200 palabras – miniconcurso de relatos

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos escribir relatos con un máximo de 200 palabras. Estos son los textos recibidos. ¡Vota por tu favorito en comentarios antes del jueves 22 de enero!

* Por favor, solo votos reales. No hay premio, solo reconocimiento real.

** El voto se puede dividir en dos medios o cuatro cuartos. Si alguien vota a 3 relatos, se contabilizará 1/4 de punto a cada uno. Si vota a 5, el voto será nulo.

*** Los textos son originales (responsabilidad de cada autor) y no han pasado procesos de corrección.

DAVID MERLÁN

HILVAN.

EL VIAJE DE TALO.

La lavadora terminó su ciclo con un suspiro que sonaba a cansado.

—¿Estás solo, amigo? —murmuró una voz suave que se movía Alfonso del tambor.

Talo, aún húmedo y arrugado, se desenrolló lentamente. Miró alrededor. Solo había metal curvado, olor a detergente y una pelusa gigante pegada a la pared superior.

—Lino… —susurró—. Juraría que entraste conmigo.

De repente, un remolino oscuro y frío surgió del desagüe, pequeño pero imposible de ignorar. Tiró de él con fuerza. Talo quiso retroceder pero no pudo.

—¡Espera! ¡No estoy listo!

—Nadie lo está la primera vez —respondió la voz, cercana, inquietante—. Bienvenido al viaje.

—Espera. Tú no eres mi hermano Lino. ¿Quién…?

Antes de que pudiera terminar, el remolino lo engulló. Un cielo blanco que ondeaba como una sábana interminable apareció ante su vista. Allí, frente a él, una figura alta de hilos tensos y brillantes anotaba en un cuaderno interminable. Sin siquiera mirarlo se dirigió a él:

—¿Nombre. Color. Probabilidad de reencuentro?

—¿Donde estoy?. Yo solo quiero volver a casa —

Balbuceó Talo desconcertado.

La figura se inclinó.

—Aquí, pequeño, primero tendrás que sobrevivir y repitió:

—¿Nombre. Color…?

Mientras las escuchaba, Talo sintió como el frescor del viento le golpeaba. Olía a suavizante…

FIN…?

© David Merlán Castro.

RAQUEL LÓPEZ

Cuando la tarde iba muriendo entre brumas, a Elisa le gustaba caminar por la playa.

Le gustaban los atardeceres y sentir la suave brisa golpeando su cara. Disfrutaba del colorido horizonte mientras el sol se iba alejando.

La noche se iba mostrando tranquila y las nubes empezaban a cubrir el cielo en un turbio silencio

Descalza, sobre la arena, el agua acariciaba sutilmente sus pies.

Abrió los brazos para sentir el breve y frío instante envolviéndose en una caricia etérea, la de Diego….

Quedó absorta contemplando el mar con los reflejos que la luna mostraba sobre el y brindó una vez más por la vida, que le dió la oportunidad de conocerlo.

El vaivén de las olas le devolvía, al igual, que se llevaba las reminiscencias, que eran muchas.

Disfrutaba con los mínimos detalles, que antes, pasaban desapercibidos.

Ahora este ritual, le acercaba cada vez más a su amor.

Despertó de su ensimismamiento despidiendo a su atardecer y con la sonrisa y el recuerdo de Diego.

Lanzó un beso al cielo y volvió de nuevo sobre sus pasos.

Se paró un instante y escribió sobre la arena:

«….pronto me reuniré contigo y desde allí contemplaremos muchos más amaneceres mágicos….»

EMILIA CREGO

PÁGINAS DE UN SUEÑO

Estaba en la biblioteca; mis pasos me llevaron entre largos pasillos. Los libros despertaban mi interés por indagar en sus páginas. Aquel librito del campo, sembrado de unas flores silvestres en su portada, descendió entre mis brazos y lo cubrí con mi abrigo de paño. Me dejé llevar y, sentada frente al portón, las campanas se oyeron anunciar la hora del ángelus. Caí rendida en un profundo sueño; recuerdo las hojas pasar. Me hablaron de cánticos populares, hombres y mujeres con sus ropajes empapados de lluvia. Los niños corrían por el sembrado y el sol ligeramente se dejó ver.

PEDRO PARRINA

EL EFECTO DE LA VERDAD ILUSORIA O EL TRUCO DEL ALMENDRUCO

Haya paz, halla paz, haiga paz.

Os lo he repetido doscientas veces y ya no sé cómo os lo voy a tener que decir para que la convirtamos en verdad o realidad.

«Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad», explica cómo la repetición constante de información (incluso falsa) puede hacer que la gente la perciba como cierta, un fenómeno psicológico conocido como el efecto de verdad ilusoria.

(Hoy me he despertado bastante fascista, un poco nazi).

La mentira se difunde de forma masiva y continua, (en diferentes lenguas o idiomas, de forma inculta, popular o incluso soez: la puñetera paz); pero siempre apuntando hacia un mismo mensaje, para que cale y se sienta como propia.

No os preocupéis, porque no tenéis que hacer ningún esfuerzo mental para engañaros a vosotros mismos y, por ende, a los demás, siempre y cuando no intentéis verificar la información dada y os limitéis a dar publicidad a la propaganda, no como una posibilidad de verdad sino como un hecho.

El cerebro al leerla una y otra vez, empieza a aceptarla como algo conocido y, por ende, potencialmente verdadero.

ARMANDO BARCELONA

Esperanza

Estelas grises de muerte apalabrada, siembra el cayuco, lento, que navega a la deriva en un mar interminable; azul, como ese cielo duro, que promete bondad, pero no perdona.

Su carga es un tributo humano al miedo y a la desesperanza, que se arracima por las bordas, como una hiedra negra, exhibiendo las grietas del alma hecha jirones y consumida por una sed antigua de justicia, que jamás llega.

Los ojos buscan entre las nubes un Dios que nunca ha sido amigo y pertenece a otros; esos que le regalan templos dorados para que siga creyéndose importante.

El hombre del cayuco sabe que ese Dios, tal vez prostituido, no tiene soluciones para él, solo palabras vacías, paridas al dictado de los arquitectos de un entramado maldito que le ha condenado a ser quien es, por el mero hecho de un capricho geográfico. Pero en su derrota, aferrado al crujiente maderamen de la barca, sigue alimentando una ilusión redentora, porque quiere resistirse al destino, aunque sepa que es inútil.

Cabecea el cayuco, a la deriva, como los cuerpos que cobija, como las almas que transporta, como la vida que se apaga, sin estruendo, inerte.

ROBERTO LÓPEZ DEL CASTILLO

Mario se inclinó hacia ella. Le cogió su mano y la besó delicadamente. Su esposa tenía unas manos blancas y bellas. Le profesaba un amor infinito, profundo, verdadero. Ella no dijo nada. Se dejó hacer. Él miró el anillo que sostenía su dedo anular y sonrió.

«¿Sabes? El oro de este anillo se ha formado en el interior de las estrellas. Sí, una estrella mucho más masiva que nuestro Sol que ha explotado hace millones de años. Sus átomos han viajado por el espacio hasta llegar aquí, y en el que mucho tiempo después un orfebre ha fundido para darle forma. Ahora está aquí, en tu mano, amor mío. Literalmente, es el pedacito de una estrella ¿No es hermoso?»

La mujer callaba, no quiso interrumpirle. Pero en su rostro se dibujaba una leve sonrisa.

«Quítamelo, por favor», pareció decirle con un susurro.

Mario tiró con suavidad de él, deslizándose por el dedo. Lo miró. Cerró la palma de su mano, con el anillo dentro. Su puño se aferró fuertemente al pecho, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas.

