parecido a un grito. La primera vez que lo escuchó, creyó que se estaba volviendo loco, que el encierro lo había afectado, a punto tal de pensar que esos diminutos seres, eran capaces de emitir ese sonido. Pero no, era real. Sólo, era necesario tomar suavemente entre tus dedos una hormiga y acercarla al oído para poder percibirlo. Con los días comenzó a ser un experto en el comportamiento de aquellos insectos que habitaban en hueco de la pared. Descubriendo que sólo lo hacían al sentirse en peligro. Y que, ante ése sonido aparecían miles para ayudar a su compañera, rodeándola en señal de protección. Claro que la condición para oírlas era el silencio absoluto. Por ello aprendió a aceptar ese silencio tortuoso que muchas veces lo hacía pensar en no seguir viviendo y ahora le daba la sensación de estar protegido por un gran ejército de hormigas que ante su llanto desconsolado, salían de sus madrigueras y lo rodeaban.

ALBERTINA GALIANO

Al día siguiente su compulsión a la repetición le invadió como de costumbre, y se encontró esperando ser mirada.
Como de costumbre.
Su inseguridad malsana le llevaba siempre por el camino de la falta de valía.
Y la mano ausente le recordó tiempos pretéritos, en los que se enfrentó sola al dolor de hospital.
Como cada día esperando existir al ser tocada, al ser mirada.
Incapaz de salir de la culpa. Sintiendo, como desde niña, que si ganaba ella, otros perdían.
¿Y cuándo hay que darse permiso una misma?
Su despojo quedó en el suelo, y a quién le importa.
Parado en el suelo quedó tendido.
Pasará tiempo por él, y entonces podrá levantar el vuelo porque nada es para siempre. Ni siquiera el amor lo es.
Dormir el recuerdo. Desterrar la pasión perdida. La que se escurrió por el desagüe de su vida.

OLGA LUJÁN

Ella mira hipnotizada un desfile en perfecta alineación circulando por la acera. No puede evitarlo, pero desde siempre, tiene una fobia espantosa a esa especie. Le gustaría acabar con toda la estirpe, sin embargo, guarda a buen recaudo el deseo. Descubrirlo ante los demás no estaría bien visto, más aún si atendemos a las nuevas tendencias ecologistas, esas que hablan de los beneficios de cualquier ser vivo en el planeta.
Le parece absurdo su modo de vida. Al parecer obedecen una orden marcada por el instinto de supervivencia, pasando por la vida sin más que hacer, que nacer, crecer, reproducirse y morir. Se ponen en marcha con la salida del sol, buscan con que alimentarse, pasan el el día trabajando, después llegar a casa, comen algo y a dormir. Deben estar bien descansados al día siguiente para volver a comenzar con la misma rutina.
Por un momento piensa que entre todos sus quehaceres, seguro buscaran algún momento donde aparearse o algo así. En realidad no sabe qué método utilizan, aunque tampoco le importa mucho. Pensar en esos bichos procreando, resulta una imagen muy desagradable. Vaya vida más triste!!!
Una amiga le dijo que no atacan si no se les molesta, pero ella acaba de descubrir que no es verdad. Para prueba basta decir que hoy, al llegar a su casa, no pudo entrar. Lo habían inundado todo,
!así sin más! Y lo hicieron sin que hubiera desafío de por medio. Han convertido su vida en una pesadilla y no está dispuesta a sufrir ni un minuto más su presencia.
Ha decidido que lo mejor será emigrar a otro lugar mas seguro, quizá allí no haya especimenes de esa clase. Podrá empezar de nuevo, sin miedo. Incluso podría llegar a formar parte de otro clan. Conocer gente nueva siempre resulta interesante.
Y con esa idea, la hormiga da media vuelta, orgullosa por poder presumir de tener una vida muy diferente a la de esos humanos.

