La belleza de lo feo

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos con el tema «la belleza de lo feo». Estos son los textos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 23 de diciembre! (Solo un voto por persona. Este voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos).

POR FAVOR, SOLO VOTOS REALES, SOLO SE GANA EL RECONOCIMIENTO, CUANDO ES REAL.

* Todos los relatos son originales (responsabilidad del autor) y no han pasado procesos de corrección.

CORONADO SMITH

El atractivo de lo perverso está en los pequeños detalles, o eso pensaba la condesa Harad al servirse un smoothie de remolacha en una copa de cristal de Bohemia, tallada exquisitamente con la técnica del tiefsctt. A continuación le ofreció otra copa a Pamela Rose, la cual declinó la oferta, añadiendo con voz calmada pero firme
– Prefiero un Syrah de Valdepusa de la añada de 2001-
– Mantienes el buen gusto intacto, querida- replicó la condesa.
-¿Así andamos?- dijo una voz metálica desde la penumbra del salón donde se encontraban.
– Tranquila jefa, está casi todo arreglado, estoy esperando a quienes nos van a solucionar el problema- contesto la condesa Harad.
-¿Te sirvo algo, un smoothie, un té, un refresco?- añadió a continuación.
– Un txacoli de Getariako, por favor- dijo la jefa con tono pausado.
Estaban hablando tranquilamente de sus cosas, cuando resonó la aldaba de la puerta en toda la sala. La condesa en persona se levantó y se dirigió al hall para abrir la puerta. Al cabo de unos minutos se presentó acompañada de dos individuos envueltos en unos hábitos franciscanos y con máscaras venecianas. Uno era alto y el otro más alto.
-Aquí está la solución a nuestro problema, ellos se encargarán- dijo la condesa.
-¿Y quienes sois si puede saberse? – preguntó la jefa.
– Pueden llamarnos número 1 y número 2 – contestó el alto – es por precaución.
-¿Supongo que estarán al corriente del asunto?-
-Totalmente, además lo haremos completamente gratis, pues también es nuestro problema, no deja de humillarnos repetidamente con sus estúpidos escritos- añadió.
-Aunque no rechazaríamos ningún agasajo con la etiqueta de Osborne, verdad número 1- añadió el más alto.
-¡Calla, no empecemos!, lo tenemos todo bastante estudiado-.
-¿Cómo piensan hacerlo para que parezca un accidente? – pregunto Pamela Rose
-Con un alacrán, pero los detalles los tenemos que pulir todavía, tenemos una semana entera para que el plan quede perfecto- dijo número 1
El día de autos había llegado y Mr C estaba ajeno a todo, pobrecillo, no sabía la que se le vendría encima en un rato. Como siempre había ido a tomar el café y leer el As al bar de la esquina, si es que era sieso hasta para eso. Dos pares de ojos lo observaban mientras una voz canturreaba.
-El alacrán, el alacrán, el alacrán te va a picar, si te pica o no te pica o te deja de picar, tú vas a reventar, el alacrán…-
-Chisttt, que nos puede oir alguien–
-¿Te has enterado lo que tienes que hacer?- preguntó número 1
– Tranquilo, está todo controlado, mientras tu le invitas un café y le hablas de lo bien que va el Rayito este año, yo le meto el alacrán en el bolsillo derecho de la chaqueta, que es donde guarda las llaves siempre y que como hemos observado solo mete la mano al ir a abrir la puerta.- contestó número 2
-¿Quién va a sospechar que no ha sido un accidente? – ambos rieron a la vez.
No muy lejos de allí, en una mesa de la terraza, un elegante caballero tomaba un capuccino, al tiempo que hojeaba el dominical, cuando de pronto su nariz recibió un aroma muy pero que muy familiar.
-¡Anda, si huele a Barón Dandy!, hummm… no puede ser, solo hay dos sujetos capaces de usarla y están… –
Iba a acabar la frase cuando divisó a dos individuos disfrazados de barrenderos.
-¿Será posible? -dijo al tiempo que se acercaba a ellos.
-¿Pero quién les ha dejado salir a la calle, par de tarados? ¿Qué hacen así disfrazados?
-¡Nooo, el enfermero Cabrera!- gritaron al unísono.
-Verá usted Sr enfermero, pero la condesa Harad nos ha encomendado una misión super importante y hemos venido a cumplirla.
-¿Y cual es si puede saberse?
-Acabar de una vez por todas con Mr C.
-¡Por encima de mi cadaver!- dijo el enfermero Cabrera.
-¡Pero si canta muy feo y dice muchas barbaridades!
-Pero sus canciones son muy buenas y sus libros la hostia, así que tirando millas por donde han venido, ¡Policíaaaa!
-Corre Lisensiado, corre-
-Raudo y veloz Santi, raudo y veloz.-
¿Conseguirán desacerse de Mr C….? CONTINUARA o NO.

DIL DARAH

Aviso: Continuación a la propuesta semanal de Coronado Smith
** La estética de una venganza **
De entre las tinieblas de su castillo, la condesa H. veía solo rojo, sobre todo hacia anochecer y por la mañana.
—¿Y por qué no dorado? cuan el vino de nuestras copas— cuestionó Pamela Rose una vez más.
— No afirmaré: “Te lo dije” —puntuó la ocupante del otro butacón, que enfrentaba la chimenea.
Exactamente entonces, se escuchó la llamada a la puerta, lo cual dejó la conversación en vilo.
El mayordomo avanzó despacito, con una bandeja entre las manos, sin atreverse a pisar más allá de su propria sombra.
La condesa manifestó el desagrado, del hecho de tener que moverse, con un imperceptible suspiro y elevó el sobre de la bandeja como si le doliera.
—Temo, queridas, que me reclaman cuestiones domésticas imposibles de posponer. Continuaremos esta agradable reunión en otro momento o más propicio.
—Entiendo— sonrió con delicadeza Pamela Rose—. De todas formas, había gastado mi energía entera en las correcciones.
— Spalmorum Codex— zanjó su excelencia delante de la chimenea con su impecable humor, y la sala brilló de sosiego.
Condesa H. se reiteró sin mostrar urgencia, pero voló a las salas subterráneas.
La anticipación le daba no solamente alas sino la facilidad de respirar, por tanto, alcanzó el destino sin perder una miga de compostura.
—¡Álgido el pan de esta hospitalidad! — retumbó la voz del prisionero entre las paredes de granito.
Su excelencia se sobresaltó, sin embargo, el detalle pasó desapercibido bajo el embozo del hombre.
—¿Prefieres una tarta de panfletos recién horneados? O, tal vez, un extracto de la última, descarada tomadura de pelo, titulada La balada de la rana.
—Agradeciera de hecho saber a quién le debo el detalle del alacrán.
—Modificado genéticamente o no estaríamos conversando— repuso la condesa con el desdén de tener que puntuar una evidencia.
—Debería entonces dar las gracias.
—Con ser menos ruidoso me conformaría— se sentó H. a una prudente distancia y comenzó a observar al preso.
—¿Cómo conseguiste comprar a mis hombres? —quiso él saber.
—La pregunta correcta sería: ¿Por qué decidieron traicionarte? — exhaló de nuevo la condesa su desagrado ante la futilidad.
—Entiendo— frotó ligeramente él las muñecas, atadas concienzudamente a la silla.
—Permíteme dudar o, habrías contestado ya mis peticiones.
—Yo también he reclamado un trato más cordial y me dejé envenenar.
—¡Ja! — soltó la condesa una involuntaria sonrisa entre los dientes—. ¿Insinúas acaso que has venido benevolentemente?
—Afirmo un hecho, ya comprobado, además.
—Vamos al punto de interés— se enervó súbitamente la ansiedad de su excelencia y el preso comenzó a reír—. ¿Te parece divertido?
—Tan solo admiro la tenacidad— continuó él carcajeando.
—Supongo que es inútil insistir, pero haré un esfuerzo. Deseo que cesen de inmediato los ataques panfletisticos a mi dirección.
—No sé de qué me habla. Además, venía preparado a morir.
—¿Morir? ¡Morir?— elevó un tanto la voz su excelencia—. Morir, y sobre todo rápido, es para los nobles, mi estimado señor. Usted se beneficiará de un ejemplo: agónico y bien aplicado.
—Déjame adivinar. ¿Más alacranes?
—¡Jaja! — sonó triunfante la condesa H.—, De nuevo tan mal encaminado.

Por su cultura general, Mr. C, hay una expresión horrenda, extremadamente vulgar, pero no por ello carece de belleza en aplicación.

La sufrirá tres y cinco veces al día, el tiempo que sea necesario.

Mr. C sintió que le liberaban del embozo a la vez que sus nudos le permitían ahora elevar los brazos. Estaba solo. Sobre la mesa contigua yacía un vaso de smoothie verde. Olía a broccoli fresco y col podrida.
La condesa H. escuchó el grito de displicencia con sumo regocijo, del otro lado de la puerta y se dispuso a volver a sus aposentos.
Continuará…

MARI CRUZ ESTEVAN APARICIO

Nostalgia.
La pérdida de mis dientes dió principio a verme fea.
Mi obsesión a tal merma me llevó a caminar por el mundo fijándome en el rostro de aquel o aquellos que pasaban a mi lado. Las bocas el transeúnte ocupó a mi visión toda atención.
La sonrisa en el ser humano es hermosa como el sol que nos alumbra, más la falta de dientes en aquellas bocas risueñas, sí risueñas, nunca de labios apretados ya que este gesto te impide escudriñar la fealdad de su interior.
Observe tantas bocas a lo largo de mi vida sin dientes que llegó un momento que su fealdad
Me produjo sentirme enferma.
Así pues comencé a
ver en las paredes de mi cuarto sonrisas feas feas feas, incluso cuando ponía la tele todo lo que sale en pantalla son bocas faltas de dientes.
Entendí que padecía trastorno mental,por lo tanto decidí ir al dentista.
Con el arreglo de mi boca me atrevo a mirarme en el espejo. Mi sonrisa perfecta llega a mi cerebro.Mi persona es feliz al ver a la gente del mundo bella como el sol que nunca deja de ser hermoso.

REBECA FS

“Tres cosas hay en la vida; salud, dinero y amor…”
– Mamá…no quiero salir, no tengo ropa para salir.
– Péinate y cara lavada. Sólo necesitas eso.
Pero mi tía me va a dar la ropa para que no vaya tan fea a la boda.
Pero me van a hacer la láser engañada por la esteticién.
Pero me he apuntado a una nutricionista para entrar en una 42.
Pero…
– Ya lo comprenderás, cuando seas mayor. De momento, cara lavada y péinate.
La vida enseña lecciones, que aprendemos con el tiempo. O no.