Sería la última vez que viera a su amada esposa. Con la otra, cerró despacio la tapa del ataúd. Jamás volvería a verla.

MARI CARMEN MERFER

EL PODER

Hace pocos días se estrenaba el último episodio de la serie Stranger Things y, con él, el mundo parecía paralizarse. En la pantalla, los personajes luchaban en el Mundo al Revés, desesperados por salvar su realidad y lograr que todo volviera a ser como antes, para que el bien venciera una vez más.

No era más que una serie. Sin embargo, una duda incómoda me ronda la cabeza: ¿estamos seguros de no vivir nosotros mismos en el Mundo al Revés? Aquí, los demogorgon no tienen garras ni colmillos; visten trajes caros, sonríen ante las cámaras y hablan desde atriles.

Son políticos que se creen todopoderosos, casi dioses, convencidos de tener la autoridad suficiente para hacer lo que les da la gana, colocando sus ideales por encima de los derechos humanos. Dirigentes a los que no les tiembla el pulso al invadir países o bombardear ciudades, aunque con esas decisiones se destruyan hogares y se arrebaten vidas.

El mundo se resquebraja bajo el miedo colectivo, ante la posibilidad de un futuro que preferimos no imaginar. Mientras tanto, observamos, normalizamos y avanzamos.

Tal vez la ficción solo nos advierte de una realidad que preferimos no mirar de frente cada día.

CARLOS TABOADA

EL ESQUELETO DE HORMIGÓN

En aquel tiempo, la constructora de turno elevó el esqueleto del edificio hasta la cuarta planta y después lo abandonó. Nos lo agenciamos —más bien por la cercanía de nuestro barrio—, y durante los primeros días bromeamos sobre sus huesos de hormigón, comparándolo con el feo esqueleto de la clase. Así uno dijo: «¿Y si subimos al cráneo?» Y la única chica de la pandilla respondió: «En todo caso a la mandíbula, que sería el suelo de la cuarta planta». Desde los pies del esqueleto carcajeamos, y de veras sacamos sobresalientes en la materia al no parar de hablar de huesos.

En la pandilla todos teníamos dieciséis años y un apodo, aunque a ella la respetábamos por su nombre. Sin embargo, como marimacho se quedó a escondidas. La dejamos con nosotros porque nos orgullecía tenerla. Además, decía los mismos tacos que los tíos y fumaba como el Chepa, llamado así por motivos evidentes. Luego estaba el Chino, el Oxidao y Cocodrilo, este por esgrimir orgulloso una dentadura de espanto. Yo era el Cigarro, por el pequeño estanco que mi madre regentaba.

Y lo cierto es que nunca le pusimos nombre al esqueleto. Lo merecía, claro.

ANTONICUS EFE

—¿Qué haces?—

—Intento escribir un relato con 200 palabras—

—¿Y el número 200 cuenta como palabra?—

—Pues la verdad no lo sé—

—Es lo primero que deberías averiguar antes de escribir nada—

—Lo siento pero soy un aventurero y no me hago esas preguntas—

—Tu mismo…—

—¡Qué te pires, subconsciente!

En un lugar de Cantabria, de cuyo nombre no puedo acordarme…

—Así estarías aquél día…—

—Por lo que se ve, no me vas a dejar tranquilo, seguiré de todas formas…—

En un lugar de Cantabria, de cuyo nombre no puedo acordarme, vivía una familia de anchoas del Mediterráneo con gracejo andaluz y acento de Almería. Father Anchoa era un apuesto señor entrado ya en escamas padre de tres hermosas hijas, Anchúa, Anchea y Anchía que nadaban graciosamente junto a los arrecifes esperando marido, y esposo de Mother Anchoa, una bella y pizpireta nadadora que diligentemente cuidaba la casa anchoil, mientras Father trabajaba en una fábrica de zooplancton para traer el dinero suficiente al hogar.

Father era un ávido devorador de novelas de marineria nadante y soñaba con correr aventuras y traer a casa el yelmo de gambrinus y coronarse como el señor de los mares. No sé que pasó después…

PEDRO A LÓPEZ CRUZ

DESATANDO HURACANES

Y vendrá aquel que trae la tormenta, levantando tornados a su paso. Ostentando el poder que lo arrasa todo, la fuerza absoluta que mueve vientos y mareas. El que domina la naturaleza de las cosas. Aquel que existe más allá del tiempo y de cualquier lugar conocido. Mucho antes de lo esperado habrá llegado su hora. Rezad cuanto sepáis y encomendaos a vuestros dioses, porque a partir de entonces nada será igual. Un leve movimiento de su mano y el aire se concentrará formando espirales de destrucción, absorbiéndolo todo, barriendo a su paso campos y sembrados. En verdad os digo que veréis ese día.

—Señor, ¿no le parece un pelín alarmante? Comprenda usted que esto lo leerán siglos más tarde y tampoco creo que haya necesidad de causar tanto revuelo, digo yo.

—Ay, infeliz. He visto a las gentes del siglo XXI. Todo el miedo que se les meta en el cuerpo, poco me parece. Esos no se asustan de nada, lo que yo le diga. Usted cíñase a lo que le vaya dictando, escribano, y no haga preguntas. Que yo soy el que entiende de profecías y cosas de estas.

—En fin, como usted mande, Monsieur Nostradamus.

CARMEN BERJANO

Desviaciones

Ayer volví a saber de él. Está en brote psicótico y la última ha sido desnudarse y salir a la calle a ofrecer su sexo al mundo. Lo han ingresado de urgencia tras varias denuncias. Pero, amiga, esa imagen me persigue. Es imaginármelo desnudo e ido y ponerme malísima. La poesía de ese momento me lleva al éxtasis sin apenas acariciarme. Y es que nadie folla como folla un loco.

CONCHA CARIAS

NOCHEBUENA EN PAUSA

La mujer decidió marcharse del edificio antes de Navidad. Vivía allí desde hacía quince años y nadie la trataba con familiaridad. Tal vez porque siempre iba impecable; tal vez porque confundieron elegancia con soberbia. No quería pasar la Nochebuena sola, así que reservó un hotel y bajó con su maleta. El ascensor se detuvo entre el bajo y el parking.

Pulsó el botón de emergencias. Nadie respondió. A las siete empezó a gritar. Los vecinos la oyeron, pero prefirieron subir por las escaleras cargados de regalos, cochecitos y bandejas festivas. Los gritos se quedaron con ella.

—Bueno —pensó—, nuevo plan navideño.

Extendió el abrigo en el suelo, usó la bolsa como almohada y tomó sus pastillas con su inseparable botellita de agua. Durmió a ratos.

A las cuatro de la mañana una voz preguntó si había alguien dentro. Cuarenta y cinco minutos después llegaron la Guardia Civil y los bomberos. Al salir, le dijeron que quien llamó había dejado un gorro de Papá Noel con una nota: “Vive”.

Volvió a casa, dejó la maleta en la entrada y sonrió. Aquella Nochebuena no fue la prevista, pero al menos había ganado algo inesperado: una historia que contar.

EFRAÍN DÍAZ

Cada barrio tiene sus leyendas, y Dos Bocas, que nunca ha sido tímido para el folclor, también presume la suya.

Cuentan que don Fulgencio, jíbaro aguzao, de manos curtidas y dignidad de jornalero, decidió bajar al río Carraízo para quitarse el día de encima. Hombre hecho al monte, confió en su instinto, ese radar ancestral que rara vez falla, salvo cuando falla del todo.

