Superhéroe

Esta semana, en nuestro Grupo de Escritura Creativa Cuatro Hojas, proponíamos el tema » Superhéroe «. Este ha sido el relato ganador:

“… Hace miles de años, unos científicos de una civilización muy avanzada, llegaron a un planeta de clima muy hostil habitado por unos seres letales, en donde parecía que la vida no tenía ninguna posibilidad de hacerse hueco.
Estaban liderados por un científico muy anciano y sabio cuyo nombre era Bertron. Su sueño, su objetivo, era crear un ser perfecto, indestructible.
Para lograr el éxito en su experimento, instaló en dicho planeta un laboratorio con el que empezar las pruebas que durante tanto tiempo habían planeado cuidadosamente.
Así, al comienzo de los experimentos, tomó un bebé y lo arrojó al exterior del laboratorio.
De inmediato, debido a las condiciones climáticas que hacían de la superficie de ese planeta un sitio inhabitable, el bebé murió asfixiado a los pocos momentos, y después, fue devorado salvajemente por los seres que habitaban el planeta.
Un poco más tarde, uno de los científicos que también estaban al mando del experimento, recogió una muestra del cadáver del bebé con el objetivo de poder clonarlo y repetir el experimento de nuevo.
Repitieron este proceso, todos los días durante todos los años que hicieran falta para conseguir lo que se proponían.
Con el paso de los años, esa criatura poco a poco fue sobreviviendo al clima del planeta, pero aun así poco después, llegaban los seres que habitaban ese planeta y lo mataban y destrozaban en pocos instantes.
Hasta que poco a poco, el bebé fue evolucionando a pasos agigantados en su ansia de sobrevivir.
Esa evolución que para muchas otras especies tardaría miles de años, para él le llevó mucho menos tiempo en un proceso que le ha llevado a convertirse en una criatura que sobrevive a las condiciones ambientales más extremas, y el ataque de las alimañas más feroces…
El científico, satisfecho con el resultado de su experimento, llamó a este clon El Definitivo …”
Sergio, una vez más, deja pasar la última página, y cierra el cómic de Superman: Cazador/Presa, ilusionado, asombrado y tan contento como la primera vez que lo leyó.
Lleva tiempo despierto. Hace tiempo que dejó el despertador de tener que sonar para despertarle.
Ahora, aprovecha todos los días antes de irse al colegio para leer su cómic preferido, a oscuras, con su linterna y con la manta por encima de todo su cuerpo.
Su madre le pega un toque a la puerta de su cuarto, y le espeta un rápido:
-Sergio, vas a llegar tarde…
Rápidamente, se levanta de la cama, se viste y baja corriendo a la cocina, coge un par de magdalenas de la mesa en la que su madre está desayunando, y recoge el sándwich que su madre, sin decirle nada le da en la mano, recién preparado. Le da un beso en su mejilla, como todos los días, porque si no, sabe que no podría irse y seguir con su camino.
Lo coge, lo mete en la mochila, y sale pitando para la calle.
Ágil, camina deprisa por la calle, con los cascos oyendo música a todo volumen.
Como todos los días, pasa por delante de la iglesia y mientras se va comiendo las dos magdalenas que ha cogido de casa, le da el sándwich que llevaba en la mochila al indigente que pide en la puerta a las personas que allí entran a misa.
Sigue su camino.
Son casi las 9h de la mañana.
Como cada día recuerda no repetir el lugar ni la hora por donde entró ayer.