CONCE JARA

LA PRINCESA Y LA DONCELLA
Había una vez una Princesa y una Doncella que eran muy amigas.
La Princesa vivía en un castillo estupendo, los reyes unos padres excepcionales, que además de cariño, le daban todos los caprichos.
La Doncella, se crio en un suburbio de Madrid. Sus padres, aunque buenos, siempre andaban fumados, por lo que Servicios Sociales entregaron a la niña a una tía de esta, que trabajaba en palacio, contratándola como doncella, y así se conocieron las dos amigas.
La Princesa aprendía modales, a vestir con elegancia, a bailar, canto, piano, a recitar poemas, y entre tanto buscaba a su príncipe azul en las fiestas de palacio.
La Doncella, aprendió bien el oficio, y como se le daban bien los números, iba los días libres a una academia de administración de empresas.
Cuando estaban juntas, la Princesa le contaba a la Doncella, como había ido el último baile y le enseñaba fotos en el móvil con los nobles asistentes. La Doncella en cambio le hablaba de que el país estaba en la ruina y que era necesario cambiar la gestión económica por el bien del reino, entonces la Princesa se aburría y la pedía que trajera un par de cervezas y unas olivas, para así cambiar de tema.
La Princesa y la Doncella se fueron distanciando. Ya habían cumplido los veinte años, y la primera se prometió con un aristócrata: un tal Ignacio, por lo que la Doncella la veía mucho por la tele, en los programas de corazón. Mientras, la Doncella seguía con sus clases, ahora en la universidad, donde conoció a un chico con coleta que siempre estaba gritando rodeado de gente… y surgió el amor.
Pero llegó la pandemia de un virus desconocido, que obligó a la gente a ir con mascarilla, no salir de casa, siempre distanciados y vivir con miedo a morir.
La Princesa y el Príncipe ya no salían por la tele, y no por la pandemia; algo de un tercer grado… el rey ya no era el rey, y dejó a la reina, yéndose de vacaciones largas, para desestresar… bueno esto y alguna cosa más hizo que a la familia se la viera poco.
Entonces, alguien llamó a la puerta de palacio, y cuando la Princesa abrió se llevó un sorpresón al ver a su amiga con un bolso de Vuitton, junto a un estupendo Ford Mustang, conducido por un hombre con coleta, ajena a la pandemia, ya que lleva un EPI de última generación, y con una gran escolta de hombres trajeados.
La Doncella dijo:
– ¡Hola, amiga! A mi pareja y a mí nos han dado vacunas contra el virus, y he pensado en vosotros, que me da que salís poco ¿Os interesa?
– ¡Claro! Te lo agradezco mucho… ¿pero que has hecho para conseguir todas estas cosas?
– Pues dejar de ser Doncella, lo demás vino rodado. Ahora soy ministra, y mi pareja también es político. Ya te dije que el reino estaba mal y como se me daban bien los números, acabé estudiando económicas… pero nunca me olvido de una buena amiga. Ya sabes dónde me tienes.
– Gracias, amiga, nunca te olvidaré.

VALERIA MICHOU

Sólo una idea, un minúsculo germen plantado en el lóbulo temporal de mi cerebro, un guiño, una sonrisa.
Sólo una idea que se aferra y crece para lentamente invadir cada neurona, estallado en un cortocircuito de destellos ilusorios.
Una idea que obsesivamente domina cada sueño y pensamiento, que violenta las acciones del cuerpo poseyéndolo.poseyéndolo. Pequeña con sus antenas quebradas, escarbando con sus patas insistentemente en las raíces de la realidad , devorándolo todo.