BENEDICTO PALACIOS SÁNCHEZ

Mi abuela tuvo nueve hijos, todos con los ojos azules, todos tan sanos y longevos como ella que murió con ochenta y nueve años. Mi madre era la segunda y mi tía Rosa la más pequeña. Mi madre la protegía y también yo sentía un cariño especial por ella y aun más por Andresín, porque cuando él nació yo tenía quince años. Era mi primo preferido. Mi abuela y mi madre celebraron la llegada del niño con salvas, porque mi tía Rosa no se quedaba embarazada.
El marido de mi tía se llamaba Pedro y quería que el recién nacido tuviera su mismo nombre, pero mi abuela le puso Andrés, como se llamaba el abuelo, porque no tenía los ojos azules, que eran santo y seña de aquella especie de tribu.
—En algo tenía que parecerse— sentenció la abuela.
Andresín se crió paliducho y enclenque. Y cuando lo vi por primera vez envuelto entre pañales y toquillas, le dije a mi madre que aquel niño era muy feo.
—¿Tú qué sabes? Casi todos los niños nacen “feínos.” Tampoco tú eras guapo.
—Dice el maestro que tenemos un lejano pasado común con los monos y Andresín lo confirma.
—Déjate de antepasados que los nuestros fueron dos: Adán y Eva.
—Pero eso es una fábula. Lo dice la ciencia.
Mi madre me acarició la barbilla, me plantó beso y dijo ¡y qué!
Fueran o no los reyes del paraíso los primeros padres, Andresín tenía un enorme parecido con los primates. Y los muchachos de la escuela que solían poner motes a todo quisque, a la semana le pusieron el de “monaínas.
Era feo, pero tenía encanto. Yo le quería como si fuera mi hermano pequeño. Se pasaba por mi casa cada dos por tres, comía con nosotros y cuando yo quedaba de paseo con Asun le llevaba de carabina. Hasta le confundían.
—Si no fuera por tan “feíno,” se diría que es hijo vuestro.
A mí no me parecía tanto, pero Asun le describió muy propio.
—Mira con ojos trabados, el pelo le come media frente, tiene dientes de ratón y orejas de soplillo. Le falta desarrollo, pero es tan tierno que da gusto achucharle y verle reír y eso suple lo feo.
Una tarde me mandó mi madre recogerle a la salida de la escuela. Me escondí detrás de un árbol a ver si me encontraba. Salieron del aula a empujones y un muchacho mayor que él le sujetó por un brazo y se lo llevó aparte.
—”Monaínas,” un día te voy bajar los pantalones.
—Y yo a ti los humos y algo más si le tocas un pelo.
Andresín vino corriendo hacía mí y se refugió en mis brazos. Le entraban unas risas… Luego me contó que los chicos mayores se reían de él.
—Escúchame bien porque te voy a enseñar un truco. Como eres pequeño y tienes poca fuerza, debes utilizar estos recursos: correr, esconderte y sobre todo saber esperar. Las oportunidades siempre llegan. ¿Te acuerdas de David y Goliat?
—¿El de la pedrada en la frente? Pero eso solo sucede en los cuentos. Conozco una manera diferente de ganar: trataré de ser su amigo.
Le cogí entre los brazos, le abracé y alcé sobre mis hombros. Así paseamos un buen rato. Luego al abrir la puerta del patio se colgó del dintel. Se bamboleaba y yo le empujaba como si estuviera sobre un columpio. Mi madre me riñó.
—Lucio, por favor, Andresín no es un juguete.
—Lo sé, pero es tan tierno, tan lindo, tan ángel… Yo no quiero que crezca.
—Lo entiendo, hijo, pero la belleza de verdad no se pierde por crecer.

CARLOS TABOADA

EL VIAJE
Descansaba tranquilamente en casa cuando surgió la llamada. La maleta yacía abierta sobre la cama, dispuesta como alas de pájaro para salir del nido y emerger a destino. Él sabía, era consciente, que su morada había servido como estructura para nave espacial, y que saldría disparado hacia la cita. Aun así, a pesar de su convencimiento, cerró la maleta con lo justo, con nostalgia. Cuando la alzó al vuelo, comprobó que su historia personal —quizás efímera— pesaba infinitamente menos que la armadura de viaje. A continuación, con ilusión, echó un último vistazo al pequeño apartamento y salió para dirigirse al aeropuerto.
La aeronave disponía de tres filas de asientos frontales, y él, al observar el fondo infinito de butacas vacías que pronto se llenarían, sintió algo de pánico. Afortunadamente, le tocó la fila número cinco y… ¡ventanilla! Al sentarse suspiró, y comprobó, inseguro, que era el asiento que le correspondía. El gentío comenzó a molestarle, y escuchó que algunas personas, nerviosas, discutían por su disposición. No supo si eran riñas de pasajeros o con el personal de vuelo. En cualquier caso, dirigió la vista hacia la pista y buscó algo de paz sobre el asfalto, tal como cualquier señal sobre la pintura, una figura o ente que se dibujara frente a su posición, e incluso un pájaro especial que le fuera a mirar intensamente para hablarle a través del iris.
Literalmente, su vida dependía de aquel vuelo. Día tras día, había trabajado con esfuerzo y empeño para que el viaje fuera un éxito. Llegar a destino era el nirvana de su vida. No podía ser de otra manera. Como si hubiera tomado la pastilla roja. El pasado, tras el vuelo, dejaría de existir en su mente. Nada sería igual. Otra vida esperaba. Se sentía fuerte y perfectamente preparado. Otros le pondrían la zancadilla. Él tenía otros métodos. Nunca se los dijo a nadie, y por ello supo que el éxito le esperaba.
El vuelo fue amenazante, tal y como había supuesto. Por megafonía, advertían a menudo de turbulencias, y los temores de los demás se transformaron en miedo. «No están preparados. No lo están.», se dijo una y otra vez, ignorándolos siempre. Unas veces, el avión caía en picado, dispuesto a introducirse bajo tierra, como si el pico fuera a abrir un camino sin lubricante; y otras, rompía la línea de la estratosfera para traspasar la mesosfera y saludar desde la termosfera, como si el aparato fuera indestructible. El vuelo, tal como le habían dicho, no tuvo nada de bello; más bien, fue feo, pero eso no importó. No importó porque pasaron las horas, o quizás días, pero llegó. Lo consiguió. El destino esperaba. Nunca la había visto. Allí estaba tras bajar del avión, tal cual la habían descrito.
Allí estaba, con forma de esfera. Una membrana llamada citoplasmática le indicó el camino, y otra vitelina le recibió con los brazos abiertos. Los dos lloraron de alegría, fusionándose. A partir de ahí, sabían que crearían un cigoto y muchas cosas más. Pero eso vendría más tarde. Por ahora, abrazados, solo querían disfrutar del destino que les deparaba tras el vuelo feo pero bello.

SERGIO SANTIAGO MONREAL

Susana conserva un peluche. Es viejo y feo. Le llama Pastus. Lo mete en la lavadora cada semana. Está enamorada del viejo peluche. Susana conoció a Javier. Javier se sorprendió al conocer a Pastus. Su historia. Los detalles que Susana le contaba. – ¿Qué ves en ése peluche? = Pregunta Javier desorientado. = No lo entenderías. = Contesta Susana y prosigue. – Pastus fue rescatado de la basura. Salvo a mi gato Mifu que se había perdido. Mifu apareció acurrucado con Pastus. El alma de Mifu, recientemente fallecido está en Pastus. Pastus es su espíritu.


BEGO RIVERA

El refugio
Empezó a evadirse de la realidad siendo niña. No entendía el mundo que la rodeaba y nadie le daba explicación. Se hacía preguntas y no obtenía respuestas, eso le causaba frustración. Comenzó entonces por casualidad a irse de aventuras con ” Los cinco”, “Los Hollister”, “Los Gemelos”, les acompañaba a resolver misterios y su mundo desaparecía. Más adelante, ya de adolescente, viajó a si fin de lugares con la Señorita Marple de Agatha Christie, también acompañó a Hércules Poirot; ¡ Incluso estuvo en el Orient Express! ¡ Fue quimérico, pero lo sintió! Después de seguirlos, seguirlos y seguirlos…sus métodos deductivos ya eran predecibles para ella, al poco de comenzar un caso ya sabía quién era el asesino, se lo manifestaba a cada uno de ellos, pero no la oían.
Cuando no estaba metida en “sus mundos” y la verdadera existencia que la rodeaba la reclamaba, subsistía amargada, se arrastraba, se dejaba llevar deseando volver a su verdadero hogar.
Un día descubrió a “It”, unas mil hojas de fantasía que le causaron terror y éxtasis por igual y que hasta el día de hoy lo ha disfrutado cuatro veces. Por supuesto que conocer a Stephen King fue un verdadero placer – aunque tenga sus detractores- ¡Qué imaginación! ¡ Qué historias! Acompañó a sus personajes desde entonces hasta hoy.
Siguió a Juan Preciado en busca de su padre Pedro Páramo ¡ Brutal! De Juan Rulfo. Investigó y aprendió de JJ Benítez, primero con Caballo de Troya ¡ Perfecto! Se transformó en insecto con Gregorio Sansa de Kafka, angustioso, maravilloso…Casi expiró de la impresión con lo que le sucedió a Lord Stark al principio de la aventura, aún así continuó con Jon Nieve. Y podría seguir y seguir. ¿ Y Lovecraft? Dostoyevski, George Orwell con 1984, La naranja mecánica…miles y miles de maravillas; la vida no da para viajar tanto, es una pena.
Ya de adulta, el mundo real como le llamamos, seguía sin convencerla. Existía sin adaptarse, pero siguiendo las normas de la sociedad implantadas Vivía sin seguir a los demás, haciendo lo que se suponía que tenían que hacer. Llevaba años sin salir de casa, una enfermedad la mantenía encerrada, su deformación física debido a esta…le causaba angustia, no quería pensar, cuando era pequeña la gente la miraba con asco, con pena, nadie quiso conocer su belleza interior a excepción de sus padres. Le invadía la desazón, nunca llegó a advertir ni una pequeña chispa de lo que percibía en sus otras vidas.
Con cierta edad ya, lo que le requería su ser era información, saber, conocer todos los puntos de vista, no quedarse con lo primero o único que le llegase. Se enganchó con la Filosofía, la Psicología, la economía, historia. Quería saber porqué el mundo es como es y desde cuándo. Dicho de manera más certera…¿ Por qué el ser humano es cómo es? ¿Por qué hace lo que hace?
Ahora también escribe sus historias, porque es perseguida, agobiada, desbordada por su gran imaginación. Para no confundir diferentes mundos, ha decidido plasmarlo, expulsarlo. Lo hace con palabras escritas y se relaja, suelta lastre. Pasan las horas, no se da cuenta; sigue escribiendo y no puede parar.
Descubrió que la belleza en sus libros y la fealdad en la realidad iban de la mano.
Hora de lectura, a ver…por dónde iba…¡ Ah! Sí… estaba con Marcus Goldman, a su vera, siguiéndole a resolver bla verdad sobre el caso Harry Quebert de Joel Dicker. A ver… página trescientos tres :
“Los escritores que se pasan la noche escribiendo, enfermos de cafeína y fumando tabaco de liar, son un mito, Marcus. Debe ser…”
La vida rueda sin parar, para bien y para mal. Intentará plasmar lo que ella hubiese querido vivir de verdad.

