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Caldo de cultivo

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Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa de Facebook, proponíamos el tema “caldo de cultivo”. Este ha sido el relato ganador:

ROCÍO ROMERO GARCÍA: Siete horas

Julia se había levantado a las seis de la mañana para llegar puntual al aeropuerto, tenía que coger un avión en dirección a Nueva York por trabajo.
Llegó al aeropuerto a las siete y media, justo a tiempo, el avión salía a las ocho.
Hugo se había levantado a las siete, vivía más cerca del aeropuerto. Su avión también iba rumbo a Nueva York por temas de trabajo.
Llegó al aeropuerto a las siete y media, justo a tiempo, el avión salía a las ocho.
Una vez en el avión, Julia buscó su asiento. Lo encontró, estaba al final del avión, pegado a una ventana.
Hugo hizo lo mismo, y también lo encontró. Su asiento estaba al final del avión, al lado de otro asiento donde se encontraba, según él, la mujer más hermosa que jamás habría visto.
Él se sentó a su lado y la saludó.
Ella sonrió, algo tímida.
Hugo la observó con atención, pero también discreción. Sus ojos eran de un azul el cual el cielo tenía envidia. Su melena, recogida con un moño alto y algo desenfadado, tenía diferentes tonos de castaño.
Julia le observó con cautela, de reojo. Tenía el pelo del color del carbón, despeinado y sus ojos eran tan castaños y adictivos como el café.
Juraría que era el chico más guapo que jamás había visto.
Entonces, se puso nerviosa. Muy nerviosa.
Tenía a un chico muy atractivo a su lado y ella iba algo descuidada. Ni siquiera se había molestado en peinarse bien o en arreglarse un poco.
Hugo notó lo incómoda que estaba aquella chica. Le preguntó si se encontraba bien, a lo que ella respondió con nerviosismo que sí.
Obviamente, Hugo no la creyó.
— ¿Es la primera vez que montas en avión?
— ¿Qué? ¡No! ¿Y tú? — preguntó Julia, con un tono nervioso.
— Oh, no. Soy comercial, estoy en constante movimiento.
— Pues como yo. Soy reportera gráfica.
Julia no se atrevía a mirarle a los ojos. Todo lo que decía lo decía en un tono bajo y con la cabeza gacha. Y Hugo se había dado cuenta de que seguía incómoda, así que decidió presentarse para eliminar esa tensión.
— Me llamo Hugo, por cierto.— dijo él, tendiendo la mano.
— Yo me llamo Julia.— dijo ella, estrechándosela.
Decidió alzar la vista, y solo por un segundo, todos los nervios, inseguridades y preocupaciones desaparecieron.
Por un segundo se sintió en paz, como en casa.
Vio en él todo lo bueno, cómo todo cobraba sentido. Vio cariño, protección, humildad.
Vio noches bajo las estrellas donde ellos brillarían más.
Vio amaneceres infinitos y desayunos con diamantes.
Y él vio en ella todo lo desconocido.
Lo inexplorable, el lado más tierno de la dulzura, el lado oculto de la Luna y su hermosura.
Vio aventuras, verdades y atrevimientos.
Vio las mil y una noches que nunca llegaron a conocer el sol.
Y entonces sonrieron, como si se conocieran de toda la vida.
Y la vergüenza, la timidez y cualquier otro impedimento, desaparecieron.
Solo estaban ellos. El mundo giraba y existía por y para ellos.
Eran siete horas de viaje, y en cinco de ellas, se contaron sus vidas.