ROBERT PROELIA DEUS

Cada quien sabe cómo.
Recién salió el sol, abre los ojos y sale al mundo a ganarse la vida, entre las cosechas, de la tierra emerge el alimento, lo recoge grano a grano, pisca a pisca. Entonces vuelve a su hogar satisfecho, degusta el momento hasta que alguien le dice desde fuera — deberías ser como la hormiga—, el Zanate jamás se ha preocupado por ser algo diferente. Es una golondrina quien se lo ha dicho, tampoco es que ella sea su amiga pues así como lo dijo se ha marchado Luego parado en algún poste escuchó a un gorrión decir —deberíamos ser como la hormiga—, tal fue su suerte que a donde iba escuchaba alabanzas sobre aquel pequeño insecto y por ello comenzó a sentir curiosidad — pero la hormiga no vuela, ni mira desde lo alto, por qué ser como ella, mientras yo vivo para mí, ella lo hace para servir, yo tengo libertad, el cielo, no sufro hambre, la hormiga vive en la oscuridad, en la tierra, bajo el yugo de una emperatriz.
Al otro día desciende a la hierba, observando a las hormigas caminar lentamente sobre la tierra formando una línea, — incluso podría comerlas — se dice — por qué debería ser como ellas — y es una pequeña hormiga quien le escucha y contesta —porque las hormigas trabajamos mucho, somos imparables, incansables, fuertes, para nuestro tamaño creamos ciudades colosales, además de ser precavidas —, el Zanate escucha inclinando su cabeza de lado a lado, — pero el zanate no necesita hacer eso, yo puedo volar hasta encontrar un lugar lleno de alimento y mirarlo con estrategia—, — pero depende de otros para vivir, qué harías si un día el ser humano dejara de derramar alimentos en los parques o decidiera cortar los árboles donde vives — responde la hormiga. Entonces se pregunta preocupado, qué pasaría, ¿Dónde viviría el Zanate?
Vuela presuroso a comunicarse con sus compañeros, ¿Qué comerá el Zanate?, ¿Dónde vivirá? Sus voces resuenan por todo el árbol y comienzan a guardar alimento para los días de escases, a construir casas con hojas secas y madera, trabajan duro durante un año entero. Pasa el tiempo y notan que aquel día no llega — Cuándo pasará — pregunta el Zanate, pronto responde uno de sus semejantes, pero ese pronto nunca ocurrió, las casitas hechas con escombros se hayan desoladas porque los arboles no han sido cortados, el alimento se lo han llevado las hormigas poco a poco y pronto descubren que han trabajado en vano.
Sobre una rama el sol hace brillar su negro plumaje semejante al de un cuervo, inclina su cabeza de lado a lado y dice aleteando — es la hormiga quien debería ser como el Zanate .

MARI CARMEN CANO REQUENA

Desde bien pequeño Paolo ya apuntaba maneras, le gustaba ir de puntillas saltando con sus brazos en alto dando vueltas y más vueltas sobre si. Sus padres no entendían la expresión de aquel cuerpo tan diminuto…. pero, Paolo creció!!
Bailaba a escondidas en un almacén que había abandonado de camino a su casa a la salida del colegio. Inmerso en su mundo no se percataba que alguien lo observaba día tras día escondido detrás de un muro en ruinas, hasta que un día no pudo evitar aplaudir dejándose ver……
Paolo sorprendido se quedó inmóvil y solo pudo decir……
—Cuánto rato lleva observándome?
—El necesario para darme cuenta del talento que tienes chaval!!, llevo observándote todos los días que vienes aquí desde hace mucho tiempo……. Y has hecho un gran trabajo tu sólo, sabes que podrías llegar muy lejos? Eres como una hormiguita labrando tu futuro poco a poco, día tras día esforzándote corrigiendo errores y superándote cada día un poco más que el anterior.
—Tus padres estarán orgullosos de ti e imagino que en tu escuela de baile también.
—Padres?……Escuela? Si mis padres se enteraran, dios sabe que pensarían de mi!! Ellos querrían que fuese arquitecto, abogado…… Cada cumpleaños que pasa ahorro todo lo que puedo con el sueño de comprarme mis zapatillas de puntas unas bonitas mallas y presentarme en el concurso de bailarines que se organiza cada año en la gran ciudad, pero…… se que debo tener paciencia y prepararme bien ya que espero que algún día todo este esfuerzo de su fruto final….