CONSUELO PÉREZ GÓMEZ

CAMINANDO POR LAS POSTINERAS CALLES DE MADRID
Mañana de recados por el barrio -según dicen por ahí- más postinero de Madrid. Calles donde el lujo se mezcla con la miseria de un colchón tirado entre puertas pintarrajeadas de una sucursal dineraria venida a pique. Aceras mullidas, pasos sin prisa; aquí el tiempo tiene otro sabor, otro olor, otro pasar. Hotel de superlujo con terraza acorde. Señor con estética –al menos el perfil exterior da para pensar- de mandamás. Vestido para la ocasión, porque si algo tiene este barrio es su superioridad en el atuendo: nada fuera de sitio; todo conjuntado, atado y bien perfumado. El señor aseñorado, se sienta a una de las lujosas mesas en la terraza del lujoso hotel con su copa supongo de Martini o semejante, es la hora del aperitivo. A sus pies sentado en una minúscula banqueta otro señor: este sin la manicura hecha, aunque posiblemente sus manos, estén limpias de todo a pesar de la inmersión betunera de años grabados en ellas. Mientras el señor que limpia y da esplendor, el pez gordo repantingado en su heredado hedonismo, inclina su torso sobre el respaldo del lujoso butacón. No podemos saber cuáles serán sus pensamientos. Quizá esté organizando su próximo viaje de lujo. Sus próximas compras en el mercado del lujo. Su próximo atuendo de lujo. O quizá está calculando la propina que arrojará con displicencia a quién se postra a sus pies.
El ilustre ilustrador entretanto, con medido vigor, maneja el trapo que da brillo al pedestal desde donde está instalado el gran señor, y piensa, con todo lujo de detalles que quizá, solo quizá, sea ese pedestal que él lustra, lo único brillante en la vida del que nació para ser servido, mientras guarda para sí la esperanza de una generosa propina que le permita pasar por el supermercado.
En el mundo, por más que se mire, solo existen dos razas, a saber: los servidores y los servidos. Hay quien alguna vez intentó salir del patrón encomendado yendo a estrellarse contra la acera alfombrada de un hotel de superlujo en un barrio postinero de cualquier postinera ciudad.
Posdata: hay belleza que el betún no consigue empañar.

RAQUEL LÓPEZ

¿Quién pone un juicio final
debatiendo lo feo y grotesco,
ante la beldad
y la perfección de lo estético?
Es la sociedad o las personas,
las que tienen un concepto:
“no hay belleza sin igual,
la fealdad..la desecho.
De la manera que se percibe,
eso es lo que cuenta,
liberando nuestra mente
de los estigmas que inventan.
Influidos por la perfección
de la poesía y belleza,
poetas presos de alucinación
inspirados por la absenta.
No hay belleza sin fealdad,
ni fealdad sin belleza,
pues forma parte de un todo..
los ojos ciegos que no ven,
solo perciben cosas bellas,
no hay verdad ni mentira
pues solo está en la esquisitez,
del ojo con que se mira.

FLOR RODRÍGUEZ

Quizás nadie pueda ver la belleza que irradia tu voz.
Quizás todos se fijen en tus cabellos enmarañado, tu larga barba desprolija o en aquella joroba que asoma en tu espalda cuando sueles caminar.
Quizás nadie te vea con el amor con que yo te miro al escucharte hablar.
Quizás nadie imagina, que la transparencia de tu alma se refleja en tu ojos cuando tomas un libro o cuando contemplas el alba al despertar.

GINO ALBARETI TARANTINO

Irrompible
Era un viernes cualquiera y la profesora de ética mandaba una reflexión para el lunes siguiente.
  • Quiero que busquéis algo que sea totalmente irrompible. Buscar por todos lados, quién consiga encontrar algo que no puede romperse, tendrá un 10 en el examen final de curso.
Terminó la clase y James fue a la casa de su padre, pues los fines de semana le correspondía estar con él.
Tras pasar la tarde del viernes, James se sienta a cenar con su padre mientras ven la televición.
  • Papa ¿Existe algo que no pueda romperse?
El padre paró la serie de Netflix y terminando de masticar y los ojos bien abiertos dijo:
  • Lo que ya está roto supongo, hijo.
James se fue a su habitación a dormir con la idea en la cabeza. Durante la noche, apenas pudo dormir, nunca antes una idea tan sencilla le había quitado el sueño, no podía creerlo.
Al día siguiente se tomo un chocolate caliente y al acabarlo se quedo mirando su taza hipnotizadamente. De pronto, se levanto y la estampó al suelo saltándo en 4 pedazos de cerámica por toda la cocina.
A continuación, agarro un trozo de los que quedaban y lo volvió a estampar contra el suelo rompiéndose en trozos más pequeños.
Ante los dos ruidos estrepitosos el padre acudió preocupado.
  • ¿Qué ha pasado James? – dijo con preocupación y enfado al ver todo el percal que había en la cocina
  • Papa, he intentado comprobar lo que me dijiste ayer, pero, hay algo que no entiendo. ¿Cuántas veces tiene que romperse algo para ser irrompible?
El padre, atónito, mando a su hijo a su habitación castigado por haber roto la taza.
Otra vez en la cena, James volvió a sacar el tema
  • Tengo una pregunta papa. Cuando se rompió lo tuyo con mama, ¿vosotros también os rompísteis?. Y si es así ¿os podeís volver a romper?. Yo creo que también se rompió una parte de mi.
El padre, paró nuevamente la serie de netflix y miró a su hijo con menos paciencia esta vez.
  • Hijo ¿Qué profesora te envió esta tarea?
  • La de etica papa
  • Hablaré con ella, esto no es una tarea propia para tu edad.
Pasó el fin de semana y James intento desconectar de la tarea, ya le había traido suficientes problemas. Si seguía pensando en ello, no iban a quedarle cosas que romper.
Llego el día de la entrega y los compañeros comenzaron a salir a hablar. Todos los intentos fueron envanos, la profesora conseguía contraargumentar todos los intentos de sus alumnos. Nadie había dado con la clave.
Cuando llegó a James, este negó con la cabeza. No quería hablar, no quería decir nada. La clase terminó y todos los alumnos se fueron a su casa salvo James, quién se quedo sentado en un banco en la plaza de su barrio.
Seguía pensando en esa idea y nada podía quitárselo de la cabeza. ¿Qué podría ser irrompible?
De pronto, mirando la carretera vió una pequeña grieta y se acercó a curiosear. Ahí, en el medio de la carretera, de tanto cemento, había una pequeña ramitaque asomaba timidamente por la grieta.
¿Cómo es posible? – se preguntaba
Al día siguiente, había llegado a una conclusión y pidió a la profesora la oportunidad de pronunciarse.
  • Adelante- le dijo con dulzura
James se colocó delante de todos sus compañeros y comenzó a hablar mirando a cada uno de ellos:
  • Mi nombre es James. Soy hijo de divorciados. Mi mejor amigo falleció hace unos meses en un accidente. El verano pasado estuve escayolado durante 3 meses por caerme por las escaleras. He suspendido varias veces estos años, pero también he aprobado. A veces no sé quién soy, a veces me enfado por no tener una familia normal, por no ser normal. Pero a pesar de todo esto, me gustaría compartir con todos vosotros algo que he descubierto estos días.
Los compañeros miraban atónitos a James, nadie se esperaba oir lo que estaba diciendo. La profesora dudaba si parar el discurso o dejarlo fluir, aún así, le dió un pequeña oportunidad.
  • He descubierto que soy irrompible. Y esto no es porque no pueda romperme, como habeís oido, me he roto varias veces. Pero por más veces que me rompa siempre he vuelto a unir las partes de mi corazón, porque esa es mi esencia, esa es la esencia de la naturaleza de este planeta, renacerse, recrearse y reconstruirse. De la misma manera que una pequeña plantita asomará por una grieta en una carretera de cemento por su propia fuerza, nosotros, yo en este caso, renaceré con más fuerza. Absorveré el impacto de lo que me rompió, porque esa fuerza ya me pertenece.
La clase enmudecida, quedo expectante a la reacción de la profesora. Fueron solo unos segundos, que parecieron eternos para James, pero finlamente todos, aplaudieron las palabras de su compañero.

LOLI BELBEL

UN ACTO ALTRUISTA
César era un joven de dieciséis años, acomplejado y entristecido por su físico. No se miraba apenas al espejo. Su cara tenía unos defectos genéticos muy destacados: orejas grandes y separadas.
Nariz aplastada y boca ligeramente torcida hacia la derecha. Todo ello hacía de él un joven nada agraciado.
Sus compañeros del colegio apenas se relacionaban con él. Las chicas ni le miraban siquiera. Y los profesores no osaban sacarlo a la pizarra para evitar rumores desagradables. Por lo demás era un chico con una capacidad intelectual normal. Pero él sufría cada vez más por su físico.
Un día, y al fondo de la clase, una compañera de él, Elena, no paraba de mirarlo y mirarlo…
Se acercó a él a la hora del recreo y le dijo: “César, el sábado que viene es mi cumpleaños y estás invitado”. Él quedó atónito y con voz entrecortada le respondió que iría y le dio las gracias.
Llegó el sábado, 18 h , y sonó el timbre de casa de Elena. Entró César muy contento con un regalo en las manos, que entregó a Elena con un par de besos y la correspondiente felicitación. ¿Era el primero? No había nadie más…¡Qué extraño! -pensó él. Pasaron unos 20 minutos y el seguía sentado solo en un sofá gris perla cómodo y precioso. Ella parecía nerviosa…
“Procure no mover la cara, César. Todo ha ido perfectamente. En unos cinco días ya podrá ir a casa”. Un médico acompañado de una enfermera le tocó cariñosamente el brazo.
César gritó preguntando que donde estaba.
Al otro lado del doctor y de la cama de hospital, la mano de Elena cogió la suya.
“César, mi padre es cirujano plástico y te ha arreglado algún pequeño defecto facial. No temas…, todo está bien.”
En la bebida que tomó el sábado en su casa, Elena le había puesto un sedante que le recetó su padre y lo llevaron profundamente dormido al hospital.
Ni cumpleaños ni nada. Todo lo habían maquinado entre los padres de César y los de ella.
Los padres de César, al borde de la cama de su hijo lloraban mirándolo con dulzura.
Fue el mayor signo altruista de una chica hacia un compañero que, por su condición social y económica no hubiera podido jamás alcanzar ese sueño: ser como los demás y vivir tranquilo, sin complejos, y feliz.

EFRAIN DÍAZ

No conozco a nadie que le guste perder. Como sociedad nos crían y nos desarrollan para ganar. Desde pequeños nos inculcan que el segundo lugar equivale al primer perdedor. Y crecemos compitiendo por el primer lugar. Porque la sociedad en general desprecia a los perdedores. Nadie quiere ser perdedor. Nadie quiere ser despreciado y condenado al olvido por no haber ganado.
Estaba en un torneo de volleyball de mi hija de 16 años. El equipo que jugaba en la cancha del lado, eran niñas de 14. Me llamó la atención la desventaja en que estaba uno de los equipos. Comparado con el equipo contrario, no tenían altura. Sus niñas eran mas bajitas que la media. Tampoco tenían habilidad en la cancha. Se notaba que era un equipo recién formado. Un equipo primerizo. El equipo contrario las sometió a toda clase de burlas y humillaciones.
En la cancha, el equipo contrario era superior. Muy superior. No les fue muy difícil sacarles una amplia ventaja. Sin embargo, el equipo primerizo hizo caso omiso al acoso y se concentró en el juego. Sabían que la tenían difícil, pero no se dieron por vencido. Dentro de sus incapacidades, no les iban a regalar el juego. Estaban decididas a luchar por cada punto. Estaban decididas a hacer luchar a las contrarias por cada punto. Venderían muy cara su derrota.
A nadie le gusta perder. Nos crían para ganar. En eso estribaba su belleza. En lo feo de la derrota, su belleza radicaba en el esfuerzo y en el sacrificio. En la voluntad de no rendirse.