Rememoraron tiempos pasados que juraron no volver a recordar.
Se contaron sus secretos, sus mayores miedos y los más diminutos deseos.
Hablaron del amor y el destino, sintiendo cada palabra que decían, comprobando que estaban hechos el uno para el otro.
En sus cabezas imaginaron un mundo nuevo, mejor y más hermoso, porque ellos estarían juntos.
Imaginaron futuros inciertos, palabras que nunca se dijeron y se las llevó el viento, “te quieros” que son obras de sus más dulces sueños, creyeron sentir besos bajo la lluvia.
Se sintieron como Adán y Eva. Cómo Romeo y Julieta.
Pero esas realidades paralelas fueron interrumpidos por una fuerte sacudida.
El avión estaba sufriendo turbulencias.
El piloto les advirtió que estaban atravesando una zona de tormenta y que pronto todo volvería a la normalidad… Aunque no fue así.
Se oyó un fuerte estruendo, un rayo había partido un ala y los pilotos había perdido el control de los mandos.
Lo intentaron todo, pero no lograron nada. Lo único que podían hacer era informar sobre lo sucedido y rezar por que ese no fuese su último viaje.
El avión caía en picado hacia el mar entre truenos, lluvias y nubes que creaban oscuridad.
Julia miró a Hugo con miedo.
Hugo miró a Julia con desesperación.
Ambos temieron por sus vidas mientras se les partía el corazón ante la posibilidad de no volver a verse nunca.
Se agarraron de la mano de la manera más fuerte que sabían mientras las mascarillas de oxígeno salían disparadas.
Julia lloraba y apretaba con fuerza.
Hugo se repetía una y otra vez que todo iba a salir bien, apretando su mano como si ella fuese su salvación.
Ambos se miran y sonríen lo mejor que pueden.
Julia se inclina hacia él y Hugo no la detiene.
Ambos se funden en un hermoso beso antes de que el avión se estrelle.
Después de aquellos, todo se vuelve negro y Julia despierta sobresaltada.
Su corazón va a mil por hora, mira a su alrededor y comprueba que está en su habitación. Que todo ha sido un sueño.
Mira el reloj, las seis. Debe levantarse para coger el avión.
“Seguramente”, pensó ella, “ese sueño haya sido fruto del estrés, de pensar en todo lo que tengo que hacer nada más llegar a Nueva York”.
Se lo repitió varias veces hasta que se convenció.
Hugo se despertó sobresaltado, nervioso y mira el reloj. Las siete. Debe prepararse para coger el avión.
No pensó demasiado en el sueño, creyó que era una tontería, fruto de la emoción por ir a Nueva York.
Julia llegó a las siete y media, justo a tiempo,el avión salía a las ocho.
Hugo llegó a la siete y media, justo a tiempo, el avión salía a las ocho.
Una vez en el avión, Julia buscó por su asiento. Lo encontró al final del avión, pegado a una ventana y un sudor frío recorrió su cuerpo. Justo como en el sueño.
Hugo también buscó por su asiento, y lo encontró. Estaba al final del avión, al lado de otro asiento donde se encontraba una chica. Todo le resultaba muy extraño, era justo como en el sueño.
Cuando se sienta al lado de aquella chica, sus miradas se encuentran, y sin poder controlarlo, los sentimientos afloran.
— Hugo…
—Julia…
El avión despega y ambos no paran de mirarse, sabiendo que esa será la última vez que se vean.