ROCÍO RB

Sofía esperó, como cada noche, a que Eduardo se durmiera para meter en la hucha, escondida en una falsa maceta de la terraza, el euro con treinta céntimos que se había ahorrado al no tomarse el café de media mañana en el bar.
Así era su día a día desde hacía tres años. Unas veces echaba más, otras apenas unos céntimos, pero no faltó ni una noche en su visita a la maceta. Eran ya cinco las huchas que había podido rellenar, enterrando ese dinero en el rincón menos transitado del jardín de la urbanización en la que vivían. En casa hubiera sido imposible esconderlo sin que él lo encontrara, sobre todo con sus arrebatos de celos, en los que actuaba como en una redada de la policía, rebuscando en armarios, cajones y cómodas la prueba de la supuesta infidelidad de Sofía. Cuando eso sucedía, ella se acurrucaba en el sofá, envuelta en una manta y ocupando el mínimo espacio posible, intentando hacerse invisible para evitar la paliza por no haber encontrado nada. Pero nunca tenía suerte, y al día siguiente se levantaba antes de lo habitual para maquillarse con esmero y ocultar con pintura los efectos de su rabia irracional. Ojalá pudiera maquillarse el corazón para no odiarle como lo hacía.
Durante este tiempo había perdido bastante peso, minimizando sus comidas para poder sisar unas monedas al hacer la compra. Pero también había adquirido fuerza y su cuerpo se veía atlético. Los siete kilómetros que distaban de casa al trabajo ya los corría sin esfuerzo, pudiendo ahorrar así el importe del transporte público y temiendo siempre que Eduardo la descubriera.
Él controlaba su sueldo, pero a ella eso le daba igual. Lo que en realidad quería era que dejara de controlar su vida. Por eso cada gota de sudor valía la pena y cada calambre en el estómago tenía sentido.
Esa noche, introduciendo a cámara lenta su botín para que no sonara el tintineo, decidió que esa hucha era la última.
Antes de que sonara el despertador ya estaba levantada y prácticamente arreglada. Metió en el bolso unos guantes y, tras mentirle aduciendo una reunión bajó a desenterrar su tesoro. Se fue directa a una sucursal, abriendo por primera vez una cuenta únicamente a su nombre, lo que la llenó de orgullo y fuerzas para continuar con su plan.
Ya en el trabajo comunicó el cambio de cuenta para domiciliar su nómina, para lo que quedaban tres días, imaginando la cara de Eduardo cuando intentara sacar dinero para sus borracheras y el cajero se lo denegara. Se deleitó unos minutos con esta ensoñación, disfrutando del momento.
Esos tres días restantes los pasó hecha un manojo de nervios, pensaba que la iba a descubrir, que leería en su cara la traición. Pero nada de eso sucedió, acostumbrada como estaba a mirar al suelo cuando hablaba con él. En el trabajo quisieron hacerle una fiesta de despedida cuando los compañeros se enteraron de su marcha, había solicitado una baja voluntaria por motivos personales, pero la evitó mintiendo una vez más y diciendo que pasaría a verlos a menudo.
A las tres de la mañana del tercer día, mientras Eduardo roncaba, metió en una mochila lo imprescindible para emprender una nueva vida lejos de él. No le dejó ninguna nota, pero sí esparció por el suelo del salón todo el maquillaje que tenía, el que había tenido que utilizar tantas veces, prometiéndose que nunca más le volvería a hacer falta. Sabía que lo entendería.