A veces se cuela por la pequeña entrada de la vuelta de la esquina por donde entra exclusivamente el profesorado y los alumnos que llegan fuera de horario.
A veces llega tarde ligeramente, para el que el bedel le tenga que abrir expresamente, y le acompañe a la clase, aun a riesgo de que le pongan falta y tengan que justificarse con su madre después.
A veces llega incluso 15’ antes, que es cuando abren las puertas del colegio, y casi no hay nadie, y se puede colar en clase sin que nadie le vea.
Todo por evitar su presencia.
Todo por no ponérselo más fácil.
Todo por no tener que enfrentarse a ellos.
Mientras las clases se suceden, no deja de mirar el reloj de reojo. Llega el momento del recreo, el momento de tomarse ese sándwich que un día decidió no traerlo más al colegio, para no tener ni dar motivos para que se lo quitaran “los de siempre”.
Ahora, prefiere colarse en otra clase.
A veces se esconde dentro de un armario.
Suele evitar los baños, porque es donde más le buscan.
No se acerca al patio, ni camina solo por los pasillos.
Ha aprendido a pasar desapercibido, aunque no lo suficiente. Porque siempre le recuerdan. Siempre le buscan. Siempre saben que está allí, en algún sitio, intentando esconderse, intentando evitarles.
Ayer, fue el primer día de todo el curso, en el que consiguió no verles en todo el día. Desde las 9h hasta las 18h, nunca antes, ningún día, había conseguido “vencerles” de esa manera.
Pero eso tenía una buena noticia y una mala noticia.
Y es que la próxima vez que lo vieran no se lo iban a permitir. Ni lo iban a dejar pasar.
Así que, cuando llegaron las 18h, y se acabó la hora de estudio en la que se queda algunos días para no salir junto con el resto de alumnos del colegio, y poder intentar escabullirse lo más posible, sale a la calle.
Respira calmado, tranquilo.
Después de 9 horas intensas de huida, parece que los ha conseguido evitar por segundo día consecutivo.
Pero no. No era posible.
Cuando llega a casa ve que le están esperando 3 chicos mayores que él.
Los mismos que durante meses, todos los días del colegio, se han reído de él, le han pegado, humillado, y hecho lo que han querido cuando han querido.
Y es entonces, cuando sabe que poco más puede hacer.
Uno de ellos, le coge la mochila, la tira al suelo, le da patadas y decide abrirla, buscando algo de interés con el que poder fastidiar a su invitado.
Sin pensárselo dos veces, abre la mochila, tira el resto de los libros y cuadernos del colegio al suelo y coge sorprendido un cómic de Superman, y lo entremira pasando sus hojas rápidamente, sin interés. Sonriente, muy sonriente.
Al ver la cara de Sergio, preocupado por lo que ha encontrado en su mochila, decide romper sus hojas lentamente, disfrutando y mirando simplemente, mientras sus dos amigos cogen a Sergio de los brazos…
Las lágrimas y la rabia de Sergio, no caben dentro de él…
“… Con el paso de los años, esa criatura poco a poco fue sobreviviendo al clima del planeta, pero aun así poco después, llegaban los seres que habitaban ese planeta y lo mataban y destrozaban en pocos instantes.
Hasta que poco a poco, el bebé fue evolucionando a pasos agigantados en su ansia de sobrevivir.
Esa evolución que para muchas otras especies tardaría miles de años, para él le llevó mucho menos tiempo en un proceso que le ha llevado a convertirse en una criatura que sobrevive a las condiciones ambientales más extremas, y el ataque de las alimañas más feroces…
El científico, satisfecho con el resultado de su experimento, llamó a este clon El Definitivo …