*Todos los relatos son originales y no han pasado procesos de corrección.

 

JUSTO FERNÁNDEZ: El caldo del hemisferio izquierdo

Escribir o comunicar exclusivamente desde la “erudición” y la intelectualidad del hemisferio izquierdo es profundamente naif y deshonesto.

Nadie debería exponer idea u opinión alguna sin describir además su estado emocional en ese momento. Es necesario completar lo que se pretende decir con el propio contexto personal.

Por ejemplo, el comunicador debería incluir en su discurso notas o aclaraciones como estas:

“Escribo (o digo) esto a la vez que estoy padeciendo una crisis inflamatoria de mis hemorroides crónicas”

“Escribo (o digo) esto hoy que me siento muy, muy solo. Necesito un abrazo. Ojalá tú que me lees (o que me escuchas) …”

“Escribo (o digo) esto justo después de volver del Casino de Torrelodones. Me han desplumado y no he pagado todavía a Iberdrola”

Este contexto emocional es absolutamente necesario para poder entender en su justo merecimiento al “soberbio” comunicador. En otro caso, sin datos que expliquen su realidad personal, la mayoría de las veces el lector u oyente no comprende nada … (o simplemente alucina).

Algunos de los “eruditos” a los que les vendría de perlas esta recomendación de completar sus arengas son: Pérez-Reverte, Javier Marías, Carlos Herrera, Alfonso Rojo, … Y muchos, muchos, muchos otros …

(Puede usted, querido lector, ayudarme si gusta a completar la lista …)

Nota: Yo me encuentro divinamente escribiendo esto.


MARÍA RUBIO OCHOA: Caldo de cultivo

Juana iba con el cesto de la ropa hacia la lavadora, antes se pasó por el jardín para lavar el mantelito que aún estaba en la mesita.Cuando estaba en ello escuchó el sonido del teléfono. Dejó el cesto y fue a contestar .Era su amiga y confidente y bla, blaaa estuvieron hablando bastante tiempo. No sintió caer la intensa lluvia……Cuando colgó el auricular salió al jardín y se encontró el caldo de cultivo en el cesto de ropa…La blanca tenía las manchas azules de aquel pantalón que ella pensaba seleccionar y no meter en la lavadora……Pensó rápidamente que tendría que intentar volver a buscar como hace años aquel “azulete” que se usaba para que después de lavarla tomará un color ligeramente azulado, tenía que intentar algo……


JEZABEL MOTENEGRO: Caldo de Cultivo

Hoy comemos de cuchara, extiende el mantel de hilo. Tú sí que hueles raro. Estoy cocinando un caldo de cultivo con algunas ideas hervidas que se iban a poner malas. Verás qué delicia de sopa de letras, te vas a chupar los dedos. ¿Prefieres alimentarte de melancolía, otra vez? Porque esto es lo único decente que puedo ofrecerte, después del desastre. Entonces, lávate las manos, deja de gruñir y pon la mesa.


TC CARLOS: Comiendo entre bidones de cerveza

Carlos acaba de encontrar trabajo en un restaurante. Desde que cerró el suyo, anda de aquí para allá cada pocos meses. Ni encuentra locales baratos como el anterior ni soporta a ningún jefe. Ahora, además, se hace llamar por el nombre de su juventud, Charly, algo relativamente más fresco para él y los demás.
En este nuevo empleo, coincide con Fernando, uno de los camareros antiguos. Están en la bodega, el comedor de los empleados repleto de latas de comida, bidones de cerveza, cajas de botellines, refrescos, vino y algo de verduras. Hay una pequeña mesa con una silla, y a Charly le ha tocado sentarse en el cartón que sirve de asiento sobre un bidón gris.
Los camareros pueden comer lo que quieran de lo que haya sobrado después de servir más de cien menús. Son las cinco de la tarde, y los dos sacan sus respectivos platos del microondas.
Apenas hablan, y eso es porque Charly no soporta a Fernando, que no para de hablar de sí mismo. Porque una vez más se dan las circunstancias de siempre: el tipo se hace escuchar, aunque Charly ponga cara de póker.
Fernando, hablando de la sociedad, de la inmigración concretamente, se confiesa Franquista. ¿Será posible? Charly intuía algo, pero tampoco quería involucrarse innecesariamente.
-Soy Franquista. Lo soy -repite, buscando el pie que cojea de Charly.
Charly se considera un antisistema, así que las ideologías de los demás se las ha pasado siempre por el forro. Y no es que tenga simbologías físicas de ningún tipo, porque más bien parece un tipo normal. Pero el hecho de no seguir corriente alguna, es lo que le convierte en un tipo desconcertante y peculiar.
Observa a Fernando. Ha oído bien. ¡Joder con el chával!, parece pensar. Charly, que apenas ha comido, deja el plato de judías verdes pasadas y secas sobre otro bidón y le pega un buen trago a la botella de agua mineral. Se asegura de lo que acaba de decir el otro.
-¿De verdad que eres Franquista?
-Sí, sí, sí -asiente Fernando, con orgullo de amor propio.
Charly deja media botella sin beber en el suelo y le dice:
-Mira, yo no lo soy. -Se lo piensa un poco y continúa-. Pero te diré una cosa: si fuera de derechas como tú, o como lo quieras llamar -porque me da igual- pues lo peor…lo peor que podría decir es que soy Franquista… -Charly no le deja hablar: Fernando comienza a bailar la cabeza con gestos algo descriptibles, como con un “¿cómo te atreves?”-. Si yo fuera de derechas, si lo fuera, sería… sería de Primo de Rivera, de la Falange. -El otro abre extrañamente los ojos. Parece dispuesto a escuchar a Charly. ¿No es increíble?