FÉLIX LONDOÑO G

Tomó su mapamundi y con una piola colgó aquella pelota del cielo raso. Con la punta del lápiz comenzó a tomar con delicadeza, una a una, algunas de las hormigas que ingresaban por el alfeizar de la ventana rumbo a la cocina. Las fue depositando en la superficie rugosa de aquel remedo de globo terráqueo.
Al mediar la mañana la esfera se veía poblada de himenópteros que vagaban errabundos por su superficie, al parecer sin tino ni destino.
Al sentir los primeros olores del banquete vio como comenzaron a subir en fila india por la piola hasta alcanzar el techo y tomar su camino en dirección al comedor.

JUAN JOSÉ SERRANO PICADIZO

«Un hormiguero en cuarentena»
(Roy)
Sentados junto a la cálida y resplandeciente hoguera de palillos secos. Ela, se preguntaba por qué Roy, tenía parte de su cuerpo quemado.
– Lo siento, pero me gustaría saber ¿Cómo te hiciste esas cicatrices?
Roy, atizó la hoguera añadiendo otro palo más. Tosió bruscamente.
– Es una historia muy larga y dura…
Cumplía veinte años, cuando acabé mi graduación en el cuartel general de viajeros. Era un joven lleno de vida y sueños. Viaje por todo el mundo, cumpliendo órdenes y entregando los envíos a tiempo. Mi último envío del año fue en España. Ese lugar que llaman el paraíso, el país libre, el país de las oportunidades para cualquier extranjero. Llegué tarde, mi envío era en un lugar de Andalucía, Sevilla. Eran las 23:23 horas nunca olvidaré esa hora. Maldita sea el momento en que pisé ese lugar. Alguien me emboscó por la espalda, cogiéndome fuertemente casi al punto de asfixiarme. Perdiendo el conocimiento, solo llegue a ver entre lagunas la cara del agresor, después, todo era oscuro y seco. Me llevó a su casa, dónde había un olor raro y se escuchaba una música rara. Me sacó torturándome y a base de golpes y gritos (¡Baila! ¡Baila flamenco guapa!) Decía. Yo apenas me tenía en pie, aún estaba mareado. Seguí sus órdenes y bailé. Como no sabía bailar flamenco, me empujo. Caí al suelo, me intentó pisar, me agarró de un brazo, y me hecho encima de un brasero antiguo de picón. Desesperado por no quemarme saltaba sobre las brasas, al mismo tiempo el hacía palmas y se reía (¡Ahora si bailas bicho mierda!). Cansado termine cayendo sobre las ascuas, quemándose parte de mi cuerpo, pies, manos y el cuello. Estando mal herido, me agarró y me metió dentro otra vez. Solo me daba pan y agua. No aprendí a bailar esa vez. Al siguiente día me llevo a una peña donde cantaban flamenco y bailaban sobre un tablao. Estuve observando todo el tiempo a aquéllos bailarines. De nuevo en casa me dejo en el lugar oscuro, tomé agua y comí las sobras que me dejó. Recordando los pasos de ese día, escuchando la música de mi secuestrador, comencé a practicar. Cuando me sacaba de mi prisión, me pedía que bailara. Bailaba y bailaba no dejaba de aplaudir y gritar (¡Olé! ¡Olé!) Me agarró fuertemente y me llevó a la fuerza con prisa. Estando en la peña me obligó a bailar, unos cantaores se acercaron a la mesa y comenzaron a cantar, la gente aplaudía a mi alrededor. Terminé exhausto no podía más. Mi secuestrador se enfadó y me quiso pegar, pero alguien le dijo (¡Te compro el bicho!). El pidió una gran suma, por fin podía ser libre pensé. Pero caí en manos de un loco y obeso borracho. Me llevaba de aquí para allá, no me dejaba descansar, apenas comí nada. Estando en su casa tras una fiesta donde bailé toda la noche, se quedó dormido por la borrachera. Sin darse cuenta de que me tenía en su bolsillo trasero. Casi aplasta la caja de cerillas donde me tenían preso. Pero se abrió por un lado y por fin pude escapar.
Ela, se quedó sin palabras mirando a Roy con ojos llorosos. Dao, se quedó dormido escuchando la historia de Roy.
– ¡Cuidado gorriones! – Gritó Ela.
– ¿¡Dónde!? – Sobresaltado, cayó Dao sobre la hoguera y comenzó a saltar en las brasas. Roy y Ela, reían recordando el momento.