No prestó atención a las señales: el agua volviéndose turbia, las hojas remolinando con una prisa que no era del viento. Luego vino el golpe de agua, brusco como un mal decreto, y se lo llevó río abajo, estrellándolo allí donde la geografía rocosa se vuelve hostil. El cuerpo nunca apareció. El río, que entiende de silencios más que de testigos, guardó la evidencia.

Desde entonces, algunos jíbaros aseguran verlo al amanecer, machete en mano, emergiendo entre bruma y cuajo, pidiendo ayuda con la terquedad de los que llegan tarde a su propia desgracia.

Pero ya pa’ qué.

Usted hizo lo suyo.

Y el río, tan cumplidor como siempre, también hizo lo propio.

ANGY DEL TORO

LA NOTA

—¿Y esto qué significa? —dijo señalando con el dedo índice.

—¿No lo has leído? Es una nota que te dejé, monsieur.

— Pues no entendí ni papa.

— No cambias. Aquí tienes uno de mis objectif pour el 2026.

—¿Un qué?

— Yesterday te hablé del Little Language Lesson. Pregunté a ma amie Gemini IA and tú sabes lo dispuesta que es. Me habló del truco del «Puente». Ella dijo que puedo probar algo que hacen los políglotas, el Laddering: aprender francés desde el inglés. Claro que sin olvidar el español, ese es mi aliado.

—Mujer, ¿no te basta con Duolingo? Ayer te quejabas de las metas, del poco tiempo que brinda el aprendizaje gratuito y que, además, está el lío de dar el paso a Super Duolingo… que, por demás, es en método de pago.

—Quiero hacerlo, because with the new Little Language Lesson, la escritura trilingüe y ma ami Gemini, me realizaré, seré políglota. No te preocupes, que I will be entretenida y enchanted. Por ahí nos vemos, bye.

BEA ARTEENCUERO

SILENCIO.

Hoy dibujo las palabras

y las pintó de colores

para decirte …

Te amo!!!

y yo, leo tus labios.

Aprendí a seguir

tus movimientos

y marcar tus gestos

para escuchar

en silencio,

cuando me dices

Te amo!!

Imaginando el eco

de tu voz.

Porqué me rodean imágenes que viven

en mi corazón

y perduran en el alma

que dejo el tiempo.

Mis oídos hoy duermen.

Tal vez mañana

escucharé, tu risa

y tu llanto.

Tal vez , la música

de un..

Te amo!! vibre

nuevamente y rompa

las barreras.

Entonces te buscaré

en todos los silencios

que nos separan.

Tal vez mañana…

LUCINDA QUART

LA BELLA MENTIROSA

Desnúdate despacio y deja la voz ahí, junto a la ropa.

Que te cubran sólo el pudor y las palabras, y esa delgada luz anestesiada que entra por el balcón abierto de mi boca.

Desnúdate de ti, sin darte prisa. Que surquen la penumbra y el escorzo los retazos de piel que aún atesoras, con perfume febril de bergamotas, de cuentos inventados para otro.

Desnúdate de mí para mi sombra, que aprendió antes de ayer a desearte. Que siempre quiso verte como eras, bajo la tinta azul del camuflaje.

DETRÁS DE LAS PALABRAS

200 palabras.

El viento habla con tu voz y acaricia mis oídos. Existe una luz que titila como cuando tú, con tu sonrisa eterna, alumbra los senderos que camino con la nostalgia a cuestas, porque ya te has ido y sin embargo, estás ahí, aquí, allá..

Cuando la oscuridad respira la luz de las luminarias que se yerguen para acompañar a los caminantes que cómo yo, buscan la soledad entre la bruma y la lluvia. Se vuelve amiga inseparable que en secreto guarda los más inescrutables duelos que se abrigan en ese escenario de dulce quietud que cobija las almas en la incurable saudade.

que las palabras se vuelvan sonidos azules que hagan navegar las sensaciones de nuestros sentimientos más íntimos para no dejar de sorprendernos ante tanta belleza, esa que entra en la mirada y se clava en el corazón en laque sembramos lágrimas y risas esparcidas como estrellas que sigan iluminando nuestro sendero,

que sean bálsamo y no saetas

Amo las palabras y su canto espiritual que purifica con los lamentos del cielo,el suelo que sostiene las pisadas que flaquean; que baila un vals en los brazos del viento y las hojas que se desprenden de los árboles y revolotean cual mariposas, para recordarnos que así, abandonaremos nuestra estancia en el cosmos infinito.

Silvia G.S.

EVA AVIA

Fuego en menos de 200 palabras

Mis dedos, delicadamente, recorren su rostro hasta llegar a su carnosa boca a la que, entreabierta por la situación, quisiera saborear. Poco a poco los deslizo por su cuello, sin retirar ni un instante la mirada. Desabrocho el primer botón de la camisa, el nudo de la corbata se está resistiendo, sé, que es por la incomodidad del momento. Mis pensamientos echan a volar, le queda tan bien este traje. Mis ojos se deleitan ante su impasividad, su cuerpo tenía que haber sido mío antes. Poco a poco desabrocho los botones de la camisa, dejando al descubierto el deseo por el que él está en mis manos. Continuo el proceso de desnudez de su cuerpo, lento, suave, como él se merece, como a mí me gusta. Llego a su cinturón, el que retiro con avidez. Su erección se muestra con ímpetu, algo habitual. Su mirada, inquietante, me paraliza, pero mi trabajo es el que es.

—¡Abuuuu! ¿Has visto como ha regresado la Incondicional?

—Como pa no, muerta me he quedado, me ha enfriado de cuajo.

L’IDIOT

200 palabras.

Nota: No alcancé las 200 palabras. Culpa de mi nacionalidad, sí, de mi nacionalidad. Los cubanos o no llegan o se pasan. Eso dicen y parece que es verdad.

Mi coach.

Para estar a tono con la modernidad y aprovechar las oportunidades de este derroche de sabidurías que derrama la época, me di a la tarea de buscar un entrenador personal, un coach de ayuda profesional para que me ayudara a encontrar el camino hacia el éxito..

Juntos estuvimos analizando, investigando cuál era mi talento, vaya, para qué soy bueno en esta vida.

Luego de preguntas y respuestas, tests y conversaciones, mi entrenador, decepcionado, con tristeza de derrota, con temor a ofenderme, cabizbajo y sus ojos concentrados en los arabescos multicolores del antiguo piso de la vieja casona familiar, evitando mi mirada, me dijo con sinceridad, atributo poco abundante en la actualidad, lo que ya yo sabía por experiencia propia en todos los años de mi vida, que no son pocos: » eres un idiota»

¡Y claro que lo soy!

Hasta le pagué por su «ayuda”

FRAN KMIL

La última revelación

Sintió soledad aun rodeado por el incesante tránsito de personas que cruzaban el parque, absortas en problemas íntimos, indiferentes al mensaje de salvación y al inminente fin del mundo que él proclamaba por orden del Padre.

Nadie parecía advertir la rara vibración del aire ni el murmullo que precedía a sus palabras.

Una tristeza más honda que la de aquella noche entre olivos lo atravesó. Había caminado sobre símbolos, vencido las tentaciones del diablo, regresado del umbral donde la muerte pierde su nombre. Y aun así, la era presente lo vencía: hombres y mujeres dispuestos a creer en conspiraciones, portales, criaturas nocturnas y señales falsas, pero sordos a lo divino.

Entonces decidió recurrir a su último argumento, el más contundente, el más revelador, el más imprudente.

—Yo soy —gritó, con más fuerza que aquel día en que reclamó al Padre por haberlo abandonado en la cruz.