Charly le perturba acerca de la honestidad de Falange respecto al Franquismo, y el destino que el segundo deparó para el primero. Etc, etc, etc. El otro escucha atentamente, comiendo y cortando la chuleta de cerdo. Lo peor de todo es que después de un par de minutos, Fernando asiente aceptando sin réplica la nueva teoría, aunque Charly considera que lo más desagradable es que le va cayendo un hilillo babeante de grasa torrezna por la comisura de los labios que no es capaz de limpiarse.
¡Qué asco, joder! Charly desvía la mirada. Agarra la botella de agua y la deja sin gota. Se acabó el discurso. Fernando ha sucumbido a la chuleta, a los conocimientos históricos e incluso a su ideología. ¿Comerá también las patatas fritas?

Mientras Charly mira cómo se las lleva a la boca de cinco en cinco, parece preguntarse cuántas horas o días quedarán para dejar el restaurante. Porque sabe que Fernando volverá a la carga, y la próxima vez será menos cínico.


ROSA MARÍA JIMÉNEZ MARZAL: Caldo de cultivo

Llamaste a la puerta de forma inusual,brutal,como si te fuera la vida en ello,como si no dispusiera de más tiempo y diciendo toda una retahíla de frases inconexas……Yo frené en seco,pretendiendo con mi silencio cómplice disuadir tu arrogante insistencia,pero seguiste aporreando los cristales en una espera insoportable.
Se mascaba la tensión en el aire… intuí que algo no iba bien,que de algún modo pretendías evadirte de la angustia que te atenazaba.
Si bien me atrajo de ti tu tormentoso pasado,supe que abrir la puerta era un aterrador error.
Llamabas,ahora,quedamente….y te dejé pasar porque fuiste lo . mejor que me había pasado en la vida,lo único bueno. Pero empujaste con una mirada helada que mataba en silencio,llenaste la estancia de gestos amenazantes y lloriqueos de profunda tristeza y con temor observé cómo pasabas la mano por la repisa de las fotografías,tirandolas al suelo y tu brutalidad al arrancar mis bonitas cortinas floreadas.
Te asomaste a nuestro miedo y supe que no había marcha atrás,qye no debí abrirte la puerta…y rota comprendí que nunca fui lo suficientemente buena para nadie.
Llamaste a la puerta y tuve un presentimiento…


EMILIANO HEREDIA JURADO: Página en blanco.

Casa en silencio, roto por el sonido de la torre de un ordenador encendido.
Un hombre, de 46 años, sentado enfrente de la pantalla y las manos sobre el teclado.
Los niños y su mujer, hace rato que se han ido. Ella, al trabajo, ellos, al colegio.
Tiene abierto un nuevo documento en Word.
De fondo, la banda sonora de The celts, de Enya.
Se le vè pensativo. Tiene que escribir un relato sobre el tema de èsta semana, caldo de cultivo, para el grupo de escritura creativa cuatro hojas, dirigido por una chica que se llama Cris Moreno.
Nó la conoce en persona, pero le gustaría. Y a los miembros del grupo.
Se llama Emiliano, y se le vè pensativo, más que inspirado.
Respira profundamente. Se levanta de la silla, y hace las camas. Recoge la pila, pone el lavavajillas, y una lavadora.
Se vuelve a sentar frente al ordenador. Está preocupado. ¿De que escribirá que nó haya escrito yá?. De alguna historia de amor…nó, demasiado fácil, nó le apetece. De terror, predecible. De humor, no tiene el día.
Se vuelve a levantar de la silla, y sale a la calle a comprar el pan, haber si encuentra la inspiracion.
Se cruza con su vecino gruñon que pasea al perro. Entabla una conversacion trivial con la panadera …”buenos dias, -buenos dias-, una de cincuenta, ¿verdad?, -gracias, adios-“.
Pero nada de lo que vè o siente, le sirve para, encauzar el tema de èsta semana. Caldo de cultivo.
Llega a casa, se vuelve a sentar, ante la misma página en blanco.
Se agobia, nó yá por la falta de ideas, como por la torre de ropa por planchar.
Se vuelve a levantar, se pasa la mano por los cabellos de su cabeza.
Lleva la ropa al salón. Coloca la tabla de planchar y la plancha.
Enciende el televisor.
Las horas pasan y la pagina en blanco sígue ahí.
Son las doce pasadas, a acabado de planchar.
Apresuradamente, coloca la ropa recien planchada, recoge la tabla de planchar y la plancha.
Las doce y media pasadas, calienta la comida. Despues de comer, recoge la mesa y lava lo que ha usado.
Prepara el bocadillo, la una cuarto pasadas. Se tiene que ir a trabajar.
Entra en la habitacion donde esta el ordenador.
La misma pagina en blanco. Hoy es Jueves, y nó ha escrito nada.
“Bueno, de todas formas, nó me apetecía escribir nada sobre caldo de cultivo. Nó creo que por una semana que nó escriba, pase nada.”