REBECA FS

Pues qué quieres que te diga oye…
La muchacha se lo ha currado.
Ha sufrido mutilaciones, desgarros en el alma y cargado problemas (que tenemos todos) de otras personas…
Ha ido trabando su futuro, mezclando los «juegos del hambre» con su «sensación de vivir».
Pero ha llegado a hacer su propio «hormiguero».
Allí se han quedado los que tienen que estar. Ha echado unos cuantos «huevos» porque allí,
allí es la reina.
Aprendió a decir no a cigarras.
Aprendió a decir sí a cigarros.
Y ahora,
ahora es ella la que canta,
«le va la vida en ello». (Silvio Rodríguez)

GERARDO BOLAÑOS

En algun momento, tuvimos luz sobre nuestras cabezas, en algun momento nuestros presentes vislumbraban futuros preciosos, en algun momento nuestras ideas eran una sola, nuestros caminos eran el mismo camino, nuestra meta era una sola, nuestros sueños se soñaban al mismo tiempo, nuestro destino era incierto.
Ahora nos escondemos en las sombras de nuestras conciencias, ahora nuestros futuros es estar solos con nuestros sueños independientes, con nuestras metas soñadas individualmente, ahora tenemos conciencia.

ZOE EMM TEXIS

Había una vez en el condado de Hormilandia un pueblo llamado El hormigal, vivía una familia, Papá y Mamá hormiga, quienes eran muy trabajadores, aparte de llevar el alimento a su hogar trabajaban horas extras, recogiendo las hojitas sucias que dejaba votadas otras hormigas…
Con ellos por supuesto vivían sus hijos, Un gran hormigo, con el nombre Fabián, quien se llamaba así por su Abuelo y con el formaban cinco generaciones de nombre Fabián.
El aunque era el segundo de los tres hijos trataba de procurar y cuidar a sus dos hermanas, Eri quien era muy pequeña ella estaba apenas por primera vez asistiendo a una escuela para Bebés, y Maley quien ella ya era toda una jovencita hormiga adolescente, ella tuvo la fortuna de tener una beca para estudiar en aquella escuela de Hormilandia misma dónde acudían estudiantes de la ciudad y de otros pueblos.
La mayoría de las hormigas tenían la oportunidad de tener mejores hojas y ramitas, inclusive en su apariencia, algunas podían usar escencia del bañada con el jazmín del río, Maley por el contrario tenía apenas la posibilidad de acudir a estudiar, por la misma razón llevaba solo lo principal , ella muy chaparrita, y carismática, usaba lentes, los cuales eran muy especiales por qué los adquirió de un regalo de su mamá, Maley a diferencia de los demás tenía un color más canela, la cual la hacía especial, por la misma razón era un tema a cuestión de los demás en aquel hormigal.
*¡Miren Ya vieron, se dieron cuenta que sus papás de Maley, recogen las hojas de desperdicio Jajaja, que pena.¿Alguna vez los has acompañado?
-Si los he acompañado un par de ocasiones.
*¡Qué cosas y no te da pena aceptarlo que hormiga tan tonta!
Maley sin saber que pasaba en realidad el por qué le hacían burla, tanto que ni podía resistir el llorar, desconsolada ella a la escuela ya no quería regresar. De Camino a casa encontró a una compañera, la cual la vio llorar desconsolada.
-¿Estás bien? Pregunto Ámbar.
*Sabes, me siento triste, ni se por que las otras chicas de la escuela se burlan de mi, si tan solo ellas supieran…
-¿Saber que?
*Mis padres, tuvieron que hacer servicio de recolecta de hojas secas de por vida, ya que para dejarnos quedar en hormilandia, y darnos estudios eso fue por qué decretó el presidente Hormiga.
*¿Cómo pasó eso?
-Los gigantes, esas personas con pies grandotes que pasaron con sus animales grandotes que galopaban , y destruyeron nuestra aldea, nosotros vivíamos en una aldea muy humilde pero éramos muy felices, hasta que llegaron los gigantes a destruir todo a su paso. Hubo mucha tristeza, desestabilidad, pero también hubo amor y ganas de luchar por salir adelante, Mi familia fue la única que sobrevivió, de todos los que estábamos allí, con decirte que la Reyna Hormiga, también fue desterrada de su gran castillo el Hormiguero Principal, con decirte que hasta hubo fuego, en fin con todo el caos la única alternativa fue llegar al condado más cercano y para que nos recibieran quedamos en ese acuerdo por ser totalmente, ajenos a este lugar, llorando le contó Maley a Ámbar…
-Tranquila Maley jamás debes sentirte triste por eso, Nosotras las hormiguitas somos distinguidas por ser trabajadoras, de hecho aunque no lo pareciera todas las hormigas debemos rendirle un trabajo al presidente, Todos lo hacen, algunos lo saben otros no lo saben pero lo sospechan.
Siento que eres muy fuerte y muy valiente, y que tú y tu familia tienen la gran fortuna de estar bien. Jamás le hagas caso a esas hormiguitas tontas ellas ni saben apreciar lo bonito que tienes en ese corazoncito de hormiguita poderosa,tienes a una amiga quien te va a apoyar, y defender jamás te dejes apagar por lo que piensan los demás sobre ti, recuerda que por eso estás en la escuela, para ser una gran gran hormiga .
-¡Gracias! -Exclamó Maley sonriendo al compás del viento que soplaba tan fuerte las hojitas secas.