VÍCTOR SÁNCHEZ

¿Superhéroes o superheroínas?
¿Superhéroe de la gran pantalla o «simplemente» superheroína de batalla diaria ?
Cada día miles de personas disfrutamos de esas superheroínas anónimas y ocultadas por la historia. Mujeres que arreglan nuestras ropas, casas, comidas, y un sin fin de cosas. Heroínas que sin ellas el mundo se para, ya que la crianza, el parto y reparto, a día de hoy son muchas de sus luchas conquistadas. Mujeres heroicas que el traje de batalla lo llevan dentro y fuera de casa, siendo ignoradas dentro y fuera siempre silenciadas.
Traje de lucha sin capa ni espada, pero que a cualquiera en su lugar les gana la batalla.
Escoger a uno entre miles no es justo para quienes día a día se rompen la espalda.
Mis superheroínas sin lugar a dudas son ellas, las amas de casa.

LETICIA FLORECILLA DEL CAMPO


Por suerte mi superheroína lleva mandil, y digo «por suerte» porque es su expresión favorita, bueno, aunque literalmente es: «por suerte he podido darles una educación y un futuro a mis hijos teniendo que hacerme cargo de dos casas». También digo «por suerte», porque he aprendido de ella a ser un ama de casa moderna, es decir, un ama de casa para sí misma, alguien que no necesita de nadie para nada, porque se siente capaz de todo, y que a la vez puede y le gusta ayudar a cualquiera que lo necesite.
Mi superheroína se llama María, es un ama de casa de las que adora serlo, porque sabe que es el trabajo más importante de todos. Ella no sólo ha enseñado a sus hijos a ser amas y amos de casa, sino también a sus nietos. Me enseñó a cocinar, a preparar mis tareas y sobre todo a no dejarme pisotear por nadie.
Es un ama de casa con un par.
A sus ochenta y pico años no ha dejado de serlo ni un sólo día, y pese a todas las adversidades que le ha dado la vida, sigue levantándose todas las mañanas para encargarse de su casa; porque al igual que los superhéroes, siempre tiene algo importante que hacer, como sacarle una sonrisa a todos los que la quieren.
Y es que un ama de casa no sólo es la persona que cuida y protege su casa, sino todo lo que se encuentra dentro y fuera de ella.

JULIA HERNÁNDEZ


Siento cierto pudor al confesarme aquí, aunque soy de las que piensan que no hay lugares mal situados, más bien situaciones fuera de lugar y puesto que ha surgido el tema entre nosotros y tenemos una relativa confianza, os hago partícipes de mi secreto: cuando me aprietan, me ilumino en verde.
Un abrazo, un pellizco, un empujón… Evito las aglomeraciones, son incontables las veces que me han confundido con un ectoplasma o un ovni, a mí me da igual, incluso me río cuando me veo retratada en la prensa bajo un titular sensacionalista o clasificada en un expediente del gobierno de turno, llámese Y, llámese X, pero sufro por la gente mayor que ya no tiene el corazón para tontadas.
Es fácil deducir dónde trabajo. ¡No! Eso serìa aprovecharme. Claro. Frío, frío. Y tan aburrido. Sé lo que estás pensando ¡Efectivamente!
Oh, perdòn, estaba comunicándome con la mente, la costumbre, bueno, algunos lo habéis adivinado, no digáis nada, una pista para los demás: Cazafantasmas I, II y III.
Desconozco si es algo genético, desde luego nací normal, aunque dicen que son muchas las patologías que no se manifiestan hasta la pubertad, que es la época en la que empecé a soltar chispazos. «Electricidad estática», decían. Si, claro. Fui una vez al médico por este asunto, no me hizo demasiado caso, me aconsejó simplemente que evitase la lana. Creo que le parecí una chiflada, de hecho lo sé con certeza, porque escuché su pensamiento. Afortunadamente, él no podía acceder al mío.
Lo más negativo de mi situación es la soledad, mantener una relación estable es imposible. No es incompatible con relaciones esporádicas, soy muy activa en ese aspecto, aunque siempre debo elegir drogadictos y psicóticos que me incluyan como parte de su viaje y eso cansa. Una vez quise repetir, me enamoré de un hombre oscuro, debe ser cierto eso de que los polos opuestos se atraen, y le confié mi verdad. El amor me cegó de tal forma que no percibí sus intenciones, hasta que un día vi un vídeo en internet, «pollón laser, que la fuerza te acompañe». Éramos él y yo. Lo dejé inmediatamente, aunque, ay, cuánto lloré. Me acosó durante mucho tiempo para que volviésemos, sé que no me quería, solo el beneficio que mi luz le aportaba, por eso no claudiqué. Llegó a patentar mi don para comercializar un muñeco que funcionaba como yo, creo que era un gusano, cuánto rencor. En fin, de todo se aprende. Ahora, además de iluminarme y leer la mente, veo a la gente venir.
Esto es, a grandes rasgos, lo que me apetecía contaros. Confío en vuestra discreción. Menos en la tuya. Sí, va por ti.