FLAVIO MURACA: Ofelia y los condenados

La negrura pavura del cielo de medianoche se contraponia con la presencia morbida de una luna inmensamente bella que dinamitaba la oscuridad destellando luminosidad.
Habia un silencio sepulcral en el cementerio; el dia procuro concluir con la mirada paraplejica de ofelia observando todo sin poder hacer nada, sin aniquilar esos sentimientos viscerales que surgen cuando el engaño se hace presente desgarrando su voz tremula de ausencias y abandono.
La venganza es el punto de inflección de todo ser humano que es sumido a un desprecio y a una desidia jamas vista, Ofelia no escapaba a ese signo que se cernia sobre ella… sin embargo la templanza era algo que la desbordada y sabia que tenia todo el tiempo del mundo para saborear su revancha… el tiempo ya no era algo que la preocupara porque habia dejado de pasar desde el mismo momento en que la habian dejado reposando sobre el frio marmol de un nicho vetusto.
Su memoria aun permanecia intacta recordando todo lo que el viento se habia llevado, antes era el amor lo que la ponia a andar; ahora el odio se habia convertido en el motor de sus pasos…
Ofelia, ojos de serpiente, labios carmesi; risos de cobre; corazón de hormigón, alma en pena… ennegrecida y perdida.
Todos creyeron que ella,habia cruzado el umbral la tarde en que la encontraron tendida en el piso y sin signos vitales; pero ella no estaba muerta en ese momento… simplemente habia vuelto a tener un ataque de catatonia luego de observar y escuchar a su amado Donovan reirse a espaldas suyas con su amante…
Ofelia no soporto tan vil traición y broto de ella un odio inconmensurable que la paralizo en forma de muerte… todo lo vio, todo lo escucho; Donovan se pavoneaba con su amante Maritzia frente al cajón y ambos se burlaban de Ofelia hablando de la herencia que irian a recibir…
El dolor de la verdad cobraba vida ante sus ojos y la bronca mordia la rigidez de su mandivula queriendo estallar de impotencia.
Fue la protagonista de su entierro; el espectador de las lagrimas de mentiras de alguien a quien supo amar…
La primera noche fue la peor de todas para Ofelia, seducia y abandonada; muerta y viva; burlada y olvidada.
Quizas aún sin comprender si estaba viva o muerta se convencio que su venganza habria de ser algo que la ataba todavia al mundo terrenal.
El feretro estaba sin cerrar- por tradición familiar- y cuando recobro los sentidos Ofelia sucumbio a un ataque de panico que erizo la piel de todas las almas que yacian reposando en las lapidas del cementerio.
La confusión reino en ella que se golpeaba con la paredes del lugar producto de la incertidumbre y el miedo…
Estaba atontada, con la mirada desencajada; con un hueco en el pecho y el corazón enterrado.
Deambulo por el cementerio; susurrando; murmurando… una gotas de lluvia surgieron como una premonición del diluvio que pronto acaeceria sobre el cuerpo de Ofelia.
Un nombre de pronto se posiciono en su cabeza; Dante, y no pudo sacarselo ni por un instante.
Arañaba las paredes con sus manos desnudas, queria escapar trepando los muros; pero su debil y desgarbada figura no se lo permitian… su vestido blanco el mismo con el que se habia casado y enterrado; quedo sumido en el barro y la mugre.
El dolor y el odio se mezclaban en su ser de forma simbiotica, Ofelia se sentia en un limbo dificil de explicar…
Corrio desesperada; abrumada; pero nadie la escuchaba, con quejidos y suplicios se arrastro hacia una tumba añejada; no habia cruces, solo un nombre se eregia en lo que suponia ser una lapida, Dante…
Una sombra aparecio entre la penumbra de la noche, Ofelia sintio un repentino escosor y la sensación de la catatonia se hicieron presente otra vez mientras un sin fin de relampagos serpenteaban en el cielo creando meandros de luces.
Su lengua pronuncio su nombre antes de quedar inmovil… Dante… susurro en el aire al tiempo que sus musculos se contraian dejandola impavida ante actos externos.
Mil murcielagos la envolvieron en la oscuridad; creyo ser salvada pero tan solo fue condenada como tantas otras lo habian sido ya hace tiempo atras.
Alguien beso a Ofelia, la sedujo, la hizo suya… sin resistencia la convirtio en la reina de los condenados; en la madre de la noche y protectora de sus criaturas.
La sed de sangre goberno su esencia y la venganza se hizo carne en ella.