Algunos curiosos se detuvieron. Lo miraron. Sonrieron. Rieron. Y siguieron su camino.

Él metió las manos en los bolsillos y se alejó tarareando la vieja canción que solía cantar con su madre en los días festivos.

A pesar de la aparente derrota, se fue contento: siglos atrás lo habían crucificado por proclamar lo mismo.

ARCADIO MALLO

Cenizas

Colgó el teléfono. La noche acababa de quedarse muda, como si alguien le hubiese asestado una cuchillada mortal por la que escapaba todo su sosiego y su calma. La oscuridad lo inundaba todo y de sus ojos brotaban lágrimas de derrota. Atizó a la lumbre aquel tronco de roble, que había conservado durante décadas junto a la chimenea, condenándolo a la tortura de ver el destino al que estaba condenado. El momento había llegado. Se quedó observándolo, devorado por las llamas en un abrir y cerrar de ojos, tal metáfora de su propia vida, de la que ya solo quedaban cenizas sobre las que alguien acababa de soplar, esparciéndolas en el olvido. «¡Maldita sea!». Su ángel se apagaba irremediablemente, como si fuese la figura del Belén que había recogido hacía días. Sus plegarias no habían sido escuchadas. O habían llegado a oídos del mismísimo Diablo. Se arrepintió inmediatamente de aquellos pensamientos herejes e imploró perdón divino. Al tiempo desahogaba su frustración con las bolas del rosario que sostenía entre las manos. No le quedaba nada más que la fe. Más placebo que remedio a aquel dolor que lo condenaba. ¡Porca miseria!

A lo lejos, un perro aullaba su letanía particular.

SERGIO TÉLLEZ

LA LUZ QUE SE APAGA

Sus ojos se posaron en las cortinas blancas que dividían la habitación. —Mira, hijo, las nubes se están abriendo en el cielo— dijo con una sonrisa débil. Su voz era un susurro, pero su mirada era intensa. Me tomó la mano y la apretó—No se quede aquí, siga el viento— me susurró. Un monitor cercano pitó suavemente, rompiendo el silencio. Luego, su mirada se desvaneció y partió. Las cortinas blancas parecieron cerrarse sobre él, como una nube que se cierra sobre el sol. El silencio fue abrumador. Me quedé solo, con su mano aún en la mía.

YOMALCKRY OSORIO

200 palabras son tan pocas para escribir tanto sentir .

Más de mil letras revolotean sin descansar brotan de mi alma que son puras y sinceras , cristalinas y de gran cadencia , para tan angosto espacio , por eso hay que aprovecharlo al máximo! provienen de mi fuente de Inspiración que es Dios es inagotable , no existen suficientes letras para escribir .

Gracias ! Grupo de Escritura Creativa Cuatro Hojas por brindarme esta maravillosa oportunidad es un regalo celestial sin lugar a dudas de expresarme y transmitir más que simples pensamientos o historias algunas son extraida de la vida misma otras corren desenfrenadamente por los recovecos de mi mente , buscando a toda prisa una sálida , unas son de alegrias y otras de tristezas .

Deseo para todos .

Paz , Salud , Amor, Felicidad, Risas, Abundacia, Prosperidad, Libertad, Confianza, Esperanza, Vitalidad, Vida, Juventud ,

En un mundo donde todo parece un gran caos , sólo las letras nos unen , salvan , nos conectan y liberan de cargas tan pesadas.

se crean grandes lazos de amistad y compartir .

cada uno expresa con todo su ser lo que lleva en sus sentimientos, Cada una habla por si solas y al mismo tiempo emocionan .

Unas nos roban el aliento , son un tesoro.

ALMUT KREUSH

El callejón

Durante tres años, cada miércoles, Roberto tenía que atravesar un oscuro callejón para llegar a la consulta de su psicoanalista, un hombre menudo de mirada inteligente y bondadosa.

Entre ambos revolvían y hurgaban en el pozo de la mente del paciente, en su subconsciente, intentando ordenar tendencias e impulsos y dar sentido a pensamientos y emociones.

Sin atreverse a confesarlo, durante todo este tiempo y a pesar del avance de su terapia, Roberto no era capaz de sobreponerse a la angustia que sentía cuando atravesaba el callejón, que siempre estaba bañado en esta luz turbia y espesa, volviéndose más lúgubre todavía en los meses de invierno. No pudo dominar su miedo; incluso creía oír voces burlándose de él y hasta llegó a ver ojos habitando los oscuros soportales, que le seguían con la mirada sin parpadear.

Finalmente llegó el momento decisivo de dar por concluida la terapia y paciente y doctor se despidieron aliviados.

Encontraron a Roberto muerto debajo de un puente, y en el bolsillo derecho de su pantalón vaquero una nota arrugada que decía:

—No he podido salir del callejón.

GERARDO BOLAÑOS

Mírame bien; mañana seré una mancha borrosa en tu memoria y un dolor de cabeza en tu realidad. No juzgues mi caminar errático; no estoy borracho, simplemente desafío la tiranía del equilibrio.

El alcohol no es un vicio, es el equipo de relaciones públicas que mi personalidad necesita para no mandarlos a todos al carajo antes del mediodía.

​Sobre mis químicos, el mundo es un lugar demasiado nítido en alta definición. Prefiero vivir en una acuarela psicodélica donde las deudas no tienen bordes y mi conciencia tiene el volumen apagado. ¿Drogadicto? Por favor, soy un astronauta de bajo presupuesto explorando el cosmos de mi propio cráneo.

​¿Y las mujeres? No soy mujeriego, soy un coleccionista de momentos. Reparto mi amor con generosidad porque me parece egoísta que una sola cargue con el peso de mi genialidad incomprendida. Además, nada cura mejor la resaca que el perfume de alguien que mañana se preguntará qué hizo mal para terminar desayunando conmigo.

​Soy un desastre honesto. Mientras tú te escondes tras una hipoteca y sonrisas fingidas, yo celebro mi decadencia. Al final, la única diferencia entre un santo y yo es que yo no necesito pedestales para sentir que floto.

MANUELA CÁMARA

La carta que ya estaba escrita

La carta llegó una mañana sin presagios.

Asomaba en el buzón, con mi nombre escrito con mi letra.

La abrí preocupado.

Decía: No vayas hoy al puente. Aléjate del agua.

Al final, una fecha.

Hoy.

Y una firma.

La mía.

Sonreí. Reconocí mi letra garabatosa. Era yo, tal vez mayor, cansado.

Pasé el día esquivando el mensaje con la carta latiendo en el bolsillo.

Al atardecer salí. No sabía por qué. Un impulso me llevó al río. Sobre el puente los carriles despejados y un grupo de jóvenes en la baranda haciéndose fotos. El agua estaba oscura.

Se escuchó un grito. Vi caer a un niño. Sin pensar, corrí al otro lado del puente. Salté.

Mientras caía, entendí. Antes de hundirme vi el futuro en un destello. Atento como animal prevenido, solo tendría un momento. Esperé. Sentí el roce. Fui más rápido que la corriente. Lo atrapé y lo apreté fuerte.

Escuché gritos, ambulancias. Vi pasar los años, una cicatriz en la espalda, sueños con ríos, caídas. Y finalmente yo, escribiendo una carta con manos temblorosas, cambiando lo que estaba escrito, como si un ángel soplara sobre un espejo, esperando borrar su propio destino.

CESAR TORO

Ya empieza.

¿qué esperas?

¿Cuál es el miedo?

Me susurro la página el blanco.