Jeziluz

JEZABEL MONTENEGRO


Mi superheroína se llamaba Ana.
Nació en plena posguerra, en una familia muy muy humilde, hija de un minero, maki y preso politico y una pescadera reprerasiada. Desarrolló sus superpoderes cuando aún era una niña, obligada a abandonar la inocencia y los juegos infantiles para ocuparse de la crianza de sus tres hermanos menores.
Mientras se ocupaba también de las tareas de casa y sin asistir ni un solo día a la escuela, aprendió a leer y a escribir de forma autodidacta. Su adolescencia fue de las tareas del hogar propio a las de hogares ajenos, pasando por talleres de costura, pescaderías y friterías….
Así llegó el momento de su boda, donde se pudo librar de la obligaciones del hogar paterno para cambiarlas por las obligaciones de su propia familia, y es a partir de ese momento cuando sus superpoderes alcanzaron sus cotas mas elevadas, siendo madre de seis hijos habiendo parido ocho veces. Nunca dio ni la mas mínima señal de debilidad criando a todos sus hijos a pecho sin dejar de trabajar ni un solo día, como cocinera en su propia casa o en la cocina del bar familiar, como pescadera o vendedora de encurtidos, como cuidadora de ancianos de la propia familia o ajenos. Ni siquiera cuando fue operada a corazón abierto para sustituirle dos válvulas por unas de acero que se convirtieron en la señal inequívoca del amor sobrenatural por sus hijos, de la inagotable imaginación que hacía que las sonrisas, la alegria y jacaranda fuesen una máxima en su casa, de ese talento culinario que en su recetario solo tenía dos normas: la imaginación y el cariño.
Cuando llegaron los nietos se convirtió en la superabuela que siempre estaba dispuesta, a la que nunca le falto una chuchería escondida en sus armarios con la que sorprenderles, casi siempre hecha con sus propias manos…..
Jamás la vi flaquear, ni si quiera el día que la silicosis del carbón la dejó viuda. Sí, lloró. Lloró ríos por su marido, pero siguió repartiendo amor, fuerza y deliciosos manjares entres sus hijos y nietos hasta el día que un supervillano llamado cáncer, ayudado por un traicionero anticoagulante llamado Sintron, apagaron su luz para siempre, dejandome a mí como un insignificante mortal si mi superheroina, mi madre.

TOMÁS PERRO ANDALUZ


Mis héroes son esas personas que luchan frente a la adversidad con una sonrisa.
Ese padre de familia que saca a sus hijos adelante, que después de 16 horas de trabajo, llega a casa, baña a sus hijos, los acuesta y conversa con su mujer sobre lo mucho que los ha extrañado durante el día.
Esa abuela elegante con un pañuelo que le ha regalado su nieta y que se dirige a su sesión de quimio, bromeando con la enfermera mientras la coloca «hoy ponme un bloody Mary que vengo peleona». En el libro que se lleva para leer, usa como marcapáginas las fotos de sus hijos y nietos.
Ese chaval que cada tres meses deja de entrenar su deporte favorito una vez a la semana porque viene de donar sangre. Los donantes de médula, eso también son súper héroes.
Aquellas personas que dedican su vida a salvar animales, que solo viven por y para ellos, a los que, si caben 9, caben 10. Que la mitad de su sueldo son para pagar facturas y la otra mitad para pienso, alopurinol, camas, mantas,…. que ya no saben ni lo que tienen fiado en el veterinario… esos son súper héroes.
Para mí, cualquier persona que sepa darse a los demás, que pelee y luche contra las adversidades de la vida, que ante un problema, sonría y diga «vamos a solucionarlo», esos son los pequeños superhéroes con los que nos cruzamos cada día.

MARÍA JT


HÉROES RADIACTIVOS.
Jamás había sabido de su héroe hasta el día que el médico le explicó el tratamiento.
Fue entonces cuando despertó del gran letargo al que le había sometido. Más tarde, comprendió que había sido él quien le había dejado vivir.
Pronto pudo hablar con él y decirle lo que de verdad sentía, como se sentía. Charlas tan largas que no distinguían el día de la noche.
Su héroe no sólo le ayudó a luchar, sino que le dio fuerzas y también le enseñó a buscarlas y ha compartirlas.
Aprendió que el desánimo es su criptonita. Y lejos de ser algo negativo, lo vio como algo necesario para después remontar las montañas y abismos en los que se había convertido su vida.
Jamás había imaginado que los héroes se reunían en las salas de los hospitales.