JAVIER GARCÍA HOYOS

UN HERMOSO Y FEO DÍA PARA ALMORZAR
Era un día despejado. Jacobo podía sentir el calor del sol quemando su cara. Aquel día, Estela le había acompañado hasta el río para almorzar juntos. Sentados en la orilla, las hierbas y las escasas flores que resistían por allí, trataban con todas sus fuerzas de perfumar aquel lugar. Los árboles propiciaban la sombra perfecta, y mejor aún, servían de improvisadas butacas. Aquellas extensiones del suelo, que se elevaban hacia el cielo para poder atrapar las pocas nubes que pasaban, tenían las hojas amarillentas, a pesar de estar en primavera.
Jacobo solía acudir a aquel lugar para relajarse con el sonido del agua, pero esta ya no sonaba. Se sentaron juntos en uno de los árboles, ella apoyó la cabeza sobre su hombro y él la cogió de la mano para entrelazarla con sus dedos. Estela lo miró.
—Deberías haberte afeitado. —dijo ella.
Su esposa tenía razón. Ya no cuidaba su aspecto como antes.
Recorrió con su mirada el curso del escaso caudal de agua que, desesperado, buscaba una salida al mar, pero que aún quedaba muy lejos. Desde el lugar donde se encontraban, podía ver el puente del pueblo. Los ojos de aquella estructura medieval tenían casi al descubierto todos sus cimientos. Unos turistas estaban sacando fotos desde allí, pensó que, al menos, alguien sacaba provecho de aquella situación. Lo que para unos era un clima horrible, para otros era algo hermoso, o al menos curioso.
—Tengo miedo, Estela.
—Saldremos adelante. Siempre lo hemos hecho, y en esta ocasión ocurrirá igual.
Jacobo giró un poco más su cabeza y cruzó su mirada con la de ella. Al igual que la de un gato, era decidida y dispuesta a proteger su territorio. Tras tanto tiempo juntos, le seguía cautivando.
—¿Y si no cae una sola gota de agua? Perderíamos otro año más la cosecha. Sería la ruina. Nuestra relación tambien podría verse afectada. Que nos desgastemos como pareja, y nuestro amor desaparezca como lo ha hecho el agua de este río, eso me preocupa aún más. Los chicos son todavía pequeños y no lo entenderían.
Los intensos ojos verdes de Estela se clavaron en él. Le soltó la mano y le agarró con fuerza la barbilla para que no pudiese dejar de mirarla:
—¿Eres idiota? Escúchame con atención. Hemos luchado por mantener nuestras tierras, dar de comer a nuestros hijos, y no acabar endeudados. Puede que al final todo halla sido en vano, que este sol infinito queme hasta el último rastrojo de hierba de nuestra propiedad, pero no permitiré que seque nuestros corazones, eso te lo puedo garantizar.
Jacobo sonrió al escuchar aquellas palabras. Su corazón se sosegó. Ella le liberó la barbilla y volvió a cogerle de la mano. Miró de nuevo aquel paisaje árido.
—Tienes razón. Al menos este clima tan duro me ha enseñado algo.
—¿El qué?
—Que tengo suerte de tenerte junto a mí.
Abrieron las fiambreras para disponerse a comer.
Jacobo miró una vez más las copas de los árboles. Casi sin hojas, seguían luchando por atrapar nubes inexistentes.
FIN.

LOLY MORENO BARNES

LA FEA
—¡Mamá!¿Donde está la Fea?
—¡Se fue!
¿No te gusta esta tan bonita?
—¡Yo quiero mi Fea!
(Lloraba la niña sin consuelo.)
Desde que recordaba había tenido su compañía.
Esa muñeca de trapo que según le decía su madre le habían regalado los Reyes Magos después de su primer aniversario .
La muñeca de trapo de color oscuro y triste sin pelo, que arrastraba de un brazo por toda la casa y que a veces terminaba sobre el montón de leña que había al lado de la chimenea llena de hollín.
Llevaba en sus entrañas los pocos colores de retazos en tela de algún pantalón de trabajo de su padre y un hilo carmín bordaba su boca.
Solo tres pestañas sugerían cada ojo con puntadas negras.
A veces, de tanto tirar de ella, se descosía algún brazo y su madre con cariño la llevaba al doctor en el cuarto de costura.
Al principio se llamaba Pepa, pero con el tiempo solo Fea que entre su balbuceo sonaba a:”Princesa”.
Era lo primero que buscaba al levantarse y lo último que soltaban sus manitas al dormirse.
Después de pasar por innumerables lavados y secados al sol, los colores oscuros originales pasaron a ser descoloridos tonos, pero en sus brazos y bajo su mirada lucían siempre los bellos colores del arcoíris.
En su tercer aniversario y justo para el Día de Reyes, desapareció.
Fue reemplazada por otra recién zurcida .
La niña siguió llorando su ausencia y despreciando la nueva muñeca que para ella no tenía ningún atractivo puesto que su corazón era todo para la Fea.
Su tristeza solo se esfumó el día en que una costura diminuta dejó entrever bajo la piel de tela de su nueva muñeca el cuerpo antiguo de la Fea y supo que nunca había marchado.
La abrazó tan fuerte , que su inocencia le devolvió el amor en el reencuentro.

POZO POZO

Lo bello y lo feo es una construcción humana…
La belleza no está en el objeto, sino en quién lo mira…
Fernando, era un viejo verde, había perdido la mejor edad y con la que le quedaba no quería otra cosa que compartirla con mujeres jóvenes.
Estaba en varios chat en los que se llevaba parte del día enganchado.
Él había sido profesor en la universidad, esto le daba mucho crédito porque había mujeres que no les importaba sacrificarse por tal de tener a un hombre bien situado.
Antonio, había conseguido estar con mujeres mucho más jovenes que él … la Viagra lo sacaba de apuro…
Este hombre se había convertido en un perverso, como le era muy fácil contactar con chicas jóvenes cada día estaba más salido y también más hábil en cazar a sus presas.
Un día , navegando por un chat de Perú conoció a una tal Lupita. Esta chica era muy linda, ella le pasaba las fotografías y le decía el si vivir que tenía en su vida porque era la mayor de diez hermanos y tenía que trabajar mucho para que su familia no pasará necesidades. Se metió a Antonio en el bolsillo con su pena y este no escatimaba en enviarle dinero cada vez que ella le lloraba.
Estaba profundamente obsesionado por Lupita y no le importaba nada hacer todo lo que ella le pidiera…Lupita lo tenía loco…
Él presumía mucho con ella y le decía lo buen amante que era y los polvos que podía echar en una noche…creo que le dije siete u ocho…
Lupita también era muy caliente y le comentaba que se masturbaba pensando en él..
Este no podía con más calentura y aunque no sé empalmaba del todo la Lupita lo tenía sin dormir…
En los últimos tiempos nada más que pensaba en Lupita , la tenía en la mente de día y de noche…
En los últimos tiempos la pareja había cogido mucha confianza y no solo él enviaba dinero , ella también le mandaba pelos del pubis a correo certificado…
Estaba disfrutando más que un enano.
Más adelante el le dijo que quería hacer una conferencia virtual…ella no quería porque decía que no tenía dinero para comprarse la cámara , entonces él le mando el suficiente para que ella no escaseara de nada…
Eran las 12h pm , cuando se vieron…a ella casi se le congela el alma cuando vio el aspecto del tío: era viejo , viejo, y tenia más arrugas que un elefante…
Ella, sin embargo, era una joven muy apañados y de tetas y culo muy gordos.
El viejo pensó que era Colón y que había descubierto América…
se puso más alegre que unas castañuelas…
Lupita tenía cuatro hijos y su marido era cómplice con ella de la relación con el viejo…
Si Antonio hubiese llegado a saber que los pelos del xumino eran de su bigote…
Y comieron perdices y fueron muy felices…

IRENE ADLER

AVOIR LE CAFARD
Le gustaba el jazz. Lo que tenía de etílico, imperecedero o melancólico. La cadencia triste del lamento de un esclavo. La voz rota de mujeres que eran diosas y eran putas. El sabor a humo de adormidera que ralentizaba la mente, el escroto y los sentidos, y que en su imaginación, se producían por la exotérmica combustión de la voz, el metal, y la tristeza. El mismo éxtasis, entre perverso y caótico, que generaban los accidentes aéreos; la fisión a destiempo y a deshora de una central nuclear; el hundimiento autónomo de una mina de diamantes en Yubyeleny. El jazz, con sus impurezas y sus improvisaciones, ejercía sobre él la misma calma densa que cualquier forma de catástrofe terrenal, inesperada, ilógica y cruenta. Su fascinación por esas muertes masivas, que acababan siendo bellísimas secuencias numéricas y estadísticas, era un rasgo adquirido por azar en la infancia, y perfeccionado a lo largo de toda su vida adulta, como un placebo inocuo a la perpetua insatisfacción. Una variación aberrante pero sutil, del aburrimiento. Como un recreo o un asueto. Una adicción balsámica y analgésica. El incierto mundo de las probabilidades. La máquina, el ingenio, la monstruosa y amada creación, destruyendo con el mismo amor desmedido a su creador. Haciendo definitivo aquello para lo que fue creada: superar al maestro, triturar su inmortalidad hasta negarle ser carbono o ser cenizas ; amalgamarlo en su tierno corazón de acero, asbesto, circuitos electrónicos como impulsos neuronales, silicio derretido y derramado como sangre. Hombre y máquina enquistados en un amasijo triunfante de nada humeante con olor a caucho quemado o a tierra quemada. Lo encontraba soberano y perfecto, poético y extravagante. El clímax aún no alcanzado, del sueño humano del ciborg.
Las imágenes televisadas de hierros esparcidos, fuselajes huérfanos, sarcófagos silenciosos de reactores asesinos, coches estrellados en carreteras secundarias, le producían un estremecimiento molecular y primitivo. La misma sensación térmica y difusa que le producía la audacia dorada del saxo de Jonh Coltrane, o el gemido larguísimo, moribundo y orgásmico, de un solo de trompeta de Charlie Shavers. La simbiótica, inexplicable belleza, de la fusión entre el metal y la carne ; entre el metal y el alma.
La suya era una pasión clandestina, más parecida en sus pudores y en sus exigencias, al amante silencioso de las máquinas tragaperras, que al amante pusilánime del arte. Aunque una vez, no recordaba dónde, se había preguntado, inmóvil y atrapado frente a los trazos esquizofrénicos de un Jackson Pollock, si aquel hombre, no habría sufrido, sentido y vivido, su misma pasión crepuscular de hierros y humos combustibles ; de alcohol y furibundas melodías hirientes como el diazepam o los cuchillos. Atraídas si vida y su muerte, por la metálica Nueva York, y por la consumación de una fantasía en un deseo : morir imantado y borracho entre los amasijos de su Oldsmobile. Aquellos colores, aquella delirante explosión o derroche de acrílicos y alucinaciones, le recordaron momentos entrevistos en la prensa. Boeings partidos por la mitad como suaves chocolatinas rellenas. El exoesqueleto de Chernobyl en la niebla. Trenes retorcidos como juguetes navideños entre raíles humeantes de montañas nevadas. El agujero perfecto abierto en los costillares de Siberia tras el incidente de Tungushka. El cabello de su prima Lucinda, desplegándose en el aire como la corola de un alazón, al salir disparada del Camaro que conducía su padre. Su primer contacto con la fantasía turbia de la gravitacionalidad. La comprensión de que todo cuerpo está diseñado para elevarse y caer. La carne fusionada o repelida por la pavorosa superioridad del acero y los carburantes fósiles. Su mirada incrustada en el vuelo fallido de su prima, la mochila escolar y diminuta que intentaba seguirla en el auge y la caída, un zapato infantil que permaneció horas, quizá días, olvidado en la cuneta, como un rescoldo radiactivo o un exvoto. Mientras en la radio, gemía y sollozaba, etílica, enajenada y triste, Billy Holliday.
No tardó en fijarse y advertir, que muchos otros, por no decir todos, sentían aquella atracción insana o perversa por los misterios devotos de la accidentalidad. Que todos, buscaban con avidez los rastros evidentes, la muerte acometida pero ajena, la excitación frugal de un accidente en la carretera. Las luces de policía y ambulancias; el trajín de atestados y sanitarios ; la tragedia hostil por repetida, algo familiar en su costumbre de afectar a otros. El alivio de constatar la sangre, la muerte, la herrumbre ajenas. Todos miraban, lamentaban, agradecían y seguían de largo. Sólo él, aprehendía en la memoria y la retina el momento y la actitud pudorosa e hipócrita de los supervivientes. Sólo él repetía antes de dormirse, sonidos, aromas, colores, el milagro de la sangre y el fueloil infusionándose sobre el asfalto caliente. Las leyes de la física, tortuosas y dogmáticas. La estadística y su constancia infalible, como el agua purísima del interior de los glaciares. El breve cosquilleo de placidez y bonhomía que lo invadía antes de quedarse dormido, ante la majestuosa certeza de que el mundo estaba en su lugar. Fluía sin espanto, arrepentimiento o reticencias, hacia la última y definitiva Caída. El parapente fláccido y desobediente; la sombra alargada y panzuda de un avión que se cierne como un pterodáctilo sobre la soberbia humana ; sobre su frágil, diminuta, arrogante, condición. Petróleo alimentando fuegos que devoran mundos advenedizos y suaves. Y el ruido. La última frontera. Las dulces, presentidas, deseadas, trompetas de Jericó.
Dios existía en la Máquina.
Y David Cronenberg, era su Profeta.