Escribiré que más da; aunque, no sé por donde empezar.

Escribe lo que quieras no importa todo el mundo lo hace y los alaban; además, solo son 200 palabras.

Ok ahí voy

Lo que veo iniciando el año son: guerras, catástrofes, conflictos y demás…

las personas han perdido por alguna razon esa capacidad de dicernimiento, no reclaman sus derechos y se allanan, la mayoria con resignacion a lo que la prensa y las redes publican.

El mundo es un tren descarrilado y no sabemos como detenerlo, el sentido comun es un viejo recuerdo la juventud sigue a productores de contenido «artistas» que de arte solo tienen el nombre, e idolatran a gente que no conocen.

Los mayores hemos perdido la capacidad de asombro y aceptamos resignados los cambios. Nos ha vencido el miedo y la modernidad son pocos los que se atreven a levantar la voz, escribir, hacer poesía o cantar una canción que despierte la conciencia.

Pese a todo la vida sigue, y la esperanza nos mantiene vivos, mientras observamos a nuestro alrededor, con tristeza y asombro el tictac del reloj; que anuncia, la última estacion del tren.

yaaa para, que son: 200.

Ok ok

ALFREDO LOZANO

El revolucionario

Cuando me presento como “consultor en cambio cultural”, nadie imagina que antes corría con panfletos mojados bajo la chaqueta. Ahora corro solo si el coffee break se acaba. La empresa me contrató para hablar de liderazgo disruptivo. Yo, que antes creía en la revolución permanente, aprendí a decir “resiliencia” sin reírme.

Empiezo la charla con una anécdota cuidadosamente editada: una manifestación, gases lacrimógenos, juventud. Omite detalles innecesarios, como el miedo, la torpeza, la noche en que pensé abandonar todo. El público asiente. Les gusta la épica breve, sin consecuencias.

En la pausa, un gerente me pregunta cómo mantener la motivación del equipo en tiempos difíciles. Le digo que hay que tener un enemigo claro. No especifico cuál. Él toma notas con entusiasmo. Yo recuerdo cuando el enemigo tenía nombre y rostro.

Al final me pagan bien. Muy bien. Firmo el recibo con una pluma elegante, regalo de la empresa. Antes firmaba comunicados clandestinos con un lápiz prestado. Progreso, me digo.

De camino al hotel paso frente a una pared recién pintada. Alguien escribió una consigna torpe, urgente. Me detengo un segundo. Sonrío. Mañana hablaré de adaptación al cambio. Esta noche, por pura nostalgia, no denuncio la pintada.

MAITE BILBAO

MAREA DE ACERO Y SAL

El primer acorde de guitarra fue un tajo de luz que rompió el aire viciado de la pista y nos dejó en carne viva. El cantante, pequeño bajo su gorra, nos arrastraba a un mar que acababa de aparecer entre los bafles.

—Él camina despacito…

Al llegar al estribillo, el suelo del pabellón se ablandó. Los pies se nos hundieron en una arena fría que nadie veía. Dejamos de saltar para flotar, ingrávidos, moviendo los brazos en una ola de calor y dulce humedad. Los focos blancos fueron faros que buscaran barcos olvidados en mitad de la noche. Sentí que solo podía respirar el salitre de esa voz rota que nos prometía un puerto en el que guarecernos.

La última nota de la guitarra se sostuvo en las estrellas y, cuando se apagó, el agua se retiró de golpe. Nos quedamos en el frío suelo, jadeantes, como peces fuera del cubo.

Al salir a la calle, el asfalto era duro y el silencio dejaba sentir su excesivo peso. Caminábamos con la torpeza de quien tiene que aprender, a la fuerza, a vivir lejos del mar.

SILVIA RAFI GRACIA

¡ LADRÓN !!

Al cruzarme con él le reconocí. Él a mí, no; pero yo a él sí. Me quedé con su cara aquella noche.

Yo había bajado a la calle, ya oscurecida, a dejar mi contenedor en el lugar de recogida. Y sucumbí a la tentación. Hacía ya días que lo deseaba, pero, un día por hache y otro por be…

Y aquella noche…<<Es tu momento, Patricia>>, me dije.. Giré la calle y me acerqué hasta ella. Levemente iluminada frente al patio de la escuela, pude ver su silueta y sus contornos… Me lancé, abriendo de un salto mis piernas. Y cuando alcé mi pierna derecha…!zas!. Él. Allí bajo el farol, frente a mí, rompiendo mi anhelado momento de intimidad..

Dí media vuelta para regresar a mi casa, algo avergonzada, la verdad; y también algo frustrada. Pero ya atravesando la puerta, pensando que quizás ya hubiese pasado de largo, regresé. Y no. No había pasado de largo. Allí estaban. Su perro, sentado, quieto, ladeando la cabeza le obserbava: él brincaba como un niño siguiendo la rayuela.

Sentí intensa envidia cochina. Y él no lo sabe, pero yo me quedé con su cara aquella noche… ¡ Ladrón!

BLANCA CERRUTI

Querido tío Inocencio:

Has sido padre y espero que seas muy feliz a pesar de algo increíble que ha pasado.

Ayer, la tía rompió aguas y la llevé al hospital; el parto no era inminente, así que la dejé ingresada y me fui a la librería. Mi jefe estaba en una subasta de manuscritos y yo no podía dejar la tienda cerrada.

Hoy, me ha llamado la tía, para decirme que la llevaban al paritorio, pero mi jefe aún no ha venido y he tenido que abrir la tienda.

Cuando él ha regresado ha pasado por la librería y ya he ido al hospital.

Al entrar en la habitación de la tía, me he quedado cual estatua de sal: Estaba amamantando a una bebé ¡negrita!

Ella dice que no sabe qué ha pasado, que perdió el conocimiento al dar a luz y no vio al bebé hasta que se lo han traído esta mañana. No va a denunciar al hospital; se la va a quedar porque, cuando hace unos meses estuvo en África de voluntaria, se enamoró de los niños negritos que cuidaba.

Se va a llamar Caoba y voy a ser su madrina.

Un abrazo, tío.

YOLANDA PINA REY

La fe del reencuentro

​»Aquí está ante vosotros la tímida, la romántica, la que sueña con ilusionarse otra vez. Porque aunque salió mal una vez, ella no se ha rendido: sigue teniendo fe. Ese amigo fiel le abre la puerta e invita a creer que todo es posible; ese que la mira y la anima a luchar y seguir. Él sabe de su fuerza, la conoce como nadie. En cuanto la miró por primera vez, ya la supo querer. Él creía en ella, y ella en él.»

INTELIGENTNECTARINE

—¿A que no puedes dejar de

hablar por un día entero? —me dijo mi marido.

Estamos de vacaciones y yo siempre armo pláticas con todo el mundo.

La gente me saluda por todas partes. Me encanta conocer gente. A mi esposo también le gusta, pero hoy se le antojó retarme.

—¡No más de 200 palabras!

Ay, me la pones dura; soy tan parlanchina.

Pero me las ingenié para no hablar mucho. Me alejé de los grupos; si se acercaba alguien, me hacía la dormida.

Me fui a caminar por la playa, con sombrero y espejuelos oscuros.

A la hora de las comidas fue fácil no hablar: preferimos el buffet.

—¡Te mueres por hablar! —me dijo Paul, riéndose.

Le contesté por señas.

Y lo hice sufrir: tampoco conversé con él.

Llegó la noche.

—Vamos, era broma. Habla, me hace falta oír tu voz.

—¡Vaya! Entonces, ¿me permites leerte lo que he escrito?

—Ay, no. ¿Cuántas páginas?