Luego de su conversión Dante la envolvio en sus alas oscuras y la deposito en su feretro… necesitaba descansar y alejarse de la claridad…
Ella sentia un ardor profundo correr por sus venas, era otra sangre la sangre que se agolpaba en sus conductos, palida por fuera y un infierno por dentro…
El sueño reparador sobrevino a sus pensamientos que no dejaban de atormentarla, y cayo en un espiral de latencia hasta que la apetencia se hiciera presente otra vez… ya habia probado las mieles de la eternidad y sus labios deseaban saborear la esencia de cada ser… sentia un hambre voraz apoderarse de ella.
La neblina se hizo eco de la llamada de la noche aposentandose en todos los rincones del pueblo, el sol ya habia huido despavorido y con el se esfumaron todos los vestigios de claridad… las calles estaban desiertas.
El frio abrigaba a los condenados y el viento menguaba a medida que estos formaban guardia esperando el surgimiento de su reina.
Eran los esbirros que Dante le habia obsequiado como regalo de bodas; eran consortes de un mundo ingravido, acolitos de la sangre y la oscuridad.
Las hojas crujian cuando el viento las arremolinaba y las hacia chocar contra los arboles vencidos y deshechos por los años.
Los buhos, dueños de la noche matizaban la espera sincronisando sonidos como una suerte de muzak.
Los condenados bramaban gruñidos con ansias de sangre, nadie los habia visto aun, pero todos les temian en el pueblo.
Cuando la niebla se elevo tanto que no se podia ver más alla de la percepción humana, Ofelia, surgio de la nada, hermosa, imponente; sugestivamente atractiva; hipnotica y atrayente como un imán.
La voracidad de su eternidad;cruzaron sangre; mezclando oscuridad y luz; un vampiro antiguo; más antiguo que el tiempo; una mujer olvidada; un odio mutuo; Ofelia murio en los brazos de Dante; y de ella surgio la reina de los condenados.
Ella los sentia sus hijos y como toda buena madre debia darles de comer; fue asi como les ordeno ir hacia a aquellos que la habian dejado tirada en el olvido.
Los condenados devoraron a los forenses; luego a los sepultureros… sus carnes fueron arrancadas y las paredes bañadas en sangre… ellos lamian las visceras de sus victimas como niños con sus paletas.
El olor a fetido y putrefacto se evidenciaba con cada movimiento que daba; Ofelia irrumpio sigilosamente en la casa que hasta hace unos dias la consideraba suya; y se quedo flotando a la vera de la cama; ¡su cama!, viendo como Donovan y Maritzia intercambiaban flujos y se empapaban de sudor al revolcarse entre las sabanas…
Ella ya sabia el desenlace de la historia, habia diagramado su venganza mucho antes de haberse convertida en lo que Dante la hizo… simplemente la obra ahora terminaria de una forma más oscura y más sangrienta.
Maritzia entre el jolgor del deseo y la pasión volco su mirada hacia arriba y la vio a ella levitando esplendorosamente; un grito de terror paralizo los movimientos de Donovan que pronto estaban por convertirse en espamos…
Los dos no podian creer lo que sus ojos les dejaban ver… ella… la que habían enterrado; la que habían engañado, estaba alli frentre a ellos.
-Hijos mios; hijos de la noche, eternos condenados a vivir sus vidas ocultandose del sol; les obsequio este banquete especial; tomen a la mujer y disfrutenla; el hombre es solo mio- dijo ofelia con la mirada prendida fuego-.
Cientos de sombras comenzaron a descender de las paredes y se apostaron sobre el alma pecaminosa de Maritzia; ella gemia de placer y de dolor… en unos pocos minutos succionaron toda su esencia vital dejando un cuerpo seco y una piel arrugada similar a una pasa de uva…
Ofelia rio; solto una carcajada diabolica mientras oia las suplicas que Donovan le hacia… ella lo miro ponsoñozamente, pues sabía que la muerte seria una salvación para él.
Entonces Ofelia desistio de su idea primordial y supuso que convertirlo y tenerlo bajo su poder seria quizas la venganza más sutil que podria realizar.
Tomo sus manos y clavo sus largos y afilados colmillos en las venas de Donovan; este se volvia más y más palido, transpiraba; susurruba mil formas de perdon, pero ya era tarde…
La Ofelia que habia conocido, esa muchacha dulce y compasiva habia desparecido, ahora, ella,era la reina de los condenados, fria y; sedienta de sangre…