ROBERTO MORENO CALVO


Superglass
Por la mañana un café italiano con crema de liqueur irlandés, el Baileys de toda la vida, vamos. Leo mi horóscopo, frunzo la ceja,me ducho, me visto y voy fresca ,fresquísima a trabajar.
Saludos de rutina, ahí está Mary con las fotos de sus hijos invadiéndole los pensamientos laborales, James, con sus ataques de hormonas y mi jefe con su narcisismo no resuelto a sus sesenta-tantos y un espejo a medida. Algunos que otras pululando entre despacho y despacho, pero mi Baileys no da para semejante cordialidad ni sus contractos para acumularles recuerdos.
A las diez u once según las tareas puedo optar a un almuerzo, evidentemente un bocata de lo que sea mientras me conlleve una pinta por una libra. Si cualquier colega de trabajo me invita a otra pues no le voy a decir que no, soy así de educada.De vuelta le digo a Mary que sus hijos son una maravilla. Le pregunto a James si confía en la astrología, ya que es una ciencia desarrollada hace más de cuatro mil años. Ante su actitud defensiva incomprendida le suelto que debería plantearse una novia . A mi jefe le limpio con un paño la preciada imagen en 4 x 4 sepia y le prometo que las tareas del día se llevaran a cabo de una forma eficaz, eficiente y totalmente sin posteriores pretensiones. Puro altruismo.
A las doce, al mediodía, hay que comer. Un vino , dos, o tantos si no hay mucha labor ni implícitamente estrés innecesario, caerán. De postre una tarta al whishey o unos bombones de chocolate suizo rellenos de mojito, que son suerbuenos. Me aliso la falda, repaso mi tonalidad cereza salvaje de Dior un par de veces. Le digo a Mary que jamás me dio por tener hijos, es un mundo demasiado cruel para planteárselo. Que he conocido hace tiempo un hombre especial, pero era Acuario y no son dados a llevarse bien con las Virgo por tanto le dejé de hablar al día siguiente, nada más enterarme de su carta natal. Aún así que fue el candidato con más votos para un futuro emparejamiento de posible procreación . Mary parece entenderme pero tiene demasiado trabajo para ocuparse de mis astros. Paso al escritorio siguiente, a James le propino un golpe colegial en el omóplato y le digo que salga del armario. Al jefe le explico que las tácticas de management que usa se han quedado un poco atrás y o bien se actualiza o parte en cuatro esa imagen de si mismo que tiene. El señor Oliver Robertson alisa el pelo de la nuca sobre su ancha frente, cuan Dios de una empresa de cuatro despachos y veinte empleados, y me obvia por lo demás. Resuelvo un par de quejas vía email, miro un pub de ofertas en un radio que no implique un coste de transporte mas elevado que la misma oferta y voy preguntando quién se apunta al Prosseco de celebración de fin de jornada.
Salimos muchos.
Saludo a todos. Cambio, en la primera de turno, mis tacones por manoletinas. Pido una botella de Mionetto para mi sola y otras dos para los que me rodean y cuyas placas identificadoras colgadas al cuello les hacen colegas. Viva yo! Me invitan a otras cuatro botellas, Pienso fugazmente en unas manoletinas con autopropulsión pero como delante mía ha nacido otra botella lo olvido rápidamente. Vislumbro a James a lo lejos, al final de la barra , acompañado por otro hombre y voy corriendo a regocijarme de la sabiduría de mis sentidos adivinatorios. Resulta que ni es él ni tiene idea de lo que estoy hablando. Una mano colega me invita a un cubata. No pregunto por los demás ya que todos los del pub en esos momentos son mis mejores amigos. Bailo. Vuelvo a pensar en la autopropulsión. Un mensaje de mi jefe pidiéndome una cita me hace saltar las lagrimas de tanto reír.
Chupitos para todos a mi cuenta.
Aplausos y vitores.
Me arrastran por unas calles difícil de identificar hasta con GPS. Al final del trayecto una especie de discoteca Veo a Mary. Voy a pedirle disculpas: este mundo no es tan cruel como parecía horas antes. Ella me sonríe amablemente y se dispersa en el aire colorido . De nuevo James. Me arrastro para pedirle disculpas, viva el amor, da igual de que sexo a cual esquina, solo soy una gilipollas desanimada. Lloro. James que tampoco es James me pide un taxi y me pregunta educado por mi dirección. Ante mis titubeos y las lagunas de memoria que suelen surgir después de Dios sabe cuántos cubatas y chupitos, alguien escanea mi tarjeta de identificación del cuello, se saca la dirección y me dirige a buen puerto.
La mano de mi jefe sacude mi hombro delicadamente. Le prometo que haré mi dead line antes de que el mundo tal y como lo conocemos acabe. Le indago sobre su fecha de nacimiento y le hago una carta astral personalizada traducida a francés. Oliver ríe y me conduce a través de un pasillo infinito, me deposita ante una puerta y me pregunta si estoy bien.
Estoy fantástica!
Derrito la puerta con mi supermirada hipnotica. Invento una cama con solo un pensamiento fugaz. Hago que una manta de lana mullida me envuelva instantáneamente. Resuelvo los problemas del mundo actual, del pasado y cuando toca el futuro vomito en largas arcadas y decido que ya está bien de tanto trabajo. A mi lado aparece un James taxista que pide dinero y al no recibirlo se lo cobra en sexo. No opongo resistencia y entre kamasutra y otro le pido una Foster´s del frigo y una pajita para no esforzarme demasiado.
James el taxista se esfuma por el agujero de la llave. No llega mi Foster´s por tanto he de tirar de mis supersentidos para beberla. Recito la RAE desde la A de » alcohol» hasta la D de » Desintegración» mientras hago que el mundo de vueltas a mi alrededor.
Al día siguiente despierto en la entrada del baño arropada en una alfombrilla de poliéster. La cita de Oliver resulta ser un despido. Ya decía mi horóscopo que algo iba mal.