CURRO BLANCO

Belleza invisible.
Es demasiado fea para encontrar belleza alguna, ¿no? Pues entonces te dejaré mis ojos.
Ese pestillo oxidado, se ha abierto y cerrado innumerables veces para dejar entrar y salir a la alegría y el amor, que deambularon (¡qué bien!) largos años a sus anchas.
Por el marco de esa puerta, cruzaron vidas recién llegadas y otras que se fueron para siempre. Su hoja ha sostenido las embestidas del tiempo cual alcazaba; del viento, del agua; de los portazos de la vida. Por su mirilla, han mirado ojos felices y tristes; grandes y pequeños; negros, marrones, color del cielo; pero nunca ojos espiones, eso no. Alguna vez, sus bisagras fueron silenciosas y se hicieron complice de alguna infidelidad(de ahí, digo yo, los rasguños en la parte más alta de la hoja, ocasionado, seguro, por el perjudicado al entrar), pero cosa pasajera, hazme caso.
Sí, también entró la desgracia, oscura sin tamizar; oprovechó, ventajera, que salía una poca de felicidad (muy poca) y accedió/penetró diligente a inundarlo todo. La esperanza, al quite, verde y paciente, se internó al unísono. ¡Menos mal! Quedándose para siempre.
Que qué ojos son estos. Los que miran más allá. Porque la verdadera belleza es invisible.

ALEXANDRA MARTA IONA

Detrás de esta figura insignificante, inacabada e inexistente hay una mano temblorosa que sujeta una mente atormentada por respuestas lejanas y unos bellos ojos que son capaces de leer entre las torcidas líneas del feo orador.
Es inestable, imposible de aguantar por mucho más tiempo la compostura.
Es imperfectamente bella. El instante de mi imaginación captando su cabello recogido y su columna vertebral serpenteando hoja abajo… bella la locura de su visión cuando era todo lo que necesitaba, cuando mi delirio sucumbía al verla.
¡Es real! Existe entre el humo de mi cigarro y el silencio de un papel en blanco.
Ojalá algún día se levante y camine, sin tambalear, por los frutos de mi memoria. Pisando con fuerza y clavando honda su huella por haber garabateado fea su belleza. Por esconder su dulzura y su cara.

EMILIANO HEREDIA JURADO

MIO
El ruido que provoca la rodada de las ruedas del coche sobre la gravilla del camino, antecede al ruido de la detención de éste, y al ruido de las puertas abriéndose y cerrándose, y el portón trasero para sacar el equipaje.
Manuel, un hombre maduro, con las primeras nieves en las sienes, pantalón de tergal azul marino, bien planchado y definidas las rayas, con camilla blanca cuadriculada con rayas azul cielo, marcando una primeriza barriga de cincuenta años, abrigándose con chaquetón de ante, y zapatos normales negros, comprados en un supermercado, sus ojos cansados, navegando ambos en sendos barcos violáceos, fruto de mal dormir, buscan entre el manojo de llaves que cuelgan de un llavero de un medio corazón de acero ajado, tiempo ha, falto de su mitad, la llave que abre la puerta de entrada de la casa.
-Papá, ¿la encuentras? -le pregunta María, una niña de doce años, regordeta, de jeans azules, deportivas blancas y camiseta negra con Eddie, la mascota oficial del grupo heavy Iron Maiden.
Le mira a través de sus gruesas gafas de pasta negra, de alta dioptría, cuyos cristales distorsionan unos preciosos ojos redondos color hoja de otoño, coronados por unas espesas y obscuras pestañas negras.
-Sí, hija, ya la tengo, es que no la tenía donde siempre, porque le he tenido que hacer una copia a Marta, porque ya es parte de la familia, ¿no estás contenta? -le pregunta a su hija, cariñosamente-
-¡Pues claro que está contenta la niña!, ¿o es que no la ves?-responde irónicamente Marta, una mujer de extrarradio, de escaso conocimiento social y cultural, delgada y enganchada al tabaco y al alcohol, embutida como un fuet en un chándal de mercadillo de estampado de leopardo, y unos zapatos de alto tacón, y el pelo rubio teñido como fregona puesta al revés-si se la nota la cara de asco cuando me mira, Manolo, y mírala, con esa cara de pepona gorda, amarillenta, y esas cejas que parecen un cepillo, Manolo, mira que te lo he dicho sienes y sienes de veces, que en una tarde arreglo a esta niña, que estás acarojotá, no se entera de na, no es ni medio tonta, es tonta entera, ahora, en cuanto estemos tos juntos, a esta la espabilo, le voy a hacer un cambio de imagen radicá.
-Por favor, Marta, no empieces a meterte con la niña, ella no tiene la culpa de su enfermedad, y el aspecto amarillento, es por el trasplante de hígado de hace un año, además, cariño, ese amarillo es el de una estrella-le dice a María, que está compungida, a punto de llorar, dándole un beso en la mejilla-
-¡Mimá!, la tienes mu consentía, una buena madre le hace falta….
-¡Marta por Dios!, ten más consideración con María, ya sabes que ha tenido unos dos años muy difíciles, primero, su enfermedad, y luego, la muerte de Mónica, su madre, que gracias a ella, pudimos hacer el trasplante a la niña. No llores, mi vida, piensa en lo que te dije, ahora, llevas un trocito de mamá en tu interior-abraza a su hija-
-Esa niña lo que le hace falta, es una buena hostia para que espabile, y por supuesto, tirar a la basura el muñeco andrajoso que tiene agarrao, en cuanto pueda a la basura va, y si no, le prendo fuego con el mechero. -responde Marta, mirando amenazante a María.
-¡Nó!, ¡no quiero!, Lolo es mío-grita María, abrazando fuertemente contra sí, a un muñeco de trapo, semidesnudo, con unos calzones azules, el pelo de lana marrón desmadejado, sucio, y unos zapatos rosas-
-Marta, por favor, no empieces otra vez con lo del muñeco, se lo regaló Mónica cuando nació la niña y, además, ¿Qué daño te hace el muñeco?-interviene Manolo, intentando apaciguar las aguas.-
-Ta bien, tio bueno-se arrima Marta a Manolo, poniendo la mano…..-
-¡Marta!, ¡la niña!-dice Manolo azorado-
-¡Na!, ¡que se acostumbre!, ¡que más de una ve lo habrá visto en la tele!, ¿verdad guapa?-le dice a María, con cara de malignidad, sin quitar la mano….-
-Bueno, Marta, ahora estamos en mi casa….
– ¿Tú casa? -pregunta Marta, recalcando ese tú-escucha, no vayas de lis, que ahora que nos hemos casao lo tuyo también es mío, ¿entiendes?
-Bueno, vamos a entrar, y tengamos la fiesta en paz-le responde un poco enojado Manolo. Que se hace la misma pregunta que lleva haciéndose desde hace una semana, porqué se ha casado con Marta. Tal vez, porque está solo, tal vez, porque le puede ayudar con Marta, tal vez, porque espera un hijo con ella, tal vez, porque no sea suyo, tal vez, ni lo sabe ya-.
María, sube corriendo a su habitación, recorre las cortinas, abre la ventana y la contraventana, y deja que el sol entre en cascada, y pone a Lolo en el alfeizar.
-Lolo, ya estamos en casa, ¿Ves? Mira las montañas, que bonitas están-le habla la niña al destartalado muñeco-Mira, un trozo de chapa, se ha desprendido de la parte de arriba, tendré que decirle a papá que lo coloque de nuevo-
El muñeco, inerme, parece escuchar a María, mirando al vacío.
En el salón, se escuchan risas de Marta, palabras que María no debería escuchar. Palabras veladas de Manolo, que María no puede escuchar. Ruidos que María no quiere escuchar, tapándose los oídos con la almohada, tumbada encogida en la cama, con lolo tomando el sol en el poyete de la ventana.
Los días abrieron las puertas a las semanas y las semanas las ventanas a los meses y por Navidad, nació el niño que tanto quería Marta y que tanto no quería María y que tanto le daba igual a Manolo.
Marta se había asegurado un hogar caliente donde comer y dormir, Manolo un escape a su soledad y María, un enemigo más.
-Lolo, ese niño es feo-le dice María al destartalado muñeco, en bajito, acurrucada en un rincón del sofá-
María, se acerca donde se encuentra María.
-Escúchame guapa-le dice con sorna-a partir de ahora, éste va a ser el único crio que haya por aquí, ¿me entiendes niñata?, así que, ya que tu padre se ha dao el piro a por pañales, te voy a dejar las cosas mu clarinete. Me vas tirando el muñeco ese de mierda a la basura a la voz de ya, ¿lo has entendió o te lo digo por señas?
-¡No!, ¡Lolo es mío!-lo abraza fuertemente, para que María, en un ataque de ira, se lo arrebate-
-¡trae pa ca!,- estira de una pierna y con el forcejeo, se la arranca-
-¡Lolo!-chilla María, que empieza a darle patadas y golpes a María, fuera de sí-
-¡Bicho!, ¡deforme!, ¡Demonio!,-se tira Marta encima de María para arrebatarle el muñeco-
En ese momento, aparece Manolo, que se ha olvidado la cartera, y presencia la escena
-¡Marta por Dios!, ¿Qué haces con la niña?-corre a quitar a Marta de encima de María-
-¡La niñata ésta!, ¡la mimá!, que no le sale de los cojones tirar la mierda de muñeco ese.
-¡Papa!-grita María, llorando a mares, por la rabia, por la pena de ver a Lolo sin una pierna, por cuyo agujero se desangra el relleno-¡Marta es mala!, ¡echala!,
– ¡gorda!,que estas amaría como los chinos!, ¡desgraciá! – le grita fuera de sí, una colérica Marta-
-¡Marta por favor!, ¡que es mi hija!-responde indignado Manolo-
-¡Tu mismo tío!-se acerca a Manolo, tocándole fuertemente ahí, apartando bruscamente de un empujón a María-Si quieres esto, y ese crío, ya sabes lo que ties que hacer, lo que hemos hablao, la niñata esta con las monjas metía, y el puto muñeco ese, a la basura-
Manolo, cabizbajo, se agacha y compungido, le dice a María:
-Cariño, verás, Marta, es tu nueva mamá, y ahora tienes un nuevo hermanito. Marta y yo hemos pensado que, para poder ocuparnos bien de tu hermanito, tienes que irte al colegio ese tan bonito que hay en la capital, de monjitas buenas, para que tengas una buena educación. Iremos a verte de vez en cuando, estarás con nosotros en vacaciones…-le dice medio sollozando- y por favor, cariño, dame a Lolo, está viejo, y ahora roto, ya eres mayor para tener muñecos de trapo…..
-¡No!, ¡es mío! –grita María subiendo las escaleras recogiendo la pierna descosida de suelo-
-¡Niñata!, ¡bebé malcriado!-le grita Marta que se lanza echa un basilisco hacia María-
-¡Marta!, ¡alto!-se interpone Manolo- déjala ya en paz, vamos a tranquilizarnos todos, esta noche, mientras esté dormida, le quitaré el muñeco y mañana me la llevo a la capital.
-Está bien, si no lo haces, nanay.-responde malhumorada Marta-
-Lolo…mira lo que te ha hecho esa bruta-solloza dando respingos María, cosiendo la pierna descosida de Lolo, con puntadas torpes-
La noche siembra el silencio.
Una sombra de desliza por el pasillo hasta la cocina. Es Marta, vestida con solo una camiseta. Abre el frigorífico, y saca un botellín de cerveza.
-Espero que Manolo tenga huevos de tirar el puto muñeco ese a la basura, y mañana se lleve al engendro ese mal criao-murmura-
Sin que se dé cuenta, una minúscula silueta, se la acerca por detrás.
Le rodea el cuello a Marta, que está chateando por whattaspp, mientras le da un sorbo al botellín.
-Manolo, que pesado eres, ahora no tengo ganas…anda, déjame-pesao….
Unos brazos de trapo, le aprietan la garganta. Marta se ahoga, intentan zafarse, consigue liberarse y tira…a Lolo al suelo
-¡El puto muñeco!-grita ahogadamente, tirada en el suelo. Coge un cuchillo, se levanta como bien puede, y persigue al muñeco.
Lolo, sube veloz por las escaleras, y entra en el cuarto del bebé.
Marta, transida de odio.
Lolo rodeando el cuellecito del bebé.
Marta que apuñala.
Lolo….que no está.
Amanece.
Lolo ve salir el sol desde el alfeizar de la ventana.
Marta junto la cuna.
María que abraza a Lolo.
Marta que abraza al bebé
Manolo con el móvil.
La guardia civil se lleva a Marta.
Los servicios funerarios se llevan al Bebé.
La científica recabando pruebas.
Historia de una ex toxicómana.
Todos se van.
Silencio.
Padre e hija.
-Papá-pregunta María-¿soy tan fea como decía Marta?
Manolo, abraza tiernamente a María, contra su pecho.
-Hija, eres una estrella en la tierra, y Lolo, el muñeco más bonito y valiente de todos.