LA XICUELA DE CORRIOL: Caldo de cultivo

Érase una vez un conjunto de personajes de ficción a los que les encantaba la literatura leer ensuciar papeles escribiendo notas y jugando a ser el premio Nobel de literatura algún día. Su gran problema era ser, precisamente personajes.
Este grup lo formaban personajes de cualquier rincón del país: del Norte del Sur del Este y del Oeste. Con sus debilidades, sus virtudes, y sus diferencias y similitudes. También lo formaban habitantes de otros planetas, países, lugares de fantasía de la buena y de la mala, y cualquier tipo de submundo que daban mucha más variedad de opiniones y temas a discutir en sus encuentros mensuales.
Estos encuentros se realizaban a las doce de la noche, siempre un miércoles de luna llena, y aunque no fuera luna llena también, mientras fuera miércoles, para no gastar electricidad y para que sus charlas parecieran más secretas de lo que ya eran. Siendo personajes, eso era lo más normal, reuniones secretas.

En fin que un miércoles al mes, a medianoche, un grupo bien variopinto se convertían en un buen caldo de cultivo para redactar todo tipo de relatos.
Cuando me sumergí en ese mar: libros, lecturas apasionadas, divertidas, sagradas, kafkianas, japonesas, incluso, ya no pude dejar de ir a esa playa sin arena ni sal.

Reuniones caldo de cultivo para escritores noveles, y no tan noveles, que emanaban ilusión, tenacidad, y constancia. Y caldo de cultivo para historias, grandes historias escritas en letra pequeña, como a escondidas del mundo, o de letra grande, para los peques de la casa.


 

15 comentarios en “Caldo de cultivo

  1. La receta de emiliano

  2. Voto por Rocío

  3. Tc carlos

  4. Voto para Flavio.

  5. Jezabel

  6. Voto por Rocio

  7. Voto por Rocío

  8. Voto por Emiliano y Rocío, por haberle dado la vuelta a una totilla que me parece nos ha podido a todos

  9. Mi voto es para Rocío, una historia que me recuerda al día de la marmota, y sí, también a Emiliano por escribir sobre todo y aprovechar del tema sólo, precisamente, el título del tema semanal.
    Felicidades a los dos.

  10. Voto por Rocío

  11. por Xicuela

  12. Voto por Carlos

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