DIL DARAH


“LAGARTIJA DANIEL”
(VERSION RURAL COCODRILO DUNDEE)
Una boina negra, calada hasta casi el entrecejo, enroscada con los surcos que el tiempo y las inclemencias del campo han hecho en su frente, rugosa y arenosa, con unos brotes plateados saliendo por fuera del ribete del casquete de tela.
Unos ojos oscuros y brillantes como el tizón con el que encendía los cigarrillos liados, vivarachos y curiosos, como los ratones que se comen el grano. Una cara terrosa, patinada por el sol de verano y la escarcha del invierno. Una nariz de las que llaman estilo romana, angulosa y de anchos orificios. Una boca franca y algo desdentada, con unos labios finos, pero agrietados y firmes. Un mentón rocoso, con él se podría partir un cuenco de avellanas, y unas orejas tiesas y grandes como las de las liebres. Y sus mejillas, estaban maquilladas por la rojez propia del afeitado a navaja y la posterior del aftersave “floid”.
Una camisa blanca, abotonada hasta el último botón del cuello, (un cuello taurino).Con un perfume peculiar a jabón de lagarto y sudor laboral. Con dos rodales surgiendo como dos charquitos bajo ambos sobacos, y los botones queriendo escapar de sus ojales, por la presión de unos fuertes pectorales.
La chaqueta de pana, multifuncional, fresca para el verano, caliente y confortable para el invierno. Una especie de mochila con mangas con coderas de cuero, donde se podía encontrar casi cualquier cosa que asegurase la comodidad varonil. En un bolsillo, el chisquero, con un trozo de pita de recambio, metida en una pequeña petaquita de metal, con una o dos piedras de recambio y, un paquete un poco chafado con tabaco para liar, y un librillo de papel de liar.
En otro bolsillo, liado en una servilleta, un chusco de pan, con un trozo de cecina de burro, por si entra el hambre, y algunos caramelos de menta, por aquello de la tos, que le trepaba por la garganta después de fumarse un cigarrillo. Y para terminar, en el bolsillo de la pechera izquierda, bien doblado, un pañuelo, regalo de algún santo, cumpleaños, o reyes; que igual servía de moquero, que de improvisada fresquera, bien mojado en alguna fuente, para aliviarse los rigores de un sol de Julio.
Un buen cinto de a cuarta de ancho lo menos, de piel de vaca añosa, con una hebilla asesina que más de un terco mulo pudo comprobar sus efectos persuasivos sobre sus ijares, ante la negativa de seguir hacia andando.
Unos pantalones también de pana, ajados en la posadera, con las rayas del tejido casi desdibujadas y blanquecina la parte de la tela más usada. Un bulto enorme en el bolsillo derecho, culpa de la cartera, atada con bramante, llena de billetes, una estampa de santa Bárbara, y unas cuantas fotos de su mujer, su hija, y sus nietos.
En el izquierdo, una navaja que, aun siendo de una sola hoja, actuaba como una de esas navajas suizas multiservicios. Lo mismo servía para tallar algo en cualquier trozo de rama perdido en el campo, en algún rato libre. Para dar un tajo al queso, y sacar una buena rebanada de la hogaza; o cortar un trozo de pita para el chisquero, o apretar cualquier tornillo flojo.
Y un par de botarras, negras, de piel de chiva, y dentro de ellas, unos pies enormes, fuertes como cascos de burro, abrigados con calcetines de lana zamorana.
Se presenta así, Daniel, en plena estación de Atocha. Con una cesta cargada de enseres para su hija. Un pollo, unos huevos, unos chorizos, un queso, una botella, unas cosas frugales.
Subiendo las escaleras para salir a la calle Atocha, un chico árabe, bajando a toda prisa, choca contra Daniel, y le tira la cesta al suelo,
-¡ eh!,¡eh!, ¡mozo!, ¡no vaya tan deprisa!
-¡déjeme en paz viejo!
-¡que me ha tirao la cesta!
-¡Déjeme en paz que tengo prisa!
¡Zasca!. Le dá con el pollo en la cara, y la chaqueta del moro se abre y deja al descubrir un cinturón de explosivos de c4.
-¡ondiela!, mozuelo, que se te cae la riñonera.
-¡no se meta donde no le importa!
¡Zas!, un bofetón con una mano curtida de labriego, impacta en la cara del muchacho, y le salta las muelas.
En ese instante, llega la policía, y rodea al chico moro, que le desactiva el cinturón de explosivos.
-¡Agente!, este desgraciao me ha tirao la cesta, y le he metio un pollazo en la cara
-¡nó sea vulgar hombre!
-¡que sí!, que le he dao con este pollo que le llevo a mi hija en toa la cara .
Los agentes, toman declaración a Daniel, mientras llevan al terrorista árabe medio descoyuntado a la comisaria de Atocha. Una unidad móvil de TVE, se acerca al lugar.
-¡Marisa!, tu padre sale en un avance de noticias.
-¡Buenos días!- dice la locutora- estamos aquí, en la estación de Atocha, donde un ciudadano, se ha convertido en el héroe del día, ha reducido el solo, al terrorista más buscado por la interpol…
-¡Dios mío papá!
-Verá, señorita… ese mozo, chocó conmigo, y tiró la cesta…
-¿El abuelo es un héroe mamá?
– …Daniel…haciendo un acto de valor…
– …¿puedo saludar a mi familia?, ¿a que hora sale esto, señorita?…
FIN