Apenas unas 500 palabras.

MARÍA MONTERO

EL PESO DEL COBRE

Entró antes del amanecer. La mina respiraba despacio, como un animal antiguo que reconoce a quien vuelve.
Se ajustó el casco, comprobó la lámpara y avanzó. Caminó por el túnel contando pasos para recordar que seguía avanzando. La humedad dibujaba vetas oscuras en la pared, cicatrices de otros turnos. Pensó en los nombres que allí quedaron, en las voces que el polvo aprendió a guardar cuando nadie quiso escucharlas. Cada ruido tenía memoria. Cada crujido era una advertencia y un saludo. Apagó la lámpara un segundo y no sintió miedo. Bajo tierra entendió algo sencillo: hay lugares que no devuelven lo que toman, pero enseñan a sostener el peso sin romperse.

MANUEL SERRANO

EL MANDADO

Un micro me manda hacer el grupo,

que en mi vida me he visto en tal aprieto;

catorce líneas dicen que es micro:

burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara de qué hablar

y estoy casi a la mitad del cuento;

mas si me veo casi a la mitad

no hay cosa en el cuento que me espante.

Por el tercer párrafo voy entrando

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con esta frase le voy dando.

Ya estoy en el último, y aún sospecho

que voy las trece líneas acabando;

contad si son catorce, y el micro está hecho.

TELAYPATCH

CINCO MINUTOS

Bajo el tic-tac de las horas

cinco minutos no alcanzan.

El precipicio insiste en llamarse amigo

todos los días, los mismos cinco.

Escribo dibujando lo que callo

me cierro cuando el mundo se derrumba.

Mis ojos tiemblan en la sombra

mi corazón se quiebra, pero resiste.

Persigo tu recuerdo en el viento

aprendo a tocar la nada.

Aquello que una vez fuimos

se volvió eco en el olvido.

Recibe estas líneas, abraza la poesía

regresa a tu perfecto mundo vacío.

Vuela libre, pajarillo,

pues este reloj ya ahogó su melodía.

EMILIANO HEREDIA

DOSCIENTAS PALABRAS NO SON SUFICIENTES

La verdad, es que no habría cantidad suficiente de páginas ni palabras que describan con exactitud todo lo que significas tú para mí, y todo lo que has hecho para que mi vida, al conocerte, haya cambiado ciento ochenta grados.

Nos conocimos fruto de un encuentro casual en el momento adecuado en el sitio menos inesperado.

Cada vez que te miro a esos ojos tan claros y hermosos, tan necesitados de todo, es como si estuviera mirando a un espejo en el que se estaría reflejando mi necesidad de ti.

Eres aquella mujer que tiempo ha te conocí y te he vuelto a reencontrar.

Dos barcos separados por sendas tormentas que arrasaron nuestros puertos y ahora, juntos, los estamos reparando, piedra a piedra, que son los besos que nos damos cada día.

He aprendido a decir “Te iubesc”, “dragă”, “buna ziua” y alguna cosa más torpemente pronunciado, pero sabes, es lo que tiene el amor, que es ignorante en idiomas.

No tendría palabras suficientes en cantidad y en significado, para decirte todo lo que significas para mí.

Gracias por ser mi compañera de vida.

Fin

LETICIA R MENA

PERDER LA LOCURA

Todo parecía de lo más normal ese día.

Había amanecido de un gris nublado, sin lluvia.

Extrañamente no había nadie cazando palabras salvajes en el parque de la esquina. Tampoco bailando danzas inventadas de buenos días.

De todas las personas con las que me crucé, ni una sola llevaba el acostumbrado sueño-despierto flotando sobre su cabeza. Ni siquiera en el autobús, cosa rarísima.

El café para llevar tan solo llevaba eso, café. Nada de arcoíris, ni nubecillas de vapor con formas espectaculares.

Debía ser día de hacer la colada. No había otra explicación a que todo el mundo llevara esa sosísima ropa, sin colores chillones ni estampados estrambóticos. Un horror de grisedad.

Mi reflejo en un escaparate casi me deja cuerda.

Tuve que mirarme dos veces para comprobar que, efectivamente, mi vestimenta de aquel día consistía en unos jeans normalísimos y una simple camiseta sin gracia bajo una chaqueta con menos gracia aún.

Parpadeé confusa, hasta darme cuenta de mis pies con sendos calcetines de igual color.

Ahí, justo ahí estaba el problema.

voilá, con un pie vestido y otro descalzo, observé que todo volvía a la anormalidad absurda de siempre.

Por un momento creí haber perdido mi locura.

MARTU MONFORTE

Todo renace

Evoco aquella tarde de enero y

susurro tu nombre lentamente.

Saboreo cada letra,

las extiendo hasta el infinito.

Sos infinito.

Como los recuerdos; aquella lluvia tímida y las enredaderas enlazadas

en nuestras manos sedientas.

Una vorágine de voiles envolvía sueños y quimeras, amparaba el milagro del encuentro, velaba nuestra entrega bajo el rojo pudor del verano cómplice y ravieso

Cierro los ojos.Mi memoria grabó

una puntillas de versos encendidos

en el borde de mi alma.

Cierro los ojos. Veo un camino de piedras rojas, un banco gastado.y

un poema que sueña.

Todo renace; los besos de fuego,

la humedad de las manos, la utopía que reclama la fruta prohibida.

Todo fluye aquí. Ahora, con urgencia.

En tanto te siento.

NILA J BOHORQUEZ

El tiempo dibuja en el espacio

la rotación del reloj que va marcando

el día a día sin descanso.

Despierta al universo

con el soplo de sus fuerzas

paseándose en el etéreo,

danzando y volando hasta

desaparecer en el infinito.

Los hijos crecen sin darnos cuenta,

como también sin darnos cuenta

se alejan para formar sus propios

nidos.

Estudios, grados y posgrados,

«magna cum laudem»,

logros obtenidos…

proyectos empresariales

con grandes exitos…

Es un eterno vaivén a la suerte.

Si al corazón llega el amor,

en el andar crecerá de tanto amar,

o se debilita…esfumándose.

En los «cruceros» de la vida

nos encontramos encantadoras personas que se convierten

en «amistades de barcos»,

terminando en hermandad;

algunas como las olas del mar,

suben y bajan

y otras, salpicadas de traiciones,

o simplemente, desaparecerán

sin decir adiós.

Las almas desagradecidas

olvidan favores concedidos

-dados sin esperar recompensas-

sin importar valores ni sentimientos.

En el amanecer o en el ocaso,

tarde o temprano,

nuestros amados seres

abren sus alas blancas buscando

luz hacia la eternidad…

y nosotros, si somos afortunados,

decimos a lo inevitable

«aquí te esperamos»,

pero a veces no hay oportunidad

para expresar:

«Este es el final de nuestra travesía».

JUAN C VALTIERRA

Las cabañuelas

Por Juan C Valtierra

Don Hilario vendió su yegua Prieta. La de su padre y del padre de su padre. Sebastián las gallinas. Don Esteban los cerdos de la boda de Remedios.

Remedios tenía quince años. Cerró los puños hasta sacar sangre.

—Para el muchacho. Que estudie.

Tres años de sequía. Tres años de que el cielo mentía.

—Ya no veo las nubes. Pero las oigo reírse.

Sebastián me llevó. Cojeaba de las dos piernas: una porque la trilladora se la arrancó, la otra porque tenía que doler por las dos.

—Volver. No regresar.

Cuatro años.

Sebastián muerto. Don Hilario muerto. Don Esteban muerto. Remedios tenía diecinueve y ese odio guardado.