GABRIELA MOTTA

Mi hermano mayor y yo nos habíamos ido al campo, era algo que acostumbrábamos, nos divertía pasar las horas disfrutando al aire libre, era bello compartir momentos juntos. Nuestro juego favorito era bañarnos en el río, mi hermano trepaba en los gajos de los árboles más altos y se tiraba de cabeza, yo, aún lo tenía prohibido, porque, todavía no nadaba bien como para aguantar la corriente. Esa tarde quise intentarlo, mi hermano se negó. Yo trepe al árbol igual, mi hermano me siguió y me abofeteó.
—Esto no es un juego —me dijo— aquí pones en riesgo tu vida, bajá ya —me ordenó.
—Vos no sos mi padre para mandarme —le grité— y me lancé de todos modos. Al caer en el agua sentí como me arrastró la corriente, no me daban las fuerzas para nadar en su contra, mi hermano se arrojó a socorrerme y me tomó como pudo por un brazo, me jalo hasta la orilla, pude salir, no sé cómo, pero salí con vida gracias a él. Agotado y entre llanto me di la vuelta y le pedí disculpas, sin embargo, lo vi a lo lejos luchando contra la corriente.
—Perdón le grité mientras corría por alcanzarlo, fue mi culpa.
Hasta el día de hoy no sé si llegó a escucharme antes de ser tragado por el río.

BORJA AJ

LA FOTOGRAFÍA
Ni ella ni yo teníamos trabajo y las deudas aumentaban a medida que lo hacían los días. Ganábamos poco y lo malgastabamos cuando lo teníamos. Siempre debimos haber pensado un poco mejor qué hacer con el dinero antes de entregarlo a cambio de algo. La hipoteca nos asfixiaba y cada vez fumábamos más. Sin mencionar, claro, cuando me iba cada Viernes a emborracharme a las tabernas del pueblo. De vez en cuando, y sin que ella lo supiera, cohabitaba con meretrices. Lo cierto es que nunca supe la razón por la que lo hacía porque a ella siempre la he amado más que a nadie en el mundo. Supongo que los errores de mi vida los puede explicar el resto y no yo. Por eso son mis errores.
Y había que alimentar a la niña. Madre e hija. Las dos razones por las que estaba vivo. Por ellas hubiera sido esclavo toda mi vida.
Una mañana cogí el coche y fui hasta el pueblo de al lado para conseguir un empleo, por muy malo y precario que fuese. Lo conseguí. Empezaría a trabajar el Lunes, y como era Viernes, tocaba emborracharse, pero ese Viernes aún con más razón. Era una buena noticia y había que celebrarlo. Esa noche fue totalmente distinta a todas las que viví. Jamás bebí tantísimo alcohol y me emborraché tanto. De hecho, el dinero no me llegó para pagar todo lo que bebí, así que sumó al resto de deudas que tenía. Era la medianoche pasada. Debía regresar a casa porque mi esposa y mi hija me estarían esperando. Desde por la mañana no sabían nada de mí. Conduje, aún hoy sin saber cómo, y me dirigí a casa. Lo recuerdo totalmente borroso antes del accidente. Lo siguiente que recuerdo es despertarme en el hospital. Había sido un milagro que estuviera vivo.
Mi mujer y mi hija salieron aquella noche para buscarme porque estaban preocupadas. La niña tenía cinco años y nunca la dejábamos sola. Tampoco teníamos ningún familiar o amigo que pudiera cuidar de ella cuando no estábamos. Por eso siempre era yo el que buscaba trabajo. Aquella noche las atropellé y las maté. Sus cuerpos quedaron destrozados y cubiertos de dos grandes charcos de sangre según me dijo la policía. Cuando supe la noticia sentí un vacío en mi corazón que no lo comprenderé ni el día de mi muerte, que deseo que llegue pronto. Aquí en la cárcel siempre estoy solo y la razón por la que ahora vivo es para ver la fotografía que tengo de ellas dos. Esa fotografía es la razón de mi existencia ahora. Qué bonitas son. Esa fotografía muestra los dos seres más hermosos de todo el universo. Si la belleza tuviera definición, sería esa fotografía. La fotografía de ellas dos. La fotografía de mi vida. La fotografía que me da una razón de existir. Cada vez que la miro, lloro. Y es muy a menudo. Tan solo deseo tener siempre vista para apreciar lo perfectamente preciosa que es la fotografía.

ROBERTO MORENO CALVO

LO HA DICHO EL REY
Habían llegado tarde. Lidia resopla por la carrera pero ya están en la fila. Mira a su hija y le peina el flequillo.
– Mira cariño, ahí están el Rey y su paje.
– Pero mami, es Baltasar. Yo quería ver a Melchor.
No pasaba nada. Ante cualquier problema, Lidia tenía siempre una teoría o una historieta que solventase la situación. Le cuenta algo al oído que hace brillar los ojos de la niña.
Unas piernas se retuercen en la fila. Los nervios crecen según van quedando menos personas. Ya se acerca su turno. Al fin. Después de casi un año volvía a tener su cita con los Reyes.
-Bueno, bueno. ¿Cómo se llama esta niña tan guapa?
-Me llamo Marta- las palabras se le entrecortan. No puede dejar de fijarse en su mejilla. ¡Está descolorida! ¿Qué estaba pasando? No encuentra explicación a eso y hasta le está dando un poco de asquito. Su madre le espera fuera de la fila y no puede decirle que es lo que ocurre.
Baltasar le repite de nuevo qué es lo que desea como regalo y Marta pide una muñeca y un hula hoop. Baltasar seca el sudor de su frente. Los ojos de la niña no dan crédito y corre despavorida hacia su madre.

NEUS SINTES

Sombra oscura que invadiste mi corazón e iluminaste mi vida. Te llamaban el solitario, el sin nombre. Habías andado por el mundo siempre a tus andadas. Eras siempre la sombra que en la oscuridad podías permanecer, observando, con una cerveza en la mano y el cigarrillo en la otra.
La mayoría te miraban con desprecio o simplemente pasaban de ti. Eras una sombra oscura entre el bullicio de los que, a diferencia de ti, no deseabas entablar comunicación.
Te gustaba la soledad, sentirte protegido en tus sombras. Pasar desapercibido, por tu timidez a saber relacionarte con los demás o a no saber sonreír como lo hacían los otros.
Tu forma de ser chocaba con los demás personas y sigue sucediendo en la actualidad. Por el contrario entre el bullicio a una chica le llamaste la atención.
Ella desvió la mirada hacía donde se adentraban las sombras de aquel pub lleno de gente, la música cesó en ese instante, cuando sus ojos se cruzaron por vez primera, con los de él.
Ella, con pasos decididos, empezó a andar y con una sonrisa en los labios, preguntó si podía sentarse a tu lado. Había algo en ese chico que deseaba conocer, guiada por un aura distinta a los demás.
La mirada del chico oscuro siempre había tenido dos facetas que le habían clasificado como aquella sombra oscura, la que oculta, esconde o simplemente parece tener secretos que no quiere sacar a la luz. Incluso temor producían temor en aquellos que tan solo al verlo, empezaban a sentir una especie de desconfianza.
Por otro lado, su fisionomía de extrema delgadez, daba muchas especulaciones entre los otros, que poseían una musculatura adecuada a su cuerpo en cuanto a peso y altura.
La sombra oscura era enclenque, altísimo, y atraía el miedo con su mirada vacía a los que se le acercaban.
Ella al verlo, lo primero que vio en sus ojos, en ese chico escondido tras las sombras, fue a un chico bondadoso, tímido en según que aspectos y seguro en otros. Aunque nunca percibió que ocultase nada, ni tampoco percibió el miedo que en algunos les trasmitía su mirada. Lo único que percibió en ellos fue el enamorarse prendidamente de su mirada parda.
A veces lo feo para algunos, es todo lo contrario para otros.
PD: Te miré con otro ojos. A día de hoy, juntos permanecemos, a pesar de que muchas barreras hayamos tenido que combatir.