EMILIANO HEREDIA JURADO


Cristina, pese a su restringida madurez, enseguida entendió cuáles serían las consecuencias si no actuaba en consecuencia. Sin duda no era una broma, pero por un momento se preguntó si no sería un farol. Su madre, con el ego amoratado y aún sangrando en su labio inferior, abrazada al pequeño Alex.
C3PO, pese a conocer mas de seis millones de formas de comunicación, aguantaba en silencio la mano infantil que le estrujaba su cuerpo de plástico.
La primera vez no supo cómo decir que no. Ni siquiera entendió lo que había pasado hasta casi una semana después, cuando su madre lo descubrió y se volvió loca. Loca de dolor materno… De rabia materna… De vergüenza materna. La segunda vez la niña no lo vio venir, pero luchó, con uñas y dientes. Luchó y, por unos segundos, se sintió fuerte, poderosa. Pero solo fueron unos segundos. Aquellos segundos en los que su madre consiguió aguantar los gritos. Aquella práctica funcionó durante un tiempo. Él tenía “necesidades”, y era su obligación como esposa proveer dichas necesidades. Pero se hacía mayor. Su cuerpo no era ya tan firme como hace doce años, cuando se quedó embarazada de su Cristina. A sus veintinueve años, dos hijos y tres abortos sin duda habían hecho mella. Y si ella misma lo notaba, ¿cómo no lo iba a notar su marido?
El pequeño Alex también se daba cuenta. Darth Vader los tenía encerrados en aquel planeta. Su hermana Leia era fuerte, pero no tanto. Y él, pese a ser un Jedi solo tenía un robot que hablaba muchos idiomas…. Aún no controlaba bien la fuerza.
El montón de ropa yacía en medio del pasillo. tres armarios vacíos. Y Vader dispuesto a prender fuego al montón si no se cumplían sus exigencias. El mechero zippo en una mano, la lata de gasolina del mechero en la otra y la peste a alcohol saliendo de su boca mientras demandaba mas atención.
Cristina, con sus grandes dotes de ignorancia infantil, le dijo “No te atreves”. La madre, con sus grandes dotes de rota madurez, le dijo “Vamos a hablarlo…”
El padre, viendo que esta gente necesitaba aprender una lección, encendió el mechero. La mano derecha, con la que sujetaba la lata de gasolina, comenzó a ladearse. Cristina dio un par de pasos atrás. La madre, tan absorta como estaba en su propio dolor, en su propio miedo, en su enfermizo e incomprensible amor por ese villano, no se percató de que Alex salió de su regazo. Sin saber quién fue Goliath, se convirtió en David y lanzó seis millones de formas de comunicación directamente a la desviada mirada de Darth Vader, rasgándole la retina del ojo a la vez que sus
manos dejaban caer las herramientas necesarias para crear aquel fuego reparador que devolvió la libertad a ese pequeño planeta en una galaxia demasiado cercana.