BEA ARTEENCUERO

Hormiga viajera
Cargada siempre estas
Recortes el jardín
Llevando mil colores
Sobre tu cuerpo.
Alimentos variados
Juntas y juntas
Para el invierno guardar
Granito a granito
Juntando vas
Pasito a pasito
Recorres distancias
Trabajas y trabajas
Sin descansar
Al verte pasar
Las flores se esconden
Así sus hojas cuidar
Mi mente no entiende
Como un ser tan pequeño
Al humano, ejemplo das.
Camino marcado
En tu recorrer
Vas dejando.
Horas y horas
Trabajas sin cesar
Con tu constancia
Llegas al final
Y vuelves a empezar.
Un padre si un consejo
Quiere dar….
Trabaja como la hormiga
Poquito a poquito
Que a tu meta llegarás
Así de boca en boca
Siempre estás!!!
Mi mente
No entiende
Como un ser tan pequeño
Al humano, ejemplo das.

DAVID DURA MARÍN

Porque es una hormiga excelente.
Porque es una hormiga excelente.
Y siempre lo será!.
El elefante estrenaba zapatos con tres tallas de más, así era su madre , ahorradora para cursos venideros y no como su padre, siempre trompa .
En el desliz de la emoción un pequeño fallo.
Acaso hay alguien que no meta la pata alguna vez?
Era poner música y se venía arriba.
Los macacos eran su grupo favorito. Algo del pequeño ruiseñor, un poco del rey león, pero no había comparación. Las orgías es lo que tienen, un no se yo.
La hormiga terminó en fósil , un elepé de esos dejando huellla.
En el mundo de la selva hazte oír sin que nadie te pisotee .
No soplaron velas , no por tristeza ni deseo, lejos estaba el parque de bomberos.

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16 comentarios en «Hormiguita – miniconcurso de relatos»

  1. Voto a Nane Ninoná, no hay mayor representación de una hormiguita que una madre. Me ha llegado tu relato. ❤️ Y aunque los demás también son muy buenos, no quiero partir mi voto, soy un egoísta, todo pa’ ella

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