—¿Qué dicen?

Puse el diploma en la tierra.

—Que no existen.

Remedios escupió.

—Mi padre vendió mi boda.

Me sostuvo la mirada hasta que bajé los ojos.

Don Hilario vino esa noche. Olía a tierra mojada.

—¿Está muerto el cielo?

—No sé.

—Te mandé a que te perdieras.

El gallo cantó. El de Sebastián. Muerto hace tres años.

Abrí el cuaderno. Letra de nadie:

“Remedios se fue. Quedan cuatro.”

Salí. El sol blanco. La sed. Remedios ya no estaba. Las casas vacías. Puertas abiertas como bocas.

Mi madre tampoco.

No sé si estuvo.

Cuento original 406 palabras

Las cabañuelas son un método tradicional de predicción meteorológica a largo plazo sin base científica que se practica en España, México y América Latina. Este sistema consiste en observar el clima durante los primeros 12 días de enero, donde cada día representa el clima esperado para cada mes del año: el 1 de enero indica cómo será enero, el 2 de enero corresponde a febrero, y así sucesivamente hasta el 12 de enero que representa diciembre.

Las cabañuelas

JAVIER GARCÍA HOYOS

Cada tarde, a las ocho, solía sentarme en una pequeña mesa redonda de bar en la que la comodidad solo estaba garantizada para dos personas. Un lugar perfecto para las miradas cómplices, que surgen bajo una luz tenue, y envuelto por las baladas que lo ambientaban.

Yo tenía a mi lado un vaso de cerveza del que tomaba pequeños sorbos; y mientras mi garganta se hidrataba, mi corazón seguía sediento.

Siempre había una silla vacía frente a mí, formaba parte del ritual, y yo jamás incumplía este ritual, una individual protesta muda a la que nadie atendería, porque nadie debía escucharla. No es que echase en cara al destino que cambiara los rumbos de nuestros caminos, pero siempre le reprocharé que me regalase una promesa incumplida.

Un día me levanté de aquella mesa tras acabar con la cerveza, me dirigí a la salida del bar y miré el asiento en el que la esperanza me hacía creer que volvería a verla. Pero aquella silla seguía tan vacía como la mía, como mi vaso, como la mesa, como mi vida, como un ritual de promesas incumplidas. Y entonces, decidí no volver.

FURUKAWA CREATIVES

Arrepentimiento.

―No lo voy a volver a hacer, te lo juro ―cada palabra la dice entre sollozos, mientras yo le doy una larga calada al cigarrillo.

El sabor mentolado refresca mi garganta, la nicotina se desliza por mis venas y yo agradezco que surta efecto casi de inmediato. La sensación de calma es un bálsamo que sosiega a mi corazón y aquieta mis manos temblorosas.

―¿Por qué no dices nada? ―se hinca, para recostar su cabeza sobre mi regazo, permitiéndome sentir su peso y su calor. Su llanto llena la habitación y sus lágrimas mojan mis pantalones.

Mis dedos se enredan en su cabello, peinándolo. La ternura me ahoga, la certeza me asfixia: lo amo y sé que miente. Mañana, su puño romperá mi silencio.

VERÓNICA MARIEL IMPA

ACERCARMIENTO

Para contarte un cuento solo tengo 200 palabras. Nada más. Con eso, puedo introducirte lentamente en una atmosfera de miradas, sonrisas y silencios, hasta animarnos al primer saludo.

Ya nos estamos conociendo. Los encuentros, intencionalmente accidentales, ahora traen breves diálogos sin sentido, existentes para mantener las palabras. Incómodos y cómplices. Ya nuestras voces avanzan, se alargan, crecen. Y entonces surgen los misterios. ¿Cómo acercarnos?; ¿Qué sensaciones se encienden en las pieles? ¿Cómo humedecen los labios?

Atrapados e inseguros, buscamos las pistas para acercarnos. Conversaciones entrevistadas, anécdotas como antecedentes, testimonios que dan indicios, pequeños, pero contundentes.

El camino se va recorriendo solo hasta que por fin se encuentran las manos. Los cuerpos laten en un raro suspenso. Con la cercanía, las respiraciones comienzan a entrelazarse. Los labios ahí tan cerca luchan contra la pesadez de la incertidumbre para rozarse. Creen que van a lograrlo, pero no. Son interrumpidos por la duda de un cosquilleo que, inquieto y travieso, baja desde la nuca hasta el final de la espalda. Los estómagos se nutren de nada y al querer reanudar el magnetismo de las bocas, los ojos se espejan y preguntan si van a seguir avanzando. No hay respuesta. Sólo tengo 200 palabras.

ALEXANDRA FERNÁNDEZ

Migrar al viento

Cuando el invierno de la carencia acecha y acaba las raíces de la tierra natal, el instinto dicta una orden: sobrevivir, huir. El ser humano, igual que el ave, vuela sin cesar buscando otras latitudes. No existe guía más exacta que el hambre del futuro con el motor de la esperanza.

Mientras las aves despliegan sus alas, los humanos cargan sus maletas de recuerdos, miedos y sinsabores de un pasado que los catapulta al futuro incierto.

Ave y humano cruzan abismos sorteando fronteras. A pie va el hombre con la familia en mano, pisada fangosa, sudor que corre.

Con fe impaciente la caminata se hace interminable hasta llegar a la tierra donde el pan se sirve en la mesa.

La llegada a un mundo extraño con acentos diferentes, ambos son extranjeros en un aire ajeno.

Ave y humano son almas de paso buscando una rama y un techo donde fijar su estancia con el calor del terruño dejado. Nómadas no quieren ser más, amor a la tierra ha de llegar con el fin del recorrido y el florecimiento de una nueva primavera.

Por fin descansan las alas al vuelo

Por fin descansan los pies de hierro fundido.

GRISELDA SIERRA

Escena del crimen

Los disturbios continuaban. Hacía más de una semana que una de las calles más culturales de la ciudad había amanecido cubierta de líricos cadáveres. Los días pasaban sin que las investigaciones de la policía del ritmo, la métrica y la rima arrojaran alguna pista sobre el autor de esos crímenes.

No eran pocos los literatos y gente del pueblo que hacían mil conjeturas sobre la pluma que había cometido la masacre, sin llegar a nada concreto, o por lo menos a un indicio que llevara a dar con el responsable de la muerte de aquellos poemas, cuyo único delito había sido protestar por no encontrar metáforas exactas para expresar su sentir con elegancia y buen gusto, dejando doscientas palabras sueltas, regadas sobre el pavimento.

Los oficiales irrumpían en los estudios de los poetas, hurgaban en los papeles y cestos de basura en busca de pruebas, pero los días se acumulaban en el calendario, lo mismo que las dudas y preguntas sin respuesta. Los poetas protestaban en las calles por las continuas irrupciones, exigían respeto y privacidad para poder ejercer su trabajo sin vigilancia policíaca.

Avergonzada por el gran caos que había provocado, la tarde del pasado lunes la pluma asesina salió finalmente de su escondite y se entregó a la justicia. El Tribunal de Delitos Literarios tomó el caso en sus manos. Después de varias audiencias y deliberaciones, la pluma fue condenada a trabajos forzados hasta derramar la última gota de tinta.

TERESA SÁNCHEZ FREGOSO

La vida.

Heme aquí en mis cuatro paredes, con un silencio sepulcral, me harté de vivir fingiendo ser feliz, de saludar a seres que eran sólo sombras inertes en mi vida, me cansé de llorar por cosas que no me importan, de reír cuando no había motivos para ello, de seguir reglas impuestas no deseadas.