MARI CARMEN CANO REQUENA

Cuantas veces me había sentado en aquel sillón agrietado por el roce y el paso de los años en casa de la abuela y siempre veía la misma caja frente a mi en el hueco del mueble del televisor y nunca me dió por abrirla, por su color marrón hojalata y sus letras grabadas que decía…. Chocolates Antigua pensé que no habría nada interesante dentro y mucho menos apetecible, pero esa mañana mi curiosidad fué más allá y aprovechando que la abuela andaba por la cocina, me arrodille frente a ella y de un soplido quite algo de polvo que tenía por encima, me senté en aquel sillón y me dispuse a abrirla. Nada más levantar la tapa me llevé la gran sorpresa que ahí dentro estaba yo impresa en fotografías que nunca había visto, – Dios mío! exclamé, -pero si soy yo!! Mi respiración se convirtió en un baile de suspiros, uno tras otro, la emoción de verme tan chiquitita en los brazos de mis padres y mis abuelos y gente que no conocía pero que seguro serían importantes para ellos, provocó que mis ojos se estremecieran, por las vestimentas parecía que era el día de mi bautizo. En otra aparecía sentada en el suelo con una muñeca casi de grande como yo, que recuerdo haber visto por alguna de las habitaciones de la casa, cada una de las fotos me transmitían sensaciones distintas yo aparecía cada vez más grande y casi quería recordar todos aquellos momentos hasta que vi a Lucas, era el perro de mis abuelos de él nunca me olvidé pues recuerdo peinarlo en tantas ocasiones, que en alguna de ellas me llevé algún que otro mordisco. Me sentí tan atrapada en tanto recuerdo , que no me di cuenta de la presencia de mi abuela que con mucho cuidado puso su mano en mi hombro y me dijo….. así es hija, toda esa belleza escondida tanto tiempo y hoy por fin la has descubierto.

BEA ARTEENCUERO

Francisco, era un niño que nació en un hogar con opulencia, nada faltaba, se podría decir que nació en cuna de oro, el día de su nacimiento todo fue felicidad.
Nació con un pequeño problema, sus ojos muy grandes y saltones, más de lo normal, esto fue causa de burlas y sobrenombres en su infancia. Después de unos años nacieron dos hermanas mellizas, a medida que crecían también se burlaban, esto hizo que creciera en soledad, sus padres preferían a sus hermanas, esto lo llevo a refugiarse en su amigo Teo, un perro que le regalaron sus abuelos, los únicos que lo trataban con cariño. Era feliz su mundo con amigos imaginarios.
Pasaba horas pintando que era su pasión o tocando el violín, también escribía; Prácticamente alejado del mundo se dedicó a todo lo que era arte..Escribia bellos poemas que leía en su soledad a un amor que vivía en su mente, creado desde su corazón cuando fue adolecente.
Tenía 18 años cuando sus padres lo obligaron acompañar a sus hermanas al baile escolar, se negó, pero al saber que era de disfraz accedió (amaba a sus hermanas) aunque no hiba a fiestas.
Al fín llegó el día, se vistió de prin cipe…Al llegar se sentía fuera de lugar, así que prefirió quedarse apartado y pasar desapercibido.
En cierto momento alguien propuso que cantarán, de pronto se vio arriba del escenario, sus hermanas queriendo burlarse se lo habían dicho a sus amigos, quienes le alcanzaron un violín. Su voz se elevó en todo el salón cantando una bella melodía escrita por él, a la vez que se acompañaba con el violín con una música muy suave.
Lo que sus hermanas creyeron que hiba hacer el hazmerreír de la fiesta, se transformó en aplausos.El poseido por la música estaba en su mundo mágico seguía cantando.
Cuando concluyó los aplausos y gritos de entusiasmo lo asombraron y en ese instante fue feliz como nunca lo había sido.
Una bella joven se le acerco, lo tomó de la mano y lo condujo al centro de la pista, lo abrazo para bailar, no podía creer lo que estaba pasando,se enamoró al instante de verla y sentirla tan cerca, se olvidó su fealdad y disfruto lo que estaba viviendo.
A la medianoche, todos se quitarían la máscara, había llegado el momento que no quería enfrentar, así que en silencio se alejó del lugar.
Pasaron los días y vivía pensando en la joven y lo feliz que se había sentido, anhelaba volver a verla pero temía la reacion de ella al verlo.
La joven no entendía el porque de su repentina huida, lo buscaba, nadie sabía nada del misterioso joven de bella voz.
Es nochebuena él pide, fervientemente un deseo… ser como los demás .
Cerca de la medianoche llega a su casa Alma, la joven de la fiesta, cuando él la ve quiere evitarla pero
sus hermanas para burlarse la llevan ante él y le dicen…
¡Este es el príncipe que tanto buscas!
Dos lágrimas corren por sus mejillas, ella se acerca y le dice:
Eres un ser maravilloso, tu alma es tu esencia y eso es lo que me interesa y lo besa.
Las campanas anuncian media noche…En ese instante su rostro cambia ya no es deforme…El Angel de la Navidad hizo el milagro.
Así es que sus hermanas comprendieron que lo importante en una persona es la esencia del alma y el interior del ser.
Francisco llegó a ser un gran músico, ejecutando el violín.
Vivió feliz junto a Alma, tuvieron 5 bellos hijos.
El amor es la esencia del ser…

SILVANA GALLARDO

Todo lo adverso flota en torno a la belleza; esa, la reina de las miradas, de los suspiros. Es lo útil mientras existe, mientras satisface y halaga. Es lo efímero.
Lo atroz, lo antiestético, lo horrible, lo monstruoso, lo deforme, el desaire y la grosería son plagas que arruinan el ego. Más existe la esperanza en la sencillez y la ingenuidad de mentes infantiles que miran desde el alma para transformar el mundo, tan necesitado de armonía y equilibrio.
Una niña, Zila, de ocho año de edad; inteligente y mesurada. de ojos pispiretos y espíritu aventurero, caminaba por un sendero vivo, donde imaginaba que la hermosa vegetación, tomaba forma de personajes fantásticos. Salió de la cabaña que se encontraba en el rancho de sus abuelos. Iba acompañada de sus primos, con quienes compartía sus juegos infantiles y de aventuras. Ellos llegaron de visita. Les entusiasmaba tanto verse y planear sus próximas hazañas juntos, pues en su infantil imaginación irían a la conquista de un mundo desconocido, el que creaban en cualquier escenario para destruir a un horrendo monstruo y ser héroes. Querían descubrir el enigma de su fealdad. Se disfrazaron de guerreros con lo que encontraba en casa, sus cascos con los que andaban en bicicleta y las fundas de almohada que usaban como capas. Se armaron de varas largas que tomaban del camino, caídas de árboles secos, que para ellos eran las armas del enemigo caído que impedía el paso de los valientes.
– ¡Por aquí, síganme mis guerreros! ¡Ssss! escuchen, se oyen los pasos del monstruo- Dijo Zila con voz suave , pero autoritaria-.
Sus valientes acompañantes la seguían, alertas para el ataque. Miraban de un lado a otro protegiendo entrambos sus espaldas.
De pronto, Abel, uno de sus primos se detuvo de forma brusca al descubrir un gran agujero que se percibía en el piso, a pesar de que se camuflajeaba con hojas secas, que con el aire caminaban conducidas por un pequeño ejército de hormigas como si fueran soldaditos que protegían la guarida del enemigo. Pudo percibir un movimiento tan rápido, que no tenía idea de lo que se escondía allí, pero intuían que era el monstruo aterrador con el que lucharían. Azuzaron a las hormigas para que se alejaran del lugar.
Los niños hicieron uso de sus ramas para introducirlas al hoyo y procurar que saliera su imaginario enemigo. De pronto quedaron paralizados, literalmente, al ver salir una enorme tarántula de colores, tan llamativos que parecía un arcoíris con pelos que destellaban con los rayos del sol.
Se asustaron mucho al ver semejante espectáculo, pues les parecía lo más feo que hayan visto en su vida. Temblaban de miedo pues ante el asombro reflejado en sus miradas, estaban allí frente al monstruo, no al que habían imaginado. Era la oportunidad de culminar su hazaña y acabar con él y sentirse como verdaderos héroes . Tomás, el otro primo tomó una enorme piedra con la intención de arrojarla con gran furia sobre el colorido animal.
-¡No lo hagas!- le gritó Isabel, que fue educada para respetar la vida de cualquier criatura del universo y tener compasión por ellas, pues cada ser viviente, existe por alguna razón para equilibrar el planeta que es hogar de todos.
-¡Pero nos hará daño! y somos más fuertes, además no podremos escribir la historia de nuestra aventura, que nos dejaron los abuelos para ganarnos un premio sorpresa- Dijo Tomás con cierto desencanto.
-Pero estamos jugando, y nuestra hazaña es con imaginación, no podemos cometer un crimen en contra de un ser vivo, y menos en su propia casa. De cualquier forma podemos narrar esta aventura, y tendremos nuestro premio-. Aseveró Zila.
-Oye, pero ve, ¡qué fea es! y tal vez es venenosa.- Balbuceo Abel.
Pero la autoridad de líder que caracterizaba a Zila, inyectó en el ánimo de sus primos, la conciencia del cuidado de su medio ambiente y de los seres que habitan en él.
-¡Estás equivocado! Lo feo no está en la naturaleza. La fealdad está en nuestra mente. Respetemos la vida de todas las criaturas, tienen derecho a su espacio y a su existencia.
Conmovidos por el mensaje de Zila, los niños observaban a la araña y quedaron extasiados ante los movimientos lerdos del animal. Pudieron apreciar los hermosos colores. Se trasladaba con tal lentitud, como si quisiera enviar un mensaje subliminal para que las miradas de esos pequeños humanos, descubrieran la belleza detrás de lo que ellos consideraban feo.
Comprendieron que su prima tenía toda la razón y regresaron a casa, con el ánimo a flor de piel, para relatar a los abuelos su experiencia vivida con ese maravilloso animal que en un principio consideraba un horrible ser.
– A ver pequeños, siéntense junto a mí y escuchen lo que les voy a decir:- Ordenó el abuelo.
Los niños, emocionados y atentos, se sentaron en derredor suyo para escuchar una gran historia, de esas con que siempre ese ser amoroso deleitaba sus oídos.
-Hubo una vez, un hombre a quien le gustaba escribir historias extraordinarias para dejar testimonio de lo maravilloso que somos todos los seres vivos. Se interesó en las culebras, en los escarabajos, en los gusanos, las arañas y dijo en sus letras, que volaron como mariposas, aleteando en nuestros oídos, que debemos amar todo aquello que consideramos feo, “como las arañas, pues no tienen como las rosas, la expresión de la dicha y todos aquellos seres que han sido anhelo malogrado de armonía”.
Los niños, a pesar de su corta edad comprendieron el mensaje: Todos coexistimos en este universo entre flores y perfumes; entre la melodía de las aves, entre la fauna, pequeña y grande; entre todas las criaturas “que buscan la belleza que no trajeron y que anhelan con la luz, un resplandor”.