KARLOS WAYNE


Oh, mi gran Héroe.
Siempre,
desde niño,
he creído
que los poderes del héroe
se encuentran bajo el hábito,
o,
más concretamente,
bajo el calzoncillo que aprieta el hábito.
Por eso me atreví a desnudarte.
Cuando tú querías salvar al mundo
protegido con tu disfraz
oculto,
yo quería que todo el mundo viese tu desnudez.
Y tu polla.
Para sentirme orgulloso,
joder,
orgulloso de tu grandeza
a todos los niveles,
y que los niños te adorasen también
desnudo,
y que las mujeres palpitasen con tu hermoso miembro viril,
y que los maricas nos corriésemos pensando en ti.
En ti
sin tapujos
sin mentiras
al desnudo
como tu madre te trajo al mundo
y dios te dotó de las herramientas necesarias para triunfar.
Porque tú eres grande, joder
grande en todos los sentidos.
Y no me cabe tu grandeza
por ningún sitio,
soy pequeño para que me traspases sin romperme.
Pero lo hiciste
me atravesaste
de lado a lado
de cabo a rabo
y me rompiste
y me jodiste
y tuve que sostener tu capa
en el pasacalles de la hipocresía
y tuve que besarte ante la prensa
y tuve que comerte la…
comerme la…
humillación para que nadie perdiese a su héroe,
para que siguiésemos creyendo que era posible
que existiese un tio bueno,
un tío en el que creer,
el ejemplo
de la bondad
y el buenismo
personificado.
Y yo me cago en tu antifaz
y yo me cago en tu logo
y yo me cago en tu cinismo
cuando tú ni si quiera
te sentiste mal
por destrozarme con tu puño
por envenenarme con tu lengua
por mentirme
por pertenecerles a todos
y no pertenecerme a mi
porque me heriste donde peor se puede herir
en la confianza.
Y
desde entonces
simulo que creo en héroes
aunque haya roto todos tus pósteres
de mi habitación
y
a veces
me masturbe pensando en tu cinismo
antes de que fuese cinismo
y yo
también te rendía culto.

CARLOS COSTA


El sol se asomaba por el este una mañana de verano,el cielo totalmente despejado,.Era una mañana cálida y alegre,se respiraba aire limpio y oxigenador..Ellos decidieron ese día ir a la playa en donde habitaban,ere un pueblo pequeño,pescador en sus años.El pueblo estaba rodeado de monte y mar..
La familia pasó el día en la playa.
Al atardecer cuando se disponían de regreso a la casa,saliendo del camino de la playa,se oyeron unos gritos de auxilio.Los gritos procedían de un niño que se quedó atrapado en un barco remolino del cual no conseguía salir. La madre de la familia oyó los gritos y se hecho al agua a salvarle.Cuando al canzó al niño,se dió cuenta que no tocaba pies,se apuro al recordar que no sabía nadar… Cogió al niño como puedo y tiró de él hacia fuera,acto seguido la madre se quedó atrapada en el remolino,un matrimonio que estaba viendo la escena,se percataron de lo que sucedía con la madre,y el hombre sin dudarlo un solo instante socorrió a la bella madre..Estando fueran de peligro los tres,festejaron todos juntos dicho acto….Para el niño la madre fue la superheroína y para la bella madre el hombre fué su superheroíno…

SONIA JIMÉNEZ


 

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16 comentarios en «Superhéroe»

  1. Me gusta el de Leticia, no hay mayores heroínas que las amas de casa .
    Pero mi voto es para Víctor porque lo ha bordado (aunque tratándose de super héroes no podía ser de otra forma)

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