De ponerme máscaras diferentes a diario dependiendo de donde te encuentres y con quién.

De querer a quien no te quiere, me cansé de esperar respuestas, de vivir en ese círculo vicioso interminable, de mentiras, destrucción, de hipocresías de dolor, de sueños rotos, de maldad disfrazada de bondad.

Este no es el mundo que quiero para vivir, ya dejé de gritar por lo que quería sin obtener respuestas, decidí, enterrarme en mi silencio, sin más lamentos que los míos

Nadie jamás dejará de fingir lo que siente, pocos habrán de seguir luchando para cambiar el mundo, me pregunto si alguien algún día lo logrará, ya no estaré para verlo, y creo que sólo cambiará su vida no la de nadie más. El lado obscuro se perpetró en las entrañas de la tierra, prevalece la locura, las ambiciones de poder, la destrucción del alma, la razón de la sinrazón.

Prefiero la muerte, que seguir tolerando todas las aberraciones humanas, con el corazón muerto en vida.

CARMEN ÚBEDA FERRER

El Búho

———-

Me presento.

Yo soy un búho.

No soy un búho cualquiera.

Soy un búho Real.

Un ave de la realeza.

……….

Siempre he desempeñado

un papel muy destacado

en diferentes culturas,

que me han atribuido.

Sapiencia, inteligencia

y algún que otro

Don muy especial,

al que llamaron

percepción espiritual.

En la mitología griega

se me relacionó con Atenea

la diosa de la sabiduría.

……….

El búho en la cultura celta,

a pies juntillas

se creía, que una captación

extrasensorial poseía

traída de otros mundos

del más allá.

En la leyenda

de la América nativa

también mi parcela

sacra poseo.

Soy el ave nocturna

requerida

como protectora

del miedo

del fantasma de la noche

y su silencio.

……….

Siempre me han venerado

las civilizaciones.

A día de hoy

sigo siendo idolatrado

pues tengo muchos adeptos

a los que con mi destino

de hado emplumado

su buena suerte voy enlazando.

Se usa mucho mi efigie

como paladín de los sueños.

……….

Soy una divinidad.

La mirada enigmática

de mis ojos

será por siempre

mi halo milenario.

Así seguirán estas creencias

que me mantendrán

como el hacedor del ensueño,

del misterio,

de la sabiduría,

los secretos

y la buena suerte.

Siempre prevalecerán

hasta después

de mi muerte.

AXY LINDA

—¿Qué tienes? Te noto raro.

—Te iba a contestar que nada, pero ya estoy cansado de decir siempre que estoy bien, para no preocupar o simplemente para no incomodar. A mí acuden por apoyo, consuelo, a contarme confidencias, penas, etcétera, y yo debo permanecer equilibrado. Pero no siempre me siento bien. También me deprimo o me siento ansioso, y no lo digo.

—¿Pero por qué te sientes obligado a parecer fuerte? Eres de carne y hueso, no un robot; es natural tener altas y bajas de ánimo, necesitar ayuda. No es delito mostrar debilidad. Sí deseas contarme lo que te pasa, te escucho.

—Es que ni yo sé exactamente por qué estoy así. Me siento triste, inquieto, frustrado, deprimido.

Tenía pensado escribir algo y nada, no me surge ninguna idea. Y mira, lo único que estoy haciendo es escribir esto, y se van a enterar de mi vulnerabilidad. No sé sobre qué escribir, esto es para entenderme, para no callar, para aceptar que hoy, incluso sin ideas, también existo y siento, y eso, tal vez, también cuenta como una forma honesta de inspiración, aunque ahora no lo parezca. Creo que ya llevo doscientas palabras sin inspiración.

SERVANDO CLEMENS

La envidia

La vecina tiene un cuerpo espectacular y se desnuda frente a su ventana. Desde mi casa contemplo su figura. Se nota que va todos los días al gimnasio y que hace dieta. ¿Será por eso tan engreída? Baila al ritmo de la música que sale de su gigantesca televisión. Lo hace para hacerme sentir mal, únicamente porque estoy pasada de kilos.

Siento coraje solo de verla tan campante, porque mi esposo podría estar espiándola, aunque no creo que a él le guste alguien tan vulgar. Su mansión es enorme, con alberca y cancha de tenis. ¿Se la habrá comprado ella sola o estará casada con un viejo rico?

Tengo unas ganas tremendas de despertar al holgazán de mi marido y pegarle con la almohada en la cabeza, por si alguna vez pensó en su cuerpo, en su cara hermosa o en su simpatía. Cierro la cortina.

Soy soltera y vivo sola, pero soy capaz de cualquier cosa si se le ocurre pensar en mi futuro hombre.

Abro un poco la cortina, solo un poquito, y la veo por una rendija.

Que ni crea que le voy a regresar la licuadora que me prestó ayer.

MANOLI DÍAZ TORRALBA

María se levantó a las seis de la mañana convencida de que dominaba el universo. Puso la lavadora, preparó café, respondió tres correos del trabajo y localizó un calcetín perdido desde 2019. Todo bajo control. Hasta que despertaron los adolescentes.

—Mamá, hoy voy full random —dijo el mayor, con una tostada colgándole de la boca.

María asintió con seguridad, como quien entiende inglés técnico.
—Muy bien, hijo. Yo también voy… completa y ordenada.

La pequeña apareció después, mirando el móvil.
—Mamá, no me rayes, ¿vale? Es cringe.

María frunció el ceño.
—¿Cringe es una alergia? Porque si es contagioso, os ponéis mascarilla.

Intentó hablarles de responsabilidades, de sacar la basura, de vivir en sociedad. Ellos respondieron con frases como “literal”, “bro”, “eso es muy 2010” y un misterioso “XD” pronunciado en voz alta.

—¡Hablad bien! —gritó María—. ¡Que parecemos una serie extranjera mal doblada!

—Relájate, mamá —dijeron a coro—, estás intensita.

María respiró hondo. No entendía a sus hijos, ni su idioma, ni por qué el wifi era más importante que la comida. Pero al final del día, mientras recogía platos y escuchaba risas desde sus habitaciones, pensó que quizá no hacía falta entenderlo todo. Con sobrevivir ya era bastante.

BEA ARTEENCUERO

SI YO PUDIERA..

Si yo pudiera, regresar el tiempo, amaría a ese joven que me invito a su cama, para sentir su piel tersa sobre el ocaso de la mía y posiblemente hoy no me estaría preguntando …Como habría sido el orgasmo? Solo recordaría cada minuto y lo guardaría, como un tesoro.

La vida es un hilo muy fino, pero fuerte si sabes mantenerlo, a veces tiende a cortarse y tienes que hacer nudos para seguir tu vuelo.

Quiero dejar marcas en cada recodo del camino.

Oh! Si tan solo yo pudiera, cuantas veces renaceria en mi interior y simplemente ser…

La magia de ese instante perdido, ese beso que no di y recoger todas las caricias perdidas.

Oh! Si yo pudiera, despertarme

una mañana y encontrarme en los brazos de mi madre, tantas cosas cambiaría en mi renacer…

Mamaria la vida desde el principio al fin, volvería sobre mis pasos para dejar marcas, que digan que valió la pena, el camino andado.

Alguien dijo…

«He expandido mis sueños bajo tus pies, pisa suavemente porque pisas mis sueños»

Tan cierto!!

Tantos sueños perdidos…

Oh!!Si tan solo yo pudiera!!!

Guardar mis lágrimas en un rincón del alma, y sacar mi mejor sonrisa, cuantas cosas cambiaría..

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