KATA MAR

Doña Carmen contaba con 65 años para muchos era una señora jovial, activa, y de buen corazón. a ella se le solían olvidar ciertas cosas, a lo cual ella decía con mucha gracia, mi memoria se fue a dar un pequeño paseo, hasta ella misma se reía de eso, y también causaba risa entre sus conocidos. Al ver las fotos inmediatamente recordaba algunos nombres y eventos ocurridos.
Hasta que pasados unos 5 años de repente todo empezó a cambiar por que ya eran más frecuentes los olvidos, de cosas básicas, también la robaban en la tienda por no recordar las operaciones básicas, la ropa se la colocaba al revés, pero Doña Carmen seguía diciendo y repitiendo parce que mi memoria se ha ido a dar un paseo bastante largo, pero esta vez no se reía , solo esbozaba en su rostro marcado por los caminos de la vida una leve sonrisa, no se sabe si fingida para dar la tranquilidad a los que la rodeaban, sus amigos se empezaron a preocupar, pero no se atrevían a decir nada, a decir verdad a Carmen también le inquietaba su nuevo estado, debido a que no podía llevar su vida con normalidad, en las tardes se la pasaba sentada junto a la ventana mirando sus recuerdos, se sorprendió al percatarse que de repente los nombres de las fotografías ya no los recordaba como antes, ella entro en pánico, repetía mi memoria se ha ido de viaje pero aún no regresa, no regresa, que voy hacer… en ese momento empezó a empapelar la casa con los nombres de las cosas para así recordar. pasado un mes leía con dificultad y las letras al escribirlas le costaban un poco, al salir al mercado tenía que darle al tendero el papel donde estaba anotado lo de las compras, era muy ilegible aun así el tendero era amable con ella, y le ayudaba con eso. día a día su memoria se iba deteriorando, a ella le parecía como si fuera en retroceso, le dijo a su mejor amiga, quien una vez fue a verla a su casa:
– Amiga fíjate que mi memoria es algo chistosa, hoy amanecí recordando mis tiempos de niñez, pero al querer recordar lo que hice ayer esta ya no me acompaño y no lo pude recordar. se reía.
la mirada de su amiga era de lastima y preocupación ya que vivía sola con dos gatos, sus vecinos, aunque la venían a ver muy a menudo estaban lo bastante ocupados para hacerse cargo de ella.
los días fueron pasando y con ellos Carmen iba cada vez saliendo menos, recordando menos, los vecinos estaban extrañados por no verla en las mañanas a las afueras de la casa, oírla cantar en las tardes. Una tarde su gran amigo fue a verla puesto que no se veían hace mucho tiempo, ellos tuvieron un noviazgo lindo pero corto, el siempre le guardo cariño y respeto cuando se enteró de su estado de salud inmediatamente se fue hacia su casa, hizo lo que pudo para abrir la puerta, la encontró en su mecedora inmóvil, con sus ojos fijos, parecía entretenida, Azul por un instante pensó que estaba muerta, así que corrió y le toco las manos, aún estaban tibias, se acercó con sus labios beso sus manos , ella lo miro con una mirada perdida pero amable. Azul decidido preguntarle si sabía quién era, a lo cual ella no respondió, el supuso que era negativo, se le ocurrió volver a presentarse:
– Hola, mucho gusto, me llamo Azul, fui carpintero durante 30 años, nos conocimos cuando éramos unos chavos, en la escuela, hacíamos las tareas juntos, estuvimos en el mismo curso hasta la prepa, al año nos ennoviamos, duramos poco, pero fueron los momentos más bellos de mi vida. Al oír esto Carmen sonreía, cuando intento decir algo, pero no articulaba palabra alguna.
Azul comprendido y el abrazo muy fuerte, empezó a encargarse de los quehaceres de la casa, cuando ya estuvo hecho todo se dispusieron a desayunar, el le daba la comida, con mucho cuidado, para que no se fuera a chorrear los alimentos. A la media tarde fueron a dar su paseo, con el propósito de que ella tomara un poco de sol debido a que había estado demasiado tiempo no salía. Pasaban los días meses y años; su salud se iba deteriorando poco a poco, más, sin embargo, El acompaño hasta sus últimos días le dio mucha compañía, amor y cuidado sincero, estuvo para ella en los momentos más duros de esta terrible enfermedad, la cual la fue consumiendo lentamente hasta llegar a su descenso. sus ultimas palabras antes de morir fueron:
– Lo feo es que la memoria se valla de viaje para nunca mas volver, lo bonito es que tuve la fortuna de tener a alguien a mi lado para lidiarme mis achaques, aunque mi memoria salió de paseo de vez en cuando regresaba, eso sí por muy poco tiempo para recordarme los nombres de mis padres los cuales se esforzaron por darme lo mejor. – dicho esto cerro los ojos para siempre.

ARQUILLOS LLERA GUILLERMO

==== Ismael ====
«A Elena le gusta el Freddy. A Elena le gusta el Freddy».
Seguramente había sido uno de los más gamberros quien se había inventado aquella historia. Se la habían pasado unos a otros, al volver del patio. La seño estaba con Ismael intentando que entendiera algo relacionado con un dibujo que había hecho.
«Si es que no se entera. Además de feo, el Freddy es tonto». Algunos se rieron.
A Ismael se le saltaban las lágrimas y su cara, además de deforme, brillaba de una manera extraña. Las cicatrices de sus mejillas parecían tener relieve, casi no tenía pelo y le faltaba media oreja.
Toda la clase odiaba al feo. Los más gamberros decían que les daba miedo porque parecía Freddy Krueger. El resto sabía que si se hacían amigos suyos, iban “a cobrar” de los peores. Hasta Ismael se aborrecía a sí mismo y se echaba la culpa por no ser aceptado por nadie.
Durante el recreo, Elena se le había acercado y le había ofrecido parte de su bocadillo. Él le dijo que no tomaba chorizo y se quedaron un rato hablando. Los más gamberros no podían consentir que nadie se hiciera amigo de Ismael, ni siquiera Elena, la más guapa de todas las niñas de la clase.
***
La seño de Lengua había mandado una redacción: “mi casa”.
Notaba que casi todos habían hecho su trabajo con la ayuda de los padres, como pasaba siempre. Pero estaba contenta porque los críos estaban superando su miedo a hablar en público.
Y llegó el turno de Ismael.
Alguno, sin esperar a que se pusiera delante de la pizarra, ya estaba preparando cosas para tirarle. Otros se ponían de acuerdo para abuchearlo en cuanto terminara. Hasta hubo uno que agachó la cabeza y fingió que roncaba. La carcajada fue generalizada. Sólo Elena pidió a los demás que se callaran.
La redacción de Ismael no hablaba de paredes, ni de jardines, ni de cestas de baloncesto encima de la puerta del garaje. Se puso a hablar de polvo, de fútbol, de calor y de una chabola en un pueblecito de Pakistán: en su aldea. Cuatro latas, unos ladrillos, unas tablas y unos plásticos: ese era su verdadero hogar. Un lugar donde él no era feo y donde su padre aún estaba vivo.
El silencio se podía cortar. La mayor parte de la clase contenía la respiración. La seño de Lengua ya estaba preparando “el discursito” que iba a soltarles a sus compañeros.
Y entonces llegó “lo peor”: Ismael comenzó a leer cómo una tarde, al incendiarse varias chabolas, las llamas habían entrado en la suya. «Era casi imposible salir de la chabola. Yo estaba fuera, jugando con unos niños. Papá consiguió sacar a mi madre, pero, al entrar a recoger a mi hermana, tropezó y le cayó en la espalda un tablón ardiendo. No se podía mover. Entré entonces a por ella y me cayó en la cabeza un palo grande. Cuando conseguí sacarla, volví a por mi padre y, como pude, lo arrastré por el suelo mientras se quemaban mi pelo y mi ropa».
Los niños se quedaron callados. A alguno se le saltaron las lágrimas. Y empezaron a preguntarle cosas de su país, de su aldea y de aquella horrible tarde.
Por primera vez, desde que se vinieron a vivir con su tío, no se sentía como un monstruo. Empezó a notar que los compañeros lo trataban con respeto y hasta con admiración. Hubo un aplauso generalizado. Si su padre estuviera vivo, volvería a sentirse orgulloso de él y de sus quemaduras: fueron el precio que pagó por su valor.
A partir de aquel día, en el recreo, los niños dejaron de llamarle el Freddy y lo ponían de defensa. Le encantaba jugar al fútbol y no dejaba que a su equipo le metieran ningún gol.

SOLEDAD ROSA

Es el placer que siento o cualquier emoción la culpable de erizar, uno a uno, cada poro de mi piel. Ocurría ante cualquier acontecimiento. Hechos aislados en una isla esperando subir a la deriva de un barco. Ansiosos por encontrar a alguien que pagaran su rescate.
Movida por el impulso tomé un desvío en la autopista de la vida y decidí sumergirme entre mis pensamientos. Y me vi cerrando esa página del libro que no me gustaba. Presionando la goma para borrar una historia. Como si la vida fuera una cinta y, solamente, pudiera grabar lo bello sobre ella.
Así decidí rescatar ese lunar, el tacto de su piel o la inocencia de su mirada clavada en el vacío. Seguí con el sonido de su risa, el compás pausado de su respiración y la melodía de su voz. Busqué el refugio de su abrazo, la compañía de esa persona y el calor de sus besos. Viajé a esa noche de verano o esa tarde de invierno reposando el café entre mis manos.
Podrían tratarse de cualquier cosa. Podrían vestir cualquier calificativo en su etiqueta. Podrías elegir cualquiera. Para mí fue “eso” que encontré aquel día vagabundeando entre mis pensamientos. “Eso” que, haciendo un alto en el camino, me recordó que hay luces que ciegan cualquier oscuridad.

DIEGO CISNEROS

Microcuento
—Oye ¿Quieres jugar?
—No puedo. Mostró su muñón.
—…
Al día siguiente.
—Oye, ¿jugamos?
—No puedo…
—Espera —Mostró el suyo, reciente—. ¿Jugamos ahora?
—…
Jugaron.

MARÍA PAX

El espejo roto me divide en dos, en diez; desfasa un ojo, la nariz, la frente, dándome un nuevo formato, un rostro en diferido que me mira desde otros niveles.
En un filo que no lastima, se desglosa la cara en rectas ondas de un polígono, como las vidas que nacen al tirar la piedra al agua. Es el Callejón del gato que reaparece cada tanto, acomodando el reflejo a su gusto para pellizcarme con los dedos del desconcierto.
Miro el reflejo y me veo con faltantes, con excesos, con aristas: despareja. Pienso que cuando algo se corta, brota lo de adentro; pero este yo no sangra, y me divierte mirar esa cara rara, desdoblada en mitades que no coinciden. Será porque el quiebre también puede ser juego, una posibilidad de verse distinta en cada cicatriz. Y cada cicatriz puede ser —por qué no— la firma de una belleza diferente.

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14 comentarios en «La belleza de lo feo»

  1. Mi voto es para:
    Irene Adler
    Bego Rivera
    Diego Cisneros
    Soledad Rosa

    Todos los relatos han sido buenísimos. Pero esta semana vosotros me habeis hecho sentir algo con fuerza, tristeza, asombro, curiosidad…

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